Virtudes en azul y bronce
Por Muinesva
VII
Generosidad
Lisa Turpin
Aquel verano está siendo demasiado caluroso y Lisa odia el calor. ¿Dónde están aquellas singulares nubes tan características de Londres? El sol brilla con fuerza y Lisa se encuentra sentada a una mesa bajo una sombrilla en la heladería Florean Fortescue degustando una enorme copa de helado de cereza. Un viento ocasional sopla refrescando la tarde. Lisa tarda todo lo posible antes de volver a las compras. Todavía le faltan los libros. Decidió entrar más tarde a Flourish & Bloots, ya que en ese momento está abarrotada de gente y sabe que no podrá respirar ahí dentro. Se molesta consigo misma por haber tardado tanto en ir a por sus nuevos útiles, solo falta una semana para el inicio de su quinto curso en Hogwarts y está ahí, muriéndose de calor.
Con un pequeño y gracioso bufido se da cuenta que ya no le queda más helado y decide que es hora de irse. Observa que la librería está casi vacía y se apresura en dirigirse al lugar. Con la lista en sus manos coge los libros que necesita echando una mirada de desconfianza al que les encargaron para la materia de Defensa Contra las Artes Oscuras, "Teoría de la Magia Defensiva". Con el ceño fruncido lo hojea y basta un poco para darse cuenta de que eso no le servirá para nada. Quizás si lo complementaran con un texto de hechizos de defensa la cosa podría mejorar un poco… Vuelve a mirar la lista de Hogwarts y se da cuenta que no hay más libros del tema. Se preocupa un poco porque ese año son los TIMOs. Se ha informado ya sobre todo lo que hay que saber referente a dichos exámenes y por eso decide preguntar al encargado sobre algún libro que pudiera ayudarle, pero éste está muy ocupado. Un poco molesta decide esperar, hojeando diversos libros, esperando encontrar uno para su nivel de estudios. Está tan ensimismada que no se da cuenta de que un joven se acerca a ella y se sobresalta cuando él le alcanza un libro.
—Lo siento —se disculpa—, pero creo saber lo que buscas.
Lisa le mira con extrañeza pero coge el libro. Al mirar mejor al chico lo reconoce como un compañero suyo de su casa, pero de sexto año.
—Sé del libro que les encargó Umbridge —comenta él.
—¿Umbridge? —pregunta ella sin entender.
—La nueva profesora de Defensa —explica él y Lisa asiente—. El libro que te aconsejo me ayudó mucho a pasar mis TIMOs. Te servirá.
Una sonrisa se extiende por el rostro de Lisa y le echa un rápido vistazo al libro que le acaba de dar el chico. Le da las gracias y lo coloca sobre la pila de libros que piensa levarse y trata de levantarlos para llevarlos al mostrador pero una vez más el chico se adelanta y le ayuda.
Diez minutos más tarde Lisa sale de la tienda con varios paquetes decidida a ir al Caldero Chorreante pero al pasar por la Tienda de Animales recuerda que aún le falta comprar algo más. Se interna en el oscuro y acogedor establecimiento y observa que ya hay alguien en el mostrador, de modo que decide esperar mirando detenidamente a su alrededor. Coloca sus paquetes en el suelo mientras espera y no puede evitar escuchar la conversación que se desarrolla entre la clienta y la vendedora.
—No niña, lo siento, no puedo dártela a ese precio —escucha decir a la bruja.
—Pero señora —suplica una infantil voz—, es todo lo que me queda. Y esa lechuza me gusta mucho. He oído a otros niños preguntar por ella y sé que se la llevarán si no me doy prisa.
Lisa las observa y fija su atención en la pequeña niña que apenas puede alcanzar el mostrador. Es obvio que será su primer año en Hogwarts.
—Hay otras lechuzas, querida, aquella no es la única.
—Lo sé, pero esa es especial —dice la niña en un susurro tímido.
Lisa busca con la mirada la lechuza que la niña señala y no puede estar más de acuerdo. Las lechuzas son aves realmente inteligentes, pero aquella tiene algo que la hace muy especial, y ésta parece creer lo mismo de la niña ya que la mira con mucha atención.
—Vamos niña, que hay otros clientes —dice la bruja mirando a Lisa quien tiene el impulso de decir que podría esperar pero la niña se hace a un lado con rapidez sin dejar de observar a la lechuza— ¿Qué deseas?
—Golosinas lechuciles y galletas gatunas, por favor.
Lisa espera mientras la bruja se dirige hasta un estante y saca un paquete grande de golosinas que pone sobre el mostrador. Luego se acerca a un tarro grande de vidrio donde unas galletas con forma de ratón se agitan mágicamente. Llena un paquete con varias y lo cierra, colocándolo a lado de las golosinas. La joven saca las monedas y paga su compra. Está a punto de irse cuando algo la detiene. Pregunta el precio de la lechuza que quiere la niña y puede oír el gemido de angustia de ésta.
—Quince galeones —le responde la bruja.
—Me la llevo, y también otro paquete de golosinas.
La bruja baja la jaula y la coloca en el mostrador. Lisa observa de reojo a la niña, quien está con la cabeza gacha y la joven teme que esté llorando. Vacía su monedero y ve con alivio que le alcanza lo justo para pagar. Coge la jaula y se la da a la niña, ésta levanta la mirada, sorprendida y abre la boca sin emitir sonido alguno.
—Toma, y cuídala mucho —le sonríe—. Te aseguro que las golosinas le encantarán.
La niña no es capaz de articular palabra pero poco a poco se le forma una enorme sonrisa y suelta una carcajada llena de felicidad, unida a un satisfecho ulular proveniente de la lechuza que está en sus manos.
