Disclaimer: The Hunger Games no me pertenece.
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Al despertar aun siento el brazo de Peeta rodeando mi cintura y su respiración pausada contra mi cuello, eso me gusta y me hace sentir bien, aunque el bienestar dura poco cuando recuerdo a Delly. Me incorporo intentando no despertar a Peeta y me acerco a ella. Tengo que ponerme las gafas de visión nocturna porque aún no ha amanecido. Ella tiene los ojos cerrados con el ceño fruncido, una fina capa de sudor perla su cara enrojecida. Le toco la frente y sigue ardiendo. Suspiro y en ese momento abre los ojos.
— ¿Katniss…?
— Hola Delly— Susurro suavemente para no despertar a Peeta— ¿Tienes sed o hambre?
—Agua…quiero agua— Le cuesta hablar. Pero no digo nada sobre eso, simplemente le acerco la botella de agua a los labios. Bebe trabajosamente un par de sorbos antes de apartarse.
—Peeta…
— Está durmiendo, ha estado cuidando de ti todo el día.—Que pregunte por el me molesta, y mi voz puede que suene cortante, pero es algo que no puedo evitar, incluso aunque se esté muriendo.
— No…—Carraspea— Sálvale…haz que gane, por favor.— Podría decir que sus palabras me dejan en shock, es algo que no me esperaba.
—No te preocupes por eso ahora— Mojo el trapo de su frente y antes de colocárselo de nuevo ahí se lo paso por la cara y el cuello.—Puedo sacaros a los dos.
— A mí ya no…
—Shhhhh…—Le tapo la boca con cuidado— No digas eso Delly, por favor— No puedo evitar sentir que los ojos me escuezan a causa de las emociones que la mal herida Delly me provocan.
—Antes le oí como te contaba lo nuestro —Veo como traga pesadamente— Fui una idiota, tenía que haberme dado cuenta antes, por cómo te miraba siempre.
— Es mejor que no hables Delly…
—¿Sabes desde qué edad está enamorado de ti? Desde los cinco…éramos unos críos…por tu voz…
—No hables más, descansa—Susurro, sorprendida por lo que me está contando sobre Peeta, no sé qué decir, ni qué hacer con ella, solo quiero que se tranquilice, que descanse, aunque bien es cierto que me gustaría saber más cosas de Peeta, de aquel chico que me dio una nueva esperanza con un poco de pan y que ahora se está haciendo un hueco en mi corazón. Ese hueco que solo llenan dos personas más.
Delly me hace caso y vuelve a cerrar los ojos. Yo continuo refrescándola cada poco mientras que ella cae en un sueño intranquilo. Cuando Peeta se despierta ya está amaneciendo. Me da los buenos días con un escueto beso en los labios que me sabe a poco así que antes de que se aparte enredo mi mano en su pelo y le beso dulcemente, sabiendo perfectamente que no quiero perderle. Él me devuelve el beso con una sonrisa y luego, cuando se aparta mira a nuestra compañera de distrito.
—¿Cómo está?— Murmura tocándole la frente para comprobar su temperatura, sus ojos reflejan el horror que siente al notar lo caliente que está.
— Ya lo has comprobado por ti mismo…— Suspiro—Pero antes ha estado hablando, me contó que nos oyó, que te oyó decirme lo que, ehm, bueno que estuvisteis juntos—Carraspeo porque las palabras no me salen con fluidez— Y que llevas enamorado de mí desde los cinco años.
— Incluso enferma Delly Cartwright es una bocazas…— Bromea en susurros cogiendo él el trozo de tela y empapándolo de nuevo con la poco agua que nos queda.
—Así que es cierto— Asiente y noto un ligero rubor en sus mejillas gracias a la claridad que poco a poco va entrando en la cueva.
— Algún día te contaré como me enamoré de ti, Katniss…— Empiezo a pensar que la especialidad de Peeta es dejarme abrumada con sus palabras y sus arrebatos de sinceridad. Pero esa simple frase me da esperanzas, esperanzas de que vaya a salir vivo de aquí.
