CAPITULO III
EL VIAJE
El tiempo pasó volando. Kaede se dedicó la mayor parte de la tarde a contarme historias de su país natal, Saint Domingue, actualmente Haití, ella nació en una plantación cafetalera, su madre había muerto cuando tenía apenas 12 años y fue cuando Seshomaru la conoció y la trajo a vivir con él; continuo contándome historias que me encantaron, que me llevaron a otro mundo muy diferente de lo que yo conocía. Cuando comenzó a obscurecer ella encendió la chimenea de la gran sala y me trajo una taza de chocolate caliente, disfrute sentir el calor entre mis manos y continuó contándome todos los detalles de lo que son los zombis, era realmente aterrador el pensar que los muertos pueden caminar, cuando estaba en lo más interesante de la historia, Seshomaru apareció en la puerta, Kaede se levantó y se fue a la cocina, prometiéndome que terminaría de contarme la historia en otra ocasión; entonces Seshomaru se sentó a mi lado junto al fuego.
-¿Cómo te sientes pequeña?
-Mejor, Kaede dice que mi padre se fue.
-Es verdad Aome, de hoy en adelante vivirás aquí. Este será tu nuevo hogar y Kaede te cuidará bien, todo lo que desees te lo daré, solo tienes que pedirlo.
Voltee mi rostro para poder verlo y sus ojos dorados me observaban, solo sonreí.
-Gracias Seshomaru.
Desde ese día fue la misma rutina, en el día Kaede y yo platicábamos de mil cosas desde como sembrar una rosa hasta los rezos al ir a la iglesia y por las noches Seshomaru me platicaba de las cosas que había visto en sus viajes. Me contó que en uno de esos viajes encontró a Kaede dijo que por aquellos días tuvo que comprarla a un tratante de esclavos, en un puerto que le perteneció a Francia, y la trajo para que viviera con él y cuidara la casa, además de que a veces él tenía que ausentarse durante muchos meses y ella era la que se encargaba de arreglar las cosas en la casa. Yo era tan feliz, tenía todo lo que deseaba y, además, el cariño de dos personas que consideraba mi familia.
Cuando cumplí siete años de edad, Seshomaru comenzó a contratar profesores para que me enseñaran a leer y a escribir. Kaede también aprendió y juntas hacíamos los deberes; nos sentábamos en el jardín para leer a Shakespeare, mi favorito era Hamlet.
Creo que fue una de las épocas más felices de mi vida y sabía que Seshomaru también era feliz. Pasaron los años y cuando cumplí los 18 años, Seshomaru organizó una fiesta muy elegante, hubo música, comida, bebida, de todo, era un sueño vuelto realidad. Seshomaru se esmero en mi arreglo y me regalo un anillo de plata, me dijo que su madre se lo había obsequiado antes de morir y que era una joya familiar, la abracé y la besé en la mejilla.
-Kaede eres la madre que nunca tuve.
Las dos nos abrazamos y lloramos de la emoción; poco después bajamos al salón y Seshomaru me presentó con los invitados como su hija; conocí a condes, duques, condesas, archiduques y mucha gente con títulos nobiliarios, comerciantes muy ricos, en fin, gente que era cercana a Seshomaru, y él se veía orgulloso y feliz; por último me presento a cuatro de sus más fieles amigos, según me dijo, Jaken, un hombre alto, de piel aceitunada con una mirada penetrante de ojos negros; Bankotsu, moreno de rasgos árabes, alto, delgado y con ojos tan negros como las noches sin luna y una larga trenza le caía en la espalda; Kagura, una mujer blanca, de ojos rojos como la sangre, cabello negro, lacio y tenía una boca tan delineada y roja que parecía una pintura y , por último Kohaku, según dijo era de Roma, de estatura mediana y complexión atlética, moreno, su cabello negro le hacía resaltar los ojos café claro. Ellos cuatro serían su salvación y yo su perdición.
