Hola de nuevo! ^^
Este capítulo lo he escrito un poco rápido porque me voy un par de días de viaje y quería actualizar antes de irme, espero que aun así haya quedado bien.
Estos días estaba un poco atascada en parte porque no sabía muy bien qué rumbo tomar en la historia, pero ya he conseguido ordenar mis pensamientos ;)
Aviso que a partir de ahora habrá bastantes cosillas diferentes al libro, pero intentaré respetar el hilo de la historia. Espero que os gusten los cambios :)
De hecho en este capítulo me he tomado la licencia de introducir una criatura que no pertenece a la Tierra Media. Espero que a los amantes del mundo de Tolkien no les moleste.
yay1301. yes: Kíli y Fíli son los estilistas del grupo XD estaba claro jajaja. ¿Eres enfermera? ¡Qué guay! :D Yo soy médico. Disfruté bastante escribiendo la escena del vendaje xD
daya20: Me alegro! Ya tocaba momento romántico entre estos dos ^^
HainesHouse: Jejeje, a partir de ahora habrá bastantes cosas nuevas. Tardará un poquito, pero es que lo bueno siempre se hace esperar :P
Perdón por la tardanza!
adychikane: Me alegro de que te siga gustando :D A partir de ahora vendrán más momentos románticos. Esperemos que ambos puedan escapar de la venganza de Azog y los trasgos.
Lynlia: Pues sí, la verdad es que has acertado bastante ^^ A lo mejor es que soy demasiado predecible jajaja xD
nuan: muchas gracias por tu comentario! Sí, Iriel pretende ir despacio pero igual no le sale como ella quiere xD
Rirhi: Muchas gracias! Ualaaa te has enterado de lo de la traducción! :D Qué ilusión! Pues sí, ahi voy, poco a poco xDDD pero cuesta bastante...
Intentaré que no sea tan lento el avance entre ellos ^^ Y por lo del final trágico, estate tranquila, yo no soy como Tolkien xD no pienso permitir que les pase nada a ninguno de mis chicos *o*
Aquí os lo dejo ya!
Hay una sorpresa y un regalito al final del capítulo ^^ Espero que os guste!
*~~~~~~ CAPÍTULO 14: OTRO ANILLO ~~~~~~*
Kíli y Fíli se despertaron los primeros para ir a cazar por los alrededores. Pronto volvieron con cuatro perdices y seis conejos. Aquello no era mucho para los dieciséis, pero no habían encontrado mucho más por allí. Bombur y Dori desollaron a los conejos, desplumaron a las perdices y envolvieron la carne entre hojas de árboles para que se conservaran mejor.
Thorin se encontraba algo mejor aquella mañana, por lo menos había conseguido dormir y las heridas parecían menos molestas. El ungüento de Gandalf funcionaba más rápido de lo que había imaginado.
Iriel y Bilbo también se despertaron con los primeros rayos de sol, se encontraban de muy buen humor.
Enseguida emprendieron la marcha por allí. Tras atravesar las Montañas Nubladas habían entrado en las Tierras Ásperas, unas tierras salvajes habitadas por criaturas extrañas y terribles.
Gandalf se había apartado del resto del grupo. El Señor de las Águilas había vuelto a ese lugar para asegurarse de que sus pasajeros se encontraban bien y para conversar con el mago. Aquella ave magistral también estaba preocupada por los sucesos que estaban corrompiendo al mundo en silencio. Sus compañeros habían sobrevolado aquel lugar sin atreverse a acercarse demasiado debido a la oscura presencia que se manifestaba entre las ruinas. Ambos acordaron un trato. El Señor de las Águilas batió sus alas y pronunció una fórmula de cortesía entre los suyos.
—¡Buen viaje! Dondequiera que vayáis, hasta que los nidos os reciban al final de la jornada.
—Que el viento bajo las alas os sostenga allá donde el sol navega y la luna camina —concluyó con la respuesta que correspondía a aquella ilustre despedida.
Los enanos observaron en su travesía al noble animal elevándose y surcando el aire batiendo sus poderosas alas. Pronto desapareció entre las nubes. Gandalf volvió junto al grupo para hablar con Balin y Thorin.
—Me temo que el camino que trazamos en Rivendel no nos vaya a ser de ayuda en estos momentos. El Señor de las Águilas me ha informado de que la ruta ha cambiado y es mejor evitarla si es preciso. Seguidme, os guiaré por otro lugar.
