Once meses y cinco días... este es el tiempo que me mantuve ausente en FF.
Soy realmente una persona cruel al no continuar con ninguno de mis fics este año que pasó D: Perdón a todos, es que, para qué mentir, tuve un año horrible, realmente horrible, lleno de decepciones, fallos y perdidas, pero acá estoy, en este 2015 lista para entregarme de nuevo al SasoDei, a la escritura y a los hermosos lectores de este fantástico lugar.
Unas viejas profesoras de literatura y un concurso ganado en capital me ha hecho recuperar esta parte de mi, por la cual siempre he estado orgullosa y feliz. Además, un libro que me ayudo a recuperarme fue "Y un día Nico se fue" (Yaoi *asdasda*) de Osvaldo Bazán, un carismático escritor Argentino, les recomiendo mucho esta novela, me reí y me emocioné con ella.
Hacía mucho que no podía ubicarme en el Yaoi y en el SasoDei, incluso creo que estoy algo "dura" para escribir aún, pero me estoy adaptando, solo quedan dos capitulos a este fic y uno ya lo tengo hecho, pero ese es el ultimo, así que me falta hacer el del medio xD
En cuanto al resto de mis fics los continuaré, no lo duden. Sólo denme tiempo 3
Un placer escribir de nuevo para ustedes y espero les guste, ojala retomen los viejos lectores y aparezcan nuevos también :)
Gracias por leer.
Negai
7
Destello
~No puedes encontrar algo en completa oscuridad, pero medio segundo de luz puede decirte donde hallarlo.~
Podía escuchar los fuegos artificiales a lo lejos, estallando sobre el cielo completamente negro, tiñéndolo de diferentes y llamativos colores. Él permanecía sentado sobre el marco de su ventanal, ahí casi al pie de su terraza. El gélido viento le acariciaba las mejillas mientras las luces en el cielo se extinguían para dar lugar a otras nuevas, recordó vagamente lo que le había dicho su madre cuando le hablo sobre estrellas y deseos… ¿Tener bellos recuerdos con las personas que se fueron y más hermosos con los que llegaron?, ¿y cómo se suponía que él aplicara eso, acaso había algún truco para remediarlo todo?
—Sasori…
La tenue voz de su abuela lo despertó de su corto trance con el cielo, los fuegos artificiales habían dejado de fluir y la noche era increíblemente oscura.
El pelirrojo se volteó casi inexpresivo.
Ella lo miró con dolor y pronto se arrepintió de lo que iba a decirle.
—Toma, es algo que tu madre me había pedido que buscara.
Sasori estiró la mano hacía un par de hojas un poco arrugadas que se mantenía entre los dedos de la anciana, él la miró y ella le sonrío tristemente.
—Es un cuento muy antiguo—le informó antes de desaparecer tras el marco de la puerta. Él volvió su mirada al título de aquella obra.
En busca de mi estrella, leyó y en un acto reflejo miró hacia la puerta por donde su abuela se había retirado, habían pasado dos minutos desde que había recordado esto y ahora le llegaba a las manos como si nada.
Comenzó a leer el cuento por arriba, era una chica con su padre enfermo que le pidió a la estrella salud para él, luego la estrella desapareció y entonces… terminaba en que su padre moría en un asalto unos meses más tarde y ella quedaba completamente sola.
Podía sentir como le palpitaba el parpado derecho, bajó las manos hasta que chocaran con el suelo de madera y las hojas crujieron, ¿así nada más terminaba la historia? ¿Acaso estaba destinado a quedarse completamente solo por haber aceptado aquel deseo?, ¿por no escuchar correctamente la advertencia de su estrella?
Volvió a mirar al cielo, expectante, estaba completamente negro, pero su abuela le había dicho algo interesante el día del velorio de sus padres, algo que había olvidado hacía mucho tiempo.
—Dei —susurró, mirando a lo que creía él era el infinito.
"No porque las nubes nos oculten las estrellas ellas dejarán de estar allí."
A lo lejos, a lo que parecía realmente lejos se presentó un destello de luz, como aquella estrella titilase sólo para él.
—Quiero confirmar algo —dijo mirando impasible el cielo.
La luz no volvió a responderle, él no quiso entenderlo pero lo hizo y se levantó sobre sus pies.
Hay un momento y un lugar para todo, ¿eh? Se dijo mentalmente mientras volteaba hacia su habitación.
"No realmente, h'm" le respondió la brisa que recorrió el mismo camino que él había pensado seguir, entonces se volteó. Era la voz del rubio, de Deidara, la conocía demasiado.
