Disclaimer: The Hunger Games no me pertenece.


...

Un trueno me despierta. Siento el resplandor de un nuevo rallo y un segundo después, otro trueno. Gimo de dolor, incluso el sonido me aumenta el dolor de cabeza. No sé porque tengo tan increíble jaqueca, no recuerdo haber hecho nada especial en el bosque. Quizás me haya caído y Gale me trajera a casa. Huele demasiado a humedad, y hace frío, ¿por qué mama no ha encendido la chimenea?

Noto como me acarician la mejilla, yo esperaba las manos suaves de Prim o incluso la de mi madre, pero estas son más fuertes, más grandes. Y entonces lo recuerdo todo: los Juegos, la cueva, Peeta, y Delly. ¡Delly! La medicina. Intento incorporarme y esa mano fuerte me lo impide.

—No te levantes…— La voz de Peeta llega a mí como un susurro, abro lentamente los ojos y aunque me cuesta enfocarle ahí está, sonriéndome con un ojo amoratado y un corte en la mejilla.— Me alegro de volver a verte los ojos…

—¿ Cuánto tiempo llevo inconsciente?

— Todo un día. Has sangrado mucho, es mejor que no te levantes—Me llevo la mano a la cabeza y la tengo vendada, debajo de la tela puedo notar unas hojas— Usé las mismas hojas que le colocaste a Delly.

—Delly…¿Dónde…?

— Hola Katniss— en mi campo de visión aparece la chica de mis distrito, con el pelo revuelto y sucio pero con un increíble mejor aspecto.—Me habéis salvado…— Solo puedo sonreír antes de cerrar los ojos de nuevo.

— ¿Habéis comido?

— Nos hemos acabado toda una ardilla, estaba muy hambrienta, lo siento— Murmura Delly y por su voz siento que está avergonzada.

— No, tenias que alimentarte, pronto saldré a cazar.

— No demasiado pronto— Dice Peeta volviendo a acariciar mi mejilla— antes tienes que recuperarte— Asiento porque estoy demasiado cansada como para discutir.

El resto del día, la lluvia se vuelve un aguacero, los truenos retumban por toda la cueva y el frio nos cala hasta los huesos. Peeta y Delly me obligan a comer un poco de ardilla y unas bayas. Luego él intenta calentarme los pies ya que casi ni los siento. Cuando llega la noche él se acuesta a mi lado dentro de mi saco y Delly en el suyo. Me acurruco contra él e intento dormir.

—Me pregunto por qué Thresh nos dejo ir…podía habernos matado…—Susurra acariciando mi mal hecha trenza.

— Porque no quería debernos nada…

—¿Nos dejó ir porque no quería debernos nada? —Pregunta, sin poder creérselo.

—Sí. No espero que lo entiendas. Tú siempre has tenido lo necesario, pero, si vivieras en la Veta, no tendría que explicártelo.

—Y no lo intentes. Está claro que soy demasiado tonto para pillarlo.— Murmura removiéndose en el saco, molesto, dejando de acariciarme.

—Es como lo del pan.

—¿El pan? ¿Qué? ¿De cuando éramos niños? —Pregunta de nuevo— Ya lo hemos hablado y creo que podemos olvidarlo. Es decir, estás protegiéndome y arriesgándote por mí.

—Pero no me conocías. No habíamos hablado nunca. Además, el primer regalo siempre es el más difícil de pagar. Ni siquiera estaría aquí para protegerte si tú no me hubieses ayudado entonces. De todos modos, ¿por qué lo hiciste?

—¿Por qué? Ya lo sabes —responde Peeta, y yo sacudo un poco la cabeza, aunque me duele.

—Teníamos 11 años…Recuerda lo que te contó Delly.

—Ah…— Y no sé que más decir, las confesiones de amor me tensan demasiado.

Pero de repente siento unas imperiosas ganas de llorar, por todo, porque la lluvia incesante es para que alguien muera dentro de la arena, porque me atraparon sin poder decir adiós a mi familia, porque les echo de menos, y porque no quiero que muera nadie más. Y aunque intento evitarlo los ojos se me llenan de lágrimas y tengo que limpiármelos rápidamente, antes de empezar a sollozar.

—¿Qué te pasa Katniss?— Susurra Peeta pegándome contra su pecho.— ¿Te duele mucho la cabeza?

—Quiero irme a casa, Peeta —le digo en tono lastimero, como una niña pequeña.

—Te irás, nos iremos, pronto. Te lo prometo — Responde él, y se inclina para darme un beso largo y dulce.

—Quiero irme ahora.

—Sssshhh…—Me abraza más fuerte y yo me odio por mostrar esta versión tan débil de mí— Haz una cosa, duérmete y sueña con tu casa, pronto regresarás allí…—Asiento abrazandole más fuerte.

—Siento haberte drogado…—Susurro contra su pecho, arrepintiéndome un poco, si hubiera echado más somnífero en el agua no habría estado allí para ayudarme y Clove me habría matado antes de que Thresh llegara.

—¿Cómo conseguiste el jarabe, vi el frasco…?

—Llego en un paracaídas— Prefiero callarme mis sospechas sobre los Vigilantes.— Quizás tengas patrocinadores que quieran cuidarte… Aunque tenía una "K" escrita, era para mí, para dormirte.

—Me alegro de que no fuera suficiente cantidad.

—Lo importante es que estamos los tres vivos— En la oscuridad miro hacia donde duerme Delly.

—Pero no vuelvas a hacerlo… o… o…

— ¿o qué?

