Hola, espero que les agrade este capitulo, como siempre tengo qeu decir que los personajes no me pertenecen pero la historia es original mía... dicho esto a leer.
CAPITULO V
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EL OWENGA
El sol se ha escondido en el horizonte para dar paso a la hermosa noche, hoy hay luna llena, es lo que más disfruto, las noches iluminadas, durante algún tiempo en estas noches visito los cementerios, es muy tranquilo y se disfruta de unos momentos de paz y tranquilidad en el campo santo, he escuchado muchas historias fantásticas a lo largo de los años, sobre espíritus que se manifiestan a los vivos, pero al menos a mí nunca me ha tocado ver ninguna manifestación de fantasmas, quizás la razón sea mi condición de vampiro, y a lo largo de los años no he conocido a ningún hermano de sangre que haya visto a seres de ultratumba, la única ocasión que vi un fantasma aún era humana, eso fue hace muchas lunas, pero esa parte también se las contaré en su momento, pero continuo con mi relato, la noche es joven, y él está un poco lejos.
Encontré a Kaede en el patio trasero de la casa, estaba hablando con Annakiya y Eshe, cuando me acerque ellas se pusieron muy derechitas y bajaron la cabeza, era algo que me molestaba pero no les dije nada, Kaede me miro y me sonrió.
- Kaede, tengo que salir por un momento, quisiera ir a la ciudad, dicen que es algo digno de admirar, y necesito que me acompañes.
-Claro que si, pediré que tengan listo en coche para ir
- Gracias en media hora bajo, voy a arreglarme
Subí a mi habitación, abrí el armario y saque un vestido azul marino, Alika entro en ese momento y me ayudo a arreglarme, baje lo más rápido que pude y ya estaba listo el coche, y Kaede también se había arreglado con un lindo vestido rosa pálido, subimos y partimos rumbo a la ciudad, en el trayecto solo veía el río y mi pensamiento viajaba al otro lado del mar, extrañaba a Seshomaru y en un momento mi mente dibujo el rostro de Hoyo, y lance un suspiro, recordé la última promesa de él que me escribiría diario desde París pero hasta el momento no había recibido carta, tal vez los negocios no le dejaban tiempo para que me escribiera o lo peor ya se había olvidado de mi y de su promesa, por un instante la rabia me tiño las mejillas de rojo pero después me tranquilice, cuando Kaede interrumpió mis pensamientos.
-Te tengo una sorpresa.
Volteé a verla, su rostro tenía dibujada una enorme sonrisa y miraba al frente del camino, ella sabía que la observaba, lanzo un suspiro, esperaba tal vez que yo la cuestionará acerca de lo que podría ser, pero en mi cabeza pasaban mil ideas tan rápido que no me podía imaginar de los que se trataba, así que frunció un poco el entrecejo y dijo con un aire solemne.
-es una sorpresa que te va a alegrar tu día más que cualquier cosa.
Y espero un momento para observar mi reacción, de pronto en mi mente solo se detuvo una sola idea: Hoyo, y una amplia sonrisa de dibujo en mi rostro, al igual que en el de ella y solo pude decir su nombre.
-¡¿Hoyo?
Y Mirna saco de su pequeña bolsa un sobre doblado, color blanco, ¡era una carta!
-llego esta mañana, te la iba a dar cuando llegaste y me dijiste que querías salir y saliste tan rápido que no me dio tiempo de dártela, pero aquí esta.
Me extendió el sobre y lo tome despacio, mi corazón estaba latiendo muy rápido, observe el sobre, y al frente tenía escrito mi nombre con una letra tan fina y firme que por un breve instante me recordó la letra de Seshomaru, la observe fijamente, imaginándome que podía decirme, sentía la mirada de Kaede, pero no podía moverme.
- ¡pero qué esperas para abrirla niña!,¡ábrela, vamos!.
Con cuidado abrí el sobre para no romperlo, y saque la hoja, la abrí con cuidado y la leí en voz alta.
