Disclaimer: The Hunger Games no me pertenece.


...

Rue y yo recogemos varias ramas y raíces húmedas ante la atenta mirada de Peeta que de vez en cuando resopla. Para la segunda hoguera Delly nos ayuda aunque permanece completamente callada, supongo que sumida en sus propios pensamientos. La tercera tendrán que prepararla ellos solos, debe de estar más lejos.

Cuando tenemos todo colocado decido que lo mejor es comernos el resto del granso y proceder con nuestro plan mañana al amanecer, eso nos da la ventaja de poder descansar esta noche, aunque yo no la pasaré con ellos y eso me revuelve el estomago. La idea de separarme de ellos, y sobre todo de Peeta se me hace insoportable. El corazón se me encoje, y la comida entra a la fuerza en mi sistema. Pero es algo que debo hacer, quiero darles esa oportunidad, luego ya pensaré en como seguiremos a partir de ese momento, se que tendremos que separarnos. Maldigo al Capitolio y a sus Juegos.

Al acabar de comer me levanto y recojo lo que necesito llevarme. Decido dejarles los dos sacos, corto una de las cuerdas y me llevo la mitad, un cuchillo y mi arco. No necesito nada más, esta noche podré cazar algo y ellos pueden alimentarse de las raíces de Rue, en esta zona hay muchas.

A la hora de despedirnos noto como los ojillos de Rue se enrojecen, está aguantando las lágrimas. De repente me rodea la cintura con sus brazos y se aprieta contra mí en un fuerte abrazo. Me quedo paralizada pero acabo devolviéndole el abrazo con fuerza.

—Ten cuidado…— Me susurra, asiento.

— Vosotros también…—Miro a Delly que hace un movimiento de cabeza, supongo que esa es su forma de despedirse, aun así noto que también lucha contra las lágrimas— Delly, todo saldrá bien…— Ella asiente, pero no se acerca a mí.

La parte más difícil llega cuando miro a Peeta. Me convenzo a mi misma de que volveré a verle mañana para la comida.

— Te veré mañana para comer…— Susurro, y decirlo no lo hace más real. El niega con la cabeza— ¿Qué?

— No voy a dejarte sola, Katniss— Ahora soy yo la que niega con la cabeza.

— Es demasiado peligroso acercarse al campamento.

— ¿Y pretendes hacerlo sola?

— Eso es, Peeta. Voy a hacerlo sola.

— No vas a hacerlo sola. Y no se hable más— Recoge uno de los sacos— Nos llevaremos un saco, las noches son muy frías.

— Peeta no, deja eso— Quiero maldecirle y gritarle pero sé que eso no es lo mejor.

Lo único que puedo hacer es arrebatarle el saco de las manos, él protesta y vuelve a cogerlo. Nos retamos con la mirada. No quiero ponerle en peligro, estoy dispuesta a no lleva a cabo el plan. Pero mi conciencia se niega a dejar de lado esa oportunidad para todos. Sé que va a venir conmigo, sé que voy a tener que protegerle. Una parte de mí me dice que es mejor así, que puedo asegurarme de que sobrevive.

— Está bien Peeta, pero harás todo lo que yo diga ¿entendido?— Asiente respirando aliviado. Vuelvo a mirar a las chicas— Seguid con el plan, al amanecer—Rue asiente— Cuidaros…

Y sin decir más me encamino hacia el reguero, es la mejor forma de llegar al lago sin dejar huellas. Ando entre las rocas dentro del riachuelo, siguiéndolo corriente abajo, detrás de mí, oigo el chapoteo de los pasos de Peeta y su respiración acelerada. No habla, y yo tampoco. No sé si es enfado o preocupación, pero si abriera la boca lo único que saldría de ella serian maldiciones, y gritos, y no quiero decirle nada de lo que pueda arrepentirme después.

Casi una hora después seguimos sin hablar. Noto como Peeta acelera el paso y se coloca a mi altura. Me mira en silencio, jadeando. Evito su mirada, pero me incomoda que no aparte sus ojos de mí.

— ¿No vas a volver a hablarme?

— Tú tampoco me has hablado a mí— mi voz suena dura. Pero no puedo evitarlo. Le oigo suspirar pesadamente.

— Peeta, estoy…— Busco en mi mente unas palabras que no suenen duras— Estoy enfadada…No tenias que estar aquí, si no a salvo, con ellas.

—Sé que te molesta que esté aquí, pero yo me quedo más tranquilo teniéndote cerca. No quiero que te pase nada.

— Puedo cuidarme sola— No puedo evitar espetárselo entre dientes, llevo cuidándome sola mucho tiempo, unos 5 años.

—Pero una ayuda nunca viene mal, Katniss, ¿Cuándo lo entenderás?— Me muerdo el interior de la mejilla, recordando aquel día lluvioso, aquel día en el que volvió a darme la vida—Déjame ayudarte, maldita sea— Los ojos empiezan a picarme, sus palabras empiezan a provocarme emociones que no puedo controlar.

— Es que si te pasa algo…—digo nerviosa.

— No va a pasarme nada.

Asiento zanjando la conversación, no quiero decir nada más, si seguimos hablando la discusión subirá de nivel y eso podría perjudicarnos aquí, además está nuestra relación, o lo que sea que tengamos. Tampoco puedo olvidar que nos estamos acercando al campamento de los Profesionales, algo tremendamente peligroso, y es mejor ir en silencio. Peeta parece entenderlo y se mantiene callado.

