Disclaimer: The Hunger Games no me pertenece.


...

Me despierto gracias a una luz cegadora. En un primer momento pienso que estoy muerta, pero cuando veo los tubos saliendo de mi brazo sé que no es así. Estoy viva y me han curado. Levanto mi mano para tocar la herida de mi frente y ahí no hay nada más que piel suave. ¿Cuánto tiempo llevo aquí? Siento como si hubiera dormido días. Tengo los músculos engarrotados. Pero no siento ningún dolor. Supongo que es por algo de lo que pasa por esos tubos conectados a mi brazo.

Cuando me paso los dedos por las mejillas y los labios me quedo helada. Chasqueo mis dedos frente a mi oído izquierdo y compruebo que no son imaginaciones mías. Puedo oír perfectamente por ese lado. Tan bien como con el oído derecho. Cuando intento incorporarme algo me lo impide. Levanto las sabanas de la cama y aunque estoy completamente desnuda algo me rodea la cintura sujetándome a la cama.

Grito porque es entonces cuando me entra el pánico. Pienso en Peeta y en Delly. En lo que me espera ahora.

La chica avox que me atendía cuando estuve en el capitolio entra portando una bandeja, que desde donde estoy, huele estupendamente. Siento como si llevara días sin comer. Coloca la bandeja en una mesita y aprieta un botón para elevar la cama. Luego me entrega una cuchara.

—Mis…los chicos de mis distrito ¿están bien?— Ella asiente.— Peeta sobrevivió…— Vuelve a asentir regalándome una sonrisa sincera. Luego me anima a comer.

Como en silencio ante la atenta mirada de la chica avox. Para comer solo tengo una especie de caldo con sabor a pollo y una manzana asada que era lo que olía tan bien. Me parece muy poca cosa, pero cuando empiezo con el caldo descubro que tengo el estomago cerrado, como si fuera del tamaño de una nuez. Me cuesta acabármelo, por lo que la manzana ni la toco. Me recuesto en la cama indicándole a la chica que ya no quiero más, ella recoge la bandeja y se marcha por donde ha venido, despidiéndose con un gesto de la cabeza.

Me paso un rato pensando en todo, recordando los últimos minutos en el estadio. Peeta no pudo sujetarse a la escalera y la imperiosa necesidad de verle me oprime el pecho. Tengo que salir de aquí y buscarle. Pero cuando intento desatarme la correa que me tiene sujeta a la cama un líquido frio entra en mi sistema a través de uno de los tubos conectados en mi brazo y me quedo inconsciente.

Lo mismo me pasa las siguientes veces que me despierto. Me dan de comer ese caldo que al final empieza a saberme insípido y luego me drogan para dormirme. No sé cuantos días pasan hasta que un día después de comer no me inyectan nada.

Cinna entra en ese momento. Sonrío al verle. Por fin una cara conocida con la que poder hablar. Me levanto sin saber si mis piernas me soportaran pero aún así doy los tres pasos que me separan de él y le abrazo en un acto irracional. Es un estilista del Capitolio, aún así me siento feliz con él cerca.

— Sabía que lo conseguirías…— Me susurra al oído. Intento sonreír pero la ansiedad puede conmigo.

—¿Dónde está Peeta?

—Él está bien, recuperándose como tú.

—Quiero verle, Necesito verle…

— Aún no es posible Katniss…—Murmura— He venido a traerte la ropa…Vas a recibir una visita.

—¿Seneca?— El niega con la cabeza.

—El presidente Snow…—La sangre se me hiela y estoy segura de que incluso el corazón se me para.

—¿Snow en persona?¿Por…por qué?— Tartamudeo a la vez que noto como mi frente se cubre de un sudor frío.

—No lo sé, solo me han dicho que te prepare para él—Asiento sin saber que más decir.

Dejo que Cinna me ponga un sencillo vestido de color amarillo que al moverme desprende destellos de luz, cuando miro hacia abajo, veo que mi pecho está más voluminoso. Toco el vestido y noto el relleno sobre mis pechos.

—¿Por qué…?—

—es mejor que operarte ¿no?

Asiento y dejo que siga arreglándome, el vestido es fresco y huele a jabón para la ropa, me gusta. También permito que me pinte las uñas y que me maquille ligeramente. Cuando acaba de aplicarme el brillo de labios, deja que me mire en el espejo que ha traído con él. Para haber estado en los juegos no tengo para nada la apariencia de una chica que ha matado a unos cuantos jóvenes, ni que ha pasado por las penurias de una Arena. Mis cicatrices han desparecido, y mi piel reluce casi tanto como el vestido. No parezco yo, no aparento mi edad, sino como una niña, puede que como mucho catorce años, no más. Lo único que me diferencia de ser una niña es el abultado y absurdo pecho.

—Esperaba algo más…elegante…sofisticado, ya sabes.

—Así estas bien…Además a Peeta le gustará verte así…

—¿Voy a ver a Peeta?— No puedo evitar que mi voz suene emocionada.

