CAPITULO VI
LA VISITA
La semana paso muy rápido, creo que era porque la tensión dentro de la casa era evidente, el silencio lo hacía más evidente, se respiraba miedo pero conforme los días pasaron casi todo había vuelto a la normalidad, yo me pasaba horas encerrada en la biblioteca con Tarek intentando enseñarle a escribir y leer, eran unas horas tan tranquilas, ya que nos concentrábamos en las lecciones, tenía tantas cosas que hacer que no recordaba la visita de Hoyo, pero Kaede no lo había olvidado, el martes por la mañana entro en mi habitación temprano, abrió las cortinas de un tirón y la luz del día inundo todo, abrí un poco los ojos por el destello, pero me tape con las cobijas la cabeza y me di vuelta dándole la espalda al ventana.
-¡es muy temprano, déjame dormir un poco más!
- levántate ya, hoy tenemos visitas.
-tu atiéndelas, déjame dormir un poco más.
- ¿no recuerdas quien va a venir de visita?
Me quede quieta, tratando de recordar quien iría a visitarnos, por mi mente pasaron los rostros de gente familiar, el Sr. Mioga, el sacerdote Roshi, la modista una amable mujer adulta llamada Victoria, pero no recordaba que me hubieran dicho que vendrían, de pronto un rostro lleno mi mente el de Hoyo, y abrí los ojos de golpe, avente las cobijas un lado, incorporándome para ver a Kaede, la respiración se me acelero.
-¡hay no, lo había olvidado!
-sí, me di cuenta, así que levántate que prometió venir a comer y tienes que arreglarte.
La gran sonrisa de Kaede, me dio más nervios, me pare tan rápido que casi me caigo al enredarme con las sabanas que ya estaban todas revueltas en el piso, no sabía que ponerme, abrí el armario y vi todos mis vestidos, de repente todos me parecían feos, pero era porque realmente quería verme muy linda para cuando viniera Hoyo, así que tarde como una hora en decidir que vestido me pondría, termine escogiendo un azul turquesa de terciopelo, después corrí al baño quería estar limpia y fresca para él, termine de estar arreglada al medio día, pero aun a pesar de que faltaban dos horas para que viniera, mi estomago era un nudo lleno de mariposas, mis manos eran de repente muy torpes y no hallaba que hacer con ellas, el rubor en mi rostro parecía que no desaparecería nunca, así que hice lo más sensato, baje a la biblioteca y trate de concentrarme en la lectura, pero no era posible cada que iniciaba el párrafo, el rostro de Hoyo me distraía, en verdad estaba muy nerviosa, así que decidí dejar de luchar y me deje caer en la silla y contemple el día a través de la ventana, cerré los ojos y me concentre en los sonidos del exterior, escuche a lo lejos el murmullo del puerto, y el sonido del rio, poco a poco comencé a tranquilizarme, mi respiración dejo de ser tan agitada y sentí como el estomago poco a poco comenzaba a relajarse, pase así, no se cuanto tiempo, tratando de no pensar en nada, fue hasta que el reloj dio dos campanadas cuando mi corazón volvió a acelerarse en mi pecho y mi estomago volvió a contraerse en un nudo lleno de mariposas, me levante casi de un salto, me aferre al borde de la mesa para no caer, las piernas me temblaban, fue cuando escuche abrirse la puerta principal y el saludo emocionado de Kaede, me obligue a caminar y a respirar, Salí de la biblioteca y camine por el pasillo, al doblar la esquina lo vi parado en la puerta, y ¡por Dios! Estaba tan guapo, vestía un traje color gris perla, y en su mano traía un ramo de flores, podía oler los jazmines y las gardenias, sentí como el color de nuevo inundaba mis mejillas y no pude más que sonreír tan ampliamente como mis mejillas me lo permitieron, cuando nuestros ojos se encontraron el mundo desapareció, y solamente el rostro de él llenaba todo, sentí como si caminara entre nubes y él de tres zancadas se paro frente a mí, me tomo una de mis manos y la beso, sentí como una corriente eléctrica me recorría desde donde sus labios se posaron en mi piel hasta mi alma, y esa sonrisa tan suya que hacía que el mismo sol se viera oscurecido.
