Disclaimer: The Hunger Games no me pertenece.


La luz del sol me ciega y noto como empieza a calentar. Me maldigo porque quizás Delly y Rue (o al menos una de ellas) ya hayan encendido la primera hoguera y el plan se vaya al traste. No me doy tiempo a pensar más y camino rápidamente por el río, sé que a Peeta le cuesta seguirme, pero necesitamos darnos prisa. Cuando llegamos a la zona donde el río se ensancha salgo del agua y espero a Peeta.

— Supongo que querrás venir conmigo hasta el borde del bosque, ¿no?— el asiente y yo suspiro.

— Haré lo que tú me digas, no nos pondré en peligro…

— Está bien…pero si las cosas se ponen feas…

Seguimos caminando adentrándonos en el bosque. Saco una flecha del carcaj y la coloco en el arco. Poniéndome en guardia por si pasara algo. Me obligo a caminar más despacio, para que Peeta controle sus pasos y haga menos ruido. Llegamos al borde del bosque y nos ocultamos entre los matorrales. Observamos como los Profesionales están desayunando. Enormes bollos de chocolate y manzanas, incluso parece que tienen leche en polvo, por los polvos que veo mezclar en el agua de una cazuela que está sobre la fogata. Al ver esa escena mi estomago protesta sonoramente. Miro a Peeta y el tiene la misma mirada de hambre. Pienso en que en pronto podremos disfrutar de lo mismo e intento controlar el hambre.

Los gritos de los Profesionales me sobresaltan. Primero pienso que nos han descubierto, pero enseguida veo como Cato señala un punto en el bosque. Arriba a lo alto yo misma puedo ver la humareda cuando me doy la vuelta. Sonrío al oírle decir al resto que cojan sus armas, incluso le dice al chico del 3 que coja una lanza y que los siga. Eso me sorprende. Dejan el campamento sin vigilancia. Es raro.

Les veo alejarse y aun espero unos minutos antes de moverme.

— ¿qué quieres hacer ahora, Katniss?

— Creo que lo mejor es acercarse a ver como tienen protegida esa montaña de suministros… Una red me parece poca cosa…

— Puede ser peligroso… Seguro que tiene alguna trampa…— Susurra

— Todo aquí es peligroso…Si queremos sobrevivir hay que hacer algo.

— Pero Katniss…

Antes de que pueda decirle nada más por el rabillo del ojo veo movimiento. Una chica pelirroja, una tributo, sale corriendo dirección a la pirámide. Cuando está cerca de ella se detiene, mira por el suelo y coloca los pies con cuidado en un punto. Después se acerca a la pirámide dando unos extraños saltitos, a veces a la pata coja, otras impulsándose un poco más fuerte. Cuando consigue llegar a la pirámide vemos que llena una mochila con toda clase de provisiones y luego repite el mismo proceso para volver al bosque.

—Está minado —susurra Peeta.

Eso lo explica todo, lo poco que les importaba a los profesionales dejar los suministros sin vigilancia, la reacción de la chica, la participación del chico del distrito 3, el distrito de las fábricas, conde entre otras cosas se fabrican explosivos.

—¿Y de dónde los habrá sacado? ¿De las provisiones?— Le miro intentando entenderlo todo.

— Nunca había visto un tipo de arma así…

— Lo sé…quizás…— Le miro un momento— Quédate aquí ¿vale? Dame cinco minutos…

Peeta suspira, pero me deja ir. Me acerco cautelosamente hasta las placas donde se colocan los tributos. La tierra está escarbada. Y ahora lo entiendo, han recogido las minas que evitan que los chicos salgan antes de tiempo y las han vuelto a activar y a enterrar. Sé que las minas se activan por presión, un golpecito en una de ellas y acabas volando por los aires. Pero lo más seguro es que hayan colocado las minas de tal forma que no se vean afectadas las unas por las otras, y que la comida esté a salvo. Asique no sé de qué forma activarlas y además destruir todo.

Vuelvo la vista atrás, hacia el bosque, el humo de la segunda fogata de Rue y Delly sube por el cielo. Los Profesionales deben de haber empezado a sospechar que se trata de una trampa. Se nos agota el tiempo.

Mi vista se dirige de nuevo a la pirámide y la observo detenidamente. Intentando mantener la calma. Mi mirada va directa a un saco repleto de manzanas. La tela transparente es fina, y estoy segura de que podría acertar y rasgarlo. Miro a Peeta y levanto el pulgar para indicarle que todo está bien. Me hace un gesto con su mano para que vuelva con él, pero yo le digo con la mía que espere un poco.

Me pongo a tiro y me doy un límite de tres flechas para conseguirlo. Coloco los pies con cuidado, me aislo del resto del mundo, sobretodo de Peeta y de la hoguera e intento afinar la puntería. La primera flecha rasga el lateral del saco, me maldigo pero cojo la segunda flecha y para por el mismo sitio, haciendo un agujero. Cuando cojo la tercera flecha veo como una timida manzana sobresale por el agujero. Cuando lanzo esta tercera da de lleno en el saco moviéndolo.

