Ni los personajes ni la historia me pertenecen

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Capítulo 8

Las cosas no empezaban muy bien.

Lucy no había oído acercarse a su hermano mayor, Jed. Pero sí oyó el gruñido de sorpresa de Natsu, lo que interrumpió el placer que estaba provocándole con sus caricias bajo el sol abrasador.

Con la mano de Natsu en el muslo y su boca en la cadera, se había olvidado por completo que estaban a punto de entrar en la guarida de las bestias.

Hasta que una de esas bestias apareció de repente y los pilló desprevenidos.

-Papá está en el porche-espetó su hermano.

Lucy miró hacia la casa, pero no pudo verla. Natsu había aparcado el pequeño descapotable entre dos de los mastodontes que conducían sus hermanos, quedando ocultos a la vista desde la casa.

-Gracias por venir a buscarnos-dijo, sin molestarse en ocultar su sarcasmo.

-Tardabas tanto, que papá se disponía a bajar a ver si necesitabas ayuda con el equipaje.

Como si hubiera llevado un baúl para una sola noche… Jed debía de haber estado contando los segundos en su reloj, calculando el tiempo que necesitarían su nuevo novio y ella en alcanzar el porche sin pararse a hacer tonterías. Había hecho lo mismo con todas las citas de Lucy.

-Estaba presentándole a Rex a Na…-se calló a tiempo, pero no pudo pronunciar el nombre de Loke. De repente le resultaba imposible llamar a alguien por quien empezaba a sentir algo con el nombre de un ser tan despreciable-. A mi amigo-corrigió rápidamente.

-Rex… ¿Así es como llamas ahora a tu trasero?

Lucy le enseñó su dedo en alto, como tantas veces había hecho de joven cuando sus padres no estaban mirando.

-No sé… ¿Así es como llamabas tú al trasero de Becca cuando os pillé a los dos desnudos bajo el árbol la Nochebuena pasada?

-Ella es mi novia-se defendió Jed.

-Aún no lo era cuando os sorprendí-replicó ella con una sonrisa maliciosa-. Y no sé cómo la llamarías tú a ella, pero por lo que gritaba ella debía de pensar que eres una especie de deidad o algo así. Decía: ¡Oh, Dios, sí!

-¡Y que lo digas!-exclamó Jed, y abandonó el ridículo papel de hermano protector para soltar una carcajada-. Mamá no tendría que haberte dejado ver Sensación de vivir cuando eras niña.

-Oh, claro, eso lo explica todo. Y ahora apártate para que pueda salir.

Él se retiró de la puerta y la abrió, ofreciéndole la mano. Ella se bajó del coche con cuidado de no darle con la rodilla en la cabeza a Natsu y se abrazó al cuello de su hermano.

-¿Me has echado de menos?

-No he echado de menos esa lengua tuya-dijo él, apretándola con fuerza-. Pero supongo que sí hemos echado de menos el resto de tu persona.

Entonces, la soltó y centró toda su atención en Natsu. Al ver cómo tensaba la mandíbula, Lucy imaginó lo que estaba pensando.

Natsu no sólo era tan apuesto y atractivo que incomodaba a los otros hombres, sino que parecía un peligroso rebelde con el pelo largo y despeinado y su pendiente dorado brillando al sol. Sus gafas oscuras, que se había colocado sobre la cabeza al llegar a la granja, eran de una marca que ninguna persona de clase media podría permitirse. Y por si fuera poco, conducía el tipo de coche reservado a las estrellas de cine.

En pocas palabras, era todo de lo que sus hermanos recelaban… y todo lo que Lucy adoraba.

-Tú debes de ser Jed-dijo Natsu, saliendo del coche y ofreciéndole la mano-. Parece que a tu hermana se le ha olvidado presentarnos. Me llamo Dragneel, pero todos me llaman Dra.

Lucy lo miró boquiabierta y articuló el nombre de Dra con los labios, pero él se limitó a encogerse de hombros. Al parecer, estaba haciendo lo posible por evitar cualquier confusión por culpa de un nombre falso. Y ella le estaba tan agradecida que podría besarlo allí mismo. Por ésa y otras muchas razones.

Jed estrechó la mano de Natsu y los dos apretaron enérgicamente para demostrar quién era el más fuerte. Típico de los hombres, aunque Lucy sospechó que era Jed el único que intentaba demostrar algo. Natsu parecía estar por encima de esas estupideces.

