Capítulo 2: Los lobos lloran esta noche
Ya a las ocho y media de la mañana en el Castillo Real se escuchaban pasos acelerados por los pasillos, ruidos en la cocina, algunas voces por parte de las criadas más experimentadas que intentaban instruir a las nuevas, el choque de espadas en el patio trasero donde los caballeros entrenaban para futuros combates... En definitiva, movimiento en todas las estancias del castillo.
En todas excepto en uno de los dormitorios principales donde los representantes de las naciones de Lituania y Bielorrusia dormían plácidamente. Sin embargo este sueño apacible se les acabaría pronto.
Una de las damas de compañía de Helena llamó un par de veces a la puerta antes de entrar y luego se dirigió hacia su señora.
_Señorita Helena, es hora de levantarse. El Sol ha salido hace mucho tiempo y la señorita Jánica exige que se prepare inmediatamente.
_ Mmm... Ya voy...
La pequeña lituana contestó medio adormilada y con los ojos entrecerrados. La dama, al ver que su señora se había despertado, se retiró y esperó fuera de los aposentos.
Helena se frotó los ojos un par de veces y se estiró murmurando alguna que otra queja en su idioma natal. Si por ella fuera se hubiera quedado durmiendo al menos una hora más. Una vez que estuvo más o menos despierta movió el hombro al bielorruso, el cual dormía en una posición bastante extraña, con la boca abierta y cayéndosele la baba. Una imagen digna de ver.
_ Nikolai, levanta... Tenemos que prepararnos para salir a cazar.
_ No quiero... _Dijo el bielorruso con un dejo de enfado en su voz mientras se cubría enteramente con las sábanas. _ No quiero ir a cazar, ve tú.
_ ¿Cómo voy a ir yo sola? _Preguntó la chica tirando de las sábanas para así destapar a su esposo.
_ Caminando con las piernas. _Contestó Nikolai tirando también. La verdad es que los dos parecían críos peleando de esa forma, era hasta cómico.
_ ¡Pero es tu deber acompañarme! Soy tu esposa.
_ Pues nos separamos.
_ ¡N-no! ¡E-eso no! _Exclamó alarmada la lituana ante la sola idea de separarse del chico. ¡Con lo que le había costado anexionarle!
_ Entonces déjame dormir. _Dijo el bielorruso tranquilamente sabiendo que había tocado el punto débil de la chica. Ahora podría dormir en paz.
Helena se detuvo en su intento de destaparle, pero no dejaría de insistir para que se levantara. Sabía que si llegaban tarde Jánica se enfadaría de sobremanera y tendría que aguantar su mal humor durante toda la mañana y debería soportar sus comentarios del tipo: "O sea, es tu culpa, Helenita", "Le mimas demasiado" "Él debería hacerte caso" "Mírame a mí con Dmitri" y un largo blah, blah, blah... No, debía encontrar la manera de levantar a Nikolai a tiempo. En ese momento se le ocurrió una fantástica idea.
¿Qué era lo que más le gustaba a Nikolai desde que había llegado a Polonia? Su comida.
_ Nikolai, ¿sabes que Jánica ya ha mandado preparar el desayuno? Creo que ha ordenado recoger las mejores frutas, y queso, mantequilla, pan, huevos, leche...
Al mencionar aquello el joven bielorruso no tardó ni medio segundo en levantarse de la cama y comenzar a vestirse rápidamente y no muy bien. La lituana no pudo evitar reírse al ver cómo la camisa que intentaba ponerse se había quedado atascada en su cabeza. Al chico se le había olvidado desabotonar los botones del cuello. Se levantó de la cama y le ayudó a ponerse la prenda.
_ Eres muy bruto. _Dijo la chica mientras reía suavemente y le arreglaba un poco el pelo ya que, al esforzarse para que la camisa le entrara, se había despeinado bastante.
_ Y tú eres muy pesada. _Nikolai empujó ligeramente a la lituana para así lograr apartarse de ella y bajó hacia el Gran Comedor dejando a Helena sola. La verdad era que había sentido un poco de vergüenza al no haber podido ponerse la camisa solo.
La joven ya estaba acostumbrada a este trato, al fin y al cabo este tipo de situaciones se repetía todos los días, pero aun así siempre dolía. En ese entonces entró su dama de compañía para así ayudarla a vestirse. Helena se dejó arreglar y, muy a su pesar, aceptó ponerse un corsé. Es cierto que sabía que su dama era benevolente con ella y que no lo apretaba demasiado, pero aun así no le gustaba llevarlo, era bastante incómodo. Una vez pasado lo peor, se sentó en el tocador y se dejó peinar.
