Capítulo 5: Pequeñas y sabias enseñanzas
Dos días.
Solo quedaban dos días para celebrar la boda del siglo, aquella de la que todo el reino estaba hablando sin cesar. En cada calle, en cada tienda, en cada plaza… Siempre había alguien comentando lo entusiasmado que estaba por la celebración que se produciría en apenas un par de días.
Y no solo hablaban con emoción los nobles que habían sido invitados a la ceremonia, no, también los campesinos parecían bastante contentos, pues tendrían la ocasión de ver engalanado el castillo, de ver llegar lujosas carrozas que venían de varios países, de ver toda su ciudad decorada con banderitas de diferentes colores, de escuchar música en cada una de las plazas de la capital animando así a las gentes… Sería como un opulento e importante festival de calle al que todo el mundo podría asistir.
En definitiva, en el ambiente se podía palpar todo el nerviosismo de los ciudadanos. Ciudadanos y empleados del castillo. Pero estos últimos más que sentir nervios debido a la alegría de ver una gran boda, sentían nervios por si algo salía mal. Ellos eran los encargados de preparar todo lo necesario para que cada pequeño detalle de la ceremonia fuera perfecto. Si esto no era así… Ya podían prepararse para una buena bronca por parte de la polaca.
Así pues se podía ver a varias criadas, armadas con escobas, trapos y cubos llenos de agua, limpiando cada rincón del castillo, quitando el polvo a las cortinas y tapices y sacando brillo a toda la cubertería. Los jardineros se encontraban en el exterior del castillo recortando los setos, plantando bellísimas flores, arrancando las malas hierbas y asegurándose de que las fuentes exteriores funcionaran perfectamente. Finalmente, el resto de los sirvientes se encargaban de corretear por la ciudad buscando las mejores frutas, la carne de mejor calidad, el pescado más fresco… Todos los alimentos tenían que ser los más exquisitos ya que con ellos se prepararía el banquete de la ceremonia.
Movimiento y caos por toda Polonia y Lituania, pero sobre todo, en el Castillo Real de Varsovia. Al menos en la mayoría de las estancias, pues no ocurría esto mismo en el Gran Salón Blanco.
El Gran Salón Blanco. Una espaciosa estancia con suelos de mármoles traídos desde la mismísima Italia, columnas hechas de materiales que se asemejaban al cristal, de bellos capiteles decorados copiosamente y paredes pintadas de un blanco impoluto, solo mancillado por los numerosos cuadros y retratos que ornamentaban las mismas. Estos cuadros inspiraban tranquilidad. Bellos paisajes de flores azuladas y violáceas, árboles de grandes y brillantes copas, damas de vestidos vaporosos jugando animadamente en un riachuelo mientras eran alegremente perseguidas por sus jóvenes amados. Una habitación perfecta, idílica, pacífica...
Bueno, realmente no todo era tan pacífico.
_ ¡Jaque Mate!
_ ¡Polonia, que eso no lo puedes hacer!
Jánica y Helena se encontraban jugando al ajedrez en la estancia, rompiendo esa aura de tranquilidad angelical debido a los griteríos de victoria por parte de la primera y a las quejas de la segunda. Siempre ocurría esto cuando ambas chicas jugaban a juegos de mesa.
_ ¿Cómo que no? Si muevo esta pieza aquí te gano, ya lo has visto, querida.
_ El caballo solo puede moverse en "L", así que no puedes hacer ese movimiento, por lo tanto... ¡gano yo! _ Exclamó bastante contenta la lituana mientras movía su reina con rapidez. En efecto, con ese movimiento conseguía la victoria.
_ ¿Ah sí? Pues... ¡Pondré en marcha la ley de Polonia! _Y dicho esto Jánica comenzó a coger las piezas del tablero y a tirarlas por el aire mientras reía ante la asombrada mirada de su amiga. _ ¡Ya está, gano yo! ¡Sí!
_ P-pero, eso no... _Helena suspiró con resignación y acabó por negar un par de veces con la cabeza. _En fin, dejémoslo...
La lituana entonces se agachó para recoger una de las piezas que habían caído al suelo y que había quedado cerca de ella, pero antes de que pudiera atrapar la figura, que casualmente era la de la reina, una mano se le adelantó.
_ Mi señora, se os ha caído esto.
Darius, el joven hijo del caballero que había rescatado a Nikolai, le ofreció la pieza a la muchacha mientras sonreía con suavidad.
_ O-oh, gracias, em... perdón, ¿me podríais repetir vuestro nombre? _ Preguntó algo avergonzaba la chica incapaz de recordar el nombre del joven. Pensó que era una grave afrenta el que no se acordara del nombre del chico y eso la puso nerviosa.
_ Darius, mi señora. _Respondió riendo ligeramente el chico.
_ ¿Sois caballero como vuestro padre?
_ Así es, recientemente se celebró mi nombramiento debido a los logros que conseguí al luchar en nuestra última batalla contra uno de los ejércitos de La Orden Teutónica.
