Vaya xD yo que escribí el capítulo anterior deprisa para que me diera tiempo antes de irme y resulta que es el que más os ha gustado jajaja.

Ya he cambiado el enlace del video en el capítulo anterior. Antes los vídeos privados sí se podían ver si se conocía el enlace, pero ya veo que ahora no deja. Lo he subido a Vimeo, que no me pone tantos problemas de copyright xD.
Es privado (la contraseña es: Iriel) porque como la canción no me pertenece (es de una amiga) no me parecía bien subirlo en modo público :P así sólo lo pondréis ver vosotros ;)

yay1301 .yes: Lo de Beorn en el libro es guay, la verdad es que tengo ganas de ver cómo será en la película XD
Respecto a Kíli y Fíli, tendrán su merecido pronto XD Iriel intentará vengarse un poquito. Lo del anillo va a dar bastante juego en la historia.

Lynlia: Buf... yo jugué al WoW durante un par de años cuando salió la expansión del Rey Lich, pero lo deje por falta de tiempo y porque mi portatil no aguantaba muy bien, además la gente con la que jugaba también lo dejó. La verdad es que lo echo de menos -_- Yo jugaba en Shen Dralar (era un server pequeño). Si alguna vez me compro un ordenador bueno y vuelvo a esos mundos te aviso :D

nuan: :D me alegro de que te haya gustado. Me he puesto manos a la obra nada más volver del viaje, ahora vendrán capítulos muy interesantes para la parejita.

daya20: *o* me alegro mucho de que te gustara tanto! quería que el momento fuera perfecto, como tu dices, porque ellos dos lo merecen ^^

ady prime: Ay el alcohol, que gran compañero es en algunos momentos xDDD siempre ayudando a hacer lo que reprime el interior. Si, creo que yo también mataría a Gandalf, que poca consideración con la pobre chica xDD pero bueno, el anillo seguirá dando juego más adelante... muajajaja
Ya está arreglado lo del video ^^ espero que lo disfrutes.

Rirhi: A ti también te gusta el kpop? *o* Diossss te adoroooo! yo ahora es casi lo único que escucho xDDDD
Ya he modificado el video, espero que ahora sí que puedas verlo ^^
Me he puesto a escribir nada más volver, me apetece mucho escribir ahora que la relación entre ellos va avanzando. Y lo del ingles jajaja si bueno, supongo que cada vez lo haré un poco mejor. Un beso!

Os dejo con la continuación ^^ A partir de ahora estos dos tortolitos empezarán a pasar más tiempo juntos ;)


*~~~~~~ CAPÍTULO 15: UN EXTRAÑO DESPERTAR ~~~~~~*

Toc toc

Aquellos pequeños golpecitos en la puerta martillearon su cabeza como si varios gigantes de piedra estuvieran librando una nueva batalla de truenos en su interior.

Iriel se despertó sola en aquella pequeña habitación con un gran dolor de cabeza como recibimiento. Tenía la boca y la garganta secas, el estómago revuelto y una sensación de inestabilidad rodeándola. Aquella iba a ser, sin duda, una de las peores resacas de su vida. Se dio media vuelta y se acurrucó entre las sábanas, escondiendo la cabeza bajo la almohada, intentando evadir de esta forma aquel dolor de cabeza que la estaba taladrando. La puerta volvió a sonar. Esta vez su visitante decidió abrirla cuidadosamente y pasar al interior.

—Iriel, ¿te encuentras bien?

La voz de Bilbo sonó suave, pero para Iriel era como si le estuviera gritando. Las luces de alrededor también la molestaban. Sólo deseaba encontrarse en un lugar oscuro y solitario, silencioso, con el viento meciendo sus cabellos y las estrellas alumbrando a su alrededor. Desgraciadamente ninguna de estas características se cumpliría en pleno día y en el interior de una casa llena de enanos ruidosos. Iriel apartó la almohada y las sábanas y miró al hobbit. Tenía un aspecto horrible. Su corta melena estaba completamente revuelta y unas enormes ojeras surcaban sus ojos, con su desastroso aspecto nadie hubiera adivinado que había dormido durante tantas horas.

