Cap. 35 Rebecca Crane

Mientras Crane permanecía en su casa, Rebecca en el hospital continuaba teniendo alucinaciones terribles. El jinete decapitado seguía atormentándola en sueños, las visiones eran complejas y duras de interpretar; sin embargo, ella conocía perfectamente el fundamento de tales pesadillas…conocía la naturaleza oscura de lo que en su mente se desarrollaba. Y lo que más le preocupaba era que no había forma precisa de explicárselo a Ichaobd…era necesario e indispensable que el condestable Crane estuviera al tanto de las visiones que había tenido, pero no sabía del todo a quién recurrir que fuera de confianza.

Ichabod junto al conde Vermont se quedaron a la expectativa. Crane temblaba como una hoja y Vermont también estaba algo asustado.

-¿Escuchó usted eso, condestable?- preguntó el conde.

- Sí…la…lamentablemente…sí- dijo tragando saliva.

- No se asuste, señor Crane…estoy seguro que alguien está manipulando al Jinete para que sea capaz de amedrentarnos…pero no lo va a conseguir…mientras tanto, hay que esconder estas evidencias…en cuanto podamos debemos empezar a revisar el caso. Usted indíqueme un lugar que considere conveniente para guardar estos documentos.

Lo hizo subir a una pequeña habitación y allí en un baúl viejo guardaron dichos documentos. Crane pensaba que tal vez no era el mejor lugar pero estarían más que seguras esas evidencias.

- Gracias, condestable- dijo Vermont- gracias en nombre de Martin, y en nombre de ella…

- No tiene nada que agradecer…al contrario…soy yo quien está agradecido con usted por ayudarme en esto…-dijo Crane.

En tanto Ichabod siguió conversando un rato con Vermont acerca de cómo había encontrado semejantes pruebas, contó a Vermont también que Katrina se quedó durmiendo en la misma recámara donde horas antes habían estado y la forma en que había salido de la habitación y lo que había escuchado decir a van Garret y al juez.

- Avancé lentamente por unas escaleras que estaba en la parte de abajo. Todo era oscuridad y el olor a humedad se impregnaba en mi nariz. Traté de acostumbrame a la ausencia de la luz y toqué una de las paredes. Estaba recubierta de brea. Cada vez que pisaba un escalón la madera crujía espantosamente y los chillidos de las ratas…helaban mi sangre…

El temperamento asustadizo del condestable era demasiado sensible a ese tipo de situaciones, provocando que con demasiado sigilo revisara los puntos del lugar para descubrir qué había debajo y luego subir a alguna parte de la casa.

Mientras tanto, el juez y van Garret terminaban aquella conversación.

- Llegaré hasta las últimas consecuencias…no dejaré que nadie trate de burlarse de mí, mucho menos Ichabod que fue capaz de matar al abogado Martin con tal de quedarse con las propiedades.

- Me retiro- dijo el juez- creo que no he venido en buen momento.

- Claro que sí, señor Juez- añadió van Garret- creo que no pudo venir en mejor ocasión. Usted es testigo que alguien está espiando en mi casa y eso es un delito…su usted gusta puede quedarse a la celebración, por mí no hay ningún inconveniente.

Pero el juez escuchó las risas lujuriosas de algunos de los asistentes. Por un momento sintió fastidio y algo de náuseas.

- No tengo tiempo hoy- añadió el juez- en otra ocasión vendré con más detenimiento.

En cuanto el juez salía van Garret llamó al joven Masfat insistentemente. Esperó unos breves segundos y luego escuchó su voz:

- Masfat…vigile un momento a la gente, voy a hacer algo importante…enseguida vuelvo…

Tras el relincho del caballo del Jinete el condestable Crane volvió a a alarmarse y dijo a Vermont.

- Tengo que volver a la casa de van Garret…tengo mucho miedo por Katrina y mi hijo.

- Vaya…en cuanto vuelva revisamos los documentos.

- Está bien, señor conde…está usted en su casa.

Masfat sabía perfectamente lo que van Garret tenía en mente hacer. Subió las escaleras que llevaban al cuarto de Katrina y tocó la puerta.

-¿Condestable?- preguntó por fuera.

-¿Masfat?- contestó Katrina.

-¿Está usted con el condestable Crane?- preguntó Masfat.

- Acaba de bajar, joven Masfat.

- Van Garret no tardará en venir hacia acá…si lo encuentro primero lo dormiré antes de que pueda hacerle algo a usted, al niño o al condestable.