Mi querida Aome:
Te escribo estas líneas cumpliendo con mi promesa de escribirte, aunque no ha sido diario, ya que he estado muy ocupado pero no por eso dejo de pensar en ti, cada día que pasa es un tormento estando lejos de ti y cierro los ojos para poder verte y tomar fuerzas para seguir adelante sin tenerte cerca de mí, porque desde que te conocí mi vida ha cambiado , pues he encontrado la felicidad que creí solo existía en las mentes de los poetas, pero hoy me doy cuenta de que no es así, que la verdadera felicidad yo la tengo desde que conocí el amor, es decir, desde que te conozco a ti.
Ante tal dicha que me has dado, no puedo más que decir gracias, decir ya sin ningún temor ¡te amo1 y deseo compartir mi vida y mi felicidad contigo, la mujer de mis sueños, y la culpable de mi felicidad: Tu.
Espero que mi sinceridad y mi atrevimiento no te molesten, y que me perdones por ello, pero cuando un hombre está enamorado quisiera gritarlo a los cuatro vientos y que las estrellas y la luna fueran mensajeras para que todos se enteren, que te amo.
Llegaré a Nantes en una semana, espero que me concedas la oportunidad de hablar contigo y de volver a verte, te extraño mucho.
Te ama y te adora.
Hoyo Akitoky
Releí la carta en silencio, ¡me amaba!, mi corazón latía con más fuerza, mire a Kaede que me sonreía complacida, y en mi rostro una gran sonrisa se dibujaba, confirmándome lo que yo ya sabía, me amaba como yo a él, Kaede solo me abrazo, no dijimos nada, las palabras sobraban y ella sabía que no había palabras para poder describir lo que es ese momento sentía… aún recuerdo ese día como el más maravilloso de toda mi existencia como ser humano, recuerdo la sensación de ligereza y de bienestar que sentí, era como estar en otro cuerpo diferente al mío, no podía dejar de sonreír y de ver todo tan hermoso, tan lleno de luz, y de sentir que flotaba entre nubes, fue maravilloso poder sentir amor en esa magnitud, creo que nunca volví a sentir nada igual en mi vida mortal, aunque en esta vida inmortal lo volví a sentir aunque multiplicado por diez…
Llegamos a la catedral de Sain Pierre- et Paul, aún estaban trabajando en su construcción, bajamos para poder caminar por las calles, pequeñas y llenas de movimiento, ya que por esos años las actividades de comercio de esté puerto eran de los más importante, formaba parte del departamento del Atlántico de Loira, antiguamente era la capital de Bretaña, la mayor representación de esté poderío era el Castillo de los Duques de Bretaña, construido con piedra caliza blanca y dotado de magníficos puentes levadizos, sólidas torres y fachadas que eran los mudos testigos de la opulencia de las cortes francesas, dentro de los muros de ese hermoso castillo, fue firmado el famoso Edicto de Nantes por Enrique IV en el año de 1598, el cual daba a los protestantes franceses la libertad de profesar una fe diferente a la Católica, aunque no fue por mucho tiempo ya que tiempo después Luis XIV lo revoco; caminamos admirando estos hermosos edificios, y lo más fascinante era la gran actividad económica que se veía, había mucha gente refinada y los más ricos eran los comerciantes, pues traían de todo el mundo conocido productos exóticos, sedas, de china, tapetes ricamente ornamentados de Persia, entre otras maravillas, ver todo aquello era un espectáculo tan agradable, pasamos la tarde visitando las boutiques comprando ropa, y todos esos hermosos artículos que estaban de moda, tenía que lucir muy bien cuando llegara Hoyo, comimos en un hermoso restaurante con vista al Loira, y poco después regresamos Chantenay, mi mente estaba absorta solo pensando en Hoyo y su visita.
Cuando nos aproximábamos a la casa, ya era de noche, nos salió al paso Alika, estaba haciendo señas con los brazos en una forma tan desesperada que me asusto, Kaede pidió que se detuvieran.
- Detengan el coche, mi niña espérame aquí, no te bajes.
Bajo a toda prisa y solo pude ver cuando Alika se arrojo a sus brazos, escuchaba su llanto desesperado, no pude mas y también baje, corrí a donde estaban ellas y el llanto desgarrador de ella hizo que se me erizará la piel, Kaede volteo a verme.