Todo había resultado de maravilla, la música, los invitados, era tan perfecto que creí estar soñando. Era casi media noche y se anunció el baile de padre e hija, Seshomaru fue por mí, me tendió la mano, yo la tomé y pasamos al centro del salón, paso su brazo por detrás de la cintura y me atrajo hacía él, lo miré a los ojos y en ese momento todo desapareció, solo estábamos bailando él y yo; el corazón se me aceleró y, lo supe, realmente amaba a ese hombre, lo amé desde siempre, pero me pareció una vergüenza, amar de esa manera al hombre que había sido todos estos años mi padre y baje la mirada, observé sobre su hombro y todo volvió a aparecer, los invitado, Kaede, los meseros, la música, pero él me apretó la mano cariñosamente y se acerco a mi oído, tanto que su aliento hizo que me recorriera un escalofrió por la espalda.
-Mi pequeña, te amo.
No supe que decir, ni cómo interpretarlo, pero creo que era más que obvio, me amaba como su hija, y al verlo de nuevo a los ojos los desvió para observar el gran ventanal y sus facciones se endurecieron y por arte de magia la pieza término, todos aplaudieron y comenzó otra, me tomo con fuerza la mano y le hizo señas a Kaede para que se acercara al igual que a Kagura, las dos llegaron y Seshomaru tomo a Kaede y le dio unas indicaciones, después a Kagura, su rostro parecía preocupado, furioso y veía insistentemente a la ventana, trato de controlarse pero era evidente, algo le inquietaba, sin soltar mi mano, me llevó a solas mientras Kaede atravesaba el salón muy aprisa hacía las escaleras y Kagura se situaba frente a la ventana.
-¿Qué sucede Seshomaru?
-Nada mi pequeña, es solo que tienes que partir en este momento.
Yo me quede quieta, tratando de imaginar porque a la mitad de la fiesta tenía que irme y cuando iba a protestar él se volteo, me tomo por los hombros y me sonrió.
-No pasa nada, es solo que, te preparé un viaje a Francia, llegaras a la propiedad que tenemos en Nantes, era una sorpresa. Todo está arreglado, el barco zarpa en pocas horas, es por eso la prisa.
Volvió a sonreír y me beso en la frente. ¡Un viaje!, era algo grandioso, lo abrace con todas mis fuerzas y lo bese en la mejilla muchas veces, repitiendo gracias, el se rió por un momento, divertido y me abrazó, lo solté y corrí hacía mi habitación, tenía que preparar todo en muy poco tiempo… Francia …era un sueño realmente hermoso, pero algo dentro de mi me decía que no era verdad lo que él me había dicho, pero no tome en cuenta esa idea, además, ¿ Por qué habría de mentirme?, él nunca lo había hecho, pero me detuve a la mitad de la escalera y volteé para verlo, ahí estaba parado junto a Kagura y Bankotsu, me sonrió, yo mande un beso con la mano y volví a subir corriendo, llegue a mi cuarto, Kaede y Jaken ya casi habían empacado mis cosas, Mirna me vio y sonrió.
-Aome, ya está casi todo, solo faltan las cosas de tu tocador.
La abrace y le repetí.
-Kaede, ¡vamos a Francia!
Ella me observo y sonrió, Jaken cerro la última valija y la saco de la habitación, mientras yo ponía todo en otra más pequeña, mis cepillos, mi espejo, los perfumes que Seshomaru me regalo, el diario de pasta roja , mi libro de Shakespeare y jale a Kaede para salir lo más rápido que pudiese, ya deseaba llegar a Francia, deseaba pisar aquellas calles antiguas y llenas de historias y ver aquella parte del mundo que solo había soñado y que conocía por boca de Seshomaru, Kaede también había terminado de empacar, cuando bajamos las escaleras. Los invitados ya no estaban, solo quedaban los músicos tocando la melodía favorita de Seshomaru, era una especie de música salvaje y hermosa a la vez, pero él no se había movido del ventanal, Kaede salió para acomodar las valijas en el carruaje que nos llevaría la puerto, me acerque a Seshomaru corriendo, me observo, lo tome de las manos, no dije nada solo lo mire a los ojos y sonreí, de pronto el se acerco y me abrazó, acarició mi cabello y beso mi cabeza, yo recargada en su pecho escuche el latir de su corazón, de pronto, el sonido de un cristal romperse, alguien estaba adentro, Seshomaru me abrazó más fuerte, y grito el nombre de Jaken, me levanto en vilo del piso, no supe mas, cuando desperté ya estaba en el barco, Kaede sentada a un lado de mi cama cuidándome-como siempre-, me levante y ella se acerco, se sentó en la cama y me sonrió,
-¡que susto nos diste Aome!-
-¿qué pasó Kaede?, escuche un cristal romperse, Seshomaru gritando, me abrazó y… no recuerdo más-
- lo que pasó fue que tomaste demasiado vino y te desmayaste-
-y que fue lo que se rompió, porque yo lo escuche claramente no estoy loca-
-Sí se rompió el cristal del ventanal por tanta vibración de la música, por eso el Sr. Seshomaru lo veía con tanta insistencia, pero no aguanto mucho y se rompió-
- bueno suponiendo que te crea esa absurda historia, ¿Cómo llegamos tan rápido al puerto?, ¡esta a mas de 3 horas a caballo y en coche son como 5!
