Ni la historia ni los personajes me pertenecen
…..
Capítulo 9
-Tus padres parecían muy felices esta noche.
Lucy asintió y sonrió. Estaba acurrucada de costado en el asiento del pasajero del coche alquilado, viendo cómo la cálida brisa veraniega levantaba el pelo de Natsu.
-Sí, lo estaban. Creo que se han llevado una grata sorpresa al ver cuánta gente quería compartir con ellos esta ocasión tan especial.
Eran más de las once de la noche y acababan de salir de Elks Lodge, situado a las afueras de Green Hills, a unos diez kilómetros de la granja. La fiesta había empezado a las seis y se había alargado hasta que sólo quedaron los miembros de la familia Heartfilia. Cuando Lucy y Natsu empezaron a bostezar, después del largo día, las horas de coche y el partido de fútbol, su madre los obligó a que se fueran a casa a descansar.
La orden no podría haber sido más oportuna. Randy casi había perdido la cabeza cuando vio el coche de Natsu. Había suplicado que lo llevaran con ellos, y cuando Lucy le dijo que el Ferrari sólo tenía dos plazas, Randy insistió en que su hermana fuera a la fiesta en cualquier otro vehículo. Lucy tenía el presentimiento de que el viaje de regreso habría sido igual, y de ninguna manera estaba dispuesta a volver en el coche de otra persona. No cuando había sido incapaz de apartar la mirada del hombre que se sentaba a su lado en la fiesta.
Al igual que casi todas las mujeres presentes.
-Gracias por haber sido tan paciente con mi prima Elizabeth y sus hormonas-le dijo-. A sus catorce años aún no ha aprendido a guardarse los sentimientos para ella misma.
Natsu la miró por el rabillo del ojo.
-Parece que es un rasgo de familia.
Lucy estaba demasiado cómoda y contenta con sólo mirarlo como para ofenderse. Pero era cierto. Era absolutamente incapaz de callarse nada, y mucho menos cuando quería algo.
En esos momentos, no tenía la menor duda sobre lo que más deseaba. Sólo tenía que contemplar los duros rasgos de Natsu, sus labios perfectamente esculpidos, su recia mandíbula… para que su cuerpo le pidiera a gritos lo que quería. Y cuando bajaba la mirada a sus anchos hombros, sus esbeltas caderas y sus largas piernas, la humedad que manaba entre sus muslos le pedía aún más.
-Gracias a ti por no enfadarte por el ojo morado de tu hermano-dijo él.
Lucy se rió.
-Me habría enfadado mucho más si Jed te hubiera hecho algún daño en ese estúpido partido. Pero mereció la pena ir a verlo… aunque sólo fuera por oír la risa de mi padre y ver la cara que ponía cuando los superaste a todos en el campo. Hasta los cinco mil dólares merecieron la pena.
En realidad, los cinco mil dólares ya habían sido amortizados con creces la noche anterior… en el cajón de las pelotas y en la mesa de su despacho.
-Bueno, espero que podamos encontrar una o dos cosas más para que este viaje haya merecido la pena-dijo él con una ligera sonrisa en sus apetitosos labios.
Lucy estaba segura de que podrían encontrarlas si tuvieran la oportunidad, pero era del todo impensable explorar esas opciones en la casa, pues estaría llena de Heartfilia en muy poco tiempo. Disfrutarían de un poco de intimidad al llegar ellos primero, pero no lo suficiente para arriesgarse al tipo de cosas que Lucy deseaba hacer. Su madre los había mandado a casa porque sabía que les estaba costando mucho refrenarse a la vista de todos, pero Lucy sabía que no les concedería mucho tiempo a solas.
Había que buscar otro sitio…
Podrían dar un rodeo sin problemas. Habían salido de la fiesta mucho antes que su familia, y nadie los echaría en falta hasta dentro de media hora, por lo menos.
Media hora no era suficiente, pero si era todo lo que podrían conseguir aquella noche, más les valdría aprovecharla.
-Gira a la derecha en el siguiente desvío-dijo, al recordar de repente los sitios que había descubierto con sus amigos del instituto junto a los caminos secundarios.
-¿Estás segura? Me parece que es un poco pronto para desviarse.
No era pronto, ni muchísimo menos. Durante las cinco últimas horas, había tenido que contenerse para no apartar a sus primas y amigas de aquel hombre, y se moría de impaciencia por llevarlo a algún lugar privado donde pudiera arrojarse sobre él.
-Estoy segura-susurró.
