Disclaimer: The Hunger Games no me pertenece.
...
Siento un leve cosquilleo en la mejilla y eso hace que abra los ojos. Tardo unos minutos en ubicarme. En recordar donde estoy. Sigo sobre el pecho de Peeta, oigo su acompasado corazón, seguimos en lo alto del árbol y el alba acaba de despuntar. La clara luz del sol se cuela entre las hojas de los arboles. No quiero moverme de ahí. Estoy tan a gusto, tan bien, que moverme, volver a los Juegos es una pesadilla.
Vuelvo a sentir el cosquilleo y sé que es una caricia, Peeta está despierto y me está acariciando. Levanto la mirada y ahí está su sonrisa, esa sonrisa que hace que mi estomago se contraiga.
— Hola…— susurra
— Hola— Sonrío un poco adormilada aún.
Peeta baja la cabeza y posa sus labios sobre los míos en un beso de buenos días que sabe dulce, como el pan con melaza. Me entretengo en sus labios un rato y acaricio su pecho dulcemente. La sensación de calor vuelve a apoderarse de mí y quiero más. Mis labios dejan paso a mi lengua y acaricio los de Peeta con ella. Me deja pasar a su boca y jugamos un rato, encendiéndonos. Las manos de Peeta viajan por mi espalda hasta mi trasero y consigue con un suave movimiento que me coloque a horcajadas sobre él. El nudo que nos sujeta al árbol hace que mi cuerpo esté completamente pegado a él. Le oigo gruñir levemente y sus besos se vuelven mucho más demandantes, ansiosos. Prácticamente devora mi boca. Sus manos no se están quietas, acarician mi espalda y aprietan mi trasero. Prefiero no pensar en lo que estamos haciendo, y donde lo estamos haciendo, si me parara a hacerlo la vergüenza y la culpabilidad no me dejarían ni moverme.
Cuando mis manos se dirigen hacia el sur de su cintura y rozan su dureza oigo una vocecita que me llama. Intento no hacerle caso y sigo perdiéndome entre los besos del Chico del Pan, pero vuelvo a oírla más fuerte y me obligo a separarme.
— ¡Katniss!— ahí está otra vez, la suave vocecita de Rue. Jadeo y miro a Peeta que asiente.
—¿qué?— Susurro asomando la cabeza, mirando a la niña que está aún metida dentro del saco cubierta hasta la cabeza, Delly también me mira, inexpresiva.
—Deberíamos bajar ya— Asiento.
— Si…bajemos…
Miro a Peeta que sigue jadeando, le doy un beso rápido en los labios y me aparto. Desato el nudo y salgo del saco. Noto que aún hace un poco de frio o quizás es que dentro del saco hacía mucho calor. Estiro cada una de mis articulaciones y compruebo la herida de mi pierna. Me duele un poco asique le aplico la pomada que me enviaron en el paracaídas. Noto la mirada de Peeta clavándose en mi muslo, no sé cómo pero lo noto.
— Estoy bien Peeta, vamos…— Intento sonar firme, pero creo que lo único que consigo es sonar cortante. Me maldigo mentalmente al ver su cara de resignación.
Peeta se levanta y recoge la cuerda y el saco, lo mete en mi mochila y comenzamos a descender. Llegamos al suelo antes que Rue y Delly. La primera me deja asombrada saltando de una rama a otra, como si fuera una ardilla. Llega al suelo sonriendo. Delly tarda varios minutos en tocar el suelo firme, cuando lo hace un largo suspiro sale de su boca.
— ¿Y ahora qué?— Murmura mirándome.
— Iré a por el desayuno— Miro a Peeta que está a punto de protestar— No tardaré, lo prometo— Por una extraña razón le hablo solo a él.
— No puedes ir sola— Dice él rápidamente— Te acompañaré
— ¿Has cazado alguna vez?— Niega con la cabeza— Lo suponía…Peeta, será más rápido si voy sola…
— ¿Y si algún tributo se acerca?—Delly mira hacia los lados asustada. Es una posibilidad, que alguien les descubra. Suspiro, confiaba en que pudieran defenderse.
— Creo que por los únicos que debemos preocuparnos son por los Profesionales. Están armados y son más fuertes, el resto, no debería suponeros ningún problema cuerpo a cuerpo.—La mirada asustada de Delly me dice que no es una buena idea.— Podéis esconderos, y si se acerca alguien huir…
—Pero, ¿ y si te confundimos con un tributo?— Murmura Rue, parece pensativa— Necesitamos una señal.
— ¿Una señal?— Los tres lo decimos al mismo tiempo.
— Sí, en mi distrito las usamos para comunicarnos, por ejemplo cuando…acabamos la jornada de cosecha…cantamos y los sinsajos lo comunican por toda la plantación.
Entonces Rue canta, una canción sencilla, de cuatro notas, tiene una voz clara y fresca. Un pájaro repite la melodía y al segundo otro, y otro…al final consigue que nos rodee una sinfonía de cantos alegres. Cuando los sinsajos se calla intento imitar la melodía silbándola. Al segundo un sinsajo me imita, y pronto, como en el caso de Rue, la melodía de cuatro notas vuelve a rodearnos.
