Disclaimer: The Hunger Games no me pertenece.
...
Peeta se agacha y gateando entra en el pequeño recoveco. No es muy grande, pero suficiente para descansar los dos cómodamente. Entro tras él y aprovecho que aún entra algo de luz para retirar las rocas que pueden llegar a incomodarnos. Peeta me ayuda y luego nos sentamos apoyados contra la pared. Oír su respiración agitada hace que se me agite aún más la mía. Tengo que recordarme a mí misma que aún estoy enfadada con él. Aunque notar su mirada en mí no me ayuda.
—¿Tienes hambre?– Susurro— Podría salir a pescar algo.
— No…— Dice rápidamente— Estoy bien, es mejor que no salgamos por hoy…¿no?
— Supongo— Susurro también.
Por primera vez en todo el tiempo que hemos estado ahí metidos le miro también. Las sombras que proyecta el arbusto y la puesta en su rostro le da un aire aterrador y misterioso a sus ojos, que no parecen azules, si no negros. Me intimidan un poco, y no se la razón, quizás sea por lo serios que están.
—¿ Crees que lo conseguiremos?
— ¿Destruir el campamento?— Mi mirada es interrogante— Algo se me…se nos ocurrirá.
— No…no me refería a eso. Me refiero a sobrevivir, salir de aquí.
— Volverás a casa Peeta…— Susurro suavemente, empujando mi cuerpo para acercarme a él.
— SI yo vuelvo…— Le cierro los labios con mis dedos para que deje de hablar.
— Sssshhhh…No lo digas, no lo pienses.
— No puedo evitarlo, estar cerca de ellas.
— ¡Peeta!— Le regaño como a un niño pequeño— Basta ya. Pensarlo no va a ayudar.
—Lo siento Katniss— Se aparta de mí, alejándose todo lo que la cueva le permite.
Me quedo mirándole mientras que las sombras sobre su cara van cambiando, el sol se va poniendo y la oscuridad se hace poco a poco con el bosque. Los pájaros cantores se callan y durante unos minutos solo oigo le agua correr. Pero al poco las aves nocturnas hacen acto de presencia con sus sonidos tan característicos. Dentro de la cueva está tan oscuro que ya no veo a Peeta. Pronto empieza a hacer frio y mis dientes no pueden evitar castañear. Oigo moverse a Peeta, se que se está acercando antes de que me toque.
— Es mejor que nos metamos en el saco, empieza a hacer frio.
— Si…—Lo saco de la mochila que llevo y lo extiendo con la ayuda de Peeta, sus manos chocan con las mías y noto que están heladas.
— ¿crees que lo hacen los vigilantes a propósito? El frío…
— Yo juraría que sí, ya sabes…les…— Cierro la boca antes de acabar, prefiero que nada de lo que diga pueda ser usado en mi contra más tarde, estoy segura de que si digo algo sobre los vigilantes me arrepentiré.
Peeta no hace ningún comentario, así que supongo que lo ha entendido. Noto como se desliza bajo el saco y acto seguido lo hago yo. Nuestros cuerpos quedan completamente pegados, su torso se pega a mi espalda y el calor acude a mi bajo vientre aunque sigo con los pies fríos. Aún dentro de mi enfado me gusta su cercanía, aunque a una parte de mi ser también le incomoda. Peeta coloca su brazo rodeando mi cintura, le permito hacerlo aunque eso me tensa más.
— ¿Sigues enfadada…?— Susurra haciéndome estremecer.
— Un poco…Te estás poniendo en peligro sin ninguna razón.
— Mi razón es cuidar de ti, ¿te parece poco?
— No empieces Peeta…
— ¿Qué puedo hacer para que me perdones…?— No sé si lo hace de forma consciente o no, pero pone una voz suave y ronca que hace que me tiemble hasta el último pelo de mi cabeza.
—No pongas esa voz— Susurro nerviosa, reprendiéndole.
—¿Qué voz?— Vuelve a hacerlo y estoy segura de que me nota temblar junto a su cuerpo. Me giro para quedar de cara a él, aunque no pueda verle ningún rasgo.
— Esa…— Susurro.
Antes de que pueda darme cuenta sus labios se posan sobre los míos. Noto como intenta ser dulce, intenta que su beso sea casi casto. Pero se queda en un intento cuando mi lengua roza su labio inferior. Lo perfilo con suavidad pero parece que a él eso no le parece suficiente y su boca atrapa la mía. Me besa con la misma furia que antes contra el árbol. Si no reconociera sus labios, podría decir que no es él. Esos besos no concuerdan con el amable y dulce chico que es. Pero en estos momentos, ¿quién puede ser dulce?
Ataco sus labios con su misma pasión y los devoro a la vez que mis manos tiran de su camiseta para pegarle más a mí. Peeta gime contra mis labios y eso hace que mi calor interior aumente. Ahora siento calor dentro del saco. Pero aun así no se me pasa por la cabeza destaparme. Aunque yo no vea nada sé que tienen cámaras de visión nocturna por todas partes, quizás aquí dentro también haya.