En cualquier caso, estaba cansada de aquellas competiciones de testosterona. Se interpuso entre ellos y se dobló por la cintura para agarrar la jaula de Happy.

-Permíteme, cariño.

-Oh, no… ¿Has traído a la bestia?-exclamó Jed, visiblemente horrorizado. No tenía razón para ello, pues los zapatos que Happy le había puesto perdidos no eran italianos, y seguramente había pisado cosas peores en la granja.

-¿Qué querías que hiciera, dejarlo solo en casa para que se muriera de hambre y de pena?

-Podría haber atacado a un ladrón si tenía hambre-dijo Jed, mirando al gato con recelo.

En vez de agarrar la jaula, como Lucy se disponía a hacer, Natsu la abrió y sacó a Happy. Después de pasarse dos horas enjaulado, era lógico que estuviera más arisco y agresivo de la cuenta. En más de una ocasión había llegado a morder a Lucy después del largo trayecto en coche.

Pero la única reacción del gato fue acurrucarse contra el pecho de Natsu y lamerse las garras mientras le lanzaba a Jed una mirada feroz.

Lucy reprimió una sonrisa al ver la cara de su hermano. El hecho de que Natsu se hubiera ganado a Happy era una clara señal de que su nuevo «novio» formaba parte de su vida.

Aunque no fuera así en realidad. Al menos, a largo plazo.

Se obligó a no pensar en ello al sentir una punzada de decepción en el estómago. Aún le quedaba un día y medio para disfrutar de Natsu y más le valía aprovechar hasta el último minuto, porque después del fin de semana todo se acabaría entre ellos.

Él se lo había dejado muy claro y ella había aceptado sus condiciones.

Fin de la historia.

Lástima que tuvieran que pasar en la granja de sus padres el poco tiempo del que disponían.

-Vamos a casa antes de que papá envíe refuerzos-dijo Jed. Se había quedado tan perplejo al ver a Happy con Natsu, que olvidó por completo su reacción inicial al pillarlos en una posición tan embarazosa. Los condujo en silencio hacia el porche, donde esperaban los otros hombres de la familia.

-Por Dios bendito-dijo Lucy-. ¿Cómo es que aún no habéis sacado las escopetas y los cuchillos?

Natsu soltó una carcajada, pero Jed siguió caminando.

-Aquí están-anunció-. Lucy tuvo que pararse a saludar a sus amigos peludos antes de ver a su familia.

Lucy le agradeció en silencio que no mencionara la boca de Natsu en su cadera. No era de extrañar. Su hermano podía ser autoritario y posesivo, pero no era un bocazas.

Aunque lo más probable era que mantuviese la boca cerrada por su propio bien. Sabía que la venganza de Lucy podía ser terrible si se iba de la lengua.

Y no se equivocaba, porque Lucy siempre podría revelar lo que presenció aquella Nochebuena junto al querido belén de su madre. El Niño Jesús, los ángeles y los pastores habían sido, al igual que Lucy, testigos de excepción de las habilidades sexuales de su hermano con su futura novia.

-¡Aquí está nuestra niña!-exclamó su padre, bajando del porche, seguido por el resto de sus hijos. Todos rodearon a Lucy para recordarle con sus fuertes abrazos que ella era la niña pequeña y ellos, los hombres grandes y fuertes.

Uno de los abrazos la estrujó con tanta fuerza, llegando incluso a levantarla del suelo, que Lucy estuvo a punto de vomitar sobre el hombro de su hermano.

Menos mal que Natsu no era tan cavernícola como ellos…

-¿No vas a presentarnos?-le preguntó su padre mientras miraba a Natsu de arriba abajo.

Natsu había tenido un detalle encantador al pedirle a Jed que lo llamara «Dra», pero Lucy no podría usar aquel nombre durante todo el fin de semana sin echarse a reír. Le sonaba rarisimo, y le recordaba a una especie de pitufo azul con birrete blanco con el que Natsu no guardaba la menor semejanza.

Tampoco podría dirigirse a él como «Loke». Aquel nombre estaría por siempre acompañado de una horrible sensación de humillación y bochorno. De modo que tragó saliva y rezó por que su madre hubiera sufrido una pérdida de memoria desde la última conversación que tuvieron sobre su la nueva pareja de Lucy.

