Disclaimer: The Hunger Games no me pertenece.


...

Retrocedo temblando prácticamente, intentando asimilar lo que acaban de escuchar mis oídos. Si quiero salvar a Gale y a nuestras familias tengo que arriesgar mi vida, y posiblemente morir en la arena.

Soy fuerte y lista, se cazar. Pero cada año los tributos de los distritos más ricos(los que llamamos "profesionales" en el 12) son más grandes y fuertes. Y yo no es que sea muy grande, estoy segura que hasta las chicas de esos distritos pesaran casi el doble que yo. Supongo que mi ventaja será que no han de matarme para ganar.

Pero algo que tengo claro es que yo si voy a tener que eliminar a alguno, ¿ es que no les sirve que se maten entre ellos? no entiendo para que me necesitan.

He de repetirme que ésto es un castigo, el peor de todos.

Vuelvo sobre mis pasos y me siento en otra silla. Lleno mis pulmones de aire y del olor delicioso de la comida y lo expulso con fuerza, suspirando. Miro en silencio a ese hombre de aspecto raro y espero a que diga algo. Pero no lo hace, solo da pequeños sorbos a ese maldito zumo de naranja.

—¿Qué debo hacer?— intento que mi voz sea ruda pero solo es un atisbo de mi propia voz, no puedo disimular lo asustada que estoy.

—La cosa es fácil Katniss, sabemos tus habilidades, como te mueves, la puntería que tienes— Eso me aterra aún más, ¿cuánto tiempo llevan observándome?— Te entrenaremos para aumentar tu fuerza y resistencia. Luego viajaras a la arena unos días antes que los tributos, para que te familiarices con el lugar. Tendrás que sobrevivir y complicarles la vida a los tributos.

—¿Complicarles la vida?— mi voz sigue siendo un maldito murmullo

—Sí, debes de ser una amenaza para ellos, si te cruzas con alguno intentar eliminarlo.

—Como si fuera un tributo más...

—No como un tributo, con más facilidades que ellos. Serás más mortífera un tributo.— Un escalofrío recorre mi cuerpo. Matar tributos sin ser uno de ellos, prácticamente como una profesional. Seré la persona más odiada de todo Panem, si sobrevivo el Distrito entero me dará la espalda.

—Si sobrevivo, ¿qué será de mí después?

—Regresaras a casa, y serás recompensada por los servicios prestados.—Dudo que eso ocurra, no van a darme nada gratis. Aun así asiento.

—Debes de descansar, mañana empiezas el entrenamiento, casi no tenemos tiempo.-Con estas palabras Seneca se levanta, y hace una reverencia extraña acercándose a mí como si fuera a besar mi mejilla.—Esto no es justo, lo sé, intentare que regreses a casa.—lo susurra a mi oído, como si fuera un secreto, como si alguien pudiera oírnos. En ese momento recuerdo todas las cámaras de los Juegos y no puedo evitar pensar que aquí también hay.

—Hare un buen trabajo— lo digo más por las cámaras que por él o por mí. No me fío de él. Por mi parte se que no dejaran que salga con vida de la arena.

Cuando oigo las puertas del ascensor cerrarse miro a Cinna. La expresión que me devuelven sus ojos es difícil de descifrar. Creo que en el fondo siente lastima por mí, creo que es un buen hombre, solo le ha tocado hacer algo que a él no le gusta.

—Todo irá bien— me susurra— yo apostaría por ti— habla aun más bajo, ahora ya no dudo de que nos observan.—Vamos...—comienza a hablar en tono normal.—mañana te espera un día muy duro...

Sin decir más salimos de esa estancia. Yo creía que iriamos de vuelta al ascensor pero Cinna pasa de largo y me dirige hacia un pasillo. Abre la puerta del fondo de éste y veo el dormitorio más grande que he visto en mi vida. Toda mi casa entraría en este cuarto. Tiene un montón de armarios(o lo que deduzco que son armarios empotrados en las paredes )y en el centro una enorme cama preside todo el cuarto.

—Aquí dormirás estos días

— Es...es enorme...— susurro pero luego decido no decir más quizás para alguien del Capitolio esta habitación sea de lo más normal.

— Si que lo es, el Presidente ordenó que fueras tratada como alguien muy importante.

—Como un tributo— Cinna no dice nada, solo asiente ante mi comentario.

Entro en la estancia y es aun más lujosa de lo que parece desde la puerta. Las puertas de los armarios están decoradas con extraños grabados, hay una puerta que supongo que da al baño. Pero nada de eso me importa, me siento en la cama y la firmeza del colchón me sorprende, muy diferente al de casa, lleno de muelles sueltos que se clavan cuando te recuestas. Me dejo caer hacia atrás, acaricio la suave colcha con los dedos y me permito cerrar los ojos e imaginar que lo que acaricio es la hierba fresca del claro del bosque. Pero sentir un peso extra en la cama me hace volver a la realidad. Miro a Cinna, sus cejas casi se unen en su entrecejo, parece que se siente apesadumbrado. Y eso me sorprende. No entiendo su pena por mí. Esta aquí para ponerme guapa para cuando entre en la arena a acabar con los 24 niños que han sido cosechados este año.

