Primero de todo siento el retraso, no pude actualizar ayer porque no estuve en todo el día en casa.

y ahora:

Disclaimer: The Hunger Games no me pertenece.


...

Recuerdo que tengo que parpadear. El shock que me ha provocado ver a ese chico me ha dejado paralizada, pero tengo que recuperarme, solo quedan unos segundos para que todo empiece. Busco a la chica del doce y me sorprendo al reconocerla. Un cierto alivio me embarga cuando veo que no es Prim, pero el conocer a esa chica me pondrá las cosas difíciles. La recuerdo perfectamente de clase, su cara redondeada siempre tiene (o tenia) una sonrisa en la boca. Sus ojos azules siempre tenían brillo, ese brillo que tienen cuando estás bien alimentado y eres feliz. Su pelo rubio paja está recogido en dos coletas, como siempre...

Delly Cartwright morirá pronto en estos juegos, lo sé, y eso hace que un nudo en mi estomago crezca y crezca.

El "gong" que indica el inicio de los juegos me devuelve a la realidad del bosque. Vuelvo la vista al Chico del Pan y le veo correr. Le suplico mentalmente que se vaya de allí, que no entre en el baño de sangre de la Cornucopia.

Veo como Delly lo hace, corre hacia el bosque igual que la niñita de piel morena. Al menos de momento no tengo que preocuparme por ellas.

Maldigo al chico del Pan cuando le veo correr hacia una mochila. ¿No se da cuenta de que es jugar con la muerte? Se me para el corazón cuando veo como uno de los profesionales se acerca a él con un enorme cuchillo. Quiero gritarle, quiero decirle que corra. Pero me sorprende lo que pasa. Aunque el profesional se acercaba por detrás, él se da cuenta y con un rápido movimiento le tira al suelo y le da un puñetazo en la cara, veo como al profesional le sale sangre de la nariz. Aun así se que no está muerto.

Me tranquilizo cuando le veo salir corriendo en mi dirección con la mochila y una lanza en la mano.

Pero esto no acaba aquí. Una chica que le supera en tamaño sale corriendo tras él, su pelo moreno revuelto cayendo sobre su cara le da un aspecto aun más feroz. "Corre más rápido Peeta Mellark" murmuro para mí cuando veo que la chica acorta distancia, es más rápida que él.

Cuando llegan al límite del bosque la chica le pisa los talones. No lo pienso más, no puedo permitir que a ese chico le hagan daño. Cojo una flecha del carcaj, la coloco y cuando la enorme chica se lanza sobre Peeta, disparo. Un montón de sangre baña la cara de Peeta y la chica deja de moverse. He acertado justo en su cuello.

Peeta la mira asustado, le cuesta salir de debajo del cuerpo. Se limpia la sangre de la cara con la mano y mira hacia los lados, se que cree que ha sido otro tributo.

No quiero dejarme ver, asique subo un poco más en el árbol y espero a que salga corriendo. Me quedo sobre ese árbol mucho tiempo, oigo la pelea en la Cornucopia, pero intento no hacerle caso.

He matado a una persona. Soy una asesina. Que esa chica fuera a matar a Peeta no es excusa. Soy yo la que ha acabado con su vida sin pensarlo.

Todo por ese chico.

No puedo evitar recordar aquel día lluvioso, aquel día que el hambre era tan doloroso que sentía como si mi estomago fuera apaleado, cuando el frio era tan intenso que calaba hasta los huesos. Ese día que me di por vencida contra el árbol junto a la panadería, mientras que el olor a pan me embriagaba.

Cuando le vi salir creía que iba a echarme de allí, pero se acerco al cerdo, como si fuera a darle de comer. Algo extraño había pasado porque tenia la mejilla hinchada. Pero no dio de comer al cerdo. Lanzo los panes hacia mí y sin mirarme entro en la panadería.

Cogí el pan y guardándolo bajo la ropa (aunque quemaban) me fuina casa y por primera vez en meses Prim mi madre y yo nos fuimos a la cama con la tripa llena.

Con once años ese chico me había salvado la vida. Y maldita sea, nunca me atreví a darle las gracias. Ahora se lo debía. Por honor. Me daba igual las amenazas de Seneca. Aunque pensándolo bien, iba a pelear contra otros tributos, es lo que quieren ¿no?

El primer cañonazo me hizo volver al presente. Uno...Dos...Puedo contar hasta once. Once chicos han muerto en unas pocas horas. No sabré quienes son hasta la noche cuando sus caras salga reflejadas en el cielo.

Compruebo que no hay nadie cerca y bajo al suelo. Mis piernas están engarrotadas asique tengo que dar unos pequeños saltos y un par de carreras para despertarlas. Luego decido seguir el rastro de Peeta, no me fio de que pueda encontrar agua por sí solo.

No me cuesta mucho dar con él, es un chico muy poco cuidadoso, se nota que nunca ha estado en el bosque.

Está a varios kilómetros de cualquier fuente de agua, y por los jadeos que puedo oír a cincuenta metros de él, está agotado. Suspiro porque no sé muy bien qué hacer, si presentarme deliberadamente ante él y darle un poco de agua o guiarle de alguna manera hacia el agua. Me decanto por la segunda opción, aunque aún no sé cómo.

Me subo a un árbol y le observo. Camina pesadamente y sin tener cuidado con las ramitas que rompe o los hierbajos que pisotea. Maldita sea, este chico es más tonto de lo que pensaba. Se deja caer contra un pino y desciende hasta el suelo arrastrándose por su tronco. Cierra los ojos unos segundos pero inmediatamente vuelve a mirar a un lado y a otro. Como todos los que estamos aquí parece asustado. Su cara aun tiene restos de sangre de la chica que maté, solo por eso me cuesta mirarle.

