Capítulo 3 – La apuesta.

Sora llegó a clase muy satisfecha de haber vencido de una manera tan aplastante al prepotente de Taichi Yagami pero se sorprendió bastante al no encontrar a su amiga Mimi ya allí. El profesor le sonrió al verla entrar y le preguntó pro la castaña pero Sora no pudo más que encogerse de hombros ya que no tenía ni la más remota idea de donde se podría haber metido su mejor amiga. La pelirroja se dirigía a su pupitre cuando su amiga interrumpió en clase con las manos y el uniforme manchadas de sangre.

El profesor dio un salto en la silla y Mimi intentó hacer que no se preocupase pero es evidente que un maestro no está acostumbrado a que una alumna vaya hacia él con sangre en las manos.

─¿Qué ha pasado? – exclamó Sora, asustada. Se acercó corriendo a su amiga pero se relajó al ver que la sangre no era suya y que estaba perfectamente bien.

─¿No te has enterado? – preguntó la castaña –. Ha habido una fuerte pelea en la puerta misma. Unos chicos de otro colegio han intentado vengarse de Tai pero han ido a por Kari. Y T.K. se ha metido en medio y le han dado una buena paliza entre los tres. Luego, Matt también se ha metido en el barullo. ¿Dónde está Taichi? – Sora y el profesor se encogieron de hombros y miraron el aula completamente vacía. Se asomaron a la ventana y vieron a todos los alumnos congregados en la puerta de entrada ávidos de cotilleos.

─Aquí no está. Tal vez aún esté en el campo de fútbol o quizá ya se haya enterado de todo.

─¿Cómo está T.K.? – preguntó el profesor a Mimi.

─Estaban llevándolo a la enfermería, Kari está muy asustada y Matt está fuera de sí.

─¿Sois amigas de Kari? – las chicas asintieron –. Está bien, iré a buscar a vuestros compañeros que al parecer no quieren dar clase. Lo mejor será que vayáis a estar con Hikari Yagami mientras aparece su hermano y vigilad que Matt no haga ninguna tontería. Y Tachikawa, si quieres puedes pedir a la entrenadora del equipo de fútbol que te deje un chándal para no ir por ahí con la ropa manchada con la sangre del joven Takaishi.

─Ahora mismo iré.

Sora acompañó a Mimi a la caseta en la que había estado hablando con la entrenadora. La mujer les abrió y le dieron un susto de muerte al ver tanta sangre de por medio. Le explicaron brevemente lo sucedido y la entrenadora les dio un chándal de los que tenía guardados para las nuevas admisiones en el equipo. Las chicas también le preguntaron por el paradero de Tai pero ella solo les pudo decir que se había marchado de allí hecho una fiera y echando pestes sobre las mujeres que jugaban al fútbol. Sora y Mimi le agradecieron su ayuda y se dirigieron al baño para que Mimi pudiera adecentarse. La castaña se lavó en las manos en la pileta dejando que la sangre se diluyera en el agua la cual adoptó un color rojizo antes de que fuese a parar al desagüe. Sora la miró.

─¿Cómo has acabado metida ahí?

─Oye, yo solo estaba con Matt

─¿Con Matt?

─Sí, cuando te has ido a realizar la prueba de fútbol y me has dejado en el patio ha llegado Matt y he estado con él en la azotea viendo como machacabas a Tai.

─¿Lo has visto? – la castaña asintió.

─Lo has hecho genial – la castaña abrazó a su amiga y Sora sonrió. ¿Qué haría ella sin Mimi?

─Por lo visto, tú también has logrado algo con Matt hoy, ¿no? – Mimi se sonrojó un tanto sin saber muy bien porqué ya que no era extraño que ella empezara a salir enseguida con chicos que acababa de conocer.

Mimi acabó de cambiarse y metió en su mochila su uniforme ensangrentado, cogió a Sora de la mano y ambas caminaron por los pasillos hasta llegar a la zona donde estaba la enfermería. Enfrente de la puerta encontraron a Kari, sentada en el suelo, con la mirada perdida en cualquier punto de la pared. Las lágrimas caían por su rostro sin cesar aunque no parecía darse cuenta de ello. Sora le acarició el cabello al tiempo que se arrodillaba a su lado y con palabra dulces intentaba hacerla reaccionar. Mimi dejó la mochila junto a la puerta de la enfermería y miró a un lado y a otro del pasillo buscando al rubio mayor.

