Disclaimer: The Hunger Games no me pertenece.
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La voz chillona de Effie me despierta a la vez que oigo unos golpecitos en la puerta. Rápidamente me cubro hasta la cabeza por si entra. No quiero que nos vea como hemos amanecido. Peeta rodeándome con sus brazos y yo usando de almohada su fuerte pecho. Cuando me acaricia la espalda, me estremezco y sonrío besando su pecho.
—No te preocupes, no va a entrar…—Me levanta la cara y me besa dulcemente— Cerré con llave, ¿recuerdas?—Asiento—¿Cómo has dormido?
—Nunca había dormido tan bien…—Y es verdad, nunca me había sentido tan cómoda y tan protegida.
—Me alegro…y lo mismo digo—Me besa de nuevo obligándome a colocarme sobre él.—Voy a echar de menos compartir saco contigo.
—Yo también lo echaré de menos—Sonrío tristemente, dándome cuenta lo que significa todo eso, pronto dormiremos en casa.
—Pero volvemos a casa, lo conseguimos—Me abraza de nuevo oliendo mi pelo.— Y no es como si nunca nos volviéramos a ver…Podemos pasarnos el día bebiendo té con Haymitch en la Aldea.—Yo niego con la cabeza.
—Yo no, yo vuelvo a la Veta, y tengo que seguir cazando.
—Katniss, ¡No! No vas a volver a bosque, allí te cogieron, allí pueden volver a cogerte, ¡ Y está prohibido!
—Tengo que alimentar a mi familia.
—Pero no vas a volver a cazar…Yo tendré dinero de sobra.
—¿Pretendes mantenerme a mí y a mi familia?—El asiente y eso me enfurece más, me aparto de él y me levanto de la cama sin importarme mi desnudez.—¡No voy a permitírtelo!
—¿Pero por qué Katniss?—Él intenta no levantar la voz, aunque se incorpora, pero yo estoy demasiado enfadada para bajar el tono de mi voz.
—¡¿Cómo que "por qué"?! ¡Maldita sea, Peeta! He mantenido a mi familia con mis propias manos desde…
—Desde que te lancé aquel pan ¿Es por eso? ¿No quieres deberme nada?
—No…No…—En realidad no sé por qué molesta tanto que quiera ayudarnos.—Me gusta el bosque…cazar…
—Pero es peligroso, así que no tendrás que hacerlo si no quieres, tendrás dinero suficiente para comprar carne en la carnicería.— Resoplo molesta.
—La mayoría de la carne que vende la carnicera nos la compara a Gale y a mí.—Noto como se muerde el interior de la mejilla y el brillo de los celos en sus ojos.—Peeta, el bosque me relaja, me distrae, no soy de esas chicas que pueden dedicarse a aprender a coser o a tocar el piano como Madge.
—Ya pero no quiero que te pongas en peligro.
—Eso ya lo sé… Llevas diciéndomelo todo lo que han durado los Juegos—Sonríe un poco y no puedo evitar imitarle.—Pero entiende que no puedo estar cruzada de brazos. Agra…agradezco que tú quieras ayudarme, pero entiéndeme.
—Entiéndeme tú a mí, ponte en mi lugar, ¿no querrías protegerme?
—Sí, pero es diferente… tú no…
— Yo no ¿Qué? ¿No lo entendería? Ibas a decir eso.
—No, iba a decir que tu nunca has pasado necesidades…siempre has tenido pan caliente para llenar tu estómago y dinero para comprar otras cosas.
—Qué equivocada estas…En la panadería la mayor parte del pan que comemos es el que se quema o el que está ya rancio para vender.—Susurra, eso es algo que me descoloca, y me hace sentir mal, al menos yo aunque me juegue la vida siempre tengo alimentos frescos, tanto que a veces hay que tener cuidado que no se escape del plato.
—Yo… no sé qué decir…
—No hace falta que digas nada. Solo deja que te cuide.
—No estoy acostumbrada a eso.
—Lo sé…Pero deja que cuide de ti cuando regresemos—Niego con la cabeza.
—No puedo prometerte nada, pero podemos hablarlo cuando lleguemos—Murmuro, aunque sé que por mi parte no podré dejar de cazar para mantener a Prim y a mi madre, aunque tuviera todo el dinero del país, seguiría saliendo al bosque.— Además, me dijeron que me recompensarían, por esto, quizás me den dinero.— No sé por qué le digo eso, sé que solo me lo dijeron porque creían que no sobreviviría a la Arena, y yo no voy a pedírselo, regresar a casa ya es una recompensa.
