Hola chicas y chicos, antes que nada una disculpa por no haber actualizado antes esta historia, la verdad es que pase por unos momentos muy desagradables en mi vida y no tenía muchos animos de hacer nada, pero ya estoy recuperandome de ese golpe tan duro de mi vida, espero que les guste este capitulo, agradezco mucho a todos los lectores y pues sin más... a leer, prometo qeu actualizare ahora si un poco más seguido.
Como siempre les digo que lospersonajes no me pertenecen solo la historia es original mia.
CAPITULO XIII
INUYASHA
Cuando desperté el sol ya entraba por mi ventana, me gire y encontré la cama vacía, sonreí y me estire para acomodar los huesos de mi cuerpo, había pasado la noche con él, no importaba nada, pero como un balde de agua fría los recuerdos inundaron mi mente, no llore solo la profunda tristeza y la soledad me estrujaron el corazón, me levante y me puse de nuevo la bata que estaba en los pies de mi cama, Seshomaru la había colocado ahí al marcharse, cerré los ojos y vi su rostro sonriéndome, mi corazón se acelero pero ya no podía quedarme en esa casa, ahora debía marcharme, Kagura me había dado las instrucciones para buscar a Inuyasha que era el único que me podría ayudar, debía desaparecer este amor terminaría por matarme en vida, así que me vestí rápidamente y en un bolso metí solo lo que podría ocupar de primera mano, baje despacio las escaleras y entre en la biblioteca y busque en los cajones, ahí estaba un sobre grande con una fuerte cantidad de dinero que metí a mi bolso sin mirarlo, busque en mi pecho y ahí estaba el anillo de Seshomaru colgando de la cadena, me detuve solo un momento para observar la biblioteca, había sido un lugar especial y me trajo bellos recuerdos, casi podía jurar que en cualquier momento entraría Hoyo por las puertas a besarme, reprimí el nudo que se estaba formando en mi garganta, si me quedaba más tiempo ahí ya no tendría las fuerzas para irme, así que con cuidado salí de la biblioteca y camine hasta la puerta rogando no encontrarme con esos gorilas, pero para mi sorpresa la puerta estaba sola y libre, corrí hacía la calle y no me detuve hasta llegar al camino, ahí seguí caminando hasta que logre para un carruaje y le pedí que me llevaran al puerto, esta vez viajaría en barco, no pensaba arriesgarme a que me encontraran como la última vez, ahí logre que un barco mercante me llevara a Saint Malo, el capitán me aclaro que el tiempo que durará el viaje no podría salir de su camarote sola, ya que los marineros tenían la firme creencia que las mujeres atraían desgracias en altamar, acepte de inmediato de todos modos no tenía ganas de ver el mar, me recordaba demasiado a Hoyo y a Kaede, baje los pocos escalones y me condujo por un estrecho pasillo, al final doblamos a la izquierda y abrió una pequeña puerta, la habitación era un poco grande pero se notaba que era una habitación netamente masculina, sobria, no podía quejarme, me dijo que llegaríamos en tres días a nuestro destino, le agradecí y salió dejándome sola, era un gran cambio ahora yo estaba viajando sola en busca de un desconocido que por esos giros crueles de la vida era el hermano de el hombre que amaba y odiaba intensamente, de repente las palabras de Kagura me taladraron mi cerebro, deja afuera los pensamientos y construye una muralla blanca alrededor, sentí que el calor abandonaba mi cuerpo mire por la pequeña ventana del camarote, aún era de día, así que me concentre y construí una gran muralla en mi cabeza, debía dejar adentro todos los pensamientos y debía de mantenerme alejada de la demás gente, Seshomaru podría verme a través de la mente de los que me rodeaban así que en un loco intento por pasar desapercibida, tome un cuchillo que encontré en el camarote del capitán y corte mi cabello hasta los hombros, observe como mi larga cabellera caía a mis pies, pero no importaba ya, pronto crecería de nuevo, pero mientras tanto debía de cambiar mi apariencia, eso me daría la ventaja de buscar a Inuyasha y pedirle ayuda para desaparecer deSeshomaru. El viaje se me hizo tan tedioso sin poder salir de aquella habitación, pero gracias a la amabilidad del capitán pude distraerme leyendo algunos libros que me prestó, al atardecer del tercer día el capitán me anuncio que estábamos cerca del puerto, fue cuando me asome a la pequeña ventana y vi la impresionante muralla de la ciudad de Saint Malo, el capitán me había dicho que era una ciudad fortificada, ya que su ubicación la hacía blanco de los ataques de los piratas, las altas murallas que cubrían la ciudad fueron construidas en la edad media, me quede sorprendida de la belleza de la ciudad, más allá de las murallas el color esmeralda del mar lo hacía mucho más bello, desembarcamos y con amabilidad el capitán me indico donde podría pasar la noche, di las gracia y seguí las indicaciones, llegue a una pequeña casa de dos pisos, toque a la puerta y me abrió una simpática muchacha, le indique que el capitán René me había mandado, la chica me abrió completamente la puerta con una gran sonrisa.
-pasa, el capitán solo envía gente de confianza-
-muchas gracias, me llamo Ayumi- mentí, no quería arriesgarme
- yo me llamo Rin, ven te mostrare tu habitación y después cenaremos, debes estar cansada de navegar-
-no tanto, pero gracias-
Me llevo al segundo piso, la habitación que me asigno era pequeña pero limpia y acogedora, fui a la ventana, desde ahí podía observar la gran bahía, era bastante tranquilizador el sonido del mar chocando con las murallas de la ciudad, deje mi bolso en el piso y me di vuelta le sonreí agradecida.