-Dice que Annakiya está muerta, que la ataco un demonio.
No lo podía creer, ¡era algo increíble!,
-¡¿un demonio?,pero , ¿Cómo, donde?- claro que mi mente racional no aceptaba la concepción de lo sobrenatural, así que imagine que algún delincuente la había atacado y no un demonio pero no dije nada, lo principal era calmar a la chica que lloraba sin parar.
-no lo sabe, solo dice que la encontraron cerca de la cripta, con el cuello desgarrado y sin sangre.
Fue como una descarga eléctrica escuchar esas palabras y recordé la imagen del chico del barco, abrí la boca para decir algo pero las palabras no salieron, por un breve instante mi teoría del delincuente salió sobrando y entonces vi el rostro de Kagura entonces pude sentir el miedo recorrer mi espina dorsal, concentré mi vista en las dos mujeres que estaban hincadas en el piso, Kaede levanto a la pobre chica, que estaba en estado de shock, solo lloraba y balbuceaba, la sostuve del brazo y la subimos al coche, llegamos a la casa, bajamos y Kaede con paso firme entro a la casa, los demás criados ya estaban esperándonos, Tarek salió de entre todos y corrió hasta mi, su rostro reflejaba el más grande de los miedos, tenía un sudor perlado en la frente y los ojos abiertos como platos, se dejo caer de rodillas frente a mí, su voz fue lo que detono el pánico en el rostro de los demás, el miedo le hacía vibrar su voz casi infantil.
-amita, Annakiya está muerta, la mato el owenga!.
Al escuchar esta palabra, Kaede se detuvo en seco y giro completamente para ver al muchacho, su cara ya reflejaba miedo, y paso su mirada de él hacía mi, y supe que era superior a sus fuerzas enfrentarse a esa superstición, así que decidí tomar yo el control de la situación, después de todo yo era la dueña, yo era la "amita", entre a la casa y tras de mí los demás, me dirigí hacia la parte trasera de la casa y salí al patio, Eshe la madre de Tarek, estaba sentada en la mesa de la cocina temblando, sostenía entre sus manos un puño de ajos, al verme se puso de pie, intentando calmar su miedo ante mí, pero era más fuerte y se dejo caer de nuevo en la silla, temblaba a tal grado que los dientes le castañeaban me acerque a ella y le puse mi mano en su hombro y trate de que mi voz sonara segura y firme, solamente al final un tintineo de mi voz casi me delata.
-Eshe, no te preocupes encontraremos al culpable de esto y lo pagará, manda traer a la policía por favor y al sacerdote.
-amita, esto no es para que lo vean las autoridades de este mundo, lo que la mato no responde a las leyes de los humanos, ¡va mas allá de lo terrenal!, es el owenga.
La mire en silencio, sabía que discutir ese tipo de cosas con ella, no me serviría de nada, ellos tenían sus leyendas tan arraigadas, pero a pesar de que yo no creía en sus míticos monstruos, el miedo recorrió mi espalda, sentí como los bellos de la nuca se me erizaban y el miedo me hizo un nudo en el estomago, por instinto me llevo las manos al pecho, pero esta actitud me molesto, por una extraña razón yo sabía que no había peligro- al menos para mí-cerré los puños, hasta que sentí como se enterraban mis uñas en las palmas, así que solo me di la vuelta y salí al patio trasero, tome una de las tantas antorchas que habían ya colocado alrededor de la casa y vi que también habían puesto collares de ajo por todos lados, en las puertas, en las ventanas y además de que habían hecho símbolos en la tierra, camine hacía donde había estado el cuerpo de la chica, no sentía miedo, quizás lo que sentía era rabia, porque para mí, su muerte había sido causada por algún otro ser humano, eran tiempos difíciles, en los cuales se podía matar a una persona de color con la mayor impunidad y nadie lo echaría de menos; pero algo en lo profundo de mi razonamiento me decía que Eshe, Kaede, Alyka, y todos los demás tenían razón, había algo ultra terreno me sacudí ese pensamiento, me estaba comportando como una tonta, pero escuche pasos atrás de mi, gire rápido y puse la antorcha al frente, a manera de protección por si el asesino era el que me estaba siguiendo ya fuera humano o sobrenatural, pero no, Tarek era quien me seguía, en una mano traía una antorcha y en la otra un gran machete, su rostro se veía tenso, con miedo, pero decidido a estar afuera conmigo al llegar frente a mi me sonrió con nerviosismo.
