(La historia no me pertenece es propiedad de Sarah J. Maas y los personajes de Candy Candy le pertenecen a Mizuki e Igarashi)
Capitulo 51.
Al día siguiente, Terry soportaba la mirada de su padre con la barbilla alta. No pensaba bajar la vista, por más que el silencio se prolongara. Era un milagro que el príncipe no hubiera estallado aun, después de que su padre hubiera permitido que Neil jugara con Candy y la lastimara tan miserable sabiendo que la habían drogada, pero necesitaba aquella audiencia con el rey.
-Y ¿bien? –pregunto el soberano por fin.
-Deseo saber que le pasara a Albert. Por matar a Neil.
Los ojos del rey lanzaron un destello.
-Y ¿Qué crees tú que le debería pasar?
-Nada –respondió Terry-. Pienso que lo mato para defender a Can… para defender a la asesina?
-¿Crees que la vida de una asesina vale mas que la de un soldado?
Los ojos de color zafiro de Terry se oscurecieron.
-No, pero no me parece un acto honroso matarla por la espalda una vez que ha ganado.
Y si alguna vez descubría que Perringtog o su padre lo habían autorizado o que alguien había colaborado con Kaltain para envenenarla… Plantado con los brazos a los costados, Terry apretó los puños.
-¿Honroso? –el rey de Adarlan se acaricio la barba-. Y ¿me matarías a mí si yo intentara asesinarla de ese modo?
-Usted es mi padre –contesto el príncipe con pies de plomo-. Confiaría en tus razones para hacerlo.
-¡Que bien mientes! Casi también como Perrington.
-Entonces ¿no castigaras a Albert?
-No veo razón para deshacerme de un excelente capitán de la guardia.
Terry suspiro.
-Gracias padre.
La gratitud que reflejaban sus ojos era genuina.
-¿Algo mas? –pregunto el rey en tono solicito.
-Pues… -Terry miro hacia la ventana y luego de nuevo a su padre, haciendo de tripas corazón una vez más. Tenía otro motivo para estar allí-. Quiero saber que vas a hacer con la asesina –declaro por fin, y su padre esbozo una sonrisa que le helo la sangre.
-La asesina… -mustio el rey-. Hizo un papel lamentable en el duelo. No creo que una mujer tan quejillosa merezca el titulo de campeona, por mucha droga que le hubieran administrado. Si de verdad hubiera sido tan buena como dices, habría advertido la presencia del veneno antes de beber. Quizá debería enviarla de vuelta a Endovier.
Terry se encendió a una velocidad de vértigo.
-¡Te equivocas acerca de ella! –empezó a decir, pero enseguida negó con la cabeza-. No cambiaras de opinión, por más que insista.
-Y ¿Qué voy a pensar de esa asesina sino que es un monstruo? La traje aquí para que se sometiera a mi voluntad, no para que interfiriera en la vida de mi hijo y de mi imperio.
El príncipe lo fulmino con la mirada. Nunca se había atrevido a mirar a su padre con tanta insolencia, y mientras el rey se sentaba despacio se pregunto si estaría empezando a considerar que Terry representaba un serio problema. Quizás había llegado el momento de desafiar seriamente a su padre.
-No es un monstruo –replico Terry-. Todo lo que ha hecho ha sido con el fin de sobrevivir.
-¿Con el fin de sobrevivir? ¿Esa es la mentira que va contando? Podría haber hecho muchas cosas para sobrevivir, pero escogió matar. Le gusta matar. Hace contigo lo que quiere, ¿verdad? ¡Si, que lista es! Si hubiera nacido hombre, habría sido un magnifico político.
Terry soltó un gruñido.
-No sabes de lo que hablas. Nada me una a ella.
Aquella frase fue un gran error. Terry comprendió que el rey acababa de descubrir su punto débil: el mido abrumador que tenia a que se llevara a Candy. Las manos le colgaban a los costados.
El rey de Adarlan miro al príncipe heredero.