-Te dejo un momento para que descanses, en una hora estará lista la cena, quizás el capitán nos acompañe, siempre que manda a alguien cena conmigo, creo que es un modo de decirle a los visitantes que no estoy del todo sola-
Sonrió ampliamente y salió dejándome sola, camine a la cama y me deje caer, era blanda, bastante decente, cerré los ojos por un instante tratando de reforzar mi muralla mental, mañana iría a buscar a el padre Pierre para que me llevara con Inuyasha, era el único modo de ser libre… totalmente, me quede un momento acostada, mi cabeza era un mar de imágenes e ideas, claro procure que todas se quedaran a salvo detrás de mi muralla, mi corazón latía desbocado cada vez que recordaba el rostro de Seshomaru, pero ya era tarde para arrepentirme de haberlo dejado lo único que me quedaba era seguir adelante con mis planes, era demasiado doloroso estar a su lado sin recordar a Kaede o a Hoyo, no, ya no podía estar a su lado de ese modo, me levante de la cama no quería estar sola porque inevitablemente mi mente regresaba al pasado y no me hacía bien, Salí de la habitación y cuando estaba bajando las pequeñas escaleras escuche una voz familiar era el Capitán René, por lo visto si había ido a cenar, por un momento me imagine que la pequeña Rin sería su novia o algo así, me pude dar cuenta de que hablaba de él con mucho cariño, al final no tenía porque importarme que ella fuera veinte años más joven que él, después de todo Seshomaru era como quinientos años más joven que yo aunque se viera de treinta, respire hondo y baje el resto de las escaleras, cuando el capitán me vio me dedico una gran sonrisa que yo le correspondí, era agradable volver a estar con gente humana, Rin salía de la pequeña cocina con una gran bandeja en la que llevaba tres platos con algo que olía definitivamente delicioso.
-Ayumi que gusto, ven siéntate la cena ya esta lista- su sonrisa era franca y rápida, sus ojos cafés reflejaban la absoluta sencillez e inocencia que me hicieron recordarme a mi hasta hacía unas semanas, le devolví la sonrisa y me senté frente al capitán.
-me da gusto que estés haciéndole compañía a mi querida sobrina, casi siempre está sola, yo viajo mucho pero cada vez que regreso, me encanta quedarme en casa con ella, después de todo es una excelente cocinera- y sonrió tan feliz, que por un segundo me reprendí mentalmente por haber pensado mal de ellos, pero me alegre más por haberme quedado callada mi opinión de su relación, cuando me puso mi plato al frente se me hizo agua la boca era una crema de hongos que olía deliciosa lo cual hizo que mi estomago gruñera, me sonroje ante la reacción de mi cuerpo pero al verlos sonreír no tuve más remedio que reírme de mi misma.
- lo siento, es que ya tenía un poco de hambre y esta crema se ve deliciosa-
-espero que te guste- me dijo Rin con una amplia sonrisa
El capitán bendijo los alimentos, me sentí como en casa, era tan agradable estar con personas que se amaban, era tan lindo estar de nuevo compartiendo la mesa con una familia.
-entonces Ayumi, ¿Qué te trajo a nuestra bella ciudad?-
-bueno Rin, este viaje es para buscar a una persona que hace mucho no veo, y me dijeron que aquí la podía encontrar… digamos que viene siendo un tío lejano- no mentía, al ser hermano de Seshomaru se convertía en mi tío, bastante irónico porque también eso lo convertía en mi cuñado, me reí ante esa idea tan loca, ambos me miraban atentos a lo que decía- y me dijeron que el padre Pierre de Saint Vincet me podía ayudar a encontrarlo-
-¿el padre Pierre has dicho?- pregunto el capitán
-sí, el padre Pierre, ¿lo conoce?- pregunte ahora esperanzada.
-sí, claro que lo conozco, todos en Saint Malo lo conocen, lo encontraras en Saint Vincet pero… el realidad no creo que te ayude mucho, hace poco más de dos años que nadie lo ha visto salir de Saint Vincet, antes todos los días salía a visitar a los feligreses que lo necesitaban pero ya no lo hace, algunos dicen que falleció y que lo sepultaron en las criptas de la catedral, otros dicen que hizo votos de silencio y que esa es la razón de que nadie lo haya visto, pero la realidad es que nadie sabe qué fue lo que paso, lo único cierto es que yo ya no lo he visto… lo siento pequeña-
Me miro casi con pena, mientras que a mí se me había ido el apetito y me imagino que el color abandono mi rostro por la cara de preocupación que apareció en la cara de Rin, no supe si reírme de la ironía en la que estaba o llorar desconsoladamente porque el único ser humano sobre la tierra que podía decirme en donde buscar a Inuyasha estaba desaparecido o pero aún muerto al igual que mi libertad, no podía estar por siempre viviendo con miedo de que Seshomaru me encontrara y me llevara de nuevo a su lado, de verdad esto no pintaba bien, mi mente en ese instante fue un caos y sentí como mi gran muralla empezaba a desplomarse, fue hasta que la voz de Rin me devolvió a la realidad y controle mi desmoronamiento mental.
