Capítulo 01
«¡Hoy sería el gran día!» pensaba Splendid durante el desayuno, desde que se levantó no dejó de pensar en ellos. Hoy no es un día como cualquier otro, hoy es el día de «San Valentín», un día donde toda la familia de amigos se junta para un almuerzo en el parque. Felizmente termina su desayuno pensando en lo que haría, un plan «maestro» es lo que domina su mente.
Lo pensó durante unos momentos, ¿cómo vestirá para el evento? ¿qué vestirá al momento de cumplir el plan? Un recuerdo vino a su mente, esta vez todos asistirán de etiqueta así que debe ponerse su elegante traje negro con un bonito moño azul.
—¡Perfecto! —dijo para sus adentros.
Lo ensayó en innumerables ocasiones, nada podría fallar en tan perfecto plan, sólo le faltaba una cosa: la rosa, elegida en rojo por el gran sentimiento que esa persona evoca en él. Ha pasado mucho tiempo desde que sus sentimientos nacieron hacia aquél que sin notarlo pudo enamorarlo. Tardó menos de un pestañeo en ponerse el traje, poco era decir que los nervios lo ponen torpe.
Lo ensayó una vez más, para cerciorarse de que nada fallará. Salió del departamento con una sonrisa en su rostro, frente al edificio compró la rosa, aquella que sellaría su destino. La mujer de la tienda coqueteó no recibiendo respuesta del chico enamorado. Que cegado por sus sentimientos no hace más que pensar en su querido amor. Llegó hasta el parque a torpes pasos, como si de un momento a otro cayera al suelo.
El corazón se le salía por la boca, allí puede ver a su gran amor, verdes cabellos son los que están sobre su cabeza, él se encuentra hablando con Shifty. Temerosamente se acerca con la rosa escondida a sus espaldas.
—H-hola Flippy —saludó de forma sosa.
—Hola Splendid, ¿cómo estás? —contestó él, volviéndose con esa felicidad que siempre lo caracteriza, esa sonrisa que tanto enamora.
—B-bien.
No se atrevió a decir otra palabra más, ¿cómo podía fallar un plan tan perfecto? Enfurecido por su cobardía lo tomó del hombro llamando su atención.
—Flippy. ¡Yo te amo! —cada palabra salió de su boca con la más pura devoción.
—Oh Splendid. ¡Yo también te amo!
En ese mismo instante ambos se abrazaron, la cara de Flippy se arrimó a la suya, cuando finalmente harían contacto... Abrió los ojos como si fueran platos, Lifty movía su mano frente a su cara, llamando su atención.
—Splendid, hola.
—Hola, Lifty.
Lifty y Flippy sigen conversando mientras Splendid mira sorprendido, había vuelto a soñar despierto, los nervios lo hacen temblar de forma leve pero constante. Cierra su puño derecho mientras junta las fuerzas necesarias para demostrar sus sentimientos. Los nervios en otro de sus frenéticos ataques lo hacen dudar por unos momentos pero esta vez ya nada lo detendrá. Toca su hombro para llamar su atención en realidad.
Sin que pudiera notarlo, un chico rubio viene pasando, con una montaña de torta y diferentes platos, una piedra se pone en su camino, tropieza no pudiendo evitarlo, en ese momento Splendid levanta la rosa listo para confesar sus sentimientos, toda la comida le cae encima, aplastando la rosa y ensuciando toda la vestimenta del pobre. Derrotado resiste las ganas de llorar, se limpia la cara con pesar.
—Oh lo siento Splendid.
—E-está bien Cuddles, sólo fue un descuido.
Flippy se adelantó para ayudar a Splendid, que por recibir su ayuda fue invadido por el alivio. Tal vez su plan haya fallado de nuevo, pero recibir la ayuda de su amor lo fortaleció. El sólo tocar su mano ya era tocar el paraíso, un contacto que por más simple que sea tiene grandes efectos en él.
—Tranquilo Splendid, sólo debes cambiarte, no puedes andar con el traje sucio, creo que tengo uno que puedo prestarte. El traje te sentará bien.
Hipnotizado por sus sentimientos asiente, lo sigue a su auto, mientras él abre la cajuela.
—Es una suerte que siempre lleve conmigo un traje más por si a alguien puede servirle.
—M-muchas gracias Flippy, e-en serio.
Él tomó su hombro antes de responder.
—No es nada Splendid, me alegra poder ayudarte. Toma.
Splendid asintió tomando en sus manos el traje, se volvió, sonrojado, feliz de incluso poder vestir uno de los trajes de su amado. Fue al baño del parque con torpeza en sus pasos, con mucho sentimiento se cambió de traje, salió del mismo con imponencia.
—Sabía que te sentaría perfecto —observó al verlo salir, ajustando a la vez su negro moño, el traje azul le queda despampanante.
No pudo evitar ponerse tal cual tomate frente a un comentario como ese de alguien tan especial para él.