A pesar de que se acercaba el mediodía y todos los enanos se encontraban atareados preparando víveres y provisiones suficientes para la partida por cortesía de Beorn, Thorin no había ordenado que despertaran a la chica y ninguno había preguntado respecto a este trato favorable hacia su compañera. Thorin era el primer interesado en que ella tardara en despertarse.

Iriel se sujetó la frente mientras negaba al hobbit con la cabeza.

—Está claro que el vino y los licores de Beorn no están hechos para mí. ¡Maldita sea! ¿Cómo se me ocurriría beber tanto anoche?

Se levantó de allí con pasos tambaleantes. Bilbo la observó con una sonrisa.

—Voy a darme un baño para intentar despejarme un poco.

Bilbo le indicó el camino. Había un gran cuarto de baño cerca de su habitación. Se despidieron en la puerta. Iriel cerró la puerta y comenzó a despojarse de su ropa. En ese momento se dio cuenta de que había dormido con toda la ropa de viaje. Aquello era extraño, no tenían muchas ocasiones de dormir bajo cobijo, de disfrutar de una cama de verdad en lugar de conformarse con el árido suelo y las incómodas rocas del camino, de resguardarse del frío de la noche bajo unas acogedoras paredes; por ello lo lógico habría sido aprovechar para dormir con ropa cómoda y haberse desprendido al menos del chaleco, el cinturón o las botas. ¿Tan cansada se encontraba que se había metido en la cama con todo puesto?

El dolor de cabeza no le permitía razonar demasiado, así que Iriel se metió en la bañera y abrió el grifo. Un refrescante chorro de agua cayó sobre ella. Giró la llave para que el agua cayera con más intensidad, intentando llevarse aquellas desagradables sensaciones que el alcohol había provocado sobre su cuerpo. Conforme aquel frescor invadió su pelo y su piel, empezó a comprender un poco la situación.

¿Cuándo había llegado a la habitación?

Se revolvió el pelo con las manos y entonces sintió el frío tacto de aquel anillo. Aquel indiscreto objeto había sido la raíz de todos los embarazosos momentos que había padecido durante el día anterior. Intentó concentrarse en aquellos hechos.

Lo último que recordaba era haber sido rodeada por los jóvenes e indiscretos príncipes y haber huido de ellos corriendo hacia el bosque. Una vez allí sus recuerdos desaparecían por completo. ¿Qué había sucedido entre aquellos árboles? ¿Cómo había conseguido volver a la casa? ¿Habrían sido Fíli y Kíli los que la habían acompañado?

Un escalofrío se apoderó de su cuerpo, una pequeña sensación de rabia empezó a calentar sus mejillas. ¡Malditos enanos y sus artimañas! Se vengaría de los jóvenes y traviesos hermanos por el mal rato que le habían hecho pasar intentando seducirla e indagando en sus sentimientos secretos. Ya se le ocurriría algo.

Permaneció un rato más allí debajo, sintiendo el agua acariciándole la piel, intentando borrar las huellas que el alcohol y el cansancio habían dibujado en su cuerpo. Era una sensación muy agradable, durante su viaje apenas tenía ocasión de tomar un baño y era una actividad bastante reconfortante tras tantas horas de caminata y tensión.

Finalmente decidió que ya era suficiente. Cerró el grifo, salió de allí y se envolvió con una toalla. También aprovechó el lugar para lavar un poco sus ropas. Escurrió las telas y las aireó con fuerza para que se secaran más rápido. La camisa y el pantalón todavía estaban húmedos, pero decidió ponérselos y terminar de secarlos bajo el calor del sol. Cogió el resto de sus cosas y salió de allí.