A tientas paso mis manos por su pecho, descendiendo por él, hasta el borde de su camiseta que tiro hacia arriba. Peeta me ayuda quitándose la chaqueta sin separar sus labios de mí para luego quitarse también la camiseta. Notar la piel desnuda de su torso hace que mis manos hormigueen. Consigo rodar y ponerme a horcajadas sobre él. Mis labios descienden por su cuello y poco después ataco su pecho. Emite suaves gruñidos de placer y pronto le sobra también mi camiseta. Mete las manos por debajo de ella acariciando la piel de mi espalda para luego tirar de ella y quitármela junto con la chaqueta. Jadeo cuando sus manos se dirigen a mis pechos y los aprietan.
Mis labios vuelven a los suyos cuando mis manos bajan hacia sus pantalones y los desabrochan. Prefiero no pararme a pensar en las consecuencias, quiero vivir el momento, ya me arrepentiré mañana, porque sé que lo haré. Noto la excitación de Peeta bajo mí y mis manos parecen actuar solas cuando una de ellas se mete por debajo de sus pantalones y acaricia su longitud sobre los calzoncillos.
Peeta ahoga un gemido en mi boca, aunque yo misma gimo al sentirlo. Es la primera vez que toco a un hombre así. La primera vez que siento contra mi mano esa excitación. También es una de las pocas veces que me he sentido excitada, empiezo a sentir la humedad creciendo en mi intimidad. Le acaricio suavemente sin dejar de besarle. Pero una de las manos de Peeta abarca la mía y me obliga a hacer la caricia más intensa, es algo que agradezco ya que por un momento temí hacerle daño. La mano de Peeta se aparta de la mía y se pierde bajo mis pantalones. Gimo al notar esa mano sobre mi entrepierna. Me acaricia con suavidad. Cuando aparta la ropa interior y toca mi piel más intima le muerdo el labio gimiendo más fuerte. Empieza a acariciarme con más intensidad y al poco uno de sus dedos se pierde en mi interior. Gimo más alto.
— Peeta…te necesito ya…
Él solamente asiente contra mis labios. Creo que está tan excitado como yo. Entre los dos conseguimos deshacernos de mis pantalones y mientras que él me mordisquea el cuello yo consigo quitarme el sujetador. Sin esperar un segundo las manos de Peeta vuelan a mi pecho. Donde lo acarician y lo masajean, arrancándome de nuevo largos gemidos. Vuelvo a besarle con pasión. Mordisqueo sus labios a la vez que busco un mayor roce en mi intimidad por lo que muevo las caderas frotándome contra él. Eso le hace gemir más alto. Sonrío contra sus labios y yo misma hago con mis bragas lo mismo que con mis pantalones. Es un poco complicado pero por fin consigo quedarme completamente desnuda. Creo que mi excitación crece al sentirme así dentro del saco con Peeta bajo mi cuerpo.
Peeta vuelve a pasar sus dedos por mi entrepierna y me acaricia. Encuentra rápidamente el punto donde se concentra mi placer y lo frota haciéndome casi gritar. Gritos que tengo que ahogar en su boca, porque podrían oírlos. No sé cómo consigue bajarse la ropa pero cuando eleva las caderas noto su miembro rozar mi intimidad. Un gemido más ahogado sale de mi boca y muevo las caderas frotándome de nuevo. Pero no puedo soportar más el vacio que siento en mi interior así que yo misma coloco la excitación de Peeta en la entrada de mi cuerpo y bajo las caderas. Penetrándome. Gimo y jadeo al sentir la invasión, duele, no lo voy a negar. Pero no es tanto como creía. Mi cuerpo desciende hasta que nuestros pubis se tocan.
Peeta me abraza cuando me quedo quieta. Jadea contra mi oído y gime cuando me muevo para recolocarme. Busca mi boca y me besa como nunca lo ha hecho, mezclando la pasión y el deseo. Cuando me he acostumbrado al tamaño de Peeta elevo la cadera y desciendo de nuevo. Ambos gemimos. No tengo ni idea de lo que estoy haciendo. Solo sé lo más básico. Solo busco mi placer y el de él. Por suerte esto parece que a él le gusta tanto como a mí. Vuelvo a hacer el mismo movimiento y poco a poco consigo mantener un ritmo entre jadeos y gemidos. Peeta empieza a mover sus caderas también buscando el contacto con las mías. Nos movemos al mismo compás. Él gime mi nombre con cada embestida. Nuestros movimientos se hacen más rápidos, más alocados. Mi calor interior empieza a crecer y a concentrarse en nuestro punto de unión. Crece y crece y no lo puedo ni quiero detener. Unos segundos después exploto. El calor líquido convertido en placer recorre todo mi cuerpo. Peeta se tensa debajo de mí y ahoga un gemido más intenso.
Me dejo caer sobre él jadeando exhausta. Peeta besa mi pelo y mi cuello. Acaricia mi espalda con dulzura intentando calmar también su respiración.
— Esto ha sido una locura… ¿verdad?
