Aquí estoy de vuelta, repito, la historia y los personajes no son míos.

…..

Capítulo 3

-Propietaria y directora de Babe Daze… Que Dios nos pille confesados. ¡Trabaja en una guardería!

Natsu se quedó momentáneamente aturdido al leer la tarjeta de visita que Lucy Heartfillia le había entregado después de la subasta. En su momento no le había prestado atención, pero ahora, habiendo decidido que no podía esperar hasta el sábado para volver a verla, había recurrido a la tarjeta para averiguar su número de teléfono y había descubierto cómo se ganaba la vida.

Encargada de una guardería…

Natsu tenía una lista de cosas a evitar a toda costa, y los niños pequeños estaban dos puestos por debajo de los maridos celosos y tres pasos por encima de los caniches que se ponían a ladrar como locos cuando alguien se agachaba para acariciarlos.

-Y ella trabaja con niños, nada menos.

Razón de más para llamarla y decirle que se había pasado un poco de la raya al insistir en un fin de semana en una granja, en vez de limitarse a la cena que él le había ofrecido gustosamente y que era el único fin de aquella subasta.

Llamarla para discutir era sólo una excusa, y lo sabía. El verdadero objetivo era llamarla, sin más. Desde que se separaron la noche anterior no había dejado de pensar en lo mucho que le gustaba tenerla entre sus brazos.

Pero… ¿y los críos?

Por ahí no estaba dispuesto a pasar.

Y sin embargo, a las dos de tarde estaba marcando el número de Lucy Heartfillia. Seguramente los niños estaban durmiendo la siesta a esa hora.

Ojalá.

Cuando Lucy respondió al tercer tono y Natsu oyó los llantos de fondo, supo que se había equivocado en sus suposiciones.

-¿Sí?-preguntó ella, sin aliento y aparentemente irritada-. ¿Diga?

Natsu carraspeó antes de responder.

-Lo siento. Te he pillado en mal momento.

-¿Natsu?-gritó ella, como si se hubiera llevado la sorpresa de su vida-. Quiero decir… ¿Señor Dragneel?

-Natsu, por favor.

-Eres tú… Vaya.

Chillidos, gimoteos, alaridos…

-Creo que debería llamar en otro momento.

-Sí, será mejor. Quiero decir… normalmente no respondo al teléfono en el trabajo, pero resulta que lo tenía en el bolsillo y lo oí sonar… No, cariño.

¿Cariño?

-¿Cómo?

-Lo siento. No te lo decía a ti, sino al pequeño caníbal que está intentando morderme la oreja.

A él sí que le gustaría morderle la oreja. De repente sintió envidia de aquel crío chillón al que Lucy tenía supuestamente en brazos… y no porque él quisiera tener uno. Su hermanastra ya se valía por sí sola para llenar la casa familiar de pequeños Dragneel. Natsu estaba convencido de que su padre estaría dispuesto a sobornar a cualquier futuro marido para que los vástagos llevaran el apellido de la familia.

-No… no esperaba recibir noticias tuyas tan pronto.

-Pensé que debíamos hablar del fin de semana.

Oyó cómo ahogaba un gemido y casi pudo sentir su pánico.

-Te has echado atrás.

Demasiado pesimista para ser tan joven y guapa.

-Pues claro que no. Sólo quería un poco más de información sobre lo que me espera. Aparte de las vacas.

-No tendrás ni que acercarte a las vacas. Ni siquiera a los establos. Apenas tenemos ganado, salvo unos cuantos caballos. ¿Te gusta montar? Oh, y también hay ovejas, pero están en los pastos.

Establos. Ovejas… Natsu había visto tantas en los primeros veintiún años de su vida, que por un momento se preguntó qué lo había llevado a aceptar.

Sus ojos, naturalmente. Sus ojos, y su cuello, y sus cabellos dorados, y sus labios carnosos, y las curvas de su cuerpo, y la sensación que le provocaba tenerla entre sus brazos…

-Oye, por aquí hay mucho jaleo-dijo ella. Parecía que estuviera a punto de soltar el teléfono mientras le murmuraba algo al crío-. ¿Puedes volver a llamarme después de las seis?

-¿Qué te parece si te recojo después de las seis y vamos a tomar algo?

Más gritos y una especie de ronroneo, como una gatita al recibir caricias. No debía de provenir de Lucy, aunque a Natsu no le importaría acariciarla…

Tal y como se había temido, no había podido sacársela de la cabeza en toda la noche. Una y otra vez había intentado evocar su olor, su sabor, cada palabra que habían intercambiado, las curvas que se ocultaban bajo la seda amarilla…

Sí, le encantaría tocarla hasta hacerla ronronear. Cuando y donde a ella más le gustara.

Aquel deseo desmedido por una mujer a la que apenas conocía debería haber bastado para evitarla. La razón lo acuciaba a mantener las distancias hasta que tuviera que cumplir su promesa. Pero en vez de eso allí estaba, con el teléfono en la mano, esperando a que ella aceptara su invitación para verse aquella noche. Nunca en su vida se había sentido tan inseguro y vulnerable con una mujer. Jamás se permitía intimar con alguien que no conociera las reglas del juego desde el principio.

