(La historia no me pertenece es propiedad de Sarah J. Maas y los personajes de Candy Candy le pertenecen a Mizuki e Igarashi)
Capitulo 54.
Varias horas después, Albert miraba la puerta de los aposentos de Candy. No sabia muy bien que hacia allí, pero había buscado a Terry en sus habitaciones sin encontrarlo, y sentía la necesidad de decirle que las cosas no eran lo que parecían cuando los había visto hacia un rato. Se miro las manos.
El rey apenas había hablado con el en toda la semana y el nombre de Neil no había salido a colación en ninguna de sus reuniones. No era de extrañar al rey, y desde luego no formaba parte de la guardia real.
Con todo y con eso, estaba muerto. Por su culpa, los ojos de Neil no volverían a abrirse. Por su culpa, no volvería a respirar. Po su culpa, su corazón había dejado de latir.
La mano de Albert se desplazo hacia el lugar donde solía estar su espada. La había arrojado a una esquina de su dormitorio en cuanto había vuelto del duelo, la semana anterior. Afortunadamente, alguien había limpiado la sangre de la hoja. Quizás los guardias que lo habían quedado allí en silencio hasta que el había recuperado un mínimo sentido de la realidad, y entonces se habían marchado sin una palabra, sin esperar siquiera que Albert les diera las gracias.
El capitán se paso una mano por el pelo y abrió la puerta del comedor de Candy.
La muchacha picoteaba la cena, retrepada en el asiento. Al verlo enarco las cejas.
-¿Dos visitas el mismo día? –bromeo mientras dejaba el tenedor sobre la mesa-. Y ¿a que debo el placer?
Albert frunció el ceño.
-¿Dónde esta Terry?
-Y ¿Por qué iba a estar aquí?
-Suele pasar a verte a esta hora.
-Bueno, pues no creo que lo veas mucho por aquí a partir de ahora.
El capitán se acerco y se quedo parado junto a la mesa.
-¿Por qué?
Candy se metió un trozo de pan en la boca.
-Porque lo he dejado.
-¿Que has hecho qué?
-Soy la campeona del rey. Comprenderás cuan inapropiado seria que mantuviera una relación con el príncipe.
Los ojos de la asesina chispearon. Albert se pregunto por que había hecho hincapié en la palabra "príncipe", y por que a el le había brincado el corazón.
El capitán se esforzó por reprimir su propia sonrisa.
-Me estaba preguntando cuando recuperarías la sensatez.
¿Se angustiaba Candy tanto como el? ¿Pensaba constantemente en sus manos manchadas de sangre? Aunque a juzgar por su arrogancia, su vanidad y sus conteneos…
No obstante, había algo dulce en sus facciones. Candy alimentaba su esperanza, esperanza en que no había condenado su alma al matar a Neil, en que podría reencontrar su propia humanidad y recuperar el honor. Ella había pasado por Endovier y aun era capaz de reír.
Candy se retorció un mechón con el dedo. Aun llevaba puesto aquel camisón ridículamente corto, que todavía dejo más al descubierto cuando la muchacha puso los pis sobre la mesa. Albert procuro concentrarse en su cara.
-¿Por qué no te unes a mi? –pregunto ella, y señalo la mesa con un gesto-. Es un asco celebrar algo a solas.
Albert la miro, a ella y a esa media sonrisa que asomaba a su cara. Lo sucedido con Neil, lo sucedido en el duelo… lo perseguiría aun mucho tiempo, pero en aquel momento…
El capitán retiro la silla que tenia delante y se sentó. Candy le lleno una copa de vino y se la tendió.
-Por los cuatro años que me separan de la libertad –dijo con la copa levantada.
El alzo la suya a su vez.
-Por ti, Candy.
Los ojos de ambos se encontraron, y el no oculto la alegría que le producía la sonrisa de la muchacha. Quizás cuatro años con ella no fueran suficientes.
De pie ante la tumba, Candy supo que estaba soñando. A menudo visitaba el sepulcro en sueños en los que volvía a matar al ridderak, se quedaba encerrada en el sarcófago de Elena o se encontraba con una joven son rostro de pelo dorado que llevaba una corona demasiado pesada para ella… Aquella noche, sin embargo, solo estaban Elena y ella, la luz de la luna inundaba la cámara y el cadáver el ridderak no se veía por ninguna parte.
-¿Qué tal va tu recuperación? –le pregunto la reina, apoyada en su propio sarcófago.
Candy se quedo en el umbral. La armadura de la reina habría desaparecido y había sido reemplazada por la vaporosa túnica de costumbre. Tampoco sus rasgos reflejaban fiereza.
-Muy bien –respondió Candy. Echo un vistazo a su propio cuerpo. En el mundo del sueño, las heridas habían desaparecido-. No sabia que fueras una guerrera –añadió, y señalo con la barbilla el soporte donde descansaba la espada de Damaris.