-¿te sientes bien Ayumi?, de pronto te pusiste muy pálida, no te preocupes, no puedes confiar en los chismes del pueblo, mañana iras y preguntaras por él en Saint Vincet y saldrás de dudas, por lo pronto no te preocupes-
-tienes razón Rin, gracias por tus palabras, la realidad es que él es único que puede ayudarme a encontrar a mi tío y la noticia me tomo por sorpresa, pero tienes razón, mañana iré a preguntar por él-
-Mañana yo personalmente te acompañaré a buscarlo- dijo amablemente el capitán- y si no lo encontramos, preguntaremos si alguien más conoce a tu tío, por ciento ¿cómo se llama?-
- Mi tío se llama Inuyasha Taisho, aunque puede que su apellido lo haya cambiado, se volvió sacerdote-
-pues la verdad no me suena el nombre y si es un sacerdote puede estar en cualquier parte-
- es por eso que necesito ver al padre Pierre, me dicen que es el único que sabe en donde puedo encontrarlo-
-correcto pequeña, mañana iremos a Saint Vincet ya no te preocupes, ahora come esta deliciosa sopa- dijo con una enorme sonrisa tranquilizadora en el rostro, la comida paso amena, el capitán nos platico sobre sus viajes por el mar y de las hermosas tierras que conoció, creo que fue un gesto bastante amable de ambos ya que no tenía muchas ganas de que me interrogaran sobre mi pasado y mis motivos para buscar a Inuyasha, cuando terminamos con la sopa, Rin nos trajo un delicioso pescado frito con papas, también supe que Rin había perdido a sus padres cuando solo era una niña, tenía seis años hubo una gran tormenta y se perdieron en ella, desde ese día su tío la había cuidado como si fuera suya, me asombre tanto de que su vida y la mía fuesen tan similares, ambas éramos huérfanas, habíamos perdido a nuestros padres y alguien más nos había cuidado, para Rin el dolor de haber perdido a sus padres era sustituido por el gran amor que le profesaba su tío, por un instante sentí que mi barrera mental cedía ante el recuerdo de Seshomaru, pero lo controle a tiempo haciendo que el recuerdo se fuera a lo más profundo de mi mente, en donde lo tenía que dejar para estar a salvo.
Después de terminar de cenar el tiempo paso rápido, se hizo tarde y la verdad el cansancio del viaje ya estaba haciendo estragos en la atención que ponía a la plática de la cual ya solo entendía la mitad, pero algo me hizo ponerme en alerta, un escalofrío me recorrió la columna y los bellos de la nuca se me erizaron, sentí como mi barrera era golpeada y supe que él me estaba buscando, no podía arriesgarme o arriesgar a mis nuevos amigos, logre controlar el sentimiento de pánico que amenazaba con salir convertido en un grito de terror desde lo profundo de mi garganta, me levante y me disculpe alegando que ya estaba cansada, les di las buenas noches y subí a mi habitación, en cuanto cerré la puerta corrí a la ventana observe la noche y mis ojos buscaban con autentico miedo en la oscuridad la figura que más odiaba y amaba, pero en un esfuerzo sobrehumano me aleje de la ventana y cerré las cortinas, me desvestí y me metí bajo las mantas, traté de respirar lo más tranquilamente que mi loco corazón me lo permitía y cerré los ojos, debía huir al país de los sueños, era el único lugar en donde quizás no me encontraría, solo necesitaba un poco más de tiempo, solo un poco más, encontrar a Inuyasha y pedirle, no, rogarle que me ayudara a ser libre, poco a poco y gracias a la ayuda de Kagura caí en la inconsciencia.
Cuando desperté apenas empezaba a amanecer, me levante y me lave la cara en una pequeña tina con agua que amablemente Rin me había llevado el día anterior, el agua logro despertarme del todo, la noche había pasado sin contratiempos, me acerque a la ventana y vi el maravilloso mar que comenzaba a retomar ese hermoso color esmeralda, mi corazón se volvió a acelerar hoy sería el día en que por fin vería a Inuyasha y con ese encuentro mi ansiada libertad, me vestí rápido y baje ya con mi bolsa de viaje lista, el capitán ya estaba sentado a la mesa con una taza de humeante café al frente y al verme sonrió.
-¡Buenos días Ayumi! ¿Dormiste bien?-
-Sí, gracias por preguntar capitán, aunque debo de confesarle que estoy un poco nerviosa y ansiosa de ir a Saint Vincet.
-sí, me imagino que debe de ser una gran emoción para ti reencontrarte con tu tío, pero antes siéntate desayunemos algo y después iremos a buscar al padre Pierre- me señalo la silla frente a él.
-Muchas gracias capitán, no tengo como pagarle todas las atenciones que me ha brindado, créame que le estoy muy agradecida- mi voz sonaba bastante nerviosa y emocionada.
-No me des las gracias, es algo que hago con gusto y sin ningún interés, después de todo me recuerdas mucho a Rin, y es lo menos que me gustaría que hicieran por ella, así que no te sientas en deuda, al contrario te agradezco yo a ti, porque le has hecho mucho bien a mi pequeña, creo que no tiene muchas amigas-
-al contrario, creo que gracias a usted ella y yo encontramos a una amiga- y le sonreí.