Natsu la miró al detectar el tono íntimo y sensual de su voz y sonrió lentamente. Siguió las indicaciones de Lucy y al cabo de unos minutos abandonaron la carretera asfaltada para internarse en una pista de tierra.
-¿Se puede saber adónde vamos?
Ella alargó un brazo y deslizó los dedos entre sus espesos cabellos.
-Tú sigue.
Él asintió y se lamió los labios. Lucy podía ver su expresión a la luz del salpicadero, y su lenguaje corporal le decía que estaba pensando lo mismo que ella. Iban directos al placer carnal, y ambos lo sabían.
La oscuridad engullía al Ferrari en el tortuoso camino de tierra. Estaban rodeados de campos y pastos, sin un solo edificio en varios kilómetros a la redonda. Sólo los granjeros usaban aquel camino de día, y nadie tenía motivos para usarlo de noche.
Era justo lo que necesitaban. Separados del resto del mundo por los campos y la oscuridad, finalmente podrían abandonarse al deseo latente que ardía en su interior. Había sido almacenado y silenciado desde el último beso en la oficina, y por fin tendrían la oportunidad de liberarlo bajo el cielo nocturno.
Lucy levantó la mirada hacia los destellos de luz blanca que ocasionalmente dejaban pasar las hojas. Estaba demasiado oscuro, y Lucy sabía que no podría conformarse con tocar a Natsu a ciegas. Quería verlo. Quería colmar todos sus sentidos, y en aquel camino no sería posible.
-Un poco más adelante hay un sendero a la derecha. Tómalo.
Él no hizo preguntas y se inclinó sobre el volante, como si quisiera imprimirle más velocidad al coche con su cuerpo. Poco después giró cuidadosamente en el desvío indicado y se encontraron en un camino aún más estrecho y accidentado que el anterior.
-¡Aquí!-exclamó Lucy. Habían estado ascendiendo hasta la cima de una colina, y de repente emergieron de la espesura como un tren saliendo de un túnel oscuro.
La cima estaba desierta y sin cultivar, pero había sido talada y desbrozada mucho tiempo atrás y nada se interponía entre la luna y sus cuerpos, salvo la suave brisa nocturna que mecía la hierba seca a su alrededor. Ninguna sombra podría privarlos del placer visual.
-Qué vista tan bonita-comentó Natsu, mirando de la tierra al cielo salpicado de estrellas.
Lucy estaba de acuerdo, pero no quería perder tiempo hablando del paisaje. Los minutos pasaban rápidamente, y el deseo que había contenido durante las últimas veinticuatro horas amenazaba con consumirla si no le ponía remedio inmediato. No había llevado a Natsu hasta allí, en la que podía ser la última noche que pasaran juntos, para ver las estrellas.
Y él tampoco parecía dispuesto a perder el tiempo.
-Lucy…-murmuró, alargando los brazos hacia ella.
Ella no dudó un instante y deslizó una pierna sobre su regazo para sentarse a horcajadas sobre él. Entrelazó los dedos en sus cabellos y le cubrió la boca con la suya para exigirle toda su atención.
Y él se la dio. La besó con una pasión voraz al tiempo que la agarraba por las caderas y la apretaba contra su erección, con tanta fuerza que Lucy no podía ni moverse.
Casi. Podía frotarse contra él, arriba y abajo, buscando el roce… justo allí.
-Esta noche no-gruñó él, y la sujetó con firmeza para detenerla-. Esta noche quiero hacerlo bien.
-Pero no tenemos tiempo…
-Olvídate del maldito tiempo, Lucy-pegó el rostro a su cuello y empezó a mordisquearle el hombro-. Vamos a hacerlo de verdad, y si nos presentamos en casa de tus padres dentro de tres horas con el pelo alborotado y la ropa arrugada, con marcas rojas en tu cuello, huellas de mis dedos en tus muslos y pintalabios en mis pantalones… sinceramente, me importará un bledo.
Marcas rojas… huellas de dedos… pintalabios… Demasiado tentador para poder resistirse. Lucy quería todo eso y más. Tantas veces como fuera posible en el poco tiempo del que disponían.
Muy poco tiempo… Aquella noche y el día siguiente. Eso era todo.
Intentó apartar de su cabeza aquel funesto pensamiento. No quería ni pensar en que la que estaba siendo la etapa más fascinante de su vida pudiera acabar tan pronto como había empezado. Ni que había desperdiciado los primeros días por culpa de unas estúpidas reglas sobre la tercera cita.