- yo la cuido, seré valiente.
Y me mostró el machete, le sonreí, ese gesto fue creo yo el más valiente que había visto jamás, pues a pesar de sus leyendas y supersticiones él estaba dispuesto a enfrentarlo conmigo.
-gracias Tarek, no te separes de mí, ¿de acuerdo?-
-si amita-
continuamos caminando, por seguridad tome a Tarek del brazo, de repente me invadió una oleada de ansiedad, el chico estaba protegiéndome a pesar de sus creencias, por un momento pude ver cuál era el poder de las cadenas de la esclavitud, pues no importaba su vida, solamente la mía, sentí una punzada de desesperación en el pecho, así que lo sostuve con más fuerza, con la intención de retirarlo en caso de peligro, camine solo un paso delante de él, tenía que protegerlo, caminamos unos pasos más, con más cuidado y al llegar a la cripta al fondo del patio trasero, alumbre con la antorcha, pero no había nada inusual por ahí, la cadena que guardaba la puerta estaba puesta y un grueso candado sellaba las puertas, junto con una enorme cerradura, me acerque más para ver la chapa, y un extraño escalofrió me recorrió la espalda, era como si alguien nos observara, así que di un paso hacia atrás, algo dentro de mi me gritaba que saliéramos de ahí, no por mi sino por Tarek, de repente en mi mente sonó la voz angustiada de Kaede -"lo único que los mantiene alejados es el fuego, le temen"-, casi sin pensarlo, tome el brazo de Tarek, no podía dejarlo un minuto solo hice girar al antorcha alrededor de nosotros haciendo un circulo, sobre el piso la vegetación estaba húmeda pero por alguna extraña razón el pasto comenzó a arder, en un instinto reflejo me lleve la mano hasta donde estaba el anillo que Seshomaru me había obsequiado y lo sentí caliente, era como si tuviera vida propia, por un segundo sentí que palpitaba como un corazón y tuve la loca idea de que ese simple amuleto me cuidaría de cualquier cosa o persona.
-no te muevas de aquí, mientras estemos dentro del circulo no nos puede hacer daño, le teme al fuego.
Esta afirmación me sorprendió, porque lejos del miedo que sentía en mi estomago, la parte racional de mi cabeza, me gritaba que huyera, ¿Qué podríamos hacer si un humano se nos acercaba, con mucha facilidad hubiera pateado un poco de tierra para sofocar este círculo protector, y habernos matado, volví a mover la antorcha hacia al frente, pidiendo que fuera todo menos humano, le tenía más miedo a eso que a un simple fantasma, tome al chico del brazo y lo acerque a mí, yo era quien debía proteger a ese chico, las llamas, subían formando una cerca de protección, mi cerebro solo pensaba como poder sacara a ese chico y a mí con vida de ese lugar, busque las luces de la casa, y de pronto frente a nosotros estaba parado observándonos, un hombre, alto como Seshomaru, pero no tenía ese cabello plateado que me encantaba, el cabello de este ser lo llevaba suelto hasta la altura de los codos, castaño claro, sus ojos parecían dos trozos de hielo, grises, piel olivácea y tenía la cara manchada de sangre, nos veía con curiosidad y a la vez con odio, olfateo el ambiente por un instante y me señalo con su dedo largo y manchado de rojo, sin apartar la vista del anillo que ya tenía afuera de mi vestido y colgaba de la cadena encima de mi pecho; Tarek levanto su arma, como para hacerle ver que no estábamos indefensos, ese extraño hombre sonrío y agacho la cabeza, por un momento, después su sonrisa se convirtió en una mueca aterradora, era como ver a un león acechar a su presa, comenzó a dar vueltas alrededor de nosotros, y nosotros al mismo tiempo girábamos para no perderlo de vista, aferraba el brazo de el chico con tanta fuerza que no me di cuenta que le hice daño clavándole mis uñas, pero él tampoco lo sintió, la