Disclaimer: The Hunger Games no me pertenece.


...

Un jarro de agua fría, así me habían sentado las palabras de Seneca. Esta es mi última noche aquí, mañana todo acaba. O empieza. Aun no lo tengo muy claro.

Cuando empiezo a ser consciente de mi misma me doy cuenta de que estoy en mi habitación, bueno, la habitación que me tienen asignada. Aprieto los puños y sin poder evitarlo doy un puñetazo a la pared. Gimo al notar como mis nudillos se magullan. Rompo a llorar, quiero hacerme creer que lloro por el dolor de la mano, pero, ¿a quién pretendo engañar? he sufrido peores heridas y ni una sola lágrima salió de mis ojos. Lloro por lo que me espera mañana.

Cruzo la habitación a zancadas y me meto en el baño. Me despojo de toda mi ropa y me meto en la ducha. Acciono un par de botones del panel y una lluvia de agua caliente me cae encima. El agua quema, deja mi piel roja, pero no me importa ese escozor, mañana será peor.

Cuando mis ojos se secan de tanto llorar salgo de la ducha. Me seco torpemente y me voy directamente a la cama. Me tapo completamente, hasta la cabeza y aprieto los ojos con fuerza. Necesito dejar de pensar, necesito dormir, mañana será un mal día.

Pero no consigo dormir. La noche pasa lentamente, los minutos parecen horas mientras doy vueltas y más vueltas en la cama. Prim está a salvo, por una extraña razon he empezado a creer a Seneca, pero no sé nada de Gale, podría verle mañana en la arena, podría tener que "complicarle la vida" allí y prefiero morir antes que hacer daño a mi mejor amigo.

Veo amanecer a través de la ventana. La luz artificial de la ciudad es sustituida por la de un claro sol. El ruido de la ciudad se hace más intenso. Ruido de motores y pitidos lejanos. Nunca me había dado cuenta de lo ruidoso que era todo aquello.

No aguanto más en la cama y me levanto. Me duele la cabeza y los ojos me escuecen. Creo que hoy pagare con creces el no dormir. Me acerco al armario y cojo algo de ropa, no me fijo muy bien qué es, solo no quiero seguir estando desnuda. Luego me siento en la cama y espero. Sé que la chica avox no tardara en venir.

Pasa casi una hora hasta que la puerta se abre y aparece la figura fina de la mujer seguida de Cinna. El no dice nada, solo se acerca a mí con un intento de sonrisa en su boca y me abraza. Al principio me quedo estática, pero luego le abrazo también reposando mi cabeza en su hombro. Las lágrimas empiezan a picar en mis ojos pero miro hacia arriba para que no salgan, no quiero llorar más. Cuando se separa de mí acaricia mi mejilla y la superficie de debajo de mi ojo derecho, apuesto que está algo mas amoratada de lo que debería, también por no dormir.

—Tendremos que arreglar esto...

—Lo siento, no he podido dormir—Cinna suspira

—Tenias píldoras para ello—Aparto la mirada, ni me acordaba de ello.

—No lo recordé

Cinna asiente sin decirme nada más y tira de mí para salir de la habitación. Vamos al comedor y me obliga a sentarme delante de la enorme mesa. Yo misma me obligo a coger un plato y servirme el desayuno. Obligo a mi mano a llevarme la comida a mi boca, me obligo a masticar y a tragar. Como todo lo que mi estomago me permite pensando que Seneca aparecerá en cualquier momento.

Pero no aparece.

Cinna se levanta cuando me retiro de la mesa, me pregunta si he acabado, asiento y hace que le siga al ascensor. Montamos en el, aprieta el botón y descendemos. Me sorprende al ver que no descendemos hasta el gimnasio. Paramos en un piso muy parecido al del mi primer día. Andamos por un largo pasillo hasta entrar por la primera puerta que aparece ante nosotros. La sala que hay detrás de ésta es de un color gris apagado, hay poco mobiliario, todo de color gris metalizado. No me gusta estar ahí, me pone nerviosa. Me dirige hacia una silla y me siento en ella. Me contempla en silencio y luego de un cajón saca lo que parece material de maquillaje. Aunque me sorprende no digo nada y dejo que trabaje en mí. Pinceladas aquí y allá que me hacen cosquillas. Pasado un rato se aparta y mueve la cabeza satisfecho.

