Disclaimer: The Hunger Games no me pertenece.


...

—No estarás pensando en ir sola al banquete.

— Sí, estoy pensando en ir sola al banquete, Peeta—Digo malhumorada, se avecina otra clara discusión entre nosotros.

— No vas a ir sola. No vas a arriesgar la vida así.

— ¡Si no lo hago morirá!– Delly tiene los ojos cerrados y ante mi grito ni se mueve, se ha dormido inmediatamente después de tomar el brebaje que le preparé.

— ¡El banquete es una maldita barra libre para Cato y Clove, y también está Thresh!

— Y lo seguirá siendo aunque vengas conmigo.— Resoplo intentando no perder los nervios— Además, piensa que yo no soy un tributo, a mi no tienen que matarme para ganar, parece que se te olvida ese detalle.

— ¿crees que eso les importará? Te matarán para que no consigamos la medicina.

— No voy a discutirlo más Peeta, voy a ir, y tú te quedarás cuidando de Delly, refrescándola y dándole el brebaje hasta que yo regrese, y no se hable más.

— No, Katniss. Te seguiré. Y eso sí que no puedes impedírmelo, te seguiré hasta allí, no voy a dejarte sola.

— Eres un cabezón, Peeta— Me cruzo de brazos y miro la botella vacía— creo que voy a ir a llenar la botella y a refrescarme un poco. Eso si me dejas hacerlo sola ¿no?

Salgo de la cueva molesta con él, intentando idear un plan para poder escabullirme y que él no me siga. Pero cualquiera de las formas que se me ocurren me parece completamente absurda. Lleno la botella y me quito la camiseta para asearme, tanta carrera me deja sudorosa, aunque ahora está empezando a bajar la temperatura y pronto empiezo a tiritar, aunque aún está sobre mí el sol. No puedo evitar pensar que es cosa de los Vigilantes.

Cuando me visto de nuevo, veo tintinear algo en el cielo.

Sorprendida recojo el paracaídas. Aunque tiene un 12 escrito, en pequeño y con una tinta diferente hay escrita una "K". Eso me sorprende aún más. Ese para caídas es para mí. Lo abro rápidamente sin saber que esperarme y el pequeño bote me hace fruncir el ceño. He visto un bote igual que ese cientos de veces en casa, es el bote comercial del medicamento que en casa llamamos "jarabe".

Un "clic" suena en mi cabeza.

Alguien quiere que Peeta permanezca en la cueva y yo vaya a por la medicina. Puede que sea su mentor, el borracho de Haymitch o pueden que sean los Vigilantes que hartos de la ayuda que les presto a Peeta y Delly quieran matarme y no saben cómo hacerlo sin enfadar a la audiencia. Sea quien sea se lo agradezco mentalmente.

El frasco es suficientemente grande para tumbar a una persona durante un par de días, pero yo solo necesito medio día. Como sé que me será imposible obligarle a tomarlo por las buenas, dejo que escurra un poco en la botella de agua que estoy purificando. Lo huelo, y el agua solo huele al yodo que usamos como purificante, aun así, me atrevo a darle un pequeño sorbo. Quizás el sabor sea un poco diferente, pero confío que Peeta no lo note.

Cuando regreso a la cueva dejo la botella de agua fresca cerca de él y de mi mochila saco el conejo sin dirigirle la palabra, tiro de una pata y se la tiendo, Peeta la coge sin apenas mirarme, enfadado. Y soy consciente de que al día siguiente, cuando sepa mi patraña estará aun más enfadado. Espero que merezca la pena y al menos pueda salvar la vida de Delly.

Empezamos a comer el conejo, esta delicioso y la grasa de la carne me escurre por los dedos, y por un momento puedo olvidar donde estoy y porque estoy aquí. Miro a Peeta y veo que a él el conejo también le está gustando porque inmediatamente coge otro trozo, aunque antes da un trago de la botella de agua, esa que contiene el jarabe. Me muerdo el labio rezando por dentro para que no note el sabor dulzón, pero cuando arruga el ceño siento que me ha descubierto y empiezo a buscar una excusa en mi cabeza.

— Esta es la botella que usaste para el brebaje de hierbas ¿no?— Asiento— El agua aún sabe rara, más aun que con el yodo.

—Lo siento quizás no la lavé del todo bien ¿quieres que vaya a…?

— No, tranquila, no es desagradable…y no me va a pasar nada ¿no?

— No, solo que si tienes fiebre te la bajará, y ese no es el caso.

Parece que se queda conforme y bebe otro trago. Ambos seguimos comiendo. Cuando Peeta ha bebido media botella noto como empieza a bostezar y a parpadear más de la cuenta, sonrío para mí misma. Cuando vuelve a beber, se duerme antes siquiera de cerrar la botella. El agua se derrama por el suelo de la cueva y sus pantalones, pero yo no puedo evitar sentirme orgullosa. Le quito el trozo de conejo que estaba comiendo de la mano y le recuesto, luego le tapo con nuestro saco y le dejo dormir. Con suerte para cuando despierte ya habré regresado con la medicina.