- pues es que dormiste demasiado tiempo
Volví a acostarme, esa explicación era tonta pero ya no dije más, sabía que Seshomaru le había dicho a Kaede que era lo que tenía que contestarme, así que no quise interrogarla más, observe el techo del camarote, sentí el movimiento del barco abriéndose paso entre las olas, cerré los ojos y lo vi, vestido con su traje gris, sentado frente a la chimenea de la casa y de pronto desapareció para darle paso a Francia, disfrutaría del viaje tanto como pudiera; volvía a sentir las olas romperse contra el casco del barco, sentí el deseo de ver el mar, observar el cielo, oler la sal, así que me levanté, me puse un camisón que Kaede dejo sobre la cama, no le dije nada solo salí, aunque yo sabía que ella saldría detrás de mí, no me importó, subí las escaleras, así llegar a cubierta, la brisa marina me recibió con una caricia y volví a pensar en él.
Estaba punto de amanecer y vi que era más oscuro el mar y de pronto unos rayos salieron detrás del horizonte, pigmentando el cielo de púrpura y dorado, el mar comenzó una metamorfosis de luz y pude sentir el calor que emanaba de él, ¡era perfecto!, extendí el brazo y toque el hombro de Kaede, ella me miro y supe que ese viaje cambiaría mi vida, pero no importaba… porque ella estaba conmigo.
Viajamos durante un mes, con todas las comodidades que podíamos tener y aquí fue donde conocí a Hoyo, un chico de familia acomodada; era el mayor de siete hermanos y se dirigía a Francia a atender unos negocios de la empresa familiar, eran cafetaleros; me conquisto, sus ojos cafés claros, de un mirar tierno e inocente, lo que más me gustaba de él era eso… sus ojos, cafés aunque de pronto podían cambiar a un verde profundo de acuerdo a la intensidad de la luz del sol, era alto casi como Seshomaru, pero a Hoyo lo sentía más humano , más cálido, una nariz recta que hacía juego perfecto con sus ojos, era delgado pero fuerte, y tenía una voz grave y suave, como de barítono; pase las tres últimas semanas del viaje disfrutando de su compañía, conversamos de mil cosas, entre los dos se había despertado una química tan fuerte y tan especial que todos los pasajeros del barco lo podían notar y Kaede estaba feliz por mi … ahora lo recuerdo tan claro como si fuera ayer, yo sentada en la cubierta y él frente a mí , esos ojos observándome… pero no lloraré esta vez… es tiempo de tomar fuerza y continuar.
Estar con Hoyo hacía que Seshomaru se perdiera en la inmensidad de la distancia, era algo tan mágico que a veces me daba miedo, sabía que en mi corazón comenzaba a germinar un amor tan fuerte por Hoyo que no podía controlar y eso era lo que más me asustaba, o tal vez sería que en lo más profundo de mi ser sabía que Seshomaru jamás permitiría que me fuera de su lado, este pensamiento me perturbaba siempre, pero en el momento en que Hoyo entraba en escena todas las neblinas desaparecían y daban paso a la luz y eso era lo único importante.
Kaede se daba cuenta de mi lucha interna y solo en esos momentos me abrasaba y yo me sentía segura, de saber que ella estaba conmigo y que pasara lo que pasara ella pensaría primero en mi felicidad.