-¡hola hermosa dama, tanto tiempo ha pasado y tú sigues cada día más hermosa!
-¡gracias!
Logre abrir la boca y el sonido casi fue un susurro, y nos abrazamos
-te extrañe Aome!
- y yo a ti Hoyo.
Nos quedamos un buen rato abrazados, sintiendo sus brazos en mi cintura y su respiración en mi pelo, fue el momento más intimo que había tenido, podía sentir como su corazón palpitaba acelerado en mi oído, a lo lejos escuchamos que alguien tosía, pero aun no nos importo, pero la segunda vez fue más ruidoso y supe que Kaede nos estaba observando, volví a sonrojarme y me aleje de él, pero no me soltó, tomo mi mano y sonriendo miro a Kaede.
-A ti también te extrañe, mi querida Kaede
-lo sé, en realidad la prisa es porque tengo un poco de hambre ¿ustedes no?
Era evidente que ninguno de los dos teníamos apetito, creo que era la emoción la que ocasionaba que el hambre pasara al olvido, pero aun así intente sonreír y caminar al comedor, el me siguió sin soltar mi mano, podía sentir su mirada en mi rostro pero me obligue a no mirarlo, camine tan deprisa como mis rodillas me lo permitieron, él solamente se dejaba llevar por mí, entramos al comedor y ya la mesa estaba servida, pero lo más raro es que solo había dos lugares en la mesa, mire a Kaede rápidamente y ella me guiño un ojo, y lo entendí este día comería a solas con él, de repente las mariposas se hicieron más grandes y el nudo más pequeño, la respiración se me acelero y el rubor inundo mis mejillas, claro que él se dio cuenta de esto y solamente dejo escapara una risa baja y tan hermosa que me hizo voltear a verlo.
-¿tan mal te sienta comer conmigo?
Me imagino que hice una mueca chistosa porque se rió con más ganas y no solo él sino también Kaede, pero pasada la sorpresa sonreí.
-no, no es eso, es que siempre Kaede come conmigo y la verdad es raro estar en la casa y que ella no esté en la mesa conmigo, pero no tiene nada que ver contigo.
Claro que esa no era toda la verdad, él me ponía nerviosa y no era lo mismo estar en un salón lleno de gente que puede distraerte a estar sola con él en mi casa, era mucho, aunque me moría por estar con él a solas para poder platicar, otra parte de mi ser me decía que saliera corriendo o que suplicara, no que implorara que Kaede se quedara a comer con nosotros, pero reprimí ese impulso y solo le sonreí, me dirigí a mi lugar habitual y él se sentó en la cabecera de la mesa, lo volví a mirar y no pude reprimir la estúpida sonrisa que escapaba de mis labios cada vez que lo veía, la comida transcurrió tranquila, gracias a Dios Kaede se pudo dar cuenta de que mi apetito no era el mejor así que para mí solo fue algo muy ligero, un poco de fruta, seguido de una sopa de pollo y a él le sirvieron mucho más, pollo, sopa, vino, quesos, y un poco de lomo de cerdo asado, claro que él no tuvo ningún problema en comer, quizás sea porque su estomago estaba mejor que el mío, la comida transcurrió tranquila, me comento de su viaje a Paris, que le había ido muy bien, pues había conseguido vender casi 10 años de cosecha exclusivamente para un gran hotel, por lo que estaba tan contento, esto lo obligaría a viajar constantemente, pero estaba muy contento, yo le platique que había tomado a Tarek como mi pupilo y que era un chico muy inteligente, no nos percatamos del tiempo hasta que Alika entro al comedor a encender las velas, fue cuando en realidad me di cuenta de que habíamos estado sentados ahí más de 5 horas.
-¡que rápido se paso el tiempo!- al tiempo de que me levantaba y pude sentir hasta ese momento el peso del tiempo en mis rodillas, ya no temblaban solo estaban un poco entumidas porque no me había movido mucho durante nuestra conversación.
