Disclaimer: The Hunger Games no me pertenece.


...

Mi primer impulso después de la sorpresa es levantarme y huir. Consigo levantarme con la espalda pegada a la pared, para luego con un rápido movimiento esquivar a ese gran hombre y llegar hasta la puerta. Andar duele y me arden los pies, pero no quiero que nadie me toque.

No me cuesta mucho llegar a la puerta y me sorprendo cuando puedo girar el pomo. Ésta se abre con facilidad, pero lo que me encuentro al otro lado me hace retroceder. Los dos Agentes de Paz que me custodiaron hasta esta habitación vigilan la puerta arma en mano, como si una chica en bragas y magullada fuera peligrosa. Cierro de nuevo la puerta ante la atenta mirada socarrona del hombre.

—No me obligues a sedarte...— le miro asustada— deja que cure tus heridas.

—¿por qué vas a curarme?

—Sigo órdenes.

—¿Van a matarme?— su sonrisa no sé si me asusta o me gusta.

—Si fuera así, ¿cómo es que debo curarte?, por el momento estas a salvo—"por el momento" repito mentalmente.

Dejo que se acerque a mí y se agache para examinar los rasguños arañazos y cortes. Se acaricia la barbilla mientras escudriña toda el área de mis piernas. Acerca su mano y toca la sangre seca de uno de los cortes más profundos. Ese corte tiene en especial tan mala pinta como mis pies. Si muevo la pierna aun sangra, además de toda la sangre seca que tiene a su alrededor que le da aun peor apariencia. Sin preguntarme coge mi tobillo derecho y me obliga a levantar el pie. Resopla y no sé si eso significa que tienen peor apariencia de lo que yo había visto o simplemente es que no ha visto muchos cortes en su vida. Suelta mi tobillo y repite la misma operación con el otro pie, incluso el resoplido es casi idéntico.

— Creo que lo primero de todo será limpiarte toda esa porquería— asiento aunque esa palabra me enfade, no es porquería solo sangre seca que está ahí por culpa de uno de sus malditos aerodeslizadores.

Julius me empuja hasta llegar a la camilla y me obliga a tumbarme. Tiene tanta fuerza que es como si no le pusiera resistencia. Coge uno de los muchos botes que hay en las mesas, lo abre y deja caer cierta parte de su contenido por toda la longitud de mis dos piernas. El líquido de color verde oscuro se vuelve fucsia al contacto con mi piel y cuando el hombre empieza a restregarlo forma una densa espuma que se adhiere a mi piel haciendo que cada una de mis heridas escueza como la que más. En un par de minutos retira la espuma adherida y sorprendentemente todo rastro de sangre ha desaparecido, solo quedan los cortes pulcramente limpios. Como si acabara de darme un baño.

No puedo evitar mi cara de sorpresa al ver mis piernas limpias aunque el dolor de las heridas no ha disminuido, es más, ahora parecen escocer más, como si estuvieran frescas. Julius se gira y coge otro botecito, este más pequeño y sin ni si quiera mirarme lo abre y empieza a extender el ungüento de olor agrio y color rojo por cada uno de los cortes, sin dejarse ninguno. El alivio es casi inmediato. Dejan de doler al instante y no puedo evitar suspirar por culpa de ese alivio cuando lo extiende por la plata de mis pies. Cuando termina envuelve mis piernas con una especie de vendaje de plástico, sorprendentemente así me encuentro mejor.

Después se acerca con otro bote en la mano para examinarme la cara. Me obliga a abrir la boca y comprueba la fortaleza de mis dientes intentando moverlos. Por suerte no se mueve ninguno aunque si que depende de la zona donde toque duele bastante, me hace daño.

Se aleja de nuevo y me observa de lejos, negando con la cabeza.

—Yo no puedo hacer nada más, para el resto necesitas un estilista— Su cara de asco me repugna y me levanto de un salto de la camilla— No deberías moverte con eso así, curaras antes.

—Creo que no quiero sus curas...ni su atención y mucho menos su estilista— Definitivamente van a matarme en un programa de televisión, de ahí la necesidad de estilista.

— Donde vas a ir lo necesitaras— se dirige a la puerta y la abre— debes estar dos horas así— y con eso ultimo abre la puerta y se va.

Le maldigo con todas las palabrotas que me sé, y no me estoy quieta. Me incorporo, me levanto y voy hacia la puerta. Cerrada. Genial. Dos malditas horas aquí encerrada con las piernas cubiertas de un asqueroso plástico.

30 minutos.

1 hora.

Cuando ha pasado una hora y media parezco una fiera enjaulada. Doy vueltas por la habitación cada vez más rápido. De un lado a otro. Siento que voy a explotar. Tengo hambre y sed, pero aun así no dejo de moverme. El plástico de mis vendajes se ha escurrido y ya llega casi a las rodillas.

Me siento en la camilla y grito tirándome del pelo. Me estoy volviendo loca. En ese momento miro una de las mesas. Tienen tantos botes de colores, tantas cosas del Capitolio. Y es tan tentador. No lo pienso más y prácticamente corro hacia ella. Cojo el primer bote. Lo sopeso en mi mano y lo lanzo con fuerza contra la pared. Se rompe en mil pedazos derramando en un gran charco un líquido parecido a la miel aunque huele como a pintura. El siguiente bote lo sigue a los pocos segundos. Y luego otro y otro. Al minuto he lanzado casi todos cuando la puerta se abre y varios Agentes de Paz me apuntan con sus armas. Levanto las manos aunque en cada una tengo un bote.

