CAPITULO XXII
VERDADES Y MAS VERDADES
No era solo un sueño, era una realidad tangible, después de su tercer victima supo que la naturaleza se impone a la razón muchas veces, ella se había convertido en un depredador, una asesina, no importaba si tomaba las vidas de los seres más despreciables, al final era una vida la que tomaba para ella poder vivir, ¿acaso el león llorara o sentirá remordimiento al matar al rápido antílope?...no, esa era la respuesta, no, porque el instinto era lo que se imponía al final.
Dejo caer el cuerpo de ese ladrón y giro en redondo para toparse con la mirada de Inuyasha, no había reproche en ella, era como ver a los ojos a tu maestro después de haber sacado un sobresaliente.
-No te preocupes Aome, con el tiempo es más fácil, dejas de pensar que es una vida y los comienzas a ver como alimento- dijo sin emoción
-no sé si pudiera acostumbrarme a esto- y miro a su alrededor, los cadáveres de los tres ladrones yacían tendidos en el piso de ese sucio callejón
-sí, lo harás…eventualmente esto- y abarco con la mano la escena completa- solo será algo normal y dejaras de sentirte culpable – dijo con una sonrisa triste
-tu aun no te acostumbras ¿cierto?- y lo miro fijamente, no era una pregunta era una afirmación
-cierto, aun no me acostumbro, aunque ya no es tan terrible como al principio- su voz sonaba cansada y por un instante sintió el peso del tiempo caer sobre sus hombros.
Ella extendió su mano hacia él, era una invitación para marcharse, ese lenguaje corporal fue todo lo que necesito para tomarla sin dudarlo, caminaron así en silencio hasta perderse en la noche, nadie extrañaría a esos tipos, y cuando los encontraran ellos estarían seguros en casa.
Caminaron así en silencio, cuando llegaron a casa ella giro su hermoso rostro y lo miro fijamente.
-¿Quieres ver que tiene la cripta familiar?-
Inuyasha la miro y frunció levemente el ceño, como si no entendiera a que se refería, ella sonrió.
-ayer lo mencionaste, a pesar de que estaba en medio del dolor físico más grande que había experimentado jamás, te puse atención- la sonrisa era sincera y la curiosidad aún más- ¿vamos?
La risa de él la alegro, no era muy frecuente verlo así, casi siempre estaba serio y con esa mirada triste, así que sin más le hizo una señal con el brazo extendido para darle el paso como todo un caballero, ella se giró aun con esa sonrisa en el rostro, lo guio por fuera, rodearon la gran casa y se enfilaron hacia la parte de atrás, caminaron en silencio solo observando las estrellas de vez en cuando, aun le parecía extraordinario el ver el mundo desde sus nuevos ojos, podía ver perfectamente los colores como si fuera de día, podía escuchar los insectos caminar y zumbar a su alrededor, era todo una sinfonía llena de vida.
Llegaron a la entrada del mausoleo familiar, en la entrada se leía en letras góticas "TAISHO" la entrada era en realidad algo muy simple, con la única peculiaridad de las letras lo demás era liso, la puerta era de madera rugosa con remaches de acero, la cerradura estaba al centro de la puerta, cosa que me pareció curiosa, ambos nos quedamos un rato contemplando la fachada, como autómata me adelante y cuando iba a tocar la puerta la mano de Inuyasha me detuvo
-no la toques!- dijo serio – la protege magia antigua- y se acercó un poco más pero sin tocar la puerta, olfateo un poco y cerca de la cerradura se detuvo un poco más- aquí es donde está la verdadera cerradura- y señalo unos cinco centímetros a la izquierda, presiono con su dedo índice y escuchamos como el cerrojo se descorría abriendo automáticamente la puerta frente a nosotros, el sin quitar el dedo de ese punto la empujo hasta que la abertura quedo libre, un fuerte olor a lilas salió del lugar, lo que hizo que se quedara quieto.
Me adelante sabía que no necesitaba de luz para poder ver en el interior, había una escalera que bajaba, el aire conforme bajábamos se tornaba más y más dulce, algo que me extraño, pero nada nos preparó para lo que vimos al final de las escalinatas.