Me da un espejo y me miro. El reflejo que me devuelve no parece ser yo, es una versión de mí con la piel fina, sin ninguna cicatriz en la cara, sin las violáceas marcas de no dormir. Una versión mejorada.

Cuando levanto la mirada para agradecerle el trabajo Cinna no está a mi lado. Le veo andar por la habitación con un aparato extraño en la oreja.

— Si...ya está lista...pueden bajar a la sala 4.18 a terminar de acondicionarla—Aparta el aparato de su oreja y vuelve a observarme.

—¿va a venir Seneca?

—No, Julius y Atala. Cuando acaben, te vestiré y partirás— Tiemblo al oír eso último, estaba aterrada.

—Tengo miedo— susurré sin poder callarlo más tiempo.

—Lo sé Katniss, Pero yo confío en ti, volverás a casa.— Aparto la mirada, no sé si creerle o no, no sé qué pensar y ya ni siquiera como actuar.

No podemos seguir hablando ya que la puerta se abre y entran Julius y Atala. Él lleva su bata blanca, por lo que sé que no solo viene a hablar conmigo.

Y en efecto, de su maletín saca una jeringuilla y un pequeño botecito. Coloca la aguja y rellena la jeringuilla. Quiero huir pero no tengo a donde, no sé qué es eso y siento más miedo si cabe.

— ¿Qué es eso?— como último recurso intento apartarme y esconderme tras Cinna.

—Un medicamento que hará que no ovules, para que no tengas el periodo durante los Juegos.

—¿y si duran meses?

—No menstruaras hasta que no te inyecte el medicamento que revierte el efecto. ¿Contenta? Deja de preguntar— me espeta molesto

No puedo hacer más que salir de mi inútil refugio, me siento en la silla y permito que me inyecte el líquido.

Atala se sienta frente a mí y me mira directamente a los ojos. Carraspea y coloca en su regazo una mochila de color naranja.

—Llevaras esto contigo—Le da un golpe a la mochila— Contiene un saco de dormir que refleja el calor del cuerpo, un paquete de galletas saladas, un paquete de tiras de cecina, una botella de yodo para purificar agua, una caja de fósforos de madera, una cuerda, un par de gafas de visión nocturna y una botella vacía.—Asiento casi sin entender las palabras— Todo esto te será muy útil para tu supervivencia. También llevaras un arco, un carcaj con 12 flechas y un cuchillo.— Eso me alivia tanto que dejo escapar un suspiro, al menos estaré bien armada.

—Algo más?— Murmuro con la mirada fija en esa mochila de color tan llamativo.

—Te inyectaremos un localizador, como a los tributos para saber donde estas en todo momento.

—No tendré patrocinadores ¿no?

— No eres un tributo para ello— eso último lo dice de mala gana.

Resoplo y ya no digo nada más, no serviría de mucho. Me muerdo en interior de la mejilla pensando en todo lo que me espera a partir de ahora. No sé cómo será la arena, puede ser un desierto de arena con solo un riachuelo para que todos los tributos beban, o puede que sea un bosque, o una ciudad en ruinas. Puede haber cualquier cosa allí, y puede estar habitada también por cualquier tipo de animal. Mutaciones horribles y violentas, plantas venenosas. La muerte puede estar a la vuelta de cada esquina. Justo en este momento lo pienso. Puede haber más personas como yo ahí dentro. Es lo lógico. Por lo que no solo tendré que batirme con los tributos, si no con todos los cazatributos que estemos allí.

—¿Hay más gente como yo?— Consigo pronunciar esas palabras justo antes de que Atala abandone la sala.

—Buena pregunta Katniss— murmura ella dándose la vuelta— Había más como tú, entrenando. Pero no han pasado los entrenamientos.— y con eso sale de la habitación dejándome completamente aterrada.

