Disclaimer: The Hunger Games no me pertenece.


...

Cuando hemos recogido todas nuestras cosas busco un árbol lo suficientemente ancho y fácil de escalar para que todos podamos subir sin problemas. Tardo unos minutos pero por fin encuentro el indicado. Miro a Rue y ella asiente, y por alguna extraña razón me siento mejor al saber que ella me apoya.

—Vamos a subirlo— Señalo el enorme roble.

—Yo no puedo subir ahí, Katniss—Delly protesta haciéndome suspirar.

—Podrás hacerlo— Rue intenta ayudarme— Te ayudaremos.

—Tengo…vértigo…no me gustan los lugares altos

— Pues tendrás que soportarlo, ¿prefieres que te encuentren los Profesionales?— Espeto enfadándome, no me gusta que las gente no intente algo solo por miedo.

—No te enfades Katniss…— Susurra Peeta cogiéndome de la mano y apretándola con suavidad. Yo le devuelvo el apretón y respiro profundamente.

— Delly…— Susurro acercándome a ella y cogiendo su cara entre mis manos— Puedes hacerlo, puedes subir… ¿vale? Inténtalo…— Murmuro— Por favor…

Delly asiente aunque no parece muy convencida. Intento que no lo piense demasiado y la empujo con suavidad hacia el árbol.

— Solo sigue nuestras indicaciones— Mi mirada se dirige a Rue de nuevo.

— Será más fácil de lo que piensas— Dice la niña encaramándose al grueso árbol.

— Además…— suspiro por enésima vez— Yo iré justo debajo de ti, si te caes, yo pararé tu caída— Miento descaradamente, intentando que no se note demasiado, sé a ciencia cierta que si Delly se cae me arrastrará con ella hacia el suelo, pero no podemos perder más tiempo.

Rue sube unos pocos metros rápidamente, casi sin pestañear, la agilidad de esta niña es asombrosa incluso para mí. Indico a Peeta que la siga y aunque mucho más inseguro que su predecesora empieza a escalar el árbol poco a poco. Cuando es el turno de Delly tengo que indicarle como y donde colocar cada uno de sus pies y sus manos para que suba. Me lleva mucho más tiempo que lo que me llevo enseñar a Peeta. Pero intento no desesperarme, gritarle o enfadarme no serviría para nada. Además la herida de mi pierna empieza a arder inmediatamente después de empezar a escalar. Cuando solo hemos subido unos cuatro metros se detiene, está jadeando como si hubiera corrido durante horas.

—No puedo más, Katniss, Ya no puedo más…

— Delly, si puedes, ya no hay marcha atrás.

— Quiero bajarme…quiero bajarme— Empieza a sollozar y yo cada vez estoy más enfadada, aprieto los puños contra el tronco clavando las uñas en la corteza.

— Sigue subiendo Delly— Intento sonar firme y no enfadada— Es más seguro para todos.

Intento empujarla un poco y parece que consigo animarla porque empieza a subir de nuevo, más lentamente que antes. Varios minutos después (aunque a mí me parecen horas) conseguimos llegar a una rama donde Rue y ella podrán descansar.

— ¿Sabes cómo ataros para que no os caigáis?— Rue asiente enérgicamente, algo que me hace sonreír— Está bien…estaremos un poco más arriba.

— Hasta mañana Katniss— Rue hace algo que me deja completamente descolocada, me abraza y besa mi mejilla, de la misma manera que haría Prim, y algo dentro de mí se rompe en mil pedazos, la opresión se acentúa hasta límites dolorosos, pero yo no puedo hacer nada más que rodear su pequeño cuerpo con mis brazos y desearle que pase buena noche.

Miro a Peeta y sin decirle nada él mismo empieza a subir de nuevo. Al menos aprende rápido y aunque sube despacio, ya no le tengo que indicar dónde colocar los pies. De repente y sin previo aviso el corazón empieza a latirme descontroladamente. La respiración se me acelera y las manos empiezan a sudarme. Es en ese momento cuando me doy cuenta de que estoy nerviosa. Voy a pasar la noche en el mismo saco que un chico. Y no cualquier chico. Es el chico al que he dado mi primer beso (los pequeños besos que me robaba Gale en el bosque no cuentan).