-Le enviare el contrato cuando tome una decisión. Hasta entonces, te aconsejo que mantengas la boca cerrada, muchacho.
Terry reprimió la furia que hervía en su interior. Con todo, una imagen acudió vivida a su pensamiento: la de Annie tendiendo el báculo a Candy antes del duelo. La princesa no era ninguna tonta. Sabía tan bien como el que los símbolos poseen un poder especial. Aunque la asesina llegara a convertirse en la campeona del rey, habría obtenido el titulo empleando un arma de Eyllwe. Y si bien Annie andaba metida a la princesa por atreverse a participar.
Tal vez Terry, algún día, reuniera el valor necesario para exigir cuentas a su padre por lo que les había hecho a aquellos rebeldes de Eyllwe. Pero todavía no. Aunque si podía dar un primer paso.
De modo que miro a su padre a los ojos y le dijo con la cabeza alta:
Perringtog propone retener a Annie como una espacie de rehén para someter a los rebeldes de Eyllwe.
El rey ladeo la cabeza.
-Una idea interesante. ¿Estás de acuerdo con el?
Las palmas de Terry empezaron a sudar, pero adopto una expresión impasible al responder:
-No, creo que estamos por encima de esas cosas.
-Ah, ¿si? ¿Sabes cuantos soldados y material hemos perdido por culpa de esos rebeldes?
-Lo se, pero valerse de Annie con ese fin me parece muy arriesgado. Los rebeldes podrían utilizar el secuestro para buscar aliados en otros reinos. Además, su pueblo adora a Annie. Si te preocupa la perdida de soldados y equipos, pesaba que perderías muchos mas si el plan de Perringtog provoca en Eyllwe una rebelión en toda regla. Es mejor que nos ganemos el favor de Annie. Mediante la displacía, podemos convencerla de que contenga a sus rebeldes. Jamás lo lograremos si la retenemos contra su voluntad.
Se hizo un silencio, y Terry procuro no removerse inquieto mientras su padre le escudriñaba el rostro. Los latidos del corazón le parecía martillazos contra su cuerpo.
Por fin, su padre asintió.
-Ordenare a Perringtog que desista del plan.
Terry estuvo a punto de suspirar de alivio, pero se mantuvo impertérrito y adopto un tono firme para decir:
-Gracias por escucharme.
El rey no respondió. Sin aguardar su permiso para retirarse, el príncipe se dio media vuelta y salió.
Candy intento no hacer aspavientos cuando se despertó con un fuerte dolor en el hombro y la pierna. Envuelta n vendajes y mantas, echo un vistazo al reloj de la repisa. Casi era la una del mediodía.
Vio las estrellas cuando abrió la boca. No necesitaba un espejo para saber que tenia el cuerpo lleno de horribles cardenales. Frunció el ceño, y la mandíbula acuso el movimiento. Intento sentarse sin conseguirlo. Le dolía todo.
Llevaba el brazo en cabestrillo y el muslo le escoció cuando movió las piernas bajo las mantas. No recordaba gran cosa de lo sucedió después del duelo del día anterior, pero como mínimo se había liberado de morir… a manos de Neil o por orden del rey.
En sueños, se le habían aparecido Annie y Elena, pero casi todas las veces habían sido eclipsadas por visiones de muertos y demonios. La palabra de Neil tampoco la abandonaban. A pesar del dolor y del cansancio, Candy apenas había descansado por culpa de las pesadillas. Se pregunto que habría sido del amuleto de Elena. Tenia la sensación de que las pesadillas se debían a su ausencia, y deseo con todo su corazón que le fuera devuelto, aunque Neil estuviera murto por fin.
La puerta que conducía a sus aposentos se abrió y vio a Annie en el umbral. La princesa esbozo una leve sonrisa mientras cerraba la puerta del dormitorio y se acercaba. Ligera, levantando la cabeza, agito la cola contra la cama.
-Hola –dijo Candy en eyllwe.