"¡Genial, genial!, ¡estás completamente consiente de mi! Me dan ganas de aplaudirte, h'm. Al principio creías que había desaparecido pero ahora lo entiendes, ¿no? Que yo sólo desapareceré el día de tu cumpleaños diecisiete."
El pelirrojo se había acercado rápidamente al final del balcón, cuando la voz dejó de oírse sintió algo temblar en su corazón y se recostó con sus brazos sobre el barandal de la reja.
¿Por qué ha sido así?, ¿acaso es un trato especial? La tenacidad con la que miraba al cielo dejaría sin aliento a cualquiera. Hubo unos segundos de silencio en los que el viento frío sopló y sopló aún más fuerte.
"No ha sido un trato especial, aunque me hubiera encantado darte uno, no es algo que esté a mi alcance, ha sido tu deseo. Lo has descubierto tú mismo, ¿verdad Danna? El hecho de que nada puede cambiar."
Era cierto que lo había entendido, pero él había cambiado, ¿eso no contaba?
¿Es que sólo puedes involucrar al tiempo?
"Es lo que tú has pedido."
Entonces, cuando volvamos a mis diecisiete ¿podré volverte a pedir un deseo de nuevo?
Sintió frío, un helado contacto que le recorrió todo el cuerpo y quiso llorar sin saber muy bien por qué. Se había sentido solo, pero fue tan ajena a él que no logro comprenderla, aquella nostálgica soledad.
"Ese ha sido nuestro trato desde un principio."
¿Trato?
Nuevamente el silencio le acarició los tímpanos, pero esta vez el sonido nunca regresó. La noche oscureció aún más y todo simplemente pareció desaparecer, detrás de sus parpados.
…
En aquella habitación sólo podía escucharse como el mayor reparaba un par de cosas, el ruido hueco de las partes de aquella marioneta pegar contra la mesa lo había dejado pensando si Sasori estaría igual de hueco. La respuesta, obviamente, era sí, pero quizá no quería referirse a eso mismo.
—Danna, h'm —le llamó observando la palma de su mano, la forma en que esta le sonreía.
—¿Mmh? —el pelirrojo mantenía un par de clavos en su boca.
—Yo… ¿Te hago feliz, h'm? —aquella pregunta simplemente se había presentado en su mente.
El mayor se volteó a verlo algo sorprendido y el rubio sostuvo el contacto visual hasta que el otro finalmente decidió romperlo, algo extraño en verdad. Se quitó los clavos de la boca para dejarlos en la mesa, se levantó de su silla y caminó hasta él, sentándose en la misma cama y logrando acorralar al menor contra el respaldo de esta.
—¿Por qué me preguntas eso? —prácticamente le reprochó tomándolo del mentón y acercándolo más a su rostro, haciendo que sus narices casi se chocaran, rozándose levemente.
Aquél le frunció el ceño e hizo un movimiento brusco con la cabeza para deshacerse del agarre.
—Lo sabía —confesó el menor a medio cabrear, le daba más tristeza que enojo en realidad—, no ibas a responderme, h'm —dijo aún desviando la mirada a la puerta de aquella habitación.
El otro arqueó las cejas.
—Si respondes a mi pregunta te responderé la tuya.
El rubio volvió a mirar aquellos ojos cobrizos, en cualquier otro momento le hubiera reprochado que él había preguntado primero y que por ende su pregunta debía ser respondida antes que la de él. Pero ahora mismo no le interesaba andar con juegos, quería la respuesta de su pregunta.
—Porque quiero saberlo, h'm —le dijo secamente.
—Umh —el pelirrojo le miró como quien no está convencido—, ¿por qué?
A lo que el rubio se limitó a responder sin rechistar:
—Porque quiero que lo seas, h'm.
—¿Ser qué?
El rubio le miró de forma asesina, si preguntaba otra idiotez más juraría que iba a explotar.
—Feliz, h'm —dijo entre dientes.
Una sonrisa burlona se dibujó en los labios del mayor.
—¿Por qué?
Sintió como un tic comenzaba a apoderarse de su ojo visible, tenía que soportar…
—Porque me importas, h'm —dijo queriendo hacer rechinar sus dientes.
—Ya veo —expresó el pelirrojo quedamente, acomodándose en la cama de forma que usaba sus manos de soportes y mirando hacia el techo.
—¿Y mi respuesta, h'm? —exigió el menor al cabo de unos segundos.