Helena se miró en el espejo detenidamente y se preguntó si Nikolai no la quería por no ser lo suficientemente guapa. Mucha gente admiraba su belleza, pero esa gente pertenecía a su corte y ya se sabía, era su deber adularla, así que no podía confiar en demasía en sus opiniones sobre su aspecto físico.
Ella representaba a la gente de su país y al territorio de Lituania en general y, bien era cierto que en Lituania había mujeres muy hermosas, así que se suponía que ella también debía serlo. Pero aun así dudaba.
_ E-em... ¿Crees que soy guapa? _Aún si su corte no le era del todo sincera decidió preguntarle directamente a su dama de compañía.
_ Claro que sois guapa, señorita. _ Contestó sinceramente la mujer mientras seguía peinando a su joven señora. _ ¿Me permitís preguntaros el porqué de esa cuestión?
_ B-bueno... Es que parece que a Nikolai no le agrado y... p-pensé que podría ser por no ser lo suficientemente bonita para él. _Contestó un poco avergonzada la chica. Se suponía que una gobernante debía tener seguridad en sí misma, cosa que a ella le faltaba cuando se trataba de Nikolai.
_ No os preocupéis, señorita. Estoy segura de que el señorito Nikolai piensa que sois muy hermosa. _Contestó sonriendo.
_ ¿Entonces por qué no me quiere?
_ Querer es complejo. ¿Me permitís que os cuente una experiencia de mi vida?_ Helena asintió con curiosidad esperando escuchar qué le contaría su dama._ Mi padre no amó a mi madre hasta que pasaron siete años desde su boda. Mis padres no se amaban cuando yo nací, como tantos otros fue un matrimonio arreglado. Pero al final todo acabó bien, como podéis ver.
_ Oh... ¿Y cómo pudo acabar bien?
_ Con paciencia, señorita. A base de dulces gestos y palabras, de pasar tiempo el uno con el otro... Supongo que así se llega a sentir cariño por una persona. A veces incluso amor. _ La mujer acabó de peinar a la lituana, había trenzado su larga y castaña melena y había añadido varias cintas de colores para adornar._ Ya está, ¿os gusta?
_ Sí, gracias.
La niña se sentía algo más animada tras haber escuchado aquella historia. Quizás lo único que necesitara fuera tiempo. Mucho tiempo. Y así, finalmente, lograría conquistar su corazón. Así de simple parecía el asunto a ojos de la chica. ¿Por qué iba a mentirle su dama después de todo?
Helena entonces se dirigió hacia el Gran Comedor dando pequeños saltitos, jugando mientras caminaba.
Mientras esto pasaba, en el dormitorio de Jánica y Dmitri la situación era totalmente distinta. Ambas naciones ya llevaban un rato levantados. El ucraniano estaba sentado sobre la cama, ya totalmente vestido y peinado, leyendo un libro con expresión aburrida. Todos los libros en esa casa estaban en polaco (a excepción de los que había traído Helena, claro) y, como aun no dominaba del todo el idioma, le resultaba difícil leer cualquier cosa, incluso cuentos o leyendas mitológicas.
_ ¡No, ese no me gusta!
Una molesta Jánica dijo mientras desechaba ya el tercer vestido que le enseñaban sus damas de compañía. Éstas, aunque portaban una sonrisa en el rostro, se notaban cansadas ya que su señora no se lograba decidir, ya llevaban al menos media hora así.
_ Está claro, tendré que mandar hacer, como que, otro vestido. ¡Esos no me gustan! ¡No me quedan bien!
_ P-pero señorita, hace un par de días sí os gustaban estas prendas. _Dijo con cierto temor una de las damas de compañía.
_ Pues ya no. Mandad hacer otro vestido. ¡Ahora!
A la polaca se le notaba muy molesta, a punto estaba de estallar y eso no era bueno. Dmitri al menos pensaba que no era bueno. Si Jánica se enfadaba mucho podría anular la salida de aquella mañana y él no quería eso. Estaba deseando poder salir a cabalgar poder sentirse libre aunque solo fuera por un par de horas ¡Incluso esa noche había soñado con caballos! No podía permitir que la cacería se anulara por nada del mundo.
Así pues el ucraniano se levantó de la cama, dejó el libro sobre una de las mesillas de noche y caminó hasta quedar justo detrás de su futura esposa. Suavemente colocó sus manos sobre los hombros de ésta y sonrió.