Pasamos varios minutos quietos, el sentado contra el pino y yo sobre la rama del enorme árbol. Pero en pocas horas se hará de noche y no quiero que Peeta pase la noche sin beber. Así que decido actuar. Bajo de árbol con cuidado de no hacer ningún sonido y rodeo a Peeta con la suficiente distancia para que ni me vea ni me oiga.

Cuando me sitúo justo donde quiero, al otro lado del Chico de Pan, Cojo una flecha del carcaj, respiro profundamente como cada vez que debo estar concentrada y lanzo la flecha que se clava en el tronco a treinta centímetros de la cabeza de Peeta. Como es lógico él se sobresalta y huye hacia el lado contrario, justo en dirección hacia el riachuelo. Parece que mi plan dará resultado, aunque odio hacerle correr en ese estado.

Recojo la flecha cuando se aleja y Le persigo a una distancia prudencial, por si debiera hacerle cambiar de dirección y por su seguridad, a estas alturas los profesionales estarán de caza, como cada año.

Pero no necesito más flechas, Peeta llega un par de horas después al riachuelo. Desde lejos puedo ver como deja la mochila y la lanza en el suelo y se mete dentro del agua y aunque está de espaldas se que se está frotando la cara, lavándose. Vuelvo a pensar que es estúpido y que tiene muy poco cuidado. Al menos tiene un poco de sentido común, ya que veo como saca de la mochila una botella de un litro y la llena, echa el yodo y espera.

No puedo evitar sonreír un poco cuando le veo beberse la botella entera de un solo trago. Luego llena otra y realiza el mismo procedimiento. Si que estaba sediento...

La noche empieza a caer cuando Peeta hace un inventario de lo que tiene en la mochila, veo que tiene un saco como el mío, un par de cuerdas, un cuchillo y el paquetito de galletas saladas con el sello del Capitolio.

Se nota que no está acostumbrado a pasar hambre, ya que abre el paquete y empieza a comer esas galletitas. Al menos sabe parar y solo come lo que parece ser la mitad.

Necesito ponerme mis gafas de visión nocturna cuando se hace tan oscuro que ni distingo su clara piel. En este momento si que Peeta Mellark me sorprende. Recoge unas cuantas ramas de árboles, y las acerca a unos arbustos, pero de tal manera que parecen que han caído ahí por casualidad. Se embadurna con barro la cara y procede hacer lo mismo en el saco negro, en él incluso pega varias hojas. Se embadurna las manos y metiéndose tras los arbustos y las ramas se acomoda en el saco, coloca varias hojas sobre su cara y dejo de verle. Si no fuera porque sé que está ahí hasta con mis gafas pasaría desapercibido. Suspiro aliviada sabiendo que al menos la noche la pasará seguro.

La temperatura ha bajado tanto que mis manos están completamente heladas, y como no puedo hacer nada más por Peeta me subo a un árbol cercano y preparo mi improvisada cama. Me ato como cada noche al árbol y me acomodo lo mejor que puedo.

Espero al himno pensando en Delly y la niñita morena. No sé si han sobrevivido. Sí, las vi salir corriendo hacia el bosque, pero bien podían haberlas seguido, y han sonado once cañonazos, once muertes. Pueden estar entre ellas. Pero si no han muerto, ¿habrán encontrado agua? ¿Tendrán comida? ¿Algún sitio donde guarecerse?

El sonido estridente del himno hace que me quite las gafas y mire hacia el cielo. El sello del Capitolio lo ilumina todo, incluso me ciega momentáneamente. Acto seguido sale la cara de la chica a la que maté, bajo ella reza "Distrito 3". No puedo evitar que el corazón se me encoja al verla tan limpia, con su pelo bien peinado, hasta sonriendo. Pero no puedo olvidar lo que significa que su cara salga la primera, los tributos profesionales del 1 y del 2 siguen vivos. Después sale el chico del 4 y el del 5 inmediatamente después. También puedo ver la fotografía de los dos tributos de 6 y del 7, el del chico del 8. En este momento estoy suplicando por no ver a Delly y a la niñita aunque para mi serían un problema. Aparecen los dos tributos del 9. Solo queda uno. Contengo el aliento hasta que aparece la foto de la chica del distrito 10.

El sello desaparece y la oscuridad lo inunda todo. Ni la niña ni Delly han muerto, lo que hace que me preocupe por ellas. Y la preocupación duele. Pero necesito dormir para estar atenta a lo que ocurra mañana, no debo preocuparme por ellas. He elegido. Y mi elección es Peeta. Se lo debo.

...


Bueno bueno, que os ha parecido la aparición de Peeta? La muerte de la chica? Y que Delly sea la tributo femenina? Hago demasiadas preguntas...

Agradecimientos: Gracias por haber llegado hasta aquí. Gracias especialmente a Setsuna Hyuga, Cleoru Misumi, PeetasAndHerondales, Luin-fanel y Andy Knightwalker y Oschii

Avance:

Vuelvo a reprenderme por estar pensando en esas nimiedades en un sitio como este y giro de nuevo la cara comprobando que ya se ha puesto la ropa interior. Ahora ha tomado su ropa sucia y la refriega contra las rocas, intentando limpiarla. Cuando termina la pone sobre unas ramas al sol y empieza a limpiar el saco de dormir. De vez en cuando le oigo gruñir y no puedo evitar reír suavemente por lo que tengo que taparme la boca. También coloca el saco al sol para secarlo le veo suspirar y rascarse la cabeza, algo que hace que vuelva a sonreír como una tonta

Actualizo los Sábados.

Besos de fuego!