Las aventuras pasajeras eran el único tipo de relaciones que entendía. Las verdaderas y permanentes no formaban parte de su vocabulario desde hacía mucho, mucho tiempo.

Una relación estable era lo único que podría tener con alguien como Lucy Heartfillia. Pero para él era algo imposible. Normalmente no era tan egoísta como para aprovechar una oportunidad y olvidarse de las consecuencias. Pero entonces, ¿por qué estaba deseando hacerlo ahora? ¿Por qué se arriesgaba a hacerle daño a Lucy, o a sí mismo, al implicarse con una mujer normal y atractiva quien nunca podría comprender su forma de ser?

No tenía ni idea. Sólo sabía que no podía resistirse. Estaba tan impaciente por volver a verla que esperó su respuesta con la respiración contenida.

Finalmente, ella volvió a hablar.

-Eso estaría muy bien… vernos para hablar-dudó un momento antes de añadir-: Te puse contra la espada y la pared al pedirte que me acompañaras a la granja de mis padres.

-Cierto.

-Lo siento-dijo, pero enseguida pareció pensárselo mejor-. La verdad es que no, no lo siento. Realmente te necesitaba.

Lo necesitaba… No sólo lo deseaba. Por alguna razón inexplicable, a Natsu se le aceleró el pulso.

Las mujeres lo deseaban. Pero ¿necesitarlo? Aquello sí que era una novedad.

-No sé de qué estás hablando-replicó-. Pero tengo la sensación de que esta noche me lo explicarás todo.

-Desde luego que lo haré. Vamos a quedar en algún sitio, ¿de acuerdo? Te lo dejaré todo bien claro y luego podrás decidir si estás o no dispuesto a acompañarme.

Para muchas mujeres, las normas básicas de seguridad exigían que se citaran en algún sitio en vez de que él fuera a recogerla. Natsu dio su aprobación y esperó a que ella fijara el lugar.

-¿Sabes Lucy? No creo que nada de lo que tengas que decirme pueda hacerme cambiar de opinión, ni siquiera las vacas y ovejas.

Estaba más que dispuesto a llegar a donde hiciera falta con tal de explorar la atracción que ardía entre ellos… y averiguar hasta qué punto Lucy lo necesitaba.

-Deberías esperar a escucharme antes de decir eso -le advirtió ella.

-Muy bien. Esta noche podrás decirme dónde me estoy metiendo y seguiremos avanzando a partir de ahí.

Y con un poco de suerte, seguirían avanzando hasta la cama…

Lucy no tenía la menor intención de contarle toda la historia a Natsu Dragneel. Le contaría lo suficiente y le dejaría claro que no podía presentarse en la fiesta de su familia sin un acompañante. Tal vez intentara explicarle la razón, aunque dudaba de que Natsu comprendiera lo grave que era la situación hasta que no hubiera conocido a su familia.

Pero no entraría en detalles sobre su relación con Loke. Era un episodio demasiado humillante y no estaba preparada para hablar de ello.

Por suerte, sólo Levy sabía que Lucy había estado saliendo con el padre de uno de los niños de la guardería… infringiendo la regla que ella misma se había impuesto para no intimar con los clientes.

Lucy sabía por experiencia que las trabajadoras más jóvenes y guapas de las guarderías podían enamorarse muy fácilmente de los padres apuestos y adinerados que de vez en cuando iban a recoger a sus hijos. En la primera guardería de Chicago donde había trabajado, una de sus colegas había acabado en medio de un escándalo de divorcio que casi había arruinado su reputación profesional para siempre. De modo que, cuando Lucy abrió su propio centro tres años atrás, la prohibición de confraternizar con los clientes se convirtió en la norma más importante de su política.

Y sin embargo la había quebrantado.

Que lo hubiera hecho inconscientemente no era ninguna excusa. Debería haber visto más allá del encanto y las mentiras de Loke, quien había resultado muy convincente a la hora de ocultar su vida privada. Su mujer, una enfermera con una apretada agenda laboral, según descubrió más tarde, no había visitado la guardería ni una sola vez. Ni para la entrevista inicial, ni para dejar o recoger a su hijo ni para participar en ninguna de las actividades programadas. Por tanto, a Lucy le había resultado muy fácil creer a Loke cuando le dijo que estaba divorciado y que se encargaba él solo de criar a su precioso hijo de dos años.

Y así fue hasta el mes pasado, seis semanas después de que Loke hubiera empezado a llevar al pequeño a la guardería, cuando su «ex mujer» irrumpió en el despacho de Lucy y la acusó de estar acostándose con su marido.

De todos los momentos de su vida que le gustaría olvidar, aquél era sin duda el peor de todos. Gracias a Dios era tarde y el centro estaba vacío, a excepción de Levy y ella.

El único atisbo de dignidad lo tuvo al negar, con toda sinceridad, que se hubiera acostado con Loke. No fue un gran consuelo, teniendo en cuenta que habían estado saliendo juntos y compartiendo ciertas intimidades. Pero al menos era algo.