adrenalina y el miedo eran más fuertes que ese dolor, veía a aquella criatura y no dejaba de sonar en mi cabeza las palabras de Kaede, sobre los owengas,-"son criaturas terribles se alimentan de sangre y carne humana; son letales y además son cazadores, y no se detienen ante nada, si uno de ellos te eligió, no hay nada por hacer, solo rezar y pedir un milagro porque morirás"-, y no pude evitar estremecerme, estaba frente a este ser, comencé a rezar, -Dios no permitas que nos haga daño…- no podía hacer más, de pronto se detuvo, como si escuchara algo que nosotros no podíamos percibir, empezó a buscar entre la oscuridad, como si quisiera determinar de dónde provenía eso que buscaba, nos veía y mostraba los colmillos, nos dio la espalda y de pronto lanzo un grito que me dejo helada, no era un grito de guerra sino uno de agonía, y por instinto abrace a Tarek y él a mí, vimos como ese ser caía de espaldas con una daga clavada en el pecho, se retorcía y lloraba, tratando de quitarse aquel objeto que le dañaba, pero parecía que entre más lo intentaba mas lo hundía en su carne, y se retorcía de dolor, hablando en una legua extraña, parecía suplicar a la nada por su vida, y en un abrir y cerrar de ojos vimos una sombra caer sobre él y terminar de hundirle la daga, Tarek y yo cerramos los ojos, pase mi brazo por sus hombros y lo cubrí con mi cuerpo, podía sentir el latir de su corazón desbocado que se confundía con el mío, la respiración comenzó a hacerse pesada por el humo del pasto húmedo al quemarse, pero no me importo, tenía que salvarle la vida a él y a mí, con un movimiento rápido tome sus manos y las uní a las mías y sostuve el anillo entre mis manos, y las de Tarek, era como si ese acto crearía un escudo entre esas criaturas y nosotros, era demasiado para soportarlo sin volverse loco, y al abrir los ojos de nuevo, solo había un cuerpo decapitado y ardiendo en llamas frente a nosotros, por fin pude gritar, al fin mi garganta dejaba escapar el sonido, comencé a gritar tan fuerte como mis pulmones me dejaban al igual que el chico, no nos soltamos hasta que llegaron los criados de la casa junto con Kaede, armados con antorchas y machetes, y entre ellos estaba el sacerdote Roshi, era un misionero franciscano, y lo traían de una de las pequeñas capillas de Chantenay, todo paso tan rápido y lo pude ver en cámara lenta, cuando Kaled brinco las llamas y entro al círculo que nos había salvado la vida a Tarek y a mí, nos tomo por la cintura y con una facilidad increíble nos levanto y nos saco de entre las llamas, observe el rostro de Kaede lleno de angustia y alivio al verme bien, me abrazo y caímos de rodillas, mientras los demás veían a una cierta distancia el espectáculo tan macabro de ese cuerpo consumiéndose por las llamas, el sacerdote, se santiguo y de entre sus ropas saco un pequeño libro y con voz fuerte y clara comenzó a recitar unas oraciones en latín y haciendo la señal de la cruz sobre el cuerpo, me incorpore sosteniéndome de mi querida Kaede y observe las llamas, pero más allá de ese fuego, a lo lejos del otro lado del rio pude verla, parada como si fuera una estatua y con esa graciosa cabellera al viento, y hasta pude ver que sonreía, pero al parpadear se había esfumado como un mal pensamiento, no tenia lógica Kagura estaba ahí, o al menos lo había estado, recordé al chico del barco y me estremecí de miedo, mire al sacerdote Roshi y todo a mi alrededor, la criatura ahora solo era ceniza, un olor dulzón inundo todo, lo extraño es que no era un olor desagradable, Tarek me miro con angustia desde los brazos protectores de Eshe, y se libro de ella, corrió hacia mí y me abrazo, pude sentir su corazón latiendo rápido en su pecho, casi tan desbocado como el mío.