─T.K... – Sora intentó consolar a Kari que no hacía más que pronunciar el nombre de su mejor amigo mientras apretaba fuertemente las manos. Sora colocó las suyas sobre las de Kari y ésta dejó de ejercer tanta presión con las uñas sobre las palmas de sus manos y dejó caer una pulsera de hilo al suelo. La castaña que había estado buscando a Matt con la mirada se agachó a recoger la pulserita que seguramente sería de T.K. y se la volvió a dar a Kari.

─¿Dónde está Matt, Kari? ¿Se ha ido? – la castaña de pelo corto asintió con la vista fija en la pulsera que Mimi le acababa de devolver.

─Ve a buscarlo, Mimi. Muy bien no debe estar – dijo Sora a su amiga con la mirada decidida.

─Pero Kari...

─Yo me quedaré con ella, no te preocupes. Matt también necesitará un poco de consuelo.

Mimi asintió y aceptó la sugerencia de la pelirroja y se fue a buscar a Matt. Durante unos segundos, dudó por dónde empezar a buscar pero finalmente decidió ir al lugar donde habían estado juntos esta mañana: la azotea.

Tai siguió a Keichi hasta llegar prácticamente a las puertas del instituto del otro lado de la ciudad. Cuando llevaba un buen rato persiguiéndolo, el otro chico se dio cuenta de su presencia y se giró para plantarle cara. El moreno se detuvo y se cruzó de brazos mientras fruncía el ceño. Un escalofrío recorrió la espalda de Keichi pero se sintió mejor en cuanto los dos amigos que habían ido con él a por la hermana de Yagami aparecieron a su espalda dispuestos a ofrecerle apoyo.

─¿Qué quieres Yagami? – pronunció de manera arrogante.

─¿Por qué estabas cerca de mi instituto? – preguntó Tai. La voz profunda y seca del moreno hizo que todos quisiesen temblar de miedo. Sin embargo, Keichi se armó de valor y habló.

─Te dije que me vengaría de ti por la vergüenza que nos hiciste pasar y eso he hecho. Si no me crees cuando vuelvas le preguntas a tu hermana y a su amiguito rubio.

─¿Qué le has hecho a mi hermana? – preguntó Tai amenazante, controlando la ira que estaba despertando en su interior.

─A ella nada, a su amigo.

─¿Qué le has hecho a T.K.? – preguntó Tai sabiendo que después Matt le zurraría pero bien.

─Nada solo hemos tenido una pequeña pelea.

─Cabrones...

─No te pongas así porque tú no has saldado tu deuda con nosotros.

─¿Qué demonios queréis? – uno de sus amigos le tocó el hombro y le susurró a Keichi algo al oído. Éste sonrió de oreja a oreja.

─¿Quieres que apostemos?

─Apostar ¿qué? – Keichi frunció el ceño mientras pensaba y finalmente se lo comentó.

─He recibido noticias de que una chica pelirroja, muy guapa, ha entrado en el equipo de fútbol del que eres capitán. Eso significa que ha pasado la prueba y te ha derrotado. La cosa viene aquí, si no quieres que molestemos más a tu hermana y perdonemos tu ofensa tienes que ganarte a esa chica, tienes que salir con ella. Si no lo consigues, lo pasarás realmente mal, Taichi Yagami.

─¿Qué conseguís con que yo salga con ella?

─Con eso conseguimos humillarte al hacerte salir con la única mujer que te ha ganado. Sinceramente, de esa manera le estamos dando una fuerte patada a tu gran orgullo. ¿Aceptas? - preguntó Keichi mientras se acercaba a Tai con la mano extendida para afianzar el trato. El moreno miró la mano de aquel tipo y sopesó las opciones. Por una parte, no quería utilizar a Takenouchi de esa manera pero al fin y al cabo ella le había derrotado y eso no lo iba a soportar. Y por otra parte, no iba a permitir que le hiciesen nada a Kari. Así que tras deliberar cogió la mano de Keichi y aceptó el reto de salir con Sora.