_ Ya veo, entonces seréis Sir Darius. Lamento no haber podido amenizar vuestro nombramiento... Sé que es mi deber asistir a este tipo de eventos, pero como habéis podido ver la ceremonia de casamiento me ha tenido ocupada…
_ ¡No, mi señora, por favor, no os aflijáis! _ Exclamó Darius fingiendo cierto dramatismo mientras cogía sutilmente la mano de Helena. _ Solo soy un peón en esta partida de ajedrez que es la vida mientras que vos sois una reina. Entiendo que no merezco ni una pizca de vuestra atención. Con esta pequeña conversación que estoy teniendo ahora con vos ya puedo ser feliz por el resto del día.
Y pronunciadas estas bellas palabras depositó un pequeño beso en el dorso de la mano de la chica.
_ Ahora, mi señora, aunque adoro admirar vuestra sonrisa, deleitarme con vuestra bella mirada y complacerme con el sonido de vuestra melodiosa voz, he de retirarme pues me aguardan varios quehaceres por realizar. _Darius entonces realizó una reverencia a las dos damas y salió del salón.
Jánica se encontraba muy sorprendida, no podía creer lo que acababa de ver. Tal era el punto de su asombro que tenía la boca entre abierta. Cuando salió de su pasmo, se acercó a su amiga y le regaló una pícara sonrisa mientras levantaba una de sus cejas.
La lituana por otra parte se encontraba sonrojada a más no poder, no había podido pronunciar ni una sola palabra ante los hermosos halagos que le había dirigido el joven. Solo había podido quedarse estática, mirar al joven con sus ojos abiertos como platos y dejarse besar la mano. Cuando se dio cuenta de que Jánica había avanzado hasta quedar a su lado y de la mirada que la estaba dando se extrañó un poco.
_ ¿Q-qué pasa?
_ ¿Cómo que qué pasa? Helenita mía, ¿quién es ese chico tan guapo, eh? ¿Algún... amante? La verdad, no me extrañaría nada que lo fuera, como que, con el maridito que tienes... Es obvio que lo necesitas. _Comentó riendo la polaca.
_ ¡C-claro que no es un amante! _Exclamó Helena ante la osadía de las palabras de su amiga mientras cubría sus mejillas con sus manos intentando así disminuir el rubor que portaba.
_ Pues lo parecía por la cursilería de sus palabras. ¡Está claro que te estaba cortejando!
_ ¡N-no lo hacía! Solo estaba siendo amable. Toda la gente de mi corte lo es conmigo, no hay que darle mayor importancia al asunto. Es mera apariencia.
_ ¡O sea, es que estás ciega o qué! ¡Te cortejaba! Oh, espera un momentito... No me digas que no lo admites porque... te gusta. _Dijo con malicia la chica.
_ ¡No! _Exclamó la lituana ya levantándose de su asiento y mirando con determinación a la rubia. _ ¡No me gusta, yo amo a Nikolai! Él es el único en el que pienso día y noche, adoro a cada minuto y venero con toda mi alma. Y por supuesto, el único por el que me dejo cortejar.
_ Si es que te cortejara alguna vez, claro... _Añadió Jánica haciendo un gesto aburrido con la mano. Bien era sabido por todos que el bielorruso de romántico no tenía ni un pelo.
Helena frunció el ceño al escuchar esta última declaración, tiró con fuerza al suelo la pieza que le había recogido del suelo Darius y se marchó de la sala muy enfadada. ¿Quién era ella para inmiscuirse en su relación matrimonial? ¿Quién era ella para juzgar si Nikolai la cortejaba o no? ¡Nadie! ¡Absolutamente nadie! Era cierto que las palabras del joven caballero le habían emocionado, a fin de cuentas no muchos chicos exaltaban su belleza con tal fervor, mucho menos Nikolai, pero aún con todo nunca pensaría en serle infiel, no, aquella idea era totalmente descabellada.
Jánica simplemente hizo rodar los ojos al ver el enfado monumental que ahora presentaba la lituana. No había dicho aquellas palabras con mala intención, simplemente quería divertirse un rato, pero Helena siempre se tomaba todo demasiado a pecho, sobre todo si el asunto se trataba de Nikolai.
No podía dejar las cosas así, apreciaba demasiado su amistad con la chica para permitir un enfado por a saber cuánto tiempo y a tan solo dos días de su boda. El día de la ceremonia debía ser feliz y con Helena enfadada estaba segura de que no podría suceder esto. Así pues, salió corriendo hacia donde se había dirigido Helena y, por fortuna, no tardó más que unos segundos en alcanzarla.
_ ¡Espera, Helena, espera! _La lituana se detuvo al escuchar que la llamaban y se giró para ver qué quería ahora su molesta amiga polaca, pero antes de poder pronunciar una palabra sintió cómo Jánica la rodeaba con los brazos sumiéndola en un fuerte abrazo. _Venga, no te enfades, que lo decía en broma, mujer.