-Ya basta-se susurró a sí misma.

Los recuerdos le atronaban en la cabeza. Hizo un esfuerzo por olvidarlos e intentó concentrarse en lo que iba a decirle a Natsu, quien llegaría de un momento a otro. Ella había llegado a las cinco y media. Estaba tan nerviosa por la cita, que había salido más temprano del trabajo, dejando a su ayudante a cargo de cerrarlo todo.

No era propio de ella. Pero tampoco lo era dilapidar sus ahorros en una cita con un desconocido.

-No es sólo una cita-se recordó. La cantidad que había desembolsado merecería la pena si Natsu la ayudaba a ocultarle a su familia la patética verdad sobre su vida amorosa. Y, a ser posible, a que durante unos meses dejaran de recordarle su estado de soltera.

-¿Hablando sola?

Lucy se preguntó cuántos espejos había debido de romper en los últimos siete años para tener tan mala suerte. Levantó la mirada y vio a Natsu Dragneel de pie junto a su mesa. La cita no podría haber comenzado peor… La había sorprendido hablando consigo misma mientras se tomaba una copa de vino en un rincón oscuro del bar.

Y para rematarlo… acababa de darse cuenta de que su uniforme azul de la guardería tenía una mancha de pintura roja en la camisa y algo que parecía saliva seca en la manga.

Lamentable.

-Hola.

-Hola-respondió él con expresión divertida, como si le hubiera leído el pensamiento.

Y seguramente seguiría leyéndoselo mientras ella lo miraba de arriba abajo y se preguntaba cómo demonios iba a convencer a nadie de que estaba saliendo con alguien tan arrebatadoramente guapo. Los hombres como Natsu ni siquiera conocían la existencia de lugares como Green Springs, y mucho menos se emparejaban con chicas como ella.

Su aspecto no hacía sino confirmarlo. A pesar de ir con ropa informal, seguía pareciendo demasiado sexy para ella. Llevaba unos vaqueros desteñidos que se ceñían a sus esbeltas caderas y a otros bultos de su cuerpo… como el que Lucy, desde su posición, tenía casi enfrente de sus ojos.

Se removió ligeramente en el banco y al hacerlo cobró conciencia del roce de la madera contra sus nalgas y sus muslos.

Tomó aire lentamente y se obligó a levantar la mirada por encima de la cintura de Natsu. Llevaba una camisa blanca, arremangada y con el cuello desabrochado. Sus antebrazos eran fuertes y musculosos y estaban cubiertos por una ligera capa de vello oscuro. Era lógico que estuviera en tan buena forma física, pensó Lucy, si se pasaba la mayor parte del tiempo salvando vidas humanas.

Aquella noche parecía la antítesis del hombre elegante y sofisticado al que había conocido en la subasta. Pero su carisma personal, su media sonrisa y el brillo de sus ojos revelaban la sensualidad innata que ardía en sus genes. No importaba la ropa que llevase.

Lucy tomó un sorbo de vino mientras él se sentaba frente a ella.

-Discúlpame si te he hecho esperar. No vengo mucho por esta zona cuando estoy en Chicago.

-¿No vives aquí?

-Normalmente no.

Interesante respuesta.

-¿Y dónde vives… normalmente?

Él hizo un gesto con la mano como si quisiera eludir el tema.

-Es difícil de explicar.

-Para un fugitivo huyendo de la justicia, tal vez. Para las personas normales es algo muy fácil de explicar, diría yo.

-No soy exactamente… una persona normal.

Sin duda.

-Pero lo que importa no es mi dirección, ¿verdad? —añadió rápidamente—. Lo que importa es dónde voy a estar el fin de semana.

-Sólo este fin de semana… —murmuró ella sin pensar.

Natsu asintió. El tono de su voz siguió siendo cordial, pero su sonrisa flaqueó un poco.

-Así es, Lucy. Un fin de semana, tan sólo. El lunes me marcharé de Chicago.

Lucy entendía lo que le estaba diciendo y lo que se estaba callando. Al menos no le estaba haciendo promesas vacías. Simplemente le estaba exponiendo las condiciones, todo lo que podía ofrecerle y lo que ella podía esperar de él.

Ni siquiera necesitaba añadir: «lo tomas o lo dejas», porque era obvio que Lucy iba a aceptarlo. Aún no sabía cuánto recibiría, pero al menos conocía las reglas y podía decidir si el fin de semana acabaría en su puerta cuando volvieran de casa de sus padres el domingo por la tarde…

O en su cama, por la noche.

-Lo entiendo-respondió finalmente, obligándose a adoptar una actitud despreocupada ante el acuerdo tácito al que habían llegado-. Sólo durante el fin de semana.

-Muy bien-dijo él, pero, por alguna extraña razón, no parecía sentirse del todo cómodo con la aceptación de Lucy-. Ahora tenemos que decidir cómo vamos a pasarlo.

Lo pasarían representando una farsa, pero no parecía la mejor manera de iniciar una conversación.