En el centro de una habitación circular, en un ataúd de cristal estaba el cuerpo de una joven que flotaba en un líquido transparente, di un paso al frente y supe que el olor emanaba del ataúd, no podía creer lo que veía, di dos pasos más y pude ver el rostro de ella, ¡era muy similar al mío!, me gire en redondo y vi a Inuyasha petrificado con los ojos muy abiertos observando a la chica, se llevó la mano a la boca como para acallar un grito silencioso de horror, sus rodillas no lo pudieron sostener por más tiempo, y callo sobre el frio suelo, pude escuchar el ruido de sus rodillas al chocar con el mármol del piso, de sus ojos salieron lagrimas sanguinolentas sin control
-Kikyo- dijo en un murmullo
Yo gire de nuevo para ver el rostro de la chica, era realmente bello, pero yo sabía que ese cuerpo no tenía ninguna señal de vida, era solo una cascara vacía, pero conservaba la hermosura de la vida, estaba ahí, flotando en un líquido completamente transparente pero sabía por el olor que no era solo agua, no me atrevía tocar nada, tenía miedo de romper el fino cristal donde ella descansaba, volví la vista hacía Inuyasha estaba en shock, arrodillado sin poder apartar la vista de la chica, fue cuando comprendí que ella era la razón por la cual él me había ayudado, ¿yo me parecía a ella!
Le di la espalda y ahogue un grito, a espaldas de Inuyasha había un cuadro donde estaba ella abrazada de Seshomaru ambos sonriendo, Inuyasha giro para ver qué era lo que había visto y no pudo más, de su boca salió un grito desgarrador, mezcla de dolor, odio, desesperación y frustración, volvió a dejarse caer, esta vez estaba sostenido por sus cuatro extremidades, su respiración era rápida, no me atreví a moverme de donde estaba ni a pronunciar ni una palabra, el necesitaba calmarse y yo necesitaba respuestas, así que espere, mientras mi mirada vagaba por la habitación, me di cuenta de que todas las paredes tenían cuadros de esa chica con Seshomaru, en varias épocas, la misma figura, hasta que llegue a un cuadro en donde ya no erala chica del agua, ya era ella, podía recordar ese cuadro, lo habían hecho cuando ella tenía 8 años, la sorpresa fue mayúscula cuando pudo observar la galería, había cuadros de cada año que había pasado junto a Seshomaru viva, las lágrimas no tardaron en inundar mi rostro, ¡era horrible!.
Mire de nuevo a Inuyasha, ya estaba de pie junto al ataúd acariciando la superficie, como queriendo que la caricia misma la traspasara y llegara a la chica dormida, respete su espacio y Salí, el olor a lilas me estaba ya mareando, necesitaba aire limpio, necesitaba ordenar mis ideas, en un instante entendí la obsesión de Seshomaru y una punzada de amargura se me instalo en mi corazón ya de por si maltrecho, él me había usado, no porque en realidad le hubiese interesado, ¡sino porque le recordaba a la chica muerta!.
Todo era una broma de mal gusto, había perdido todo lo que me importaba y a mis seres amados solo por la obsesión insana de Seshomaru por una mujer que murió sabrá Dios cuando y yo pague por eso, no era justo, en absoluto era justo, deje que las lágrimas, la rabia, el amor, el odio, la frustración salieran por mis ojos, ahora más que nunca debía de alejarme de él, de Inuyasha, de todos, desaparecer, al final del día ya era inmortal, no necesitaba lo que los humanos, podía vivir en una cueva y alimentarme de ardillas si yo quería y sobreviviría, pero antes debía de saber la verdad, y esa solo Inuyasha me la diría, así que me limpie el rostro y camine a la casa, debía darle su espacio, el amanecer ya estaba próximo, y aun había cabos sueltos que necesitaba atar.