-sí, tienes razón, a tu lado es fácil el paso del tiempo-
Se levanto conmigo y lo lleve a la sala, le pedí a Alika que nos llevaran un poco de té, llegamos a la gran sala y ya el fuego de la chimenea estaba encendido, me tomo de la mano y nos sentamos en el sillón, grande, nos quedamos en silencio solo mirándonos a los ojos, no podía dejar de verlo, había pasado mucho tiempo desde que nos habíamos visto, el corazón se me acelero, y sentí de nuevo la traición de mi rubor en las mejillas pero él pareció no darse cuenta de esto, poco a poco empezamos a acortar la distancia, era como si quisiéramos entrar en la mirada del otro, y fue perfecto, nuestros labios se unieron, no fue un beso apasionado, más bien fue un comprobar que éramos reales, solo fue un roce, cálido y dulce, presionamos nuestros labios solo para comprobar que aun había electricidad. Nos quedamos aun mirándonos a los ojos, ni siquiera nos dimos cuenta cuando Alika trajo el té, solo nosotros existíamos, era perfecto, él me paso el brazo por los hombros y me acuno contra su pecho, y nos quedamos un momento en silenció contemplando el fuego que ardía en la chimenea, el olor a pino era tan agradable casi dulce, él rompió el silencio.
-¿Aome, podré seguir visitándote?
-claro!, nada me gustaría más que poder verte.
-entonces... ¿puedo venir mañana?
-¡por supuesto!,
-pero mañana vendré más tarde, quede de ir a comer con uno de los nuevos socios, así que vendré a la hora del té ¿te parece?
-sí, así me da oportunidad de continuar con las lecciones para Tarek
-me parece perfecto que trates de enseñarle a leer y a escribir, creo que eso les ayudara mucho.
-si me hace feliz poder ayudarlos, tienen demasiadas... supersticiones, no me agradan mucho.
-¿supersticiones, como cuales?, digo nosotros también en América tenemos muchas pero ya la mayoría sabe que no es más que historias.
-si te cuento ¿prometes que no me tacharas de loca o de exagerada?
Él frunció un poco el seño, parecía como si las cejas fueran a formar solo una línea.
-claro que no pensare eso, respeto mucho la creencia de los demás-
-está bien, solo recuerda que lo prometiste.
Le conté todo lo que había pasado la semana pasada, del extraño visitante, de la afirmación de todos de que era un ser de ultratumba incluso la explicación del sacerdote Roshi, claro que lo único que no le conté fue la aparición de Kagura, eso era algo de lo que no estaba segura así que no tenía caso entrar en un debate acerca de mi cordura, ya bastante tenía con estar rodeada de locura, él me escucho atentamente, no me interrumpió ninguna vez, solamente asentía, cuando termine mi relato lo mire fijamente para observar su reacción él tenía perdida la mirada en el fuego, parecía muy concentrado tratando de ver algo que estaba escondido en las llamas, al cabo de unos minutos giro su rostro para que lo viera de frente y me sonrió.
-Pues quizás las historias no sean del todo ridículas, Aome quizás haya algo de verdad en ellas.
-¿tú también crees en eso?- mi voz era de incredulidad, no podía creer que él también diera por verdad esa historia del Owenga, ¡eso iba en contra de toda lógica!
-no te molestes, es solo que si analizas todo lo que paso, no es tan descabellada la idea de un ser mítico, no es que lo crea, simplemente que a veces, hay cosas que no podemos explicarnos y tampoco podemos negar la existencia de el mal.
-en eso tienes razón, no lo había pensado de ese modo-
Lance un suspiro de resignación, él tenía razón, no podía negar la existencia del mal, o al menos eso era lo que yo creía, ambos nos quedamos pensando, mirando el fuego, pero aun seguíamos abrazados, realmente no quería que se fuera, deseaba que se quedara ahí conmigo para siempre, con él era más fácil respirar, era más fácil pensar, me acerque más a su cuerpo, el calor de su mano en mi mano era agradable, de prono el reloj nos saco de nuestros pensamientos, dieron las ocho, él suspiro y entendí que tenía que marcharse, no era apropiado que se quedara más tiempo, aunque no me importaba lo que la demás gente pensara, pero sabía que a él si le importaba y mas mi integridad social así que me apretó una vez y yo me incorpore para dejar que se levantara.
