(La historia no me pertenece es propiedad de Sarah J. Maas y los personajes de Candy Candy le pertenecen a Mizuki e Igarashi)

Capitulo 53.

Candy se retrepo en el asiento y, con la silla en precario equilibrio sobre las patas traseras, apoyo los pies en la mesa. Se recreo en la tensión y distensión de sus músculos entumecidos y paso la pagina del libro que sostenía en vilo. Ligera dormitaba bajo la mesa, emitiendo pequeños ronquidos. En el exterior, la tarde soleada había transformado la nieve en finas gotas de agua cuyo reflejo inundaba el dormitorio. Las heridas ya no la fastidiaban tanto, pero aun cojeaba al andar. Con algo de surte, pronto podría volver a correr.

Hacia una semana del duelo. Philippa ya estaba muy ocupada ordenando el armario para hacer sitio a más vestidos. Toda la ropa que Candy pensaba adquirir en el instante en que fuera libre para ir bien, recibiera la escandalosa paga que le correspondía como campeona del rey. Paga que, si todo iba bien, recibiría en cuanto firmara el contrato… si es que llegaba a firmarlo.

Puesto que Philippa tenía tanto trabajo, Annie y Terry la atendían por turnos. El príncipe incluso se quedaba leyéndole hasta altas horas de la noche. Cuando por fin se quedaba dormida, muchas veces con Terry a su lado, soñaba con mundos arcaicos y rostros olvidados mucho tiempo atrás, con marcas del Wyrd de un azul ardiente y con ejércitos de muertos reclutados en los reinos del infierno. Por la mañana, hacia lo posible por olvidar las imágenes…, sobre todo aquellas que guardaban relación con la magia.

La puerta se abrió con un chasquido y a Candy le dio un brinco el corazón. ¿Por fin había llegado el momento de firmar el contrato del rey pero no era Terry, ni tampoco Annie, ni siquiera un paje. El mundo pareció detenerse cuando vio aparecer a Albert.

Ligera corrió hacia el meneando la cola. Candy estuvo a punto de caerse de la silla al retirar los pies de la mesa a toda prisa e hizo un gesto de dolor cuando noto una fuerte punzada en el muslo. En un abrir y cerrar de ojos, se puso en pie, pero cuando abrió la boca no supo que decir. Después de que Albert le acariciaba la cabeza cariñosamente, la perrita se metió debajo de la mase, dio un par de vueltas y se acurruco.

¿Por qué se quedaba plantado en la entrada? Candy echo un vistazo a su camisón y se sonrojo al advertir que el capitán miraba sus piernas desnudas.

-¿Qué tal van las heridas –pregunto Albert.

Lo dijo con suavidad, y ella comprendió que no estaba admirando la piel al descubierto sino el vendaje que le rodeaba el muslo.

-Bien –se apresuro a contestar Candy-. El vendaje ya solo pretende despertar compasión –intento sonreír, pero fracaso-. Hace… hace una semana que no te veo –le parecía toda una vida-. ¿Todo… todo va bien?

Los azules ojos de Albert se posaron en los de la muchacha. De repente, Candy se sintió transportada al duelo, al momento en el que, tendida en el duelo mientras Neil se reía a su espalda, ella solo oía, solo veía a Albert, que arrodillado junto a ella le tendía la mano. Se le hizo un nudo en la garganta. En aquel instante había comprendido algo, pero no acababa de entender que era. Quizá también hubiera sido una alucinación.

-Todo va bien –respondió el capitán. Candy dio un paso hacia el, algo avergonzada de la brevedad del camisón-. Yo solo… quería disculparme por no haber venido antes a verte.

Ella se detuvo a unos centímetros de distancia y ladeo la cabeza. Albert no llevaba su espada.

-Seguro que has estado muy ocupado.

El se limito a seguir ahí sin decir nada. Candy trago saliva y se recogió detrás de la oreja un mechón de la melena suelta. Dio otro paso hacia el. Estaba tan cerca que tuvo que echar la cabeza hacia atrás para mirarlo a la cara. Tenia unos ojos tan tristes… La asesina se mordió el labio.

-Me… me has salvado la vida. Dos veces.

Albert enarco apenas las cejas.

-Cumplí con mi obligación.

-No estabas obligado a hacer nada de eso. No estabas obligado a arrodillarte junto a mi ni a decirme que me levantara. Podrías haber dejado que perdiera.