_ No me gustan esa clase de bromas, Jánica…
_ Ya, ya, el tema "Nikolai" está vetado, lo sé. Pero no nos vamos a enfadar a dos días de nuestra maravillosísima fiesta, ¿verdad? _ Helena hizo rodar los ojos aún no muy contenta con lo que había dicho la polaca hacía un rato. _ Que sepas que, como sigas frunciendo el ceño así, te van a salir muchas arrugas y luego ya sí que ni Nikolai ni ningún hombre te querrá.
Ante este pequeño dato y con la mirada de arrepentimiento que parecía estar dándole la polaca, la lituana no pudo evitar soltar una pequeña risita, no era muy dada a enfadarse por largos periodos de tiempo. Jánica y sus consejos sobre belleza. Puede que la muchacha no estuviera muy puesta en otras materias, pero en el cuidado del cuerpo era una experta. Helena comprendió entonces que Jánica no había dicho aquellas palabras con maldad, simplemente quería jugar un rato con ella y picarla, cosa que le había encantado hacer desde que llegó a su casa. Si lo hubiera hecho con intenciones hirientes ahora mismo no la estaría abrazando y pidiéndola disculpas. Bueno, no es que la hubiera dicho "perdón" explícitamente, pero para Jánica aquellos gestos y pequeñas bromas eran su manera de pedir disculpas, así que estaba bien.
_ Está bien, está bien. No me enfado.
_ ¡Eso es, eres, como que, súper genial, Helenita! _Tras cantar victoria, Jánica le dio un pequeño beso en la mejilla a la lituana en señal de cariño y la liberó de su abrazo. _ Escucha, ahora que estamos hablando de la boda y demás…
_ ¿Y cuándo no estamos hablando de la boda? Si es de lo único que sabes hablar. _La interrumpió Helena volviendo a reír ligeramente.
_ Ja, ja. Qué graciosa. No hace falta que te diga que soy muy interesante y que puedo hablar de muchos temas. Pero en fin, no voy a discutir ahora eso contigo. _Se intentó excusar la polaca, la verdad era que en esa última semana la palabra que más había pronunciado había sido "boda", pero jamás lo admitiría delante de Helena. _ Ahora escucha. Deberíamos ir a preguntar a alguna de nuestras damas de compañía o incluso a alguna sirvienta si todo marcha correctamente. No me acabo de fiar de las criadas, tipo que, seguro acaban estropeando o fastidiando algún preparativo de la ceremonia. Mejor vamos a supervisarlo todo.
_ Hay que ver lo que te gusta estar al mando. _Comentó la lituana mientras emprendía su viaje hacia las cocinas junto con la rubia. Suponían que allí habría alguien que les supiera contestar sus dudas.
_ Si no lo estoy yo, ¿quién iba a estarlo? _Preguntó retóricamente y con orgullo la rubia.
No tardaron más que un par de minutos en bajar a las cocinas del castillo y cuando llegaron allí la sorpresa que se llevaron fue monumental. La cocina estaba atestaba de gente moviéndose de un lado para otro sin parar, de forma rápida y con cierto dejo de nerviosismo. Los cocineros sudaban como locos ante el calor de los fuegos, las sirvientas portaban en sus manos ostentosas bandejas con diferentes tipos de alimentos, algunos trabajadores del castillo descargaban de su espalda enormes sacos de patatas, zanahorias y otras hortalizas… Aquello parecía el mismísimo infierno.
_ ¡Mis señoras! ¿Qué hacéis vosotras aquí? No es lugar para damas de vuestra casta. _Preguntó una de las damas de compañía de la polaca al ver a las dos niñas paradas como estatuas en la cocina, la verdad es que aquel revuelo les había dejado de piedra, mas Jánica salió rápido de su estado de shock y miró con determinación a su dama.
_ Hazme un resumen del panorama en general, rapidito. _Exigió como haría toda buena gobernante.
_ O-oh, pues… todos los productos que se van a usar para la elaboración de los platos que vos mandasteis para el menú de mañana están listos. Ahora mismos están siendo lavadas las frutas y verduras, recientemente han traído la carne y pescado y están siendo cortados por los mejores cocineros.
_ Bien, y no sabrás por casualidad si han llegado más respuestas de los invitados confirmando su asistencia a la boda, ¿verdad?
_ ¡Sí! Recientemente nos llegó una carta de Estonia. Asistirá junto con Letonia.
_ Perfecto, todo va justo como lo había planeado. _Dijo Jánica con soberbia mientras colocaba las manos sobre sus caderas.
_ ¡Señorita Jánica, señorita Helena! _ Exclamó apareciendo de repente otra de las damas de compañía. Esta tenía la cara totalmente roja y parecía estar sin aliento, debía haber estado corriendo. _ Os he estado buscando por todas partes…
_ ¿Q-qué ocurre? ¿Ha pasado algo malo? _Preguntó algo asustada Helena al ver el estado de su dama de compañía.