Intento calmar mi respiración pero es en vano. No quiero que él ni nadie noten mi nerviosismo. Sé perfectamente que nuestro saco pasará gran parte de la noche en los televisores del país, y aunque antes pensaba que no me importaba, ahora no se si quiero que me vean acurrucada contra Peeta. No quiero que lo vean, pero…Pero ciertamente es un buen espectáculo. Un amor dentro de la arena. Algo nuevo, algo que le da a la audiencia emoción sin necesidad de grandes matanzas, lo que significa una noche tranquila para los tributos. Aunque solo sea por eso merece la pena tragarse la vergüenza.

Peeta se para sobre una enorme rama y me mira interrogante. Asiento y subo hasta esa rama. Sin decir nada abro la mochila y saco el saco de dormir. Peeta me ayuda a desenrollarlo en silencio, y noto como sus manos tiemblan levemente y no sé si es por el frio, ya que la temperatura ha empezado a descender vertiginosamente, o es por el nerviosismo. Prefiero no pensarlo y colocamos el saco sobre la rama.

— Empieza a hacer frio— Peeta se echa el aliento sobre las manos para calentarlas.

— Sí, es mejor que nos metamos dentro pronto— Susurro, yo también he empezado a tiritar, y en mi caso si es por frío.

— ¿Estás segura de querer…?— Deja la pregunta en el aire, pero yo lo entiendo perfectamente y asiento— Está bien...

Peeta baja la cremallera del saco y oír ese leve sonido me hace estremecer. Se mete dentro del saco y se aparta para dejarme sitio. Cuento hasta 5 en un intento absurdo para que el corazón deje de latirme tan rápido y me coloco a su lado recostándome. Yo misma cierro el saco con la cremallera mientras que siento la respiración de Peeta en la nuca. Luego entre los dos rodeamos la rama y el saco con una cuerda y la atamos con fuerza. Algo que nos hace estar aun más pegados.

Me muerdo el labio e intento acomodarme, pero lo único que consigo es pegarme más a mi compañero. Noto como Peeta se tensa y eso hace que yo también me tense, quizás no haya sido una buena idea.

— ¿Estás cómodo?

— Todo lo cómodo que puedo estar encima de una rama…— Susurra deslumbrándome con esa sonrisa.

— ¿Y por lo demás?

— Si estuviera en una cómoda cama, con un mullido colchón, con unas suaves sabanas…y contigo…estaría en el cielo ahora mismo…

Y ya está. Solo unas pocas palabras y hace que el color rojo acuda a mi cara de forma alarmante. Hundo la cabeza bajo el saco, no quiero que me vean así de vulnerable. Pero Peeta impide que la mantenga ahí mucho tiempo, me obliga a levantar la cabeza y posa sus labios sobre lo míos. Su beso es dulce, tierno, hace que millones de mariposas aleteen en mi estomago. No puedo hacer otra cosa que besarle, muevo mis labios al compás de los suyos en un baile suave y lento. Aunque esa suavidad dura poco. Peeta aumenta la velocidad de sus labios sobre los míos, me los acaricia con su lengua y yo le imito. Mi lengua sale al encuentro de la suya y juegan en mi boca. Dejo la mente en blanco y disfruto de ese beso. Olvido el lugar y la situación. Solo disfruto. Enredo mis manos en el sedoso cabello de Peeta y me pego más a él.

Siento las manos de Peeta recorriendo mi torso y gimo cuando sus manos llegan a tocar la piel de debajo de mi camiseta. Deja de besarme, y me mira con una sonrisa en los labios sin dejar de recorrer mi vientre con sus manos. Mis manos descienden por su cuello y su pecho también le acaricio con suavidad. Me muerdo el interior de la mejilla al notar sus fuertes músculos bajo la camiseta. No puedo evitar besarle de nuevo con pasión, le oigo gruñir y aprieta mi cintura entre sus manos para pegarnos aún más.