El viaje casi llegaba a su fin, estábamos a dos días de tocar tierra, así que esa noche la tripulación del barco ofreció una cena de gala para despedir lo que sería ese viaje, y además sería el último viaje del Capitán Hubbe, ya contaba con casi 70 años de edad y este viaje sería el que cerraría su carrera como hombre de mar, se retiraría a vivir con su esposa y ya solo vería el mar pero desde tierra, así que esa noche era doblemente especial; yo estaba muy nerviosa me sentía como una niña esperando la llegada de la navidad, daba vueltas de un lado al otro de mi camarote, por lo que Kaede no podía terminar de ajustar las cintas de mi vestido.
-¡quédate quieta que no puedo ajustarlas si no te quedas quieta!
-lo siento Kaede, pero no puedo evitar estar nerviosa, Hoyo vendrá en cualquier momento.
-bueno el hecho de que quieras hacerle un surco al piso no hará que se te quiten los nervios
-¿cómo me veo Kaede, luzco bonita?
Me pare frente al gran espejo frente a la cama, Kaede estaba a mi lado derecho, paso su brazo por mi hombro y sonrió.
- eres la muchacha más linda que asistirá a la fiesta, te ves como una verdadera princesa.
Kaede se esforzó en mi arreglo aquella noche, me recogió el cabello en una especie de trenzado mixto con perlas y cintas de terciopelo azul marino, en el cuello me puso un collar de perlas que hacían juego con los aretes, el vestido era azul, un escote en "v" y guantes como la ocasión lo ameritaba, además de ponerme encima un chal de seda del mismo color, me quito el brillo del rostro con un poco de maquillaje y pinto mis labios de un rosa pálido, me perfumo y poco después de haber concluido, se escucho que llamaron a la puerta, el corazón casi se me salía del pecho, ¡era Hoyo!, respire hondo y guarde la compostura, Kaede abrió la puerta y en efecto ahí estaba el hombre de mirar tierno y amplia sonrisa.
-Buenas noches joven Hoyo.
-Buenas noches Kaede, ¿cómo está?
-bien, gracias, Aome ya esta lista.
Camine hacía la puerta, controlando mi respiración y obligando a mis piernas a sostenerme, un rubor subió por mis mejillas cuando lo vi, estaba vestido con un smoking y una capa, el sombrero lo llevaba en la mano, se veía tan guapo que casi tuve que obligarme a no correr y besarlo.
-Buenas Noches Hoyo
-buenas noches Aome… ¡te ves hermosa!
-gracias, tu también te ves muy guapo esta noche.
Pasaron unos segundos en los cuales nos observamos en silencio, en ese momento solo éramos él y yo, me imagine que éramos los únicos seres vivos en el planeta y sonreí, Kaede fue la que rompió el silencio.
-Bueno chicos ya es tarde y la fiesta los espera.
Salí de mi pensamiento y voltee a verla
-¿no iras con nosotros?
-no, me quedare a descansar esta noche, estoy un poco cansada y eso de bailar sobre las olas, no me es muy agradable, y pues mejor me quedo a empezar a empacar, en dos días tocaremos tierra y no quiero que me agarren las prisas, vayan y diviértanse mucho.
Y dicho esto me dio un leve empujón hacia fuera.
- me la cuidas mucho Hoyo, y no se desvelen mucho
-No se preocupe Kaede, la cuidaré como a mi vida.
Y me ofreció su brazo para que lo tomará, voltee a ver a Kaede y me guiño el ojo, y cerró la puerta, empezamos a caminar por el pasillo para salir al salón principal, hubo un momento de silencio, estábamos demasiado nerviosos los dos, y en verdad no sabía que decir, en realidad solo pensaba en lo guapo que se veía Hoyo esa noche.
Cuando llegamos al salón principal la orquesta estaba ya tocando y uno de los meseros nos condujo a una mesa vacía casi al frente de la pista, aun continuaban llegando los invitados, la música era suave y lenta, Hoyo se adelanto y retiro la silla para que pudiera sentarme, él se sentó a mi lado derecho, un escalofrió recorrió mi espalda cuando paso por atrás de mi para tomar su lugar, lo observe atentamente un rato, se veía tan guapo esa noche que creí que era un sueño, en un momento nuestras miradas se encontraron y solo nos observamos tratando tal vez de encontrar dentro de nuestros corazones la frase correcta y que no rompiera ese momento tan perfecto.