-bueno, basta ya de cursilerías- y se rio con ganas-ahora toma un poco de café, Rin lo prepara de un modo sublime-
Me senté a la mesa y en ese momento Rin salía de la cocina con dos tazas de café recién hecho, que olía a gloria, cerré mis ojos por un instante y deje que el olor me envolviera.
-Espero que te guste el café, mi tío lo trajo de uno de sus viajes a América, enseguida traigo lo demás-
-muchas gracias Rin, en verdad mil gracias por toda la hospitalidad y las atenciones que me dieron-
-no tienes por qué darme las gracias Ayumi, solo espero que cuando encuentres a tu tío vengas a visitarme, no tengo muchas amigas y aunque solo has estado poco tiempo aquí, ya te considero una amiga- y me regalo una hermosa sonrisa que le respondí.
-claro que vendré a visitarte, aunque no te prometo que sea pronto, pero te prometo que a la primera oportunidad vendré a que me regales más de este delicioso café-
Terminamos de desayunar y antes de salir Rin y yo nos abrazamos, estaba tan feliz de haber encontrado una amiga, por un momento tuve la certeza que la vida no era solo dolor y sufrimiento, que en realidad podría ser feliz y libre lejos de Seshomaru.
Caminamos un par de minutos por las calles estrechas de la ciudad, ¡Era tan hermoso todo!, había tanta actividad sonreí al ver las pintorescas casas y las posadas de donde emanaban olores deliciosos de comida, al doblar otra esquina me quede maravillada, la gran catedral de Saint Vincet estaba frente a nosotros, enorme, imponente y de una belleza sin igual, el capitán me tomo del brazo para ayudarme a caminar ya que sin darme cuenta me había quedado parada admirando la construcción, camine junto a él, pero sentía que el corazón quería salírseme del pecho y que las rodillas de un momento a otro me fallarían, intente respirar hondo para calmarme, entramos en la catedral y no pude seguir así que me senté en una de las bancas para poder recuperarme, el capitán amablemente se ofreció a buscar al padre Pierre mientras yo me quedaba sentada, debió de darse cuenta de mi turbación, pero no dijo nada y yo le agradecí ese gran gesto, cuando me dejo sola fije mi mirada en el altar y sin pensarlo me hinque y rogué a Dios que me ayudara, me encontraba aun orando con la cabeza inclinada cuando escuche unos pasos que se dirigían hacia mí, cuando levante la vista vi al capitán que venía acompañado de un chico poco más grande que él pero de mi edad, que me sonrió
-Ayumi, él es sacristán de Saint Vincet y me dice que te llevara a ver al padre Pierre –
Me imagino que mi sorpresa y mi alegría fueron demasiado evidentes porque sus sonrisas se hicieron más grandes, yo no pude decir nada solo asentí con la cabeza y me levente lo más rápido que pude, abrace al capitán y le di gracias, al despedirme haciendo a un lado la etiqueta le di un gran beso en la mejilla el me sonrió mucho mas.
-Cuídate mucho niña ojala pueda verte de nuevo, a Rin le encantaría que nos visites y a mí también-
-Muchas gracias capitán, es un buen hombre y nunca olvidare su ayuda y su hospitalidad-
Tome mi bolso y seguí al chico por los pasillos de la catedral, salimos a un pequeño jardín en la parte de atrás y me sorprendí de la sencillez y belleza que adornaban el lugar una pequeña fuente al centro y rodeada de arboles miles de flores de colores el canto de los pájaros me conmovió y di gracias a Dios por mi buena suerte, seguimos caminando por unos pasillos un poco menos iluminados llegamos a una puerta que cuando la abrió sentí el viento frio que salía de allí, bajamos las escaleras, el lugar era bastante iluminado por velas que hacían un poco tétrico el lugar instintivamente me acerque más a el chico que me dijo se llamaba Miroku, el sintió mi proximidad
Y sonreía disimuladamente.
-No se preocupe señorita en la casa de Dios no hay monstruos ni demonios, está a salvo. –
Yo solo me limite a sonreír forzadamente desde niña la oscuridad y el frio me asustaban, pero reprimí y trate de controlar mi agitada respiración, entonces se paro sin avisar y choque con él, volvió a sonreír pero ya no dijo nada, claro que me dio mucha vergüenza y solo baje la vista, podía sentir mis mejillas rojas, escuche que toco una puerta y una voz grave le indico que pasara antes de abrir la puerta se giro a mí y con toda la sinceridad del mundo me indico que el padre Pierre había estado muy enfermo, así que la iluminación en su celda era más tenue, pero que no tuviera miedo, y dicho esto abrió la gran y pesada puerta de madera que rechino al abrirse lo que provoco que un escalofrió me recorriera la columna, Miroku entro y yo tras él, en efecto dentro de la reducida habitación había una mesa sencilla con una vela y sentado sobre un catre estaba el hombre que ya se veía viejo pero no podía distinguir bien sus facciones, pero estaba delgado y parecía enfermo, deje mi bolso en suelo junto a la puerta y la cerré tras de mí, Miroku se acerco al anciano y se incoó frente a él, o alcance a escuchar lo que decía porque susurraba , como si el sonido alto latinara, pero pude distinguir que la cabeza del anciano se levantaba y me miraba fijamente, aunque no podía decir si me podía ver, fue cuando escuche de nuevo su voz ronca y cansada.