Agarra mi mano y la presiona un poco como para animarme.

—Todo irá bien...—murmura

—Sabes tan bien como yo que no va a ser así...

El no dice nada más durante un rato y yo tampoco, no hay nada que decir, aunque no aparta su mano de la mía y aunque odio reconocerlo, eso me reconforta.

—Voy a dejarte descansar, mañana te espera un día duro de entrenamiento— asiento incorporándome

—De acuerdo...—Cinna se levanta y sonriéndome por última vez me deja sola en el cuarto.

Acto seguido me levanto y me dirijo hacia la puerta que da al baño. En cuanto la cruzo las luces se encienden, lo que hace que me asuste y tengo que reprimir un gritito. El baño no se queda atrás en comparación a la habitación en cuanto a lujos. Contiene todas las comodidades incluso una enorme ducha con un panel con más de cien botones.

No lo pienso dos veces y me desnudo completamente y me meto dentro de esa enorme ducha. Observo atentamente el panel y aprieto uno de los botones prácticamente al azar. Un enorme chorro de agua con olor a limón sale del techo. Esta caliente y junto al olor me relaja enormemente. Apretando unos cuantos botones más, consigo que salga gel y champú y puedo lavarme sin mayor problema que algún que otro chorro de agua helada.

Me envuelvo en una toalla para secarme y regreso a la habitación. Dejo caer la toalla y me meto en la cama completamente desnuda. No puedo hacer nada más, por mucho que grite o llore mi suerte está echada, no merece la pena hacerlo ¿no? Suspiro y me tapo completamente, hasta la cabeza, tengo que sacar los recuerdos de mi cabeza. No más Prim ni más Gale, nada del bosque. Aun así mi cabeza da vueltas y vueltas a todo hasta que por agotamiento me quedo dormida.

Me despierto sobresaltada al oír como se cierra la puerta del cuarto. Estaba soñando algo sobre edificios enormes y chicos de la Veta saltando de ellos, una pesadilla, para variar. Espero ver a Cinna, pero a quien veo es a una mujer pelirroja que rehúye mi mirada. Entra en el baño y sale con la ropa que me quité ayer, ni me había molestado en recogerla.

— Oh, lo siento, puedo recogerlo yo.— salto de la cama sin importarme mi desnudez, e intento coger la ropa.

Ella se aparta y niega con la cabeza con los ojos muy abiertos. Luego coge la toalla del suelo y prácticamente corre a la puerta. La abre y cuando va a cruzarla se choca contra un sorprendido Cinna. La mujer hace una reverencia y ahora sí que corre atravesando el pasillo.

—¿Quién es esa mujer?— murmuro sin intentar cubrirme, Cinna ha visto todo mi cuerpo ya.

—Es una avox

— ¿Qué es una avox?—mientras que hablamos saca de una funda todo un conjunto de ropa. Pantalones, camiseta e incluso ropa interior.

—Un avox es un traidor condenado. Se le corta la lengua y trabaja como sirviente— la sangre se me hiela al oír eso y el miedo hace que se me erice la piel— Katniss, no tienes por qué preocuparte...

—Ya...ya...— tartamudeo. Cinna suspira.

—Ponte esto, y vayamos a desayunar, hoy te espera un día duro.

Estoy harta de escuchar eso pero le hago caso y me pongo la ropa que me da sin rechistar. Cuando acabo me lleva al mismo comedor que ayer, y de nuevo la mesa está cubierta de todo tipo de manjares, calientes y esperándome.

—No te empaches, necesitaras estar ágil— Por primera vez me habla firmemente, es una orden. Asiento y me siento a comer.

Después de dos platos de cordero con pasas, un sándwich de pollo y tres vasos de zumo de naranja me levanto de la mesa. Aunque he comido mucho me siento bien, físicamente mejor que nunca. Podría salir a cazar y arrastrar un ciervo de 150 kilos yo sola. Aunque sé que Cinna piensa que he comido mucho por cómo me mira.

Subimos al ascensor y pica en el nivel más bajo. Descendemos en silencio y empiezo a encontrarme más y más nerviosa con el paso de los segundos. Cuando oigo de "ding" de parada el corazón me da un vuelco.

—Hemos llegado, en este piso está el gimnasio

—¿Te quedaras?

—No me lo permiten, pero por favor, no te metas en problemas, atiende a todo lo que te digan, aprende todo lo q te enseñen. Te ayudará en la arena.

Asiento y salgo yo sola del ascensor, no puedo evitar que el temor me invada al ver la gran sala y las armas colgadas aquí y allá. Una mujer alta y de piel morena me espera al fondo. Aligero el paso y enseguida estoy frente a ella.

La mujer me explica que se llama Atala, que será mi entrenadora durante esos días. Empieza diciéndome que no subestime el clima y el entorno donde estaré. No sé por quien me toma, pero eso es algo que ya sé. Mis años en el bosque me han enseñado que hasta una simple tormenta de verano puede ser peligrosa. Aun así dejo que siga con sus explicaciones, y la miro atenta, como si lo que dijera fuera algo nuevo para mí.

