Ca. 33 El asesino
Vermont buscaba afanoso en aquellos papeles el nombre de quien desatara aquel lío de la maldición oculta que hiciera de los van Tassel objeto de vejaciones y burlas por parte de sus parientes más fin estaba ante sus ojos una verdad que ni los mismos van Garret y van Tassel más veteranos conocían del todo o no estaban dispuestos a revelar. Sin embargo aquellos pasos lo turbaron, y cuando aquel nombre estaba por aparecer, ante sus ojos una voz femenina lo interrumpió:
¡Váyase!
Vermont se asustó y se incorporó:
-¿Quién?- preguntó con bastante temor.
-¡Váyase, le he dicho!- contestó aquella voz impregnada de seguridad y a la vez de angustia.
Vermont dejó el escrito en una mesa de madera capitoneada, que era por lo demás vetusta y poco firme. El crujir de la madera se confundió con los latidos de su corazón.
Luego, sus propios pasos lo hicieron sentir que quien lo reconvenía a marchar no tenía la menor intención de agredirlo. Hizo silencio y escuchando los latidos de su propio corazón asió la perilla de la puerta y con valor encontró frente a él a Jelly.
-¡Jelly! Me asustó usted sincerándose más tranquilo.
-No podía decirle nada….es muy arriesgado que estén usted y el condestable aquí.
-Hemos venido por dos motivos de suficiente peso, y no pienso irme sin terminar lo que empecé: sin llevarme lo que estoy casi seguro de encontrar.
- Señorita, por favor…un poco de sensatez de la que a usted le sobra…no haga que se precipite una tragedia por un arranque de intransigencia de su parte…suficiente ya con lo que ha pasado a la madre del condestable Crane.
- ¿De qué habla?- preguntó Vermont.
-No se lo ha contado, por lo que veo…
-No…supongo que ha sido por falta de tiempo- añadió Jelly- o tal vez…
- Tal vez…porque es demasiado grave…Jelly…van Garret cada vez se hunde más…y más…
En tanto Ichabod seguía huyendo de la mirada furtiva de van Garret que insistía en buscarla para estar con Katrina con mayor intimidad. Poco a poco Ichabod hizo lo conveniente para alejar a Katrina lo suficiente de van Garret hasta que quedaron en un pasillo un tanto oscuro pero que daba directamente hacia la habitación que la señora Crane ocupara en la casa van Garret en ese horrible destierro.
Ichabod estrechó la cintura de Katrina con sumo amor y dijo a su oído:
Así quería tenerte
Ichaobod- suspiró Katrina al sentir el aliento del condestable tan cerca de ella y la suavidad de sus palabras en su oído.
Ichabod hizo acopio de valor y su aliento fue rozando lentamente la barbilla de su esposa y volviendo a su nariz la rozaba haciendo delirar a Katrina. Ella sólo percibía aquellas sensaciones tan perfectas que erizaban su piel y la hacían imaginar lo que tenía Ichabod en mente hacer en esos momentos.
Hace tanto que no rozo tu piel, mi amor…que no hundo mi nariz en tu blonda cabellera…en tu breve cintura…en el aroma de tu cuerpo…en los latidos de tu corazón…
Ichabod…
Entonces no hicieron falta las palabras. Ichabod besó a Katrina con suma ansiedad, apenas rozando sus labios mientras ansiaba internarse en su boca y saborear cada punto de ella…sentir y degustar la miel del amor enredando su lengua con la de Katrina hasta perder el sentido. Y así fue…al poco rato las prendas fueron dejando el camino libre para poder dar paso a su candente amor…al fuego que sus corazones deseaba hacer arder. Entre sonrisas y besos la cama esperaba por ellos. La camisa blanca de Ichabod y la seda que malcubría el cuerpo de Katrina se besaron…la seda se alejó entre suaves e intensas caricias hasta que su piel se unió por completo en un cálido abrazo que los enardecía. Ichabod recorrió sin piedad los pliegues del cuerpo de su amada…parecía la primera vez que lo hacía…quería ser delicado y tierno y a la vez apasionado y salvaje. Tal conflicto de deseos fueron entendidos por ella que, remolineando la cabellera negra del condestable gemía ante los espasmos de placer que la embargaban…Ichabod se internaba en aquel rincón suave y húmedo que añoraba la presencia fuerte y ansiosa de su esposo. Y en cuanto la mente dejó paso al blanco interno…cuando se hizo el silencio…Ichabod se hundió en aquella cavidad dulce y femenina arrancando un Te quiero ardiente y amoroso…el tiempo desapareció…sólo su amor…su hijo estaba ahí…dormido…seguro de saber que sus padres veían por él y que se amaban…que pronto ese infierno terminaría. Ichabod repetía en los castos oídos de Katrina mil veces te amo hasta sentir que estaba poseyéndola hasta el paroxismo…gemía y repetía:
Soy tuyo…tuyo Katrina…siénteme…todo tuyo, mi amor…-dijo entrecerrando los ojos y entregándose al delirio de ese momento.
Y yo tuya…sigue…amor…sigue.
Ichabod se movía cada vez más rápido pero de forma precisa y efectiva haciendo del cuerpo de su amada un altar. De pronto la fuerza de sus movimientos consiguió el culmen exquisito que los hizo subir al cielo y bajar de golpe.
Ahhhhhh!- gimió Ichabod entre los brazos de Katrina que estrechó la espalda de Ichabod llorando de emoción cuando su cuerpo miró las estrellas centelleantes junto a su cama.
El tiempo avanzaba y ellos, recostados y abrazados en uno solo, deseaban que la noche se hiciera larga.
De pronto un golpe en la puerta alistó a los esposos.
¿Quién?- preguntó Ichabod.
Yo…Vermont…-dijo suavemente el conde- no se asuste…ya tengo lo que vinimos a buscar.
Gracias, señor conde…
Trataré de salir sin ser visto…tenga cuidado…
Lo tendré- añadió Ichabod.
Jelly lo sacó con cuidado de la casa para que van Garret no sospechara. El conde dijo a Jelly:
Señorita…Dios quiera que encuentre usted una gran felicidad pronto…se la merece…es usted un ángel.
No diga eso, señor conde…vaya…que la viuda Martin debe estar esperándolo muy preocupada.
Una gran sonrisa se dibujó en el rostro del conde quien abandonó la casa van Garret bastante presuroso.
Van Garret trató de encontrar a Katrina. El joven Masfat comentó:
Señor van Garret…la señora Katrina debe estar en la cocina tal vez…
Iré a buscarla…usted vaya a su habitación si la encuentra y dígale que quiero hablar con ella.
Se lo digo…
Van Garret se dirigía al cocina pero encontró el pasillo que daba a la biblioteca. Un impulso lo hizo ir hacia allá. Le parecía raro pero fue…y encontró uno de los cajones abiertos. Revisó si no faltaba nada…pero se percató que aquel libro enorme que tanto había guardado no estaba en los estantes…el espacio estaba ahí…alguien había entrado. Jelly podría ser quien pagara las consecuencias.
Jelly volvió a la cocina. Masfat la vio pasar y dijo.
Leonor?
Joven…¿qué ocurre?
Van Garret…está buscando a Katrina.
No…esta ocupada con el condestable…
Dios mío…espere joven Masfat…tenga…
Le entregó un frasco con una sustancia extraña.
-Pongale unas gotas en la bebida…lo harán perderse hasta mañana.
- Yo por mí le ponía el frasco entero…gracias Jelly.
Masfat se llevó el frasco dispuesto a hacer dormir como fuera a aquel maldito hombre.
