Capítulo 2 – Sora, Sora

Sora se despertó de buena mañana al oír a su compañera de piso y amiga en la cocina. Se frotó los ojos a la vez que bostezaba y su mirada se centro en un punto del techo de su habitación. Se había pasado toda la noche soñando con Tai, soñando como sería su voz, qué tacto tendría su pelo, cómo sabrían sus labios... Era extraño porque ni siquiera le conocía, ni tan solo había hablado una vez con él. Nada. Sacudió la cabeza apartando de su mente los restos de aquel sueño todavía pensativa y se levantó a vestirse. Cuando salió de la habitación arrastrando los pies, Mimi se asomó por la puerta de la cocina con una bandea de galletas recién horneadas.

─¿Quieres una? Son de chocolate, tus favoritas – dijo con su habitual ánimo.

─Gracias, Mimi. Eres un amor. - Mimi sonrió mientras Sora cogía una galleta y la degustaba. La verdad es que cosas como aquella siempre le levantaban la moral a la castaña, por muy baja que la tuviera.

─¿Qué tal has dormido? – preguntó Mimi mientras daba buena cuenta de la ración de suculentas galletas que se había reservado.

─Bien, ¿y tú?

─No te lo vas a poder creer.

─¿El qué? – preguntó Sora mirando a la castaña que a su vez la miraba con un destello de emoción en los ojos.

─He soñado con Matt.

─¡¿Con quién?! – Sora casi se atragantó con el trozo de galleta que estaba masticando. ¿No era demasiada casualidad que tanto ella como su amiga hubiesen soñado con esos dos chicos que vieron ayer? ¿Por qué no habían soñado con Kari o con cualquier otra cosa?

─En mi sueño era genial, creo que me voy a esforzar mucho para acercarme a él.

─No lo conoces de nada, va a pensar que eres una acosadora. - Mimi alzó una ceja ante el comentario sarcástico de Sora.

─Al menos déjame intentarlo, sabes que soy encantadora y que acabará rendido a mis pies.

Sora suspiró y luego sonrió, su amiga Mimi era una romántica incorregible. Un rato después se encaminaron hacia el instituto y Sora se separó de Mimi para ir a hablar con el entrenador del equipo de fútbol para ver si podía entrar.

Era muy temprano todavía y Mimi se vio sola en aquel gran patio. Se giró y miró aquello desde todos los ángulos posibles pero definitivamente determinó que estaba más sola que la una. Estaba de espaldas mirando el edificio del instituto cuando oyó unos pasos a su espalda.

─¿Qué haces aquí tan pronto? – Mimi dio una vuelta de ciento ochenta grados y se encontró de frente con unos grandes ojos azules.

─Matt...

─¿Cómo me conoces? – preguntó el rubio frunciendo el ceño.

─Perdona, soy la nueva me llamo Mimi Tachikawa.

─Tú eres la que tiene una amiga pelirroja, ¿no?

─Sí, ésa soy yo.

─Bueno y mi pregunta era, ¿qué haces aquí tan temprano? Menudas ganas de venir a clase... – comentó él con una sonrisita de suficiencia.

─Pues estoy aquí porque he venido a acompañar a mi amiga que quiere entrar en el equipo de fútbol, no estoy aquí porque tenga muchas ganas de ir a clase.

─Ya veo – Matt siguió caminando y cuando se había separado de Mimi unos cuantos pasos se giró y le dijo:

─¿Vienes o te vas a quedar ahí?

─Voy contigo. Pero, ¿por qué has venido aquí tan pronto? – Matt siguió caminando sin decir nada con Mimi detrás y juntos entraron por la puerta del instituto.

Sora se detuvo a mirar los campos de fútbol, ese instituto era tan grande que incluso tenía varios campos, era increíble. La muchacha se dirigió hacia una caseta, que estaba pegada a uno de los grandes edificios que conformaban el instituto, de la que colgaba un cartel que rezaba: "Equipo de fútbol". La joven llamó con los nudillos y de dentro le contestó una voz femenina. Abrió con suavidad la puerta y accedió al interior en el que había en el centro una mesa de despacho en la que estaba sentada una mujer joven y dos sillas. Una de ellas estaba ocupada por una persona. Esa persona se volvió y Sora lo reconoció al instante. Taichi Yagami.

─Buenos días – saludó Sora.