— Si la escuchamos sabremos que estas cerca.
Asiento con una sonrisa en los labios y recojo mis cosas. Aprieto con fuerza el arco, es una tontería pero me cuesta separarme de ellos (sobre todo de Peeta) aunque solo sean un par de horas. Miro a mi Chico del Pan que me devuelve una mirada de preocupación.
— Ten cuidado— susurra y mi primer impulso es acercarme a besas sus labios pero sé que es mejor que nuestras dos acompañantes no nos vean.
— Siempre lo tengo, volveré pronto— Y aunque sé que no puedo besarse si que rozo su mano con la mía, haciendo que un leve cosquilleo recorra mi brazo entero.
Peeta asiente y comienzo a andar antes de que me arrepienta.
Cuando me he alejado unos treinta metros de ellos mis sentidos se agudizan. Aún les oigo detrás de mí, pero también empiezo a oír los sonidos del bosque, esos que alrededor de nuestro pequeño grupo no se oyen. El canto de algunos pájaros de los cuales desconozco su nombre, pequeñas pisadas de algún roedor (seguramente una ardilla) por las ramas, el ulular del suave viento al pasar entre las hojas de los árboles.
Saco una flecha del carcaj y la coloco, dispuesta a disparar a cualquier cosa que se mueva, sea humano o animal. Ando unos cuantos metros más, haciendo el mínimo ruido posible, mis años de cazadora en casa me han enseñado como y donde pisar para que mis pasos se confundan con los sonidos de la naturaleza, para que los animales no se asusten.
En menos de dos horas tengo un conejo y una especie de ave que se parece a la gallina, aunque esta es mucho más grande. Prefiero no perder más el tiempo y vuelvo junto a mi pequeño grupo. Empiezo a silbar la corta melodía y al momento los sinsajos me imitan. Cuando se callan no hay una melodía de vuelta. Eso me pone nerviosa y repito la cancioncilla. Nada. Maldigo para mis adentros y empiezo a correr.
Estoy a punto de empezar a gritar sus nombres cuando por mi izquierda oigo un sinsajo a lo lejos. Está cantando la canción. Sigo el canto. Un sinsajo aquí y otro allá la repiten, cada vez son más los que cantan. Eso quiere decir que estoy cerca. Mi ansiedad disminuye cuando veo la rubia cabellera de Delly.
— ¡Hey!— Delly se da la vuelta rápidamente con su expresión de asustada. Estoy un poco molesta, porque no se han quedado en su sitio.
—Katniss, has vuelto…
— Sí, he vuelto, pero vosotros os teníais que haber quedado donde os dije— Estoy gritando, ella está pagando mi frustración, pero que no me hagan caso es peligroso.
—Teníamos que coger bayas, Katniss— murmura disculpándose, su voz suena demasiado baja.
—Pues haber esperado, o al menos…quedaros cerca ¡Maldita sea!
—Katniss cálmate, estamos todos bien — La voz de Peeta detrás de mi me asusta un poco y me doy la vuelta bruscamente. Verle me tranquiliza casi por completo.
— ¿Dónde está Rue?
—¡Aquí!— Su voz suena en lo alto del árbol. De un salto baja y prácticamente se pone delante de mí— Estaba vigilando.
—No contestaste a la canción— Se nota la desesperación en la voz, algo que no quiero que sucediera, en los Juegos, eso no te sirve para nada.
—Lo hice en cuanto la escuche— Su mirada se dirige a sus pies, parece avergonzada. Eso me hace sentir mal.
—Tranquila…—Susurro intentando tranquilizarme yo también— Vamos a comer—Le enseño mis piezas de caza y su cara se ilumina, en ese momento sé que esa niña ha pasado tanta hambre como yo.
Me siento en el suelo y enseguida los tres me imitan. Comienzo a despellejar el conejo ante su atenta mirada. Cuando levanto la mía, veo que la expresión de Delly es de autentico asco, apuesto que ella nunca ha tenido que hacer algo así, que la carne que ella conoce está ya cocinada. Suspiro y continúo con mi tarea. Rue coge el ave y empieza a desplumarlo, sabe lo que hace, asique la dejo hacerlo sin decir nada.
Cuando las dos piezas están completamente limpias me levanto para recoger algo de leña, necesitamos algo que esté lo suficientemente seco para que no forme mucho humo, tenemos que asar la carne pero sin descubrir nuestra posición. Oigo unos pasos detrás de mí, demasiado pesados para ser Rue, demasiado seguros para ser Delly.
—Quédate con ellas, Peeta.
— No, quiero ayudarte, ellas estarán bien…
Asiento y dejo que me siga en silencio. El recuerdo de los besos que nos dimos al despertar me golpea fuerte y me pone un poco tensa. Ahora con la cabeza fría no sé qué pensar sobre lo que nos pasó. El fuego vuelve a mi bajo vientre y sentirle tan cerca y a solas no me ayuda nada. Intento ignorar el calor y continuo buscando las ramitas, procurando recoger las más secas. A Peeta le cuesta unos minutos diferenciar las ramas que valen y las que no, pero pronto conseguimos las suficientes para un fuego rápido.
