Capítulo 3: Pubertad, divino tesoro.
Aquel día había pasado más lento de lo normal, parecía que el Astro Rey se había detenido en el cielo aquella tarde, se rehusaba a morir, así como Nikolai, el cual luchaba con todas las fuerzas que tenía contra la aterradora Dama Oscura: La Muerte.
Helena se encontraba sentada en una silla cerca de la cama de Nikolai, llorando desconsoladamente sobre el cuerpo de su esposo mientras le cogía de la mano sutilmente, entrelazando sus dedos con los del joven, temiendo que si apretaba demasiado fuera a romperle, creyendo que el bielorruso era el ser más delicado del mundo. Y es que, en aquella posición, con los ojos cerrados, el pelo revuelto, soltando pequeños suspiros roncos y con su pecho subiendo y bajando lenta y dificultosamente, se asemejaba a un dulce ángel herido.
Dmitri por su parte se encontraba de pie y con los brazos cruzados, sin decir una sola palabra, estaba seguro de que si hablaba se echaría a llorar irremediablemente y eso no podía pasar, aunque su querido hermano menor se encontraba en un estado crítico no debía derramar lágrima alguna, pues después de todo él era un hombre. El llanto estaba reservado para las mujeres, él debía mantener la compostura.
Jánica estaba abrazando a Dmitri suavemente, sus pálidos y finos brazos rodeaban la cintura de su prometido y su cabeza reposaba en el fuerte brazo del ucraniano, aunque él no correspondiera sus gestos afectivos, las miradas que el joven le dedicaba eran de puro agradecimiento ya que sabía que, a pesar de que Nikolai y ella no habían empezado con muy buen pie, la polaca se estaba preocupando.
Rompiendo el silencio, ornamentado ligeramente con los sollozos de la lituana, se oyeron varios golpeteos en la puerta del dormitorio. Se trataba del médico que había atendido a Nikolai en cuanto éste entró en el castillo. Venía a hacerle una nueva revisión para ver si presentaba algún cambio, para mejor o para peor. Helena se retiró ligeramente y el médico comenzó a trabajar. Primero abrió uno de los párpados del chico y movió uno de sus dedos por delante de su pupila, luego tocó suavemente su cabeza verificando que el golpe que se había dado no hubiera generado ningún bulto indeseado o algún mal peor. Por último, retiró las vendas de su brazo para así observar los cambios que había sufrido la herida producida por el oso.
_ La herida ya está mejor, afortunadamente no se ha infectado, mientras se sigan cambiando las vendas con frecuencia y aplicando el ungüento que antes os di se curará del todo muy pronto. En cuanto al golpe en la cabeza he de decir que es lo que más me preocupa, pues aunque no presenta herida alguna, no recibo ninguna respuesta por parte de Nikolai. Lamentablemente no responde a ningún estímulo exterior.
_ ¿Qué quiere decir eso? ¿C-cómo se cura? _Preguntó Dmitri harto preocupado al oír las noticias del médico.
_ No lo sé. Escapa a mis conocimientos… Solo queda esperar a que se despierte. Al menos respira y su corazón no ha dejado de latir, lo cual es buena señal. Recemos para que siga así y para que pronto abra los ojos.
_ ¿¡Esperar!? ¿¡Es que no puedes hacer nada más!? _Demandó el ucraniano bastante exaltado.
_ Lo siento, no puedo hacer nada. Solo queda esperar. Avisadme si presenta algún cambio. En unos días volveré. Buenas tardes.
Dicho esto el médico salió del dormitorio sin decir una palabra más.
Helena volvió a echarse a llorar al escuchar al médico. ¿Que solo les quedaba esperar? ¿Cómo podía decir aquello? Era inaceptable que no les dieran otra respuesta más que esa. Que rezaran, habían dicho el médico. ¡Que rezaran! ¡Pues claro que ya rezaban! En cada momento una plegaria salía de los labios de la joven lituana rogando a Dios porque no se llevara a su amado bielorruso, rogando para que lo dejara a su lado. Le decía a Dios que lo necesitaba más que a nada en el mundo, que ella moriría sin él… Sus plegarias parecían ser escuchadas, al menos en cierta medida pues, después de todo, Nikolai no había muerto.
Dmitri caminaba de lado a lado por la habitación, incapaz de aceptar que su hermano pudiera no despertar nunca. Incapaz de aceptar que por una estupidez, como había sido la de enfrentarse a un oso, su hermano pudiera perder la vida. Incapaz de aceptar que por su culpa, por no haberle detenido, el pequeño se encontrara en esa situación. El ucraniano, intentando liberar su rabia, dio una fuerte patada a una de las sillas que decoraban el dormitorio, destrozándola por completo.
_ Cálmate, Dmitri. _Dijo Jánica intentando que su voz no se quebrara, no quería ni imaginar el dolor que podía estar sufriendo en ese momento su prometido.
_ ¿Que me calme? ¿¡Cómo quieres que me calme!? _Exclamó el rubio perdiendo el control por momentos.