Paso el día, no si los inmortales sufren de insomnio o si yo era la primera, pero era tanto lo que había descubierto que no pude cerrar los ojos en todo el día, a pesar de sentirme cansada opte por vagar por la casa, eso sí cuidándome de evitar las partes más iluminadas, como siempre mis pasos me condujeron a la Biblioteca, había pasado tantas noches aquí en compañía de Kaede, el corazón me dolió, esos recuerdos me hacían daño, me senté en el sillón grande y contemple la enorme biblioteca, hoy la veía más imponente que años atrás, quizás era porque la veía con mis nuevos ojos a plena luz del día, deje que mis ojos vagaran, por inercia me levante y comencé a acariciar los libros, era una costumbre que había adquirido, me tranquilizaba, ahora la textura de que percibía era deliciosa, suave, acolchada, hermoso, estaba perdida en estas sensaciones, cuando volví a girar ahí estaba Inuyasha, sentado en el sillón observándome, parecía triste, le sostuve la mirada y finalmente suspiro y cerró los ojos.
-gracias por darme ese espació con ella- su voz era casi un susurro y estaba llena de dolor- a pesar del tiempo aun no puedo superar que ya no esté aquí-
Me limite a mirarlo, no quería ser irrespetuosa y además comprendía su dolor, yo aún no podía superar que Kaede y Hoyo estuvieran muertos. Así que me limite a observarlo, en un instante pude ver como el paso de los años caía sobre su espalda.
-necesito hablarlo, ya han pasado centurias desde que ella se fue y aún sigo amándola…necesito sacarla de mi sistema, necesito dejarla descansar ya, no quiero ser como él, no quiero pasarme la eternidad así-
Lo observe en silencio, era obvio que necesitaba sacar todo ese sentimiento del sistema, me movió lo más despacio que pude evitando los rayos del sol y me senté a su lado, Inuyasha no se movió, tenía la vista clavada en el piso, era una invitación abierta para que siguiera hablando.
-debes de saber que en aquel tiempo la magia era parte de la vida cotidiana, las hadas, los espíritus, los gnomos, los demonios, eran algo muy normal de ver, y así también los sacerdotes, los druidas, las sacerdotisas de la tierra, y por supuesto los brujos oscuros, en aquel tiempo a los bebedores de sangre se nos consideraba demonios, y éramos temidos, por lo cual en ciertas partes del pequeño mundo antiguo nos hacían ofrendas, solo para que no arrasáramos con las poblaciones enteras, en realidad éramos pocos, había 7 clanes dispersos, y de vez en cuando nos cruzábamos en el camino, era una época sencilla.
Yo tenía poco de haber sido convertido, y mi conciencia aún estaba en conflicto, mi humanidad estaba aún peleando en mi interior, había semanas en las que desaparecía por los bosques evitando las aldeas, el olor de la sangre me volvía loco, entonces me dedicaba a cazar cualquier animal que me calmara un poco el ardor de la sed, no era algo agradable, era como beber agua para calmar el hambre, te calma pero no te satisface, así fue que después de haber cazado un enorme oso, el viento me trajo el olor de sangre humana, ¡me puse frenético!, olfatee de nuevo el aire y Salí corriendo en busca de ese olor dulce, llegue a un claro y ahí estaba ella, iluminada por la luz de la luna, sentada en medio de la nada, contemplando el cielo, me quede observándola por un momento, era la mujer más bella que había visto, en una fracción de segundo mi sed paso a segundo término, no podía moverme, me faltaba el aire, continúe observándola descaradamente, había pasado un segundo para mí cuando se levantó, limpio su vestido y giro viéndome fijamente, eso me desconcertó muchísimo, ¿Quién en su sano juicio hace eso? ¿Valentía o estupidez?.
Se detuvo a pocos pasos de mí, me observaba fijamente, esos ojos no reflejaban miedo, solo curiosidad
-¿Por qué huyes de tu naturaleza bebedor?- dijo sin rodeos, y mi sorpresa fue mayúscula
-no estoy huyendo mujer- le dije en un tono bastante rudo
Me miro divertida y me sonrió, busco en su bolsa de tela y me arrojo un odre
-bébelo todo, te ayudara-
Cuando lo abrí el olor de la sangre me golpeo como un mazo y mi garganta ardió como si tuviera fuego, sin dudarlo bebí con gula, y te juro que fue lo más delicioso que había probado en semanas, bebí todo el contenido, cuando termine, cerré los ojos aliviado, cuando los abrí me encontré con esa mirada tranquila.