Desesperada por recibir todo lo que pudiera, volvió a besarlo y se deleitó a fondo con el sabor de su boca. Sintió cómo Natsu abría la puerta del coche y Lucy sacó la pierna derecha del vehículo sin despegar los labios de su boca.
Pero la intención de Natsu no era ofrecerle más espacio y comodidad en el asiento del conductor, sino rodearla por la cintura y bajarse del coche con las manos bajo su trasero.
-¿Natsu?-preguntó, sorprendida.
-Un ligero cambio de postura-murmuró, y sin dar más explicaciones se dio la vuelta y la llevó de nuevo hacia el coche. Pero en vez de depositarla en el asiento del que acababa de levantarse, la aupó un poco más y la colocó sobre el capó, con sus piernas desnudas colgando en el interior del vehículo.
Mucho mejor así, pensó Lucy.
-Me gusta tu forma de pensar-le dijo.
Los ojos de Sean brillaban de lujuria.
-Esto te va a encantar…
Se arrodilló en los asientos delante de ella y le separó las piernas, quedando su rostro a la altura del vientre. Lucy acarició con la punta de los dedos los reflejos que la luna arrancaba a sus cabellos, viendo cómo él empezaba a desabrocharle la blusa de abajo arriba.
A medida que desabrochaba los botones iba besando la piel que quedaba al descubierto. Empezando por el vientre y siguiendo por el estómago hasta llegar a los pechos.
-Natsu…-gimió con voz ahogada. Quería que se diera prisa, quería su boca y la enorme erección que la había llenado la noche anterior.
Si Natsu se pusiera de pie en los asientos, lo tendría justo donde más deseaba. Podría chuparlo, lamerlo y engullirlo hasta hacerle perder la cabeza.
Lucy no era la reina del sexo oral, pero sabía que podría volverlo loco de placer.
Pero él no parecía tener ninguna prisa.
-Eres tan hermosa-susurró-. Nunca más podré oler un melocotón sin pensar en ti-le apartó la blusa de los hombros y dejó que cayera al maletero.
Acto seguido, le desabrochó el cierre frontal del sujetador y llevó su lengua hacia uno de los pezones, duros y puntiagudos. Pero antes de empezar a lamerlo, lo frotó con la áspera piel de su mejilla. Lucy se estremeció y apretó instintivamente las piernas. No pudo apretarlas mucho, ya que las caderas de Natsu se interponían entre sus muslos, pero sí lo bastante para sujetarlo y mantenerlo allí.
Finalmente Natsu le lamió la punta endurecida de un pecho. El tacto de su lengua aterciopelada dejó un reguero de humedad a su paso, que la brisa nocturna se encargó de extender por todo su cuerpo.
-Natsu, por favor…
-Shhh. Déjame a mí…
Y ella lo dejó.
Natsu se aplicó a fondo con sus pechos. Usando sus dedos y su lengua con una pericia exquisita, la llevó a un estado de excitación tan intenso, que Lucy apenas podía soportar la presión del capó contra sus partes más íntimas.
Así transcurrió un largo rato, hasta que Natsu se echó hacia atrás y dejó que ella le quitara la camisa. Lucy empezó a acariciarle los músculos de los hombros y la parte superior de la espalda. Su cuerpo estaba cubierto por una ligera capa de sudor, supuestamente provocada por el enorme esfuerzo que estaba haciendo para contenerse y controlar la situación.
-Me gusta tu falda-susurró él, volviendo a descender con la boca-. Llevo toda la noche preguntándome qué llevas debajo…
Estaba a punto de descubrirlo, pero en vez de desnudarla por completo la tocó a través de la ropa y siguió el hueso de la cadera.
Lucy empujó un poco hacia arriba, invitándolo a seguir. Aunque era obvio que Natsu no necesitaba invitación. Le había dejado muy claro que iba a tomar todo lo que quisiera, y la certeza de que iba a llevarla a la locura valiéndose de sus labios y lengua casi la hizo caerse del coche por la excitación.
Natsu se rió suavemente por la desesperada insistencia de Lucy, pero siguió moviéndose a su ritmo y continuó tocándola y besándola a través de la ropa, privándola del contacto de su boca en la piel.
Sabía lo que le estaba haciendo, y Lucy no sabía si darle las gracias o golpearlo en la cabeza por torturarla de aquella manera.
Por fin, la punta de sus dedos presionaron la tela contra los labios hinchados de su sexo, seguidos rápidamente por la boca de Natsu, quien la besó con la misma delicadeza que si la estuviera besando en la boca.