_ Por favor. _Jánica se acercó a él y, suavemente, colocó sus manos sobre las mejillas del chico, instándole a que la mirara. Le regaló una mirada dulce y llena de compasión _ Por favor, Dmitri, cálmate.
Dmitri, al mirar en los ojos de la polaca, sintió que su alma se rompía y sin demorar más, abrazó a la chica con fuerza, gritando en silencio por apoyo y comprensión. No lo aguantó más, se echó a llorar. La chica le devolvió el abrazo no dudando ni un segundo en hacerlo y le acarició la espalda con delicadeza intentando calmarle.
Y así, pasaron dos días. El castillo se había convertido en un lugar triste y aciago pues, desde que la corte, los caballeros y las sirvientas se habían enterado de lo que le había ocurrido al pequeño bielorruso ni una risa se había oído a través de las paredes de piedra. Ni una voz había osado alzarse más de lo normal por parte de las criadas. Ni un golpe de espadas por parte de los caballeros en el patio sonó esos días. Tal era la situación que Jánica había mandado detener todos los preparativos de la boda, mandó retrasarla incluso. En su castillo no se celebraría nada hasta que Nikolai despertara.
Helena no se había apartado ni un solo momento de Nikolai. Tal era así que se negaba a dormir en otro dormitorio más cómodo, simplemente descansaba hora sí hora no dando pequeñas cabezadas, y además de eso no quería comer nada. Jánica y Dmitri le advertían que aquello no era sano y que no querían que ella cayera enferma también, sin embargo la lituana se negaba a escuchar. ¿Cómo podía dejar a Nikolai solo? Ella era su esposa y su deber era estar con él, velar sus sueños, cuidarle. Incluso si eso significaba que ella moría por desatenderse a sí misma, eso no le importaba lo más mínimo. Lo único que quería era estar a su lado en aquel nefasto momento.
La mañana de aquel día era cálida, la brisa era agradable y el Sol brillaba con fuerza sobre un claro cielo azul, ni una sola nube se atrevía aquel día a opacar al majestuoso astro.
La lituana se encontraba apoyando la cabeza en el colchón sobre el que reposaba su esposo y su cuerpo descansando sobre una silla, no era una postura muy cómoda, pero estaba tan cansada que pudo dormir incluso en aquella posición. Su mano agarraba delicadamente la del bielorruso. Dmitri y Jánica estaban en la habitación también, ella bordaba un pañuelo sin mucha devoción, y él se encontraba de pie, sosteniendo en sus manos un libro. Intentaba concentrarse en la lectura, pero su mente no dejaba de darle vueltas a una pregunta: "¿Y si Nikolai no despertaba jamás?" No es que el ucraniano fuera pesimista, pero esa pregunta le atormentaba día y noche, no podía pensar en otra cosa…
En ese entonces, Helena notó algo extraño que le hizo inquietarse, notó cómo algo estaba acariciando su mano débilmente. Abrió sus pesados párpados lentamente y, cuando sus ojos se acostumbraron a la brillante luz del Sol que en ese día se abría paso a través de la ventana en el dormitorio, vio harto sorprendida cómo la mano de Nikolai se estaba moviendo ligeramente.
_ ¡Nikolai!
Exclamó de pronto la chica sintiendo cómo todo su cansancio se esfumaba en cuestión de milésimas de segundo. Ante tal voz, Dmitri y Jánica se acercaron a ella. Ninguna de las tres naciones podía creer lo que estaban viendo: El bielorruso comenzó a abrir los ojos perezosamente intentando acostumbrarse a la casi cegadora luz del Sol.
_ ¿Qué pasa…? ¿Por qué me miráis todos? _Preguntó el joven con un dejo de cansancio en su voz.
La primera reacción fue la de Helena, que se lanzó a abrazarle rápidamente y quizás con cierta brusquedad, pero es que su alegría era demasiada como para pensar en reprimirse en ese momento.
_ ¡Nikolai, estás bien! ¡Estás bien! _ Decía la lituana esta vez llorando de pura alegría mientras repartía varios besos sobre el rostro de su tan amado bielorruso. Éste solo pudo sonrojarse súbitamente y poner cara de desagrado.
_ ¡Quita, quita, quita! _Dijo el niño intentando apartar a la muchacha, la cual no se separó de él hasta pasar un par de minutos. Nikolai suspiró más tranquilo al verse liberado, pero su tranquilidad no duró demasiado porque llegó el turno de Dmitri, que hizo exactamente lo mismo que Helena. _ ¿Pero qué diablos os pasa a todos hoy? ¡D-dejadme ya en paz!
_ ¡Voy a llamar al doctor ahora mismo! _Exclamó Jánica saliendo del cuarto sin esperar respuesta por parte de las otras naciones.
_ ¿Un doctor? ¿Para qué? _Preguntó Nikolai aun siendo acosado por las atenciones afectivas de su hermano mayor. _ ¡Ya para, Dmitri, eres más pesado que Helena!