-No, no podía –repuso el con voz ahogada, y cuando parpadeo, a Candy se le encogió el corazón.

-Y por eso te debo gratitud eterna.

-No me debes nada.

Ella le tomo la mano, pero el capitán la aparto.

-Solo quería saber como estabas. Debo asistir a una reunión –se excuso, pero Candy supo que mentía.

-Gracias por matar a Neil –Albert se puso en tensión-. Yo… aun recuerdo como me sentí la primera vez que mate a una persona. No fue fácil.

El capitán bajo la vista al suelo.

-Por eso precisamente no pudo dejar de pensar en ello. Porque si fue fácil. Sencillamente saque la espada y lo mate. Quería matarlo –clavo la mirada en ella-. sabia cosas de tus padres. ¿Cómo es posible?

-No lo se –mintió Candy.

En realidad lo sabia muy bien. El acceso de Neil al mas allá, al reino intermedio o adonde fuera le había proporcionado la capacidad de leer su mente, sus recuerdos, su alma. Quizás incluso algo mas. Se estremeció.

La expresión de Albert se suavizo.

-Siento mucho que murieran así.

Ella cerro el paso a todo salvo a su propia voz al responder:

-Hace mucho tiempo de eso. Estaba lloviendo y cuando note la cama mojada creí que se habían dejado la ventana abierta. Al día siguiente me desperté y descubrí que no era lluvia –exhalo un suspiro entrecortado, queriendo borrar la sensación de la sangre en su piel-. Arobynn Hamel me encontró poco después.

-Aun así lo siento –respondió el.

-Hace mucho tiempo –repitió Candy-. Ni siquiera recuerdo como eran –aquello también era mentira. Recordaba hasta el ultimo detalle de las facciones de sus padre-. A veces hasta me olvido de que un día existieron.

Albert asintió, no tanto porque la comprendiera como para confirmar que la escuchaba.

-Lo que hiciste por mi, Albert –volvió a intentar ella-, no solo lo de Neil sino cuando tú…

-Debo marcharme –la interrumpió el capitán, y empezó a darse la vuelta.

-Albert –dijo Candy a la vez que le cogía la mano y lo obligaba a volverse hacia ella.

Solo vio el brillo angustiado de los ojos del capitán antes de rodearle el cuello con los brazos y estrecharlo con fuerza. Albert se irguió incomodo, pero la muchacha se apretó mas a el, aunque aun tenia el cuerpo resentido. Por fin, al cabo de un momento, el la abrazo a su vez y la estrecho contra si, tan cerca que si Candy cerraba los ojos y respiraba su aroma, no sabia donde terminaba el y donde empezaba ella.

La joven noto su aliento cálido en el cuello cuando Albert apoyo la cabeza contra su pelo. El corazón de la muchacha latía desbocado, pero ella sentía una paz inmensa, tan grande que podría haberse quedado allí para siempre, entre sus brazos, mientras el mundo se hacia pedazos a su alrededor. Recordó sus dedos avanzando hacia la línea de tiza, buscándola a pesar de la barrera que los separaba.

-¿Todo va bien? –pregunto Terry desde la puerta.

Albert se aparto de la asesina a la vez que se cuadraba.

-Todo bien –contesto el capitán a la vez que se cuadraba.

El aire se enfrió de repente y Candy noto un cosquilleo en la piel cuando el calor de Albert abandono su cuerpo. Le costo mucho mirar a Terry cuando el capitán saludo al príncipe con un gesto de la cabeza y abandono los aposentos.

Terry se situó frente a ella, pero Candy se quedo mirando la puerta aun después de que el capitán la hubiera cerrado.

-Creo que haber matado a Neil aun lo tiene angustiado –comento Terry.

-Salta a la vista –le espeto ella.

Terry enarco las cejas y Candy suspiro.

-Lo siento.

-Parecía que estuvieran en mitad de… algo –dijo Terry con pies de plomo.

-Ojala no se hubiera ido tan deprisa. Tengo buenas noticias –a la asesina se le encogió el estomago-. Mi padre no va a postergar mas la firma de tu contrato. Mañana te convocara en la cámara del consejo.

-¿Quieres decir que… ¿quieres decir que soy oficialmente la campeona del rey?

-Esta visto que no te odia tanto como daba a entender. Podría haberte hecho esperar mucho mas.