— O nada…porque que estemos los tres vivos es algo bueno, no debería enfadarme, pero no lo hagas de nuevo, no me asustes de esa forma…— Peeta posa sus labios suavemente sobre los míos y me besa dulcemente, pero también con cierta ansiedad, como si fuera nuestro primer beso.— Y ahora intenta dormir….

—Me asusté mucho al verte pelear con esa chica…— Susurro, las palabras no se me dan muy bien— Verte así se hizo como más real que puedo perderte…no sé qué haría si…Prefiero no decirlo Peeta…— Noto como sonríe contra mi pelo.

— Intenta dormir, Katniss.— Asiento y cierro los ojos y dejo que el sueño me venza.

A la mañana siguiente el tiempo no mejora. El diluvio continúa, como si los Vigilantes intentaran ahogarnos a todos. Los truenos son tan fuertes que sacuden toda la cueva, Peeta sopesa la idea de salir a buscar comida, algunas bayas o raíces "de Rue" como hemos empezado a llamarlas, pero le digo que, con esta tormenta, no tiene sentido. No podría ver lo que tiene delante de sus narices y acabará chorreando como recompensa. Sabe que tengo razón, aunque empieza a dolemos el estómago. Y Delly empieza a quejarse demasiado por lo que permitimos que se acabe ella la poca carne de ardilla que nos queda.

Lo más emocionante que hacemos ese día es contarnos historias de cuando éramos pequeños. Yo les cuento cómo conseguí comprar la cabra de Prim, Lady, su regalo de cumpleaños número diez. Aunque la endulzo un poco, no puedo contar abiertamente lo de la caza furtiva, el cervatillo que cazamos Gale y yo, como se lo vendimos a la carnicera a buen precio y como ella me ayudo a conseguir la cabra por un precio justo, aunque la cabritilla estuviera enferma. En cambio les cuento que vendí una joya de mi madre para ello. Pero la emoción y la felicidad en la cara de mi hermana pequeña lo cuento con todo detalle.

Delly nos cuenta lo poco que le gustaba jugar en la plaza del pueblo, y que prefería y a la panadería a comprar pasteles y aprovechar para ver a Peeta. Eso hace que me sienta un poco más posesiva con Peeta y sin decir nada enredo los dedos de mi mano derecha con los de su izquierda. Él que ha hecho mil preguntas con mi historia, ahora no hace ningún comentario, y no estoy segura de si eso me gusta o no.

La historia que cuenta Peeta me incomoda aun más que la de Delly. Me cuenta por primera vez como se enamoró de mí. Con cinco años, como me había dicho nuestra compañera. El primer día de clase. Él parece recordar hasta el color de mi vestido. En cambio yo no recuerdo nada, por aquel entonces yo solo sabía que era el hijo del panadero, no empezó a ser importante para mí hasta que prácticamente me salvo la vida con 11 años.

Como Delly no parece estar muy cómoda tampoco, propongo cambiar de tema y les pregunto qué harán cuando lleguen al distrito y tengan que vivir al lado del borracho de Haymitch. Ambos se ríen y contestan cosas de lo más descabellado, como picnics, celebraciones de cumpleaños y noches de invierno frente a la chimenea todos juntos.

El día se arrastra hasta convertirse en noche y el tiempo sigue igual. Cuando nos acostamos para dormir nuestros estómagos rugen sonoramente, pero no tenemos nada que llevarnos a la boca, por lo que decido que al día siguiente llueva o no llueva saldré a cazar. Estamos ya acostados cuando el cielo se ilumina, me levanto rápidamente y me asomo a la entrada. La lluvia me golpea en la cara mientras que veo el escudo del Capitolio y luego la cara de Thresh. Me quedo helada y luego miro a Peeta que ha corrido para asomarse conmigo. No sé porque tenía la esperanza de que saliera la cara de Cato.

— Es mejor así Katniss…así no tendremos que enfrentarnos a él…— Cuando el cielo vuelve a estar negro como la boca de un lobo me obliga a entrar en la cueva.

— Thresh…— Le digo a Delly que nos mira interrogante, aunque esté mejor su pierna no le permite moverse mucho.

Me acuesto de nuevo en el saco y cuando Peeta lo hace me abrazo a él en silencio intentando no llorar por el tributo del 11.

— Peeta…— Intento no pensar en ello por lo que quiero sacar un tema de conversación, el que sea—Tienes una... memoria asombrosa -comento, vacilante.— Por lo del vestido y las trenzas de nuestro primer día de colegio

—Lo recuerdo todo sobre ti —responde con un susurro— Eras la única que no se daba cuenta.

—Ahora sí.— Sonrío pasando mi mano por su pecho, acariciándoselo.

—Bueno, aquí no tengo mucha competencia.— Trago saliva intentando no pensar en mi mejor amigo y lo suelto.

—No tienes mucha competencia en ninguna parte.—Esta vez, soy yo la que se inclina para besarle.

Peeta se duerme antes que yo. Mientras que noto su rítmica respiración contra mi pelo yo no dejo de pensar en la muerte de Thresh y en lo que eso supone. Debería alegrarme pero estoy triste, muy triste. Y a eso tengo que sumarle que Cato ya estará buscándonos, solo quedan cuatro tributos.

El final está cerca.

...


Agradecimientos: muchas gracias por todos vuestros reviews! Gracias por seguir leyendo! Por si no me seguís en la página del facebook deciros que ya he acabado de escribir el fic, aunque aun os faltan unos cuantos capítulos para el final.

Adelanto:

A partir de ahora el adelanto lo encontraréis en mi página web de facebook:www. facebook. con/pages/Sweet-Dreams-86-fics/531602540239142 (unid los puntos y sustituir la n del "con" por una m)

Nota de autor: espero poder actualizar el fin de semana que viene.

Besos de fuego!