Lucy se retorció de placer. Nunca había experimentado nada igual. Para ella, el sexo oral siempre había sido un favor superficial o unos rápidos y rudimentarios preliminares. Un simple roce de una lengua en su clítoris y su amante daba el asunto por zanjado.
Pero la boca de Natsu prometía algo muy distinto…
Echó la cabeza hacia atrás y levantó la vista hacia las estrellas mientras Natsu seguía colmándola de placer. Con cada espiración le echaba su cálido aliento sobre el punto más sensible de su cuerpo, y con cada inspiración emitía un murmullo de aprecio por la embriagadora fragancia que despedía su sexo.
-Sabes muy bien, Lucy.
Le rodeó la cintura con las manos y la movió lo justo para poder indagar más profundamente en sus húmedos secretos. Su lengua le hacía estragos a través de las finas capas de tela, y Lucy se deshizo en jadeos mientras su sexo se inundaba de deseo líquido.
Finalmente, cuando creyó que ya no podía aguantar más, Natsu le levantó la falda, centímetro a centímetro, y fue besándola en los muslos desnudos. No se detuvo cuando alcanzó sus braguitas. Las apartó de su camino con la punta de los dedos y, sin previo aviso, introdujo la lengua en su interior.
Lucy gritó y se estremeció con violencia al ser sacudida por una increíble descarga erótica.
Natsu siguió haciéndole el amor con la lengua, como ningún hombre le había hecho antes. Cuando la tuvo completamente abierta y mojada, subió unos centímetros hasta el clítoris para colmarlo de suaves y exquisitas atenciones.
El orgasmo de Lucy fue casi inmediato.
Apenas se dio cuenta de que Natsu le quitaba la ropa, pero sí se percató cuando se quitó la suya. Porque a la débil luz de la luna su cuerpo relucía como la estatua de un dios pagano, inmenso y poderoso.
Un físico espectacular y un sexo enhiesto y orgulloso. Lucy se moría por recibirlo en su interior, pero también quería probarlo y pagarle a Natsu con la misma moneda… De modo que, sin preguntar nada ni pedir permiso, se agachó y lo lamió en la punta, atrapando la humedad con la lengua.
Natsu dejó escapar el aire en un largo y agónico gemido.
-Es justo que ahora me llegue el turno-dijo ella.
Él no dijo nada y se limitó a contemplarla desde arriba mientras ella lo lamía suavemente. Hasta que Lucy abrió la boca y se la llenó por completo de miembro viril.
Las manos de Natsu se aferraron a sus cabellos y su cuerpo respondió empujando lentamente, fuera de control.
Lucy se lo introdujo aún más en la boca y acompañó la frenética succión con el roce de sus dedos en el duro trasero de Natsu.
No duró mucho tiempo. Apenas habían pasado dos minutos cuando Natsu dejó escapar un débil gemido y tiró de Lucy hacia arriba para quedar cara a cara. Ella ni siquiera tuvo tiempo de recuperar el aliento antes de que él empezara a besarla.
Debía de haberse guardado un preservativo en el bolsillo antes de salir de casa. O quizá los llevaba siempre consigo. En cualquier caso, Lucy le estaba muy agradecida.
Natsu lo abrió y ella se lo quitó de las manos. Quería sentir aquella barra de hierro candente y piel sedosa antes de que estuviera envuelta de látex.
-Lucy…-la previno él cuando empezó a masturbarlo de nuevo-. No voy a aguantar mucho si sigues haciendo eso.
Lucy no estaba tan segura. Por lo que había visto la noche anterior, sabía que Natsu podría aguantar mucho antes de eyacular.
Pero tampoco estaba dispuesta a esperar. Le puso el preservativo y separó las piernas, preparada para recibirlo.
-Hazme tuya, Natsu.
-Enseguida-murmuró él, pero en vez de hacer lo que le pedía, la echó un poco hacia atrás y empezó a besarle y succionarle los pechos otra vez. Cuando la tuvo jadeando y arqueada contra su boca finalmente penetró en su cuerpo con una lenta y certeza embestida.
-¡Sí!
Lucy presionó la pelvis fuertemente contra él, recibiéndolo por entero. Y entonces se quedó muy quieta, saboreando la incomparable sensación, sin querer moverse por miedo a que se acabara demasiado pronto.
Pero fue Natsu quien empezó a moverse. Le susurró palabras cariñosas al oído y le besó los cabellos mientras la llenaba lentamente, para luego retirarse y empezar de nuevo. La tensión aumentó hasta un límite insoportable y Natsu emitió un gemido ronco y vehemente al tiempo que empezaba a empujar con todas sus fuerzas.