─Buenos días – la mujer se levantó de su escritorio, lo rodeó y se plantó delante de Sora con una cálida sonrisa. Sora miró a la mujer que era rubia con unos grandes ojos azules, la piel clara y era muy alta. El pelo lo llevaba recogido en una coleta alta y llevaba el chándal del equipo de fútbol del instituto.

─Venía buscando al entrenador del equipo de fútbol.

─Pues ya la has encontrado, soy yo – dijo la chica con voz alegre –¿Querías algo?

─Pues sí, me gustaría inscribirme en el equipo de fútbol – la mujer la miró con atención.

─¿Sabes jugar?

─Sí, sí sé. Antes jugaba en el equipo de fútbol de mi instituto.

─Sabes que aquí si quieres jugar tendrás que hacerlo en el equipo masculino, ¿verdad?

─Por mí no hay ningún problema.

─Bueno, en ese caso, me gustaría hacerte unas pruebas técnicas. Yagami – Tai se levantó con el gesto serio sin prácticamente mirar a Sora.

─Dígame, entrenadora Kinomoto.

─Vas a jugar contra ella, un uno contra uno. Si te vence, está dentro del equipo.

─Pero... – la entrenadora hizo callar a Tai con solo mirarlo.

─Luego seguiremos hablando tú y yo – sentenció. La mujer sonrió a Sora para tranquilizarla y salió de la caseta. Los dos chicos salieron tras ella. Tai miró intensamente a Sora.

─Sora, Sora... – dijo mientras dibujaba una sonrisa de suficiencia y negaba con la cabeza. La pelirroja lo ignoró todo lo que pudo. "Prepotente" pensó ella mientras caminaba con decisión por las escaleras hasta el campo de fútbol.

La entrenadora sacó un balón de un pequeño cobertizo al lado de los banquillos y lo dejó caer a sus pies.

─Bueno, solo quiero ver una pequeña muestra de lo que sabes hacer. Sé que vas con el uniforme y que no es la mejor indumentaria para jugar a fútbol pero solo será un momento.

Sora dejó la cartera en el suelo y Tai se quitó la chaqueta verde del uniforme y se desabrochó un poco la camisa blanca. Los dos chicos se colocaron en la línea de banda del campo, la entrenadora chutó con todas sus fuerzas el balón y ambos empezaron a correr hacia él para alcanzarlo antes de que llegara el otro.

Mimi que había seguido a Matt al interior del instituto se vio subiendo y subiendo escaleras sin cesar hasta llegar al último piso donde había una puerta de hierro que cerraba el paso. La castaña no dijo nada y el rubio abrió y salió al exterior. Mimi imitó el gesto y la luz la cegó por un momento. Sin embargo, pronto sus ojos empezaron a ver lo que tenían delante. La azotea.

El rubio se acercó hasta el borde y miró hacia bajo a través de la valla.

─¿Es ésa tu amiga? – dijo señalando a una chica pelirroja que en ese instante corría con el balón entre los pies sin cesar, perseguida por un chico moreno.

─Sí, es Sora.

─Me parece que la entrenadora del equipo ha decidido hacerle la prueba de admisión inmediatamente y veo que Tai es el examinador.

─¿Qué quieres decir?

─En pocas palabras, si tu amiga vence a Tai entrará en el equipo de fútbol – la castaña asintió, rebuscó en su bolso y sacó una bolsa con más galletitas de chocolate.

─¿Quieres una? – ofreció Mimi con una sonrisa –. Las he hecho yo –Matt miró con desconfianza a la chica nueva pero al verla tan inocente y alegre cogió una de las galletas. Le dio un mordisco y sus ojos se abrieron al máximo. ¿Cómo algo podía estar tan rico? Sin embargo, él, Yamato Ishida, no lo iba a reconocer. Dio la vuelta y se sentó con la espalda apoyada en la valla. Mimi imitó el gesto y se sentó a su lado, sabía perfectamente que su amiga no iba a tener ninguna clase de problema para vencer al moreno. Colocó las galletas delante de las narices de Matt.

─Te las regalo y no voy a admitir devoluciones – las dejó en manos del rubio y aunque él tardó un poco finalmente murmuró:

─Gracias, Tachikawa.