-Este es Natsu Dragneel.

Natsu arqueó las cejas, sorprendido, y abrió la boca para corregirla. Pero ella sacudió brevemente la cabeza para advertirle que se callara.

Su padre fue lo bastante educado para esbozar una sonrisa cortés y ofrecerle la mano, pero Steve, el más bromista de todos los hermanos, se acercó a Lucy y le susurró una observación al oído.

-Lleva un pendiente… ¿Estás segura de que no es gay?

Lucy no pudo menos que sonreír.

-Lo siento, hermano, me temo que no es para ti… Digamos que no tengo la menor duda sobre sus inclinaciones sexuales.

-Muy graciosa-dijo él, y saludó a Natsu igual que hizo Randy. A continuación, todos se pusieron a hacer comentarios sobre el gato panzudo que llevaba Natsu al hombro como si fuera un saco de patatas.

-¿Por qué todo el mundo la toma con mi Happy?-preguntó ella, indignada.

Jed la miró como si fuera tonta.

-Porque es más agresivo que el toro del pasto sur.

Antes de que Lucy pudiera contestarle, su madre salió de la casa y bajó corriendo los escalones del porche. Lucy plantó firmemente los pies en la tierra, anticipándose al enorme abrazo que estaba a punto de recibir y que de hecho recibió.

Estuvieron hablando unos minutos al aire libre, y Lucy fue puesta al corriente de las últimas novedades en el vasto clan de los Heartfilia. Con tantos abuelos, tíos y primos repartidos por tres condados, había mucho para ponerse al día. Quién se había comprometido. Quién se había quedado embarazada. Quién se había ganado un suspenso por soltar un montón de gallinas en el gimnasio del instituto. Quién se había disparado en el pie al salir a cazar fuera de temporada…

Lo normal.

Natsu mantuvo la sonrisa en todo momento, mientras acariciaba al gato y respondía cortésmente cuando le dirigían la palabra. Su imponente presencia le recordaba a Lucy que no estaba sola. Estaban juntos en eso, para bien o para mal.

Y era una sensación maravillosa.

-¡Ya está bien de cháchara!-decidió su madre cuando se quedó sin aliento-. Vamos adentro para que podáis descansar. La comida está casi lista. Debéis de estar muertos de hambre después de un viaje tan largo.

Sí, estaba hambrienta, concedió Lucy. Pero no precisamente de comida.

Su mirada se encontró con la de Natsu, y el brilló de sus ojos le confirmó que había vuelto a leerle el pensamiento. Sin poder resistirse a tocarlo, lo agarró de la mano y lo condujo hacia los escalones.

Mientras respondía al nuevo aluvión de preguntas en el interior de la casa, le ofreció a Natsu una mirada de disculpa y le prometió que lo compensaría.

Si conseguían sobrevivir…

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A Natsu le gustaba la familia de Lucy. Todos ellos. Pero especialmente su madre.

Se imaginó a Lucy con el mismo aspecto dentro de treinta años. Delgada y enérgica, con el pelo corto rubio ceniza y arrugas en torno a sus bonitos ojos marrones.

No paraba de hablar y colmar de atenciones a su única hija, pero la señora Heartfilia también podía hacer gala de una tajante seriedad a la hora de controlar a toda la familia. Su marido y sus hijos tal vez no se dieran cuenta, pero era ella quien estaba al mando. Le bastaba con arquear una ceja o hacer un gesto con la mano para conseguir que sus órdenes se cumplieran a rajatabla, y a Natsu le pareció muy divertido que unos hombres que la doblaban en tamaño no se atrevieran a rechistar.

En un par de ocasiones, la señora Heartfilia se percató de que la estaba mirando con una expresión divertida y le dedicó una sonrisa de complicidad, como si estuvieran compartiendo un secreto.

Todos tenían tanto que contarle a Lucy que en las horas transcurridas desde su llegada apenas le habían prestado atención a Natsu, aparte de las fórmulas básicas de educación. A él no le importaba en absoluto, ya que podía disfrutar de un opíparo almuerzo campestre como los que tomaba en su infancia irlandesa.

Y sospechaba que Happy también estaba encantado. El gato se había acomodado bajo la silla de Lucy y continuamente estaba recibiendo trozos de uno y otro plato.