-acércate hija, no tengas miedo y dime ¿en qué puedo ayudarte?-
Me acerque despacio intentando calmar los latidos acelerados de mi corazón y al igual que Miroku me hinqué a su lado y pude ver su rostro, era como un viejo pergamino amarillento, aunque quizás era el efecto de la poca luz iluminación, su rostro surcado por mil arrugas y sus ojos verdes parecían un par de esmeraldas, pero reflejaban mucha vida y me estudiaban, parecía como si pudiera ver lo que mi alma gritaba, esbozó una sonrisa desdentada y coloco una de sus manos delgada y huesuda en mi mano, me observo con curiosidad y asombro, Miroku giro su rostro hacía mi intentando darme animoso para que hablara, trague saliva y mi voz salió por mi garganta lenta y baja.
-Padre Pierre vengo a pedir su ayuda… necesito ver a Inuyasha y me dijeron que usted es el único que puede ayudarme-
Al escuchar eso el anciano sacerdote se tenso y abrió más los ojos por la sorpresa, el cambio que dio fue tan rápido que casi me caigo hacía atrás, apretó más mi mano y palideció visiblemente, por un momento el miedo que muriera por la impresión me invadió y suplique a Dios que no se lo llevara hasta que me pudiera decir dónde encontrar a Inuyasha. Giro su rostro hacía Miroku que también tenía una cara que era todo un poema a la sorpresa, ambos se vieron un instante antes de concentrarse de nuevo en mi, parecía que podían hablar con solo mirarse, Miroku se levanto y salió de la habitación sin decir nada, dejándome a solas con el anciano, pensé por un instante que el corazón se saldría de mi pecho ¿quién era Inuyasha para que ellos hubieran reaccionado con ese miedo? ¿sería un vampiro cruel?, en ese momento toda la alegría y seguridad que tenía se esfumaron y deseé con todas mis fuerzas haberme quedado en casa de Rin, deseé con todas mis fuerzas no haber conocido nunca a Seshomaru, pero el deseo no hacía más que acrecentar mi angustia y mi miedo, la mirada del anciano era más profunda y dura, pero no aflojaba su agarre en mi mano, como si quisiera retenerme ahí para siempre, me sorprendí al volver a escuchar su voz más sería y más fuerte.
-¿Porqué buscas a Inuyasha?, y no quiero que me mientas necesito saber tu verdadero motivo, de otro modo no podré ayudarte.-
No tenía otra opción que confiar en él y contarle mis verdaderos motivos, esta vez mi vos no fue vacilante, hable con más claridad y más seguridad, tanto que yo misma me sorprendí.
-Inuyasha es el único que puede ayudarme, Kagura me envió a buscarlo, porque es el único que puede ayudarme a encontrar la libertad que necesito-
-¿porqué él?-
-Seshomaru… su hermano me busca y yo no deseo ya estar a su lado, y Inuyasha es mi única esperanza de ser libre de Seshomaru-
Pude sentir su miedo y su agitación cuando mencione el nombre de Seshomaru, retiró su mano de la mía como si le hubiese quemado, pero no aparto sus ojos de los míos, que ahora reflejaban sorpresa y miedo también, lentamente desvió la vista como si en la habitación hubiera algo más interesante, se levanto y camino hasta la mesa con un poco de dificultad, se apoyo en ella como si ese acto le diera más fuerza, era bastante alto aunque la edad ya lo había encorvado y sin verme suspiro, ahora su voz sonaba más tranquila, como si hubiera tenido una revelación divina.
-Dime hija…¿tú eres la protegida de Seshomaru?-
No tenía caso ya mentir a estas alturas, así que lo acepte.
-Me adopto cuando era una niña, es mi padre… bueno fue mi padre durante mucho tiempo- mi voz sonó tan triste muy a mi pesar lo seguía amando y eso hizo que el anciano se girase para observarme.
-entonces tu eres la niña humana que él cuida con tanto celo- no fue una pregunta, era una afirmación.
-Sí, soy yo- y sentí vergüenza de solo recordar que ya no era su hija, me había entregado a él como mujer y sin poder controlar mis ojos se llenaron de lagrimas que caían libres por mis mejillas, el anciano regreso a su lugar cobre el catre y me abrazó tratando de darme consuelo.
-Tranquila hija, ya estas a salvo Seshomaru no puede entrar en Saint Vincet, ahora estas a salvo-
Esa afirmación hizo que mi alma descansara, pero no podía dejar de llorar, por un instante las imágenes de los últimos días me golpearon con tanta fuerza que creí moriría del dolor, pero al sentir esos brazos cansados me reconfortaron tanto que me calme un poco, el anciano dejo que llorara, que me desahogara, cuando deje de hipar me soltó y me tomo de la barbilla para poder ver mi rostro que ahora estaba empapado y me miro directo a los ojos, serio pero ya sin nada de desconfianza.