Mimi abrió la puerta de la azotea sin esfuerzo puesto que no estaba bien cerrada. Echó una mirada a su alrededor y allí encontró a Matt que estaba de pie, de espaldas a ella mirando hacia el patio donde ya se estaban dispersando los últimos alumnos que querían ver las manchas de sangre que habían quedado en la acera tras la pelea. El rubio tenía los puños apretados y a través de la camisa blanca Mimi podía ver como estaba tenso cada uno de los músculos de su espalda. Se aproximó con sigilo y aunque dudó unos segundos finalmente rodeó la cintura del mayor de los Ishida con los brazos apoyando la mano en su espalda. Matt no dijo nada pero su expresión de enfado cambió a una de ternura ante el cálido gesto de la muchacha. El chico le acarició la mano con la yema de los dedos y fue recuperando la compostura poco a poco, respirando profundamente calmando sus alterados nervios y sus terribles pensamientos.

Mimi podía sentir como aquel chico que parecía de hielo y carente de emociones se iba relajando poco a poco transmitiéndole también a ella esa paz. La chica inspiró su olor apretando el rostro contra su espalda mientras estrechaba el abrazo en torno a su cintura.

Matt abrió la boca y susurró:

─Gracias –Sin embargo, lo dijo tan bajito que Mimi dudó de haberlo oído pero no le preguntó. No quería estropear aquel maravilloso momento. Matt suspiró parecía que con aquella chica estaba estableciendo una extraña y alucinante conexión. Aquella chica a la que no conocía de nada pero a la que quería conocerla por completo. Deshizo el abrazo de la joven, se dio la vuelta y la abrazó ocultando el rostro en su pelo con un estremecimiento. En ese suspiro. Mimi pudo sentir toda la preocupación del joven por su hermano pero ella una vez más no dijo nada y se limitó a abrazarlo acariciando su espalda con las manos.

Tai llegó al colegio un rato después, cabizbajo y cuando se dirigió a la enfermería se encontró con que su hermana estaba sentada en el suelo junto a Sora con la cabeza apoyada en el hombro de la pelirroja, con los ojos cerrados y las mejillas bañadas en lágrimas. Sora levantó la mirada hacia él y le lanzó un silencioso reproche. El moreno ante eso, se limitó a girar sobre sus propios talones y marcharse de allí tal y como había llegado. Sabía que en esos momentos sería completamente imposible hablar con su hermana menor y menos con Matt que tendría unas ganas tremendas de devolverle cada uno de los golpes que había recibido T.K. Sin embargo, al girar la esquina se encontró con Matt que llegaba por el pasillo acompañado de Mimi. Matt se detuvo ante el moreno.

─¿Has ido a arreglar toda esta mierda? – lo dijo con amargura pero sin ningún tipo de reproche en su tono de voz. Mimi se sorprendió de que Matt hubiese perdonado así como así a Tai.

─Sí, ya está. Luego te contaré lo que ha pasado. ¿Cómo está T.K.?

─Aún no he podido verle porque la enfermera está curándole, estaba bastante jodido, Tai. Espero que esto no vuelva a pasar – Tai abrazó a su amigo.

─Descuida que no volverá a ocurrir. Te lo prometo, Matt. – Matt asintió y correspondió al abrazo de su amigo. Sin embargo, cuando se separaron le propinó un buen puñetazo en la mandíbula con una media sonrisa dibujada en el rostro – ¿Ya estamos en paz?

Matt le cogió la mano y asintió. Mimi observó la escena, anonadada. Vio marchar a Tai y siguió a Matt hacia la enfermería.

Sora vio llegar a Matt y a Mimi cogidos de la mano. Éstos al sentir la mirada de Sora se soltaron las manos con un leve sonrojo en las mejillas. Matt se acercó a la puerta de la enfermería y durante unos segundos dudó en llamar pero finalmente tocó la puerta con los nudillos. La enfermera entreabrió la puerta y con una sonrisa le hizo pasar.

Kari se levantó pero la enfermera cerró la puerta en cuanto Matt entró, dejando a las tres chicas fuera. Sora cogió a la castaña por los hombros.

─Enseguida podrás verle, Kari – le dijo Sora. Mimi le tomó la mano a su amiga.

Matt entró en la pequeña enfermería y la enfermera descorrió una de las cortinas que brindaban un poco de intimidad a los que estaban en las diversas camas. T.K. ladeó la cabeza y le dedicó a su hermano una sonrisa un tanto torcida debido al corte del labio. Matt se sentó a su lado y le acarició el pelo.

─¿Cómo te encuentras? – preguntó en voz baja.

─Bueno, me duele todo... – contestó el menor intentando sonreír con tal de aliviar el aura de tensión que reinaba en torno a su hermano –. Estoy bien...

