Disclaimer: The Hunger Games no me pertenece.
...
Abro los ojos al oír un chisporroteo. No tengo que buscar mucho en mi memoria para saber que es ese ruido. Una fogata. Alguien muy estúpido ha encendido una hoguera cerca de mí. Rezo para que no sea Peeta, espero que no sea tan idiota.
Miro hacia donde le vi desaparecer y las ramas y hojas están como las recordaba, no se han movido ni un ápice, no puede ser él. Respiro levemente aliviada, aunque una hoguera cerca de Peeta es peligrosa. Me incorporo y dirijo la mirada hacia el sonido. Cerca, a unos 15 o 20 metros de nosotros veo el resplandor inconfundible del fuego. Gracias a su luz puedo ver la cara de una chica. Se frota las manos sobre el fuego sin saber que está firmando su sentencia de muerte. Los profesionales habrán visto la hoguera y ya estarán de camino.
Me lo pienso durante unos minutos y al final decido acercarme y apagar yo misma la hoguera. Confió que la chica al oírme salga corriendo.
Pero no me da tiempo a llegar. Cuando pongo los pies en el suelo veo como cinco personas rodean a la pobre chica, dos enormes chicos y tres chicas de iguales proporciones. Uno de ellos, el chico más alto agarra del pelo a la chica, que grita ahogadamente y cruza una espada por su cuello, cortándoselo. La sangre sale a borbotones por la herida mientras que la chica intenta respirar en vano, cinco segundos después se oye el cañonazo que indica su muerte.
Me he quedado ahí parada sin hacer nada, no puedo mover ni un solo musculo de mi cuerpo. Jadeo cuando veo al chico limpiar la sangre de su espada en la camiseta del cadáver. Maldita sea, eso es cruel.
Le recuerdo a mis piernas que deben hacer algo y me encaramo al árbol para volver a subir.
—¡Muy bien hecho Cato!— oigo una voz aguda, de una de las chicas.
—¿La habéis oído gritar?— todos ellos ríen— hay que ser estúpido para encender fuego de noche.
— Sí, es como si dijera, "venid y matadme"—La misma voz chillona de antes, y con solo oírla ya tengo ganas de clavarle una flecha entre ceja y ceja.
Mis sentidos se ponen aún mas alerta cuando oigo sus pasos acercarse. Intento no moverme pero la necesidad de saber si se acercan o no a Peeta puede más y me descuelgo un poco. Andan en línea recta, pasan por debajo de mí y siguen hacia el riachuelo, directos hacia Peeta.
Maldita sea.
Con las gafas de visión nocturna veo que se están acercando peligrosamente al escondite de Peeta, y aunque parece bueno me arriesgo a que le descubran, y no puedo permitirlo. El Chico del pan tiene que ganar los Juegos este año. No me permito pensar en la posibilidad de que no sea así. Así que tengo que hacer algo, tengo que hacerlo ahora mismo. Actuó sin pensar, rompo una rama y la lanzo lejos.
Funciona. Veo como miran hacia donde he lanzado la rama. El chico rubio, Cato creo que se llama, levanta la mano para que guarden silencio. Puedo asegurar que hasta noto como contienen la respiración. Unos minutos después continúa andando. Apuesto a que han pensado que era un animal.
No me queda más remedio que coger una flecha y tensarla en el arco. Apunto hacia ellos. Ahora yo misma contengo la respiración, solo están a unos pasos de Peeta, y si le descubren no dudaré en lanzar la flecha. Será difícil matar a cinco chicos pero no voy a rendirme tan fácilmente. Ahora solo ruego para que Peeta no sea tan estúpido y se mueva, que permanezca oculto en silencio. Esa es su única posibilidad de seguir vivo esta noche. Espero que sepa sus posibilidades y actúe de manera lógica.