_ Oh, no, no ha pasado nada malo. Simplemente quería saber qué clase de sábanas de cama ibais a querer portar para el día de la boda.
_ ¿Sábanas para la cama?
_ Sí, señorita Jánica. Quería ir a recogerlas hoy mismo a la tienda. La sábana que cubre el colchón ha de ser blanca, como es natural, pero me preguntaba qué colores os gustarían para el resto de la ropa de cama.
_ ¿Por qué iba a ser importante eso? Da igual, ¿no? O sea, nadie va a exhibir las prendas de mi cama por el castillo, ¿verdad? _Preguntó Jánica un tanto desconcertada mientras elevaba una ceja.
_ P-pero señorita, claro que es importante. ¡Serán las sábanas que usará para su noche de bodas!
_ ¿N-noche de bodas? _Preguntó esta vez la lituana con cierto temor en su voz. Había oído hablar de aquella noche a alguna de sus sirvientas y parecía ser algo de vital importancia, lo cual la ponía extremadamente nerviosa.
_ ¡Claro! La noche en la que el esposo y la esposa se unen carnalmente, jurándose fidelidad eternamente. _Dijo con cierto dejo de romanticismo la dama. Aunque de romántico esto tenía bien poco, o al menos así se lo parecía a las dos niñas, las cuales habían empezado a asustarse.
_ ¿Y es o-obligatorio? _Esta vez a quien le temblaba la voz era a Jánica. Ya tenía que estar muy asustada como para tartamudear.
_ Bueno… Yo no he asistido a ninguna boda en la que después no haya habido encamamiento, así que supongo que es obligatorio, sí. Pensad en esto como una especie de ritual. Es algo maravilloso, pues, como he dicho, se consuma el matrimonio y la novia puede probar su pureza. ¡Es algo muy emocionante! Por eso hay que ser cuidadosos en cada detalle, porque vais a recordar cada mínimo elemento de esa noche. _Dijo la dama sonriendo ampliamente. _ Aunque bueno, señorita Helena, vos ya sabréis de qué trata todo esto pues ya estáis casada con el señorito Nikolai, ¿no es así?
_ P-pues… y-y-yo…
_ ¡Espera, espera, espera! _Interrumpió Jánica de repente haciendo aspavientos con los brazos de una manera totalmente exagerada. _ ¡Exijo que me expliques bien qué es eso de unirse carnalmente! ¿¡Q-qué significa eso!?
_ ¿Qué emoción ni qué paparruchas? _Dijo de mala gana Ona, la dama de compañía más anciana de la lituana. Había decidido meterse en la conversación pues pensaba que todo lo que se estaba diciendo eran bobadas. _ Yo os diré lo que significa, niña. Simplemente significa que te desnudas, te tumbas en la cama, te abres de piernas, dejas que tu marido se ponga sobre ti y aguantas.
Ante estas tajantes declaraciones Helena y Jánica sintieron todo su cuerpo tensarse, el pelo de sus nucas se había erizado debido a la impresión y sus piernas empezaron a temblar. Ambas muchachas se miraron con terror absoluto y salieron de la cocina sin volver a mencionar una palabra sobre el asunto.
Mientras tanto en las afueras del castillo, Dmitri se encontraba blandiendo una espada y realizando algunos trucos con ella: Lanzarla al aire para luego cogerla, girarla sobre una mano con gran maestría, dar un par de golpes rápidos en el aire… Ciertamente el ucraniano no tenía ningún problema en el manejo de esta arma, sin embargo pocas veces exhibía su destreza. Solo hacía esto cuando estaba nervioso y vaya si aquel día lo estaba. Su boda era en dos días y con ella, su pérdida de libertad total y absoluta. Esto era lo que más le tenía preocupado. Bueno, esto y tener que aguantar a Jánica por a saber cuánto tiempo.
Dmitri hacía todo lo que podía para alejar estos malos pensamientos de su cabeza. Se centraba en el movimiento de su espada, se repetía a sí mismo una y otra vez que era por el bien de su gente, que no iba a pasar hambre, que podría ver a su hermano menor todo el tiempo que quisiera… Sin embargo los oscuros pensamientos volvían a crecer como ajenjo en su mente.
En esto, oyó a lo lejos el trote de un caballo. Se acercaba al castillo rápidamente. El chico se dirigió hacia la entrada principal y allí se encontró con el jinete que cabalgaba el caballo. Parecía ser extranjero y un poco perdido.
_ ¿Os puedo ayudar? _Preguntó Dmitri amablemente al hombre.
_ Em… ¡Sí, creo que sí! ¿Es esta la residencia de un tal… Dmitri Chernenco(*)?
_ Soy yo. _Respondió intrigado el chico.
_ ¡Oh, sois vos! Traigo un paquete. _Dicho esto, el jinete sacó de una bandolera que llevaba un pequeño paquete que tenía forma rectangular. Estaba envuelto torpemente en papel de papiro, algo tosco y agrietado.