-¿Dónde vives?-le preguntó Natsu.

-Tengo un apartamento en Lincoln Park. No muy lejos de la guardería donde trabajo.

-¿Vives sola? ¿Tienes compañeros de piso?

Lucy sabía que estaba intentando sonsacarle más información personal, incluso tanteando su vida amorosa. Pero ella no iba a contarle nada de su pasado.

-Sólo yo y Happy.

La mandíbula de Natsu se puso visiblemente rígida.

-¿Quién es Happy?

-Mi gato-explicó ella con una risita-. Vendrá con nosotros a la granja. Espero que no te importe.

-Soy alérgico.

Oh, no.

-Tranquila, sólo estaba bromeando-se apresuró a aclarar él cuando vio la mueca de pánico de Lucy-. Es muy fácil tomarte el pelo, ¿lo sabías?

-Te advertí de cuáles podrían ser las consecuencias… -le recordó ella, pero no pudo evitar una carcajada. Era un hombre encantador, incluso cuando se burlaba de ella. Divertido, afable, provocador… pero sin perder en ningún momento los modales. Sus bromas resultaban deliciosas con su peculiar acento.

Nunca había conocido a nadie como él. Y ella lo deseaba con una desesperación que nunca había sentido. El deseo que crecía en su interior era tan intenso, que casi la hacía estremecerse.

Ella, Lucy Heartfillia, cuyos hermanos habían puesto precio a la cabeza de cualquier chico que se atreviera a pensar en desvirgarla en el instituto, estaba ardiendo de deseo por el hombre que tenía enfrente. Y las cosas que quería hacer con él sobrepasaban las fantasías más atrevidas de sus antiguos compañeros de clase.

-Quizá debería conocer a Happy antes de meternos juntos en un coche-parecía sugerirlo en serio, a pesar de su maliciosa sonrisa-. Podrías invitarme a tu casa.

Oh, desde luego. Eso sería una idea genial. En cuanto hubiera cerrado la puerta tras él, se inventaría cualquier excusa para quitarse la ropa… que estaba salpicada de ácido o algo así. Y luego buscaría otra razón igualmente convincente para arrojarse desnuda en sus brazos.

Bastaría con decirle la verdad. Se sentía tan atraída por él, que no podía evitarlo.

Demasiado pronto. Lucy nunca actuaba por impulso ni sucumbía a las primeras de cambio a la atracción física. Gracias a ello había salvado su reputación con Loke, y ahora no iba a cuestionar su buen criterio por acostarse con un hombre al que sólo hacía veinticuatro horas que conocía.

Pero, ¿lo haría el domingo? Aún quedaban seis días por delante… Tiempo suficiente para pensarlo.

-¿Quieres tomar algo?-le preguntó, sin molestarse en responder a la sugerencia de acompañarla a casa.

Él asintió. No intentó insistir en el tema y le pidió una cerveza a la camarera. Una bebida muy apropiada para una boca irlandesa.

Una boca irlandesa muy… apetecible.

Sólo de pensar en los besos de la noche anterior quiso hundirse en el asiento a revivirlos en su cabeza y fantasear con los siguientes.

-Te has quedado muy callada, Lucy-dijo él con voz suave y sedosa.

Ella sacudió bruscamente la cabeza al darse cuenta de que lo estaba mirando.

-Lo siento.

-¿Te han dicho alguna vez que eres muy transparente?-definitivamente era capaz de leer sus pensamientos-. No creo que tengas ni una pizca de falsedad en ese cuerpo tan bonito…

Lucy hizo caso omiso del placer que se propagaba por su cuerpo no tan bonito y adoptó un aire más fanfarrón, aun sabiendo que resultaría menos creíble que su gato Happy con un patinete.

-No sé de lo que estás hablando.

Él sonrió, pero en ese momento le sirvieron la cerveza y no hizo más comentarios. Dio un largo trago y puso una mueca de desagrado mientras dejaba el vaso en la mesa.

-¿No te gusta?

-El sabor se pierde con cada kilómetro que la alejan de Dublin, sobre todo si el camarero la tira demasiado rápido.

-Así que eres de Irlanda… No sólo tienes ascendencia irlandesa.

-Nací en San Francisco. Mi madre es estadounidense, pero después del divorcio mi padre me llevó a Irlanda, siendo yo muy pequeño-su cuerpo pareció ponerse tenso, a pesar de que su tono seguía siendo natural-. Y eso es lo único que voy a contar al respecto.

-Lo siento-se disculpó ella. Sabía reconocer un tema delicado.

Tal vez Natsu también tuviera problemas familiares y no fuera ella la única que procedía de un clan numeroso y tradicional. A veces tenía esa impresión, viendo las reacciones de sus amistades en Chicago. Casi todas se divertían escuchando las historias de su infancia y la trataban como si fuera una especie de refugiada o como si perteneciera a otra época.

Lucy tomó un cacahuete del cuenco que la camarera había dejado en la mesa y se lo llevó a la boca.