-Te llevaré con Inuyasha, creo que es el único que podrá ayudarte, pero antes debes decirme ¿porqué después de tantos años a su lado quieres irte y desaparecer?-
Con toda la paciencia del mundo me ayudo a sentarme a su lado, y le conté todo lo que había pasado, la muerte de Hoyo y de Kaede, como me había encontrado cuando quise huir, lo único que omití y guarde para mí fue la noche en que me entregue a Seshomaru, el anciano me escucho atentamente, con la paciencia que solo dan los años de haber escuchado miles de confesiones, de vez en cuando movía la cabeza en forma negativa como si ese acto manifestara que en efecto Seshoamru me había hecho un gran daño irreversible y fuera suficiente motivo para condenarlo por sus crímenes, cuando termine mi relato, mi alma descanso un poco, me había liberado de ese dolor, aunque aún tenía ese peso de haberlo amado después de que había matado al hombre que había amado, era como una traición pero no podía decírselo, era demasiado vergonzoso para mi, nos quedamos un instante en silencio, el anciano veía sus manos como evaluando todo lo que yo le había contado, después volvió a mirarme.
-Inuyasha esta aquí, te llevaré con él, pero tengo que advertirte… no le agrada para nada Seshomaru y sabe de ti, por lo que tienes que tener mucho cuidado en como el dices quien eres, Seshomaru también le quito algo que él amaba, así que no dudo en que te ayude, ¿estás lista?-
-Sí, estoy lista- mi voz sonó más segura y había regresado la esperanza a mi alma, Inuyasha y yo teníamos algo en común, habíamos perdido alguien amado a manos de Seshomaru- necesito ser libre y él es el único que puede ayudarme.
Dicho esto se levanto y se sostuvo de mi hombro respiro hondo y llamo a Miroku que se había quedado afuera de la habitación.
-Se bueno Miroku y ayúdame, iremos a visitar a nuestro amigo Inuyasha-
Miroku lo sostuvo del brazo, me indico que los siguiera y que no me despegará de ellos, caminamos por el pasillo que cada vez bajaba más, llegamos al final a otra puerta más ancha y más alta, se detuvo y se giro a verme.
-mi niña tras esta puerta veras otro mundo, tras esta puerta está tu libertad, cuando la cruces ya no habrá marcha atrás ¿entiendes?, aún puedes arrepentirte y regresar a tu vida al lado de Seshomaru-
-No padre Pierre, ya no puedo volver… ya no quiero volver-
-entonces que sea lo que Dios quiera-
Creo que eso lo dijo más para él mismo, Miroku llamo a la aldaba que colgaba en la puerta y el sonido retumbo por todo el pasillo, un escalofrió de nuevo me recorrió, en un momento tuve la certeza que detrás de esa puerta encontraría mi liberación o mi condena eterna, pero deseche esas ideas y por instinto volví a mi mente y reforcé mi muralla mental, si Inuyasha era el hermano de Seshomaru podría leer mi mente y no le permitiría ver dentro de mi mente hasta no tener la certeza de que me ayudaría. La puerta se abrió pero a pesar de que se veía vieja no hizo ningún ruido, al otro lado estaba parada una chica de cabello castaño lacio y largo, sus ojos eran café claro pero tenían ese brillo que solo da la inmortalidad su piel era tan pálida como la de Kagura e imagine que sería igual de fría y dura como la de ella, vestía un hermoso vestido rojo quemado que le hacía resaltar su delgada y bien formada figura, al ver al anciano sacerdote sonrió y cuando miro a Miroku su sonrisa se ensancho más a lo cual el joven le regalo una sonrisa tan tierna, y un leve rubor atravesó el rostro del sacristán me imagino que ella se hubiera sonrojado si no fuera por su condición de vampiro, sonreí al darme cuenta que ellos se gustaban, al menos el amor aún no estaba perdido del todo, la voz de ella me saco de mis pensamientos, tan delicada, perfecta de soprano, era tan hermoso ese sonido que en el acto me tranquilizó.
-¡padre Pierre, que sorpresa tan agradable verlo de nuevo por aquí!-
-Igualmente Sango!, ya tenía mucho tiempo sin poder venir, pero hoy es muy importante que veamos a Inuyasha, ¿está aquí?-
-Claro que sí padre, él está aquí ¡le dará tanto gusto verlo!-
-eso espero querida, eso espero-
Ella se hizo a un lado y nos dejó pasar, cuando se dio cuenta de mi presencia se rostro se volvió serio y rápidamente desvió su mirada al anciano sacerdote, a quien no le paso por alto el cambio de actitud de la hermosa vampira y esbozando una amplia sonrisa la tomo de la mano.
-No te preocupes querida Sango, ella es la que necesita ver urgentemente a Inuyasha, pero el motivo de su visita es algo que él tiene que escuchar personalmente, pero tranquila ella es de fiar… sabe su secreto-
La chica no dijo nada solo se limitó a asentir con la cabeza y por un breve instante me miro fijamente, pude sentir con toda claridad que intentaba leer mi mente, pero al sentir y ver mi muralla mental frunció el seño un poco frustrada de no poder derribar mi muralla, pero también sorprendida, quizás porque yo solo era una humana, no dijo nada más debió su mirada y tras cerrar la gran puerta se adelanto a nosotros y nos guió por un ancho corredor, era como si estuviera dentro de un enorme palacio , había cuadros por todos lados pero hubo uno que me había llamado más la atención, pero por lo bajo de la luz que iluminaba no podía distinguir bien la cara del personaje pintado, entonces me acerque un poco más y casi se me detiene el corazón, ¡era un cuadro de Seshoamaru!, estaba parado junto a otro hombre que tenía el mismo color de ojos y se parecía un poco, solo se diferenciaban por la ropa, ya que Seshomaru vestía un elegante traje medieval color azul marino y el otro un habito de monje, los dos sonreían y la sensación de vació en mi estomago se hizo más profunda, al fondo de la pintura ¡estaba mi casa de Nantes!, cuando salí de mi asombro me di cuenta de que Sango estaba a mi lado observando también la pintura.