— Es la mayor locura que he hecho en mi vida…— digo confirmando lo que dice. Es la verdad. Hemos hecho el amor delante de todo Panem. Solo espero que el saco nos haya protegido lo suficiente para que nada de nuestros cuerpos haya sido enfocado.
— No quiero que te arrepientas…— Susurra contra mi pelo.
— No voy a arrepentirme…— Lo digo segura de que es posible que le esté mintiendo— quizás, un poco del lugar…Pero no de lo que hemos hecho…— Beso sus labios dulcemente— Ahora deberíamos dormir…Mañana nos espera un día muy largo.
— ¿Sabes…? Me quedaría en esta cueva para siempre contigo…— Su confesión por alguna razón me poner nerviosa. Supongo que es por las ganas que tengo de salir de aquí.
— Lo sé…aunque yo preferiría una cama…— Intento bromear— Echo de menos mi cama…— Suspiro al recordar a Prim y rezo para que no haya visto esto y que jamás llegue a verlo.
— Yo también… echo de menos muchas cosas…— susurra, noto como su voz se entristece.
— No…no te apenes…— Susurro— en unos días lo tendrás todo de nuevo. Te lo prometo…—Noto como suspira contra mi pelo y me abraza con fuerza.— Duerme Peeta…
— Tú también, descansa…
No tiene que decírmelo dos veces, prefiero quedarme callada y que el sueño nos invada. No quiero pensar demasiado en lo que hemos hecho y en lo que nos queda por hacer. Mañana será un día complicado.
Me despierto al oír un cañonazo. Vuelvo a tardar unos segundos en ubicarme, como cada mañana. Pero los recuerdos pronto se agolpan en mi memoria. La cueva y Peeta y yo haciendo el amor. Intento buscar en mí los sentimientos de arrepentimiento, pero de momento no aparecen. Espero que dure.
Peeta se ha despertado tan sobresaltado como yo.
— Hey…
— Hey…—susurro.
— ¿Quién crees que ha sido?— en su voz no puedo evitar notar cierta preocupación.
— Ninguna de ellas— resuelvo, aunque no estoy nada segura, puede haber sido cualquiera. Así que tenemos que levantarnos…ya ha amanecido, y no quiero que las chicas enciendan la hoguera y nos pille desprevenidos…— Aunque no podemos olvidar donde estamos intento que la tensión del momento desaparezca y le doy un beso rápido.
— Sí…cierto…— Carraspea— ¿Podrás vestirte aquí metida…?— Susurra a mi oído.
— Creo que sí…— Susurro también.
Asiente y se aparta de mí. Sale del saco y me sorprende ver que él lleva sus pantalones puestos. Tengo que recordarme que para lo de anoche solo se los bajó, era lo más cómodo. Un halo de vergüenza se cierne sobre mi conciencia. Estoy completamente desnuda y él no. Estoy desnuda ante Panem. Me muerdo el labio y busco mi ropa interior. El sujetador es fácil de encontrar. Me lo pongo rápidamente. Pero con las bragas tengo un grave problema, no las encuentro dentro del saco. No sé dónde han ido. Resoplo desquiciada.
— ¿Qué ocurre Katniss?— Susurra Peeta al verme pelear dentro del saco. Le miro notando como mis mejillas empezaban a enrojecer.
— Mis bragas— Susurro— No las encuentro…
— Oh…— Noto como sus labios empiezan a curvarse hacia arriba, está reprimiendo una sonrisa, quizás una risotada.
— No es gracioso, Peeta. Tenemos prisa…No puedo ir sin bragas por ahí.— Sé por como sus ojos se dirigen hacia arriba que se lo está imaginando.— No pongas esa cara, sé en que estas pensando.
Él acaba sonriendo y busca debajo del saco y consigue sacarlas de ahí. Me avergüenza que las tenga en las manos así que se las arrebato rápidamente. Consigo ponérmelas y salgo del saco para ponerme los pantalones ante la atenta y risueña mirada de Peeta. Me calzo y me repeino la trenza.
—Vamos, se nos hace tarde…— le doy un beso rápido y salimos de la cueva.
...
Agradecimientos: muchas gracias por todos vuestros reviews! Gracias por seguir leyendo! siento no poner los nombres de cada uno, pero os tengo muy muy presentes. muchas muchas gracias, de verdad!
Adelanto:
—Está minado —susurra Peeta.
Eso lo explica todo, lo poco que les importaba a los profesionales dejar los suministros sin vigilancia, la reacción de la chica, la participación del chico del distrito 3, el distrito de las fábricas, conde entre otras cosas se fabrican explosivos.
—¿Y de dónde los habrá sacado? ¿De las provisiones?— Le miro intentando entenderlo todo.
— Nunca había visto un tipo de arma así…
— Lo sé…quizás…— Le miro un momento— Quédate aquí ¿vale? Dame cinco minutos…
Nota de autor: Siento mucho mucho el retraso. Entre trabajos y exámenes, y además que estoy peor de salud no he podido subirlo antes… Espero que al menos haya merecido la pena… por fin ha habido "temita" ¿Qué os ha parecido?
colgaré el siguiente capítulo en unos diez días más o menos si todo va bien.
Besos de fuego!