Se encontró con algunos de los enanos por la casa. Dori le ofreció una infusión de manzanilla, cosa que agradeció bastante para estabilizar un poco su castigado estómago. Dejó el chaleco mojado apoyado en los maderos que rodeaban el porche de atrás de la casa. Allí se quedó mirando al sol, dejando que sus cabellos y el resto de su cuerpo terminaran de secarse bajo su calidez. El dolor de cabeza no había desaparecido pero había disminuido considerablemente y la sensación de mareo ya no la acompañaba.

El sol se encontraba en lo más alto del cielo, ya era mediodía. Se preguntó por qué no la habrían despertado antes.

Kíli y Fíli tosieron detrás de ella para hacerle notar su presencia. Iriel se giró hacia ellos malhumorada. Nada más tomar contacto visual con ellos, ambos hermanos se inclinaron hacia delante clavando su mirada en sus propios pies y comenzaron a disculparse en esta posición, sin atreverse a mirarla a los ojos.

—Sentimos mucho haberte molestado anoche.

—Sí, el alcohol hizo que nos comportáramos como estúpidos. Lo sentimos mucho.

El gesto de Iriel se ablandó un poco. Ambos hermanos elevaron la cabeza para mirarla, rezando para que su compañera les perdonara pronto. Su tío Thorin ya se había enfurecido suficiente con ellos y les había obligado a presentar sus disculpas tan pronto como Iriel se levantara. Todavía les dolían las orejas de la fuerza con la que su tío les había agarrado para llevarles a un rincón apartado y allí aguantar la reprimenda.

Iriel suspiró y se cruzó de brazos.

—Está bien, creo que todos fuimos víctimas del alcohol anoche.

Fíli y Kíli suspiraron aliviados y volvieron a erguirse con una sonrisa en el rostro.

—Además tengo que agradeceros que me llevarais de vuelta a la habitación.

Los hermanos se miraron sorprendidos.

—No fuimos nosotros —respondió Kíli.

—¿Ah no? ¿Y entonces? —preguntó Iriel desconcertada.

—Nuestro tío te encontró en el bosque —explicó Fíli—. Estabas inconsciente y te trajo hasta aquí.

—Ah…

De nuevo el peso del mundo cayó sobre Iriel acompañado de un jarro de agua fría. ¡Qué embarazoso! Era la segunda vez que el rey enano había tenido que hacerse cargo del cuerpo inconsciente de la joven. Si seguía dándole problemas así perdería la simpatía que tanto le había costado ganarse. Tenía que hablar con él para disculparse por su torpeza y agradecerle su gesto. Tragó saliva, volvió a notar que se le revolvía el estómago, pero esta vez no se debía al alcohol. Entró en la casa y preguntó a Balin dónde podía encontrar a Thorin. El anciano le indicó que se encontraba fuera, conversando con Beorn para agradecerle su hospitalidad y su generosidad con ellos. Se dirigió hacia aquel lugar, tal vez con testigos la conversación sería menos incómoda. Se encontró con Bombur y su hermano Bofur por el pasillo cargando un barril de cerveza hacia el salón, el enano la saludó levantando su sombrero con la mano que tenía libre. Dwalin se encontraba en la puerta exterior, observando a su compañero hablar con el cambia-pieles. Iriel le saludó asintiendo con la cabeza hacia este rudo guerrero.

Thorin se encontraba de espaldas a ella, conversando con el fornido humano que les había dado cobijo. Ambos sonreían y dialogaban cordialmente. El viento ondulaba los largos cabellos de Thorin. El enano se mantenía erguido con su imponente porte, su espada y la cota de malla que cubría su pecho herido resplandecían con los rayos de aquel sol de mediodía. Iriel se preguntó si las heridas que surcaban su pecho se habrían curado ya. En ese momento se transportó a aquel momento en el que pudo acariciar su piel por primera vez y admiró su torso desnudo. Una vez más, su corazón volvió a agitarse al rememorar sus recuerdos junto a él y tuvo que cerrar los ojos para apartar de su mente aquellos inoportunos pensamientos que todavía era incapaz de controlar. Consiguió desterrarlos a tiempo, antes de que sus mejillas se volvieran tan rojas como las cerezas que estaba degustando Beorn en aquel momento. Escuchó un rato más la conversación en la que estaban sumidos los dos sin atreverse a interrumpirles. Fue Dwalin quien tosió para advertir su presencia. Beorn desvió su mirada de reojo hacia la puerta y Thorin se dio la vuelta hacia allí. Ver a la chica sonriéndoles tímidamente le provocó un pinchazo en el corazón. Sintió un escalofrío helado recorriéndole la espalda. Beorn pareció advertir la reacción que la chica había provocado en el rey enano, se adelantó y anunció con su voz rasgada.