-Se parecen mucho ¿no?, la única diferencia es que Inuyasha es más compasivo y un poco más… humano que Seshomaru, quizás es por eso que después terminaron tan mal, Seshomaru le decía que esa compasión humana era lo que terminaría por matarlo, pero después de todos estos años sigue vivo-
Mi asombro ante aquella revelación fue tan grande que solo me limite a verla, ella dejó de ver la pintura y me miro a los ojos, no supe en qué momento me tomo del brazo, su tacto era como me lo había imaginado, frio y duro, pero no me sorprendí ante ello, solo me deje llevar dócilmente por ella, entramos a un salón grande y lujoso, una enorme araña de cristal adornaba el centro de la estancia, había una enorme mesa bajo esta y una chimenea gigante al fondo, repartidas por toda la estancia había columnas gruesas que sostenían el techo que era de roca solida, supuse que estábamos muy abajo en la tierra, en las paredes había tapices de colores imagine que eran persas por los dibujos en ellos, el piso era de piedra pulida, frente a la chimenea estaban colocados varios sillones y cojines grandes dispersos en el piso el cual estaba cubierto por una gran alfombra café con rojo, el estilo de la habitación era como un collage de culturas, pero aunque los estilos eran distintos todo parecía tan hermoso y tan acogedor, fue cuando me di cuenta de que frente a la chimenea estaba parado un hombre que en ningún momento se giro para vernos llegar, parecía que el danzar del fuego era lo más interesante del mundo, camine un poco más despacio Sango me libero al sentir que alentaba mi paso, el cabello de ese hombre era completamente negro y le caía por atrás de los hombros hasta la mitad de la espalda, era lacio y brillante, tenía puesto un habito color café, y ceñido a la cintura un cordón color café más claro, calzaba unas sandalias sencillas, pero aun así se podía notar la anchura de sus hombros y unos brazos fuertes, desvié un poco la mirada y vi que el padre Pierre ya estaba cómodamente sentado en uno de los sillones y Miroku en un enorme cojín en el piso junto al padre y miraba fijamente a Sango, fue cuando me di cuenta de que tenía los ojos azules, casi me reí, apenas me había dado cuenta de ese detalle, gire a mi izquierda buscando a la chica vampiro y en efecto ella también veía a Miroku y se notaba que a ella también le encantaba verlo, cuando estaba a casi tres pasos de distancia me detuve y volví a ver al anciano sacerdote, cuando iba a avanzar hacia donde estaba él para sentarme a su lado escuche la voz del hombre frente a la chimenea pero no se dirigía a mi sino al padre Pierre.
-entonces ¿quieres que la ayude?- su voz era grave pero suave al oído, me quede impresionada de ese tono tan bello de voz.
-Si mi querido amigo, es lo que deseo que hagas por mí, ella necesita tu ayuda y protección… eres su única esperanza-
-dame una buena razón por la cual debo de ayudarla-
-es simple Inuyasha, ella también perdió al hombre que amaba a manos de él, y tu mejor que nadie sabe lo que es eso-
Note como se tensaba y apretaba los puños, el anciano había dado en la parte sensible, Inuyasha seguía sin mirarme, en mi sorpresa me di cuenta de que me había quedado estática de pie atrás de ese hombre, gire mi rostro y me quede viendo al padre Pierre quien me dedico una sonrisa para tranquilizarme, después mire a Sango quien me veía pero ya no con desconfianza, sino con ternura y compasión, le dedique una media sonrisa triste, volví a girar mi cabeza hacia donde estaba Inuyasha y tuve que ahogar un grito que amenazaba con salir de mi garganta, se había volteado y me veía de frente, por un instante el pánico me invadió toda y mi mente me gritaba que corriera, ¡ahí quien estaba parado frente a mi era Seshomaru!, mi cuerpo reacciono antes de que yo pudiera siquiera estar consciente de lo que hacía, retrocedí y mi cara debió de haber sido todo un poema al terror, y mi corazón golpeaba alocadamente mi pecho, seguí retrocediendo hasta que algo me impedía seguir en mi huida, puse una mano detrás y me di cuenta de que había chocado con una de las tantas columnas de piedra, tenía la respiración completamente acelerada, no podía dejar de verlo con los ojos abiertos como platos y negaba insistentemente con la cabeza, mi mente me decía que no era Seshomaru, pero el miedo era tan grande que no podía entender que la persona de la que trataba de huir estaba parada frente a mi observándome, sentí como ese grito de terror se seguía acumulando en el fondo de mi garganta amenazando con salir al menor movimiento que hiciera él, entonces vi claramente como daba un paso al frente, como en un susurro me llego de nuevo el sonido de su voz el cual era acompañado con una mirada fría y escrutadora.
-Así que… tú eres la mascota de ese idiota, mira como es la vida, sin pedirlo tengo frente a mí al mayor tesoro de mí "querido" hermano-
Su mirada acrecentó más el terror que ya sentía, era la mirada de un animal cazando a su presa, cerré los ojos esperando el final, pero no llego, los volví a abrir lentamente y me encontré con ese par de ojos dorados a centímetros de mi, sentí la garganta seca y un gemido de terror salió de mi boca, cerré los puños hasta casi enterrarme las uñas en las palmas y haciendo acopio de el poco valor que me quedaba saque aire para poder hablar.