_ ¿Quién me lo envía?
_ Lo siento, pero mi señor me ha prohibido desvelar su nombre. Dijo que vos sabríais de quién se trataría en cuanto abrierais el paquete. _Dicho esto el mensajero volvió a montar en su caballo, se despidió del ucraniano y cabalgó en la misma dirección en la que había venido.
El ucraniano, totalmente intrigado, agitó el paquete un par de veces cerca de su oído, pero no parecía moverse nada, así que supuso que se trataría de algún objeto compacto. Finalmente se decidió a abrirlo. Retiró el papel con bastante descuido y, para su sorpresa, descubrió que lo que le habían enviado era un libro. El libro en cuestión no estaba en su idioma. Ni en su idioma ni en ninguno que él conociera, sin embargo la escritura se le hacía conocida. Por fin lo abrió y curioseó su contenido, pero al ver las imágenes de la primera página cerró el libro rápidamente.
El libro contenía nada más y nada menos que imágenes eróticas de hombres y mujeres realizando actividades "íntimas" en varias posiciones y, al parecer, con amplias explicaciones bajo las imágenes narrando cómo poder disfrutar por completo de aquellas extrañas posturas. La cara de Dmitri había adquirido un muy notable sonrojo. Sin embargo su curiosidad masculina pudo con él y volvió a ojear el libro, no sin antes asegurarse de que no había nadie a su alrededor que pudiera descubrirle mirando esa clase de libros infames.
Tras mirar las imágenes aún sin salir de su asombro y sintiendo cómo sus mejillas aún portaban un color rojizo, notó que entre una de las páginas había una pequeña nota.
"Para que aprendas, mi Príncipe"
Mi Príncipe. Solo había una persona que él conocía que le llama de esa manera: Dilara.
Debió suponerlo. ¿Quién sino que ella le enviaría esa clase de regalos tan… tan… poco apropiados? Dmitri volvió a cerrar el libro y negó un par de veces con la cabeza procurando borrar aquellos dibujos de su mente. Bueno, aquellas imágenes no habían sido tan malas, al menos había dejado de pensar en la boda.
Decidió que ese libro no debía encontrarlo nadie, así que lo escondió bajo su camisa procurando que no se notara en demasía que lo llevaba y entró en el castillo procurando caminar rápidamente hacia la Sala de Armas. Solo los caballeros entraban allí, si ellos lo encontraban tampoco es que pasara nada. El problema era si lo encontraba Jánica. Seguro que se ponía echa una fiera y exigiría saber de inmediato quién difundía esa clase de literatura en sus dominios. Sería un auténtico caos…
Mientras iba pensando en la posible reacción de Jánica, sin querer chocó contra alguien.
_ ¡Auch! ¡Dmitri, idiota, mira por dónde vas! _Exclamó el pequeño bielorruso recuperándose del choque que había tenido con su hermano mayor.
_ ¡A-ah! Perdona, Nikolai. Es que… no te he visto, como eres tan bajito… _Comentó riendo ligeramente el ucraniano mientras revolvía con una mano el pelo del niño.
_ ¡Aún tengo que crecer! ¡Déjame en paz! _A Nikolai le molestaba de sobremanera que le dijeran que era bajito, no lo era tanto, lo que pasaba era que Dmitri era excesivamente alto. En esto, el niño pudo vislumbrar la figura del libro sobresaliendo ligeramente por debajo de la camisa de su hermano mayor. _ ¿Qué llevas ahí?
_ ¿E-eh? ¿Dónde? _Dmitri entonces se miró a sí mismo y descubrió que el libro se veía un poco. No tardó ni dos segundos en volverlo a esconder, aunque ya era muy tarde. Nikolai lo había visto. _N-no llevo nada.
_ He visto que has escondido algo. ¿Es el diario de Jánica? ¡Enséñamelo! Quiero reírme un rato de ella.
_ ¿El diario de Jánica? C-claro que no es eso. ¿Quién lee el diario de otra persona? _El bielorruso levantó la mano sin sentir ninguna culpa. Él solía leer el diario de la lituana, pero no solía decir nada interesante. En la mayoría de las páginas solo hablaba de lo guapo que era él y demás. _Eso no se hace Nikolai, yo no te eduqué para que te comportaras así…
_ Sí, sí, qué más da. _Interrumpió el niño queriendo evitar uno de los ya tan conocidos sermones de Dmitri. _ Si no es el diario de Jánica, ¿entonces qué llevas?
_ N-nada…
_ Dmitri. O por las buenas o por las malas.
Dmitri no dijo nada, simplemente salió corriendo dejando a su hermano menor con la palabra en la boca. Tenía que evitar que Nikolai cogiera el libro pues si veía aquellas imágenes tendría que explicarle en qué consistían las relaciones carnales entre un hombre y una mujer y no creía que estuviera preparado para explicar esas cosas a un niño.