Cuando noto que el riachuelo empieza a ensancharse (signo de que hemos llegado al lago) decido que es mejor volver al bosque. Mi proximidad al campamento de los profesionales hace que se me agucen los sentidos, aunque con los torpes pasos de Peeta cerca es difícil escuchar algo más. Saco una flecha y la coloco en el arco, dispuesta a disparar a quien se ponga por delante. Intento fijarme en todos los detalles. Las bayas de los arbustos son semejantes a las que Rue me enseñó, asique cojo unas cuantas y se las paso a Peeta para que coma un poco.

— Voy a acercarme yo sola, necesito conocer el terreno.

— Pero Katniss…

— Sin peros Peeta. Solo voy a acercarme a observar, no voy a hacer nada más… 15 minutos, dame 15 minutos tan solo. Luego nos esconderemos en algún lugar cercano hasta mañana.

— 15 minutos, ni uno más— Lo dice tan firmemente que me asusta, casi es como una orden.

— Ni uno más…

En ese momento pienso en la gente mirándonos desde sus casas, somos la pareja de los Juegos, algo nunca visto, por lo que decido hacer algo que les haga suspirar, y quizás encontrar más patrocinadores para Peeta. Me acerco a él y le beso en los labios, un beso suave, solo posando mi boca sobre la suya, lo suficiente para sentir el hormigueo en mi bajo vientre. Luego me alejo de él, dejándole descolocado.

Camino pensando en los patrocinadores, en lo que pensaran de lo que tenemos Peeta y yo, ¿les gustará? Estoy segura de que sí, algo nuevo, algo que les da una nueva visión de los Juegos, emoción sin sangre.

Llego al borde del bosque. Por suerte hay un frondoso follaje y puedo ocultarme para observar el campamento. Ante mí se extiende el amplio claro donde empezó todo, en el centro está la cornucopia, y por detrás el lago. Allí sentados alrededor de una fogata hay tan solo cuatro tributos. Los tres Profesionales que quedan y el chico del tres. Al lado de esos tres, el chico del distrito tres parece un niño. Demasiado pequeño y escuálido. Algo se traen entre manos con él, no es lógico que le hayan dejado vivo. Lo que me llama la atención está tras ellos, justo en frente de la cornucopia. Cajas apiladas de comida y armas cubiertas por una red, formando una enorme pirámide como me dijo Rue.

Tiene que ser una trampa…

Memorizo la posición del campamento y me doy la vuelta, no puedo esperar más o Peeta vendrá a buscarme y nos descubrirán. Llego hasta él al trote y eso parece tensarle, noto como aprieta los puños, pero cuando me detengo frente a él se relaja.

— ¿Están ahí?— Yo asiento.

— Parece que esta noche no saldrán de caza…

— De eso no puedes estar segura.

— Ya lo sé, y por eso nos esconderemos cerca del río. He visto un par de cuevas, quizás una de ellas sea lo suficientemente amplia para los dos.

— ¿No prefieres subir a un árbol?

— Los arboles del perímetro del bosque son más débiles y finos, no encontraremos una rama lo suficientemente fuerte para estar los dos en ella.

—Ah…

— Además, se que duermes más cómodo en el suelo— Sonrío y empiezo a andar hacia el río de nuevo.

Peeta me sigue a unos pasos de distancia, aunque al final acabo esperándole para protegerle. Los Profesionales estarán ocupados, pero quedan aún más tributos en la arena, y pueden ser igual de peligrosos, aunque creo que salvo al chico del distrito 11, no les temo a ninguno. Llegamos de nuevo al río y aprovecho para llenar nuestras botellas, luego busco las cuevas que vi antes. Están a una distancia prudencial del campamento y podremos escondernos también del resto de tributos, el río puede ser un lugar peligroso, pero dudo que ningún otro tributo se atreva a acercarse tanto al lago sabiendo quienes están allí.

Encuentro la primera sin ninguna complicación, salgo del agua y me acerco a comprobar su profundidad, creo que puede servir para pasar la noche, aunque antes tendremos que esconder la entrada, en mi cabeza siempre está el refrán "más vale prevenir que lamentar".

—Aquí estaremos seguros…— Murmuro buscando con la mirada algún arbusto fácil de arrancar.

— pero la entrada….

— Por eso la taparemos— Digo sin dejarle terminar.

Casi sin darle tiempo a contestar más me alejo unos metros y me cubro las manos con las mangas de la chaqueta tiro con fuerza de lo que parece una zarzamora. Aun así algunas de las espinas del arbusto se me clavan en las palmas de las manos, pero no es nada importante ya que puedo arrancarlo sin problemas. La planta en cuestión es bastante frondosa, por lo que tapa completamente la estrecha entrada a la cueva, sin que se note que está ahí colocada intencionadamente.

— Señor Peeta Mellark, bienvenido a su nueva morada…

...


Y hemos llegado a la cueva! ¿os imagináis que puede pasar?

Agradecimientos: muchas gracias por todos vuestros reviews! Gracias por seguir leyendo!

Adelanto:

¿Sigues enfadada…?— Susurra haciéndome estremecer.

Un poco…Te estás poniendo en peligro sin ninguna razón.

Mi razón es cuidar de ti, ¿te parece poco?

No empieces Peeta…

¿Qué puedo hacer para que me perdones…?— No sé si lo hace de forma consciente o no, pero pone una voz suave y ronca que hace que me tiemble hasta el último pelo de mi cabeza.

No pongas esa voz— Susurro nerviosa, reprendiéndole.

¿Qué voz?— Vuelve a hacerlo y estoy segura de que me nota temblar junto a su cuerpo. Me giro para quedar de cara a él, aunque no pueda verle ningún rasgo.

Esa…— Susurro.

Nota de autor: colgaré el siguiente capítulo en unos diez días más o menos!

Besos de fuego!