Así pasaron varios minutos sin que ninguno de los dos dijera nada, pues solo con la mirada decíamos mucho más que con la voz, (ese momento fue uno de los más hermosos en mi vida), entonces fue cuando una oleada de aplausos nos hizo regresar a la realidad, el Capitán Hubbe, entraba en ese momento por uno de los costados del escenario entre la banda, vestido con su traje de gala de la marina, se veía bien, y ofrecía una sonrisa tan franca, que contagiaba su alegría, gire a mi lado izquierdo para poder ver mejor el escenario y le di por unos momentos la espalda a Raúl, fue cuando me di cuenta de que ya nuestra mesa estaba llena y que el salón estaba lleno, observe al capitán tomar el micrófono y con un ademán pidió silencio a la ovacionante multitud.
-¡Gracias amigos por estar conmigo esta noche!, en realidad es un honor estar con ustedes aquí y ahora, han sido ya 54 años los que he navegado por los mares de este mundo, y es tiempo de que deje esa tarea a los más jóvenes, estoy agradecido con la vida que me permitió vivir tanto como para ver muchas maravillas, pero la más importante es estar esta noche con tanta gente amiga y que a lo largo de los años han estado a mi lado, ahora le digo una vez más ¡gracias por estar aquí esta noche!, así que amigos, disfruten la velada y que se diviertan. ¡Gracias!.
Los aplausos se hicieron escuchar mucho más fuertes que al principio, pude ver que el capitán limpiaba una lagrima de emoción de su rostro y enseguida camino hasta una mesa y saco a bailas a una señora de edad avanzada y que lo veía con un amor tan profundo que supe sin que nadie lo dijera que ella era su esposa, y me pareció tan hermoso ver a una pareja de esa edad, aun bailando y viéndose con ese gran amor, y en un momento mi mente viajó y quise ser ellos, gire hasta quedar frente a frente a Hoyo.
-¿te imaginas poder llegar a esa edad y tener la dicha de estar con la persona que amas?
- sí, lo imagine también y creo que será hermoso poder envejecer con la mujer que amas y decirle cuanto la amas.-
No supe en qué momento Hoyo me jalo a la pista y comenzamos a bailar al mismo ritmo lento y frágil de los violines, en ese momento no había nadie más, no existía tiempo, solo estábamos él y yo; cuando termino la música, nos dimos cuenta de que estábamos solos en la pista y que hasta el capitán y su esposa se habían detenido para vernos bailar, escuche los aplausos de la gente a nuestro alrededor, me sonroje un poco y tome con fuerza la mano de Hoyo e hicimos una caravana a la gente agradeciendo el aplauso, voltee a ver al capitán y a su esposa, aplaudían con mucha alegría al igual que los demás, les sonreí, y ese momento se quedo en mi memoria congelado, era la mejor noche de mi vida, gire la cabeza para ver a Hoyo y tenía esa linda sonrisa iluminando su rostro, me miro los ojos y dio un paso hacia mí y me dio un beso en la frente, una descarga de adrenalina me recorrió el cuerpo, sentí sus labios presionando mi frente y pude escuchar su corazón, apreté con más fuerza su mano, sentí que mis piernas no me sostendrían más tiempo, ¡ fue el beso más hermoso que jamás nadie me dio!, reí y sentí como me jalaba hacía nuestra mesa, ¡era completamente feliz!, tomamos nuestros lugares justo a tiempo, por el micrófono el maestro de ceremonias anunciaba que servirían la cena, en nuestra mesa se encontraban sentados los condes Hegewisch, una pareja ya de edad avanzada que se dirigían a Paris en una tercera luna de miel, también estaba la baronesa Ayumi Schwartz, una simpática viuda que quería salir de la monotonía y aseguraba que en la ciudad luz podría triunfar como cantante y bailarina, en lo personal ella me agradaba aunque para muchos de los pasajeros, era una mujer vulgar y sin clase, también contábamos con la presencia de el arquitecto Charles Harlow y su esposa, que a pesar de su hermosura era una de esas mujeres menudas y sumisas que hacía todo lo que su esposo le ordenaba aunque fueran cosas que no le agradaran, entre la tripulación corría el rumor de que la señora en realidad solo era la pantalla de su esposo ya que él era homosexual, y