Los cinco profesionales pasan al lado de Peeta y siguen de largo. Me muerdo el labio y aunque parece que el peligro ha pasado no dejo de apuntarles. Se acercan al reguero y Cato termina de limpiar la poca sangre que quedaba en la espada. Siguen comentando la muerte de la chica, entre risas. Y eso me da asco. No entiendo como pueden ser tan crueles, sé que aquí dentro nos regimos por la ley del más fuerte, pero sinceramente, una cosa es sobrevivir, matar para no morir y otra cosa es reírse de la muerte de alguien inocente.
Vuelvo a contener la respiración cuando regresan sobre sus pasos, pasando de nuevo cerca de Peeta y por debajo de mi cuerpo. Siguen con su tono jocoso, malditos estúpidos, sobretodo la chica de voz chillona, no se da cuenta que podría matarla ahora mismo, es fácil y tentador. Pero yo no soy así. No voy a matar sin ningún motivo. Dejo que se alejen y por fin respiro algo más tranquila.
Me acomodo de nuevo en el saco, pero sé que no voy a ser capaz de dormir otra vez. Mis sentidos se han puesto demasiado alerta como para relajarse ahora, solo me queda esperar. Saco una pata de conejo de mi mochila y la mordisqueo mientras que veo como despunta el alba.
Pronto dejo de necesitar las gafas de visión nocturna asique las guardo y mantengo la vista fija en donde debe de estar Peeta. Debajo de las hojas no hay ningún movimiento y aunque todo sigue igual, puede que se haya ido mientras que yo dormía. Esa posibilidad me aturde pero prefiero esperar un poco, no voy a precipitarme, sé lo absurdo que es caminar de noche por el bosque.
Después de lo que parece una eternidad, y cuando el sol ya empieza a calentar veo que hay movimiento en el lugar. Las hojas se mueven y pronto veo el cabello embarrado de Peeta. Aparta todo y se levanta. Está completamente sucio. Cubierto de barro seco de pies a cabeza. Toda su ropa y el saco lo están. Ha sido una buena estrategia, pero ahora tiene que lidiar con eso.
Recoge el saco y lo sacude, pero no lo guarda. En cambio se acerca al riachuelo y empieza a quitarse la ropa. La piel clara de su espalda aparece ante mis ojos y contrasta enormemente con la embarrada de su cuello y brazos. Me sorprendo a mi misma mirándole mientras se quita los pantalones quedándose con tan solo su ropa interior. Viéndole así, semidesnudo puedo comprobar los fuerte que es. Los músculos de sus brazos, piernas y espalda son anchos y tonificados bajo esa piel tan nívea. No sé por qué me sorprende tanto, le he visto cargar sacos de harina de más de 50 kilos a pares sin casi esfuerzo.
Una parte de mí me grita que le deje intimidad, que deje de mirar, pero otra parte, la curiosa y morbosa no quiere, y es la que está ganando. Veo como sus calzoncillos abandonan su cuerpo dejándome ver su culo. En este momento es cuando mis mejillas arden y aparto la mirada. Y aunque la tentación de volver a mirar su magnífico cuerpo es muy grande lo evito hasta que oigo el chapoteo en el agua.
Me reprendo a mi misma por calificar su cuerpo de magnifico, pero aun así mis ojos vuelven a clavarse en él. Está de rodillas en el agua, por lo que la misma le llega hasta la cintura. Mi boca forma una sonrisa mientras que el se limpia todo el barro. No pasa mucho tiempo hasta que se levanta de nuevo, esta vez de cara a mí. Y lo que veo hace que me sonroje de nuevo y aparte la mirada.
No es la primera vez que veo a un hombre desnudo, mama ha atendido a michos quemados y heridos, los cuales sus ropas eran girones, pero esa desnudez me desagradaba tanto que en cuanto podía escaquearme corría fuera de la casa. También he visto a Gale en ropa interior innumerables veces. Pero esto es diferente. Peeta posee cierto imán para mis ojos. Quizás sea que está completamente desnudo. No lo sé.