Los hermanos de Lucy se marcharon a sus casas después de comer, por lo que la presión se alivió considerablemente. El hermano menor no paraba de moverse de un lado para otro, como un animalito de compañía. El padre, corpulento y canoso, mantenía una actitud cordial, aunque ni mucho menos efusiva. Nada más acabar la comida se había puesto a leer el periódico. Y su esposa se había mostrado afable y amistosa desde el primer momento, por lo que hasta el momento todo iba bien. O casi todo.

A pesar de ser una familia amable y hospitalaria, no habían recibido a Natsu con los brazos abiertos, y todos habían dejado muy claro, en un momento u otro, que el lugar de Lucy estaba allí, con ellos, no en una gran ciudad ni con nadie más.

Natsu había captado el mensaje, pero de todos modos se permitió bajar la guardia cuando la madre se puso a hablar de la fiesta de aquella noche.

No tardó en percatarse de su error.

-Bueno, Natsu… ¿dónde os conocisteis exactamente Lucy y tú?-le preguntó la señora Davis, iniciando el temido interrogatorio al nuevo novio de su hija.

Natsu se quedó en blanco. Intentó recordar lo que había convenido con Lucy… ¿Servicio de citas? ¿Cita a ciegas? Pero Lucy se adelantó antes de que pudiera decir nada.

-Nos conocimos en una fiesta.

-Eso es-corroboró él-. En una fiesta de Halloween-añadió para adornarlo un poco.

El señor Heartfilia levantó la mirada por encima del periódico.

-Creía que Lucy había dicho que sólo llevabais un par de meses saliendo.

Maldición.

-Sí, bueno… Pero nos conocemos desde hace más tiempo-se apresuró a mentir Lucy, con una espontaneidad y naturalidad que dejó maravillado a Natsu. Ninguna de las chicas Bond podría haber sido más ingeniosa.

Natsu reprimió un suspiro al recordar cómo la familia Heartfilia lo había comparado con James Bond nada más conocerlo. ¿Por qué los estadounidenses no podían distinguir entre el acento irlandés y el inglés?

-Ser amigos antes que ser pareja es una opción muy sensata-dijo la señora Heartfilia, asintiendo con aprobación-. Tarde o temprano la pasión se apaga, y cuando eso ocurre, es agradable estar con alguien que te gusta de verdad.

El periódico del señor Heartfilia tembló ligeramente y su voz se oyó tras las páginas.

-La pasión… Eso es-a juzgar por los largos y profundos suspiros que había soltado cada vez que se hablaba de la fiesta de aniversario, el señor Heartfilia no parecía ser tan romántico como su esposa. Obviamente había aprendido a agachar la cabeza y mantener la boca cerrada después de convivir treinta y cinco años con una mujer tan enérgica.

En aquellos momentos parecía completamente ajeno a la conversación que tenía lugar a su alrededor, pero Natsu sabía muy bien que no perdía detalle sobre el nuevo chico de su hija.

-Natsu era tan simpático y encantador que nos gustamos desde el primer momento-dijo Lucy, adoptando una expresión de pura inocencia mientras le sostenía la mirada a su madre.

En realidad no estaba mintiendo. Los dos se habían gustado desde el primer momento, con la salvedad de que sólo hacía cinco días que se conocían, no ocho meses.

-¿De qué iba disfrazada en la fiesta?-preguntó Randy, el veinteañero desgarbado con su mata de pelo rubio-. A ver si lo adivino… ¿De huerfanita pobre? Así la llamaba de niña.

La señora Heartfilia se disponía a rellenar un plato de gofres y se detuvo junto a su hijo menor para darle un coscorrón.

-¿Y dónde estaríamos tu padre y yo si tu hermana fuera huérfana?-se santiguó rápidamente y murmuró una breve oración antes de ir a la cocina.

-La verdad es que estaba encantadora-respondió Natsu con una sonrisa-. Iba de conejita.

Randy puso una mueca de escepticismo.

-¿Lucy de conejita de Playboy?

Natsu vio cómo la señora Heartfilia se giraba con expresión horrorizada y cómo el señor Heartfilia bajaba el periódico y fruncía el ceño, y se apresuró a negar con la cabeza.

-No, por Dios. Llevaba unas orejas rosas y se había pintado unos bigotes-le guiñó un ojo a Lucy-. Tenía un aspecto adorable.

Lucy lo fulminó con la mirada y no dudó en responder.