-Hay muchas cosas acerca de mi que la historia ha olvidado –los azules ojos de Elena destellaron de rubia y tristeza-. Luche contra Erawan en las guerras de los demonios; junto a Gavin. Así fue como nos enamoramos. Por desgracia, las leyendas me pintan como una damisela que aguardaba a su heroico príncipe en una torre ayudándolo con un medallón mágico.
Candy toco el amuleto.
-Lo siento.
-Tú podrías ser distinta –siguió diciendo Elena con voz queda-. Podrías llegar muy alto. Más que yo, mas que cualquiera de nosotros.
Candy abro la boca, pero ninguna palabra acudió a sus labios.
Elena dio un paso hacia ella.
-Podrías alcanzar las estrellas –susurro-. Podrías hacer cualquier cosa que te propongas. Y muy en el fondo, lo sabes. Eso es lo que mas te asusta.
Camino hacia Candy, y la asesina sintió deseos de abandonar el sepulcro y echar a correr. Los ardientes ojos de Elena, se un azul hielo, brillaban tan teros como su maravilloso rostro.
-Te enfrentaste al mal que Neil había traído al mundo y lo venciste. Y ahora eres la campeona del rey. Has hecho lo que te pedí.
-Lo hice para conseguir la libertad –repuso la asesina.
Elena le dedico una sonrisa tan burlona que Candy tuvo ganas de ponerse a gritar, pero guardo la compostura.
-Eso dices. Pero cuando pediste ayuda, cuando el amuleto se rompió y expresaste tu necesidad, sabias que alguien respondería. Sabias que yo respondería.
-¿Por qué? –se atrevió a preguntar la asesina-. ¿Por que me contestaste? ¿Por qué tengo que ser la campeona del rey?
Elena levanto el rostro hacia la luz que se filtraba en la cámara.
-Porque hay personas que las salves tanto como tú precias ser salvada –contesto-. Puedes negarlo todo lo que quieras, pero hay personas, amigos tuyos, que necesitan tu presencia aquí. Tu amiga, Annie, te necesita aquí. Yo estaba durmiendo, un sueño largo, eterno, y una voz me despertó. Y la voz no pertenecía a una persona, sino a muchas. Algunas susurraban, otras gritaban, algunas ni siquiera eran consientes de que pedían ayuda. Pero todas quieren lo mismo.
Toco a Candy en el centro de la frente. Ella noto un calor ardiente, y una luz ilumino la cara de Elena apenas un instante, hasta que la marca de la frente de la asesina se desvaneció.
-Y cuando tu estés lista, cuando empieces a oír tu también sus llamadas de socorro, sabrás por que vine a buscarte, por que me he quedado a tu lado y por que seguiré cuidando de ti, por mucho que me pidas que me vaya.
A Candy le escocían los ojos. Dio un paso hacia atrás, hacia la entrada.
Elena sonrió con tristeza.
-Hasta que llegue ese día, estas justo donde debes estar. Al lado del rey, donde sabrás exactamente lo que hay que hacer. Pero, por ahora, disfruta lo que has conseguido.
Candy sintió nauseas al preguntarse que mas iba a tener que hacer, pero asintió.
-Muy bien –dijo con un hilo de voz.
Ya se disponía a marcharse cuando se detuvo un momento en la entrada. Miro por encima del hombro en dirección a la reina, que la contemplaba con ojos tristes.
-Gracias por salvarme la vida.
Elena inclino la cabeza.
-Los vínculos de sangre no se pueden romper –susurro, y luego desapareció.
Aquellas palabras se quedaron resonando en el silencio del sepulcro.
Como me lo pidieron, y no me resistí aquí están los dos últimos capítulos de esta historia…
prisiterry, si teniendo el libro en mis manos, por aquí lo verán.
Irene, es un total misterio con quien se va a quedar, tal vez en el segundo libro venga con quien se queda. Saludos!
Laura GrandChester, mmm… esa pregunta es bastante difícil ya que los dos me gustan, pero… argg… es ¡difícil! … yo creo que Terry.
Al principio cuando estaba por transcribirla, estaba bastante indecisa en poner los personajes. No estaba quien sustituiría al capitán, fue una decisión bastante difícil, aunque no muestra mucho de su vida se me hizo un personaje muy interesante (mas de lo que ya es).
CONNY, creo que no le han enseñado a Terry, ya que "supuestamente" la magia había quedado prohibida. Sobre sus papas, no estoy segura de como responder a esa pregunta, ya que en ninguna de las micronovelas los menciona abiertamente. De hecho hasta Anthony se lo oculta, así que el único que puede decir la verdad seria Arobynn porque fue el quien la rescato. Espero que en segundo libro aparezca Arobynn, es muy interesante su papel. Fui buena y los subí xD por cierto son 4 micronovelas!
are. De nada.
