Disclaimer: The Hunger Games no me pertenece.


...

Caminamos durante varias horas, Delly cojea haciendo un ruido espantoso. Pero ya no me importa. Tenemos comida suficiente y si a Cato se le ocurre aparecer estoy preparada para atravesarle con una flecha. Mi arco va en todo momento preparado.

Peeta al final acaba colocándose junto a Delly y hace que se apoye en él. Ella pasa su brazo alrededor del cuello y él la coge por la cintura. Eso vuelve a lanzar una punzada de celos a mi pecho que se estruja, duele un poco, pero intento razonarlo de la mejor manera posible. Peeta solo está ayudando a nuestra amiga.

Me sorprendo a mí misma pensando en Delly como nuestra amiga. Ha compartido mi caza conmigo, ha dormido a mi lado, he arriesgado mi vida por ella. Sí, podría considerarse que ahora somos algo así como amigas. Pero, sé que a ella le gusta Peeta, que incluso puede estar enamorada de él. Y eso no me gusta de ella. Además, cuando salgamos de aquí, ella volverá a ser la dulce y candorosa Delly, será preciosa…y yo…yo solo una chica de la Veta, con los rasgos de la Veta, y una asesina…

Intento eliminar esos pensamientos adolescentes de mi cerebro y me centro en los ruidos del bosque. Todo está en silencio. Solo oigo las respiraciones pesadas de Peeta y Delly. Ésta última jadea, sé que empieza a agotarse. La miro durante unos segundos y decido parar para que descanse.

—Descansemos un rato, aún quedan varias horas de luz y ya no estamos tan lejos del lago.

—Sí, estoy muy cansada…— Prácticamente se deja caer contra un árbol. Peeta se sienta a su lado y le ofrece una botella de agua.—Gracias, Peeta…— Le pone su mejor sonrisa que incluso así, sucia y magullada es bonita.

—Descansa Delly, ya queda poco…— Le susurra él cuando la chica le devuelve la botella.

Yo cojo mi propia botella del saco y bebo a grandes sorbos, furiosa por las escenas de camarería que tienen, y sí, celosa, no puedo negarlo. Peeta solo es cariñoso y atento conmigo cuando Delly no está cerca. Y eso me molesta un poco.

Cuando acabo de beber guardo la botella y vuelvo a preparar el arco por si acaso. Unos treinta minutos después emprendemos la marcha de nuevo. Mantenemos el silencio del principio, esta vez un poco incomodo. Pero intento no darle importancia, no pensar en ello porque hay cosas más importantes en las que pensar. Como en Cato acechando con alguna nueva arma que seguro le regalaron en el banquete. Llegamos a la llanura del lago cuando está empezando a anochecer. La cornucopia aún brilla con los últimos rallos de sol.

—Quedaros aquí—Miro a Peeta— Voy a acercarme a la cornucopia por si Cato está escondido ahí.

— ¿Y si lo está y te sorprende?

—Estaré preparada—Miro la flecha que tengo colocada en el arco.—Dadme un minuto…

Recorro los pocos metros que hay hasta la cornucopia despacio, casi de puntillas intentando hacer el mínimo ruido posible. Primero la rodeo y luego miro en el interior.

Nada.

Está completamente vacía y eso me da unos segundos de tranquilidad. Como sé que los Vigilantes quieren que permanezcamos ahí, no sugiero buscar un refugio. La noche es extrañamente cálida, por lo que dejo a mis compañeros que llenen nuestras botellas mientras que yo vigilo el bosque. Delly se acomoda tumbándose en el suelo, siempre cerca de Peeta. Sé que aún está débil y que él solo cuida de ella. Pero mi mente irracional odia estar cerca de ellos por lo que me alejo unos metros observando cada rincón del bosque por si veo aunque solo sea un destello.