— Eso espero, como yo algún día te contaré todo lo que te debo…— Murmuro más para mí que para él, así que no sé si me escucha.
Como Delly ha vuelto a dormirse o al menos a caer en ese duerme-vela de la fiebre, me aparto y cojo los últimos trozos del pollo que nos quedan. Uno se lo entrego a Peeta y el otro trozo empiezo a mordisquearlo sin mucho apetito, tengo cerrado el estómago por todos los acontecimientos que están sucediendo. Aún así se que nos tenemos que alimentar, no sé cuánto tiempo más vamos a estar aquí encerrados, ni cuánto tiempo aguantará Delly.
— Es lo último que nos queda, ya no tenemos comida, ni agua—Murmuro comprobando las botellas.—Tengo que salir a cazar.— Como siempre que digo eso Peeta pone cara de terror.
—Katniss…
– Ya sé lo que me vas a decir, Peeta, pero tenemos que comer— Y como dándome la razón su estómago gruñe sonoramente, eso me hace sonreír un poco.— ¿Ves? Pero no te preocupes, no me alejare mucho.
— Podría acompañarte…— me muerdo el labio, no quiero que lo haga, por su seguridad y porque hace tanto ruido al andar que los animales salen huyendo en treinta metros a la redonda.
— Alguien tiene que quedarse con Delly— Frunce el ceño, sé que piensa que le estoy tratando de nuevo como a un niño— Pero hay que recoger agua, también puedes encargarte de algunas raíces…— Se lo piensa un poco y al final asiente.
— De acuerdo, pero si cuando el sol esté en lo más alto del cielo, no has vuelto, iré a buscarte— Lo dice apretando los labios, completamente decidido, y sé que lo haría sin dudarlo. Pero ese intervalo de tiempo me da la oportunidad de cazar alguna ardilla y preparar unas cuantas trampas, por si necesitamos más comida.
— Me parece justo.— Aunque miento, preferiría estar cazando todo el día, así podría aclarar un poco lo que siento en relación a Peeta (que aún no lo entiendo del todo) los celos por la moribunda Delly, y sobretodo pensar en cómo estarán viéndome en casa.
Peeta se inclina sobre mí y me besa con dulzura, un beso lento y lleno de cariño, y también de amor. Porque sé que él no duda de lo que siente, mientras que yo no entiendo del todo mis sentimientos. No quiero perderle, le quiero a mi lado, pero una parte de mí, en lo más profundo de mi ser, piensa que estoy haciendo algo mal, y en esa parte de mi conciencia aparece mi amigo y los besos rápidos y llenos de alegría que nos dábamos cuando conseguíamos una pieza de caza. No dejo de preguntarme qué estará pensando él de todo esto, de los besos y de aquella noche en la cueva, aquella que era más pequeña y más peligrosa. Mi conciencia me lo dice, no debe de estar gustándole ni un pelo.
Me maldigo por preocuparme de todas esas cosas con nuestros estómagos casi vacios y Delly en este estado. Recojo el carcaj y el arco y miro a Peeta que está guardándose el cuchillo en el bolsillo del pantalón
— ¿Tendrás cuidado verdad?— Asiento casi instintivamente.
— Siempre lo tengo, estoy entrenada para ello…—Sonrío intentando sonar autosuficiente— Ten cuidado tu, llena las botellas y cuida de Delly, oblígala a beber todo lo que puedas y no dejes de refrescarla, que no se mueva…Y…—Suspiro, vuelvo a sentir ciertos celos, esas sensaciones que me confunden aun más.
—¿Y…?
— Y recuerda que volveré pronto— Ahora soy yo quien le besa para que no me olvide, yo puedo estar pensando en mi amigo y en sus reacciones al verme así, pero Peeta es mío, y no quiero que por pena todo Panem vea a un Peeta más cariñoso de la cuenta con Delly.