A pesar de que el tiempo apremiaba, Gandalf les convenció para que dieran un rodeo en lugar de atravesar la ruta que habían acordado al principio. El Istar sabía muy bien a dónde quería dirigirles. Sabía que Thorin lo mataría cuando descubriera que les había engañado para sus propios propósitos, y más teniendo en cuenta que ahora tenían una fecha concreta para alcanzar la cima solitaria, pero no le importaba demasiado, había salvado a los enanos en varias ocasiones y pensaba cobrarse la deuda de esta manera. Los enanos confiaron en él y empezaron a seguirle por donde les indicó.
En realidad si las cosas salían bien todos saldrían ganando con este cambio. El trato que había hecho con el Señor de las Águilas era muy beneficioso. Acordó que llevaría a los enanos hasta el lugar previsto. Una vez terminado el trabajo, las águilas les llevarían volando hasta las Montañas de Mirkwood. De esta manera atravesarían volando buena parte del Bosque Negro, las águilas sólo les llevarían si los enanos les ayudaban a combatir el peligro que tanto las atemorizaba.
El Bosque Negro.
Antaño había sido conocido como el Bosque Verde. Radagast el Pardo era el sabio que se encargaba de vigilar y proteger sus lindes, pero ahora el bosque había enfermado tanto que sus habitantes habían comenzado a llamarlo el Bosque Negro. Espeluznantes hechizos y criaturas desconocidas moraban ahora en su espesura.
Pero antes de partir hacia las abandonadas ruinas de Dol Guldur debían conseguir provisiones. Por suerte para ellos, Gandalf conocía a la persona adecuada para ayudarles en esa labor, aunque debía tratarla con cautela.
Kíli y Fíli abandonaron el grupo al oír unos gemidos provenientes de la maleza. Los enanos oyeron sus gritos de júbilo al encontrar la causa.
—¡Qué suerte la nuestra! Ya tenemos una buena pieza para comer.
Bilbo tenía curiosidad por saber qué habían encontrado los hermanos, así que se dirigió hacia allí. Iriel fue con él. Tras adentrarse vieron a los dos frente a una criatura, con un cuchillo en la mano a punto de clavárselo en el cuello.
—¿Pero qué hacéis? ¡Si sólo es una cría! —gritó Iriel al ver la escena.
Entre las zarzas había un animal atrapado. Se trataba de un extraño animal, una mezcla entre un carnero y un caballo. Era pequeño, les llegaba a los enanos por la cintura, se trataba sin duda alguna de una cría. Dos grandes cuernos grises retorcidos entre sí se elevaban desde ambos lados de su frente y se curvaban un poco hacia atrás. El animal tenía la piel blanca pero una raya negra bajaba entre sus cuernos hasta atravesar su hocico y también rodeaba sus ojos azules. Tenía un frondoso pelaje blanco en el pecho y sus crines eran una mezcla de negro y gris. En los laterales del cuello sobresalían dos pequeños pinchos oscuros. El resto del cuerpo se asemejaba bastante a cualquier caballo. El pequeño animal gemía entre las zarzas pero con sus esfuerzos sólo conseguía que las espinas se le clavaran aún más.
—Tienes razón, con esto no tendremos suficiente. Habrá que buscar más.
Iriel se acercó hacia ellos enfadada. Le quitó el cuchillo a Fíli y les dedicó una mirada fulminante. Ambos hermanos retrocedieron, al parecer había una mirada que les intimidaba tanto como la de su tío. Se acercaron a Bilbo para volver con el grupo sin la presa que habían encontrado. Se giraron para ver cómo la muchacha intentaba liberar a la criatura de entre las zarzas.
—Shh… Tranquilo pequeño, no voy a hacerte daño.
El animal estaba muy inquieto al ver a un desconocido con un cuchillo en la mano. Se encontraba tan asustado que el pequeño mordió uno de los dedos de Iriel que intentaban acariciar su hocico. La chica soltó un pequeño gemido, pero no se apartó de la tarea de cortar las ramas que lo aprisionaban. No tardó mucho en conseguirlo. Dejó el cuchillo en el suelo y cogió al animal en brazos para sacarlo de allí. El animal dejó de resistirse y en su lugar lanzó un relincho más parecido a un aullido, que se elevó entre los árboles. Aquel sonido no tardó en llegar a su objetivo, pues escasos segundos más tarde se escucharon las pisadas a galope de más criaturas. Sonaban numerosas y se aproximaban deprisa. Cuando los enanos advirtieron el peligro, Iriel ya había sido rodeada por una manada de aquellas criaturas. Todos los enanos corrieron con las armas en la mano hacia aquellas bestias. Gandalf les cortó el paso.