─Puedes llamarme Mimi y de nada. Tengo muchas más en casa – Matt esbozó una sonrisa –. Tienes una sonrisa bonita – admitió Mimi sin ningún tipo de rodeos. Él sacudió la cabeza y la borró.

─No digas tonterías – se puso a devorar las galletas en silencio mientras la castaña reía al ver como Matt por lo visto no era un tipo tan duro como quería aparentar.

Sora fue la que recibió el esférico que había lanzado la entrenadora Kinomoto y lo controló. La pelirroja parecía bailar con el balón y por más que Tai realizaba todo tipo de entradas no conseguía arrebatárselo. El moreno cada vez estaba más furioso con aquella chica y consigo mismo, nunca, nadie, había conseguido hacerle sudar para coger el balón y eso estaba hiriendo su gran orgullo masculino. Finalmente, tiró de ella por la cintura sin ningún tipo de delicadeza y la hizo caer pero Sora levantó la pierna para hacerle caer también. Tai calló encima de ella y ambos se quedaron mirándose a los ojos. El ruido del silbato de la entrenadora los hizo separarse rápidamente.

Sora estiró el uniforme y miró a la entrenadora la cual asintió con una sonrisa de satisfacción. Sora dio una salto con el puño en alto pero se quedó paralizada al sentir la mirada asesina de Tai en la nuca. No obstante, a pelirroja no se volvió a mirarlo pues se limitó a coger el balón entre las manos y a abandonar el campo con calma con la adrenalina corriéndole todavía por las venas y con el orgullo henchido.

Kari estaba llegando en esos momentos al instituto cuando de un fuerte tirón alguien le arrancó la mochila. Tras ella, había tres chicos más grandes que ella vestidos con el uniforme del instituto del otro lado de la ciudad.

─Devuélveme mi mochila – pidió a aquellos chicos que no conocía de nada.

─Eres la hermanita de Yagami, ¿verdad? – ella no contestó pero las manos empezaron a temblarle-Tu hermano el otro día se burló de nosotros tras vencernos y hemos venido a pagarle con la misma moneda. - el más alto volcó la mochila de Kari y tiró sus libros al suelo, el estuche, la cartera y la cámara de fotos.

─¡Parad! ¿Qué queréis de mí? – Kari se agachó para recoger sus cosas pero ellos se lo impidieron, el que le había tirado sus cosas cogió la cámara de ella entre las mano.

─Que cámara más bonita... – dijo observando con ojo crítico el aparato, la encendió y empezó a ver fotos.

─¡Kari! – la castaña se volvió con los ojos llenos de lágrimas y vio que la persona que la había llamado era su mejor amigo, T.K. que venía corriendo hacia ella –. ¿Qué está pasando aquí? – el rubio se colocó delante de su amiga, interponiéndose entre la chica y aquellos extraños.

─Solo hemos venido a hacerle una visita a tu novia y me parece que nos llevamos esta cámara tan chula y que parece tan cara. ¿Tú eres el hermano de Ishida, verdad? – preguntó reconociendo a T.K.

─Esa cámara no es tuya, dámela –exigió T.K. empezando a cabrearse.

─Da igual, T.K. – gimió Kari.

─No, no da igual, esa cámara es tuya – el chico que la sostenía entre las manos la encendió y empezó a mirar las fotos de Kari.

─Mira que fotos tan bonitas... – giró la cámara para que T.K. pudiese ver unas fotos de Kari abrazada a otro chico. El rubio la miró sorprendido porque pensaba que Kari solo se hacía fotos así con él, no pensaba que tuviese novio ni nada por el estilo. El chico miró a T.K. con atención y se preparó para asestarle un golpe bajo –. Así que por lo que veo tu novia es bastante guarra.

T.K. incapaz de soportar ni una palabra más de aquel estúpido que había insultado a Kari le dio un puñetazo que le partió el labio. El chico soltó la cámara que se estrelló en el suelo, la castaña sollozó pero rompió a llorar cuando los otros dos chicos cogieron a T.K. de los brazos mientras el tercero que estaba sangrando sin cesar empezaba a pegarle. El primer puñetazo le cruzó la cara a T.K. y el segundo se hizo que aquel chico hundiera el puño en su estómago haciendo que se le doblasen las rodillas. Los alumnos que empezaban a llegar al instituto observaron alarmados la escena que se estaba produciendo y se apresuraron para entrar al recinto para evitar ser golpeados. Kari los miraba pidiendo ayuda a gritos mientras veía como aquellos se enzarzaban con T:K.