Cuando estamos listos dejo que el salga el primero de la cueva y luego salgo yo, nos despedimos con otro beso rápido y nos separamos, el se acerca al riachuelo y yo me voy al bosque. Aun así no me alejo, me quedo escondida entre los arbustos y observo lo que hace, no pienso moverme hasta que le vea volver a la cueva. Veo como llena todas nuestras botellas y les añade el yodo para purificarlas, luego se lava un poco, quitándose la camiseta (o lo que queda de ella), y tengo que reconocer que me muerdo el labio mirándole sin ella. Pasados unos minutos se la pone y regresa a la seguridad de la cueva.
Respiro aliviada y me adentro en el bosque. Tengo que ir con los ojos muy abiertos y el oído sano doblando su capacidad. Sigo completamente sorda del lado izquierdo y cada dos segundos giro la cara hacia ese lado, con miedo a que cuando oiga algo acercándose ya sea demasiado tarde. Como siempre llevo una flecha en el arco lista para ser disparada y en una de esas veces que giro la cara veo un conejo. Es tan gordo como el que vi cuando Claudius me interrumpió, y en mi fuero interno me pregunto si será el mismo o si aquí dentro de la Arena estarán sobrealimentados. La flecha se clava en su cuello casi sin que el pobre animal se dé cuenta. Cuando lo recojo su pelaje blanco ya se está cubriendo de sangre, y vuelve a traerme recuerdos de casa. Intento no pensar en ello más de lo debido porque pensar en las manos de Gale recogiendo la pieza cazada y entregándome la flecha ensangrentada no me sirve para nada. Ni aquí cazando ni en la cueva con Peeta.
Me cuelgo el animal a la cintura y continúo buscando presas que cazar, con miedo a que lo siguiente que se ponga en mi camino sea un tributo. Pero por suerte para mí y mis dos compañeros de distrito no es así y en poco más de dos horas (o lo que me parece ese periodo de tiempo) tengo en mi poder otras tres ardillas.
Como estoy lo suficientemente lejos de nuestra cueva enciendo una pequeña hoguera con la madera más seca que encuentro procurando que el humo no suba muy alto y después de despellejar las cuatro piezas de caza dejo que se asen en las brasas mientras me subo a un árbol para vigilar mi improvisada cocina desde lo alto. Cuando lo considero oportuno bajo y aunque me quemo los dedos guardo todo en la mochila.
Apago la hoguera y esparzo las cenizas para que no quede mucha evidencia de ella, luego con el arco preparado emprendo el camino de vuelta a la cueva. Ya cerca de la cueva preparo un par de trampas por si necesitamos quedarnos ahí más días de los previstos, con esas trampas no tendría que alejarme tanto de Peeta y Delly, si es que sigue sobreviviendo. Pensando en ella recojo unas cuantas hierbas que sé que son antipiréticas, aunque dudo de que den un buen resultado.
Cuando asomo la cabeza por el agujero Peeta está enfrente de la entrada con el cuchillo en la mano y cara de pocos amigos.
— Soy yo…
—Katniss— Se abalanza sobre mí y me besa.— estaba preocupado, iba a salir a buscarte ya…
— El sol aún no está en lo más alto…
— Pero estaba preocupado— Suspira— ¿has conseguido algo?
— Compruébalo tú mismo— Le entrego mi mochila y sonrío al ver su cara de asombrado y maravillado.
—Aún está caliente…— Asiento sonriendo.
— Come…seguro que tienes hambre…
— ¿Tú no has comido nada?
— No, quería volver cuanto antes, así podemos comer juntos…— Le beso dulcemente, y ese beso remueve algo dentro de mí, supongo que es la alegría de volver junto a él.
—Debes de estar agotada…¿has ido muy lejos?— Yo me encojo de hombros sin saber qué considera lejos Peeta.