—¡Deteneos insensatos! Observad a vuestro alrededor antes de actuar sin conocimiento.
Una gran criatura, la que parecía ser el jefe de la manada, se aproximó hacia Iriel, que todavía sostenía a la cría herida entre sus brazos. El animal la observó en silencio mientras se acercaba, resoplando profundamente por los orificios de su nariz. Iriel estaba asustada pero decidió que lo más sensato era no hacer ningún movimiento en falso, estaba en inferioridad de condiciones. Le mantuvo la mirada con esfuerzo al animal, intentando no mostrar miedo ni signos de debilidad y depositó a la cría lentamente en el suelo. El resto de los animales que la rodeaban también la observaban sin moverse, expectantes ante las órdenes de su líder. En cuanto la cría tocó el suelo corrió hasta la mayor, quien la recibió con ternura y comenzó a lamer las heridas de sus patas mientras la pequeña se comunicaba en su idioma. En ese momento sucedió algo inesperado, la criatura inclinó su cabeza ante Iriel en señal de gratitud. La situación se relajó por completo, Iriel suspiró en señal de alivio.
Los enanos también bajaron sus armas aliviados, Gandalf comenzó a reír y rebuscó entre sus bolsillos. Encontró uno de los tesoros que le había ofrecido Galadriel. Lo recogió con delicadeza y lo lanzó hacia la joven.
—Toma esto, creo que tú serás capaz de usarlo.
Iriel extendió su mano hacia el pequeño objeto que le había lanzado el mago. Abrió la mano para examinar el contenido. Se trataba de un anillo plateado. El aro estaba formado por dos espirales entrelazadas y en el centro del anillo había un relieve de un ciervo. Iriel miró el objeto algo extrañada y volvió a mirar al mago, que asintió con la cabeza. A pesar de no entender para qué servía aquel elegante regalo, se lo puso en el dedo anular de su mano derecha. Nada más ponérselo sintió una extraña aura que la envolvía.
‹‹Te ofrezco mi gratitud por haber salvado a mi vástago››.
Una voz serena resonó en el interior de su cabeza. Iriel abrió los ojos todo lo que pudo y observó a su alrededor. La gran criatura la estaba mirando a los ojos. Iriel tuvo que taparse la boca para ahogar un grito.
—Gandalf, ¿qué me has dado? —Le preguntó todavía desconcertada.
Gandalf comenzó a reír a carcajadas. El resto de los enanos le miraban a él y a Iriel, que todavía seguía en shock. Ninguno entendía nada.
—¿Pero alguien piensa explicarnos qué demonios está pasando? —preguntó Bilbo malhumorado. Gandalf dejó de reír.
—El anillo que llevas es una antigua reliquia mágica. Te permite hablar con los animales desde el corazón.
Todos los presentes dejaron escapar una exclamación de asombro. Iriel ya lo había sospechado, y a pesar de oírlo de las palabras del mago, todavía le seguía pareciendo un suceso increíble. En la vida había conocido la existencia de un objeto con tales propiedades.
El animal volvió a dirigirse a ella.
‹‹Si hay algo que podamos hacer por vosotros como pago por nuestra deuda, no dudéis en pedírnoslo››.
Al oír este ofrecimiento la mente de Iriel reaccionó rápidamente. No pudo evitar saltar de alegría y abrazar al animal. Se giró hacia los enanos.
—¡Compañeros, grandes noticias! ¡Volvemos a tener monturas!
Los enanos parpadearon un par de veces antes de asimilar la noticia. Iriel había hablado desde su interior con el animal y le había pedido si tanto él como sus compañeros podían ayudarles a trasladarse, tenían una importante misión y un largo camino por delante. La criatura accedió, relinchó y otras quince más se acercaron hacia los enanos permitiendo que las montaran.
—Pero ¿qué son estas extrañas criaturas? —preguntó Ori.
—Talbuks. Unas criaturas elegantes y orgullosas que no acostumbran a ser vistas por los humanos. Son muy inteligentes y leales por lo que Iriel ha hecho muy bien ayudándolas, pues ahora nos devolverán el favor con creces.