-¡amita, ellos piensan que tu lo mataste!
Mire a Tarek confundida, él me devolvió la mirada con esos ojos canelos y comprendí los demás pensaban que yo era una clase de asesina de monstruos, por un momento en mi mente esa idea pareció muy graciosa y me imagine vestida con una armadura grande al estilo medievo, empuñando una espada de fuego, me reí por lo bajo, era realmente gracioso verme de ese modo, y lo abrace mas fuerte contra mi cuerpo, debía de proteger a este pequeño, lo había adoptado como hermano menor creo, cuando levante la vista vi a todos con una cara de sorpresa, el ama estaba abrazando al esclavo, pero no lo solté, los mire con desafió, nadie podría lastimar a Tarek mientras yo viviera, así que mire a Kaede y ella sonrió, el sacerdote se acerco mas a mí, su cara era de absoluta sorpresa.
-¿qué era eso hija mía?
Su rostro era el reflejo de la sorpresa y el terror.
- no eminencia, no lo sé, lo único que puedo decirle es que él fue quien mato a una de las chicas de la casa… pero ha recibido su castigo.- esa afirmación era más para mí que para los presentes-
-sí, ahora solo te pido que entremos a la casa tengo que platicar contigo y aquí afuera no es seguro.
No dije más, di media vuelta sin soltar el cuerpo de Tarek que ya empezaba a dejar de temblar, los demás nos siguieron , entramos a la casa y por primera vez desde que había llegado todos los sirvientes entraron en el gran comedor, y sin pensarlo se sentaron a la mesa, era demasiado el miedo como para pensar en pequeñeces de amo y esclavo, Eshe no aparto la vista de Tarek y de mí, después de todo ella era la madre del chico, pero no quería que se alejará, lo necesitaba a mí lado para saber que no estaba loca y que sí había visto a esa criatura así que lo senté a mi lado en la mesa, su mirada estaba perdida quizás recreando el momento en su mente intentado encontrar el momento en el que yo había incinerado a esa criatura, por instinto me lleve la mano al cuello y apreté el anillo de Seshomaru, y lo recordé, la criatura no me señalaba a mí , ¡señalaba el anillo!, fruncí el gesto, ¿qué era lo que significaba aquello?, ¿Por qué era especial el anillo para la criatura?, pero la voz tan grave del sacerdote Roshi me trajo de nuevo a la realidad.
-…no deben de estar solos, puede que el asesino tenga algún cómplice, así que de hoy en adelante manténganse juntos, traten de no salir por la noche, no hasta que sepamos que es seguro hacerlo, este ser no era de este mundo, no era humano…-
Y se perdió su voz, solo me quedo retumbando en mi mente lo último "no era humano", mi cerebro trataba de darle una explicación racional, busque en todos los rincones de mi cerebro, pero nada tenía lógica, hasta que Eshe lo dijo en voz baja.
-¡es un owenga, el demonio esta en estas tierras!
Todos la volteamos a verla, sentí el estremecimiento de Kaede y de Tarek, el sacerdote Roshi solamente asintió con miedo, ahí estaba de nuevo el mito del owenga, tal parecía que esta criatura era más terrible de lo que me había imaginado, mire a Kaede por un momento y ella pudo notar mis dudas, no podía concebir a una criatura que pudiera hacer eso, vaciar a la victima de toda su sangre, fue el sacerdote quien rompió el silencio y tal vez se había dado cuenta de que me costaba trabajo entender que era un owenga.
- para nosotros los "blancos" hija mía, el owenga es lo mismo que un vampiro.
En cuando dijo la palabra todo el rompecabezas comenzó a encajar a la perfección, los mitos de los bebedores de sangre inmortales vinieron a mi mente, era por ello que tenían ajo en toda la casa, ¡era para alejar al vampiro de aquí!, de repente la explicación me sonó tan trivial y absurda que no me pude contener y solté una risa cargada de incredulidad.
-¿de verdad usted cree en esas historias?