─No volverá a pasarte nada, te lo prometo.

─Hermano, ¿y Kari? – Matt se mordió el labio inferior pero finalmente habló:

─Está fuera pero está un poco conmocionada –los ojos de T.K. reflejaron tristeza pero no dijo nada. Matt le acarició el pelo a su hermano una vez más –.Voy a clase, ¿quieres que te acompañe a casa en un segundo?

─Tranquilo, estoy bien. Creo que incluso iré a clase.

─No deberías. Márchate a casa.

─Quiero ver a Kari.

─Luego la verás, ahora necesitas irte a casa y descansar. Recoge tus cosas – T.K. asintió y empezó a ponerse la camisa ensangrentada.

Sora y Mimi se llevaron a Kari de allí y la bajaron al patio para que se lavase la cara en una de las fuentes. La chica arrastró los pies hasta allí y apretó el grifo para que saliese el agua fría. Le dio a Sora la pulserita que llevaba en la mano y metió las manos en el agua para lavarse bien la cara para limpiarse bien el rostro y borrar las lágrimas y la tristeza de sus ojos.

Ninguna de las tres vio a T.K. después y eso provocó que Kari se pasara toda la mañana completamente distraída pensando en él, en su estado. Al final de las clases, cuando salían del instituto, Sora y Mimi vieron que Matt estaba allí en la puerta, las miró y ellas se acercaron.

─¿Cómo está T.K.?

─Bien, le he acompañado a casa... –Matt parecía abatido y su uniforme presentaba manchas de sangre. Miró a Mimi que iba vestida con el chándal y se fijó en que en una bolsa ella llevaba su propio uniforme también ensangrentado –. ¿Nos vamos?

─Sí. Kari me ha dicho que ha llamado a su madre para que venga a por ella –. Las dos chicas junto con Matt abandonaron el recinto. El rubio las acompañó hasta su casa y Sora se apresuró a dirigirse a su apartamento dejando solos a Mimi y a Matt. La castaña bajó la cabeza ante la inquisitiva mirada que le estaba dirigiendo él pero Matt le tocó el brazo con la mano, con cierta indecisión. Ella lo miró a los ojos. Matt tardó unos segundos en hablar.

─No sé si he tenido la oportunidad de darte las gracias... –dijo en un susurro mirando fijamente un punto perdido en el suelo. Mimi sonrió, la verdad es que el primer día le pareció que Matt era similar a un témpano de hielo que jamás dejaría traslucir sus sentimientos pero parecía que en el fondo hasta las personas como él necesitan transmitirlo en algunas ocasiones.

─No se merecen, ayudar nunca supone un esfuerzo –contestó Mimi con una sonrisa mientras frotaba el brazo de Matt con la mano. Aquel gesto amistoso relajó al rubio que volvió a mirar a la chica a la que dedicó una media sonrisa que dejó a Mimi embobada aunque se apresuró a sacudir la cabeza y borrar aquella mueca tonta de su rostro. Matt se despidió de ella con brevedad y se marchó saludándola una última vez con la mano antes de dar la vuelta a la esquina. Mimi corrió como alma que lleva el diablo hasta el apartamento, entró como un torbellino y fue a la habitación de Sora donde ésta se estaba cambiando de ropa. Mimi se tiró en la cama y hundió la cabeza en la almohada ahogando en ella un gran grito de alegría.

─¡¿Cómo puede ser tan condenadamente guapo?! –Sora estalló en carcajadas y Mimi se sonrojó de pies a cabeza mientras reía también.

─Vas muy lanzada con Matt, ¿no?

─Pues no lo sé, pero hasta ahora las circunstancias han hecho que pasemos mucho tiempo juntos. Sora, es que es tan...

─¿Guapo? –colaboró la pelirroja.

─No, quiero decir que es tan misterioso, es tan frío pero a la vez puede transmitirte una sensación de calidez...

─Lo que estás diciendo es un poco contradictorio, ¿sabes?

─Lo sé, pero es lo que siento. Y si le hubieras visto la cara cuando estaba con su hermano. Había preocupación y mucha ternura aunque solo se lo he visto durante unos segundos luego ha vuelto a ponerse una máscara sobre sus sentimientos.