Los enanos montaron sobre sus nuevas monturas con un poco de esfuerzo. Aquellas delgadas y distinguidas criaturas eran algo más altas que los ponis a los que estaban acostumbrados. También se movían con más delicadeza y elegancia. Sin saber por qué, la mayoría pensaron que aquellas monturas eran más propias de elfos que de enanos.
Comenzaron a caminar hacia donde les indicó Gandalf. Iriel iba montada sobre el líder de los talbuks, llamado Lëviah. Gandalf iba montado junto a ella indicándole la dirección a seguir, pues todos los talbuks la seguían a ella. Thorin marchaba justo detrás, al lado de Bilbo, que se agarraba a los pinchos laterales del animal para no caerse. Kíli y Fíli iban detrás de él, avergonzados por haber querido matar a ese pequeño animal. Antes de montarse, sus animales les habían dado una coz con sus espuelas. El pequeño parecía haberles delatado. A pesar de ello las monturas habían permitido que las montaran, pero ambos hermanos se miraban entre ellos, bastante inseguros por si aquellos animales volvían a ensañarse con ellos.
Se estaban acercando a la morada donde Gandalf pretendía conseguir provisiones para todos. Se trataba del hogar de Beorn, un cambia-pieles amante de los animales. Tan pronto se mostraba como un hombre como se convertía en un gran oso negro.
—Será mejor que nos presentemos de dos en dos, para no agobiarle.
Gandalf e Iriel avanzaron con sus monturas hacia aquel lugar. Un fornido hombre barbudo de cabellos oscuros les recibió. Era tan alto como Gandalf y sus brazos reflejaban unos poderosos músculos. Iriel prefirió que fuera el mago el que hablara por si ella decía algo que pudiera ofender a aquella persona. Los enanos fueron apareciendo en parejas a intervalos, mientras Gandalf le explicaba a Beorn quiénes eran y lo que les había sucedido para acabar a las puertas de su casa. Una vez terminado el relato y con los dieciséis allí presentes, Beorn les invitó a entrar y les preparó la comida. Los enanos entraron atropelladamente para conseguir el mejor hueco en la mesa. Estaban hambrientos.
Tras terminar de comer, todos descansaron con sus panzas llenas. Beorn, como buen anfitrión les ofreció cerveza y vino.
Iriel y Gandalf llenaron sus jarras con vino, el resto de los enanos lo hicieron de refrescante cerveza. Con la mente un poco turbada por la bebida algunos se quedaron dormidos, otros comenzaron a conversar entre ellos y con el nuevo individuo que acababan de conocer. Beorn se dirigió a Gandalf.
—Habéis venido montados sobre talbuks. Me sorprende poderosamente que esas criaturas os permitan montarlas como caballos, a pesar de ser unas de las monturas más rápidas que conozco son tremendamente orgullosas. ¿Cómo lo habéis conseguido?
—Oh, ha sido un golpe de suerte. Iriel salvó a una de sus crías y el líder de la manada ha decidido agradecérnoslo así, algo harto conveniente para nosotros.
Entonces Bofur, con varias jarras de cerveza a sus espaldas, le espetó al mago.
—No es justo que se lo hayas dado a Iriel, nosotros también queremos usar ese anillo mágico.
En ese momento Bilbo se preguntó si su anillo también sería mágico. Tal vez ésa fuera la razón por la que aquella demacrada criatura hubiera enloquecido tanto al perderlo. No, imposible. Su anillo parecía una baratilla normal y corriente. Así que lo dejó en el fondo de su bolsillo, donde estaba, y se olvidó de su presencia durante un tiempo.
Gandalf sacó la pipa de su bolsillo y contestó a Bofur mientras la encendía.
—Sólo puede usarlo ella, fue un regalo de la Dama de Lórien. Ese anillo sólo sirve a las doncellas que cumplan dos condiciones. La primera es que su corazón sea puro y sincero y la segunda es que su templo nunca haya sido mancillado.
—¿Cómo? ¿Qué templo? No comprendo. —Iriel preguntó despreocupadamente mientras tomaba un trago de aquel refrescante vino.
Algunos de los enanos que estaban despiertos carraspearon. Balin, que estaba sentado junto a ella fue quien le contestó en voz baja.
—Una doncella que no haya yacido con ningún hombre.