—Sí, quizás…—No lo dice muy convencido, pero por suerte, la voz de Effie nos interrumpe desde el pasillo, gritando a Peeta para que salga a desayunar.
—Ve a desayunar.
—¿Ve? Vamos a desayunar, no vamos a discutir eso ahora también.
—No saben que estoy aquí.
—Katniss, ¿No crees que si no lo supieran, no te habrían estado buscando?
—Ah…cierto…—Mis mejillas se encienden al pensar en lo que habrán supuesto.
—No te ruborices.—Me besa en la mejilla— Y vamos, cuanto antes acabemos, antes nos iremos.
—No tengo qué ponerme…—Me doy cuenta de mi desnudez y mis mejillas se encienden aún más.
—Te dejare algo de la ropa que tengo aquí.
Me entrega una camiseta y unos pantalones que aunque me quedan grandes no me molesta, me los pongo rápidamente y salimos al gran comedor. Allí están Haymitch, Effie y Delly desayunando ya. La única que parece sorprenderse de mi presencia es la chica de mis distrito, aun así Effie me lanza una mirada de reprobación.
—No sabía que estabas aquí, Katniss— Dice Delly con su sonrisa más sincera.
—Pues es raro—Murmura Haymitch con la boca llena—Anoche se la oyó perfectamente— Mi cara arde literalmente.
—Cierra el pico, Haymitch—El bollo de pan que Peeta tiene en la mano se deshace entre sus dedos, su mentor se ríe pero no dice nada más.
Peeta se sacude las migas de la mano y coge la mía y me la besa, sonriéndome, dándome tranquilidad. Luego empezamos a desayunar en un silencio levemente incomodo, donde si las miradas matasen el borracho del mentor de mi distrito ya estaría bajo tierra.
Aprovecho para comer hasta que me duele el estómago. Cuando todos nos retiramos de la mesa Effie nos apremia para que vayamos a arreglarnos para el viaje hacia nuestro distrito. Si de mí dependiera iría vestida como ahora lo estoy. Pero sé que sería un escándalo.
Como Cinna tiene que venir a vestir a Delly le espero aquí. Cuando llega él tampoco se sorprende, supongo que todo el mundo sabe que he dormido con Peeta. Primero se encarga de la tributo de mi distrito, así que yo puedo aprovechar y relajarme en el sofá de la enorme sala. Una hora después viene a por mí y me lleva a la habitación de Peeta.
Mi chico del pan está guapísimo como siempre, debería de darle las gracias a su estilista por no ser extravagante con él. Le obliga a salir y en unos minutos estoy enfundada en un vestido color naranja atardecer.
—Es el color preferido de Peeta.—Me susurra mi estilista.
—Ah… Entonces le gustará.
—Estoy seguro de que sí.—En ese momento me acuerdo del vestido de la noche anterior, y lo busco con la mirada pero deben de haber recogido la habitación porque no está por ninguna parte. Solo espero que no vean las manchas.
—Sigo pareciendo una chica normal.—Me toco el pecho, esta vez no llevo relleno, creo que eso le gustará más a Peeta.
—Eres una chica normal que ha tenido mala suerte.
— No sé si me verán así en casa.
—En tu distrito te adorarán, ya lo verás.
Asiento y permito que me maquillen su equipo de preparación mientras que parlotean cosas sin sentido con su acento capitolino y donde solo entiendo algunas palabras sueltas y los nombres de mis compañeros y algunas veces incluso el mío. A veces asiento porque creo que me preguntan algo, pero no estoy del todo segura.
Cuando acaban conmigo me dejan reunirme con Delly y con Peeta. Ella lleva un vestido muy parecido al mío, pero en un tono rosa palo, aunque a ella parece quedarle mejor, tiene más pecho y ese vestido se lo acentúa. No queda nada de sus heridas y vuelve a tener esa sonrisa en la cara. No entiendo cómo puede sonreír tanto, pero parece feliz, tan feliz como lo parece Peeta cuando me ve y se acerca a darme un rápido beso en los labios.
—Estas preciosa…
—Siempre me dices lo mismo—Pero me ruborizo fuertemente sin entender muy bien el porqué.