-Oh, sí, y Natsu iba disfrazado de Pedro Picapiedra. ¿Verdad que tiene un parecido con un cavernícola?

¿Cavernícola? Nada más lejos de la realidad, pero tenía que admitir que se merecía la comparación. No podía pretender que Lucy lo describiera como un Zorro o un pirata cuando él la había dibujado como un conejito de Pascua saltarín.

-Muy varonil, desde luego-dijo la señora Heartfilia con una sonrisa mientras llevaba una cafetera a la mesa-. ¿Estás seguro de que no quieres un poco de café, Natsu?

-Sean bebe té, mamá.

Buena memoria.

-Pero Lucy bebe café por los dos-dijo él, riéndose-. Necesita grandes dosis de cafeína para despejarse por la mañana.

Una expresión de pánico desencajó el rostro de Lucy, y Natsu reculó inmediatamente.

-Si la llamo antes de que se haya tomado su segunda taza de la mañana, es como si estuviera hablando con una sonámbula.

«Buena salida», articuló ella con los labios cuando su madre se giró para agarrar el azucarero.

-¿Sabes, Luc?-dijo la señora Heartfilia mientras echaba una cucharada de azúcar en su taza-. Hay una cosa que quería preguntarte…

Su tono despreocupado no engañó a Natsu, quien ya sabía que la señora Heartfilia era mucho más intuitiva que cualquiera de los hombres de la familia.

-Recuerdo que la primera vez que nos hablaste de Natsu por teléfono lo llamaste con otro nombre-Natsu sintió que Lucy se ponía rígida en la silla. Rápidamente le puso una mano en la pierna, bajo la mesa, para asegurarle que tenía la respuesta necesaria.

-Los dos nos llamamos con apodos cariñosos-explicó-. Tal vez sea eso lo que recuerde.

La señora Heartfilia no pareció convencida del todo.

-¿Cuál es el mote de Lucy?-quiso saber Randy.

Lucy bajó la mano y apretó amenazadoramente la mano que Natsu tenía sobre su pierna. Él supo que si le decía a su familia que la llamaba «Conejita» u «Orejas largas», acabaría con el plato de fiambre por sombrero.

Y si la llamaba «Colita de algodón», la reacción de su padre sería aún peor.

-Yo la llamo céadsearc-dijo, y le levantó la mano para besarle los dedos-. Significa «corazón mío».

El señor Heartfilia volvió a ocultarse tras el periódico, y Randy mostró el típico desdén juvenil ante una sensiblería tan empalagosa.

Y en cuanto a la señora Heartfilia… miró sus manos unidas y obviamente se fijó en la expresión agradecida de Lucy y la ternura en los ojos de Natsu.

-Qué bonito-dijo, y Natsu supo que se había ganado a la persona más importante de la casa.

Bajó la mano hasta la mesa, sin soltar los dedos de Lucy.

-No tan bonito como ella.

La señora Heartfilia le sonrió, asintió lentamente y desvió la mirada, pero no antes de que a Natsu le pareciera ver un brillo de humedad en sus ojos.

No, no podía ser. Las madres querían que sus hijas encontrasen a un hombre que las quisiera de verdad.

Aunque había madres, como la señora Heartfilia, que querían que su hija renunciara a sus sueños de independencia y se quedaran en casa para siempre.

-Y dime… sad–sac-dijo Randy, pronunciando como podía el apelativo cariñoso-, ¿cómo lo llamas tú a él?

Lucy miró a su hermano y arrugó la nariz.

-Noesa. Por «no es asunto tuyo». Y ahora lárgate a hacer unas abdominales o algo así antes de que tu cerebro se vea saturado con esta charla de adultos.

-No puedo. Tengo que prepararme para el partido.

Natsu volvió a sentir cómo Lucy se ponía rígida y tuvo un mal presentimiento.

-No.

-Claro que sí. Es sábado.

Lucy se inclinó sobre la mesa y miró furiosa a su hermano.

-Ya tenemos bastante con prepararnos para la fiesta de esta noche.

-No es necesario, querida-intervino su madre. Se sirvió un gofre y puso otro en el plato de su marido. Él agarró el sirope sin bajar el periódico, vertió una generosa cantidad en el gofre y cortó un pedazo con el tenedor-. Ya está todo listo. Natsu y tú podéis aprovechar el tiempo para divertiros.