Aquella revelación la hizo atragantarse bruscamente por lo que empezó a toser mientras sentía que sus mejillas ardían. ¡Quién iba a pensar que el uso de un anillo mágico iba a revelar tal información sobre su intimidad! Bilbo le dio unos golpecitos en la espalda a su compañera para que dejara de toser, mientras sonreía, al igual que el resto de los enanos.
—Oh… Ya entiendo —dijo queriendo ser invisible por un momento. Añoró su larga melena con la que hubiera podido ocultar su rostro en aquella situación. En lugar de eso intentó ocultar su rostro tras su jarra, bebiendo un largo trago de ella. Su corazón palpitaba al son del calor de sus mejillas, y aunque intentó desesperadamente controlarlos, no pudo evitar que sus ojos buscaran fugazmente el rostro imperturbable del rey enano en aquel momento. Afortunadamente el rey enano no se encontraba mirándola, pero para su sorpresa, atisbó una pequeña sonrisa curvando sus labios. Iriel quería morirse en aquel momento, por eso continuó bebiendo, para intentar ahogar así aquella embarazosa situación. Gandalf retomó la conversación desviando el tema, cosa que Iriel agradeció profundamente.
Kíli y Fíli se guiñaron un ojo mutuamente, una sonrisa traviesa se dibujó en el rostro de ambos enanos al conocer la noticia.
La tarde pasó rápidamente y ya estaba llegando de nuevo la hora de la cena. Mientras la preparaban, Iriel salió fuera de la cabaña a tomar el aire. El vino la había embriagado un poco, hacía demasiado tiempo que no bebía nada.
Fíli y Kíli salieron también. Fíli llevaba una pequeña botella de licor que había sustraído de la despensa de Beorn con la excusa de ayudarle a preparar la cena. Ambos habían probado ya su contenido, se trataba de un licor bastante fuerte, incluso para ellos. Se acercaron hacia la chica y se colocaron uno a cada lado.
—Hace una bonita noche —dijo Fíli tendiéndole la botella. Iriel miró el frasco desconfiada, no creía que fuera conveniente seguir bebiendo aquella noche. Fíli insistió en que la probara. Iriel acercó sus labios y apenas los mojó en esta traicionera bebida. Efectivamente era bastante fuerte.
—Nos estábamos preguntando… —Empezó a decir Kíli—, cómo era posible que una chica tan atractiva no haya conocido nunca varón.
Iriel casi se atragantó con su propia saliva. Ahora entendía las verdaderas intenciones de los jóvenes enanos y su embriagadora bebida.
—¿Y quién ha dicho que no lo haya conocido? —dijo intentando restar importancia al asunto mientras sentía un puño invisible apretando su estómago. Los enanos señalaron hacia el anillo mientras sonreían—. Ah, ya eso… Bueno pero eso no significa que no…. Bueno, quiero decir… Yo nunca me he topado con nadie que estuviera a la altura de ello.
Kíli la rodeó con su brazo.
—Eso es porque nunca te has topado con alguien como nosotros.
Aquello se estaba tornando un tanto peligroso. Tenía que escapar de aquellos traviesos y seductores hermanos.
—Chicos, habéis bebido bastante y yo no estoy lo suficientemente ebria como para continuar con esta conversación.
Kíli agarró la barbilla de la chica y la acercó hacia sus labios. Iriel reaccionó rápidamente y le apartó la mano con la suya, dando un paso hacia atrás para alejarse de ellos. Kíli se sorprendió de la reacción.
—Esto no suele pasarnos a menudo —explicó Fíli—. Debe de tener algún motivo…
—Tal vez es que hay otra persona en su cabeza —meditó Kíli en voz alta frotándose la mano que Iriel había golpeado para apartarse. Iriel puso los ojos en blanco al escuchar este comentario. Los enanos sonrieron al darse cuenta de su acierto.
—¡Claro! ¡Eso es! Hay alguien que ocupa tus pensamientos, ¿no es así?
—¿Qué? No… No… ¡Por supuesto que no!
El corazón de Iriel palpitaba agitadamente, a punto de revelar sus secretos. No podía permitir que aquellos dos lo descubrieran, precisamente ellos no. En ese momento agarró la botella de Fíli y dio un gran trago de ella. El alcohol bajó por su garganta quemando todo lo que encontró a su paso, pero aquello pareció enlentecer un poco sus latidos, o por lo menos ella lo percibió así. Ambos hermanos comenzaron a aproximarse más a ella, queriendo que les revelara aquella información mientras Iriel retrocedía, hasta que sintió que la pared le cortaba el paso a su espalda. En ese momento se escucharon unos pasos saliendo de la casa.