_ Te pongas lo que te pongas vas a estar guapa. Aunque vistieras con la prenda más fea del campesino más pobre del reino, seguirías siendo la mujer más hermosa de la Tierra. Si no mírate._ Dmitri condujo a la joven hasta un espejo de cuerpo entero. _ Tu cuerpo es delgado y esbelto. Tu pelo es suave, largo, liso y se asemeja a las madejas de oro. Y tus ojos son de color verde claro, justo iguales que dos preciosas esmeraldas. ¿Qué otra mujer podría superar tu belleza?
Jánica se ruborizó un poco ante los halagos del ucraniano. Se miró al espejo durante un par de segundos y estuvo de acuerdo en que su imagen era bella. Así pues sonrió y finalmente escogió el primer vestido que le habían mostrado sus damas de compañía. Se vistió y, tras peinarse un poco el pelo, el cual siempre llevaba suelto y sin ningún tipo de adornos, se dirigió hacia Dmitri sonriendo. Sus halagos ciertamente le habían puesto de muy buen humor.
_ Dmitri, tienes, como que, toda la razón del mundo. Pero aun así quiero otro vestido. _Acabó sentenciando la chica sin perder su sonrisa. _ Ah, y esa camisa no combina con el color de tus ojos.
Dicho esto la niña salió de sus aposentos y caminó en dirección al Gran Comedor. Por otra parte, en cuanto Dmitri y las damas de compañía escucharon el sonido de la puerta cerrarse suspiraron totalmente aliviados. Afortunadamente el humor de la rubia había mejorado considerablemente, no había que temer que se suspendiera su salida aquel día.
_ Habéis sido muy hábil, señorito Dmitri. _Comentó una de las damas mientras volvía a meter en el armario los vestidos que había desechado su señora.
_ ¿Yo? No ha sido nada. Tengo una hermana pequeña y recuerdo que le gustaba que le dijera cosas bonitas así que… pensé que a Jánica también le gustaría.
_ ¿Y a quién no? Vos tenéis mucha labia. Vuestras palabras parecían pura poesía en mis oídos.
_ ¡Como un auténtico trovador, sin duda! Qué gran habilidad lingüística… _Ante tales halagos Dmitri se rascó torpemente la nuca y sonrió algo sonrojado. Que tres bellas mujeres le adularan era algo a lo que no estaba acostumbrado. _Además de que tenéis un cuerpo de ensueño. Qué suerte tienen algunas.
Ante tal osada afirmación por parte de una de las damas Dmitri no pudo hacer nada más que sonrojarse todavía más. Las otras dos mujeres miraron a su compañera totalmente sorprendidas. Si la polaca se enteraba de que habían piropeado a su futuro marido de esa forma estaban seguras de que la mandaría ejecutar. De eso no había duda.
_ E-esto… Yo me tengo que ir porque… porque… Mi prometida está abajo y me espera y… Mi hermano y… A-adiós. _Dijo el ucraniano saliendo a toda prisa del dormitorio. Era bien cierto que a veces notaba ciertas miradas poco nobles por parte de algunas jóvenes, ya que el chico era muy apuesto, pero nunca antes le habían dicho directamente que tenía un cuerpo atrayente. Agitó su cabeza un par de veces intentando disipar el recuerdo de las palabras de la dama y caminó para así encontrarse con el resto de las naciones.
El primero en llegar al Gran Comedor fue Nikolai, como era de esperar. Se sentó rápidamente en la mesa, sobre la cual ya estaba puesta toda la cubertería, alguna que otra bandeja con varios tipos de queso y pan y una jarra con leche. El bielorruso sabía de sobra que debía esperar a sus compañeros antes de comer, Helena se lo había dicho una y mil veces: "Nikolai, es de mala educación empezar a comer sin esperar a los demás. No lo hagas, por favor" Pero... ¿Cómo resistirse a aquellos exquisitos platos? No. Era imposible no comer, aunque solo fuera un trocito. Nadie se enteraría de nada. Sí, nadie lo sabría jamás.
Así pues Nikolai, sin más dilación, alargó su brazo derecho y se dispuso a coger un trozo de queso fresco, sin embargo no pudo.
_¡Auch! _Gruñó el bielorruso de repente.
_ ¿¡Qué se os ha dicho!? La comida no se toca.
Ona, una de las damas más ancianas y también más experimentadas de la corte de Lituania, había pillado al bielorruso infraganti, así que no dudó ni un segundo en darle un pequeño golpe sobre la mano cuando estaba a punto de coger la pequeña porción de comida.
_ Está claro que la señorita Helena no os educa. Pues si ella no lo hace tened por seguro que lo haré yo. _Dijo la anciana mirando al niño con severidad.