— Lo suficiente, tranquilo. ¿Cómo está?— Me acerco a Delly y le toco la frente, su piel quema, casi literalmente.
– Mal, ha estado delirando todo el rato, sobre tú y yo, ella, guisos de cordero y zapatos…— No puedo evitar suspirar, ya ni sé cuantas veces he suspirado por su culpa.
— He recogido algo que le bajará la fiebre. Mi madre lo usa mucho.— Y eso cierto que lo usa, para bajar las fiebres de gripes y resfriados, para los casos como el de Delly solo la medicina real, esa que viene desde el Capitolio, la que venden a precio de oro es la que funciona, esa que mi madre casi nunca tiene. Por lo general a la gente que está como ella les proporciona jarabe somnífero para que no sufran hasta que la muerte les llega.
— Eso es fantástico ¿no?
Asiento sin mirarle por miedo a que note mi poca fe en las plantas y aunque mi estomago está protestando por el olor que procede de mi mochila cojo los hierbajos y los pico lo más menudo que puedo, luego los machaco usando dos piedras y por último esa especie de puré de hierba lo meto en una botella de agua que ya casi está vacía. El agua se torna verde brillante casi inmediatamente, espero que sirva así ya que aquí no podemos prepararlo en infusión que es como mi madre se lo da a los enfermos.
—Tenemos que hacer que beba esto…
— No sé si querrá, apenas ha bebido nada durante el tiempo que no has estado aquí.
— Lo intentaremos…
Me acerco a Delly y la zarandeo un poco, solo lo suficiente para que se despierte. Ella abre los ojos y me mira frunciendo el ceño. Luego vuelve a cerrarlos sin decirme nada.
— Delly…sé que estas despierta, mira— Levanto la botella poniéndola ante sus ojos, veo como vuelve a abrir los ojos— te he traído algo que te curará.
— ¿De verdad…? — asiento, mentir con los gestos es mucho más fácil que mentir con palabras.
— Pero tienes que bebértelo todo, y no sabe muy bien…¿Harás eso por Peeta y por mí?
Ella asiente casi imperceptiblemente, por lo que le acerco la botella a los labios. Cuando da el primer sorbo arruga la cara, y noto lo muchísimo que le cuesta tragar, pero lo hace sin apartarse de la botella. Traga y traga y al final se termina el contenido de la botella, quizás las hierbas le sirvan de poco, pero al menos ha bebido algo y estará hidratada.
— Ahora tienes que descan…
El golpe de estática me interrumpe y esta vez suenan unas trompetas, se lo que viene a continuación, Claudius, nos invita a un banquete en la cornucopia, pero suerte no lo necesitamos, tenemos comida de sobra para los tres, pero cuando el mensaje no acaba, asomo la cabeza por el agujero de la cueva.
—Una cosa más: puede que algunos estéis ya rechazando mi invitación, pero no se trata de un banquete normal. Cada uno de vosotros necesita una cosa desesperadamente. —Sí que necesitamos algo desesperadamente, algo para curar a Delly— En la Cornucopia, al alba, encontraréis lo que necesitáis en una mochila marcada con el número de vuestro distrito. Pensadlo bien antes de descartarlo. Para algunos, será vuestra última oportunidad.
Cuando la estática desaparece Peeta y yo nos miramos. Luego los dos a la vez miramos a Delly. La tributo de mi distrito tiene una nueva oportunidad, porque mañana al alba iré a por esa medicina.
...
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Adelanto:
A partir de ahora el adelanto lo encontraréis en mi página web de facebook: www. facebook. con/pages/Sweet-Dreams-86-fics/531602540239142 (unid los puntos y sustituir la n del "con" por una m) si no funciona, en mi perfil está la pagina y podéis acceder directamente.
Nota de autor: espero poder actualizar el fin de semana que viene. Hoy adelanto la actualización porque sé que el fin de semana no podré.
Besos de fuego!