Nikolai no tardó mucho en perseguir a su hermano, sin embargo, esta persecución no duró más que unos segundos pues el bielorruso era muy rápido alcanzó a su hermano mayor enseguida. Se abalanzó sobre él placándole y le tiró al suelo. Rápidamente metió las manos por dentro de la camisa del ucraniano y consiguió arrebatarle el libro, pero Dmitri fue rápido también y lo agarró por el otro extremo.
_ ¡N-Nikolai, suéltalo! ¡Son cosas privadas!
_ Los hermanos no deben tener secretos, así que me lo vas a enseñar quieras o no.
_ ¡Q-que no!
_ ¡Que sí!
Y, tras forcejear un poco, el libro salió volando por los aires cayendo finalmente en el suelo. Nikolai dejó a su hermano en paz y cogió el libro a toda velocidad. Su reacción fue instantánea: Las mejillas totalmente rojas al ver las imágenes y abrió la boca ante el asombro general.
_ ¿Qué hacen este hombre y esta mujer? ¿Por qué están desnudos? ¿Por qué el hombre está encima de la mujer? ¿Por qué hay un hombre rodeado de varias mujeres? ¿Por qué hay una mujer arrodillada frente a un hombre? ¿Por qué la mujer ha cogido la cosa del hombre? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué?
Ahí estaban. Las miles y miles de preguntas que Dmitri sabía que llegarían si el bielorruso veía el libro. Maldijo a Dilara por enviarle aquel regalo tan a la ligera. Se frotó el puente de la nariz y suspiró mientras sus oídos seguían escuchando los cientos de "¿por qué?" que recitaba el bielorruso a toda velocidad mientras señalaba las imágenes en el libro.
Iba a darle la tan temida charla cuando dos guerreros aparecieron en escena.
_ ¿Qué es todo este alboroto, muchachos? _Preguntó uno de los guerreros mientras le arrebataba el libro a Nikolai. _¡Vaya, vaya! ¡Pero mira lo que tenemos aquí!
_ ¿El qué? _El otro guerrero miró el libro y rápidamente sobre su rostro se formó una pícara sonrisa. _¡Pero si es un libro de esos! ¡Déjamelo ver!
_ No sabía que tuvierais edad suficiente para poder fornicar a una mujer. _Dijo el guerreros con total tranquilidad.
Dmitri enrojeció aún más y cubrió su cara con sus manos. Ahora su hermano haría más preguntas aún. Aunque… bien mirado… Si eran los guerreros los que le explicaban a Nikolai cómo se realizaba aquello… Él se libraría de darle la charla. Así que dejó a los guerreros hablar.
_ ¿Forni qué? _Preguntó Nikolai totalmente confuso.
_ ¿¡No sabes lo que es fornicar!? _Carcajeó fuertemente uno de los guerreros. _¡Pero si tú ya estás casado con la chiquilla morena esa!
_ ¿Y qué? _Peguntó esta vez el bielorruso cruzándose de brazos. Estaba claro que se estaba riendo de él debido a su ignorancia.
_ Dios, es cierto que no sabes lo que es. _El guerrero en cuestión se limpió una lágrima que se le había escapado al reír con tanta intensidad. _ Yo te lo explico chico. No sufras. Bueno, a los dos, porque supongo que tú tampoco tienes ni idea, ¿verdad, rubio?
_ N-no, yo… no sé nada de nada. _Mintió Dmitri claramente nervioso. Mentía de pena.
_ Bien. Cuando un hombre y una mujer se atraen…
El guerrero comenzó su explicación. Fue directo al grano pues el primer gesto que hizo fue posicionar los dedos índice y pulgar de su mano derecha como si fueran un 0 y luego extendió el dedo índice de su mano izquierda. Entonces introdujo el dedo índice en el interior del 0 que había formado con su mano derecha y comenzó su explicación. Ayudándose de las imágenes del libro de Dmitri, le fue explicando al bielorruso cada uno de los pasos que debía seguir para cuando estuviera a solas con Helena. Con todo lujo de detalles e información.
Cuando acabó su exposición, Nikolai acabó con una mirada de terror en el rostro. Todo su cuerpo se había quedado petrificado debido al "pequeño trauma" que había cogido al escuchar aquello. Y sus mejillas habían adquirido un rubor de una tonalidad intensa.
Los guerreros rieron ante la expresión del niño, devolvieron el libro al ucraniano y se marcharon.
Dmitri miraba con cierta tristeza a Nikolai. El que se hubiera enterado de aquella manera tan brusca no había sido nada bueno. Además, los guerreros habían explicado todo de una manera demasiado ruda, áspera y grosera. Las cosas, por lo que él había experimentado con Dilara, no eran así. La turca se lo había explicado todo mucho más sutilmente, de una manera mucho más romántica… Había sido todo muy distinto.