Cuando la luz se va del todo me pongo las gafas de visión nocturna y continuo mirando hacia el bosque, pero el tributo del distrito dos no aparece. Como empiezo a aburrirme me siento un poco alejada de mis compañeros y sigo mirando al bosque, aunque los sonidos de la noche son como un nana que me arrullan y pronto cierro los ojos, estoy muy cansada, y harta de todo. De repente el sonido de la noche para. Los pájaros nocturnos dejan a un lado sus canciones, los búhos ya no ululan. Oigo un gruñido y de la nada veo salir a Cato corriendo hacia mí.

Preparo la flecha y aunque le da en el pecho rebota. He dado grandes zancadas hacia atrás y ahora estoy al lado de mis compañeros, Peeta sujeta un cuchillo en la mano, y Delly se esconde tras nosotros aterrada, temblando.

—¡Lleva una armadura!— Grita Peeta cuando la segunda flecha vuelve a rebotar sobre su pecho.

El chico sigue corriendo pero no lleva nada en la mano, ni lanza ni espada. Su cara muestra que lleva corriendo mucho tiempo. Cuando me voy a preguntar de qué, Cato pasa de largo de nosotros y vuelvo a oír esos gruñidos pero más cercanos. Mi mirada se dirige hacia el bosque y entonces lo veo. Una enorme criatura cubierta de pelo aparece de un salto en la llanura. Un segundo después aparecen otras seis.

—¡Corred!

No espero a nada más y salgo corriendo para salvar el pellejo. Son mutaciones, no cabe duda. Nunca había visto a estos mutos, pero no son animales de la naturaleza. Aunque parecen lobos enormes, ¿qué lobo aterriza de un salto sobre las patas traseras y se queda sobre ellas? ¿Qué lobo llama al resto de la manada agitando la pata delantera, como si tuviese muñeca?

Corro detrás de Cato sin plantearme lo que eso puede significar, ir hacia el bosque y subir a un árbol sería imposible con mis dos compañeros. ¡Peeta! Por primera vez en toda la grotesca escena me acuerdo de mis dos compañeros de distrito y me doy la vuelta. Peeta está tirando de la mano de Delly para que corra todo lo rápido que la chica puede.

—¡Katniss! ¡Sigue corriendo!— Me grita él pero no le hago caso. Vuelvo hacia atrás segura de que esas enormes bestias pueden acabar con los tres de un zarpazo y cojo la otra mano de Delly para tirar de ella también.

Llegamos a la cornucopia de milagro, subo trepando con la ayuda de Peeta pero como siempre la torpeza de Delly nos impide avanzar más. Tengo que tirar de ella para que suba a la cornucopia mientras que Peeta la empuja desde abajo. Cuando estoy ayudando a Peeta a subir, noto como algo tira de él hacia abajo. Peeta grita de dolor mirándome con ojos aterrados. Cuando miro hacia abajo un enorme muto tiene atrapada su pierna izquierda con los dientes. Grito también aterrorizada y llamo a Delly que por suerte me ayuda a tirar de él. Peeta sigue gritando de dolor mientras que tiramos. El animal es más fuerte que nosotras e incluso podría decir que oigo su piel desgarrarse. Dejo a Delly tirando de él y preparo el arco. La flecha se le clava en el hocico al animal y suelta a Peeta.

Conseguimos subirle y le abrazo con fuerza, me doy cuenta de que estoy llorando. Creía que le había perdido.

Los mutos gruñen bajo nosotros pero en ese momento dejo que mis sentimientos afloren y sigo abrazando al mal herido de mi compañero y luego le beso en los labios, solo pasando mis labios sobre los suyos, pero cuando sus labios me devuelven el beso eso me da nuevas fuerzas.

Estamos en la cornucopia, con Cato junto a nosotros y una manada de mutos bajo nuestros pies. El primero aun se está recuperando de su carrera por lo que me da tiempo a observar a los animales. Entre los brazos de Peeta puedo ver que parecen casi humanos. Humanos cubiertos de pelo y con hocico y dientes afilados. Sus ojos, son lo que más me aterran, tan humanos como los míos o los de Delly.