-Supongo que querrás saber más sobre el fin de semana.

-Así es.

-Para que puedas decidir si quieres echarte atrás.

-No voy a echarme atrás. Anoche te dije que estaba dispuesto a acompañarte.

-Pero yo creía que querías quedar conmigo para hablar del asunto.

Él alargó el brazo sobre la mesa y le acarició el dorso de la mano con la punta de sus dedos.

-Hemos quedado porque no podía esperar cuatro días más para volver a verte.

Cielos… Eso sí que era hablar claro. Sus palabras alcanzaron el corazón de Lucy, su estómago y otras zonas de su cuerpo… Apretó los muslos bajo la mesa y los juntó con fuerza, sintiendo la costura de sus pantalones.

-Ya que estamos aquí, podrías ilustrarme un poco más-dijo él. Sonrió y apartó la mirada al tiempo que retiraba la mano-. Aunque me parece que puedo imaginarlo.

-¿Ah, sí?-preguntó ella en tono desafiante.

Él ladeó la cabeza y estuvo pensando unos segundos.

-¿Se trata de una reunión con tus compañeros de instituto y tú eres la última reina del baile que permanece soltera?

Ella puso una mueca.

-Nunca fui la reina del baile-en todo caso, la reina lechera. Pero no quería volver a hablar de las vacas hasta que no fuera absolutamente necesario.

Natsu volvió a probar.

-¿Tu ex novio va a casarse y no quieres ir sola a su boda?

-El único novio que tuve en el pueblo no puede contraer matrimonio legalmente, al menos no en este estado. Aunque él y su… pareja parecen muy felices.

Natsu soltó una carcajada.

-En el instituto buscaba la compañía de los chicos dulces y sensibles… principalmente para rebelarme contra mis hermanos, bestias, pendencieros y obsesionados con el fútbol.

-¿Hermanos? ¿Mayores, menores…?

-Dos mayores, uno menor. Todos igualmente duros de mollera. Ninguna hermana.

-¿Has dicho «fútbol»? Es como una versión descafeinada del rugby, ¿no?

Lucy sonrió. Cada vez estaba más impaciente por presentarles a aquel hombre a sus hermanos.

-Más o menos.

Él resopló con desdén.

-Creo que me hago una idea.

-¿Qué idea?

-Tu idea. Lucy Heartfillia, tan desesperada por conseguir un acompañante para el fin de semana que no le importa comprar uno-levantó las manos y empezó a contar con los dedos-. Eres muy hermosa pero estás soltera. Has tenido pocas relaciones en tu vida, eres de un pueblo pequeño y tienes unos hermanos autoritarios y entrometidos.

El calificativo de «muy hermosa» le gustó, aunque su primer instinto fue negarlo. Era bonita, sí, pero ni mucho menos despampanante.

Fuera como fuera. Natsu no esperó su confirmación y siguió hablando.

-Así que te gastas una fortuna para ir acompañada de un hombre a una reunión familiar. De esa manera tus hermanos no se burlarán de ti, tus padres no se llevarán una decepción y nadie te compadecerá ni te echará nada en cara, como hacían antes de que te fueras. ¿Me equivocó?

Lucy se quedó boquiabierta. Menos mal que no se había metido otro cacahuete en la boca, porque se le habría caído a la mesa.

-¿Cómo demonios…?

-No es una historia muy original, que digamos-dijo él-. Te sorprendería el número de veces que la he oído.

Lucy se preguntó si realmente era tan fácil de leer. ¿La vería solamente como la chica de pueblo con la camisa manchada de saliva y desesperada por complacer a su familia? ¿La volvería a ver alguna vez como la desconocida con el vestido amarillo que se había comprado expresamente para la subasta?

Natsu volvió a leerle el pensamiento y se inclinó hacia delante, apoyando los brazos en la mesa.

-No.

-¿No qué?

-No empieces con esa tontería de que no podemos pasar por una pareja —tragó saliva y los músculos del cuello se flexionaron visiblemente-. Porque si lo único que hace falta para demostrar que lo somos es atracción física… y deseo… todo tu pueblo se quedará completamente convencido-bajó la mirada a su boca y apretó la mandíbula-. Verán cómo te miro y sabrán lo mucho que te deseo.

Los labios de Lucy se abrieron involuntariamente en busca de oxígeno. De repente le faltaba el aire y el pulso le latía a un ritmo cuatro veces superior al normal.

-Y también verán cómo me deseas tú a mí… Pensarán que somos amantes y que si estamos nerviosos se debe a que nos vemos obligados a comportarnos debidamente delante de tu familia. Pero se imaginarán que nos estaremos arrancando la ropa el uno al otro en cuanto tengamos intimidad.

Lucy ahogó un fuerte gemido. Necesitaba que le arrancara la ropa en aquel momento. Cada vez le resultaba más ceñida e incómoda, y los pezones le rozaban dolorosamente contra el sujetador y la camisa.

-Nadie sospechará nada, Lucy. Te lo garantizo.