Sonrío entre besos, nunca me habría imaginado a Peeta así. Sus besos son cálidos, demandantes pero sin perder esa ternura que siempre le caracteriza. Nunca me había imaginado como sería besar a un hombre, nunca en mi vida me lo había planteado, y ahora no quiero separar mis labios de los suyos, no quiero que este momento acabe. Pero sé que tarde o temprano tiene que acabar. Y sé que ese momento llega cuando una de sus manos rodea uno de mis pechos por encima de mi sujetador y lo aprieta con suavidad, haciendo que un sonoro gemido escape de mi boca a la vez que una corriente eléctrica surca todo mi cuerpo hasta mi bajo vientre.

Peeta separa su boca de la mía y vuelve a clavar sus ojos oscurecidos sobre los míos.

—Lo siento…— susurra jadeando, luego me besa la punta de la nariz, pero sin apartar su mano de mi pecho.

— Sinceramente yo no…— Murmuro en el mismo tono que ha utilizado él.

—Pero aquí…

— Ssssshhhh…— Le beso, un beso suave, rápido— No pienses en eso…—Vuelvo a besarle—Pero es…es mejor que descansemos, tienes que dormir— Intento controlar mi respiración pero con su mano colocada sobre ese punto de mi anatomía es complicado.

Peeta asiente y esa mano se dirige hacia mi espalda, me acaricia haciendo que me estremezca. Apoyo la cabeza en su pecho, usándolo como almohada y sonrío al oír el acelerado ritmo de su corazón. Me hace sentir mejor saber que él está en las mismas condiciones que yo.

En un segundo vuelvo a la realidad, vuelvo a la arena y el pensamiento de que puedo perderle regresa haciendo que me aterre. Mis puños se cierran sobre su camiseta, le sujeto con fuerza, como si así no fuera a escaparse, como si así le protegiera. Además le rodeo la cadera con mi pierna herida, haciendo que nuestros cuerpos estén completamente pegados. Noto como Peeta clava sus dedos un poco en mi espalda y suspira cuando me muevo. Por primera vez en mi vida noto la excitación de un hombre contra mí y lejos de desagradarme hace que me encienda un poco más, que mi respiración vuelva a ser errática.

Tengo que eliminar los pensamientos pecaminosos de mi mente como sea, así que empiezo en pensar en el día de mañana, en la caza, en los Profesionales acechándonos. A los pocos minutos noto como la respiración de Peeta se vuelve más calmada, se que se ha dormido. Su corazón también se calma y empieza a arrullarme, poco a poco los parpados empiezan a pesarme. Dejo que se me cierren y en un minuto caigo en un profundo sueño.

...


Agradecimientos: Gracias por los reviews a PeetasAndHerondales, thedylori, Katniss bella luz, Oschii, ConyFarias, Angiiee7, Everllarkglee4ever, ivonnette, White10, Katmione Snape Mellark, Sams Brok, Karrma, Pitta McCarty y a Luin-fanel. Creía que después de tanto tiempo no os acordaríais de mí! Qué haría sin vosotros!

Avance:

Cuando las dos piezas están completamente limpias me levanto para recoger algo de leña, necesitamos algo que esté lo suficientemente seco para que no forme mucho humo, tenemos que asar la carne pero sin descubrir nuestra posición. Oigo unos pasos detrás de mí, demasiado pesados para ser Rue, demasiado seguros para ser Delly.

Quédate con ellas, Peeta.

No, quiero ayudarte, ellas estarán bien…

Asiento y dejo que me siga en silencio. El recuerdo de los besos que nos dimos al despertar me golpea fuerte y me pone un poco tensa. Ahora con la cabeza fría no sé qué pensar sobre lo que nos pasó. El fuego vuelve a mi bajo vientre y sentirle tan cerca y a solas no me ayuda nada. Intento ignorar el calor y continuo buscando las ramitas, procurando recoger las más secas. A Peeta le cuesta unos minutos diferenciar las ramas que valen y las que no, pero pronto conseguimos las suficientes para un fuego rápido.

Creo que podemos regresar…

Sí, vamos…—Respondo monótonamente, no tengo la cabeza lo suficientemente fría como para hablar más.

Nota de autor: cuando tenga escrito el decimoquinto capitulo colgare el decimotercero. Gracias de nuevo a todos.

Nos leemos pronto!

Besos de fuego!