—¿Lista para volver?—Asiento.—Pues vamos…
Me coge la mano y me la besa como ya es natural en él. Tan natural que ya no me sorprende, nos acercamos a Delly que no deja de alisar las arrugas inexistentes de su vestido, parece nerviosa o incomoda.
—¿No estáis nerviosos?—Dice de repente mirándome a mí más que a Peeta.
—Un poco—Admito, ver de nuevo a mi madre y a Gale me pone muy ansiosa.
—Todo acabará pronto…—Dice Peeta agarrando la mano de Delly—Pronto todo volverá a la normalidad.—Ella asiente insegura.
Al poco oímos el repiqueteo de los tacones de Effie en el suelo, viene a buscarnos, nos vamos para el doce, y solo voy a tener que mantener a Peeta a mi lado, seguir con nuestro amor como dijo Snow, algo que no me costará nada, porque le quiero.
Pero el alma se me cae a los pies cuando veo que no viene sola. Y por la forma en la que me mira ese hombre, sé que viene por mí.
—Señorita Everdeen…—Dice él al instante. Un escalofrío me recorre la espina dorsal y suelto la mano de mi compañero—¿Podemos hablar en privado?—Peeta coge mi mano de nuevo tirando de mi hacia su cuerpo, pero yo vuelvo a apartarme.
—Sí, por supuesto—Respondo sabiendo que no tengo otra opción.
Caminamos hacia una estancia donde nunca he entrado, yo detrás de él intentando que no se note mi nerviosismo. Puede decirme cualquier cosa. Pero mi mente va a la chica que recogía mi habitación y a su ausencia de lengua.
Sujeta la puerta caballerosamente para que entre primero y yo sólo puedo pensar en que no he podido despedirme de Peeta. Cuando entra detrás de mí cierra la puerta y yo trago saliva.
—Siéntese…— La estancia parece un comedor pequeño, solo tiene una mesa y unas pocas sillas alrededor. Yo obedezco y me siento en la silla más cercana a la puerta.
—Usted sabe cómo me llamo pero yo no sé su nombre, señor—Intento sonar fría, y aunque la voz me tiembla un poco creo que lo consigo.
—Oh, que despiste…Mi nombre es Plutarch Heavensbee— Me tiende la mano y yo se la estrecho.—Creo que podemos tutearnos.
—¿Por qué quieres hablar conmigo en privado?— No quiero andarme con rodeos, prefiero ir al grano.
—Qué directa…
—Creo que en el Capitolio ya me conocéis, soy directa— Aunque mi voz suena más firme, estoy más nerviosa que hace cinco segundos, y si el hombre pudiera ver como mis manos retuercen la tela del vestido lo sabría.
—Tranquilízate…—Se sienta frente a mí— Creo que Seneca te contó que pasaría si sobrevivías a los Juegos ¿no?
— Dijo que sería recompensada…
—Y así será.
—¿Qué?—Por un momento creo que mis oídos me están engañando.
—Sí, Creemos que como tus compañeros, te mereces una nueva casa, y en el distrito doce sobran casas en la Aldea de los Vencedores, y entre tú y yo, tú eres la verdadera vencedora. Se te proporcionará una casa junto a la de el Señor Mellark—Cuando dice eso pienso que es idea del Presidente, para que continuemos el romance.— también se le proporcionará una serie de recursos y dinero, aunque lamentablemente no tanto como a sus compañeros, creemos que será suficiente.— Estupefacta creo que sería la mejor palabra que me definiría ahora.
—No sé qué decir…
—No tiene nada que decir, es todo un placer ayudarla—Me guiña un ojo y se levanta.
—Gracias…—Consigo tartamudear.
—Venga, salgamos de aquí, le espera un largo viaje.
...
Agradecimientos: muchas gracias por todos vuestros reviews! Ya estamos llegando al final, solo queda un capítulo más! Es increíble que este fic ya esté a punto de terminar. Gracias a todos.
Adelanto:
A partir de ahora el adelanto lo encontraréis en mi página web de facebook:www. facebook. con/pages/Sweet-Dreams-86-fics/531602540239142 (unid los puntos y sustituir la n del "con" por una m)
Nota de autor: actualizaré el viernes que viene si nada ajeno a mí me lo impide.
Besos de fuego!