_ ¿C-cómo que para qué? Para que te mire. _ Contestó la lituana ignorando que la había llamado "pesada"_ ¿Acaso… no recuerdas lo que te pasó?
_ Mmm… Recuerdo haber salido de caza.
_ ¿Y luego? ¿No te acuerdas de lo que pasó con lo del oso? _Preguntó esta vez su hermano ya dejando de besarle pero no de abrazarle.
_ Ah, sí. Recuerdo que había un oso, y que me mordió y luego… nada más.
_ P-pues el oso te zarandeó, te diste un golpe en la cabeza y… has estado durmiendo dos días, hasta hoy.
_ Mmm… por eso me duele la cabeza. _Dijo el niño acariciándose con cuidado la frente. _ Pues yo no he notado dormir tanto, es más, aún estoy cansado…
Antes de que pudieran responder nada más, llegaron Jánica y el médico. Éste parecía bastante sorprendido por la pronta recuperación del niño, sin embargo, no tardó mucho en abandonar su expresión de sorpresa ya que, al tratarse de países, su metabolismo reaccionaba de forma muy distinta a la de los humanos convencionales. Si el país marchaba económicamente bien, lo normal era que se reflejara en sus representantes y que estos tuvieran una salud de hierro. En esos momentos la Mancomunidad marchaba perfectamente y era riquísima, así que supuso que la recuperación tan rápida de Nikolai se debía a eso, al buen nivel económico que tenían. Aun así no dudó en hacerle los exámenes rutinarios para verificar que todo estuviera en orden.
_ Bueno, bueno, parece que todo marcha bien. Responde a estímulos externos y veo que se puede mover bien. No ha perdido la memoria y su juicio parece estar perfectamente.
_ Dice que le duele un poco la cabeza. _Dijo de pronto Helena temiendo que el médico pasara por alto cualquier cosa.
_ No hay que preocuparse por eso, es normal, los golpes de ese calibre tardan un par de días en sanar del todo. De todos modos voy a recomendar altamente que se mantenga en reposo al menos durante… tres o cuatro días más. Solo por si acaso, para estar totalmente seguros de su recuperación. ¿Entendido? _ Todos los presentes asintieron, excepto Nikolai, al cual la sola idea de pasar cuatro días en la cama sin hacer nada le aterraba, se aburriría, eso estaba claro. _ Bien, pues si no me necesitáis para nada más he de irme.
_ Muchas gracias, yo personalmente le acompañaré hasta la puerta de salida… Y así de paso comunicaré a los miembros de la corte y demás que Nikolai ya se ha despertado. Además de mandar que vuelvan a la labor de preparar mi estupendísima boda. _Esta última parte la dijo casi para sí misma, pues aunque se alegraba de que Nikolai se hubiera despertado, su principal preocupación ahora era que su magnífica boda se celebrara por todo lo alto, como había previsto todo aquel tiempo.
De este modo, Jánica y el médico salieron del dormitorio y se dirigieron a la salida.
_ No sabía que había estado tan grave…
_ Pues ya ves que sí, pero eso ya no importa. Lo que importa es que estás bien. _Dijo Dmitri revolviendo el pelo a su hermano menor con cuidado.
_ Y todo por un estúpido oso… ¡Al menos le maté! ¿O no? _Dmitri negó un par de veces mientras sonreía con cierto nerviosismo, sabía que eso cabrearía al bielorruso. _ ¿¡No!? ¡Pues en cuanto salga de la cama voy a ir a cazarlo y le cortaré la cabeza y la pondré en el salón de trofeos!
_ ¡Ah no, eso sí que no, no vas a ir a cazar ningún oso, jovencito!
_ ¡Venga ya, Dmitri! ¡Lo tengo que hacer, por mi honor!
_ ¡Ni por tu honor ni nada! Gana tu honor nuevamente de otra manera que no sea enfrentándote a una bestia que mide más de dos metros.
_ ¡Pero…! _La protesta de Nikolai fue súbitamente interrumpida por cierto rugido. Pero no era el rugido de un oso o de alguna otra criatura parecida. Era el rugido de su estómago, que se quejaba por no haber recibido comida esos días. Nikolai calló y cubrió su estómago. _ … Tengo hambre.
_ Ya lo veo, ya. _Dijo el ucraniano riendo ligeramente y levantándose de la cama del bielorruso. _Iré a traerte algo de comer. Ah, y para ti también Helena, que ya no tienes excusa.
La lituana asintió un par de veces y sonrió agradecida. Dicho todo Dmitri salió de la habitación, dejando a Helena y a Nikolai solos, y se dirigió a la cocina estando muy contento de que todo se hubiera solucionado. Afortunadamente su hermano estaba bien.
_ ¿No has comido? ¿Por qué? _Preguntó Nikolai a la chica mientras jugaba con un retal de venda que se había quedado suelto en su brazo.
_ B-bueno… no tenía hambre, realmente.
_ Ah… ¿Tengo el brazo muy mal? Quiero verlo. _Dijo el joven tirando con un poco más de fuerza de la venda, sin embargo la lituana le detuvo.