—Ya va siendo hora de comer. Prepararé un buen banquete para que podáis partir hacia vuestro camino repletos de energía.

Iriel se apartó de la puerta para dejar pasar a Beorn. Dwalin entró en la casa detrás de él. Le pareció ver una pequeña sonrisa en el severo rostro de aquel imponente guerrero lleno de tatuajes y cicatrices justo antes de desaparecer en el interior de la vivienda. Su estrategia de hablar con Thorin acompañada acababa de irse al traste, los habían dejado solos.

—Tus sobrinos me han dicho que me encontraste en el bosque y me trajiste de vuelta. Quería agradecértelo.

—No tiene importancia —contestó evitando su mirada y añadió resoplando—. La culpa fue de esos dos inmaduros. Todavía son unos críos.

Iriel sonrió.

—Unos críos que han decidido acompañarte para enfrentarse a un dragón.

El rostro de Thorin se endureció. Una llama de tristeza se dibujó en el interior de aquellos ojos azules. Iriel no pudo evitar contagiarse de esa pena que le torturaba. Inconscientemente se acercó hacia él.

—Yo no quería que vinieran. Su madre y yo nos negamos a que participaran en esta aventura. Todavía son demasiado jóvenes, si les pasase algo… Yo…

—No les pasará nada, a ninguno. —Iriel envolvió el puño de Thorin con sus manos para intentar consolarlo. Su contacto hizo que Thorin la mirara directamente, sorprendido por su acercamiento. Iriel se dio cuenta de lo que acababa de hacer y la soltó rápidamente—. Quiero decir… Saben defenderse solos, y aquí todo el mundo hace lo imposible para proteger a sus compañeros. No tienes que culparte porque estén aquí contigo. Ha sido su decisión.

Los enanos no acostumbraban a hablarle de ese modo, dándole lecciones o consejos desde el corazón. Sólo Balin y Dwalin se permitían a veces hablarle de esa forma tan sincera. Aquella muchacha de ojos claros era capaz de hablarle como a uno más, olvidándose de que la sangre de Durin corría por sus venas, tratando al futuro Rey Bajo la Montaña como a un enano más. Y es que en el fondo era eso, sólo un enano más, uno que llevaba toda su vida cargando con una responsabilidad más grande que su propia existencia, pero que sin embargo aceptaba y manejaba como mejor podía, a pesar de que en numerosas ocasiones le hubiera gustado derrumbarse ante unos brazos cálidos que lo envolvieran y lo comprendieran. Lamentablemente no podía permitirse eso, aunque su corazón lo deseara con todas sus fuerzas, no podía permitirse sucumbir a tal debilidad, debía ser fuerte por su abuelo, por su padre y por su pueblo.

—Ha sido su decisión, pero será mi culpa que se vean arrastrados hacia el dolor y la muerte.

Se sorprendió a sí mismo por revelarle sus sentimientos a aquella mujer a la que apenas conocía.

—Pero tú confías en todos tus compañeros, ¿no? Por eso los elegiste para esta misión.

Una mirada solemne y llena de orgullo brotó en su rostro. La miró con intensidad y le contestó con toda la firmeza que le conferían sus palabras.

—Contaría con todos y cada uno de estos enanos antes que con cualquier ejército, pues cuando los llamé a filas acudieron. Lealtad. Honor. Un corazón voluntarioso. ¿Qué más se puede pedir?