No puedo negar que es un chico atractivo. Tanto o más que mi mejor amigo, aunque este último sea más alto. Peeta tiene unos poderosos músculos muy marcados sin llegar a ser abominables como los de los chicos profesionales. Y es guapo, tampoco lo puedo negar. Sus ojos azules son como el cielo en un día claro, y su pelo rubio brilla de manera especial cuando le da el sol. Sé que arranca suspiros a más de una chica en el colegio. Podría decir que hasta tiene un pequeño grupo que se pelea por él. Aunque es raro que nunca le haya visto con ninguna chica. Habla con todas, sonríe. Es muy atento y amable. Pero nunca le he visto de la mano con nadie. Y sé que podría tener a cualquiera.
Vuelvo a reprenderme por estar pensando en esas nimiedades en un sitio como este y giro de nuevo la cara comprobando que ya se ha puesto la ropa interior. Ahora ha tomado su ropa sucia y la refriega contra las rocas, intentando limpiarla. Cuando termina la pone sobre unas ramas al sol y empieza a limpiar el saco de dormir. De vez en cuando le oigo gruñir y no puedo evitar reír suavemente por lo que tengo que taparme la boca. También coloca el saco al sol para secarlo le veo suspirar y rascarse la cabeza, algo que hace que vuelva a sonreír como una tonta.
Coge algo de su mochila y se sienta en una gran roca de la orilla con los pies en metidos en el agua. Solo le veo de perfil pero parece preocupado, triste. Pienso que no es para menos, estar aquí encerrado es duro, y más cuando tienes que intentar sobrevivir a 23 chicos más. Me fijo en lo que tienen en las manos y suspiro. Es el paquetito de galletas. Veo como coge una, la mira detenidamente para luego partirla por la mitad y llevarse una de las mitades a la boca. Mastica despacio, como saboreándola, pero sé que lo hace para intentar engañar al hambre. Repite la misma operación con la otra mitad.
En ese momento tengo que hacer acopio de mi fuerza de voluntad para no bajar y darle medio conejo que tengo guardado en la mochila. La necesidad de alimentarle es tan fuerte que hasta me pican las palmas de las manos. Pero en ese momento veo como su mirada está fija en el río. Y sé que es lo que está pensando. Quiere pescar. El día que llegue yo misma vi pequeños peces de menos de un palmo nadando contracorriente. Conseguí unos pocos, pero no volví a pescar porque el trabajo de pesca no compensa a la poca carne que tienen, para mí es más fácil cazar. Pero a Peeta no le vendría mal pescar un par de ellos.
Desciende con cuidado de la roca, y coge el saco. Vaya, parece más listo de lo que pensaba. Entra de nuevo en el agua y empieza a usar el saco a modo de red. Mientras que intenta pescar yo disfruto de otra pata de conejo y unas pocas bayas que he conseguido recolectar, al poco le oigo gritar un "¡lo conseguí!" y de nuevo tengo que reprimir una carcajada.
Aunque la felicidad de ambos dura poco. De entre los arboles sale una chica aplaudiendo como si acabara de ver un magnífico espectáculo. Mi sangre se hiela al igual que el cuerpo de Peeta que no mueve ni un musculo, dejando escapar a pez.
—Bravo doce, has conseguido un pez.— Al hablar reconozco su voz, es una de las tres chicas profesionales, aunque no es la chica que me crispaba los nervios con su voz.
—Has hecho que se escape— La voz de Peeta me sorprende, no tiene ni un ápice de miedo.
—Qué pena…— Murmura la chica fingiendo lástima—En mi distrito pescamos peces más grandes que tú ¿lo sabías? Esto va a ser muy fácil.
"Distrito 4" murmuro para mí misma. El distrito pescador. Las otras dos parejas deben ser del 1 y del 2. Me sorprendió ver al chico del 4 anoche en el cielo, pero viendo a esa chica supongo que lo descartarían por debilucho. Esta chica es alta, seguro que llega al metro ochenta. Y la anchura de sus hombros es casi tanta como la del Chico del pan. Tiene el pelo moreno largo recogido en una sola coleta y su piel está tostada por el sol, sin duda por las horas al aire libre en el mar pescando.