El va a contestarme pero en ese momento pican a la puerta de la habitación y el nudo que tenía en el estomago sube hasta mi garganta. No esperan una respuesta y la puerta se abre, y antes de que pueda ver a Snow, el olor a rosas y sangre me golpea en la nariz. Una nausea recorre todo mi aparato digestivo y tengo que retener a la fuerza el escaso caldo en mi estomago. Le miro y el está sonriendo. Con un gesto de su mano derecha echa a Cinna de la sala y nos quedamos solos.

—Señorita Everdeen…

—Señor Presidente…—Hago una reverencia con la cabeza a modo de saludo y el sonríe, haciendo que el olor a sangre se incremente ¿Viene de su aliento?

—Quiero darle mi más sincera enhorabuena por salir viva de los juegos.

—Gracias señor…—Aprieto los puños, y sé que a él no le hace gracia que yo esté viva. Ahora entiendo porque Cinna me ha vestido así, como a una niña. Para dar la apariencia de inocente delante de él.

— No esperábamos sus…reacciones…— Dice esa última palabra siseando apretando sus hinchados labios.—…Con el tributo masculino de su distrito.

—Peeta…

—Eso es…el señor Mellark…

—Yo…yo…

—Cállese y déjeme terminar— Espeta con la mirada fría, pero sin dejar de ser extrañamente educado— La audiencia se disparó con esa relación. Los "amantes de los Juegos"…Nunca el Capitolio ha estado tan emocionado con unos Juegos "Los Juegos del amor", la audiencia subió como la espuma aquella noche en la que hicisteis algo más que dormir en el saco. Incluso en los distritos. ¿Lo entiende señorita Everdeen?

—No…no del todo…—Noto como las mejillas me arden al oírle hablar de aquella noche.

— El romance tiene que seguir…—Asiento, no entiendo ese "tiene que seguir"¿creerá que no quiero estar con Peeta?—¿Cree que la señorita Cartwright será un problema para ustedes?

—¿Delly?— Murmuro sintiendo los celos en la boca del estomago— No, creo que no, señor—Digo rápidamente, y no porque lo crea, sino porque creo que es lo que debo contestar.

—¿Y su primo?

—¿Mi primo señor?— El vuelve a sonreír casi con una carcajada, mientras que el hedor a sangre vuelve a golpear en mi cara— El joven con el que caza en el bosque.

—Ah…Mi primo Gale—Instintivamente le doy la razón— Él no ha sido un problema nunca.

—Usted ama al señor Mellark–Asiento— Porque así debe ser—setencia.

Diciendo esto se da la vuelta y sin despedirte sale de la habitación dejándome abrumada y asqueada. Prácticamente me ha obligado a amar a Peeta.

¿Pero tengo que ser obligada?

Cinna vuelve a entrar en la habitación y me susurra un "lo has hecho bien" al oído mientras que vuelve a darme un abrazo. Luego frota mis hombros y sonríe.

—En unas horas es la gala de bienvenida al vencedor, bueno, al los vencedores.

—¿Podré verla? Quiero verles.

—Estarás allí.

—¿Qué quieres decir con eso?

—Han pensado que será bonito que te reencuentres con Peeta allí, delante del público.—Asiento sin saber qué decir. Y que debería hacer cuando le vea después de las palabras de Snow y de su "el romance debe continuar".

—Bonito…—Susurro sentándome en la cama.

—Puedo quedarme contigo hasta que empiece la gala…

Asiento y Cinna se queda a mi lado. Apenas hablamos. Las pocas preguntas que le hago no me las contesta porque me dice que no lo tiene permitido o solo responde con un "si" o un "no". Las horas pasan muy lentas. Como si fueran días y los minutos horas.

Pero por fin llega la hora.

Una mujer nos avisa y Cinna me agarra de la mano y me dirige por los pasillos hasta el ascensor. Descendemos unos cuantos pisos. Ahora sé que estoy en el centro de entrenamiento y que la gala será justo a la entrada de éste. Cuando salimos el enorme escenario está sin iluminar pero las gradas están repletas de gente de lo más variopinta. A unos metros de mí está el mentor de nuestro distrito Haymitch y la mujer Capitolina que los acompaña, Effie. Ambos se acercan a mí. Haymitch me sonríe y no sé si está borracho o no.

— Buen trabajo, encanto.— Me dice el hombre, y al menos no huelo el alcohol en su aliento.

—Gracias, supongo…— En ese momento me abraza sin que yo me lo espere.

—Escucha preciosa, estas en peligro, entraste para cargarte a los tributos y has hecho todo lo contrario. Están furiosos y lo único que te salva es ese amor que se supone que profesas por Peeta. Espero que no hagas ninguna tontería.

—Lo sé, Snow habló conmigo…—Se aparta y me mira.

—¿El presidente?

—¿Conoces a algún Snow más?— El resopla.—Quiero a Peeta…¿de acuerdo?— No entiendo por qué la gente cree que no lo hago.