—Creo que podemos regresar…
— Sí, vamos…—Respondo monótonamente, no tengo la cabeza lo suficientemente fría como para hablar más.
Me agacho a recoger el montón que hemos reunido y Peeta hace lo mismo. Nuestras manos chocan y nos miramos. Una sonrisa se dibuja en sus labios y no puedo hacer otra cosa que imitarle. Me pierdo en el azul de sus ojos y por un segundo olvido que es lo que estábamos haciendo. Nos incorporamos a la vez y sus labios chocan contra los míos casi sin que me dé cuenta. No es un beso suave o dulce como los primeros que nos dimos. Este beso tiene cierta furia, cierta necesidad. Sus labios dejan paso a su lengua que recorre los míos y luego se junta con mi lengua para jugar con ella, o más bien para luchar contra ella. El Peeta dulce desaparece, y creo que es por culpa de su propio fuego interior, el mismo que avanza por mis venas hasta concentrarse en mi bajo vientre.
Cuando nuestros labios se separan ambos estamos jadeando. Sus manos recorren mi espalda, acariciándome. Ese toque es suave pero intenso, siento que por donde pasan sus manos aparecen las corrientes eléctricas. Se dirige a mi cuello y me agarra de la nuca, para luego volver a besarme con la misma intensidad. Me empuja unos pocos pasos y noto como mi espalda se estrella contra un árbol, las asperezas del tronco se clavan en mi espalda pero no me importa, el calor de mi cuerpo es más importante. Peeta abandona mi boca para incendiar con sus besos mi cuello. Me besa y me muerde allá donde la piel está descubierta. De mi boca sale un jadeo más intenso, gutural. Un gemido. Sé que eso le da más alas porque su cuerpo se pega contra el mío, el espacio entre nuestros cuerpos es inexistente, siento como si pudiera fundirme con él.
Mis manos se dirigen al bajo de su camiseta y se introducen por debajo. Acaricio la piel de su vientre, su cintura, sigo y subo a su pecho, acariciando toda su piel. En este momento solo existimos Peeta y yo. Estamos solos en el bosque. Para mí estamos solos en el mundo. Solo existimos él y yo, solo nuestro fuego. Separa sus labios de mí y me mira con la respiración acelerada. Tan acelerada como la mía.
—Katniss…
Me muerdo el labio y sin pensarlo demasiado me deshago de su chaqueta y de su camiseta. Vuelvo a besarle sintiendo su pecho desnudo contra el mío. Mi ropa empieza a sobrarme también, quizás debería pensármelo más, pero estoy tan acelerada que no me importa nada. Me quito la camiseta para poder sentirle más cerca. Su torso está ardiendo y me incendia aun más. Gimo al sentirle y vuelvo a gemir cuando me muerde el labio con suavidad.
— No…podemos
Su voz no suena muy convincente, y lo es aún menos cuando sus labios vuelven a posarse contra los míos. Me devora la boca. Doy un brinco y consigo rodearle con mis piernas la cintura, haciendo que podamos estar más cerca, le siento aún más pegado a mí. Siento su excitación tan cerca de la mía que el gemido que sale de mi boca es mucho más fuerte que los anteriores.
Peeta parece que vuelve a despertar del trance del deseo, porque su boca vuelve a abandonar la mía. Pero aún así nuestras narices permanecen pegadas.
—Aquí no…—Su aliento se mezcla con el mío.
—A…A mi no me importa…el lugar— Mi mente está embotada, pero al pronunciar esas palabras recuerdo a mi familia. ¿Qué diría mi hermanita? Creo que mi expresión cambia porque Peeta sonríe levemente.
—Volvamos…— Besa mi frente suavemente y cuando me obliga a bajarme de él siento un frio abrumador. Mi cuerpo tiembla por su ausencia.
—Volvamos…—Repito y le entrego su camiseta, luego me pongo la mía, empezando a notar la vergüenza en mis mejillas.
Vuelvo al montón de ramas, las recojo sin mirarle y comienzo a andar.
...
Bueno bueno, empiezan a ponerse calentitos….
Agradecimientos: muchas gracias por sus reviews a JaviValenchu, Day Lynn Leery, White10, Sadder. than. Sielnce (aunque solo sea del capi 1, por el Galeniss) Luin-fanel y Oschii
Avance:
—¿ Qué vamos a hacer ahora?— Murmura Delly, vuelve a estar tensa. Miro a Peeta y sé que el quiere que sigamos escondiéndonos, pero yo no estoy dispuesta, tarde o temprano los Profesionales nos encontrarían, necesitamos tener una cierta ventaja sobre ellos.
—Tenemos que ponerles las cosas más difíciles a los Profesionales.
— No Katniss, ni lo pienses— Responde rápidamente Peeta, dispuesto a empezar la misma discusión de anoche.
— ¿Y qué quieres hacer? ¿Esperar a que te encuentren?
— No…no…— Balbucea. Las otras dos chicas nos miran con la boca entreabierta.
Nota de autor: colgaré el siguiente capítulo cuando tenga escrito el decimosexto!
Besos de fuego!