_ ¿¡Cómo te atreves a pegarme!? ¡Tú no me mandas! _Exclamó el niño mirando a Ona muy mal mientras se frotaba la zona golpeaba, había enrojecido un poco._ Soy el esposo de Lituania y debes respetarme.
_ Yo solo he de respetar a mi señora, y si no recuerdo mal, mi señora os ha dicho miles de veces que no debéis comer sin antes esperarla.
_ … Helena me deja hacer lo que yo quiera. Además, me perdona si hago algo mal. _Dijo con cierta malicia el niño, retando a la anciana. Sentía que tenía poder para hacer lo que quisiera, y no le faltaba mucha razón. Si bien Helena había puesto una serie de normas, es cierto que Nikolai a veces no las cumplía a raja tabla. Pero la lituana siempre le acababa perdonando.
_ Os aprovecháis demasiado de la caridad de mi señora. Pobre de vos cuando ella abra los ojos y se dé cuenta del tiempo que ha perdido con vos. No merecéis ni una gota de su cariño.
Ante las insolentes palabras de Ona, Nikolai se levantó de la mesa y, cogiendo un cuchillo de la mesa, lo puso en el cuello de la anciana, amenazándola, mirándola fríamente.
_ No te atrevas a hablarme así. Jamás.
_ Ya he vivido muchos años, señorito. La muerte no me asusta. Dios me espera con los brazos abiertos en las puertas del paraíso. _ Dijo la anciana sin ningún temor mientras apartaba el cuchillo de su cuello. Nikolai, a pesar de su corta edad, ya había mostrado gran habilidad en el arte de la lucha con cuchillos y solía usarlos con bastante frecuencia con cualquier persona que se cruzara en su camino. Nunca había herido a nadie, pero sí asustaba un poco. Mas no a Ona. Ella había tratado con críos rebeldes desde que tenía memoria y esas cosas no le atemorizaban ni un poco. _ Ahora sentáos y esperad a que llegue la señorita Helena.
Dicho esto, la anciana se marchó de la sala en dirección a la cocina. Le habría encantado seguir "educando" al pequeño, pero tenía deberes que hacer como buena dama de compañía que era. Su trabajo no era educar después de todo, sino asegurarse de que los deseos de su señora se cumplieran y que sus necesidades estuvieran satisfechas.
Nikolai se impresionó un poco al ver que la anciana no había temblado ni una sola vez a pesar de que había apuntado un afilado cuchillo sobre su garganta. Decidió no pensarlo más y decidió sentarse de nuevo a la mesa. No pensaba hacer caso a esa vieja decrépita, así que volvió a coger un trozo de queso dispuesto a llevárselo a la boca.
_ ¿Nikolai? ¿Qué haces? _Interrumpió la lituana al niño impidiéndole así que comiera_ ¿¡Estás desayunando tú solo!? ¿P-pero no te he dicho ya muchas veces que eso no se puede hacer? Suelta eso ahora mismo.
_ ¡Agh! ¿¡Es que en esta maldita casa no voy a poder comer nada tranquilamente!? _Nikolai, ya bastante harto de ser interrumpido y sermoneado, tiró el trozo de queso sobre la mesa con fuerza y se levantó de su asiento muy enfadado dispuesto a irse. Cuando iba a salir se topó con Jánica y con Dmitri.
_ ¡Buenos días, Nikolai! ¿Qué tal has dormid…?_ Dmitri fue interrumpido por un brusco empujón por parte de su hermano menor, el cual salió del castillo murmurando maldiciones en bielorruso.
_ ¡Eh! ¡Como que, en mi corte no se habla bielorruso! _Impuso Jánica, más toda la respuesta que recibió por parte del niño fue un gesto no muy decoroso que realizó alzando el dedo corazón de su mano derecha. _ ¡P-pero! ¡Será posible! ¡Dmitri, has visto lo que ha hecho tu hermano!
_ S-sí, es raro que esté de ese mal humor, al menos desde tan temprano… Helena, ¿tú sabes qué le pasa?
_ Y-yo… Solo le he dicho que no podía comer antes de que estuviéramos todos. No creí que le sentara así de mal… Soy una mala persona. _Dijo la lituana viéndose tremendamente afectada por los actos de su joven esposo.
_ ¿Mala esposa? Tú deliras. Ya era hora de que te impusieras un poco Helenita. Si es que, claro, le mim…
Antes de que la polaca pudiera acabar la frase de "le mimas demasiado", Helena le cubrió la boca con su mano y así le impidió pronunciar palabra, lo que menos le apetecía en ese momento era escuchar las críticas de su amiga.