Cinna coloca sus manos sobre mis hombros y aprieta un poco, acaricia mi mejilla y luego vuelve a abrazarme.

— ¿qué quiere decir que no han pasado el entrenamiento?

—Que no eran tan fuertes como tú y los han desechado— y se que desechado quiere decir que los han matado, o como mínimo ahora son obedientes avox.

—Vamos Katniss, tienes que vestirte, no podemos llegar tarde.

Regresamos a mi habitación en silencio, nuestros pasos repiquetean en el mármol con un fuerte eco que se me clava en los oídos. La opresión del pecho se hace cada vez más grande, la angustia y el miedo me aturden. No vuelvo en mí hasta que noto como la camiseta abandona mi cuerpo. Cinna me ayuda a cambiarme. Los colores de la ropa son oscuros, unos pantalones verde apagado y una camiseta de manga corta color negro. Me obliga a ponerme dos pares de calcetines, no entiendo para qué pero no digo nada. Las botas son de cuero suave y se adaptan perfectamente a mis pies. Antes de abandonar la habitación me ayuda con la chaqueta, es larga y de una tela fina, pero él me dice que guardará el calor de mi cuerpo perfectamente.

Salimos de la habitación agarrados de la mano. No sé en qué momento se la he cogido pero Cinna me la aprieta con fuerza y le agradezco el gesto de apoyo ya que he empezado a temblar de miedo. Subimos en el ascensor y después de que Cinna apriete el botón correspondiente ascendemos hasta la azotea.

Allí me espera un aerodeslizador idéntico al que me trajo aquí, quizás sea el mismo. Dos Agentes de la Paz custodian la entrada y Julius está a su lado. Vuelvo a recibir un fuerte abrazo de Cinna, estoy a punto de llorar cuando alguien tira de mí. Uno de los Agentes se ha acercado y nos separa, empujándome hacia el aparato. Puedo leer un "hasta pronto" de los labios de Cinna antes de que las compuertas se cierren.

Julius me indica que me siente en uno de los asientos y cuando lo hago unas tiras me inmovilizan, absurdamente intento levantarme pero las correas me aprietan más contra el sillón. Sin previo aviso me inyecta algo en el antebrazo y grito. Duele. Cuando saca la aguja puedo ver como algo brilla un par de segundos debajo de mi piel. "El localizador" pienso. Julius se marcha sin que crucemos ni una palabra y noto como el aerodeslizador se eleva.

No siento ningún movimiento más durante horas, hasta que el aerodeslizador da un nuevo tirón. Hemos llegado. Los dos Agente de Paz entran en el compartimento en el que estoy. Uno de ellos lleva la mochila que me enseño Atala y el otro el arco y el carcaj.

—La Cornucopia está minada, ni se te ocurra acercarte y armarte hasta los dientes— el agente que lleva la mochila me la lanza con desprecio.

—No lo haré— ni si quiera se me había ocurrido, con el arco y el cuchillo tengo suficiente.

—Bien...— me dan las armas— y ahora andando.

Prácticamente me empujan fuera cuando las compuertas se abren. La luz me ciega durante unos segundos, pero luego puedo ver como el aerodeslizador desaparece.

Intento normalizar mi respiración ya que he empezado a jadear. Pero algo en el aire me tranquiliza un poco. Huele a pino y roble. Me giro sobre mis talones y ante mí se extiende un enorme bosque. Sonrío un poco, es un buen sitio para ocultarse. Sigo girando y a pocos metros tengo la Cornucopia con los 24 círculos donde estarán los tributos dentro de un par de días. Detrás de ésta hay un enorme lago y al otro lado hay un campo con la hierba tan alta que podría cubrirme entera.

No lo pienso más y me dirijo hacia el lago, de la mochila saco la botella y la relleno de agua, echo las gotas de yodo y espero el tiempo reglamentario. Me bebo toda el agua de un trago. Vuelvo a llenarla y después de añadir el yodo la guardo y me dirijo al bosque.