Ya esta, prefiero morir ahora que delante de todo Panem, delante de mi hermana que estará obligada a verlo. Mi mano derecha lanza el bote que se estrecha contra la cabeza de uno de ellos, tirándole al suelo en el acto. El otro bote le da al que está más cerca en el pecho. Espero la muerte jadeando pero no disparan, solo se apartan para dejan entrar a otro hombre con bata y piel color dorado. Lleva algo en la mano pero no veo lo que es, lo levanta y siento un pinchazo en el cuello.

Empiezo a ver borroso, las rodillas me fallan. Antes de caer al suelo deduzco que me han sedado.

Cuando abro los ojos el olor a fresas llena la estancia. Qué raro, hace un par de días que no cogemos fresas, no entiendo por qué mi casa huele así. Tampoco entiendo por qué hay tanta claridad, en mi cuarto no entra tanta luz. Me llevo la mano a la cabeza, ya que estoy un poco aturdida y huelo las fresas en mi piel. ¿Pero qué...? Me olisqueo el dorso de la mano y luego todo el antebrazo. Me incorporo y observo la habitación en la que estoy y hago memoria. El bosque, el aerodeslizador, Julius...

Estoy en una cama sencilla en una habitación sin ningún mueble más. Algo que me sorprende es que estoy desnuda. En mi piel hay algo distinto y no es solo el olor. Esta suave y fresca, muy suave, sin cicatrices...y salvo en la cabeza no tengo ni un solo pelo. Maldita sea, se han encargado de ello mientras estaba inconsciente. ¿Y ahora qué?

Me siento completamente expuesta, así que lo único que se me ocurre es encoger las piernas y rodearlas con mis propios brazos. La memoria vuelve a traerme recuerdos de esta mañana, mi preocupación por la primera cosecha de Prim. Como cambian las cosas. Ahora mi única preocupación es que no me vea morir, y lo peor es que ni siquiera estoy en los Juegos.

Se abre la puerta y aparece un hombre de pelo castaño, esta vestido con ropa muy simple para ser del Capitolio. Pantalón y camisa negros, lo único raro que hay en él son sus ojos perfilados de color oro. Me sonríe pero yo aparto la mirada. No sé qué quiere de mí, pero aunque su sonrisa me da confianza su procedencia me echa para atrás. Por mucha sonrisa que me muestre, por muy poco extravagante que vaya, ese hombre vive aquí. No quiero tener nada que ver con él.

—Soy Cinna, tu estilista—me tiende la mano pero yo no se la estrecho.

—No necesito un estilista, ahórrate ese trabajo.

— Tengo que hacerlo, estoy obligado. Aunque no me parezca justo lo que te está pasando— Esa última frase la dice susurrando, aun así me hace levantar la cabeza.

— Ya...te parece injusto...pues sácame de aquí— mi voz suena más desesperada de lo que quiero que suene.

— ¿y que nos conviertan en un avox?, o peor aún, ¿nos maten?

—No...no sé que es un avox pero yo estoy prácticamente muerta.

— ¿por qué dices eso?

—Van a matarme en un programa de televisión ¿no?— el hombre, Cinna, sonríe y eso me pone más furiosa, si no estuviera desnuda me levantaría y echaría a correr.

—No van a matarte...

— ¿y por qué necesito un estilista?

—creo que será mejor que te lo expliquen más tarde, cuando te vistas y estés más cómoda— Por primera vez su sonrisa me parece sincera, aunque aun recelo un poco.

—ahora vuelvo

Cinna se marcha sin tan si quiera volver a mirarme. Me miro las uñas de los pies que brillan. Nunca las había visto tan pulidas, tan bonitas. Las uñas de mis manos tienen el mismo acabado perfecto. Echo de menos mi vello pero me gusta el tacto suave que tienen mis piernas.

Regresa a los pocos minutos con un par de cajas en las manos. Sonríe y abre la más grande y de ella saca un vestido de color verde pino, ver ese color hace que me acuerde de nuevo de casa y eso envía una punzada de dolor directamente a mi corazón. Aun así dejo que me muestre el vestido y me alegro de que sea algo tan sencillo y no como los que he visto por la televisión, en la caja más pequeña hay unos zapatos a juego con el vestido. Por suerte no se ha olvidado de la ropa interior.

Dejo que me vista resignada, y aunque las únicas veces que llevo vestido son el día de la Cosecha, con los comentarios y sonrisas de Cinna se me olvida un poco donde estoy y como llegue a aquí.


Gracias por llegar aquí y gracias por leer!Hasta aquí el fic parece un poco aburrido, pero en el siguiente capítulo sabremos qué es lo que quieren de Katniss, por que la han cogido y no la han ni azotado ni matado,y en cambio la pone guapa nuestro queridísimo Cinna! y en un par de capítulos más el Chico del pan hará acto de presencia.

Gracias especialmente a: PeetasandHerondales, White10 y Setsuna Hyuga!

Avance:

— ¿Me queréis como tributo?- susurro asustándome.

—Oh...no...no— sonríe— Deberías ser cosechada para entrar como tributo.

— ¿Pero...?

—Pero la gente pide algo nuevo, quiere emoción, intriga...Y ya no nos sirve con escenarios atroces o mutaciones salvajes— Da otro trago al zumo— Necesitamos más...

—¿Más...?— empiezo a estar completamente aterrada, entendiendo a lo que se refiere. No me doy cuenta de que Cinna se ha levantado hasta que noto su mano en mi hombro.

Actualizo los Sábados.

Besos de fuego!