_No es buena idea, acabo de cambiar el vendaje. Luego por la noche, cuando te ponga el ungüento otra vez y te vende lo ves si quieres.
_ ¡Seguro que está lleno de sangre y cosas negras y… y… cosas asquerosas! ¡A lo mejor me queda cicatriz y todo! ¡Mi primera cicatriz de guerra! _Dijo el bielorruso casi con cierta emoción en sus ojos, solo él podía sacar el "lado bueno" de que le hubiera mordido un oso. _ ¿No te da asco curarme? Tiene que estar muy mal para vendarlo tanto.
_ No. _Dijo la lituana riendo un poco ante las ocurrencias del muchacho. _L-la verdad es… que no hay nada que me desagrade de tu cuerpo. No me amedrentaría ni aunque tuvieras la herida más espantosa del mundo. T-te curaría una y mil veces.
_ … Cursi. _Dijo el niño apartando la mirada de su esposa, la verdad es que el que le dijera todas esas cosas buenas le avergonzaban un poco. _ ¿Sabes? He tenido muchas pesadillas.
_ ¿Ah sí? _Preguntó Helena con cierta tristeza en su voz, sabía que las pesadillas de Nikolai eran verdaderamente terroríficas, al menos así se lo parecían a ella por lo que le había contado el niño.
_ Sí. Pero se me pasaban pronto y volvía a soñar con otras cosas. Se me pasaba cuando hablabas. Al menos yo te oía hablar.
Admitió el niño encogiéndose de hombros sin saber si había soñado con ello o no. La lituana se sorprendió un poco ya que no pensaba que Nikolai la hubiera escuchado. Esos días había rezado en voz alta, leído y a veces recordado cosas del pasado, de cuando vivían él y ella solos en el Castillo de Trakai. Nunca hubiera imaginado que podía escucharla, esto la alegró de sobremanera, tanto se emocionó que, no pudiendo contenerse, se acercó un poco a él y le besó en los labios. Aunque el beso seguía siendo igual de inocente que aquel que se daban por las noches, esta vez fue un poco más largo. Al cabo de algunos segundos la lituana se separó y volvió a sentarse en la silla cerca de la cama del bielorruso.
_ ¿Por qué has hecho eso? Si no nos vamos a dormir ni nada, ¿no? _Preguntó el bielorruso un tanto extrañado.
_ N-no lo sé. _Contestó la chica ruborizándose un poco y encogiéndose de hombros. _ Me apetecía hacerlo… ¿H-he hecho mal?
_ Mmm… Ha sido raro. _Dijo Nikolai algo sonrojado mientras tocaba ligeramente sus labios. Debía admitir que el beso había sido agradable, había producido en él como una sensación de hormigueo o algo parecido, no sabía explicar exactamente el qué era. _ Me ha hecho cosquillas... en el estómago.
Justo cuando la lituana iba a responder, entró sin previo aviso Dmitri acompañado por Jánica, la cual ya se había despedido del médico y había anunciado a todos que el bielorruso se había recuperado. Dmitri llevaba en las manos un plato con algunas frutas y dos vasos con leche.
_ ¿Interrumpimos algo? _Preguntó el ucraniano con un poco de picardía al ver a la pareja con cierto rubor en sus mejillas.
_ N-no, claro que no. _Respondió la lituana algo nerviosa, se le daba muy mal mentir.
_ Ya veo… Bueno, ten, Nikolai. En la cocina no había otra cosa más a mano, las criadas han dicho que tardarían aun un rato en preparar la comida, así que te tendrás que conformar con esto. Tú come también, Helena.
Dicho esto el ucraniano dejó el plato sobre el regazo de su hermano y éste no dudó en coger una pieza de fruta y llevársela a la boca rápidamente. La lituana comió del mismo modo que su esposo. Se notaba que tenía hambre, pero intentó comer despacio para guardar las formas. Justo todo lo contrario de lo que hizo el bielorruso. Sin embargo aquel día nadie dijo nada, es más, se alegraron de que Nikolai tuviera el mismo apetito que siempre tenía, eso denotaba que estaba bien.
_ Bueno, ahora que el "señorito" ya está bien puedo decirlo… ¡Por tu culpa, como que, voy a tener que mandar hacer otra camisa con las mangas más anchas para tu traje de boda! _Dijo la polaca medio en broma mientras señalaba acusatoriamente al bielorruso. _ Te parecerá bonito, ¿no? O sea, solo a ti se te ocurre enfrentarte a un oso tú solo. Si es que…
_ Nadie te ha pedido hacer otra camisa. _Dijo Nikolai con la boca llena.
_ ¿Y cómo pretendes que te entre una camisa con las mangas estrechas si tienes el brazo como que súper vendado?
Nikolai no supo qué responder ante eso, así que simplemente le sacó la lengua a la polaca de manera infantil, a lo que Jánica respondió de la misma manera, pero finalmente acabó riendo divertida por aquel comportamiento. En el fondo ambos eran auténticos críos.
