Disclaimer: Seamos francos, si Harry Potter me perteneciera nunca habría sido un libro para niños, de hecho, ni siquiera se llamaría Harry Potter.
I'm looking through a hole in the sky
i'm seeing nowhere through the eyes of a lie
i'm getting closer to the end of the line
i'm living easy where the sun doesn't shine.
Black Sabbath – Hole in the sky.
Hadas malignas.
—Hay una razón por la que los menores de tercero no pueden bajar a las fiestas —indicó Millicent por millonésima vez, respirando hondo para cargarse de paciencia—. De hecho, ni siquiera está permitido que montemos fiestas en la Sala Común, ¿cómo pueden tener ganas de hacerla con lo que ha pasado esta noche? —inquirió, tratando de afrontar una nueva línea de ataque que aplacara la "brillante" idea de su compañera.
Tracey dejó de mirarse en el espejo de Greengrass, chasqueando la lengua con desaprobación antes de sacarse la blusa por la cabeza y arrodillarse frente a su baúl para rebuscar un nuevo atuendo.
—Es Halloween, en Halloween se montan fiestas y se gastan bromas: algún memo habrá considerado la monda hechizar a esa gata y pintarrajear una estupidez para meter miedo. El mismo Dumbledore dijo que la gata estaba petrificada, no muerta, todo es una broma. Los mayores lo habrán deducido (si es que no es cosa de alguno de ellos) y por eso siguen con la idea de celebrarlo porque esa es la gracia de las fiestas: celebrarlas. ¿Qué te parece este vestido? —inquirió Tracey, sacándolo del baúl y extendiéndolo sobre sí misma para mirarse en el espejo.
—Te queda corto —opinó Berenice Moon, sentada en su cama, dejando de fingir que no le interesaba la conversación de sus otras dos compañeras—. ¿De verdad vais a colaros en la fiesta?
—No/Sí —contestaron con rotundidez Millicent y Tracey, respectivamente, para después mirarse con hastío ante la cabezonería de la otra.
Tracey se despojó de los pantalones y se probó el vestido a pesar del comentario de Moon, Millicent se dejó caer de espaldas sobre la cama con desgana. Las tres chicas estaban solas en su cuarto, Parkinson y Greengrass estarían en el de los chicos, puesto que no las habían visto desde la cena y lo sucedido en el pasillo.
—Pásame la varita —pidió Tracey a Millicent, sacándose el vestido y estirándolo sobre la cama.
—¿Y cómo se supone que vamos a evadir al Prefecto cuando nos vea en la Sala? —inquirió la morena, estirándose para darle lo que le había pedido.
—Terence me ha prometido que para cuando bajemos se habrá encargado de mermar su sentido común y "responsable", del resto ya me encargo yo —desestimó la chica, oscureciendo el color del vestido hasta que quedó negro, con destellitos plateados en el encaje del pecho y los hombros, antes de acampanar las mangas. Lo alzó al aire y lo escrutó con el ceño fruncido.
—¿Por qué tienes tantas ganas de ir? Sólo falta un año para que podamos bajar sin problemas. Ese Higgs te está robando la infancia —acusó Bulstrode, con un mohín de desaprobación. Sentía que había repetido esa frase demasiadas veces y, como con todas sus antecesoras, ni siquiera se molestó en darle una respuesta.
Tracey se puso el vestido y se alzó de puntillas para verse en el espejo, dando una vuelta sobre sí misma para contemplarse por todos los ángulos. Una vez que quedó satisfecha, se volvió hacia Millicent y le cogió las manos, logrando que la morena bufara aún antes de usar su expresión de huérfana desvalida en su contra.
—Eso no funciona conmigo —rezongó, soltándose del agarre.
Ambas chicas se miraron con fijeza durante un segundo, para que al final, Tracey se encogiera de hombros y optara por ser directa:
—¿Qué gracia tiene tener que esperar por algo que podemos tener esta misma noche? Es mucho más divertido cuando se supone que no debemos estar ahí. Parkinson y Greengrass ya se han emborrachado una vez y siguen vivas, y nosotras tenemos los remedios de Terence para paliar los efectos al día siguiente. Vamos, cámbiate y bajemos de una vez.
—No pienso cambiarme —se negó la morena, cruzándose de brazos.
Tracey sonrió, una de esas sonrisas anchas que le marcaba las mejillas, borraba los hoyuelos y mostraba toda la hilera de dientes. Millicent chasqueó la lengua, inconscientemente había admitido que a pesar de todo bajaría. La observó ponerse una diadema en el pelo y enfundar los pies en las botas, antes de girarse a mirar a Moon.
—¿Estás segura de que no quieres venir con nosotras? Al final te tomarán por esquirol con tanto juntarte con miembros de otras Casas e ignorar a los de la tuya —indicó, paseándose hasta llegar a su cama y apoyarse en uno de los postes del dosel.
—¿Y tener que aguantar a esa manada de gorilas en su estado de alcohólicos y vete-a-saber-qué otras cosas se habrán metido? Paso, gracias —rechazó la chica, colocándose bien las gafas y dejando su libro en la mesita de noche—. Pueden pensar lo que quieran.
Tracey hizo un mohín con los labios, si bajaba a solas con Millicent ésta no se despegaría de ella y le estaría recriminando todo lo que tratara de hacer, y así no había quien disfrutara de la fiesta. Moon no le caía especialmente en gracia, se creía superior por todas esas pamplinas de ser una verdadera señorita que apunto estuvo de ir al mejor colegio mágico de señoritas: Beuxbatons, o cómo leches se llamara. Ella ya había estado en colegios de señoritas, y eran un coñazo.