Así pues las tres naciones desayunaron aun sintiendo cierta tensión en el ambiente y, acto seguido se dirigieron a los establos para escoger un caballo y por fin salir a cazar.
Allí se encontraba Nikolai, al cual ya se le había pasado un poco el enfado. Se había relajado cepillando el pelo a los caballos y dedicándoles algunas caricias. Siempre le animaba hacer eso. A veces incluso pensaba que prefería pasar el tiempo entre animales en vez de entre personas. Bueno, si en cuanto a personas incluía a Anya tenía que hacer una excepción. Prefería estar a su lado un millón de veces antes que estar junto con los caballos, de eso no cabía duda.
Sin darse cuenta una pequeña sonrisa se le dibujó en el rostro al recordar a su amada hermana mayor, pero esta sonrisa se borró cuando en el establo vio aparecer a Dmitri, Jánica y Helena. No intercambiaron ninguna palabra, tan solo miradas: Dmitri le miró con preocupación, Jánica le miró muy mal y Helena con tristeza. Pero a él todo esto le dio igual. Se montó en uno de los caballos que parecían más veloces y esperó a sus compañeros.
Dmitri montó en otro caballo y Jánica subió con él, agarrándose a su cintura para así no caerse. Helena por su parte, dudaba sobre si lo más seguro sería subir al caballo con Nikolai. Quizás la contestara mal o la empujara, como había hecho en la mañana, a fin de cuentas, creía que ella había sido el detonante de todo el mal humor del bielorruso. ¿Cómo podía imaginarse que Ona le había puesto de mal humor antes? Así que simplemente se quedó de pie junto al caballo de Nikolai. El niño, que ya no sentía tanta rabia hacia Helena hizo rodar los ojos al verla allí de pie y, desde su caballo, le ofreció su mano para ayudarla a subir. La pequeña lituana se sorprendió en un primer momento, pero poco tardó en aceptar su ayuda y subir tras él agarrándose a él de la misma forma en que lo había hecho Jánica.
_ ¿Seguimos la ruta de siempre? _Preguntó Dmitri haciendo al caballo caminar al trote, tras ellos pronto les siguieron Nikolai, Helena y una escolta, claro, nunca se sabía qué peligros podría albergar el bosque._ Sí, o sea, quizás hagamos algunos cambios para que así no te aburras y tal, pero a grandes rasgos sí, será lo de siempre.
_ ¿Y qué animales podremos coger? _ Preguntó Helena con curiosidad.
_ Pues… Como que, hay codornices, zorros, liebres, algún que otro lobo y osos. Aunque de estos hay un montón no suelen acercarse por el camino que he escogido. _Ante la contestación de la polaca Nikolai sintió cierta decepción. Él quería cazar un gran oso, a eso era a lo que había ido después de todo.
No tardaron mucho en internarse en el bosque, quizás una media hora o así. Los chicos pararon los caballos y dejaron bajarse a las dos señoritas, pues éstas no se unirían a la expedición. Eran mujeres después de todo, ellas no cazaban, simplemente se sentaban en la hierba a charlar o a jugar con las flores.
_En un rato volveremos.
_ No os alejéis demasiado, no quiero tener que mandar a una escolta a buscaros. _Advirtió Jánica con determinación a sabiendas de que el ucraniano aun no conocía bien el territorio. Ya ni qué decir el bielorruso.
_ No te preocupes, llegaremos en un santiamén cargados de codornices y liebres. _Respondió Dmitri portando una sonrisa en su rostro. _ ¿Vamos Nikolai?
_ ¡E-espera! _Interrumpió la lituana acercándose de nuevo a su esposo. Tras buscar en uno de los bolsillos de su vestido sacó un pañuelo que parecía contener algo. La muchacha se lo dio al chico y éste, cuando lo abrió, no pudo evitar sorprenderse un poco. El pañuelo contenía una manzana, un trozo de pan y un par de porciones de queso. La chica se había colado en la cocina antes de salir y lo había cogido de la despensa. _Como esta mañana no has desayunado… P-pensé que tendrías hambre.
_ Gracias. _Dijo Nikolai por primera vez desde que se habían peleado. Sonrió ligeramente y miró a su esposa con cierto cariño, algo que no solía hacer.
Tras este pequeño gesto de dulzura, las dos naciones masculinas cabalgaron adentrándose un poco más en el bosque hasta perder de vista a sus dos compañeras.
_ ¿Has visto cómo me ha sonreído? _Preguntó Helena casi para sí misma.