Lucy no sabía de qué manera le gustaba más. Le gustaba todo. Lo quería todo. Y lo recibió todo.
Y finalmente, después de lo que pareció una eternidad sublime, los dos gritaron al mismo tiempo cuando sus orgasmos simultáneos los subieron hasta las estrellas, y se derrumbaron exhaustos y sin aliento en el asiento del coche.
Al día siguiente, no pudieron despedirse de todos y emprender el viaje de regreso hasta pasado el mediodía. A Natsu nada le hubiera gustado más que salir al alba y estar de vuelta en Chicago a las ocho de la mañana. Así podrían ir directamente a su hotel y hacer el amor ininterrumpidamente durante veinticuatro horas.
Y después… sinceramente, no lo sabía. Según dictaba su agenda, tenía que subirse a un avión al día siguiente rumbo a Hong Kong. El miércoles tenía una reunión y mucha gente contaba con él.
Pero la idea de abandonar a Lucy… Dios, ¿por qué le resultaba tan dolorosa? Las relaciones nunca le habían hecho daño, aparte de la añoranza que sentía por su hermana pequeña. Pero nunca había sentido una angustia como la que le provocaba la inminente ruptura con Lucy.
-Gracias otra vez por su hospitalidad-le dijo al señor Heartfilia, después de haber llevado el equipaje de Lucy al coche-. Ha sido un placer conocerlos a todos-les sonrió a los tres hermanos de Lucy-. La próxima vez os enseñaré a jugar al rugby.
Jed asintió. Aún tenía un ojo morado por el partido supuestamente amistoso del día anterior.
-Sí, tenemos que jugar la revancha-su mirada podría haber sido amenazadora, pero su tono era muy respetuoso.
Toda la familia los había acompañado al coche, seguidos por Rex y Radar como una pareja de guardias reales. Natsu tenía que admitir que la demora en salir era culpa de Lucy y de él. No habían regresado a la granja hasta pasadas las dos de la mañana y, consecuentemente, habían dormido más de la cuenta. Gracias a ello la familia había llegado a tiempo para las prolongadas despedidas.
-Mucho cuidado en la carretera-dijo el señor Heartfilia mientras Natsu ayudaba a Lucy a subir al coche-. Ponte el cin…
-Descuida, papá-dijo ella, abrochándose el cinturón de seguridad.
La expresión de su padre le dijo que no se arrepentía en absoluto por preocuparse de su seguridad. Natsu reconocía aquella inquietud paternal porque la había visto en los ojos de su propio padre. No sólo por Wendy, sino también por él.
Nunca había dudado del amor de su padre. Y estaba también claro que los padres de Lucy querían a su hija. La única diferencia estaba en la manera de demostrar ese amor. En la familia de Lucy no había ruegos, amenazas ni exigencias. Tal vez no les gustara la vida que Lucy había elegido, pero no iban a intentar cambiarla.
El padre de Natsu podría aprender algo de ellos.
-Llámanos cuando llegues a casa, ¿de acuerdo?-pidió la señora Heartfilia mientras besaba a su hija en la mejilla. Entonces le acarició el pelo y le susurró algo al oído. Algo que quería mantener en secreto ante los hombres de la familia. Sin duda era algo más que palabras de amor y buenos deseos.
Sentado al volante, Natsu sintió cómo Lucy se ponía súbitamente rígida a su lado. Al parecer no se esperaba lo que su madre acababa de revelarle al oído.
Lleno de curiosidad, arrancó el coche, volvió a despedirse de todos y enfiló el largo camino hacia la carretera. Detrás del asiento, el gato se acomodó en su jaula y se quedó dormido al momento. Y Lucy, mientras tanto, permaneció en silencio, sumida en sus pensamientos.
Natsu no dijo ni le preguntó nada. Si ella quería hacerle partícipe de las confesiones de su madre, lo haría cuando lo estimase oportuno.
Y así fue, en cuanto se incorporaron a la carretera.
-Lo sabía.
-¿Qué?
-Mi madre. Sabía que no eras el hombre del que le había hablado-sacudió la cabeza y se frotó los ojos bajo las gafas de sol-. Sabía que no eras Loke.
Natsu empezó a reírse. Ya se había dado cuenta de que la señora Heartfilia era extremadamente perspicaz. Pero la forma como Lucy pronunció el nombre de Loke lo hizo ponerse serio. Entonces la miró y vio cómo le temblaban los labios, y una luz se encendió repentinamente en su cabeza.