Terry le guiño el ojo.

Cuatro años. Cuatro años de servicio y luego seria libre. ¿Por qué Albert se había marchado tan precipitadamente? Candy miro la puerta y se pregunto si aun estaría a tiempo de alcanzarlo.

Terry la cogió por la cintura.

-Supongo que eso significa que seguiremos juntos una buena temporada.

El príncipe busco sus labios.

Luego la beso, pero Candy se zafo del brazo.

-Terry, soy la campeona del rey.

La asesina soltó una risa forzada al decirlo.

-Si, claro que si –replico el, que ya volvía a acercarse.

Candy, sin embargo, guardo las distancias mientras miraba por la ventana el deslumbrante día que brillaba en el exterior. El mundo le abría las puertas de par en par; podía coger cuanto quisiera. Ya podía cruzar la línea blanca.

Poso la mirada en Terry.

-No podemos estar juntos si soy la campeona del rey.

-Claro que podemos. Lo tendremos que mantener en secreto pero…

-Ya tengo bastantes secretos. No quiero otro más.

-Entonces buscare decírselo a mi padre. Y a mi madre.

Terry arrugo la frente una pizca.

-¿Con que fin? Estoy a las órdenes de tu padre. Y tú eres el príncipe heredero.

Los ojos del príncipe se oscurecieron.

-¿Me estas diciendo que no quieres estar conmigo?

-Te estoy diciendo que… no podre estar contigo durante cuatro años, y no se si una espera tan larga será factible para ninguno de los dos. Te estoy diciendo que ahora no quiero cerrarme puertas –la luz del sol caldeaba la piel de Candy, y el paseo que le aplastaba los hombros la abandono-. Te estoy diciendo que en cuatro años voy a ser libre, y jamás en toda mi vida he disfrutado de la libertad –una sonrisa se extendió por su rostro-. Y quiero saber lo que se siente.

Terry abrió la boca, pero se interrumpió al reparar en la sonrisa de Candy. Ella se sintió algo decepcionada cuando lo oyó decir:

-Como quieras.

-Pero me gustaría seguir siendo tu amiga.

El príncipe s metió las manos en los bolsillos.

-Claro. Candy quiso tocarle el bazo o darle un beso en la mejilla, pero la palabra "libre" seguía resonando en todo su ser, una y otra vez, y no podía dejar de sonreír.

Terry giro el cuello para desentumecerlo y esbozo una sonrisa forzada.

-Creo que Annie viene hacia aquí para contarte lo del contrato. Se enfadara conmigo por habértelo dicho primero. Discúlpate en mi nombre, ¿quieres? –se detuvo al abrir la puerta, todavía con la mano en el pomo-. Felicidades, Candy –dijo con voz queda.

Antes de que ella pudiera contestar, cerró la puerta.

A solas, Candy miro la ventana y se llevo la mano al corazón, sin dejar de susurrar la palabra para si.

"Libre"

Y creo que aquí es donde… UNAOLADECHICASFURIOSASSEVIENENENCIMA xD

Así es chicas, no quiero que se desilusionen….

prisiterry, lo se entiendo tu dolor. A veces me gustaría publicarles la historia de un jalón, pero como soy mala y me gusta verlas sufrir (no es cierto) por eso no los publico de esa manera.

jimena andrew, yo también espero lo mismo. Me alegro que la historia sea de tu agrado.

Irene, lo que sucede es que me gusta ser algo… dramática o M… xD no dejes que la desesperación te mate, que te mate después de leer la historia (no te creas)

Luz Ma, para nada, no necesitas disculparte. Me alegro que te hayas animado a dejar el review y poder leer tu opinión sobre la historia. Saludos.

CONNY, tus teorías son exactas. Mmm, (Mas spoiler) lei en un blog referente al libro y según la teoría dice que el rey no ha dejado de usar la magia, y así como tiene el poder el duque el también hace lo mismo. En pocas palabras los anillos tienen "magia oculta" que les permite manejar lo que saben a su antojo. Espero que en la segunda parte le caiga un rayo a los dos o algo así…

Y empieza la cuenta regresiva… a dos capítulos de terminar este magnifica historia.

Es posible, aun no estoy segura, si publique durante la semana (si es que no me aguanto las ganas y lo tienen por aquí) ya veremos.

Nos vemos!