—¡Van a subir! ¡Van a subir!— Grita ella alejándose lo más que puede de esas cosas pero acercándose peligrosamente al otro tributo.

Observo como uno de los mutos da un enorme salto y llega a colocarse a unos tres metros de nosotros. Sus ojos verdes sus rizos rubios. Grito cuando comprendo qué son.

— Son ellos…son ellos…— Y las manos me tiemblan tanto que no soy capaz de colocar la flecha en su sitio. Por suerte las patas del muto resbalan y cae de nuevo al suelo— Son los otros tributos…

No puedo sobreponerme de mi descubrimiento ya que el gemido de Delly me hace mirar hacia su dirección inmediatamente. Cato la está golpeando mientras que sujeta su cuello con una de sus manos. La rubia lucha intenta arañarle pero sus manos resbalan en la especie de membrana que le cubre, esa armadura, que posiblemente consiguiera en el banquete. No me lo pienso y me lanzo contra él para derribarlo. Rodamos y aunque intento golpearle me hago daño contra esa armadura. Es tan grande que en un segundo está sobre mí sujetándome como tenía a Delly con mi cabeza por fuera de la cornucopia. Puedo notar las garras de los mutos rozar mi trenza intentando atraparme. El terror vuelve a invadirme porque no puedo moverme. Pesa demasiado y empiezo a ahogarme. El aire me falta y su mano aprieta con más fuerza mi cuello.

En este momento lo único que pienso es que espero que Prim no esté viendo esto y que al final Peeta vuelva a casa. Pero antes de que todo acabe Peeta aparta a Cato de encima de mí, veo entre toses como le golpea en la cara (en único lugar donde no tiene armadura). Pero Cato es más fuerte y consigue inmovilizar a Peeta. Veo como coge su cabeza para partirle el cuello, cubriéndose con el propio cuerpo de mi amigo. Me mira sonriendo.

—Pobre niñera que no ha podido cuidar del chico…—Dice con ironía mientras que sangra por la nariz, es posible que Peeta se la haya roto.

—No soy su niñera…—Consigo recuperar el arco y una flecha. Solo me quedan dos.

— Claro que no…¿Por qué lo has hecho?¿Quién eres?— Peeta empieza a ponerse azul por la falta de aire y yo no quiero contestar esas preguntas.

—¡Déjale!— Termino por apuntarle a la cabeza, pero no estoy segura de poder acertar.

—Si me disparas el caerá conmigo, y lo mutos se lo cenarán— Ríe entre dientes apretando mas el cuello de Peeta. La posibilidad de que le ahogue y use el cuerpo sin vida de mi Chico del pan contra mí me horroriza y por un momento mis ojos vagan por todo su cuerpo, fijándose en esa armadura semitransparente que le cubre completamente salvo las manos y la cabeza.

—Apunta a su mano…eres buena…podrás…— Oír el susurro detrás de mí me sobresalta. Me había olvidado de Delly.

La miro unas decimas de segundo y hago lo que me dice. Apunto a la mano del brazo que sujeta el cuello de Peeta y se la atravieso con la flecha. Él grita y suelta a Peeta, entonces Delly hace algo que no me espero, se abalanza contra Cato que aun gime de dolor y le empuja fuera de la cornucopia. Oigo el golpe sordo del chico al tocar el suelo y como los mutos gruñen rodeándole. Los gemidos del chico empiezan a ser desgarradores, pero ahora lo que me importa es la pierna de Peeta.

El mordisco que le dio el muto ha dejado su pierna con jirones de piel colgando, sangra en abundancia y ningún vendaje o hojas podría detener eso, creo que puedo ver hasta el hueso de su pierna. La mirada de Delly va de mi cara a la pierna de Peeta y sé que ella no podrá darme ninguna idea, así que aunque es arriesgado hago lo único que se me ocurre. Rasco mi chaqueta y rodeo la pierna de Peeta con el trozo. Gracias a la última flecha consigo hacerle un fuerte torniquete y la sangre deja de fluir tan copiosamente.