Una profunda y vasta gratitud hacia ellos le acompañaría hasta el fin de sus días. Era este sentimiento el que le atormentaba por dentro cuando imaginaba lo que podía pasarle a cada uno de ellos si lo acompañaban en esta aventura. Sintió un nudo en la garganta y sus ojos amenazaron con humedecerse. Si alguna desgracia les ocurría, sus muertes pesarían sobre su conciencia.

Iriel sonrió de nuevo y le guiñó un ojo. El dolor desapareció empujado por una ligera brisa, en aquel instante todo se detuvo para el rey enano.

—Entonces deberías dejar de preocuparte tanto por todo. Ellos te han seguido por voluntad propia. No tienes que cargar con la culpa de todo lo que sucede a tu alrededor.

Su firmeza cambió para mirar con sorpresa a aquella chica que estaba consiguiendo aflorar en él sentimientos que se esforzaba por mantener ocultos, su inocente presencia parecía ser capaz de quebrar su gélida coraza. Al observarla con detenimiento su mente le traicionó llevándole hacia los recuerdos de las dos noches que habían compartido bajo la soledad del firmamento. El influjo de la luna y las circunstancias les habían hecho actuar de un modo que ninguno de los dos habría consentido a la luz del día y con su juicio intacto. Aun ahora, seguía sin comprender por qué había actuado con ella de ese modo, por qué había permitido a esa muchacha acercarse hasta sus más profundos deseos, hacia la debilidad que se prohibía sentir. A pesar de haberle dado vueltas durante toda la noche todavía no sabía qué era lo que realmente sentía por ella, no alcanzaba a comprender por qué aquella joven le atraía con su voz y su presencia, como un embrujo, como aquella atracción enfermiza que había empujado a su abuelo hacia la Piedra del Arca día tras día.

Sabía que tenía que ordenar sus pensamientos y sólo podría conseguirlo hablando con ella. No podía posponer más aquella conversación que llevaba evitando todo el día, tarde o temprano ella sacaría el tema, pidiéndole una explicación y entonces sería aún peor. Tenía que ser él quien diera el primer paso. Sin embargo se sentía incapaz iniciar la conversación que llevaba atormentándole desde la noche anterior y que apenas le había permitido conciliar el sueño. Tenía que definir aquel sentimiento que despertaba en su interior, aquel sentimiento que le tenía confundido, aquel sentimiento que no comprendía y no sabía dar forma y que ni siquiera estaba seguro de si quería aceptar o rechazar. Tenía que hablar sobre ello, pero no sabía cómo. En ese momento sintió una descarga en su interior. Su conciencia le estaba hablando tomando la voz autoritaria de su abuelo.

‹‹Thorin Escudo de Roble, no puedes pretender enfrentarte a un dragón y a un trono cuando ni siquiera puedes lidiar con esto››.

Pero esas cosas no podían compararse, a pesar de que la tarea a simple vista resultaba sencilla, para un guerrero como él que se había forjado bajo la montaña, que había escapado de los escombros y las llamas de Smaug, que había trabajado como herrero despojado de su hogar y sus riquezas derramando sudor y sangre para salir adelante; enfrentarse a sus enemigos le resultaba más sencillo que lidiar con sus propios sentimientos y con aquella mirada angelical. Pero la voz de su abuelo tenía razón, y él mismo lo había dicho con anterioridad. Los sentimientos eran la debilidad del guerrero, si no conseguía mantenerlos a raya en el campo de batalla, serían su perdición. Estaba claro que no podría luchar en sus mejores condiciones cuando mil pensamientos se enfrentaban en su mente. Tenía que librar esa batalla primero. Apretó su puño y la miró con toda la intensidad de su mirada.

Iriel confundió este repentino gesto de dureza con una futura reprimenda. Por ello se anticipó cuando advirtió que los labios del enano estaban a punto de abrirse.

—Lo siento, no pretendía darte lecciones. —Se rascó la cabeza y miró hacia otro lado—. No deberías hacerme mucho caso hoy, desde anoche no tengo la cabeza en su sitio.