_ ¿Voy… voy a tener que hacer eso con Helena? _Preguntó tímidamente Nikolai saliendo poco a poco de su estado de shock. Dmitri colocó una mano en el hombro del niño intentando reconfortarle.
_ Sí, pero no te preocupes. No es tan brusco como han dicho ellos. Es agradable.
_ ¿Ah sí? ¿Y cómo lo sabes? ¿Lo has hecho ya con Jánica?
_ ¿Q-qué? ¡No!
_ Pues con otra que no es Jánica entonces.
_ ¡Q-que no! ¡Y-yo no lo he hecho con nadie! Pero… digo yo que… si todo el mundo lo hace no debe ser tan malo. Además, esos guerreros solo se estaban burlando de ti. D-digo de nosotros. Seguro que lo han exagerado todo. _Nikolai simplemente bajó la mirada al suelo y se encogió de hombros, no estaba nada seguro de la explicación de su hermano. _Tú tranquilo. Ahora vayámonos, hay que esconder este libro antes de que lo vea Jánica.
Dicho y hecho. Dmitri y Nikolai marcharon hacia la sala de armas y escondieron el libro entre las las viejas armaduras que ya apenas se utilizaban. Tras subieron al piso donde se encontraban los dormitorios.
Por el camino y por pura casualidad, los dos chicos se encontraron con Jánica y Helena, las cuales aún seguían en las mismas. De este modo, cuando las cuatro naciones se vieron, se pararon en seco y pusieron miradas que inspiraban de todo menos tranquilidad. El ambiente entre ellos era muy tenso...
_ ¡B-bueno! Yo me voy a descansar un rato. Como que, tengo mucho que pensar sobre la boda y me gustaría estar a solas. Así que... adiós. _Jánica fue la encargada de romper este aura de silencio y, tras decir estas palabras, se encerró en su dormitorio no dejando pasar ni tan siquiera a su prometido. La verdad es que deseaba estar sola y pensar en las palabras de Ona, en cómo afrontaría su noche de bodas y de más. Debía tranquilizarse pues aquella situación la superaba y por mucho.
_ Mmm... Yo me voy a dar una vuelta con los caballos, ha sido un día muy ajetreado y también necesito relajarme. _Dmitri se despidió amablemente de su hermano y de Helena y se dirigió hacia los establos. Iría a ver a Dilara y a echarle una bronca monumental por haberle enviado aquel libro.
De este modo, Nikolai y Helena se quedaron solos en el pasillo. Nikolai no era capaz de sostener la mirada a Helena, pues no podía dejar de pensar en las cosas que tendría que hacer con ella en dos días.
_ N-Nikolai _Comenzó a decir la lituana rompiendo el incómodo silencio que se había formado entre ellos dos. _ H-hay algo que quiero enseñarte.
_ ¿E-el qué? _Nikolai preguntó extremadamente nervioso. ¿Cómo no estarlo después e la charla que había tenido que aguantar por parte de los guerreros?
_ Tú ven.
La lituana le cogió de la mano no esperando respuesta alguna por parte del bielorruso y le llevó hasta el dormitorio principal a paso ligero. A cada paso que daban, el corazón de Nikolai latía con más y más nerviosismo. Y qué decir cuando llegaron a la habitación. La sola imagen de la cama matrimonial hacia que le temblaran las piernas. No estaba preparado para hacer lo que se suponía que debía hacer, no, definitivamente no.
Por otro lado Helena poco pensaba ya en este asunto. Ella estaba nerviosa también, sí, pero por otra razón. Revolvió entre los cajones de la cómoda de su cuarto hasta que por fin encontró lo que buscaba. Lo cogió y se lo tendió al chico.
_ T-toma. Espero que te guste...
Nikolai tomó de las manos de la chica lo que en apariencia parecía ser algún tipo de manta o algo similar, sin embargo, cuando estiró la tela, pudo vislumbrar algo mucho más impresionante que una mera manta.
Se trataba de una capa de terciopelo de la más alta calidad en color azul marino y negro, ornamentado en los bordes de la misma con pequeñas figuras hechas de hilo de oro. Todo estaba perfectamente cosido, no había ni un solo error en los patrones, ni un hilo se salía de su sitio... Además, el tacto de la capa era extremadamente suave y parecía cálida.
Nikolai se emocionó hasta el extremo de que se le olvidó la conversación que había tenido con los guerreros momentos anteriores ante la visión de aquella magnífica prenda. Tanto era así que el mechón de pelo que sobresalía sobre su cabeza comenzó a moverse de lado a lado, asemejándose a la cola de un perro que estaba a punto de salir de paseo.
_ ¿T-te gusta? Puedo hacer otra si no es así...
_ ¿La has hecho tú? _Preguntó con asombro Nikolai, no tenía ni idea de que su esposa fuera tan talentosa para esta clase de cosas.
_ Sí, me ha llevado más tiempo del que esperaba y algún que otro pinchazo en los dedos debido a mi inexperiencia con las agujas pero... creo que no me ha quedado muy mal. _Dijo con gran modestia la niña mientras se encogía de hombros y sonreía ligeramente.