De este modo pasaron tres días más. El castillo, afortunadamente, había recuperado su ritmo habitual, incluso quizás ahora había aumentado un poco por todo el lío que estaba suponiendo el organizar la boda. Jánica estaba histérica y parecía que solo se la oía a ella gritando por todo el castillo. Dmitri, muy, pero que muy a su pesar debía seguirla allí donde quisiera que fuera. ¿Por qué su esposa no podía ser una mujer tranquila y sumisa? ¿Por qué tenía que tener ese mal carácter?
A veces deseaba coger uno de los caballos que descansaban en el establo y huir muy lejos de allí. Quizás podría construirse una casita en mitad del campo, criar algunos animales, tener un pequeño huerto… Sí, eso era lo que deseaba en lo más profundo de su corazón, pero no podía simplemente irse. Él era un representante. No tenía opción de vivir en total libertad. Tenía que atender las necesidades de su pueblo, y a su pueblo lo que mejor le venía en ese momento era ser parte de la República de las Dos naciones, así que se tuvo que aguantar.
_ ¡Agh! ¿Es que no se va a callar nunca? _Preguntó un ya muy harto Nikolai desde su habitación. Llevaba escuchando a Jánica desde que se había despertado esa mañana y se estaba empezando a hartar.
_ Cuando llegue la boda supongo que se callará. Supongo… _Contestó la lituana sin apartar la mirada del libro que estaba leyendo en ese momento. La chica estaba tumbada en la cama junto a Nikolai y le había cogido el gusto a leer novelas caballerescas con un toque de romance.
_ Es una verdadera molestia. No sé cómo podéis ser amigas.
_ B-bueno… es agradable una vez que se la conoce a fondo. Muy a fondo… _Dijo la chica no muy segura de sus palabras. Había tenido sus malentendidos con la polaca en varias ocasiones, sin embargo a pesar de todo aún la consideraba amiga suya.
_ Lo que tú digas. _Murmuró con cierta molestia el joven, no le gustaba mucho cuando Helena no estaba de acuerdo con él al cien por cien. _ Helena.
_ ¿Qué?
_ Me aburro.
_ ¿Quieres que te lea un poco? _Preguntó la chica señalando el libro que portaba en sus manos.
_ No. Esos libros son para chicas tontas. _Contestó el bielorruso poniendo cierta cara de asco. La verdad es que había leído algunas novelas románticas, pero jamás lo admitiría, él era un hombre y a saber qué pensarían de él si le encontraban leyendo tales cursilerías. _ Quiero salir fuera. Llevo días en la cama sin hacer nada.
_ P-pero no puedes salir aun. Dijo el médico que tenías que estar cuatro días reposando. Y solo han pasado tres. Así que no.
_ ¡Pero quiero salir! ¡Eres una pésima esposa! Deberías hacerle caso a tu marido, es decir, a mí. Todas las demás esposas lo hacen. No me quieres, es eso, ¿a que sí? Por eso no me haces caso.
Helena decidió ignorar esta vez a Nikolai. Se conocía ya de sobra esa estrategia. El bielorruso, cuando quería algo y Helena se lo negaba, empezaba a soltar un discurso sobre lo mala esposa que era, que si no le quería, que si no le hacía caso y un largo etc… Es cierto que a la chica le costó no responderle, pero se aguantó.
Nikolai, tras un par de minutos intentando convencer a la lituana, se dio cuenta de que su táctica no funcionaba, así que decidió probar con una "medida más drástica"
_ Helena… _Dijo esta vez el chico poniendo voz suave y cogiéndola de la mano delicadamente.
_ ¿Q-qué? _Preguntó de nuevo la joven algo extrañada por la actitud que estaba teniendo ahora con ella.
_ Solo serían un par de horas. Es que… Em… quiero ir a pasear contigo. Sí, eso. Quiero dar un paseo contigo.
_ Bueno… Es que no sé… podrías empeorar y… _La lituana tuvo que detener su protesta al ver la mirada que le estaba poniendo su esposo. Era tan dulce… ¿Cómo podía resistirse a esa mirada tan encantadora?
_ ¿Por favor?
_ … Está bien. Supongo que por un par de horas no pasará nada. Pero no iremos muy lejos del castillo, al lago que hay un poco más allá como muy lejos.
Nikolai sonrió victorioso y asintió un par de veces. Tenía que utilizar esa táctica más a menudo para engatusar a la lituana y así conseguir todo lo que él quisiera.
Dicho esto ambas naciones se levantaron de la cama y, tras arreglarse un poco, se decidieron a salir. Si por Nikolai hubiera sido, habría corrido rápidamente hasta el lago, necesitaba estirar las piernas después de todo, pero Helena insistió en ir despacio por si se caía o se mareaba. En opinión de Nikolai, la lituana era una aburrida. ¿Por qué tenía que haberse casado con ella? Él sería muy feliz con Anya. Anya era perfecta en todos los sentidos, al menos para Nikolai, claro…
Mientras estaban caminando por uno de los innumerables pasillos que tenía el castillo, a lo lejos, la lituana vislumbró la figura del caballero que en días anteriores había ayudado a su esposo. Iba acompañado de un joven que tendría más o menos la misma edad que ella. Ahora que estaba más calmada y había tenido tiempo para reflexionar, comprendió que le debía una disculpa. A fin de cuentas había salvado a su amado bielorruso.