—¿Acaso preguntaste algo?
Siempre era lo mismo. No valía la pena enojarse con él siquiera, ni aunque le amenazara con suicidarse parecería que aquél pretendiera responder a su pregunta. Pero, ¿cómo podía ser feliz si Sasori no lo era? Recordó vagamente lo de sus padres, ¿acaso no podía olvidarlos?, ¿acaso no podía…, dejarlos ir?
—No es por ellos —le cortó secamente el pelirrojo que parecía haber leído sus pensamientos.
No pudo evitar morderse el labio y dudar de si lo había dicho en voz alta; el pelirrojo no se había movido, a veces daba miedo esa habilidad para mantener la misma posición por horas, su cuerpo no parecía contraerse en lo más mínimo, ni siquiera tenía ese fino vaivén del pecho por la respiración, era algo triste en verdad.
—¿Entonces qué, h'm? —preguntó sin siquiera darse cuenta, no podía evitar hacer aquello, quería cambiarlo, quería… Hacerlo feliz.
Antes de que se diera cuenta el mayor había girado su cabeza hacia la derecha y lo miraba con el ceño medianamente fruncido; quizá le estaba exigiendo demasiado.
—En realidad —el rubio no pudo evitar abrir sus ojos de más al notar como la mueca de enojo del mayor se convertía en una de dolor y bajaba la mirada—, me haces feliz —si hasta ahí estaba, ¿pero…?—. Pero hay cosas que simplemente uno no puede cambiar…, cosas que siempre te perseguirán —y dicho eso se levantó de aquella cama, parecía que iba a salir por la puerta.
¿Cosas que siempre lo perseguirían? Acaso Sasori… ¿Se arrepentía de algo?
Sintió como las sabanas se levantaban levemente al él salir corriendo tras el pelirrojo. Estiró su mano para tomarlo del hombro, los pasos del mayor habían sido lentos y dudosos, ¡incluso había sido fácil detenerlo! Algo estaba mal, algo estaba muy mal.
Estuvo a punto de decir algo que parecía habérsele olvidado justo al abrir sus labios, sintió como sus parpados se extendieron, él… ¿Estaba temblando?
Lo había abrazado, era lo único en lo que había pensado, lo único que se lo había ocurrido o cruzado por la cabeza. Sabía que no estaba llorando, sabía que no podía hacerlo y simplemente creyó que aquello debía ser lo más doloroso. Quería contenerlo, decirle que todo iba a estar bien, pero, ¿qué iba a estar bien…? Y entonces se quedaron allí, sin decir una sola palabra, simplemente uniendo sus cuerpos en ese gesto que al pelirrojo nunca le pareció que tendría algún sentido para él en esas condiciones. Se había equivocado en otra cosa.
Sonrió mientras apoyaba su sien en el hombro del mayor. Ese gesto, el temblar de su cuerpo, supo que era algo incontrolable y no pudo evitar sentirse feliz, él estaba vivo aún.
No sabría decir cuánto tiempo llevaban así, la verdad era que simplemente no quería separarse.
—Danna —susurró el menor sintiendo como el pelirrojo levantaba la mirada al menos un poco del piso—… ¿Me permitirías… Hacerte feliz en otra vida, h'm?
Una pequeña risa, como un resoplido.
—Sólo si me prometes que realmente lo harás.
El agarre del menor pareció hacerse más fuerte por unos segundos.
—Lo prometo —susurró el menor mientras ahogaba un gemido—, te haré feliz, Sasori h'm.
Hubo un pequeño silencio en el que pareció el pelirrojo se quedó meditándolo, aunque en realidad, permanecía sonriéndole a la nada, el rubio no se había movido.
Sus ojos se habían cristalizado y no pudo evitar dejar ir algunas lágrimas. Definitivamente lo haría, hacerlo feliz.
—Eres un niño, ¿o qué? —le reprochó el mayor—, ¿por qué lloras?
El de ojos azulados pareció querer aferrarse aún más a aquel cuerpo. No quería soltarlo, no quería… Dejarlo ir.
—Porque tú no puedes hacerlo, h'm.
No pudo evitar dejar que una mueca de sorpresa se formara en su rostro y un sollozo del menor pareció sacarlo del trance en el que se había sumergido. Volvió a su mirada impasible y una sonrisa amarga se presentó en sus labios, estaba seguro de que en todos estos años, por más que pudiese derramar una lágrima, sólo en este momento lo hubiera hecho.
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CONTINUARÁ