Veo como lentamente las manzanas, salen de la bolsa. Es como si fueran a cámara lenta. Luego salgo volando por los aires y mi espalda choca contra el duro suelo arrancándome el aliento. Noto como el suelo vibra y veo las explosiones. Pero no consigo oir nada. El mundo se ha quedado sin sonido para mí. Tengo que cubrirme la cabeza con los brazos cuando millones de trozos de cosas me caen encima. Cuando el suelo deja de vibrar miro hacia los arbustos donde debería estar Peeta. Grito su nombre pero no sé si mi voz sale de mi garganta. Intento ponerme de pie pero no lo consigo. Me mareo y me caigo al suelo. Gimo y vuelvo a intentarlo. Pero vuelvo a caerme por segunda vez. Los Profesionales van a regresar y me verán allí tirada, no tardaran en matarme. Empiezo a sentir el pánico corriendo por mis venas cuando noto unos brazos rodearme el torso. En un primer momento intento apartarme. Pero luego la cara de Peeta aparece ante mis ojos. Sé que está diciendo algo porque mueve los labios pero no le oigo. Él toca mi oreja izquierda y me enseña la palma de la mano cubierta de sangre. Gimo al verlo pero no puedo darme el lujo de preocuparme y asustarme. Aunque la idea de haberme quedado sorda me aterra.

Como no consigo levantarme Peeta tira de mí y me coge en brazos. Corre hacia los matorrales y allí nos escondemos justo a tiempo. Aunque no puedo oírles veo a Cato completamente furioso, iracundo. Se acerca al chico del distrito 3 y después de gritarle (o lo que yo creo que son gritos, por como mueve la boca) agarra su cabeza con las manos y le gira el cuello. Partiéndoselo. Peeta me tapa la boca para (supongo) que no me oigan gritar.

Peeta me aprieta contra su pecho intentando calmarme, ahora sí que estoy completamente aterrada, no por el hecho de estar tan cerca de los profesionales, si no porque no puedo oír nada y mi oído es casi tan importante para mí como lo son mis ojos. Los necesito para cazar, para sobrevivir aquí. Para mantener a Peeta con vida. Creo que empiezo a pronunciar las palabras "no puedo oír" una y otra vez, pero no me oigo ni a mi misma por lo que no se si las digo o no. En los oídos solo siento las palpitaciones de mi acelerado y asustado corazón.

Peeta acaricia mi pelo y me obliga a tumbarme en el suelo por completo. Me acerca la botella de agua a los labios y vuelve a decir algo que no entiendo. Niego suavemente con la cabeza para que deje de hablar, aunque el mínimo movimiento hace que me maree aún más. Cierro los ojos e intento calmar mis emociones. Sé que este momento puede estar siendo retransmitido, pocos se han atrevido a jugársela a los profesionales.

Creo que pasan varias horas hasta que puedo incorporarme un poco. Peeta no se ha apartado de mi lado, se ha mantenido acariciándome el pelo y limpiando la sangre de mi oído y mis cortes. El parece estar bien. Algo que me alegra enormemente. Peeta vuelve a darme un poco de agua y se levanta, pero enseguida le agarro para que no se mueva de mi lado. Siento que es peligroso que se aleje, y estoy demasiado herida como para vigilarle. Creo que suspira por como su pecho se mueve y me abraza. Luego posa sus labios sobre los míos.

Empieza a oscurecer cuando Peeta decide levantarse, me asusto de nuevo pero inmediatamente se acuclilla y me coge en brazos. Me obliga a reposar la cabeza en su pecho. Por un momento me quedo aturdida, sin entender qué hace, hasta que me doy cuenta de que me está llevando a la cueva donde pasamos la noche anterior. Se lo permito sin protestar, sorprendiéndome una vez más de lo fuerte que es. Hace todo el camino sin vacilar y ni siquiera parece cansado. Cuando llegamos estoy tiritando de frío.

Me ayuda a introducirme por el agujero y luego saca el saco. Lo estira y me obliga a meterme en él, y me arropa. Se acerca al arbusto con el que tapé la entrada ayer y recoge unas cuantas bayas, le observo acercarse de nuevo a mí y me da una mora. La acepto y como despacio, aún siento nauseas. Aun así acepto unas pocas, pero luego le indico señalándole que también tiene que comer. Y creo que come para no hacerme sentir peor.

Cuando ha oscurecido del todo, Peeta se asoma por el agujero. Imagino que será el himno, estoy en lo cierto porque enseguida veo como la noche se ilumina. Unos segundos después Peeta vuelve dentro. Llevo más de medio día sin oír, es posible que alguien más haya muerto, a parte del chico del tres y del cañonazo de esta mañana. Apenas puedo verle pero le siento a mi lado. Coge mis manos y noto como levanta tres dedos, y luego los diez. Lo pillo al instante, me está diciendo que en el cielo han aparecido esos dos chicos. Sonrío un poco aliviada al saber que no han muerto ni Rue ni Delly. Aunque sé que estarán preocupadísimas. Al menos ellas también saben que seguimos vivos.

Peeta se mete en el saco y me rodea con sus brazos, me muerdo el labio y me pego contra su pecho lo más que puedo. Él pasa su mano por mi espalda con dulzura, intentando reconfortarme, y lo hace un poco, al menos si me ayuda a calmarme, tanto, que poco a poco empiezo a quedarme dormida.


Agradecimientos: muchas gracias por todos vuestros reviews! Gracias por seguir leyendo!

Adelanto:

Un grito. Un grito infantil desgarrador. Y nadie tiene la voz infantil salvo Rue, la pequeña niña del 11. Peeta se adelanta corriendo hacia el grito.

¡Rue!— Grita él en contestación a otro grito, aunque éste no es infantil. Delly también está en problemas

¡Peeta! ¡Peeta!— Grita Delly entre sollozos.

¡Delly! ¡Rue!

Grito yo misma cuando las veo, están tiradas en el suelo dentro de una red muy parecida a la que me capturó a mí en mi distrito. Rue saca su manita entre los agujeros y consigue agarrar la mano de Peeta que tira de ella.

Nota de autor: Siento el retraso! Las cosas se me complican siempre y nunca puedo actualizar este fic a tiempo. A ver si la próxima actualización puede ser pronto. Lo siento de verdad!

Besos de fuego!