Cap. 40 El juicio de Ichabod Crane (Parte I)

Pero…¿a dónde había ido la madre del condestable? Era difícil precisarlo…por lo menos para alguien que no la conociera como él…pero él…su hijo…sabía casi perfectamente dónde la hallaría. Así que se guió por aquel libro que un día su madre le dejara…ese libro de protección al ser amado…similar al que Katrina había usado en aquella ocasión para salvarle la vida ( Sleepy Hollow). Avanzó por aquel hospital psiquiátrico, pero al no encontrar a nadie más que le diera algún indicio del paradero de su madre, interrogó a las enfermeras quienes accedieron a retenerla en caso de que volviera.

Ichabod se internó en aquel oscuro bosque al que prácticamente nadie quería entrar. Pero era necesario…tenía que enfrentar a aquel ser antes de que éste acabara con la vida de Rebecca y lo dejara huérfano por segunda vez. El condestable era inteligente, tanto como atolondrado, pero cuando se trataba de la vida de quienes amaba, era capaz de todo.

Katrina comenzó a preocuparse por al vida de Ichabod. Había tardado ya demasiado.

La futura condesa Vermont dijo:

- No creo que sea de cuidado, señora…el condestable tal vez se entretuvo con los documentos que necesita para el juicio de mañana.

- Lo sé…eso es lo que más me preocupa…porque aún no ha abierto el último…el documento definitivo…donde aparece el nombre del responsable de esa absurda maldición.

En tanto en la casa van Garret, Jelly había buscado ya la forma de deshacerse del viejo. Sin embargo él había usado sus artimañas para tratar de indagar el paradero de Jelly. Por lo menos ella ya estaba con alguien más.

El viejo van Garret se dirigió a casa del juez y dijo:

- Señor juez…exijo que se me escuche…tengo pruebas de que el condestable Crane ha estado usándome para sus fines..ahora…escondió a una testigo de peso…

- ¿A quién?- interrogó el juez.

- A la criada de la casa Vermont…ella sabía todo respecto al asesinato del abogado Martin…ahora la debe tener en su poder y nos va a hacer creer que tal vez yo la tengo…

El juez se detuvo un instante y preguntó serenamente:

- ¿Quiere decir que Crane escondió a la crida del conde Vermont para asegurarse que el secreto no se sepa?

- Así es…-siguió van Garret.- La criada del conde era informante de éste en cuanto a los…amoríos que lleva con la esposa del difunto abogado en las propias narices de éste…Crane ha permitido y solapado ese amor ilícito…así que ya comprenderá usted todos los intereses que están de por medio y lo mucho que le importan al condestable.

- Entiendo…-dijo el juez al parecer convencido.- Bueno…pues…espero que el condestable Crane tenga forma de negar todas esas acusaciones…si no…se hará justicia, van Garret.

- Gracias, señor juez- concluyó el viejo.- Sabía que podía contar con usted…así el nombre de nuestras amadas familias quedará libre de toda culpa y mancha. Con su permiso.

Ichabod encontró primero a la vieja bruja que esperaba por él para un conjuro de vuelta del Jinete.

- Mujer…he venido…como se me había ordenado.

- ¿Qué deseas, buen mozo?- dijo la mujer con voz aguardentosa.

- Vengo porque…mi madre me dijo que mi sangre forma parte de éste rito satánico…y quiero salvar la vida de ella.

- Tu madre- dijo con ironía- no tiene salvación…ella misma se comprometió y ahora no podrá salir de ésta…sólo muerta…

Ichabod trató de entender más de aquel juego de palabras.

- ¿La necesitas…muerta?

- Digamos que sí…necesito su sangre para poder convencer al Jinete de acabar con…

- No sigas…si sólo necesitas la sangre de mi madre…aquí tienes la mía…te sirve igual…llevamos la misma sangre…-dijo sonriendo.

La bruja trató de detenerlo. Había descubierto sólo una parte del conjuro que tenían que realizar para acabar con la herencia de Ichabod. Mandalay era la otra pieza clave.

- Aunque tú me dieras la tuya…necesito sangre de un van Tassel…así que…ese no puedes ser tú…

- Tendrás la sangre que quieres…pero primero…tienes que explicarme para qué la quieres…

La bruja soltó toda la verdad.