-Oh, desde luego que nos divertiremos mucho si estos tres bestias le provocan una conmoción cerebral.

-Esto… ¿de qué estamos hablando exactamente?-se atrevió a preguntar Natsu.

-Del partido-respondió Randy. Agarró una gran loncha de beicon y se la llevó a la boca-. Todos los sábados a las tres, después de ordeñar y hacer el reparto, nos reunimos en el campo trasero para jugar al fútbol. Lo hacemos durante todo el verano-explicó con la boca llena-. Es muy divertido.

-Es violento-lo corrigió Lucy-. ¿Cuántas visitas al hospital serán necesarias para que se acabe esta absurda tradición?

-No pienso pagar más facturas al dentista-advirtió su padre-. Si pierdes más dientes, tendrás que pasarte el resto de tu vida comiendo papilla.

Por todos los santos… ¿los hermanos de Lucy se dedicaban a romperse los dientes los sábados por la tarde? Ahora comprendía por qué sus hermanos mayores se habían ausentado. Seguramente habían ido a casa a colocarse las hombreras y el casco.

-Todos esperan que participes-dijo Randy, ignorando los comentarios de su hermana y de su padre-. Sabes jugar, ¿verdad? Aunque ya sé que no jugáis al fútbol en Inglaterra. Allí llaman fútbol a otro deporte ¿no? Me parece ridículo… ¿Por qué no llamar fútbol al fútbol de verdad y no a un deporte que no es fútbol?

A Natsu empezaba a dolerle la cabeza por el patético razonamiento del chaval.

-En primer lugar, soy irlandés-explicó… una vez más-. Y me parece lógico que se denomine «fútbol» a un deporte que se juegue con los pies y un balón. No como el deporte que practicáis vosotros, que consiste básicamente en lanzar y llevar el balón en las manos y que no puede jugarse sin todos esos protectores acolchados y descansos constantes.

Lucy soltó una risita, y lo mismo le pareció oír detrás del periódico que seguía leyendo su padre.

Por su parte, Randy ni siquiera pareció darse cuenta de que su razonamiento estaba siendo cuestionado.

-Pero ¿sabes cómo se juega o sólo juegas a la versión blandengue inglesa?

Natsu no debería dejarse provocar por un niñato de veinte años, pero su espíritu competitivo era demasiado fuerte.

-¿Alguna vez has oído hablar del rugby?

Randy entornó la mirada.

-¿Es ese deporte donde los jugadores se abrazan entre ellos para decidir quién saca?

Natsu se echó a reír al recordar todas las heridas y luxaciones que había sufrido en sus años universitarios.

-Sí, el mismo.

-No tienes que hacer esto-murmuró Lucy.

-Oh, vamos, será divertido-dijo él-. No me pasara nada-se apresuró a añadir cuando vio un destello de preocupación en sus ojos.

La respuesta de Lucy le sorprendió por completo.

-No me preocupo por ti-le susurró-. Me dijiste que habías dejado inconsciente a más de un jugador, ¿recuerdas? Si haces lo mismo con cualquiera de mis hermanos, esta noche dormirás en el granero.

No se percataron de que los habían oído hasta que otra risita se elevó tras el periódico, seguida por la voz de su padre.

-Apuesto veinte pavos por el irlandés.

Continuará…

….

Mmmmm… la cosa se esta poniendo interesante… ¿qué pasará? Siento no haber metido lemmon pero prometo que en el siguiente si que habrá, nos vemos en el próximo capítulo!

Muchas gracias a:

-Aquarius-chan: gracias por tus comentarios y tus ánimos espero que te siga gustando la historia y que la sigas hasta el final, un beso!

-Kariliss: jajajajaja… espero no haberme demorado mucho

-Railark: me alegra que te guste mucho como está quedando la historia, es cierto que yo hago algunos cambios, pero en sí, la historia no es mía, por lo tanto no me puedo llevar todo el mérito de la escritura, aun así, muchas gracias, me animan mucho los comentarios y espero que en tu opinion no haya tardado mucho en actualizar.

-bellemere: me pareces adorable ^/^, gracias por tu comentario, me hace mucha ilusión que a pesar de que no tienes cuenta te hayas molestado en comentar, de todo corazón gracias por tu comentario.

-A todas las personas que me siguen y me leen desde el comienzo de esta historia, mil gracias a todos, un besazo!