_ Sí, te sonreía porque se ha conseguido salir con la suya, como siempre. Si es que, de verdad, pareces tonta. _Dijo Jánica mientras se sentaba en la hierba tranquilamente.
_ No soy tonta… E-es solo que… quiero que esté bien conmigo. _Contestó la chica jugando con su pelo algo nerviosa mientras se sentaba al lado de su amiga. La verdad era que sí era muy permisiva con el niño y ella lo sabía de sobra, pero no podía hacer nada para remediarlo.
_ O sea, es que no sé qué es lo que le ves. ¿Cómo puedes estar enamorada de él?
_ ¿Tú no estás enamorada de Dmitri? _Preguntó Helena ignorando la pregunta de la polaca pues ni ella misma sabía qué responder.
_ ¿Enamorada? _Jánica soltó una pequeña carcajada y negó. _ ¡Qué va! Bueno, es guapillo y eso, pero no estoy enamorada. Creo que él de mí tampoco, bueno, de eso no estoy segura porque, como que, seguro que ya le he enamorado con mi súper encanto personal. Solo me gusta.
_ P-pero… si os vais a casar. Al menos deberías sentir algo más. D-digo yo…
_ De momento no, solo me gusta, ya te lo he dicho Helenita. No todas somos tan románticas como tú, que a nada que te dicen algo bonito ya te enamoras.
_ ¡No es cierto! ¡Solo estoy enamorada de Nikolai! Y él no es que me digas muchas cosas bonitas, así que te equivocas. _Dijo algo enfadada la niña, aunque no podía negar que adoraba las leyendas de caballeros y princesas enamoradas y que sí, era muy romántica.
_ Bueno, bueno. No te enfades, que era una bromita de nada. _Dijo riendo un poco al ver que su amiga se lo había tomado a pecho.
_ Y…. hablando de bodas... ¿Cómo van los preparativos? Sé que me dijiste ayer que hoy limpiarían el castillo, me refiero a si tienes pensado el vestido, las flores…
_ ¡Claro que sí! Todo lo tengo ya previstísimo, pero no te diré nada, quiero que sea una sorpresa y que todos os quedéis con la boca abierta.
_ Y… e-em… ¿No te da un poco de reparo dormir con Dmitri aun sin estar casados?
_ ¿Por qué? ¿Tú no dormías con Nikolai desde el primer día?
_ No. Solo cuando nos casamos. Es cierto que nos casamos cuatro días después de anexionarle, pero no. No dormíamos juntos.
_ Oh… Pues, como que, no veo ningún problema en dormir con Dmitri. Mis damas de compañía no han dicho nada en contra. A-así que está bien. _La verdad es que la polaca ahora dudaba de si el hacer eso ponía en peligro su honra y su reputación como damisela.
_ ¿Por qué no os habéis casado antes?
_ Helena, qué habladora estás, ¿no?
_ S-solo es curiosidad. Es que me resulta muy extraño.
_ Bueno… Pues no me casé con él antes porque no era una cosa muy segura el que se quedara conmigo. _Helena no pareció entenderlo del todo, así que Jánica procuró explicarse mejor. _ Si le anexionaba a mí formalmente sin asegurarme nada que le retuviera a mi lado, seguro que se marchaba sin dudar. Y eso, como que, no me beneficia. Pero ahora que estáis vosotros aquí y que tiene a su hermanito menor viviendo en mi casa, le costará más irse. Si se queda, verá a su hermano, si no, lo perderá.
_ Qué maquiavélico… ¡Eh! Eso quiere decir que nos estás usando a Nikolai y a mí.
_ Que no, que no. Solo es una coincidencia. Tú no te preocupes por nada. _A Helena no le gustó mucho esa respuesta, pero se quedó callada, al fin y al cabo ella no estaba mal en el castillo de Jánica, se comía bien, se dormía bien y era más divertido estar con otras naciones. _ ¿Crees que ya habrán cazado algo los chicos?
_ Pues no lo sé, quizás.
Mientras tanto, con Dmitri y Nikolai, las palabras sobraban. Sus rostros lo decían todo. Una sonrisa se dibujaba en el rostro de ambas naciones mientras cabalgaban a toda velocidad entre los árboles, esquivando algunos de ellos, saltando pequeños riachuelos, espantando a los pequeños animales que aparecían a su paso… Era cierto que así no conseguirían cazar nada, pues hacían demasiado ruido, pero eso de momento no les importaba. Lo único que querían hacer era correr, correr sin parar y sentirse libres. Libertad. Aquello era algo que temían no volver a saborear. Aunque no estaban del todo mal en casa de Polonia y Lituania, no había nada mejor que el saber que eran libres de verdad, no tener anexiones, contratos de unión o de amistad… Solo ellos. Nadie más.