-¿Cómo te encuentras –respondió Annie en la lengua común, sin el menor acento.
Ligera salto a las resentidas piernas de Candy para darle la bienvenida a la princesa.
-Tan mal como sugiere mi aspecto –bromeo Candy, que apenas podía hablar por el dolor.
Annie se sentó al borde de la cama. Cuando el colchón se hundió, la asesina dio un respingo. Le iba a costar recuperarse. Ligera, después de olisquear y lamer a Annie, se aovillo entre las dos y se quedo dormida. Candy enterró los dedos en las aterciopeladas orejillas del animal.
-Voy a ir directa al grano –empezó diciendo Annie-. El día del duelo, te salve la vida.
La asesina recordaba vagamente haber visto los dedos de su amiga trazando extraños símbolos en el aire.
-Entonces, ¿no fueron alucinaciones? ¿Tú también viste todo aquello?
Candy intento incorporarse en la cama, pero el cuerpo le dolía demasiado como para desplazarse un centímetro siquiera.
-No, no lo fueron –respondió la princesa-, y si, vi lo mismo que tu, mis facultades me permiten ver cosas que a los demás, por lo general, les están vedadas. Ayer, el acónito sanguino que Kaltain puso en tu vino te ayudo a verlo también. Aquello que acecha más allá del velo de este mundo. No creo que fuera ese el propósito de Kaltain, pero la droga reacciono así en tu sangre. La magia atrae a la magia.
Candy se revolvió incomoda al escuchar aquellas palabras.
-Y ¿Por qué has fingido comprender nuestra lengua durante todos estos meses? –pregunto, ansiosa por cambiar de tema pero también extrañada de aquella pregunta le resultara tan dolorosa como las heridas.
-Al principio, fue una medida de seguridad –explico la princesa posando la mano en el brazo ileso de su amiga-. Te sorprendería la cantidad de cosas que revela la gente cuando cree que no la entiendes. Sin embargo, mantener el engaño contigo se me hacia mas y mas penoso con cada día que pasaba.
-Pero ¿Por qué me pediste que te diera clases?
Annie puso los ojos en blanco.
-Porque necesitaba una amiga. Porque me caes bien.
-Entonces, ¿realmente estabas leyendo aquel libro cuando entre en la biblioteca?
La princesa asintió.
-Yo… estaba buscando información. Sobre las marcas del Wyrd, como ustedes lo llaman. Te mentí cuando dije que no sabía nada de ellas. Lo se todo. Se interpretarlas y también emplearlas. Toda mi familia sabe, pero lo guardamos en secreto, un secreto que pasa de generación en generación. Solo se pueden emplear como ultimo recurso contra el mal o en caso de enfermedad muy grave. Y como aquí esta prohibida la magia… bueno, aunque las marcas del Wyrd funcionan con este tipo de poder distinto, estoy segura de que si descubrieran que las estoy usando, me encarcelarían.
De nuevo Candy trato de sentarse y otra vez se maldijo cuando el dolor la dijo al borde del desmayo.
-¿Las utilizas?
Annie asintió con solemnidad.
-Lo mantenemos en secreto porque poseen un poder terrible. Se pueden usar para hacer el bien, pero también para hacer el mal, y por lo general se emplean con fines nefastos. Nada mas llegar advertí que alguien estaba utilizando las marcas del Wyrd para invocar demonios del mas allá; reinos que existen mas allá del nuestro. Ese bobo, Neil, sabia lo bastante como para invocar criaturas, pero no lo suficiente como para controlarlas y enviarlas de vuelta. Me he pasado meses alejado y destruyendo criaturas a las que invocaba. Por eso a veces parcia tan distraída.
Candy se ruborizo. ¿Cómo había podido pensar en Annie estaba matando a los campeones? La asesina levanto la mano derecha para enseñarle las cicatrices a su amiga.
-Por eso no me preguntaste nada la noche en la que recibí el mordisco, ¿verdad? Tu… tu emplastes las marcas del Wyrd para curarme.