Así pues, cogiendo del brazo a Nikolai e ignorando sus réplicas, caminó hacia el caballero hasta que quedó en frente suyo.
_ Oh, buenos días, mi señora. ¿Cómo os encontráis esta mañana?
_ Bien, gracias. Escuchad… quería disculparme por mi pésimo comportamiento. Salvasteis a mi esposo de morir y no supe hacer nada más que gritaros.
_ No os preocupéis, por favor, no tenéis que disculparos de ninguna de las maneras. Yo solo cumplía con mi trabajo.
_ ¿Cómo os llamáis?
_ Andrius.
_ Sir Andrius, el joven que os acompaña es vuestro hijo, ¿verdad?
_ Así es, mi señora, es mi hijo mayor, Darius.
_ Pues en vuestra presencia y en la de vuestro hijo, me inclino en señal de disculpa. _ La lituana hizo entonces una profusa reverencia, ciertamente estaba muy arrepentida.
_ P-pero mi señora… Por favor, no lo merezco, de veras, ya os he dicho que… _Sir Andrius estaba algo avergonzado ya que ningún noble se había arrodillado ante él antes. No sabía muy bien cómo responder ante la acción de la muchacha. _ Está bien, como gustéis, mi señora. Acepto vuestras disculpas, pero por favor, levantaos.
_ Es cierto, mi padre tiene razón, debéis levantaros, vuestra figura, aunque bella de cualquier forma, se vería mucho más hermosa estando de pie. _Añadió el joven mientras agarraba una de las manos de la lituana y la ayudaba a levantarse. _ Es más, si alguien debería inclinarse, esos deberíamos ser nosotros.
_ ¿V-vosotros? ¿Por qué deberíais hacer eso? _Preguntó la lituana un tanto sorprendida al ver cómo el joven la reverenciaba.
_ ¿Por qué? Por haber mostrado amabilidad con mi padre en este momento y… por vuestra persona simplemente. ¿Acaso vuestra belleza no merece mis más elegantes reverencias? Yo creo que sí, mi señora. _Dijo el joven imitando el vocabulario que había usado su padre. El joven era listo, sin duda. Si se ganaba los favores de la chica quizás en un futuro le tuviera como favorito y eso le beneficiaría, sin duda.
_ V-vaya, m-muchas gracias, no sé qué decir en estos momentos. _Dijo la chica harto nerviosa a la par que sonrojada. No estaba muy acostumbrada a tales halagos.
_ Cualquier cosa estará bien, mi señora. Cualquiera de vuestras palabras serán melodiosos cánticos para mis oídos. _Y dicho esto, el joven depositó un pequeño beso en el dorso de la mano de su señora.
Ante esta última alabanza Helena no pudo hacer otra cosa más que soltar una pequeña risita, como a toda mujer la gustaba que le dijeran cosas bonitas y que acompañaran esas hermosas palabras con actos gentiles. Y eso era justo lo que estaba haciendo Darius en ese momento.
Nikolai, el cual se había alejado de los presentes y estaba distraído admirando el vuelo de una mosca que se había colado en el castillo, escuchó esa pequeña risa por parte de su esposa y sus sentidos se pusieron alerta. La lituana solo se reía así con él y no podía hacerlo con nadie más. Cuando prestó atención a su esposa y a los dos hombres que la acompañaban, su mirada se volvió más fría de lo habitual, si es que eso era posible. Caminó con rapidez hasta donde se encontraba Helena, se posicionó detrás de ella y, la abrazó por la espalda con cierto dejo de posesividad tirando de ella hacia atrás, haciéndola retroceder un par de pasos, alejándola del joven que la estaba cortejando. Porque sí, a sus ojos aquello no eran simples adulaciones, era un cortejo en toda regla. Miró con determinación a Darius. Sus ojos se clavaron en él como dos potentes y afilados cuchillos. Era una mirada que inspiraba temor, sin duda.
Darius se levantó y retrocedió un par de pasos posicionándose junto a su padre de nuevo intentando evitar la mortal mirada que le estaba dedicando el bielorruso. Era increíble como un crío al cual sacaba una cabeza, le había intimidado de aquel modo.
_ Sí, sí. Sir Andrius gracias por salvarme y todas las formalidades que se suelen decir en estos casos. Pero ahora MI esposa _Dijo el bielorruso poniendo mucho énfasis en la palabra "mi"_ y yo tenemos que irnos. Así que adiós.