que su amante era el contador Manuel Villanueva, que de igual manera estaba en nuestra mesa, pero solo eran eso rumores; trajeron la cena, de entrada fue una deliciosa crema de quesos, y para plato principal, sirvieron langostas y camarones, acompañado con un exquisito vino blanco, yo me sentía tan feliz, que nada podía opacar esa felicidad, la velada transcurrió tranquila, me divertía escuchando la conversación de la baronesa Ayumi, platicando de una de sus aventuras cuando fue al África con el difunto barón Sebastián Schwartz, cuando concluyo la cena la orquesta continuo tocando, y Hoyo aprovecho ese momento para poder invitarme a bailar, y yo encantada acepté solo quería poder estar un momento con él a solas entre tanta gente, me condujo a la pista y me tomo de la cintura, atrayéndome hacía él, pude sentir el latir de su corazón, bailamos sin hablar, creo que nuestros ojos decían más de lo que pudiéramos expresar con palabras, fue ahí cuando me pareció ver cerca de la puerta una mujer que me era familiar, aunque no sabía de dónde, estaba parada observándonos fijamente, eso me incomodo, y en cuestión de segundos mi cerebro encontró ese rostro, ¡era Kagura!, o eso me pareció ver, porque en cuestión de segundos desapareció como por arte de magia, no le di importancia en ese momento, y así como la vi así su imagen quedo reemplazada con la de Hoyo.
Ya era pasada la media noche cuando decidimos dar un paseo por la cubierta del barco y contemplar el mar, caminamos tomados de la mano, y al llegar a la proa, me acerque al barandal de seguridad, contemple el mar, su inmensidad, Hoyo se coloco a mi lado.
-Gracias, por una velada tan maravillosa, lo disfrute mucho Hoyo.
-no, gracias a ti por haberle dado a esta noche el toque de magia de tu presencia.
Y tomo mi mano y la beso, nos vimos los ojos, y sin pensarlo nos dimos un beso, fue un beso tierno, en lo alto del cielo negro estaba la luna en cuarto creciente, a media luz, como queriendo ser nuestra cómplice y darle una atmósfera más romántica, cerré mis ojos y pude sentir sus labios unidos a los míos, mi corazón latió con fuerza, cuando se separo de mí, me di cuenta de que estaba enamorada de él, y que no había nadie en este mundo que pudiera opacar esta felicidad.
Me abrazo y juntos observamos el cielo y el mar, en un instante escuchamos que algo se había caído al agua, y al asomarnos no pudimos ver nada, pero él me dijo que debía decirle al oficial a cargo para que pudieran investigar que había sido, así que corrió hacia uno de los oficiales que estaban de guardia en cubierta, mientras él hablaba con el oficial, yo volví a escuchar ruidos, me acerque hacía la orilla y me pareció ver un cuerpo flotando, pero no podía decir si era real o era efecto de la poca luz, así que le grite a Hoyo y llego corriendo junto con el oficial, y les señale a donde lo había visto.
-¡ahí, a la derecha! Creo que es un cuerpo.
El oficial alumbro con una linterna y para nuestra sorpresa había un cuerpo flotando, boca abajo, traía uno de los uniformes de los trabajadores de las calderas, el oficial lanzo un pitido con el silbato y en menos de tres segundos ya había cinco o seis oficiales corriendo hacía donde estábamos, nos hicieron hacía atrás, poco después el barco se empezó a detener y bajaron una balsa, para poder ir por el cuerpo, Raúl me dijo que ahí ya no éramos necesarios y que era mejor que nos fuéramos a dormir, yo estuve de acuerdo, después de todo no era mi intención ver un muerto esa noche.
Cuando llegamos a mi camarote, ya estaba un poco más tranquila, abrí la puerta y me di vuelta.
- gracias de nuevo por la velada y por tu agradable compañía
- y gracias a ti por ser la mujer más hermosa de este planeta, que descanses.
Y me dio un beso en los labios y entre a mi habitación, toda la noche había sido perfecta, lo único que la empañaba era la figura de Kagura en el barco y el chico del mar.
Cuando desperté Kaede ya estaba levantada y se veía un tanto agitada, paseándose agrandes pasos de un lado al otro del camarote, y retorcía entre sus manos un pañuelo blanco, parecía muy preocupada.