—¿Por qué no lo matan ya…? — Susurra Delly con los ojos llorosos, sabe tan bien como yo que Peeta no va a aguantar mucho, que sus heridas son muy graves.

— No lo sé— Murmuro a la vez que noto que Peeta se apoya contra mi cuerpo. Yo le rodeo con mi brazo, noto como poco a poco se está quedando inconsciente.

—Quieren que le matemos…—Susurra Peeta antes de cerrar los ojos.

Le zarandeo pero no se despierta, incluso le grito y golpeo en la cara, pero nada. Está en otro mundo. Pero sé que tiene razón. Los mutos solo están jugando con Cato, provocándole heridas que no son mortales, alargando su agonía. Delly mira el carcaj y luego la flecha que mantiene con un hilo de vida a Peeta.

—Solo tienes esa flecha, si la usas, todo acabará.

— Pero si fallo Peeta morirá…— Los ojos me escuecen y la emoción se concentra en un nudo en mi garganta.

— ¡Y si Cato no se muere pronto también lo hará!— Grita histérica, nunca la había oído así.—¡Puedes hacerlo Katniss! ¡Hazlo!

Delly tiene razón, y aunque solo tengo una oportunidad, si sale mal, todo acabará para Peeta y yo no me imagino un mundo en el que no esté él, por lo que me agarro a mi última esperanza. Cojo la flecha de su torniquete y aprieto la tela lo más que puedo, aunque la sangre sale más rápido ahora. Miro a Delly que asiente para darme ánimos y disparo la flecha.

El cañonazo por la muerte de Cato no se hace esperar. Y por un momento creo que es Peeta el que ha dejado de respirar. Pero le miro y su pecho sigue subiendo y bajando lentamente. Delly me abraza tirándome al suelo de la cornucopia y me besa en las mejillas emocionada. Llorando. Los mutos como si estuvieran programados desaparecen en el bosque y entre los besos de Delly oigo las trompetas que anuncian al ganador, ganadores esta vez.

"Damas y caballeros, me llena de orgullo presentarles a los vencedores de los Septuagésimo Cuartos Juegos del Hambre: ¡Delly Cartwrigh y Peeta Mellark! ¡Les presento a... los tributos del Distrito 12!"

Sonrío sin emoción mirando a Delly. En un segundo un aerodeslizador se coloca sobre nosotros y una persona vestida de blanco baja agarrado a una larga escalera y engancha algo a la cintura de Peeta sin decirnos nada. Yo no quiero apartarme de él así que le agarro con fuerza abrazándome a él. Pero el hombre me empuja fuera de su camino con fuerza y luego engancha un extremo de lo que rodea a Peeta a la escalera y le indica a Delly que se agarre a la ella. Intento volver a agarrar a Peeta pero el hombre vuelve a empujarme y me caigo de espaldas. Cuando se elevan les miro atónita, se llevan a los dos chicos de mi distrito y me dejan allí sola.

En un par de segundos veo desaparecer el aerodeslizador y entonces noto que algo punzante se choca contra mi cuello. Noto el pequeño dardo bajo mis dedos y cuando intento quitármelo aterrorizada, me doy cuenta de que me han envenenado de la forma más tonta y que voy a morir.

Luego todo se desvanece ante mis ojos.

...


Agradecimientos: muchas gracias por todos vuestros reviews! Gracias por seguir leyendo!

Adelanto:

A partir de ahora el adelanto lo encontraréis en mi página web de facebook:www. facebook. con/pages/Sweet-Dreams-86-fics/531602540239142 (unid los puntos y sustituir la n del "con" por una m)

Nota de autor: espero poder actualizar el fin de semana que viene.

Besos de fuego!