_ Me gusta. _Dijo escuetamente Nikolai mientras e ponía la capa sobre los hombros. Sonrió levemente al advertir lo bien que le sentaba. Parecía más mayor, más maduro. Parecía un caballero de la más alta cuna, no, mejor aún, parecía un auténtico Rey. _Yo también tengo un regalo para ti. Te lo pensaba dar el día de nuestra "segunda boda", pero ya da igual. Sígueme.
Helena comenzó a seguir a Nikolai por los pasillos del castillo sintiéndose tremendamente contenta, pues pocas veces Nikolai le hacía regalos. Esperaba que fuera un vestido o una joya o quizás alguna tiara para el pelo, pero estas ideas se esfumaron de su cabeza al ver hacia dónde la estaba llevando.
_ ¿Por qué me llevas a la torre de mensajería? _Preguntó la chica un tanto extrañada mientras subía las escaleras de caracol que daban a la torre donde numerosos pájaros enviaban y traían mensajes de otros territorios. Era muy improbable que un vestido o una joya estuvieran allí.
_ Porque allí está tu regalo. ¿Qué pasa? ¿No lo quieres ver?
_ ¡N-no es eso, no es eso! _Se apresuró a decir la chica. _E-es solo que... me resultó extraño que estuviera allí.
Nikolai no contestó y continuó subiendo los numerosos escalones. Finalmente llegaron a la torre en cuestión. El bielorruso condujo a la chica hasta una mesa cercana y la hizo agacharse para que así mirara debajo de la misma. Allí se hallaba una pequeña cesta de mimbre cubierta por una manta y, bajo la manta, algo se movía.
Helena retiró la suave manta con curiosidad y, cuando vio la figura que había en la cesta, sus ojos brillaron de pura emoción.
Un pequeño cachorro de lobo de color negro totalmente lloriqueaba dentro de la cesta. Era la cosa más bonita que había visto Helena en su vida. Los lobos eran su vida entera y ese cachorro se le había hecho la criatura más adorable del mundo.
_ ¿¡Es para mí!? _Preguntó con una gran sonrisa en el rostro la chica.
_ ¿Para quién sino? ¿A quién le gustan más que a ti los lobos en este castillo?
_ ¡Muchas gracias, Nikolai! _La lituana acarició al pequeño animal con suavidad y sin perder la sonrisa aún. _ Pero... ¿Dónde lo has encontrado?
_ En el bosque. Hace pocos días paseaba por allí y lo encontré solo. Creo que su madre lo ha abandonado pues esperé una hora y media a ver si aparecía su madre o alguno de sus hermanos y no fue así. De modo que... lo cogí.
_ ¿Y no te mordió?
_ No. Es muy pequeño, no muerde fuerte todavía. No puede tomar carne, solo toma leche.
_ Claro, por eso no se ha comido a los pájaros de esta torre... _Helena dejó de acariciar un momento al pequeño lobo y se lanzó a los brazos del bielorruso. Nikolai, el cual no solía corresponder nunca sus abrazos, esta vez le dio una alegría a la chica y le devolvió el abrazo. Interiormente estaba contento pues había acertado de lleno con su regalo, era "un marido 10", claro que sí.
Uno par de minutos después la lituana rompió ligeramente el abrazo y miró al chico a los ojos. Esos preciosos ojos azules que tanto la gustaban... En ese momento lo supo. El día de la noche de bodas se entregaría a él con la felicidad más absoluta. Da igual lo que pasara aquella noche, si era con Nikolai estaría bien. Lo único que la importaba en ese momento era complacer a Nikolai, sería una buena esposa para él y cumpliría su deber esa noche.
_¡Voy a enseñarle el lobo a Jánica! ¡Seguro que dice que es muy bonito! _Y dichas estas palabras, Helena acabó por separarse del niño, cogió al pequeño cachorro de lobo delicadamente y salió de la torre con paso ágil, queriéndoles mostrar a todo el mundo el maravilloso regalo que le había hecho su esposo.
Nikolai, por otra parte, se levantó del suelo y se sacudió un poco los pantalones y, justo cuando iba a abandonar la torre, llegó un pájaro portando una carta bajo su pico. Era un halcón. Un ave extraña. Los halcones no solían aparecer por el castillo, además, ese halcón le sonaba de algo... Le había visto en alguna parte...
Entonces lo supo.
La Horda Dorada.
Aquel halcón era de La Horda Dorada.
Rápidamente cogió la carta y la abrió algo asustado pensando que sería un mensaje declarando una nueva guerra o algo por el estilo, pero no. Su cara de espanto cambió a una de total sorpresa al ver el remitente del sobre.
"De Anya"
Su hermana, su tan amada Anya le había enviado una carta...
Notas de la autora:
(*)Chernenco es el apellido usado en el fandom para Ucrania.