-Hola Kaede ¿ por qué tanto alboroto?, no me dejas dormir con tus pisadas.
- ¡hay Aome! estoy preocupada, muy preocupada.
-Me doy cuenta, pero ¿Cuál es la causa de tu preocupación?, llegue bien anoche.
-No es eso mi niña, es por lo que se dice en el barco.
Me incorpore y me senté en la cama apoyando mi espalda en la cabecera, y le indique que se sentará a mi lado, ella se acerco y se sentó, hasta ese momento que la tuve más cerca sentí el temblor de su cuerpo y note que había llorado, le tome las manos entre las mías, estaban frías.
-¡pero mujer, estas helada!, ¿qué es lo que tanto te ha alterado?
-¡hay mi niña!, cuando desperté esta mañana, salí para pedir que le trajeran el desayuno a su cuarto, y cuando entre a la cocina, escuche que estaban diciendo que alguien había matado a un muchacho llamado Marcos, pero que quien lo hizo le arranco la carne del cuello y le saco toda la sangre, que eso había dicho el médico de abordo, que alguien le había vaciado toda su sangre-
La abrace, sabía que Kaede dadas sus raíces africanas, tenia más miedo que nadie en el barco.
-niña, eso solo puede hacerlo un "owenga"-
-¿owenga?
-si niña, son criaturas terribles se alimentan de sangre y carne humana, son mortales y además son cazadores, no se detienen ante nada, si uno de ellos te eligió, no hay nada que hacer más que rezar, en el barco hay un owenga, lo sé, lo puedo sentir.
-Kaede eso es imposible, no existe ninguna criatura que pueda hacer eso, debe de haber una explicación más creíble que esa, no te asustes, tal vez bebió de más anoche y al caer se golpeo y se desangro por la herida.
-No niña, yo sé que eso no fue un accidente, además dicen que no es el primero, que ya hay tres desaparecidos, y sé que el owenga es el culpable.
Ya no dije nada más, el miedo que reflejaba el rostro de Kaede fue suficiente motivo para creerle, bueno al menos ella creía en la existencia de esa criatura, la abrace solo eso podía hacer en ese momento, solo por un instante, mi mente regreso a la imagen de Kagura parada la noche anterior en el gran salón y por un momento mi corazón y mi mente supieron que era ella la causante de esto, pero pronto la razón entro y desecho esa sospecha, además de que no había razón para que esa mujer estuviera en el barco.
Salimos a comer a las dos de la tarde, toda la mañana ayude a Kaede a terminar de empacar, ella insistía en que no debía de andar sola por el barco después de lo ocurrido, así que no discutí con ella, cuando caminábamos para dirigirnos al salón, nos salió al paso Hoyo, mi corazón casi se detiene al verlo, y recordé sus besos y sentí que me sonrojaba.
-Buenas tardes señoritas!, ¿me permiten acompañarlas hasta el salón?
Kaede nos observo a los dos y sonrió
-Buenas tardes Joven Hoyo, pero por supuesto que puede acompañarnos, y se lo agradecería, así me sentiría más tranquila.
-¿Porque esta tan preocupada?
Por un momento creí que Kaede empezaría a relatarle las historias de que un owenga estaba en el barco, pero no fue así.
-Pues joven Hoyo, dos mujeres solas siempre son un blanco fácil para los pillos, pero con un hombre que nos acompañe, ya lo pensarán dos veces antes de lanzar cualquier piropo inapropiado, ¿no le parece?, además de que siempre es bueno contar con la presencia de un hombre para cuidarnos.
Kaede le guiño el ojo a Hoyo, y me miro, él encontró muy divertido esto y rió un instante.
-Claro Kaede, tiene toda la razón y no queremos que esto suceda, así que damas, vayamos a comer.
Me ofreció el brazo y lo tome, pero cuando se lo iba a ofrecer a Kaede, ella ya estaba como a cinco pasos de nosotros apurándonos a viva voz, pues decía tener mucha hambre, así que nos apresuramos para alcanzarla.