Con un movimiento rápido se descuelga algo del hombro y veo que es una especie de lanza con la punta en V. Lo sostiene en la mano como si calculara lo que pesa.
—A esto en mi Distrito lo llamamos arpón, sirve para atravesar a tu presa y que no se esca…
Dejo a la chica con la palabra en la boca, acabo de atravesar su brazo con una flecha. Maldita sea, con la tensión del momento no había calculado el viento, ahora no poseo el factor sorpresa, pero al menos ha soltado esa lanza. La chica grita y maldice. Aun así se arranca la flecha y se agacha a recoger la lanza. Pero no voy a permitir que la utilice. Cuando se levanta yo ya he lanzado mi siguiente flecha. Se clava justo donde quería. En su pecho.
No espero a cerciorarme que esté muerta. Los otros profesionales no deben de estar muy lejos. Sin pensar bajo del árbol con mis cosas guardadas de mala manera.
—¡Peeta! ¡Sal del agua, tenemos que irnos!
Peeta me mira con los ojos muy abiertos. Sé perfectamente la sorpresa que debe ser verme aquí. No fui cosechada, es más, apuesto que todo el distrito pensaba que estaba muerta. Pero ya habrá tiempo de explicaciones.
Me meto en el agua le arranco el saco de las manos y empiezo a recoger su ropa y el resto de sus cosas y meterlas todo en el saco. El cañonazo que me indica que la tributo acaba de morir sobresalta a Peeta que parece reaccionar y sale de agua.
— Cálzate—Le ordeno— El resto de profesionales estarán cerca.
Peeta obedece sin rechistar y cuando lo hace salimos corriendo en dirección contraria al riachuelo. Tengo la imperiosa necesidad de cogerle de la mano y tirar de él. Soy más rápida y me da miedo que se pierda. Y ahora ya no voy a perderle de vista. Su mano grande rodea la mía y aunque al principio intenta soltarse al poco me la aprieta con fuerza y eso me reconforta de una manera extraña.
Peeta Mellark ahora no voy a perderte.
...
Se han encontrado! empieza lo bueno! muajajaja!
Lo primero de todo siento no haber actualizado el sabado pasado, Internet me dio problemas y tuve que llamar al servicio técnico, luego me fui al pueblo a pasar la Navidad con la familia...En estos dias se complica escribir!
Lo segundo, desearos un feliz año a todos los que me leeis (bueno y a los que no tambien, pero ellos no sabran que se lo deseo XD) espero que este 2013 sea mucho mejor.
Agradecimientos: Gracias por haber llegado hasta aquí. Gracias especialmente a Luin-fanel Oschii ConyFarias Cleoru Misumi, PeetasAndHerondales,Setsuna Hyuga, SwetyWeasleyBass, Caobacafe y Karrma.
Avance:
Cuando me abraza no me lo espero y tardo en reaccionar unos segundos. Pero al poco le devuelvo el abrazo con fuerza. Un abrazo de casa. De alguien conocido, del Chico del pan. Tengo que contenerme para no llorar. Tengo que recordar que hay cámaras por todas partes y que seguro que este momento esté siendo retransmitido para todo Panem. No quiero parecer débil.
Al separarnos Peeta tiene los ojos enrojecidos y estoy segura de que yo los tengo prácticamente igual. Sonrío un poco y él me devuelve la sonrisa. Una sonrisa blanca y radiante. Sincera. Se me forma un nudo en la garganta y no puedo hablar. Su sonrisa me deslumbra y llena el vacío de esta última semana. Y aunque me odie por ello me alegro de que él esté aquí a mi lado. Aunque sea egoísta.
Actualizo los Sábados.
Besos de fuego!