_ ¡Eh, Nikolai! ¿Echamos una carrera?
_ Pero Jánica nos ha dicho que no nos alejemos mucho.
_ Por un poco no pasa nada. ¡Venga! ¡Anímate!
Nikolai sonrió de medio lado y asintió rápidamente, al parecer su hermano no hacía todo lo que la polaca le decía y eso le parecía muy bien. Dio una orden a su caballo y éste comenzó a correr cada vez más y más rápido, más y más rápido. Dmitri hizo exactamente lo mismo intentando quedarse a la par que Nikolai, lo cual consiguió en pocos minutos. Él era muy buen jinete y podría haber ganado a Nikolai rápidamente, sin embargo esta vez solo quería divertirse con su hermano, como lo había hecho hacía años. Así que simplemente corrió a la par que él.
Sin embargo, Dmitri detuvo su caballo súbitamente y para sorpresa de Nikolai, que corrió unos metros más intentando frenar a su caballo.
_ ¿Dmitri? ¿Qué pasa? ¿Por qué te paras?
El ucraniano entonces señaló a lo lejos una figura enorme y temible. Un oso pardo. Éste se alzaba sobre sus dos patas gloriosamente, era enorme.
_ ¡Un oso! ¡Genial, vamos a cazarlo! _Exclamó Nikolai desenvainado su espada.
_ ¡No! Calla, es demasiado grande y parece furioso. Está sobre sus dos patas, eso quiere decir que está dispuesto a atacar.
_ ¿Y no es eso lo que queremos? ¡Dmitri, venga, no seas miedica!
_ ¡He dicho que no, Nikolai, es peligroso!
_ ¡Estoy harto de que todos me mandéis! ¡He venido a cazar un oso, y oso cazaré! _Dicho esto el joven bielorruso cabalgó velozmente y con la espada en alto en dirección al feroz oso.
_ ¡No, Nikolai, detente! _Gritó Dmitri con horror en sus ojos, pero ya era demasiado tarde.
Nikolai había ido directo hacia la temible bestia y ésta, que ya estaba enfadada de por sí, atacó sin miramiento alguno. El bielorruso sabía manejar la espada, pero todavía no dominaba el arte con la suficiente maestría como para enfrentarse a un oso. Pronunció una rápida oración pidiendo a Dios que le diera la victoria. Si conseguía la piel del oso sería respetado por todos, no sería considerado como un crío nunca más, jamás volverían a sermonearle como si fuera un tonto humano de cinco años. No. Sería valorado al fin.
Sin embargo, aquel día, Dios no estaba de su lado.
El oso rugió fuertemente mostrando sus poderosos dientes, cosa que asustó de sobremanera al caballo que montaba el bielorruso. El caballo relinchó temeroso y se levantó sobre sus dos patas traseras haciendo perder el equilibrio a Nikolai, el cual cayó al suelo haciéndose daño en la espalda y golpeando su cabeza contra una piedra, había sido tal el golpe que apenas podía moverse, estaba totalmente aturdido.
Dmitri bajó de su caballo y a toda prisa se dirigió hacia el oso, sabía que no tenía ninguna posibilidad contra una bestia de tal tamaño, pero tenía que intentarlo, no podía dejar morir a su hermano de esa manera. Sin pensarlo dos veces saltó sobre la espalda del oso e intentó distraerlo, consiguiéndolo por unos momentos, solo hasta que el animal se agitó violentamente y lanzó al ucraniano contra el tronco de un árbol, dejándole sin posibilidad alguna de atacar.
La bestia, volvió a dirigirse al bielorruso. Éste se encontraba totalmente atemorizado, temblaba de puro espanto, mas el animal no tenía ni una pizca de compasión. Con sus potentes fauces agarró el brazo a Nikolai y lo levantó. El niño gritó de terror. Un grito que pudo oírse en todo el bosque.
~…~…~…~…~
_ ¿Qué ha sido eso? _Preguntó Jánica, que había llegado a escuchar el grito desde donde se encontraban ella y la lituana.
_ N-no lo sé. Pero no ha sonado nada bien.
De repente escucharon otro grito, esta vez más desgarrador aún.
_ Esto no me gusta nada, Jánica. ¿Y si son Nikolai y Dmitri?
_ Vamos a buscarles.
Y así, velozmente se adentraron en el bosque siguiendo las pistas que iban dejando los dos caballos de las dos naciones. No eran difíciles de seguir.