- es un poco tarde ya, me tengo que ir, pero mañana vendré a verte.
-sí, aquí te esperare-
Y se inclino para darme un beso ligero en los labios, sentí de nuevo el estomago contraerse en un fuerte y pequeño nudo, me encantaba sentir sus labios en los míos, tan perfectos que parecía que nuestras bocas habían sido hechas para encajar perfectamente, se levanto y yo hice lo mismo, lo acompañe hasta la puerta, no nos soltamos las manos, era como si tuviéramos imanes y no quisieran despegarse, fue un poco doloroso cerrar la puerta detrás de mí, pero él había prometido que vendría al otro día y eso era para mí suficiente, no vi a Kaede y me alegre un poco, no quería que me sacaran de mis sueños, así que subí a mi habitación y me deje caer en la cama, aun me palpitaban los labios, y no podía dejar de sonreír, estaba en el cielo y eso no podía empañarlo nada, amaba a Hoyo con toda mi alma, y así me quede dormida con la sonrisa en los labios y con sus besos.
Al día siguiente me di cuenta de que me había quedado dormida vestida, no me importo, soñé con él y eso me hizo sonreír aun más, me di vuelta y como supuse ahí parada en la puerta estaba Kaede, con esa sonrisa tan franca que la caracterizaba, le devolví la sonrisa.
-buenos días-
-hola Kaede, gracias por todo.
Se encogió de hombros y dio una palmada en el aire, para poner énfasis en que no era nada lo que tenía que agradecer.
-no fue nada, era necesario que estuvieran solos y platicaran, y lo más importante es que eso te hace feliz y para mi es suficiente, es un buen hombre.
-sí, lo es, me prometió que vendría a verme todos los días, aun no puedo creer que este aquí.-
-sí, el amor a veces suele ser increíble-
-sí, tienes razón- estaba tan inmersa en mis pensamientos felices que de pronto, me di cuenta de que todo el horror de la semana pasada era tan lejano, como si la presencia de Hoyo en la casa hubiese alejado el miedo y la angustia de la casa, quizás era porque su presencia era tan alegre y tan segura que lo trasmitía a los demás, no importaba lo que fuera, lo importante era que lo amaba y el a mí.
Pasaron los días, quizás los más felices de mi vida, Hoyo llenaba los espacios vacíos de la mayoría de la gente que vivía en la casa, se hizo amigo de Tarek y pasaba a veces horas con él en el jardín enseñándole a caminar como un caballero, después no solo eran las clases que yo le daba, Hoyo también le daba clases de etiqueta, y era tan agradable ver como se llevaban que por un loco momento me imagine un hijo, con los ojos de él, aprendiendo a ser un perfecto caballero como su padre, y la idea me hacia sonreír, cada día que pasaba ese hijo imaginario iba tomando formas definidas en mi mente, tenía la piel blanca como yo, pero los ojos de su padre, y su sonrisa tan ligera y contagiosa, los días eran cortos, y las noches largas, él no estaba ahí en esas horas nocturnas, pero al llegar el día sabía que lo vería y eso bastaba para alegrar mi vida, estar en compañía de Hoyo se había vuelto necesario como respirar, y para él también cada día se iba un poco más tarde, decía que le dolía despedirse de mí por las noches y que se curaba al pensar en el día siguiente, ¿qué más podía pedirle a Dios y a la vida?, él había llegado a mi vida para llenarla de color y de vida, pasaron seis meses de felicidad y dicha, cada semana recibía cartas de Seshomaru, donde me decía que me extrañaba mucho, pero que los negocios eran muy absorbentes pero que ya pronto estaría a mi lado, eso me alegraba, pues a pesar de que me sentía plena con Hoyo aun había un vació que solo Seshomaru podría llenar, y mi felicidad estaría completa cuando mi padre y el hombre de mi vida se conocieran, yo sabía que cuando se conocieran ambos se llevaría bien, y así tendría a mis dos amores a mi lado, todo era tan perfecto, pero no seria para siempre, dentro de mí una sombra empezaba a tomar vida, aunque no sabía que era, me inquietaba, pero al llegar Hoyo todo desaparecía y solo el sol brillaba a mi alrededor, así que un buen día me arme de valor y decidí contarle a Seshomaru de Hoyo, quería que él viera que estaba feliz y que había encontrado a un buen hombre que me amaba y me respetaba.