—¿Qué está pasando aquí?
Thorin les miraba con su voz autoritaria. Sus sobrinos se volvieron hacia él inmediatamente, la sonrisa se borró de sus rostros. Iriel se topó con su mirada. No podía permitir que él la viera en ese estado, con las mejillas encendidas y el corazón jadeante. Su secreto no debía ser revelado en aquel momento. Apartó a los dos hermanos de su camino y echó a correr en dirección al bosque intentando desaparecer de allí lo más rápido posible.
—¿Pero qué le habéis hecho? —preguntó Thorin acercándose hacia sus sobrinos y los empujó contra el muro—. ¿Estos son los modales que vuestra madre y yo os hemos enseñado?
—Lo sentimos tío, en realidad sólo queríamos conversar con ella. Lo hemos hecho sin pensar.
—Ya… Sin pensar… —dijo Thorin dándoles la espalda—. No tenéis ni idea.
Y diciendo esto se adentró en el bosque para buscar a la chica que habían asustado.
Iriel corría sintiendo las hojas de los árboles rozándola. Se sentía muy avergonzada de que Thorin la hubiera visto coqueteando con sus sobrinos, a pesar de que en realidad ella no había hecho nada. De repente tanto el vino de la tarde como el licor ardiente que acababa de tomar empezó a hacer estragos en su cuerpo. Se sintió mareada, así que detuvo su carrera. Una sensación de inestabilidad la envolvía. Todo se volvió confuso a su alrededor, las siluetas de los árboles se difuminaron, las sombras se diluyeron. Todo parecía irreal, como en un sueño. Intentó controlar su respiración agitada pero su cuerpo había comenzado a tener vida propia, desobedeciendo sus órdenes. Se quedó unos instantes allí de pie, observando la danza de la luna en el cielo mientras el viento arrastraba las hojas de los árboles meciendo su son. De pronto una extraña fuerza la empujaba a entonar una melodía, atraída por el embrujo de la noche.
Escuchó una voz en la lejanía que la llamaba. Thorin había conseguido encontrarla.
—Iriel, ¿estás bien? No sé qué ha pasado con mis sobrinos, pero apuesto que te estaban molestando. —Thorin se pellizcó el puente de la nariz y resopló—. Todavía son unos críos. No se lo tengas en cuenta.
La profunda voz del enano llegó hasta sus oídos distorsionada. No fue capaz de escuchar lo que le dijo, sólo pudo escuchar el delicioso sonido de su voz. Sus ojos le mostraban su figura borrosa, pero ella estaba segura de que era él. En aquel momento su cuerpo se movió solo y ella se dejó llevar como si estuviera en el interior de un sueño que no podía controlar. La brisa de la noche la empujaba hacia él, la oscuridad embrujaba su palpitante corazón. Sus labios se entreabrieron para dejar escapar una canción.
Existe alguien que en la noche tiende a soñar,
que pide para que las cosas puedan mejorar,
tan sólo dime mirándome a los ojos, que me detenga a pensarlo.
Thorin quedó paralizado por esta melodía. Había escuchado aquella dulce voz en alguna parte, pero no recordaba dónde. Aquella voz empezó a penetrar por las heridas de su corazón.
Si escucho atenta puedo oírte que vas a llorar,
no sé si es pena o sólo rabia que quieres mostrar.
Mira mis ojos, también están llorando,
se han puesto a soñar contigo.
Iriel lo miraba con sus ojos cristalinos, a pesar de que en el fondo no era consciente de que lo estaba haciendo. Su corazón comenzó a palpitar al ritmo de la canción. Sentía una ligereza envolviéndola, como si pudiese flotar con cada palabra que pronunciaba.
Quédate un poco más,
déjame ayudarte, voy a estar contigo.
Deja ya de llorar,
no pierdas aquello que tanto anhelabas,
ven y abrázame una vez más.
Iriel apretó sus manos contra su pecho y continuó cantando con una sonrisa en el rostro.
Un día de estos vas a despertar,
verás los escombros del ayer
y entenderás que siempre estuve sonriendo para ti.