- El tiempo apremia…así que…ya no tengo nada que perder…tu sangre y la de tu van Tassel son la clave para que van Garret viva por siempre…quiere usarlas para rociarlas en un conjuro sobre el testamento de los van Tassel y con esa sangre apoderarse para siempre de la voluntad del Jinete Decapitado y sembrar el terror en Sleepy Hollow…y más allá de sus fronteras.

La sangre se heló en el cuerpo del condestable.

- ¿Pero por qué…la mía?- insistía Ichabod temeroso.

- Porque…hay un secreto en tu familia que aún debes conocer, pero…creo que no tendrás tiempo…ahora…serás mi prisionero- dijo mientras trataba de ejercer su influencia oscura sobre el joven condestable.

Sin embargo, Ichabod tomó el libro que su madre le diera. Encontró en breve la página correcta y leyó el conjuro, sudoroso y balbuceante. La bruja comenzó a ennegrecer y gritaba mientras sentía que se ahogaba.

- Dame ese libro…dámelo, Ichabod Crane…

Cuando estaba animado a dárselo en una triquiñuela, la bruja misma tomó unas tijeras y estaba a punto de encajarlas en el cuerpo del condestable. El ofreció el libro y de éste salieron inmensas y gruesas gotas de sangre.

Ichabod huyó como pudo. La vieja bruja entonces conminó al Jinete de nueva cuenta.

Mientras tanto Jelly y Rebecca buscaban la raíz de mandrágora para un ritual de protección hacia Ichabod y su familia. Escucharon el relincho del Jinete y Rebecca entendió que había llegado el momento de luchar la batalla final.

La mañana llegó sórdida a Sleepy Hollow. El condestable y el conde estaban ya frente al juez, ante la disposición de que como abogado y acusado debían estar listos con las pruebas fehacientes de que aquél no era culpable del asesinato de Martin.

Van Garret en primera fila estaba listo para observar aquel espectáculo.

- ¿Y bien, condestable?- instigó el juez.- Nos quedamos en que…nos presentarían las pruebas necesarias para evidenciar que usted no asesinó a Martin.

- Y aquí están- adujo el conde Vermont.- Mi defendido, el condestable Crane no fue el asesino del ilustre abogado Laurent Martin, porque…Ichabod no estaba en la casa…tengo una testigo de peso…que pase a declarar mi primer testigo: la viuda del hoy occiso…la viuda Martin.

La mujer avanzó lentamente por la escalinata y tras el juramento sobre la Holy Biblie, comenzó a declarar.

Ichabod sudaba. La vez anterior la viuda era la principal acusadora y ahora era la principal testigo.

Katrina llegó con el niño. Eso puso más nervioso a Ichabod…pero aún estaba seguro de que todo saldría a pedir de boca. Van Garret se relamió los labios con morbo…gesto que Ichabod sintió más duro y ruin que todo cuanto antes pudiera haber hecho aquel hombre.

- Díganos, señora Martin…¿qué sabe usted al respecto del asesinato de su marido? La ocasión anterior usted misma acusaba al condestable…

- Por miedo, señor juez…porque…alguien muy poderoso me presionaba para ello…alguien que amenazó con matar a una persona que en todo momento me protegió y fue incondicional de Laurent…el conde Vermont, aquí presente.

- Entendemos su miedo- señaló el juez- pero detállenos…¿quién es ese hombre?

- Jeremiah Van Garret…aquí presente…

El hombre parecía estar muy seguro de lo que sucedía. El cuchicheo en la sala lo ponía nervioso pero respondió con presteza.

- Esta mujer está loca…seguro producto de la gran pena por la pérdida del abogado Martin…

- No es verdad…soy testigo de la forma inclemente en que usted amenazaba a mi marido para que le firmara ciertos documentos comprometedores…y le amenazaba también con tomarme por la fuerza si él no le ayudaba. Mi marido se negó y este miserable juró vengarse.

- ¿Y lo hizo?

- Sí…por eso…mató a Laurent.

- ¿Puede probarlo?

- Claro- dijo ella.- Pregúntele a van Garret si le es familiar esta daga…

El hombre palideció. La prueba era casi contundente.