Disclaimer: The Hunger Games no me pertenece.
...
Cierro los ojos con fuerza y tengo taparme los oídos con las manos. Eso hace que mi flotabilidad falle y me hunda en las frías aguas del lago. Por suerte mi amigo está ahí y tira de mi brazo sacándome de nuevo a la superficie.
—¡Katniss corre!¡Nada! ¡Tenemos que salir!
El sonido de la voz de Gale me parece lejano, pero le hago caso y comienzo a nadar hacia la orilla más cercana. No dudo de que nos han visto, no dudo de que van a por nosotros.
Nado lo más rápido que mis piernas y mis brazos me permiten y consigo llegar a la orilla un metro por detrás de Gale. No tenemos tiempo para recoger nuestras pertenencias, así que así, semidesnudos, corremos hacia el bosque, hacia la valla de nuestro Distrito.
Gale atrapa mi mano y tira de ella, haciendo que mi velocidad aumente, el es más rápido que yo y a cada zancada temo caer de bruces al suelo.
Noto como las piedras y las ramas rotas del suelo se clavan en mis pies, magullándolos, como los arbustos arañan mis piernas. Sé que estoy sangrando, pero eso ahora no importa, Tenemos que correr, salir de aquí.
El bosque ahora está completamente en silencio, no se escucha la sirena, pero tampoco se oye a ningún pájaro. Y es eso lo que hace que Gale y yo sigamos corriendo, quizás no les veamos, pero están ahí, sobre nosotros o incluso corriendo por el bosque.
Corremos hasta un saliente rocoso y allí en la penumbra de la maleza que lo recubre nos ocultamos. El bosque sigue sin sonido alguno así que Gale coloca uno de sus dedos sobre mis labios. Aunque no hace falta que lo haga, no voy a decir nada por muy aterrada que esté. Solo oímos nuestras respiraciones, esos jadeos en busca de aire para apagar el ardor de nuestros pulmones.
Intentamos contener la respiración y escuchar.
Nada.
El bosque al completo se ha quedado sin sonido, no hay ni siquiera viento.
Gale va a abrir la boca cuando algo arranca el saliente rocoso de cuajo. Miro hacia arriba y aunque los ojos se me llenan de tierra veo como un enorme gancho se lleva la enorme roca y la lanza lejos. Por encima está el aerodeslizador.
—¡Corre!
No puedo evitar lanzarme a la carrera antes de que Gale tome mi mano, pero sé que me sigue, en unos pocos metros me ha alcanzado.
—Será mejor separarse— Grita entre jadeos.
—¡NO!¡NO!— La simple idea de perderle me aterra tanto como perder a Prim.
—¡Sí!
Y aunque intento protestar Gale da un giro de 90 grados y corre perpendicular a mí. Quiero seguirle, quiero permanecer a su lado, pero mi mente me grita que así es mejor, no pueden atraparnos a los dos, y si al menos uno de nosotros sale de esta podrá alimentar a nuestras familias.
Las piernas empiezan a fallarme cuando aún me quedan al menos quinientos metros para llegar a la valla. Ya veo entre algunos árboles los carteles de "alto voltaje" .
Estoy a punto de conseguirlo cuando algo me hace caer. Me retuerzo entre una malla metálica que se clava en mi cara y mis manos. Grito el nombre de Gale cuando eso, sea lo que sea me eleva por los aires.
Un segundo después dejo de ver el verde del bosque, la oscuridad me envuelve.
Caigo al suelo desde al menos un par de metros y el sonido que se escucha a mi alrededor es metálico. Gimo y escupo. La boca me sabe a sangre. Pero la sangre no importa. Porque ahora ya nada importa.
En unos minutos estaré muerta. No más caza, no más comida para mi familia, no más Cosechas. Por favor, que Gale lo haya conseguido. Sé que él mantendrá a mi familia, como yo a la suya. Lo habíamos pactado. Pero y si, ¿está aquí conmigo?
—¿Gale?¿Estás aquí?
Silencio.
Intento escuchar algo pero solo oigo mi respiración agitada. Intento ver algo pero solo hay oscuridad en donde quiera que me hayan metido.
Silencio y oscuridad. Puede que esté muerta. Resoplo y descarto completamente esa idea. El dolor de mis pies, el de la caída y el sabor de la sangre son tan reales, tan intensos que es imposible que esté muerta. Solo estoy atrapada. Encerrada en un aerodeslizador.
¿Cuánto tiempo llevo aquí? ¿Por qué aún no han venido a por mí? No sé a qué esperan. Que acaben con esta angustia. Que me den una muerte rápida. Quiero dejar de pensar en la dulzura de Prim, en el sabor del queso de esta mañana, en Gale poniendo su mano en mi nuca y luego tirando de mi muñeca para que corriera. Que alguien venga ya. Que acaben con esta agonía.
Espero varios minutos y nada. Mi respiración se calma y sigo sola en la inmensa oscuridad. Me levanto y estiro la mano. No toco el techo. Salto y sigo sin tocarlo. Camino despacio hacia una de las paredes. Uno, dos, tres pasos y choco contra la pared. Me muevo por la estancia pegada a la pared y calculo que tiene unos siete pasos por cada lado. No tengo ni idea de lo alto que es.
Me siento contra una de las paredes y no puedo evitar que las lágrimas escapen de mis ojos. Primero son lagrimas furtivas que no quiero que salgan, pero con el paso de los segundos se convierte en un amargo llanto por todo lo que he perdido.