~…~…~…~…~
El oso zarandeaba al bielorruso mientras le sostenía por el brazo. Nikolai creía que iba a morir en ese preciso momento. No podía pensar en nada más que no fuera la muerte en esos momentos. La oscuridad…
Afortunadamente, un caballero de la escolta que les había seguido apareció y, al ver aquella escena no dudó un segundo en lanzarse a ayudar al bielorruso. Con un ágil y preciso movimiento de espada consiguió hacer una profunda herida en la espalda del oso, el cual gritó de dolor, soltando al joven bielorruso, el cual se golpeó nuevamente, esta vez más fuerte. Cayó inconsciente.
El caballero logró espantar al oso con cierta dificultad, pero finalmente lo consiguió.
Una vez que lo consiguió se acercó al bielorruso para cerciorarse de que aún vivía. Acercó su oído al pecho del niño. Por suerte el corazón latía, aunque muy débilmente.
En esto, llegaron exhaustas Helena y Jánica. La primera, al ver la sangre esparcida sobre el suelo y sobre el cuerpo de su esposo, dio un grito de horror y corrió hacia Nikolai.
_ ¿¡Qué le has hecho!? ¿¡Has osado atacarle!? _Gritó la chica, pensando que había sido el caballero el que había atacado al joven.
_ ¿Qué? ¡No! Señorita, yo le he ayudado.
_ ¡No me creo una palabra! ¡Tu espada tiene sangre! ¡Bastardo, maldito! _Chilló la muchacha con furia en los ojos mientras empujaba al caballero en cuestión apartándolo así de Nikolai.
_ ¡Helena! _Gritó esta vez Dmitri, el cual se había levantado gracias a la ayuda de Jánica. _ Un oso nos atacó, él no ha tenido nada que ver con las heridas de mi hermano.
Helena se encontraba muy confusa, sentía ganas de llorar, la rabia la consumía enteramente.
_ ¡M-me da igual! _Exclamó llorando desconsoladamente la chica mientras se abrazaba al cuerpo de su esposo. _ ¡Si muere será culpa tuya! ¿Por qué no has estado vigilando a tus señores? ¿¡Dónde has estado!? ¡No has cumplido con tus obligaciones! ¡Si mi esposo muere, también lo harás tú! ¡Y me encargaré de que sea de la forma más dolorosa posible! ¡Lo juro!
La lituana no entendía la situación, quería echar la culpa a alguien, y el que tenía más a mano había sido el caballero que no solo se había presentado en el momento más apropiado, sino que había salvado la vida de Nikolai. Sin embargo la niña estaba demasiado confusa como para ver este hecho. El caballero no había tenido la culpa de no estar escoltando a las dos naciones masculinas. Éstos se habían desviado de la ruta programada y el caballero les había perdido de vista. No había sido culpa suya.
_ Sí, mi señora. _Contestó el caballero resignado, era un hombre curtido en este tipo de situaciones y sabía que cuando una mujer estaba en ese estado de histeria lo que menos debía hacer era discutirle, y más si la mujer en sí era su propia señora.
Helena ignoró la contestación del caballero y siguió llorando sobre el cuerpo de su tan amado Nikolai, manchando su vestido, sus manos y su rostro con la sangre de su esposo.
_ Por favor, Nikolai, no te mueras, no te mueras. Por favor, no me hagas esto otra vez. Por favor, no te mueras, no te mueras. _Repetía una y otra vez de forma mecánica.
Jánica, al ver el lamentable estado en el que se encontraba su amiga, la apartó de Nikolai aunque con cierta dificultad e hizo una señal con la cabeza al ucraniano y al caballero en cuestión para que recogieran al niño, lo montaran en caballo de Dmitri y lo trasladaran inmediatamente al castillo. Ella montaría con Helena en el caballo del caballero en cuestión y cabalgarían hasta llegar al castillo. Jánica temía que a Helena le fallaran las piernas si caminaba demasiado y acabara desmayándose debido a la conmoción del momento. La joven aún seguía repitiendo aquella frase: "Por favor, no te mueras, no te mueras"
Caminaron solemnemente hasta el Castillo Real. Los pájaros del bosque dejaron de cantar, los pétalos de las flores de los árboles del bosque dejaron de caer al suelo. El viento se rompió entre los árboles….
Y los lobos comenzaron a aullar larga y tristemente.
Cientos de aullidos se escucharon durante todo el camino hasta el castillo.
Cantos trágicos y aciagos por el pequeño bielorruso.
El llanto de los lobos.