Y así, sin decir una palabra más, agarró a la lituana de la mano y la dirigió hacia la salida. Ni una palabra salió de sus labios hasta que llegaron al lago. La verdad era que aunque Nikolai no amara a la chica, le había molestado de sobremanera que otro hombre la cortejara. Si hubiera tenido con él en ese momento un cuchillo se lo hubiera clavado a Darius entre ceja y ceja. Ella era su esposa, de nadie más. Y lo que era suyo no se tocaba. El niño era muy posesivo y no le importaba reflejarlo en su carácter.
Helena por otra parte estaba muy contenta. ¡Nikolai se había puesto celoso! O al menos así se lo había parecido a ella. Y ya se sabe, los celos son una muestra de amor. Nikolai la quería. Bueno, quizás no tanto, de momento, pero al menos se preocupaba por ella un poco, y eso a ella le bastaba.
Ambas naciones no tardaron más de cinco minutos en llegar al lago. Era un lugar más bien solitario y muy bello, estaba rodeado de árboles de hojas verdes y brillantes, de flores de vivos colores y el agua del propio lago era cristalina y fresca. Un paisaje propio del "locus amoenus", aquel lugar idílico del que tanto hablaban algunos autores en sus poemas.
Helena se acercó al lago y metió una de sus manos en el agua comprobando su temperatura.
_ ¿Nikolai, quieres bañarte? Hoy hace calor y el agua no parece estar muy fría.
_ No me apetece mucho. Es que me da pereza y no quiero mojarme la venda. _Dijo el niño señalando su brazo herido.
_ Oh… pero yo quería que nos bañáramos juntos… ¿Acaso no sabes nadar? ¿Es por eso por lo que no te quieres bañar?
_ ¡Qué bobada! ¡Claro que sé nadar! Ya te he dicho que solo me da pereza. Ve tú, no seas agobiante. _Nikolai finalmente se sentó en la hierba apoyando su espalda contra el tronco de un gran sauce que se alzaba a la orilla del lago.
Helena desistió en sus intentos de convencer al niño y empezó a desvestirse, no iba a bañarse con un vestido hecho de una tela tan pesada como el que llevaba aquel día. Bajo el vestido llevaba una ligera prenda que se asemejaba a un camisón blanco que le llegaba por debajo de las rodillas. Tras esto deshizo el peinado que llevaba aquel día y se lanzó sin dudarlo al agua.
La chica se dedicó a bracear un rato y luego a bucear, intentando probarse a sí misma cuánto tiempo podía aguantar sin respirar bajo el agua. Cuando se aburrió se dedicó a intentar atrapar los pequeños peces que a veces pasaban a su lado. Nikolai, mientras tanto, miraba a la chica y de vez en cuando soltaba una pequeña risa ante los movimientos tan exagerados y las caídas sobre el agua que realizaba Helena intentando capturar los escurridizos peces. La verdad es que era entretenido verla.
_ ¿De qué te ríes? _Preguntó la lituana nadando hasta la orilla, cerca de donde se encontraba Nikolai.
_ De ti. No es que seas muy hábil cazando. _Respondió sin contener la risa el joven.
_ Mira quién fue a hablar. _ Dijo riendo también Helena mientras le salpicaba con el agua un poco.
Nikolai no se quedó atrás y, acercándose al agua, metió la mano que no tenía vendada y la salpicó también. Así estuvieron unos minutos, jugando entre carcajadas, divertidas sonrisas y miradas cómplices con cierto toque de cariño.
Cuando la chica se empezó a quedar fría decidió salir del agua. Pidió a Nikolai que le acercara el vestido que traía para así ponérselo nada más salir del lago y calentarse. Ya se secaría más tranquilamente cuando estuviera en su dormitorio. El bielorruso se puso de pie y sostuvo su vestido esperando a que la chica saliera del agua.
Sin mucho esfuerzo la lituana salió del lago y lo primero que hizo fue escurrirse el pelo.
Nikolai la miró detenidamente notando cómo su cara enrojeció súbitamente y es que la imagen que tenía frente a sus ojos era algo que no había visto nunca.
El ligero vestido que portaba la lituana se había pegado a su cuerpo y, al ser de color blanco se transparentaba en gran medida, dejando a relucir algunas zonas del cuerpo de la chica, como era el caso de sus muslos, su vientre y su pecho. Sin poder evitarlo los ojos de Nikolai se posaron sobre esta última parte del cuerpo de la muchacha.
La redondez de sus formas era de alguna forma atrayente para él, Helena no era ninguna niña, no, era una mujer. No en vano Adán cayó ante la tentación de Eva. Así pensó Nikolai. ¿Cómo no hacerlo si el cuerpo de una mujer era así?
En ese entonces, Nikolai se dio cuenta de que algo en él estaba cambiando. Más en concreto algo debajo de sus pantalones estaba cambiando. Se miró a sí mismo un momento y, al ver este "cambio" que se había producido en su cuerpo, dejó caer el vestido de la lituana rápidamente, dio la espalda a Helena y pasó a estirar su camisa intentando cubrirse. Aquel pequeño "accidente" podía notarse bajo sus pantalones. En ese momento maldijo a Jánica por obligarle a vestir ropas elegantes y ajustadas.