Escribí una carta no muy larga, solamente quería que supiera lo esencial y lo más importante.
Amado Padre:
Espero que te encuentres un poco más descansado después de tanto trabajar, se que has estado muy ocupado últimamente, y te puedo decir que te extraño mucho, como te había contado en la carta anterior, aquí las cosas van mucho mejor, Tarek ya es capaz de escribir una carta a la perfección, aun tengo que corregir una que otra cosa pero por lo demás va bien, es un muchacho muy listo y aprende rápido, estoy feliz de poder ayudarlo, quizás podamos ayudarlo para que vaya a la escuela algún día, no lo sé ¿tú qué opinas?, espero que te agrade cuando lo conozcas.
Y pues en realidad quisiera contarte otro asunto que la verdad me cuesta mucho decirte, quizás sea porque es más difícil hablar de sentimientos con un padre que con una madre, pero a falta de esta última pues quiero que sepas que estoy enamorada, es un buen hombre, se llama Hoyo, lo conocí en el barco cuando venia hacia acá, es todo un caballero, es dulce y tierno, su familia se dedica a el cultivo de café en América, es de una buena familia, y lo más importante y hermoso de esto padre es que ¡él me ama como yo a él, no es eso maravilloso!, y me gustaría mucho que pudieras venir para que lo conozcas, se que a ti también te va a agradar, es tan responsable, claro que es mucho más centrado que yo, quizás sea la edad, pero por favor, has todo lo posible por venir, la verdad mi felicidad solo estará completa cuando vuelvas a estar a mi lado, te extraño mucho.
Por favor ven pronto, mi felicidad estará completa cuando estés conmigo.
Tu hija Aome.
Leí de nuevo la carta, era corta pero en realidad decía todo lo que deseaba que supiera, la doble y la guarde en un sobre con la dirección de América, sabía que tardaría en contestarme, claro tardar era un poco subjetivo, pues mis cartas y las suyas no tardaban mucho en llegar, claro que nunca preste atención a este pequeño detalle, después de haber cerrado el sobre se lo di a Tarek para que se lo llevara al señor Mioga y lo enviara, era importante que Seshomaru se enterara que su hija era inmensamente feliz, la carta se fue, y me sentí aliviada de haber podido al fin atreverme a confesarle que estaba enamorada, una sentimiento un poco raro comenzó a crecer en mi corazón, era como una especie de miedo, aunque no era del todo miedo, más bien era como dolor de sentir que quizás mi confesión lo molestaría o lo haría infeliz, pero lo deseche tan rápido como surgió, era ilógico pensar que lo lastimaría, al final creo que el deseo más grande de un padre es ver feliz a su hija, así que solo sonreí y salí, Hoyo no tardaría en llegar, esta vez daríamos un paseo por el rio, y eso me ponía feliz, me gustaba poder estar a su lado, con el movimiento del agua, me recordaba mucho cuando nos conocimos, llego puntual, justo a las cinco de la tarde, queríamos ver el atardecer desde el bote, en esta ocasión Kaede nos dijo que no nos acompañaría, pues debía de haber mil cosas, claro que nosotros sabíamos que solo era un pretexto para dejarnos solos, adoraba a esa mujer, siempre tan acertada, así que salimos solo él y yo por la puerta de atrás y caminamos hasta el pequeño muelle privado que había atrás de la casa, casi no se usaba, bueno me habían dicho que Seshomaru lo usaba con frecuencia pero que