─Busca a... mi... hermano... – suplicó T.K. entre golpe y golpe. En un primer momento, Kari negó con a cabeza pero finalmente entró en el instituto llamando a Matt, desesperada.

Mimi y Matt estaban bajando ya al patio cuando se encontraron a una llorosa a Kari que llamaba al rubio sin cesar, buscándolo entre los estudiantes.

─¡Kari! – Mimi la rodeó con los brazos al verla así –. ¿Qué ocurre? – la chica deshizo su abrazo y cogió a Matt por el cuello de la camisa.

─¡Están pegando a T.K.! ¡Le están pegando! – chilló la castaña.

─¿Qué? ¿Dónde? – la ira despertó en los tranquilos ojos de Matt y siguió a Kari que corría hacia la puerta de salida donde un grupo de estudiantes estaba mirando con consternación como tres chicos pegaban sin cesar a T.K. que yacía en el suelo sin moverse. Matt se abrió paso violentamente entre la gente y se metió en la pelea propinando fuertes puñetazos a cualquiera de los tres que quisiese volver a pegar a su hermano.

─¡Sácalo de ahí, Mimi! – la castaña se metió sin ningún miedo entre el barullo y sacó a T.K. a rastras tirándole de los brazos. Matt tiró al suelo y se echó encima de él. Los otros dos no se atrevieron a defenderlo y huyeron abriéndose paso entre el círculo de gente.

─Dime tu nombre – le amenazó.

─Me llamo Keichi – le contestó aquel con voz temblorosa mientras alzaba los brazos para protegerse de los golpes que seguramente Matt le iba a propinar –. Lo siento, no me pegues.

─¿Tú has tenido clemencia con mi hermano? – Keichi negó con la cabeza –. ¿Por qué estás aquí?

¿Qué querías de él?

─Era un ajuste de cuentas.

─¿Con quién? – la voz de Matt era todo ira contenida.

─Con Yagami.

─Maldita sea, Tai – Matt se levantó de encima y dejó que aquel miserable se marchara, al fin y al cabo, si lo necesitaba podría encontrarlo cuando quisiera.

Mimi había sacado a T.K. de entre ese jaleo de brazos piernas con el rostro cubierto de sangre y la ropa manchada. Kari se había dejado caer de rodillas a su lado y lo había incorporado para sostenerlo entre sus brazos. La muchacha acarició el rostro malherido de su amigo manchándose con la sangre que le cubría la nariz y los labios. Sostuvo con cuidado su cabeza colocándole una mano en la nuca mientras con el otro brazo le rodeaba el cuerpo apoyando la mano en la cintura.

─Despierta... – suplicó –. Mimi... – Kari miró a la chica con una tristeza increíble reflejándose en sus ojos rubíes llenos de lágrimas. Mimi se mordió el labio inferior, le pasó una mano a T.K. por la nariz, respiraba trabajosamente. Ayudó a Kari a moverlo con cuidado y acomodarlo en el suelo. Matt apareció entre el grupo de gente y se colocó junto a Mimi que intentaba desabrochar con manos temblorosas la camisa de T.K. para ver si tenía más heridas.

─¡Que alguien llame a la enfermera! ¡Vamos!

La entrenadora miró a Tai, enfadada una vez Sora se hubo marchado.

─Volviendo a nuestra conversación de antes... Tus acciones del otro partido te traerán consecuencias, te avisé de que no te burlaras de aquellos jugadores porque no son de esos que se toman las cosas a la ligera... Eso tendrá consecuencias si no las ha tenido ya. Te estás yendo por caminos que no te convienen, tú no eres un chico prepotente no sé porque te empeñas en serlo pero espero que alguien te abra los ojos más pronto que tarde.

Tai no dijo nada, cogió su chaqueta y se marchó de allí, no tenía ganas de oír nada más. Ahora mismo, iría a hablar con los del otro instituto para zanjar el tema. Además, no tenía ganas de ver a Sora, se sentía avergonzado por el hecho de que una chica le hubiese derrotado. En ese momento, vio correr a Keichi, el jugador del otro equipo, como un desesperado por la parte de detrás del instituto. Lo siguió ajeno a lo que estaba ocurriendo en la parte delante del recinto.