Entramos al salón, no había muchos, solo un par de parejas dispersadas, tal parecía que todos habían optado por comer en sus camarotes, nosotros nos sentamos junto a la fuente del lado izquierdo, junto a uno de los grandes ventanales, desde el cual podíamos ver la inmensidad del mar, pedimos al mesero nuestra comida, un poco de pato al vino blanco y ensalada de zanahorias con calabazas tiernas al vapor, y una sopa de alubias, y una botella de vino blanco dulce, pan negro y ,mantequilla, comimos sin prisa, y disfrutando de la charla de Hoyo, ya el incidente de anoche había quedado atrás, además solo faltaban unas horas para poder bajar a tierra.
Terminamos de comer y ya estando en la sobremesa, entro la baronesa Schwartz, nos vio de lejos e hizo un ademán con la mano, la salude de igual manera, y se dirigió hasta nuestra mesa, le ordeno al mesero que pusiera otro lugar en la mesa y que le trajeran una taza de té de limón.
-Buenas tardes mis queridos, ¿cómo están?
-muy bien Baronesa, ¿cómo amaneció usted?
-muy bien querida, dormí tan apacible como un bebe, a pesar de la tragedia de ese chico, pero dice el capitán que no hay de qué preocuparse, pues es un incidente aislado y que además dijo el doctor que estaba ebrio cuando cayó al mar, así que un trágico accidente, nada de qué preocuparse.
Mire a Kaede y ella se puso un poco pálida, no era la clase de noticias que quería recibir ese día, y menos que le confirmaran que no había nada sobrenatural en el asunto.
- Baronesa, pero y que me dice de que encontraron el cuerpo sin una sola gota de sangre, eso es lo que más me preocupa.
- Hija mía, claro que no encontraron una sola gota de sangre en su cuerpo, tenía una herida muy espantosa en su cuello como si lo hubiesen mordido, pero es lógico cayó al mar y hay tiburones, imagínate lo demás.
Me quede pensando por un momento, era muy lógico, aunque no del todo.
- pero si lo mordió un tiburón y suponiendo que la teoría es correcta, ¿no se supone que los tiburones comen carne?
- ¡claro que comen carne!, eso es algo que hasta un niño lo sabría
- bueno en ese caso baronesa, ¿porque solo le faltaba la sangre? y lo más importante, ¿porque solo fue una pequeña herida y no una grande como suelen hacerlo los tiburones dada la dimensión de las fauces?, además de que si hubiese sido un tiburón, lo más seguro es que no hubieran encontrado el cuerpo, solo con una pequeña herida; de hecho no lo hubieran encontrado.
El comentario dio en el blanco, todos me observaron incluso Kaede me sonrió, ella sabía que lo hacía por ella, unos minutos duro el silencio y después la baronesa cambió bruscamente el tema, yo ya no insistí, ahora charlábamos sobre nuestra próxima parada y lo que haríamos en esa ciudad maravillosa.
Nos despedimos de la baronesa, Kaede y yo, Hoyo no pudo terminar la conversación a tiempo y la baronesa estaba enfrascada narrándole su aventura en las plantaciones de café de Chiapas, solo le hice un ademán de que nos veríamos después, salimos a cubierta y disfrutamos el caminar sintiendo la brisa marina en el rostro, esa era la última tarde que caminaría por la cubierta del barco, me sentí un poco triste pero a la vez contenta, algo un poco extraño, me recargue en el barandal Kaede estaba a mi lado, así en silencio las dos sabíamos que nada sería lo mismo al llegar a la ciudad, la abrace y le di un beso en la mejilla.
- todo estará bien, mientras estemos juntas
Al caer la noche no tuve ánimos de salir de mi camarote así que pedí que me llevaran la cena, aún tenía muchas cosas que empacar y mañana llegaríamos a puerto, en verdad sería algo digno de recordar y no quería perderme eso por nada del mundo, tocaron a la puerta era nuestra cena, entre planes y risas cenamos Kaede y yo, y poco después nos dormimos, la noche transcurrió de lo más apacible, solo mis sueños me inquietaron, en ellos estaba Kagura observándome desde lo alto de mi cama, la veía más temible y menos humana, sus ojos despedían una luz ultraterrena, me sonreía y podía ver como los colmillos se agrandaban y sobresalían de sus labios, era realmente aterrador, quise gritar pero no pude; después caí en la inconsciencia hasta el día siguiente.
Continuara…..
gracias por los reviews, espero que sigan comentando sobre esta historia y les guste mucho más