Sora se quedó pensando y no dijo nada más, no conocía aún a Matt como para haberse dado cuenta de ciertos detalles. Se cambió y se puso un chándal, después de un día tan sumamente estresante necesitaba salir a correr con la música a todo volumen llenando sus oídos. Mimi, por su parte, seguramente se pasaría lo que quedaba de la tarde en su habitación suspirando por Matt.

Su pelo se balanceaba con gracia a cada paso que daba, a cada zancada. Su agitada respiración iba al compás de esos pasos y la música que salía de un ipod a través de unos auriculares la acompañaba en su camino. Cuando llevaba un rato y sentía ya la boca seca, se detuvo en un parque en el que seguramente habría una fuente donde poder calmar su sed y un lugar donde realizar unos pocos estiramientos. La fuente no tardó en encontrarla y bebió despacio unos cuantos tragos.

─Sora, Sora... –aquella voz casi le hizo escupir toda el agua que había tragado de golpe. Se apartó de la fuente y miró a aquel chico moreno que con un balón en los brazos la miraba con una sonrisa de suficiencia.

─¿Qué quieres de mí, Yagami? Y por favor, no me llames por el nombre de pila.

─¿Por qué no? Y yo que venía en son de paz. Oye, sé que hemos empezado con mal pie pero me gustaría volver a empezar.

─No me vengas con tonterías... –Sora intentó pasar por su lado pero él alzó el brazo y la detuvo. Puso una mirada suplicante, de cachorrito abandonado y Sora suspiró alzando una ceja –. Si acepto a empezar de cero, ¿me dejarás en paz?

─No lo creo, pero puedes intentarlo... –dijo Tai guiñando un ojo a la pelirroja.

─Está bien – dijo Sora resignándose, nunca le había gustado estar a malas con nadie aunque fuera con ese chico prepotente y con aires de superioridad.

─Ahora, ¿quieres jugar al fútbol conmigo?

─¿Por qué? ¿Quieres la revancha, Yagami?

─Llámame Tai, Sora. Por favor – Sora resopló y asintió con la cabeza. Tai esbozó una gran sonrisa que mostraba una larga hilera de dientes muy blancos.

La joven lo siguió hasta el césped y allí se colocaron uno frente al otro. Tai dejó caer la pelota al suelo entre los dos y el juego dio comienzo. Técnicamente, Sora presentaba una clara ventaja frente a Tai pero el joven tenía mucha más fuerza y agilidad. Los regates, los driblajes, las jugadas de cada uno de ellos se sucedían una tras otra y eso hizo que un pequeño corro de gente se quedara mirando como aquellos dos jóvenes competían por ser los amos del balón. Finalmente, un fallo en la estrategia de Tai hizo que Sora se quedara con el esférico. El joven frunció el ceño pero al final dibujó una sonrisa aunque en su fuero interno estaba maldiciendo a esa pelirroja que lo había derrotado dos veces en un mismo día. Sora golpeó el balón con la punta del pie, lo alzó en el aire y lo atrapó entre las manos. Después, se lo dio a Tai y se pasó una mano por la frente perlada de sudor. La gente empezó a disiparse a su alrededor al ver que ya habían dejado de jugar.

─Te he ganado dos veces en un día, ¿no tienes bastante?

─Nunca tendré suficiente hasta que te gane –respondió él con una sonrisa –. Vamos, es tarde. Te acompañaré a casa.

Sora aceptó que Tai la acompañase, en cuanto llegaron al apartamento Sora se detuvo.

─Gracias por acompañarme.

─Gracias por darme una segunda oportunidad –. Sora sonrió y lo miró a los ojos.

─Cuando quieras vuelvo a ganarte.

─Entonces, mañana a la misma hora.

─¿Quieres volver a morder el polvo?

─Tranquila que no pasará.

─Menos mal que jugamos en el mismo equipo – Tai sonrió, alzó la mano y le apartó un mechón de a frente.

─Hasta mañana –dijo sonriendo antes de marcharse con el balón rodando entre los pies.

Sora lo vio alearse y pensó que al fin y al cabo Tai no parecía ser tan mal chico como le había parecido. Por otra parte, Tai pensó que ya tenía su apuesta prácticamente ganada antes de empezar, engañar a Sora iba a ser tremendamente fácil. Lo que no sabía era que al pensar eso se estaba engañando a sí mismo.

La historia está corregida de pies a cabeza y hay añadidos algunos fragmentos. Sinceramente, necesitaba estas mejoras.