Cuando acaba me pide que le muestre de lo que soy capaz y me señala con la cabeza un magnifico arco. Los dedos me cosquillean al imaginar como será tensar esa cuerda. No lo dudo y me acerco a cogerlo. Lo sostengo con una mano, sopesándolo. Tenso y destenso la cuerda varias veces. Es mucho más dura que la de mi arco en casa. De todas formas cojo una flecha y apunto hacia la diana. Disparo y la flecha se clava en el soporte de la diana pero a esta ni la roza.

Me paralizo al ver que he fallado. Yo nunca fallo.

Respiro profundamente y lo intento de nuevo. Cojo otra flecha, intento comparar su peso con las de casa, son muy diferentes. Sé lo que tengo que hacer para no fallar esta vez. Disparo y la flecha se clava justo en el centro de la diana. Luego disparo otra y otra. Me alejo más, disparo, tomo más ángulo, disparo. Todas y cada una de las flechas van a dar al centro de la diana, a ese pequeño círculo amarillo.

Atala mantiene la boca abierta y yo no puedo evitar sonreír con cierto orgullo. No creía que aquello fuera a salirme tan bien.

Me deja descansar un poco y aprovechan para traerme la comida. Después de comer tengo que demostrarle mis habilidades para correr y trepar, Algo que no se me da nada mal. Por iniciativa propia le enseño las pocas trampas que sé hacer. Acaba siendo un día agotador de verdad.

Cuando me lo permite subo yo sola a la planta donde está mi habitación, me doy una ducha con mayor facilidad que ayer y sin cenar me meto en la cama y no tardo en dormirme.

Gracias al cansancio no tengo pesadillas, o al menos no lo recuerdo, y me despierto gracias a la chica avox. Aun así no me muevo de la cama hasta que llega Cinna con mi ropa.

Desayuno y bajo a entrenar. Los siguientes días transcurren igual. A veces uso el arco, otras aprendo a usar los cuchillos o la espada, me enseñan plantas comestibles y medicinales, algunas que ya conozco y otrasq ue no.

El día de la Cosecha intento sacarle información a Cinna, quiero saber quiénes son los chicos de mi Distrito pero no soy capaz de que me diga ni una sola palabra y eso me asusta. Me asusta pensar que Prim haya sido elegida, o que el tributo masculino sea Gale, el tenia 42 papeletas y no una como Prim, tiene más posibilidades de ser él. Ese día lo paso prácticamente como una autómata, el entrenamiento es desastroso asique me permiten irme antes.

Sin desvestirme me meto en la cama y me permito llorar y sacar todo el dolor acumulado.

Tres días después de la Cosecha, cuando subo a mi planta, Seneca me espera cenando.

—Buenas noches señorita Everdeen...

—Lo serán para ti...

—No he venido a recibir tus malas contestaciones, Katniss...— suspiro y me siento frente a él.

—¿Ha venido a decirme que mi hermana ha sido cosechada?- Seneca se ríe y lo único que quiero hacer es rodear su cuello con mis manos y apretar

—Tu hermana está perfectamente en vuestra casa— el alivio que siento al oír esas palabras hace que una sonrisa estúpida aflore en mis labios, aunque no sé si creerle.

—¿y Gale?— niega con la cabeza

—Demasiadas preguntas, Katniss, debemos centrarnos en lo importante, ya sabes más de lo que deberías

—Necesito saberlo

— En tres días lo sabrás— tres días...solo quedan tres días para que los juegos empiecen

—Tres días...

-—Sí, tres días, por lo que tu partirás a la arena mañana.


Agradecimientos: Gracias a todos por leer, y por llegar hasta aquí! Decidme que os ha parecido las reacciones de Katniss, me gustaría saber si os recuerda a la de los libros o no. Es algo que siempre dudo!

Gracias especialmente a Nina D'Mellark, No me has cagado la idea, aunque si que había sopesado algo así jajaja, si lo hubieras hecho, no pasaba nada, habría seguido igualmente con lo que ya tenia pensado, soy una vaga para cambiar mis ideas. Setsuna Hyuga, ¿tan malvada soy? Jajaja aún queda mucho! A tu pregunta ya conteste por privi ; ) Cleoru Misumi, Los Vigilantes no quieren sexo en la arena, pero lo habrá mujajajaj! PeetasAndHerondales, esa pregunta se contesta en un par de capis mas, paciencia! Luin-fanel no soy tan mala! Weno, un poco si jajaja, gracias a ti por leerme!

Avance:

A la mañana siguiente me despierta el viento. Tardo en comprender que no es viento normal. Los aeordeslizadores han llegado. En total cuento dos que pasan rozando casi los arboles. Me bajo de mi improvisada cama de un salto y corro lo más que puedo hasta el borde del bosque. Subo para ocultarme en uno de los arboles a tiempo de ver como los tributos salen de debajo de la tierra a sus respectivos círculos.

Actualizo los Sábados.

Besos de fuego!