—Bueno, pues entonces ahora disfruta, esta debe de ser vuestra noche, la de los tres…

Asiento y me muerdo el labio hasta que me hago daño. Pienso en Delly y en Gale, en cómo les ha amenazado indirectamente Snow. Aunque ahora puedo considerar a Delly mi amiga, quien más me preocupa es Gale, ¿Por qué habrá dicho que somos primos? Físicamente sí que nos parecemos, piel aceitunada, pelo oscuro y ojos grises. Ambos somos de la Veta. Pero ahí se termina nuestro parentesco. No somos parientes, al menos no cercanos.

Estoy perdida en mis pensamientos hacia Gale cuando oigo como la estridente música del comienzo de la gala suena por los altavoces. Luego Caesar presenta uno por uno al equipo de preparación de mis compañeros y me sorprende que Cinna también haya sido el estilista de Delly. Luego presenta a los dos tributos. Yo estoy detrás de unos paneles y no puedo verles, pero oigo los vítores, aplausos y gritos que reciben mis amigos. Luego oigo mi nombre y alguien me empuja hacia el escenario.

Las luces me ciegan y no veo nada. El ruido es ensordecedor. Mi nombre está por todas partes. Pero mis ojos vagan por el escenario buscando algo, buscando a alguien. Cuando veo a Peeta una sonrisa se dibuja en mi rostro y todo pasa a un segundo plano. Los gritos, la gente, las amenazas. Parece tan limpio, sano y guapo que apenas lo reconozco. Sin embargo, su sonrisa es la misma, ya esté cubierto de barro o en el Capitolio, y, al verla, doy unas grandes zancadas y me lanzo en sus brazos. Él se tambalea hacia atrás, a punto de perder el equilibrio, y entonces me doy cuenta de que el artilugio que lleva en la mano, una especie de bastón. Pero en este momento eso no importa. Dejo de escuchar a todo el mundo. Solo existimos él y yo. Y le beso. Le beso como hace días que no le besaba. Devorando su boca. Recorriéndola con mi lengua. Y el aunque al principio parece sorprendido me besa igual, pegando su cuerpo al mío.

Está vivo y es mío. ¿Cómo alguien puede dudar de lo que sentimos?

Después de lo que parece muy poco tiempo Caesar nos golpea en el hombro y tenemos que separarnos con la respiración acelerada y con Peeta manchado de brillo labial. La audiencia se vuelve loca cuando se lo limpio con los dedos sonriendo. Luego miro a Delly que está a nuestro lado incomoda y la abrazo también, sorprendiéndola porque tarda unos segundos en abrazarme. Quizás con ese abrazo Snow vea que ella no supone un problema para mí.

Luego nos indican que nos sentemos en un enorme sillón, dejándome a mí en el medio. Ahora toca ver los momento más importantes de los juegos. Peeta entrelaza sus dedos con los míos en cuanto aparezco en pantalla. Enseñan el par de días que viví sola acostumbrándome a ese bosque, y luego como observé la cornucopia cuando todo empezó. Enseñan cada muerte con todo lujo de detalles, las que fueron mi culpa y las que no, como el baño de sangre, salvo la de Rue, como es de suponer, mi regalo de flores no aparece. Luego ponen varias imágenes de Peeta y mías. Besándonos, acariciándonos y también la noche en la que hicimos el amor (cosa que hace que toda mi cara arda). Ese momento, aunque no se ve gran cosa, si se oyen nuestros gemidos y el movimiento de saco. Peeta besa mi frente, mientras que la gente grita de emoción, pero también noto que está más ruborizado de lo normal. Agarra mas fuerte mi mano y sus ojos se desvían hacia Delly. La miro y veo que tiene los ojos como platos, sé que eso no se lo esperaba. Luego muestran nuestra vida en la cueva, como Peeta y yo arriesgamos la vida por ella, los mutos…y por ultimo como se los llevan de la Arena. Delly gime al verlo y yo busco su mano y también se la agarro, haciendo una especie de cadena los tres juntos.

Cuando acaba la retransmisión, el Presidente se acerca con una niñita a su lado. La niña lleva un cojín casi más grande que ella y ahí hay una sola corona. Peeta y Delly se levantan y el Presidente coge la corona y la parte en dos. Le coloca a cada uno una de las mitades. Luego me mira a mí y con un gesto de la mano me ordena que me levante. Lo hago y me entrega la rosa blanca que lleva en la solapa de su chaqueta del esmoquin. Me da asco tocarla, pero disimulo con una sonrisa y la cojo con una reverencia.

Luego la gala termina con el sonido el himno y miles de aplausos mientras que gritan nuestros nombres.

...


Agradecimientos: muchas gracias por todos vuestros reviews! Gracias por seguir leyendo!

Adelanto:

A partir de ahora el adelanto lo encontraréis en mi página web de facebook:www. facebook. con/pages/Sweet-Dreams-86-fics/531602540239142 (unid los puntos y sustituir la n del "con" por una m)

Nota de autor: espero poder actualizar el viernes que viene.

Besos de fuego!