-solo quiero tu ayuda, debo desaparecer de su lado, no deseo volver a su lado, no quiero que me encuentre nunca-
La suplica en mi voz fue evidente, al igual que el miedo, sus ojos se ablandaron y me sonrió con ternura.
-no podría dañarte, por alguna extraña razón el cielo te hizo tan parecida a ella-
Y sin decir más estampo sus labios en los míos y una corriente eléctrica me invadió, fue tan cálido ese simple beso que cerré los ojos y me quede quieta, ahora el latir desbocado de mi corazón no era de miedo era de… ¿deseo?.. Sentí como se separaba de mí y acariciaba mi rostro, me atreví a abrir los ojos y ahí seguían esos ojos dorados observándome, pero ya no sentí peligro, solo una gran ternura llenaba esos ojos, no podía dejar de observarlo, fue hasta que escuche de nuevo su voz que regrese a la realidad.
-Ahora dime Aome…¿quién te dijo que yo podría ayudarte?-
Tarde un poco en reaccionar y procesar su pregunta, ¿Cómo sabía mi nombre?, yo no se lo había dicho, pero imagine que en un mundo en donde todos leen la mente era de suponer que ya sabían mi nombre de sobra, después de todo, yo era la protegida de Seshomaru, al final suspire y me di cuenta de que mi garganta seguía seca por lo que trague un poco para lubricarla.
-Kagura… ella me dijo que viniera a verte- mi voz sonó como un susurro, pero él logro escucharme, su rostro volvió a ponerse serio y sus ojos se volvieron a endurecer.
-¿Kagura?- su pregunta era mitad sorpresa y mitad incredulidad-no entiendo ¿Cómo es que ella te haya enviado a mi?, discúlpame pero eso no tiene sentido para mi, ella siempre ha hecho lo que ese idiota le dice, y ahora ella desobedece abiertamente a su amo, no entiendo-
-sí, ella fue la que me dijo que te buscara, que tú eras el único capaz de ayudarme a ser libre de nuevo… no tengo idea porque lo hizo, pero me ayudo a escapar, ella me enseño como crear barreras mentales y me dijo que mi única esperanza eras tú… por favor, ¡te lo suplico, ayúdame!-
Mi suplica también se reflejo en mis ojos y en mi voz, si era necesario me arrodillaría ante él, no quería volver con Seshomaru, lo amaba no lo podía negar, pero ese amor había sido la causa de la muerte de las personas que más me importaban, por lo que ese amor estaba condenado a volverse odio y no quería odiar a Seshomaru, y por otro lado deseaba tener una vida plena, libre, sin miedo a que los celos posesivos de Seshomaru dañaran a alguien más, entonces pensé en Rin y en el capitán René, no… no quería que ellos también sufrieran por culpa mía, Inuyasha me miraba serio, evaluando la sinceridad de mis palabras, en mi desesperación no me día cuenta a qué hora lo había tomado de las manos y las tenia apretadas con fuerza contra mi pecho, me di cuenta de que sus ojos reflejaban sorpresa, quizás porque mi corazón latía tan rápido y mi respiración era tan agitada, pero no fue hasta que él suspiro que me di cuenta lo cerca que estábamos, fue cuando el calor subió hasta mi rostro y me ruborice, las mejillas me ardía por la vergüenza, solté sus manos pero él no las quito y permanecieron sobre mi pecho, podía sentir a mi corazón golpear furiosamente mis costillas y supe que él también lo sentía, subió una mano hasta tocar mi mejilla ruborizada y sonrió.
-Deja de tener miedo pequeña Aome, estas a salvo ya, te ayudaré a que seas libre y aunque me sorprende mucho que Kagura te haya enviado a mí, te prometo que te voy a proteger, ya no tengas miedo, Seshomaru no podrá encontrarte nunca-
Me abrazo y yo me deje envolver en sus brazos que en ese instante me ofrecían protección y seguridad
-¡gracias, gracias!, no tengo como pagarte toda tu amabilidad- le dije con la voz entrecortada, estaba haciendo un gran esfuerzo por no llorar, ahora mi llanto no era de tristeza, era de alivio y felicidad.
-No tienes que darme las gracias, mereces vivir tu vida libre, por el momento te quedaras aquí un tiempo, tendrás que entrenar mucho, tu mente en tu mejor arma y tu única arma, yo te enseñaré como desarrollarla y Sango te enseñara a como ser invisible ante los hermanos de sangre, en poco tiempo serás invisible para todos, Seshomaru no podrá encontrarte nunca-
No dejo de abrazarme, podía sentir su sinceridad y no pude más que apretarlo más a mí, no importaba que tuviera que hacer o que tan difícil fuera, haría todo por ser libre, por un instante me sentí en casa de nuevo.
avance del proximo capitulo
-¿porque me miras de ese modo?
-porque hace mucho tiempo conocí a alguien parecida a ti, quizas es una segunda oportunidad que me da Dios de salvar ... mi alma salvandote a ti...-
Su voz sono tan triste y sus ojos se opacaron, supe que había perdido a alguien muy importante y lo peor es que ya sabía que había sido Seshomaru, y aunque no sabía como había sido, supe que ese dolor ambos lo compartiamos...