-Leonor está atendiendo a los invitados…cuide de ella también, por favor…

Katrina se preocupó en demasía. Sin embargo razonó sobre las posibilidades. Van Garret debía tener demasiada suerte si lograba hacerle algo a alguno de ellos. Solamente podía hacerle daño a uno a la vez, así que primero debían cuidarse ella y el niño…Ichabod si estaba cerca. De alguna manera, Masfat era el elemento clave para evitar una tragedia.

Crane trató de volver a la casa ingresando por un sótano. Pasó por las asquerosas escaleras por lo menos para despedirse de Katrina y de su hijo. Comenzó a subir con dificultad cuando notó que Leonor llegaba justo a tiempo al lado de Katrina y escuchó cuando le decía que van Garret no estaba en la casa. Prefirió no volver para no perjudicar a las dos y fue avanzando más aún por aquella escalera tan horrible.

Más abajo el hedor era prácticamente insoportable. Lo más probable era que estuviera cerca de una cloaca. Se cubrió el rostro con un pañuelo y notó que el pasillo daba precisamente a los desagües; sin embargo, descubrió una pequeña puerta de madera que estaba mal cerrada y bastante enmohecida. Al ver que era de madera usó un trozo de metal que estaba cerca como palanca y con todas sus fuerzas jaló hacia él venciendo la entrada. Así puedo penetrar en aquel rincón tan oscuro. Lo que encontró lo dejó verdaderamente helado. En aquel lugar se encontraba un cuarto de torturas; un potro en la parte central, un triturador de huesos, un trepanador, una pila de agua helada, una máquina horrenda para serrar y un casco con púas que traspasaban las sienes.

Trató de no desmayarse. El espectáculo era verdaderamente criminal. Demasiado para ser soportado por cualquier ser humano dotado de sangre en las venas.

Revisó si había vestigios o señales de algo que pudiera servirle de evidencia. Sólo algunas inscripciones en latín y los dibujos de los instrumentos de tortura permanecían intactas.

Ya dentro se encontró frente a frente con un par de caballos y se ocultó cuando escuchó otro ruido. Alguien avanzaba ruidosamente pisando la paja. De pronto, un grito de susto se escuchó en labios de Ichabod.

-¡Condestable! ¡Aquí está usted!- dijo Masfta controlando su propio temor:

- Joven…Masfat…no sabe…cómo me alegra verlo en estos…momentos- afirmó respirando hondamente el condestable.

-¿Qué hace aquí?- insistió Masfat.

- Vine a dar a las caballerizas- indicó Crane más tranquilo, pero no tiene una vaga idea de lo que acabo de descubrir.

-¿Tan grave es condestable?- preguntó el chico Masfat con los labios temblorosos.

- Más de lo que usted se imagina…

-Venga, le ayudo- dijo incorporándolo.

- Gracias, joven Masfat- añadió Crane sacudiéndose la ropa.

-¿Qué hará ahora?- preguntó.

- Necesito uno de los caballos de van Garret…voy a la clínica que está en las afueras de Sleepy Hollow…voy a ir a ver a mi madre…-dijo con suma tristeza.

Van Garret tras despedir al juez tomó su propio caballo y lo siguió. El juez se sintió un poco nerviosos…le pareció que alguien lo seguía…casi podía escuchar las pisadas del caballo detrás de él. Avanzó un poco más rápido y de pronto un viento helado circuló por los alrededores.

La fuerza de aquella loca carrera se acrecentó y el juez corrió con fuerza pero logró tomar el camino de la derecha. Otra persona se cruzó con él en el camino.

El jinete sin cabeza avanzó con rapidez y con un solo tajo de su hacha cobró la vida de alguien más.

Van Garret muy seguro volvió y se acercó presuroso. De pronto encontró a la víctima sin cabeza. La cabeza rodó a unos pasos de allí. Se acercó para reconocerla. Era la cabeza del nuevo reverendo del pueblo.

Crane llegó sin dilación a la clínica. Pidió al médico hablar con Rebecca. El doctor lo hizo pasar.

Cuando se encontraron, la escena fue más que conmovedora. Ichabod derramó un para de lágrimas en el regazo de Rebecca en cuanto estuvieron solos en la habitación a al que sólo una pequeña rendija permitía la entrada de un destello de luz:

- Madre…no sabes la falta que me has hecho…

- Mi pequeño- dijo ella acariciando los cabellos del condestable.

El silencio reinó un momento en la habitación.

Rebecca fue quien lo rompió:

- ¿Cómo están Katrina y el niño?

- Bien…pero aún corren peligro.

- Lo sé…lo sentí hace un rato…el jinete volvió a cobrar otra víctima…

- ¿Cómo es que lo sabes?- preguntó Ichabod.

- Hijo…soy aliada del Jinete…he hecho un pacto con él, para defenderte y defender a tu familia…