-¿mejor?- pregunto como si nada
-sí, gracias, ¿Por qué lo hiciste?- ahora que mi sed estaba saciada, mi curiosidad salió a flote
-¿el qué?- pregunto realmente confundida
-ayudarme- le dije sin más
-bueno, de no haberlo hecho yo hubiera sido la cena- e hizo un gesto con la mano restándole importancia y me sonrió
La mire perplejo y en ese mismo instante me enamore de ella, se levantó y me dio la espalda
-tengo que irme, ya es tarde y deja de huir de lo que eres, abrázalo y vívelo, tu naturaleza no es tan mala, puedes hacer mucho bien si dejas de pelear contigo mismo-
Me quede pasmado, ¿Cómo era posible que una simple mortal pudiera decirme esas cosas? ¿Acaso estaba loca?, no supe que responderle, la mire alejarse de mí, cuando pude reaccionar corrí en la dirección que ella se había ido, necesitaba saber su nombre, necesitaba saber de ella, la alcance rápido y en silencio camine a su lado, ella no parecía incomoda con mi presencia, caminamos un largo rato hasta que llegamos a una cabaña, ella se detuvo y me miró fijamente
-me llamo Kikyo por cierto, y vivo aquí, soy una sacerdotisa de la madre tierra-
-inuyahsa- atine a decirle
Y sin más me beso, y después salió corriendo hasta su casa, me quede inmóvil, dentro de mí se desato un mar de sentimientos y sensaciones ¿entiendes?, ¡una humana me había besado!, y a partir de ese día lo que comenzó como amistad se transformó en amor, nos amábamos, yo pasaba largas temporadas con ella, aprendí mucho de magia con ella, fue cuando llego Seshomaru, reorganizo a los clanes, puso orden al mundo vampírico, creo la asamblea de bebedores, llegamos a ser como hermanos, claro que mi relación con kikyo la mantuve en secreto, no quería que nadie la dañara solo por estar conmigo, y claro ese alguien era él, había puesto una ley al respecto, un bebedor jamás conviviría con los humanos, ellos eran solo ganado, alimento para sobrevivir, pero un buen día descubrió mi relación con ella y por un tiempo dejo que continuara, pero no duraría mucho, un buen día me envió en una comitiva a las tierras altas de la Galia, y cuando volví ella ya estaba muerta, lo encontré con su cuerpo sin vida, en ese instante sentí que moriría, mi razón de vida yacía muerta frente a mí, y ese día jure que lo pagaría, jure que la vengaría, deje el clan, vague por el mundo sin razón, hasta que decidí que haría lo posible por proteger a otros que como yo se habían enamorado de una mortal, y llegue a St Malo, construí un mundo donde Seshomaru tenía vetada la entrada.
Pasaron los años, las décadas, y entonces supe de tu existencia, había planeado pagarle con la misma moneda, y el destino me debía una grande porque te había llevado hasta mí, el tesoro más grande de Seshomaru estaba frente a mí, pero al verte todo se esfumo, porque por alguna broma cruel te pareces mucho a ella y bueno lo demás ya lo sabes.
El silencio se instaló entre nosotros, ahora entendía, ahora podía comprender porque Seshomaru había actuado de ese modo, la verdad estaba ante mis ojos, me sentí mareada, era una verdad muy desdichada, porque en realidad me había salvado porque me parecía a ella, ¡no me amaba a mí, la amaba a ella!.
Me sentí usada, y dentro de mi ser sentí crecer el odio por Seshomaru, ¡su locura no tenía límites, había matado a seres inocentes, había liberado aun demonio, solo por no perderla a ella, no por mí!
Pasamos horas en silencio, ambos peleando con nuestros demonios internos, y en ese tiempo tome la decisión más loca de mi vida, debía de hacer justicia por los caídos, y la única cosa que se me ocurrió fue quitarle lo que más amaba: yo.
Cuando el sol se ocultó me levante despacio y me dirigí a la salida, sentí la mirada de Inuyasha en la nuca, antes de salir gire para verlo, se veía muy triste, pero tampoco era sano quedarme con él y en un instante lo supo, yo me marcharía sin él.
-Aome, quizás en el futuro podamos volver a vernos y ser amigos- dijo con tristeza
-quizás Inuyasha…quizás-
Sin mirar atrás salí de la casa, y camine hacía la noche, mi prioridad: huir lo más lejos posible de Seshomaru y su locura.
Continuara…