Necesitaba que Moon bajara con ellas, así Millicent trataría de huir de ella y acabaría haciendo lo mismo que Tracey. O al menos, si no cedía, se quedaría con Moon y ambas la desaprobarían desde lejos. También iba a necesitar a alguien que la ayudara a subir las escaleras, no quería acabar dormida en los sofás. Terence ya le había advertido de todo lo que podía pasar en aquella fiesta, y aunque estaba deseosa de probarlo, era consciente de que necesitaba el sentido común —y desfasado— de esas dos para sobrevivir a su primera incursión al mundo de las reglas rotas.
—No tienes por qué tratar con ellos si no quieres, además, dudo mucho que se fijen en nosotras, sólo somos crías de segundo. Piensa que, si ya te tienen vista ahora, no serás novedad el año que viene y no irán a por ti…
—Tampoco tengo interés en ir el año que viene, ni el siguiente.
Tracey cerró los ojos, inspirando hondo y guardándose los siseos de "niña repelente y antisocial" para sus adentros. En lugar de aquello, sonrió de nuevo y se tendió en la cama a su lado, acodando el brazo sobre la almohada y apoyando la cabeza en su mano.
—Alguna vez tendrás que salir de este cuarto o te saldrán hongos. Despierta de una vez: no has acabado en el colegio de tus sueños, ¿y qué? Yo tampoco lo he hecho, y aún nos quedan seis años aquí, ¿quieres completarlos siendo una paria? —ronroneó. Se sentó en la cama y la miró con una suave condescendencia, deslizando la mano por su cara para colocarle el pelo tras la oreja—. Si quieres cumplir tus sueños, tienes que empezar a vivirlos, Nice.
Cuando los ojos oscuros de la chica se deslizaron hasta la colcha, Tracey miró a Millicent para guiñarle un ojo, gesto que la otra contestó rodando los suyos. Mala influencia, ese Higgs estaba siendo una mala influencia; o tal vez Millicent no había querido ver esa parte de Tracey hasta que ella había dejado de molestarse en ocultarla.
—No tengo ganas de cambiarme de…
—¡Puedes bajar en pijama! —la interrumpió Tracey, casi sacándola arrastras de la cama, ahora que la tenía no pensaba soltarla—. En Halloween lo normal es que la gente se disfrace, mira Millicent con su uniforme: va de colegiala rebelde.
—¿Y de qué se supone que vas tú? —inquirió la aludida, alzando las cejas ante la trola inventada sobre la marcha de su compañera.
—Del hada maligna que se cuela por las noches en la habitación de las dulces e ingenuas niñas y se alimenta de vuestras infancias —contestó, apremiándolas a salir por la puerta y bajar las escaleras.
—Nunca había oído hablar de esa criatura, ¿es algún tipo de folklore muggle? —inquirió Berenice, parándose en mitad de las escaleras para mirar a Tracey.
—Más bien es una especie autóctona de Slytherin —indicó la morena, sonriendo ampliamente cuando tuvo delante la fiesta organizada en la Sala Común.
Ni la misma Tracey estuvo segura de qué hacer una vez llegadas a ese punto, pero no iba a dar marcha atrás, aunque ese nudo nervioso en su estómago se retorciera hasta hacerle querer subir corriendo a refugiarse en su habitación. Porque cuando cerró los ojos y la algarabía ensordeció sus oídos, sabiendo que no iba a ser una noche perfecta y que había sido una egoísta por arrastrar con ella a sus dos compañeras, lo notó removerse en su interior: quería ser una de esas criaturas.
—Disfrutad de la depravación, señoritas —las saludó Higgs, adelantándose de donde estaban sus amigos, todos con esas sonrisas burlonas y ese brillo en los ojos que provocaron un estremecimiento en las tres niñas, abriendo los brazos para darles la bienvenida.
Tracey fue la primera, sin apenas pensarlo, que se adentró en la fiesta. Necesitaba que le devorasen la infancia.
Nota: Tenía mis dudas con respecto a este capítulo, más de las mil inseguridades habituales.
He cambiado la canción unas diez veces, sin exagerar, para volver a usar la que quise desde el principio: más que la esencia del capítulo, es la del fic, la de Tracey, de Terence, de Pucey y la de muchos de los Slytherin en esa época de sus vidas, de ahí a que dudara en ponerla para esta escena, de usarla tan pronto. Está tan cargada de las cosas que quería (y quiero) representar en el fic que casi podría usar sus líneas para el resto de capítulos.
Puede que me haya precipitado, y es muy posible que vuelva a usarla más adelante, cuando parezca más acorde y haya conseguido transmitiros lo que Ad hoc es (o será); pero al mismo tiempo me parecía la más adecuada para este momento, para este punto de inflexión, esa mirada al agujero en el cielo y esa vida simple donde el sol no brilla.
Respecto a la escena en sí, diréis que es superficial y estaré de acuerdo, también que puede ser exagerado para una niña de doce años, pero esa es la gracia: Tracey ya no quiere seguir siendo una niña, quiere ser un hada autóctona de Slytherin. Puede que más adelante se arrepienta, o puede que no, puede que simplemente nunca entienda lo que su deseo le hace dejar atrás o tal vez prefiere abandonarlo antes de que se la arrebaten.
En fin, que cada cual haga sus propias conjeturas (y si es posible, me las comuniquéis), pero sí es cierto que quería (y necesitaba) algo así antes de meterme en lo que viene después, al fin y al cabo, estamos en el Año del Basilisco y eso tiene sus consecuencias.
By free, mis verdosas hadas malignas.