Las siguientes horas me paso buscando otras fuentes de agua y animales qué cazar, todo me parece demasiado fácil, es como estar en casa. Cazar y estar atenta a los animales salvajes. Pero en mi camino solo me encuentro conejos y una especie de ave, más grande que una gallina. Aprovecho que estoy sola en esta tierra para encender un fuego y cocinar la carne, no voy a comer carne cruda.

El día pasa casi sin darme cuenta, la noche es fría y aunque podría encender un fuego prefiero trepar a un árbol y atarme a una de las ramas metida dentro de mi saco. Como la noche anterior no pude dormir caigo rendida y me duermo.

El día siguiente pasa igual, nada raro a mí alrededor, nada de mutos, nada de otros cazatributos. Solo yo. Cuando llega la noche me doy cuenta que será la última que pase tranquila, puede que sea mi última noche con vida. Cierro los ojos y cuando estoy cayendo en los brazos del sueño el himno estridente del Capitolio inunda el bosque. Entre el follaje de los arboles puedo ver el escudo del Capitolio en el cielo.

—Buenas noches Katniss—Genial, eso confirma que estoy sola aquí— Mañana temprano llegaran los tributos, recuerda, queremos un buen espectáculo, o sufrirás las consecuencias.— el escudo desaparece y con el todo rastro de sonido.

El anuncio ha acelerado tanto mi corazón que ahora me cuesta dormir. Me quedo despierta varias horas, oyendo a los animales nocturnos, búhos y roedores en su gran mayoría.

A la mañana siguiente me despierta el viento. Tardo en comprender que no es viento normal. Los aeordeslizadores han llegado. En total cuento dos que pasan rozando casi los arboles. Me bajo de mi improvisada cama de un salto y corro lo más que puedo hasta el borde del bosque. Subo para ocultarme en uno de los arboles a tiempo de ver como los tributos salen de debajo de la tierra a sus respectivos círculos.

Rápidamente escudriño a todos ellos. Como supuse la gran mayoría son más grandes que yo, no me cuesta reconocer a los "profesionales" su mirada iracunda, fulminando al resto les delata. También hay chicos jóvenes, de 13 o 14 años. Y una niñita, una niña que por su constitución se parece a Prim, ninguna de las dos aparenta más de 12 años aunque los tengan, y tiene la misma mirada asustada. ¿Cómo voy a apuntarla con una flecha y atravesar su pecho? No, no puedo hacerlo.

De repente recuerdo el porqué estoy aquí. Busco el círculo del tributo masculino rogando por no ver la cabellera negra y los ojos grises de mi amigo. Pero a quien veo ahí hace que tenga que taparme la boca para no gritar de impotencia. No...Él no...Por favor...el no...Cierro los ojos con fuerza y cuando los abro vuelvo a ver el mismo pelo dorado y esos ojos azules asustados. "No puede ser" suplico de nuevo en mi fuero interno. El Chico del Pan no...


Chan chan! Hemos llegado a lo interesante por fin! Aquí está el panadero mas sexy! Por fin empieza lo bueno jajaja!

Agradecimientos: Gracias por haber llegado hasta aquí, a partir de ahora va a haber más emoción, lo prometo! Gracias especialmente a Nina D'Mellark. Setsuna Hyuga, Cleoru Misumi, PeetasAndHerondales, Luin-fanel y White10 gracias por vuestros comentarios, hacéis que escribir sea especial.

Avance:

He matado a una persona. Soy una asesina. Que esa chica fuera a matar a Peeta no es excusa. Soy yo la que ha acabado con su vida sin pensarlo.

Todo por ese chico.

No puedo evitar recordar aquel día lluvioso, aquel día que el hambre era tan doloroso que sentía como si mi estomago fuera apaleado, cuando el frío era tan intenso que calaba hasta los huesos. Ese día que me di por vencida contra el árbol junto a la panadería, mientras que el olor a pan me embriagaba.

Actualizo los Sábados.

Besos de fuego!