_ ¿Nikolai? ¿Por qué tiras mi vestido? _Preguntó Helena un poco molesta sin darse cuenta de lo que pasaba. Ella misma no se daba cuenta de la reacción que la visión de su cuerpo semi-expuesto había producido en su esposo.
_ P-p-por nada. Me voy a casa. _Contestó el bielorruso tartamudeando de puros nervios, esto no sucedía muy a menudo.
_ ¿Eh? Pero espérame, ¿no?
_ ¡N-no puedo!
Y dicho esto el bielorruso corrió lo más rápido que pudo hacia el Castillo Real dejando a una muy confusa Helena en el lago.
Nikolai corrió y corrió hacia los establos, estaba claro que no entraría al castillo. ¿Qué diría si alguien notaba lo que le había pasado? No, no podía arriesgarse a exponerse de aquella manera. Se escondió en uno de los compartimentos vacíos (probablemente era del caballo que habían usado Dmitri y Jánica para salir aquella mañana a la ciudad) y se sentó abrazándose a sí mismo esperando a que aquello pasara.
Al cabo de unos cinco minutos Dmitri llegó a los establos. Llevaba a uno de los caballos a su compartimento correspondiente. Jánica se había negado a pisar aquel "sucio lugar", como lo llamaba ella. Para su sorpresa encontró a su hermano abrazándose a sí mismo y con sus manos cubriendo su cara murmurando frases como: "Baja de una vez, baja de una vez… ¡Baja de una vez, maldita sea!"
_ ¿Nikolai, qué haces aquí? _El niño dio un respingo al descubrir a su hermano e instintivamente tiró aún más de su camisa. Su cara reflejaba auténtico pánico, algo que preocupó a Dmitri. _ ¿Te pasa algo?
_ ¡No! ¡No me pasa nada, ahora vete, vete, vete!
_ No me voy a ir, algo te pasa y no me lo quieres contar. ¿Por qué no se lo quieres contar a tu hermano mayor? ¿Es que no me tienes confianza? ¿No me digas que no me quieres? _Dijo el ucraniano algo asustado ante la idea de que su precioso hermano menor le odiara o algo así por no haberle salvado del oso.
_ ¡Que no es eso! ¡T-tú solo vete!
_ Oh, dios mío. A-ahora tartamudeas. ¿Qué te ocurre, Nikolai? _Preguntó el chico agarrando a su hermano menor y alzándole un poco. Como era de esperar Nikolai empezó a revolverse.
_ ¡Suéltame, no me mires!
_ ¿Qué no te mire dices…?
Ahora fue cuando Dmitri lo comprendió todo. La cara roja de su hermano, su insistencia para que se fuera, para que no le mirara… Su hermano ya era todo un hombrecito.
Nikolai se dio cuenta de que su hermano había notado su "accidente" y, tras revolverse con algo más de brusquedad consiguió soltarse y volvió a cubrirse.
_ ¡Te dije que no me miraras!
_ ¿Cómo te ha pasado eso? ¿Qué estabas haciendo? _Preguntó Dmitri intentando contener una pequeña risa.
_ ¡No estaba haciendo nada! Estaba con Helena y me pasó eso.
_ Con Helena dices… O-oh, bueno, estáis casados, debí imaginar que ya… ejem… _Ante la cara de incomprensión que estaba poniendo Nikolai su hermano decidió indagar más en el asunto por si no era lo que estaba pensando en ese momento. _Estabas con Helena y qué pasó.
_ ¡Y yo qué sé! Que se estaba bañando y… salió del agua y… e-el vestido que llevaba se le pegó al cuerpo y la vi. Y no podía dejar de mirarla y... me pasó eso. _Argumentó el pequeño bielorruso cruzándose de brazos y volviendo a enrojecer. No quería hablar de esos temas con su hermano. Bueno, ni con su hermano ni con nadie.
_ ¡Ah! Ya lo comprendo. _Dijo dando un pequeño suspiro de alivio el ucraniano. Era cierto que a esas edades ya era normal mantener relaciones carnales, más aún si se estaba casado, pero a sus ojos Nikolai siempre sería un niñito pequeño e inocente. Aunque lo de inocente se lo tendría que empezar a replantear. _ Y… ¿esto te había pasado antes?
_ Mmm… alguna vez… pero fue sin querer, y se me pasó más rápido que ahora. Ahora… está tardando, ¡no se baja!
_ Créeme que se acabará bajando. _Dijo riendo el mayor. _ Tú no te preocupes.
_ Si tú lo dices… Pero vete ya. Déjame solo de una vez.
_ Vale, vale. Ya me marcho… _Pero justo antes de irse, se lanzó a darle un abrazo a su hermano menor. _¡Ya eres un hombre hecho y derecho! ¡Estoy orgulloso de ti!
_ ¡QUE TE VAYAS!
Y con ese pequeño e insolente grito por parte del bielorruso Dmitri abandonó los establos mientras se iba riendo para sus adentros. ¡La pubertad, divino tesoro, sin duda!