El resto de las pocas horas que me quedan de luz las aprovecho para llenar todas las botellas y purificarlas, preparar más brebaje para Delly y dárselo, e intentar que la chica coma un poco de conejo desmenuzado. Con la esperanza de curarse la chica está más animada y consigo que coma un poco más, aunque no lo suficiente. Limpio mis flechas de sangre y suciedad y luego hago lo mismo con el cuchillo. Después me quedo un largo rato mirando como duerme Peeta. Su sueño es tranquilo, producto del jarabe. No puedo evitar inclinarme y posar mis labios sobre los suyos. Pidiéndole mentalmente perdón, porque sé que está mal engañarle de esta forma.

Cuando anochece el cielo no se ilumina por segundo día consecutivo, y el frío se hace aún más patente. Cansada me acurruco contra Peeta, intentando no dormirme, quiero llegar a la Cornucopia antes de que amanezca. Yo misma hago que uno de sus brazos me rodee la cintura, y así me paso lo que queda de noche, sintiendo su respiración contra mi nuca. Y aunque intento no hacerlo, no puedo pensar en mi madre y en Prim, pero sobre todo en Gale. Llegados a este momento de los juegos, la noche antes de un banquete, todo el mundo estará emocionado, en las enormes pantallas de la plaza estarán vitoreándonos, deseando que lleguemos sanos y salvos a casa. Todo el mundo salvo él. Le conozco lo suficiente como para saber que estará mirando cada detalle, cada circunstancia con ojo clínico. Eso hace que me sonroje recordando lo que he hecho. Gale estará como mínimo decepcionado por mi comportamiento aquella noche antes de que hiciera explotar las provisiones de los Profesionales. Y digo como mínimo porque no se que esperar de sus sentimientos hacia mí. Como yo no sé que esperar de mis sentimientos hacia él. Y más teniendo a Peeta aquí, a mi lado, abrazándome por mi propia voluntad, llenándome de besos, acariciándome, queriéndome. Y yo…y yo queriéndole a él también.

Cuando calculo que quedan más o menos tres horas para el alba me levanto. Recojo todo lo que necesito (mis armas, agua y media ardilla) y le dejo el cuchillo a Peeta cerca, para que lo vea. Compruebo la Fiebre de Delly, que sigue igual de alta que cuando me acosté. Me dispongo a salir por el agujero, pero antes miro a Peeta y me muerdo el labio. Me acerco y le beso dulcemente. Como despedida, deseando que éste no sea nuestro último beso.

Cuando salgo a la fría noche mi aliento forma pequeñas nubes blancas, y eso me hace recordar de nuevo el bosque de casa y sus inviernos, así como las horas de espera interminables junto con Gale acurrucados bajo una manta esperando a que se aproxime alguna presa. Y en este momento deseo que él esté aquí para que me cubra las espaldas y me ayude. Resoplo pensando en cómo le echo de menos.

Me muevo lo más deprisa que puedo por el arrollo, con el arco preparado ya que los recuerdos no sirven para nada. Con las gafas de visión nocturna todo es mucho más fácil, aunque esta noche la luna brilla tanto que podría ver perfectamente. El agua está tan fría que rápidamente se me congelan los pies, cuando dejo de sentirlos tengo que cambiar de estrategia y caminar por la orilla.

Llego a los arbustos donde nos escondimos para hacer desaparecer la comida de los Profesionales cuando aún es de noche. Me acurruco allí para esperar y el frío me cala hasta los huesos, cuando el cielo empieza a clarear estoy tan entumecida que creo que me costará moverme.

Justo cuando el primer rayo de sol se refleja en la Cornucopia de oro, noto movimiento en el llano. El suelo delante de la boca del cuerno se divide en dos y surge una mesa redonda con un mantel blanco. En la mesa hay cuatro mochilas, dos negras grandes con los números 2 y 11, una mediana verde con el número 5, y una diminuta naranja (lo cierto es que podría llevarla colgada de la muñeca) que debe de tener un 12.

En el momento en el que estoy preparando mi arco para atacar veo como una cabellera pelirroja sale de la cornucopia, coge la mochila con el numero 5 y se pierde entre los árboles. Estoy tan asombrada y perpleja que no me da tiempo ni a apuntarla. Su estrategia me ha parecido maravillosa, ojala se me hubiera ocurrido a mí.

Pero no puedo perder el tiempo, quizás ella no haya cogido mi mochilita, pero el resto, los Profesionales que son más grandes, podrían cogerla y salir corriendo, eso supondría la muerte de Delly con toda seguridad. Salgo corriendo hacia la Cornucopia.

Veo por el rabillo del ojo que algo se dirige hacia mí. Por suerte, soy capaz de esquivarlo en el último segundo y el cuchillo pasa rozándome el pecho. Me vuelvo, tenso la cuerda y lanzo una flecha directa al corazón de Clove. Ella se vuelve lo justo para evitarlo, pero la flecha se clava en su antebrazo izquierdo, eso me basta para frenarla durante unos segundos, ya que tiene que sacarse la flecha del brazo. Corro todo lo rápido que puedo y consigo llegar a la mesa. Cojo mi mochilita y me la cuelgo de la muñeca, es tan pequeña que la puedo llevar ahí sin problemas.