desde que él se había ido nadie había subido a su pequeño bote, pero esta tarde lo usaríamos solamente Hoyo y yo, subí al bote con mucho cuidado, Tarek y Hoyo me ayudaron, podía sentir el movimiento de la pequeña embarcación bajo de mis pies, así que me senté en medio para poder controlar el peso, después subió Hoyo y Tarek bajo, soltó la cuerda, Hoyo se sentó frente a mí, para poder remar, comenzamos a alejarnos de el pequeño muelle, y nos adentramos en el rio, la corriente era tranquila, así que avanzo muy rápido, cuando perdimos de vista la casa en una curva del rió, me concentre en mirarlo a él, creo que no había nada más hermoso que observarlo, casi sin esfuerzo hacia que el bote avanzara por el agua, cuando por fin se detuvo estábamos cerca de un espeso banco de árboles, las raíces sobresalían del agua, tan grandes y nos dirigimos a su sombra, ahí subió los remos y dejo que la pequeña embarcación se meciera, y me miro con esos ojos que yo adoraba, y me sonrió, lo cual me hizo sonrojar y que mi corazón latiera desesperado en mi pecho.
-creo que estamos solos.
-así parece caballero.
-pues en realidad es maravilloso poder estar a solas contigo, es mágico, tu eres capaz de hacer que un día nublado sea el más brillante.
Me reí nerviosa, aun esos cumplidos hacían que mi alma vibrara, el estomago aun se me llenaba de mariposas, el se estiro hacia delante y yo hice lo mismo, era casi automático como el imán que producía nuestros cuerpos hacia que nos acercáramos tanto el uno al otro, quedamos a menos de treinta centímetros uno del otro, aun nos veíamos a los ojos, no teníamos que decir gran cosa, nuestros ojos tenían su propio lenguaje, era amor, pasión, deseo, ternura, respeto, todo eso combinado hacía qué lo demás desapareciera, acerco su mano y toco mi mejilla, yo me estremecí ante el contacto, era como su en donde me tocara ardiera fuego, no como ese que lastima y quema sino uno que solamente quemaba mi alma, la respiración se me acelero no podía dejar de mirarlo, y poco a poco la distancia se acorto mas y mas, hasta que ya no pudimos estar más cerca y nos besamos, primero fue un beso lento y tierno, casi un roce en los labios y sentí su otra mano en mi otra mejilla, mis manos también se movieron y las coloque alrededor de sus mejillas también, la respiración comenzó a ser un poco más acelerada y podía sentir su aliento en mi boca, y por primera vez me permití dejar que mi cuerpo tomara control por encima de mi mente, la punta de su lengua toco mis labios tan cuidadosamente que sentía como si me estuviera incendiando, y entrelace mis dedos con su cabellos, para evitar que desapareciera esa ilusión tan perfecta, y entonces sentí su lengua húmeda rozar la mía, era tan dulce como la miel y una explosión de chispas de colores estallo en mi pecho, le devolví el beso con tanta pasión que podía escuchar su respiración también agitada, sus manos me aferraron más fuerte, las podía sentir en la cabeza, fue tan hermoso que cuando nos separamos para poder respirar, había fuego en nuestras miradas, había amor y deseo.
-te amo tanto, que duele!
-y yo te amo a ti Hoyo, tanto que me impide respirar.
Dije con voz entrecortada y lo volví a besar, era tan fácil estar con él, que yo ya no podía recordar la vida antes de haberlo conocido, era como si toda mi vida hubiera comenzado con él.