Ella también había empezado a inclinarse sobre la mesa, atraída por la fuerza magnética de sus palabras. No podía pensar ni decir nada, y no protestó cuando Natsu levantó la mano y la deslizó entre sus cabellos. La sujetó por la nuca y tiró de ella hasta que sus labios entraron en contacto.

Lucy cerró los ojos mientras sus bocas se abrían. El calor de su lengua contra la suya la hizo estremecerse. Una vez más volvía a estar besando a Natsu en público, sin importarle lo más mínimo que estuvieran rodeados por desconocidos mientras él le introducía la lengua en su boca.

¿A qué mujer podría importarle?

Finalmente, después de que el beso la hubiera dejado sin aliento y sin el menor pudor, Natsu la soltó y se echó hacia atrás para retomar la conversación con toda naturalidad, como si no acabara de sacudir los pilares de su existencia.

-Y ahora, ni se te ocurra intentar convencerte de lo contrario-dijo, apartando la mirada y tomando otro trago de cerveza.

Lucy vio cómo una gota se derramaba del vaso y se dio cuenta de que él tampoco tenía todo el control. Simplemente se le daba mejor que a ella ocultar sus reacciones.

-No te vale la excusa de que no hacemos buena pareja-añadió después de dejar la cerveza-. Y no hay nada malo en querer hacer algo para que tu familia te deje en paz… sobre todo porque tu vida no es asunto suyo. Así que deja de angustiarte por nada.

-Puede que tengas razón-admitió ella, aunque seguía aturdida por el beso y sus palabras.

Volvió a inclinarse hacia él, intentando cubrir el espacio que él había dejado. Mantuvo los brazos a un centímetro de los suyos, lo bastante cerca para sentir el calor de su piel, pero no tanto como para no poder concentrarse en lo que debía hacer.

Pero después de haberle dicho aquellas cosas, haberla besado y… haber dejado de besarla, se merecía que al menos le pagara con la misma moneda. Tal vez no fuera mucho, pero quizá Natsu pudiera sentir el calor que irradiaba su cuerpo, aunque no lo reconociera.

-¿Cuánto me he acercado?

Él, no sabía, pero ella había estado extremadamente cerca de agarrarlo y empezar a hacerlo encima de la mesa.

Natsu se rió suavemente, tan seguro de sí mismo como siempre.

-Me refiero a mi descripción del fin de semana.

-Has dado en el clavo-reconoció ella-. Pero no es una reunión familiar. Es la fiesta para celebrar el treinta y cinco aniversario de mis padres.

-Eso es mucho tiempo.

-Son muy felices juntos y son unos padres maravillosos, aunque un poco anticuados y muy protectores… ¿Y los tuyos?-le preguntó con curiosidad.

La amarga risa de Natsu le dijo que había metido la pata con su pregunta. De todos modos le dio una vaga respuesta, lo que sólo sirvió para avivar aún más su curiosidad.

-Mis padres no duraron juntos ni treinta y cinco meses.

Se quedó callado, dando por zanjado el tema de sus padres, y Lucy decidió contarle un poco más sobre los suyos.

-Cuando he dicho que mis padres son muy protectores me he quedado corta. Cuando me vine a vivir a Chicago me vaticinaron toda clase de desgracias, desde la violación hasta el asesinato.

-El típico miedo a la gran ciudad, ¿eh?

-Y que lo digas. Les gustaba verme como una chica desgraciada y solitaria y siempre estaban intentando emparejarme, con la esperanza de que me quedara en el pueblo para siempre.

-Yo soy el hombre que buscan-le dijo él con una pícara sonrisa.

Desde luego que sí, pensó ella.

El aire que separaba sus antebrazos chisporroteaba con el calor que emanaba de sus cuerpos, pero Lucy consiguió aguantar el tiempo suficiente para contarle el resto de detalles sobre el inminente fin de semana.

Salvo los detalles de Loke. Antes perdería otros cinco mil dólares que confesarle a aquel hombre lo idiota y romántica que había sido. Sobre todo porque, en las semanas que habían estado saliendo, Loke no le había hecho sentir ni una sola vez lo que estaba sintiendo ahora.

-Creo que podemos conseguirlo-dijo él cuando ella acabó de hablar-. Convenceremos a tu familia para que desistan de encontrarte pareja… siempre que tú y yo sigamos emparejados.

Lucy se lamió los labios y lo miró fijamente a los ojos. El calor que ardía en ellos le confirmaba que lo había dicho intencionadamente.

Y también le demostraba que sabía muy bien lo que le estaba haciendo… Le estaba llenando la cabeza de fantasías eróticas, noches calurosas, cuerpos empapados en sudor y pasión desenfrenada bajo las estrellas.

La estaba haciendo preguntarse, y tal vez a él también, si la farsa que se disponían a representar podría ser más convincente si se conocían de verdad el uno al otro antes del viaje… en el plano físico.

-Bueno, pues ya está todo aclarado-dijo él, demostrando una vez más que era un caballero al no insistir en el tema… o bien que tenía más fuerza de voluntad que un santo-. El sábado iremos a la granja de tus padres. Pasaremos la tarde con ellos y por la noche iremos al pueblo para la fiesta en… ¿cómo has dicho que se llamaba el local?