El sacerdote me miro con cuidado y estudio mi expresión antes de continuar.
-Hija mía, he vivido lo suficiente para saber que existen criaturas en este mundo que fueron creadas por Satanás, y los vampiros son una de esas criaturas, se alimentan de sangre humana, pero no es la primera vez que sucede un ataque de estos seres, hace como 22 años hubo otros ataques, pero nadie se animaba a buscar al responsable, muchos se fueron de aquí, por el miedo, pero de repente cesaron los ataques y todo volvió a la normalidad-
Observe la cara del padre, no había rastros de mentiras, iba a reírme pero de repente en mi mente se recreo la imagen de mi sueño en donde veía a Kagura con largos colmillos mirándome como si fuera un apetitoso manjar y de mi garganta salió un leve gemido de miedo, todos me miraron con espanto, quizás creyendo que yo sabía quién era el culpable, y apreté más fuerte la mano de Kaede y de Tarek, no podía permitirme sentir miedo, pero ahora estaba segura de que esa criatura existía, los mire a todos.
-esta noche todos dormirán bajo este techo, hasta que salga el sol y podamos calmarnos.
Había tanta seguridad y autoridad en mi voz que me sorprendí, nadie dijo nada, hasta podía ver en sus rostros alivio, dentro de las paredes de la gran casa, todos estarían a salvo. El sacerdote Roshi se despidió de nosotros, no quiso quedarse, era más fácil para el estar cerca de un refugio en contra de los males de Satanás y ese lugar era la iglesia, así que solamente me permitió prestarle un caballo y una antorcha, cuando se marcho volví entrar en el comedor, la mesa había sido empujada hacia los ventanales y ya habían colocado mantas en el piso, Tarek me miro y su rostro reflejaba miedo, él no quería que yo estuviera sola, así que le dije que él, Eshe y Kaede dormirían en mi habitación por esta noche, así todos estaríamos más seguros, claro que no era del todo cierto, pues aunque estuviéramos juntos estaríamos indefensos dormidos, pero aleje esa idea de mi mente, esta noche no habría más muertes, cerramos la casa completa y las mujeres pusieron ajos en todas y cada una de las ventanas, para mí esa medida era solo parte de una superstición pero no dije nada, quizás eso les daría más seguridad y podrían dormir mejor, cuando me acosté, Kaede había puesto tres camastros en mi habitación, Eshe y Tarek, dormían muy juntitos, abrazados, ella no quería despegarse de su hijo, Kaede apoyo su camastro junto a la ventana, quizás esa era la forma en estar tranquila que el peso de su cuerpo impediría la entrada de cualquier intruso, además de colgar un gran collar de ajos, apague las velas y me quede despierta en la oscuridad, tratando de encontrarle una mejor explicación a lo ocurrido, pero por más que buscaba regresaba al punto departida, poco a poco fui cayendo en la inconsciencia del sueño di gracias por eso, tenía miedo de que no podría dormir, pero el sueño llego y con ello el descanso.