La tarde paso rápido como solía ocurrir cuando estaba con él, vimos el hermoso atardecer, los últimos rayos del sol desaparecieron casi por completo, e iniciamos el regreso a casa, yo no tenía prisa, la felicidad que sentía con él era tan grande que no importaba nada más, de pronto sentí una mirada que provenía de el bosque, intente agudizar la vista hacia donde sentía esa mirada, solo pude ver oscuridad, pero mi instinto me decía que alguien nos observaba y como si fuera una luz mi mente solo pensó en ella en Kagura, esto me hizo estremecer, no era posible que ella estuviera ahí, así que me obligue a volver a mirar a Hoyo, debía de concertarme en alejar esos pensamientos sombríos, lo cierto es que esa mujer me daba miedo, no tanto su físico sino el cómo me miraba, y recordé la noche en que murió Anakiya, y la volví a ver al otro lado del río, con esa mirada fría y perversa, cerré los ojos para poder alejar esa imagen de mi mente, Hoyo noto mi cambio.
-¿pasa algo malo?
Lo volví a ver, su rostro era ahora de preocupación, volvió a mirar la orilla del bosque pero al igual que yo no pudo distinguir nada, la luna era llena por lo que teníamos luz, pero no la suficiente como para distinguir bien la orilla, le volví a sonreír no quería que se preocupara por tonterías.
-no, es solo que me inquieta la oscuridad
-de repente te pusiste pálida, ¿te sientes bien?
-claro, claro que me siento bien, es solo que me imagine que alguien nos observaba, pero no me hagas caso, ya sabes aun le tengo miedo a la oscuridad.
-claro, es algo comprensible, pero yo estoy aquí para protegerte.
Y me dedico esa hermosa sonrisa que hacía que mi corazón latiera desbocado, y la angustia y el miedo se fueron, llegamos al pequeño muelle y ya nos esperaba Tarek con una antorcha, al vernos nos sonrió ampliamente, Hoyo le devolvió la sonrisa.
-hemos llegado Tarek, gracias por esperarnos!
-no hay de que
la voz de Tarek comenzaba a cambiar y se estaba haciendo más grave, por un momento lo imagine vestido con un traje de gala y esa imagen lo hacía ver como todo un señor, bajamos del bote y caminamos hasta la casa, Tarek iba delante de nosotros alumbrado el camino, entramos por la cocina y ahí estaba Kaede, sentada en la mesa, al vernos nos sonrió y se paro apresurada a calentar la cena, yo estaba agradecida, pues ya comenzaba a sentir hambre, Hoyo se quedo a cenar, y esta vez Kaede y Tarek nos acompañaron a cenar, no comimos en el gran comedor nos sentamos en la amplia mesa de la cocina y fue tan agradable, reímos de las ocurrencias de Tarek y los chistes de Hoyo, el tiempo paso más rápido, cuando nos dimos cuenta ya eran las once de la noche, todos nos despedimos y vi salir a Tarek para dirigirse a sus habitaciones al igual que Kaede, así que solo nos quedamos él y yo, lo acompañe hasta la puerta, nos dependimos con un largo beso, cada vez era más difícil separar mi boca de la suya, pero lo logre, lo vi montar su caballo y marcharse por el camino hacia la ciudad, la sonrisa de mi rostro no se desvaneció hasta que llegue a mi recamara, fui a asomarme a mi ventana y casi me desmayo de la impresión, parada al otro lado del río estaba Kagura mirándome con aquellos ojos salvajes, parecía enojada, pero al volver a parpadear desapareció, cerré la ventana con seguro y la cortinas, por un momento me sentí como una loca, era imposible que la hubiera visto, esto ya se estaba pasando de la raya, mi locura ya era más preocupante, el cuerpo me temblaba pero no de frío sino de miedo, sentía como mi corazón golpeaba mi pecho con fuerza, y esa sensación de frío recorrer mi espalda, con esfuerzo me desvestí y me puse el camisón , me metí bajo las cobijas y me tape hasta la cabeza, como si ese simple acto alejara a los malos pensamientos, pero no estaba tan tranquila así que tome la Biblia que tenía en la mesita de noche y la puse debajo de mi almohada, haciendo una oración y me dio más tranquilidad, no tarde en dormirme, mañana seria otro día y la luz alejaría a los demonios de mi mente, alejaría a Kagura, esa mujer me daba miedo.