Me doy la vuelta para disparar de nuevo cuando un segundo cuchillo me da en la frente. Me hace un corte encima de la ceja derecha, que me ciega el ojo y me llena la boca de sangre. Me tambaleo y retrocedo, pero consigo lanzar la flecha que ya tenía preparada hacia mi atacante. En cuanto disparo, sé que no acertaré. Entonces Clove se me echa encima, me derriba boca arriba y me sujeta los hombros contra el suelo con las rodillas. Gimo de dolor e intento apartarme. Aunque sé que he llegado a mi final y solo espero que sea rápido y que después de mi muerte Peeta consiga sobrevivir, porque con mi muerte, la suerte de Delly está echada.

— Vaya, vaya, vaya ¿qué tenemos aquí?— se ríe— La niñera del 12…¿Dónde están la chica gordita y el rubito…? ¿Escondiditos esperando a su criada?

—No soy ni la niñera ni la criada de nadie— Me retuerzo para intentar apartarla de mí pero pesa demasiado y es inútil— Están aquí mismo, buscando a tu amiguito…— Intento sonar convincente por lo que grito— ¡AYUDA!— Parece ser que me cree porque mira para todas partes, pero no aparece nadie como era de esperar. Ella ríe de nuevo.

—Buen intento niñera…Te mataremos como hicimos con esa niñita amiguita vuestra ¿Rua? ¿Rue? Ya ni me acuerdo de cómo se llamaba…—Que nombre a Rue me pone furiosa por lo que reúno un montón de saliva y la escupo en la cara, que se mancha no solo de saliva, sino también de sangre.

— ¡Maldita zorra!— El puñetazo que me da me deja aturdida, pero veo lo suficiente como para ver que de su chaqueta saca un cuchillo con la punta curva.

—Jugaremos un poco ¿Te apetece?

Cuando siento el frio del cuchillo en mi mejilla una fuerza descomunal la aparta de mí. Retrocedo aturdida mientras que oigo gritar a la chica. Cuando consigo enfocar los ojos lo que veo me horroriza. No le veo la cara pero conozco suficientemente su cuerpo para saber que es él. Peeta rueda golpeando a Clove mientras que ella intenta apartarse de él. Intento levantarme para ayudarle pero me mareo y me caigo al suelo sintiéndome completamente inútil cuando veo como Clove consigue colocarse sobre Peeta y levanta un cuchillo con ambas manos.

Grito ahogadamente y cierro los ojos para no ver como muere Peeta mientras que las emociones se agolpan en mi cabeza y de mis ojos empieza a salir un mar de lágrimas. Pero a continuación no oigo el último aliento de Peeta. Sino un golpe seco y un quejido ahogado de una voz chillona. Cuando abro los ojos tengo que frotármelos para poder enfocarlos bien. Un cuerpo enorme esta frente a Peeta con una gran roca en la mano. Le mira intimidatoriamente, rápidamente y mareada busco una flecha e intento colocarla.

— ¡¿Ayudasteis a la niña?!— Grita el chico que no es otro más que Thresh. Peeta asiente retrocediendo.

— Éramos aliados… Pero el chico del distrito 1 la mato antes de que pudiéramos hacer más— Noto como la voz de Peeta tiembla y me mira, mis manos tiemblan más que su voz y no consigo apuntar a Thresh con el arco.

— ¡¿Acabasteis con él?!

—Ella le mató.—Peeta me mira horrorizado.

— Sí…y le cante, cante a Rue hasta que se durmió…hasta que murió—Me limpio la sangre de la frente como puedo e intento arrastrarme hasta Peeta para coger su mano, sé que estamos perdidos y que este será nuestro final, y solo quiero estar a su lado, tocándole, sintiéndole cerca hasta el último segundo.

— Por esta vez podéis iros, por Rue, ¡pero no nos debemos nada!— y sé que significa eso, la próxima vez que nos lo encontremos no tendremos tanta suerte.

Cuando le veo salir corriendo con su mochila y la del distrito 1 aún no me lo creo. Peeta se incorpora y toca mi frente y mi cara que vuelven a estar cubiertas de sangre. Dice algo pero no le oigo, en cambio se vuelve brillante para luego apagarse poco a poco. Sé que me estoy desmayando, pero antes de eso levanto la mano para que vea la mochilita naranja, luego, todo se vuelve negro.

...


Agradecimientos: muchas gracias por todos vuestros reviews! Gracias por seguir leyendo!

Adelanto:

A partir de ahora el adelanto lo encontraréis en mi página web de facebook:www. facebook. con/pages/Sweet-Dreams-86-fics/531602540239142 (unid los puntos y sustituir la n del "con" por una m)

Nota de autor: espero poder actualizar el fin de semana que viene.

Besos de fuego!