La pena desaparecerá,
no te volverás a derrumbar
no por favor, no digas más adiós, adiós, adiós.
Thorin la miraba sin aliento. Aquella canción le estaba haciendo aflorar sentimientos desconocidos. Una sensación de calidez le envolvía el pecho. El enano no entendía por qué la chica se estaba dirigiendo a él de aquella manera, pero era incapaz de romper la magia de aquella situación. No quería romperla, deseaba seguir escuchando un poco más. Iriel comenzó a acercarse hacia él lentamente.
¿Existe alguien que le guste estar en soledad,
que ya ha perdido la esperanza de lo que es vivir?
Tan sólo dime, mirándome a los ojos
que eres incapaz de olvidar mi amor.
Tu fuerte llanto no me deja apenas escuchar,
paralizada no tengo tiempo a reaccionar.
Mira mis ojos, también están llorando.
Una lágrima comenzó a caer por una de sus mejillas. Los sentimientos de la canción emergían desde lo más profundo de su interior. Estaba desnudando su alma ante aquel enano, aunque en esos momentos ella no era muy consciente de ninguno de los hechos que su cuerpo estaba cometiendo a su voluntad.
Quédate un poco más,
déjame ayudarte, voy a estar contigo.
Deja ya de llorar,
no pierdas aquello que tanto anhelabas,
ven y abrázame una vez más.
Un día de estos vas a despertar,
verás los escombros del ayer
y entenderás que siempre estuve sonriendo para ti.
La pena desaparecerá
no te volverás a derrumbar
no por favor, no digas más adiós, adiós, adiós.
Iriel había llegado hasta el cuerpo del enano, que se encontraba paralizado mirándola, casi sin respirar. Acercó una de sus manos a su mejilla y comenzó a acariciarla mientras terminaba la canción, acercando su cuerpo cada vez más.
Ven y escucha mis plegarias en esta canción
entre lágrimas responderé.
Tiéndeme la mano una vez más,
tenemos que encontrar la libertad
en suspensión, no podrás acercarte un poco más a mí.
Tratando de entenderlo otra vez,
mordiéndome los labios al hablar
te rogaré, que no te vayas nunca, nunca, nunca más.
Al terminar la canción sus labios se fusionaron en uno. Iriel se había acercado hasta su deseo prohibido mientras cantaba. Aquel sabor impactó de lleno en los recuerdos del enano. Ahora todo estaba claro. Esa voz, esos labios, no podían ser de otra persona. Las borrosas sombras de sus recuerdos se transformaron en el rostro y la silueta de Iriel bajo aquella luna de Rivendel. No había sido un sueño después de todo, aquel mágico recuerdo había sido ella desde el principio.
Sus labios siguieron explorándose unos segundos más que parecieron eternos, ninguno de los dos quería que aquella cálida sensación terminara. Thorin posó su mano detrás de su cuello y comenzó a acariciar sus cortos cabellos.
Finalmente sus labios se separaron y, antes de que el rey enano pudiera mirarla o pronunciar palabra, los ojos de la chica se cerraron de golpe y su cuerpo perdió el sentido sobre él. Thorin pudo sujetarla justo a tiempo. El cuerpo que había sido controlado por el alcohol se había desmayado, ya había soportado suficiente aquella embriagadora fuerza. Iriel respiraba tranquila, sumida en un profundo sueño. Thorin se quedó observándola unos minutos sobre su pecho. Finalmente decidió cogerla entre sus brazos y llevarla a un lugar más cómodo para descansar.
Mientras tanto reflexionaría acerca de todo lo que acababa de suceder.
Tendría que enfrentarse a ella al día siguiente y todavía no sabía cómo.
Nota de Autor:
*Los talbuks son mis monturas favoritas de World of Warcraft, podéis buscar imágenes si queréis visualizarlos mejor :)
*Ésta es la canción que Iriel le canta al rey enano.
La elegí porque me pareció perfecta para el momento y también como homenaje a dos amigas mías. Una de ellas fue la que adaptó esta preciosa letra y la otra fue la que le puso la voz a este bonito cover.
Yo misma he hecho el vídeo con imágenes de Thorin e Iriel, asi que echadle un ojo a ver si os gusta ;)
La original es Pray de Sunny Hill.
vimeo . com \64319651
El video es privado, la contraseña es: Iriel
Espero que ahora sí os deje verlo :)