-Dios mío… De verdad había un Loke.
Lucy no respondió en seguida. Se quitó las gafas de sol y se las puso sobre la cabeza, como si quisiera que Natsu viera la verdad en sus ojos.
-Sí-confesó-. Había un Loke.
Natsu apretó la mandíbula e intentó mantener una actitud distante e impersonal. A fin de cuentas, ella lo había contratado para el fin de semana, nada más. No podía pretender que fuera completamente sincera sobre lo que pasaba en su vida. Ni podía sentirse dolido por descubrir la verdad.
-Entiendo… ¿Fue tu último amante?-le preguntó con una mueca de desagrado. No soportaba emplear aquella palabra con cualquier otro hombre que hubiera tocado a Lucy.
-No, no fue mi amante.
Natsu soltó entonces el aire que había estado conteniendo sin darse cuenta.
-Salíamos juntos, pero nunca llegamos tan lejos.
El tono apagado de su voz le confirmó a Natsu que sí habían llegado lo suficientemente lejos…. para sufrir y dejar cicatrices.
Se obligó a no involucrar sus propios sentimientos y bajó la mano para entrelazar los dedos con los de Lucy.
-¿Qué ocurrió?
-Estaba casado.
Natsu apretó los dientes sin poder evitarlo. Lucy no le parecía aquel tipo de mujer. Era demasiado sincera. Demasiado adorable.
Pero él era el menos indicado para juzgar a nadie por sus actos. Muchas de las mujeres con las que había estado eran esposas hastiadas de sus maridos que le pagaban por hacerles compañía.
Aun así, la idea de que Lucy perteneciera a aquella clase de mujeres le dolió profundamente.
-Entiendo.
Ella le soltó la mano, como si percibiera que se estaba alejando.
-No, no lo entiendes. Yo no sabía que estuviera casado.
Entonces le contó toda la historia, y con cada palabra aumentaba el enojo de Natsu. Al acabar el relato, tenía las manos tan fuertemente aferradas al volante que le dolían los nudillos.
-Así que se hizo pasar por un pobre padre divorciado para ganarse tu confianza y luego intentó meterse en tu cama.
-Más o menos.
Maldito hijo de perra… Natsu daría lo que fuera por darle su merecido.
-Siento no haberte contado la verdad desde el principio-dijo ella-. Me resultaba demasiado humillante. Estoy… muy avergonzada por lo que ocurrió y…
-Y temías que tus padres descubrieran la verdad-concluyó él.
-No te imaginas cuánto.
Después de pasar un fin de semana con la familia Heartfilia, Natsu sí que podía hacerse una idea…
-¿Qué te dijo tu madre exactamente?
Lucy sorbió por la nariz y se rió entre dientes, como si no supiera si echarse a llorar o a reír.
-Me dijo que no se le ocurría ningún apodo que sonara como Loke.
No había sido la mejor salida, desde luego.
-Y que aunque no aprobaba el engaño…
-¿Sí?
Lucy se aclaró la garganta.
-Dijo que, viendo las miradas que nos echábamos, era evidente que sentíamos algo el uno por el otro y que podríamos ser muy felices juntos.
Sentir algo. Felices. Juntos. Lucy y él. Como una pareja de verdad. Matrimonio. Familia. Un hogar… Todas las cosas que jamás se había imaginado para sí mismo. Todo de lo que siempre había huido desde que cumplió veintiún años.
Todo lo que él sabía que Lucy deseaba. Con sus propias condiciones, eso sí. Después de haber visto mundo.
Lucy no dijo nada más. Volvió a colocarse las gafas de sol y ladeó la cabeza para que el sol le bañara el rostro, como si quisiera dormir una siesta.
En realidad lo estaba dejando tranquilo, sin obligarlo a hablar. Y Natsu se lo agradeció en silencio, porque no habría sabido qué decir.
Continuará…
….
Bueno bueno bueno… nos estamos acercando al final…quisiera advertir que a partir de el siguiente capítulo la cosa se pondrá un pelín 'dramática' y después muuuuuuuy empalagosa, sinceramente yo quitaría muuuuucha de esa empalagosidad, pero simplemente me limito a adaptarla.
Muchas gracias a:
-Karliss: muchas gracias por haberme dejado un comentario en el capítulo anterior, y como ves no ha dormido en el granero ^^… un beso!
-A todas las personas que siguen esta historia y que por las razones que tengan no me pueden dejar un comentario, muchas gracias por seguirme!