-Elks Lodge.

-Eso es… Y luego pasaremos la noche juntos y volveremos a Chicago el domingo por la tarde.

«Pasaremos la noche juntos». Oh, Señor… Otra vez volvió a invadirla una oleada de calor líquido, endureciéndole los pezones y empapándole las braguitas.

Si aquel hombre iba a seducirla, ojalá lo hiciera de una vez y ella pudiera comprobar si le resultaba fácil aceptar cuando sólo había pasado un día desde que se conocían.

La misma vocecita que la había acuciado a marcharse de casa a pesar de las protestas de sus padres le dio su aprobación.

Lucy se irguió en el banco e intentó mantener un tono tranquilo y relajado.

-Pasaremos la noche juntos sólo porque dormiremos bajo el mismo techo. Yo estaré mucho más cerca de ese techo que tú, porque mi habitación está en la tercera planta y tú te alojarás en la habitación de invitados en la planta baja, tan lejos de mí como mi padre pueda asegurarse para evitar un mambo nocturno.

Natsu se echó a reír.

-¿Un mambo nocturno? ¿Te refieres a… sexo?

-Eso es.

-¿Significa eso que no quieres bailar el mambo conmigo?

Pero ¿qué clase de sádico era aquel hombre? ¿Cómo se le ocurría plantearle esas cosas tan abiertamente?

La mayoría de los hombres se decantarían por una de dos opciones… o bien le dirían que la deseaban sin perder más tiempo, y así poder interpretar con más realismo el papel de novios, o bien evitarían el asunto como si de una plaga se tratase, con la esperanza de retomar la cuestión a lo largo del fin de semana y entonces sugerir un poco de diversión en el granero.

Lucy no había pensado en una tercera opción. Que, a pesar de lo que Natsu le había dicho, no estuviera interesado sexualmente en ella. Pero sabía que tal cosa era imposible. La atracción que ardía entre ellos era innegable.

-¿Lucy? ¿Se te ha comido la lengua el gato?

Natsu la estaba mirando, serio y expectante.

No estaba jugando. Sólo le estaba exponiendo las cosas tal cual eran… y deseando que ella hiciera lo mismo. Y a pesar de todo, Lucy tenía que admitir que le gustaba ese rasgo de Natsu.

Le gustaba mucho. Después de sufrir las mentiras de Loke, encontrarse con un hombre honesto y sincero suponía una estimulante novedad.

-No voy a negar la atracción-murmuró finalmente, fascinada por el matiz dorado de sus ojos a la tenue luz del bar.

Él siguió mirándola fijamente, sin decir nada, mientras pasaba la punta del dedo por el borde del vaso. Tenía unas manos muy elegantes, fuertes pero no callosas y estropeadas como las de los hombres de su pueblo. La idea de que usara aquellas manos con ella le provocó otra sacudida en el asiento.

Sería muy fácil, demasiado fácil, decirle que quería acostarse con él. Podrían estar en su casa en cuarenta minutos y en su cama tres minutos después. No había duda de que sería una noche increíble. No había más que ver las caricias de su dedo en el vaso para corroborarlo.

Una parte de ella la acuciaba a hacerlo. Se lo merecía después de la pesadilla que había vivido con Loke. ¿Por qué no disfrutar de aquella oportunidad mientras pudiera aprovecharla?

Pero otra parte, la que no podía sobreponerse a la culpa y a la humillación, jamás le permitiría cometer una imprudencia semejante… otra vez.

Al menos no estaba casado. Si lo estuviera, no habría podido participar en una subasta de solteros. Pero aparte de eso no sabía casi nada de él, ni siquiera dónde vivía realmente. Y de ninguna manera iba a acostarse con un desconocido, por muy irresistible que fuera.

Él seguía esperando su respuesta, de modo que decidió ser lo más sincera posible y lo miró fijamente a los ojos.

-Sí, me gustaría acostarme contigo.

La mano de Natsu se detuvo sobre el vaso, pero no dijo nada. Parecía intuir que ella tenía algo más que decir.

-Pero no voy a hacerlo. Apenas te conozco y yo no me acuesto con desconocidos.

Él esbozó una sonrisa burlona.

-¿Y cuándo se supone que dejaremos de ser desconocidos? ¿En la segunda cita? ¿En la tercera?

Hombres… Eran todos iguales, y sin embargo, Lucy se sintió halagada por su determinación. Ocultó su regocijo y fingió que lo pensaba.

-Mmm… en la tercera, por lo menos.

Él asintió y movió el dedo índice en el aire, como si estuviera haciendo cálculos.

-La tercera va justo después de la segunda-dijo ella en tono irónico.

-Ya lo sé, céadsearc. Sólo estoy intentando averiguar si podremos tener tres citas desde hoy hasta el sábado.

-Sólo estamos a martes-dijo ella. No sabía si reírse o si sucumbir a los estremecimientos de placer que le provocaba el empeño de Natsu.