-Sigo sin saber como a donde o tropezaste con el ridderak, pero será mejor que lo dejemos para otro día –la princesa se encogió de hombros con resignación-. Era yo la que dibujaba los signos debajo de tu cama.
Candy dio un respingo al oírlo. Murmuro cuando todo su cuerpo se sacudió de dolor.
-Aquellos símbolos tenían la misión de protegerte. No tienes ni idea de lo engorroso que ha sido volver a dibujarlos cada vez que los borrabas –una sonrisa asomo a los labios de la princesa-. Sin ellos, creo que el ridderak habría dado contigo mucho antes.
-¿Por qué?
-Porque Neil te odiaba y quería eliminarte de la competición. Ojala no hubiera muerto, porque le habría preguntado donde aprendió a abrir portales. Cuando el veneno te dejo suspendida entre dos mundos, su manera presencia atrajo a esas criaturas al reino intermedio para hacerte trizas. Aunque después de todo lo que ha hecho, creo que merecía que Albert le clavara la espada como lo hizo.
La asesina miro hacia la puerta del dormitorio. Llevaba desde el día anterior sin ver a Albert. ¿Lo habría castigado el rey por haberla ayudado?
-A ese hombre le importas mas de lo que ninguno de los dos piensas –prosiguió Annie con una sonrisa en la voz.
Candy se sonrojo.
La princesa carraspeo.
-Supongo que te interesara saber como te salve.
-Si eres tan amable –repuso Candy y Annie sonrió.
-Con las marcas del Wyrd, conseguí abrir un portal a los reinos del mas allá y ceder el paso a Elena, la primera reina de Adarlan.
-¿La conoces? –la asesina enarco una ceja.
-No, pero respondió a mi petición de ayuda. No tofos los reinos están llenos de muerte y oscuridad. Algunos albergan criaturas de luz, seres que, cuando los necesitamos de verdad, se adentran en Erilea para ayudarnos en nuestra misión. Ella había escuchado tu grito de socorro mucho antes de que yo abriera el portal.
-Y ¿es… es posible entrar en esos otros mundos?
Candy recordaba vagamente las puertas del Wyrd, con las que se había topado en un libro, hacia varios meses.
Annie la observo con atención.
-No lo se. Mi formación no ha concluido. Sin embargo, la reina estaba y no estaba en este mundo. Se encontraba en el reino intermedio, capaz de cruzar dl todo, como tampoco podían hacerlo los demonios que viste. Requieres un poder inmenso abrir un portal por el que pueda entrar una criatura, y aunque lo consigas se cerrara al cabo de un momento. Neil lo abría el tiempo suficiente para que entrara el ridderak, pero luego se cerraba. De modo que yo debía volver a abrirlo para que el monstruo pudiera regresar. Llevábamos mucho tiempo jugando al gato y al ratón –se froto las sienes-. No tienes ni idea de lo agotador que ha sido.
-Neil invoco a todos aquellos seres durante el duelo, ¿verdad?
Anni metido la respuesta.
-Quizá. Pero sin duda ya estaban esperando.
-Y si yo pude verlos, ¿fue solo porque Kaltain me había administrado acónito sanguino?
-No lo se, Elentiya –la princesa suspiro y se levanto-. Solo se que Neil estaba al corriente de algunos secretos del poder de mi pueblo, un poder que llevaba mucho tiempo olvidado en las tierras del norte. Y eso me inquieta.
-Por lo menos ha muerto –se consoló Candy. Acto seguido trago saliva-. Aunque… en aquel… lugar, Neil no parcia Neil, sino un demonio. ¿Por qué?
-Quizás el mal que tanto había invocado se coló en su alma, y lo convirtió en algo que no era.
-Entonces, ¿era… humano?
-Al principio.
-Me hablo de mi pasado. Como si lo supiera todo.
Algo brillo en los ojos de la princesa.