Al día siguiente me desperté cuando el sol entraba de lleno a mi recamara, todos ya se habían levantado, lo que había pasado la noche anterior vino a mi mente como un golpe, volví a mirar la cara de esa criatura extraña, y no pude reprimir un escalofrió que recorrió mi cuerpo, claro que yo no creía en absoluto en ese cuento del vampiro, era imposible que existiera un ser así, alguna vez le pregunte a Seshomaru sobre esos seres, y me había dicho que solo era supersticiones de la gente ignorante, y claro que yo no lo era, tenía que haber otra explicación, pero ahuyente esas ideas de mi cabeza, hoy nos esperaba un largo día, debíamos darle sepultura a Annakiya, así que me levante de la cama, y empecé a buscar que ponerme en el armario, pero en si todos los vestidos que tenía eran de colores claros y alegres, debía de encontrar algo que fuera más sobrio, de pronto tocaron a la puerta, un rostro tímido se asomo, era Alika, su rostro a pesar de ser negro, podía darme cuenta de que no había dormido mucho, y el miedo aun estaba presente en su mirada, había llorado bastante, le hice señas para que pasara, ella camino hasta donde yo estaba con pasos rápidos pero no era su andar ligero, esta vez parecía que llevaba plomos en los pies, el dolor me aguijoneo el corazón de nuevo, ella había perdido a su amiga, la abrace sin pensarlo, pase mis brazos por sus hombros, y ella no pudo más soltó el llanto contenido sollozo por lo bajo, y me apretó más fuerte, parecía que se estaba desmoronando y eso me partió el corazón, no supe que decirle, porque creí que no había ninguna palabra que pudiera mejorar o sanar su dolor en ese momento, así que solo la abrace y deje que llorara, cuando levante el rostro hacia la puerta, pude ver a Kaede, también tenía un semblante no muy descansado, entro como siempre, miro con preocupación a la chica que yo sostenía en mis brazos y se acerco, puso su mano en su hombro y ella volteo a mirarla, el dolor era tan grande que no sabía cómo sacarlo, yo la deje en los brazos de Kaede y camine a mi cama, tome una de las almohadas y se la di, ella me miro con dudas ¿porque le daba la almohada?, quizás porque a veces a mi me resultaba más ligero cuando gritaba apoyada en la almohada.
-grita, te hará sentir mejor-
Le sonreí, ella tomo la almohada y sus hombros empezaron a temblar de nuevo, los sollozos subían a su garganta sin que la pobre pudiera evitarlo, así que se dejo caer de rodillas y después aferro la almohada a su rostro, pudimos escuchar los gritos de dolor amortiguados por la gran almohada, al cabo de dos minutos los gritos se detuvieron y los sollozos se calmaron ella estaba exhausta, no dijimos nada, respetamos el dolor de Alika por su amiga, Kaede se arrodillo a su lado.
- Ella ya está en un mejor lugar Alika.
Pero en vez de que esto sirviera para calmar a la pobre muchacha, solamente fue más doloroso, volvió a gritar con más fuerza contra la almohada, Kaede y yo nos vimos a los ojos con la duda reflejada en ellos, cuando por fin Alika comenzó a calmarse de nuevo, nos miro, primero a Kaede y luego a mí, se dio cuenta de nuestra sorpresa y se aclaro la garganta un poco, y con la voz un poco ronca por el llanto por fin nos explico.
-la mato un owenga, eso quiere decir que esta maldita, ella no puede encontrar el descanso porque ella se volverá uno también, ella ya es un demonio.-
Su explicación me tomo por sorpresa, ¿Cómo era posible que creyeran en ese disparate?, ¿Cómo podía seguir aferrada a una leyenda de ancianas?, me hizo enojar, pero no dije nada, no era el momento, Kaede vio mi expresión exasperada, ella sabía que yo jamás creería en esas leyendas, así que no dijo nada, levanto a Alika y salió con ella, me quede sola en mi habitación, tenía que empezar a aceptar que no podría cambiar la manera de pensar de ellos, así que solo moví la cabeza y me vestí sola, un sencillo vestido azul marino, creo que era mejor que ponerme uno rosa o verde, salí de mi habitación y baje las escaleras, pude percibir el olor de una fogata, pero estaba combinada con otro, era carne quemándose, me apresure y salí al patio trasero, era una gran fogata casi al lado de la cripta, y todos estaban ahí reunidos, incluso el sacerdote Roshi estaba ahí, diciendo una oración por el alma de la chica muerta, me detuve a pocos pasos de la puerta, no quería participar de esta locura, los deje, si eso calmaba su alma estaba bien, lance un gran suspiro y me di vuelta para entrar a la casa, ellos debían de llorar su perdida y darle descanso a sus conciencias, yo por mi parte necesitaba analizar todos los acontecimientos de la noche pasada, tenía que saber más sobre esa leyenda del owenga.
Continuará…..
agradezco a todas las que me han dejado sus comentarios, muchas gracias porque son el alimento de todo escritor... saber que sus creaciones le agradan a la gente, así que chicas please dejen sus comentarios!, me agrada saber qeu les va pareciendo la historia. cuidense y nos vemos en el siguiente capitulo.