-¿Y anoche? La copa que nos tomamos juntos cuenta como cita.

Ella negó con la cabeza y sonrió dulcemente.

-Yo no tomé ninguna copa, ¿recuerdas? La camarera pechugona no me ofreció nada.

Natsu frunció el ceño.

-Cierto.

-Además, no me parece que una simple copa pueda considerarse una cita-estaba disfrutando mucho torturándolo de aquella manera.

Él pareció darse cuenta de sus intenciones y la miró con expresión preocupada.

-Esta sí que cuenta, ¿verdad?

-Bueno, no sé… no es exactamente una cena.

Sin dudarlo un segundo, Natsu se giró y avisó a la camarera.

-¿Puedes traernos lo primero que tengáis en el menú?

La mujer frunció el ceño.

-No tenemos menú. Sólo aperitivos.

-Lástima-murmuró Lucy, intentando no sonreír.

-Entonces trae uno de cada-le pidió Natsu a la camarera, y volvió a girarse hacia Lucy-. Es la hora de cenar, y aunque sólo nos sirvan galletas saladas y bocaditos de queso voy a considerar como cena cualquier cosa que te lleves a la boca.

Bajó la mirada a sus labios y a Lucy se le ocurrieron unas cuantas cosas que le gustaría llevarse a la boca. Empezando por su lengua y acabando con otras partes que quedaban ocultas bajo la mesa.

-De acuerdo-concedió. La diversión había dejado paso al deseo-. Esta es la primera cita.

Él asintió y levantó el vaso en un brindis.

-Magnífico. Ya sólo quedan dos.

Ella también levantó su copa de vino y miró a Sean por encima del borde. Quería comprobar si podría soportar un poco de sufrimiento, así como lo infligía.

-Pero me temo que mañana por la noche estoy ocupada… Y el viernes tengo que trabajar hasta muy tarde.

-Entonces el jueves-dijo él, repentinamente serio-. Deja que te invite a una cena íntima como ofrecí en la subasta.

-No tienes por qué hacerlo-insistió ella-. Te he puesto en un compromiso con lo del fin de semana. No espero que además me lleves a cenar por ahí.

-Quiero hacerlo-alargó el brazo y le cubrió la mano con la suya-. Aunque sólo sea por volver a verte con ese vestido amarillo…

Lucy miró sus manos sobre la mesa de madera, apreciando la suavidad de su piel, la elegancia de sus dedos, la perfecta manicura de las uñas, el reloj de aspecto carísimo… ¿Cómo podía permitírselo con su sueldo de paramédico? Era un misterio, así como su imagen de príncipe rico y extranjero. A juzgar por las cosas que le había dicho de su familia, era probable que fuese una familia adinerada y que Natsu hubiera optado por alejarse de ellos para seguir su propio camino. Igual que había hecho ella.

Entonces se miró la camisa del uniforme manchada de saliva y pintura, y suspiró. Cuánto le gustaría dejar de ser una chica pueblerina que cuidaba a los hijos de los ricos y convertirse en la compañera de aquel hombre tan irresistible y sensual.

-Di que sí-la animó él-. Por favor, Lucy. Yo he accedido a acompañarte todo el fin de semana. Lo menos que puedes hacer es cenar conmigo.

La idea de arreglarse e ir a algún sitio especial con Natsu sonaba muy tentadora. Sobre todo cuando Natsu se la ofrecía con aquel tono tan íntimo y sexy que la iba despojando de sus defensas.

-Vamos.

-Está bien-aceptó ella finalmente, y se preguntó si tendría tiempo para ir a comprar otro vestido-. El jueves.

Antes de que él pudiera responder, la camarera les llevó los aperitivos a la mesa. Lucy se llevó una quesadilla a la boca y la saboreó con deleite mientras veía la amplia sonrisa de Natsu. Ahora era oficial. Pero aún se resistía a dejar de provocarlo…

-¿Natsu?-murmuró al zamparse la quesadilla.

-¿Sí?

-¿Te das cuenta de que si ésta es la primera cita y el jueves tenemos la segunda… la tercera será en la granja, cuando estemos rodeados por toda mi familia?

Natsu abrió la boca y la cerró rápidamente. Se echó hacia atrás en el asiento, ligeramente abatido, y agarró su cerveza mientras farfullaba algo incomprensible. Pero entonces vio el brillo en los ojos de Lucy.

-Maldita bruja…

-Eh, no lo pagues conmigo.

-¿Hasta que hora trabajas el viernes?

-Hasta muy tarde-respondió ella sin apartar la mirada-. Estaré en la guardería rodeada por un montón de críos chillones.

Esa vez pudo oír con toda claridad la palabrota que escupió Natsu.

Continuará…

Muchas gracias por leer hasta aquí y como ya dije en el anterior se agradece que caiga algún review.

Hasta el próximo capitulo…

Quería agradecer también a:

-meili-kun

-Mori Summer

-Itzmateo69

-MaruSchzimmy

Muchísimas gracias por haber comentado, me ha hecho mucha ilusión, nos leemos!