El tiempo pasa. Creo que han pasado muchas horas desde que empecé a llorar. Los ojos me duelen y puedo apostar que están rojos e hinchados, igual que mi cara. Sé que increíblemente he estado hasta dormitando. Puede que haya pasado hasta casi un día.
De repente oigo un silbido que me hace poner todos los sentiros alerta. Es en ese momento que noto como un leve movimiento, un pequeño empuje. Deduzco que nos hemos detenido. En un segundo estoy con todos los sentidos alerta y al siguiente una brillante luz me ciega, inundando toda la estancia. Tengo que cerrar los ojos aturdida. Maldigo mi suerte y me froto los ojos. Poco a poco puedo abrirlos y observar el lugar en el que me encuentro gracias a la potente luz. Paredes blancas y suelo de metal, en él está la sangre que escupí. Los focos están a unos tres metros del suelo.
Me incorporo rápidamente. Justo a tiempo de ver como una de las paredes desaparece y aparecen dos hombres. Dos Agentes de Paz con sus característicos uniformes. Ya está. Mi vida llega a su fin.
—Andando...— el más alto de ellos me apunta con un arma de fuego.
No entiendo nada y les sigo. Intimidada, asustada. Ambos me escoltan hasta fuera del aerodeslizador por un estrecho pasillo. Supongo que me mataran fuera.
Cuando salimos al exterior es de noche y aunque tengo frio a causa de mi atuendo (solo la fina camiseta y mi ropa interior) no puedo evitar contener el aliento al ver lo que hay a mi alrededor. Enormes edificios y luces por todas partes. No necesito ser muy lista para saber donde estoy. El Capitolio. Estoy en lo amas alto de uno de los edificios del Capitolio. No puede ser. No entiendo que significa esto. Toda la vida, en todas partes nos han dicho que el precio por salir y por la caza furtiva es la muerte inmediata. ¿Por qué me han traído aquí? ¿Me van a matar en una especie de celebración? Se me encoge el corazón al imaginar a Prim viendo mi muerte por televisión. Un castigo ejemplar. Un aviso para todo el Distrito 12, un aviso para todo los distritos. Algo así como "esto es lo que pasa por incumplir las normas".
Inmediatamente entramos dentro del edificio por una pequeña puerta de color rojo. Después de unos pocos metros unas puertas se abren automáticamente. Entramos en un pequeño cuarto y hasta que no empieza a moverse no sé que es un ascensor. Solo había subido una vez más a un ascensor. Recuerdo el traqueteo y el asqueroso olor a grasa rancia cuando subí en aquel otro ascensor, el de El Palacio de Justicia de mi distrito cuando mi padre murió en la mina. Todo lo contrario a este. Su olor a limpio y lo silencioso que es contrasta enormemente con mis recuerdos. El ascensor desciende y se detiene a los pocos segundos y volvemos a recorrer un angosto pasillo.
Mi angustia crece por momentos, no entiendo nada y la amenaza de que vayan a matarme en público crece más y más.
El pasillo se ensancha y empiezan a aparecer puertas, entramos en la número cinco. La sala es prácticamente igual que la del aerodeslizador, solo que esta posee mobiliario. Una camilla la preside y a su alrededor hay varias mesas con utensilios y tarros de colores, he de reconocer que no se para que sirve ninguno de ellos, pero me imagino que serán para realizar alguna especie de tortura.
Los dos Agentes de la Paz se dan la vuelta a la vez, con un rápido giro sobre su pierna derecha y salen del cuartucho, cerrando de un portazo y dejándome completamente sola. Aun que sé que es imposible que pueda abrir la puerta cojo el pomo e intento girarlo y empujo con toda la fuerza que tengo. Pero esta no cede ni un poco. Estoy completamente atrapada en esa ratonera.
Me alejo de la puerta y vuelvo a apoyarme contra una pared, dejándome caer hasta que mi trasero toca el suelo. Es en este momento en el que puedo observar mis piernas. Arañazos aquí y allá algunos más profundos que otros, todos ellos cubiertos por sangre seca. La planta de mis pies no está en mejor estado. Observándolas me pregunto cómo he podido llegar andando hasta aquí. Rasguños y heridas la surcan al completo, incluso en el pie derecho tengo clavada una piedra. La desincrusto y empiezo a sangrar. Me maldigo pero, ¿qué más da? voy a morir.
Tan entretenida estoy mirando mis pies, que no me doy cuenta de que la puerta se ha abierto hasta que es cerrada de nuevo. Un hombre de piel color canela y pelo naranja brillante se acerca a mí.
—Hola…— carraspea al ver que yo no digo nada, su tamaño y su bata blanca me intimidan— Mi nombre es Julius y voy a curarte esas heridas.
...
MUchas muchas gracias por leer, y muchas gracias por los reviews! son un gran apoyo en momentos difíciles, gracias de verdad!
Gracias en especial a: Luzyla. Palermo, PeetasAndHerondales, Nina D'e Mellark, nayely, White10, Hermionita, y akatsuki84
Avance:
Se abre la puerta y aparece un hombre de pelo castaño, esta vestido con ropa muy simple para ser del Capitolio. Pantalón y camisa negros, lo único raro que hay en él son sus ojos perfilados de color oro. Me sonríe pero yo aparto la mirada. No sé qué quiere de mi, pero aunque su sonrisa me da confianza su procedencia me echa para atrás. Por mucha sonrisa que me muestre, por muy poco extravagante que vaya, ese hombre vive aquí. No quiero tener nada que ver con él.
—Soy Cinna, tu estilista—me tiende la mano pero yo no se la estrecho.
Actualizo los Sábados.
Besos de fuego!