-A veces, el mal nos dice cosas solo para confundirnos, para que sigamos preocupados mucho después de que nos hayamos enfrentando a el. Le encantaría saber que sigues inquieta por las tonterías que te dijo, fueran cuales fueran –Annie le dio unas palmaditas en la mano-. No le des la satisfacción de saber que todavía te sientes amenazada. Ahuyenta esos pensamientos de tu mente.
-Al menos el rey no sabe nada de esto. No alcanzo a imaginar que haría si y tuviera el acceso a ese tipo de poder.
-Yo si me lo imagino –contesto la ora con suavidad-. ¿Sabes que era esa marca del Wyrd que apareció en tu frente?
Candy se puso alerta.
-No. ¿Tu no lo sabes?
-No, no lo se. Sin embargo, ya la había visto otras veces ahí. Creo que forma parte de ti. Y me preocupa lo que pueda pensar el rey de ella. es un milagro que no haya hecho preguntas al respecto –Candy se quedo helada y Annie añadió rápidamente-: No te preocupes. Si le inquietara, ya te habría interrogado.
Candy lanzo un suspiro tembloroso.
-¿A que has venido al castillo en realidad, Annie?
-No tengo intención de firmar alianzas con el rey de Adarlan. Eso ya lo sabes. Y no me incomoda decirte que vine a Rifthold únicamente porque ofrece una perspectiva privilegiada para estar al corriente d sus movimientos, de sus planes.
-¿De verdad esas aquí para espiar? –susurro la asesina.
-Lo puedes expresar de ese modo. Haría cualquier cosa por mi pueblo; ningún sacrificio me parece demasiado grande si sirve para librar a mi pueblo de la esclavitud y la muerte o para evitar que se repitan las matanzas.
El dolor asomo a los ojos de Annie.
-Eres la persona más valiente que he conocido.
La princesa acaricio a Ligera.
-El amor que siento por Eyllwe supera el miedo que me inspira el rey de Adarlan. Sin embargo, no quiero involucrarte, Elentiya –Candy estuvo a punto de exhalar un suspiro de alivio, aunque no la enorgullecía sentirse así-. Nuestros caminos tal vez se hayan entrelazado, pero… pero creo que debes de proseguir tu viaje. Adaptarte a tu nueva posición.
La asesina asintió y carraspeo.
-No hablare a nadie de tus poderes.
Annie sonrió con tristeza.
-Y no habrá mas secretos entre nosotras. Cuando te encuentres mejor, me gustaría que me contaras como llegaste a entablar relación con Elena –lanzo una mirada a Ligera-. ¿Te importa si me la llevo a dar un paseo? Hoy necesito un poco de aire fresco.
-Desde luego –asintió Candy-. Lleva aquí encerrada toda la mañana.
Como si hubiera comprendido, la perrita bajo de la cama de un salto y se sentó en los pies de Annie.
-Me alegro de que seas mi amiga, Elentiya –dijo la princesa.
-Y yo me alegro aun más de contar con tu protección .contesto la asesina reprimiendo un bostezo-. Gracias por haberme salvado la vida. Dos veces, en realidad. O quizás mas –Candy frunció el ceño- ¿Te parece oportuno decirme cuantas veces me has salvado en secreto de las criaturas de Neil?
-No si quieres descansar bien esta noche.
Anne deposito un beso en la coronilla d su amiga antes de dirigirse a la puerta con Ligera pegada a sus talones. No obstante, se quedo parada en el umbral y le lanzo algo a Candy.
-Esto te pertenece –le dijo antes de marcharse-. Uno de los guardias lo recogió después del duelo.
Era el Ojo de Elena.
Candy apretó con fuera el amuleto dorado.
-Gracias.
Cuando Annie se hubo marchado, la asesina sonrió pese a todo lo que acababa de descubrir. Luego cerro los ojos. Con el amuleto bien aferrado, se asumió en el sueño mas profundo que había disfrutado en meses.
¡Que lindo!
Eso es amistad…