—Anoche… — repitió el enano como hipnotizado.

—Sí, anoche bebí demasiado y todavía no me encuentro muy bien. Ese maldito licor que me ofrecieron tus sobrinos… No recuerdo nada desde que lo probé.

Aquella última frase impactó con fuerza en Thorin, quien abrió los ojos como platos.

—¿Qué has dicho? ¿Que no recuerdas… nada?

—No, no mucho… Recuerdo que estaba con Fíli y Kíli y que empecé a correr hacia el bosque para escapar de sus tonterías. Lo siguiente ha sido despertarme en casa de Beorn con un terrible dolor de cabeza —contestó titubeante, la mirada sorprendida del enano la asustó, aquella reacción no era muy natural en el enano que siempre mantenía a raya sus emociones. ¿Habría hecho algo molesto bajo la influencia del alcohol? Casi no se atrevía a preguntar, pero lo hizo—. ¿Por… por qué? ¿Hice algo malo?

—No —contestó rotundamente el enano sin darle tiempo a seguir preguntando. Miró a la chica, sus ojos inocentes le imploraban que les contara la verdad, sus cabellos húmedos se pegaban a su piel rozando sus labios, esos labios de los que había disfrutado por un breve periodo de tiempo. La ropa de Iriel no se había secado por completo y se adhería a su piel en algunas partes, remarcando su silueta en algunas zonas. Thorin decidió dejar de mirarla—. Nada en absoluto.

Le dio la espalda y se dirigió hacia la casa. A pesar de que aquella oportuna amnesia facilitaba las cosas, no pudo evitar sentir un doloroso latigazo en el corazón. Tantos sentimientos confundidos en su interior, tantas cavilaciones en su cabeza por algo que no existía. Iriel no recordaba nada, tal vez porque aquello sólo había sido un espejismo. Su cuerpo se había movido sólo por el antojo del perverso licor que corría por sus venas. No había significado nada para ella, le había sucedido a él porque se encontraba en el momento y lugar equivocados. Si hubieran sido sus sobrinos los que se hubieran acercado a rescatarla, tal vez la escena hubiera recaído sobre ellos. Otro pinchazo aún más profundo le atravesó, haciendo que se detuviera en la puerta. Imaginar los suaves labios de la chica acariciando los de otro hombre fue un sentimiento fulminantemente desagradable para él. Pero era mejor olvidar aquellos desafortunados encuentros, de esta forma sería más fácil para ambos. No había pasado nada entre ellos y nunca volvería a suceder. Era mejor mantener dormida aquella jauría de sentimientos, intentando que nada volviera a hacerla despertar de nuevo. Ambos tenían que concentrarse en cosas mucho más importantes, no había lugar para tales preocupaciones en el lugar hacia el que se dirigían. Empujó la puerta y anunció.

—Vamos, la comida nos espera.

Iriel le siguió sin rechistar, pero no pudo evitar sentirse culpable. Algo había molestado al enano, algo le había hecho daño a este maltratado corazón, estaba segura. Pero el enano no parecía querer revelar la causa de ese mal y sabía que no le contestaría aunque le preguntara. Ambos se dirigieron en silencio hacia el salón principal donde el bullicio de los enanos preparados para la comida hizo desaparecer la tensión que se había formado entre ellos. Thorin se sentó junto a Balin e Iriel lo hizo entre Bilbo y Gandalf.

Beorn había llenado la mesa de exquisitos manjares. Estofado de verduras, setas salteadas con huevos fritos, queso curado, filetes de animales que ni siquiera sabían que existían, salchichas, pastel de manzana y fresas, puré de calabaza, truchas ahumadas, costillas de jabalí…

Los enanos comieron hasta que no pudieron más y decidieron rebajar la pesada comida disfrutando de diversas infusiones que Beorn les ofreció o fumando de la singular hierba que crecía en su jardín. Todos conversaban tranquilamente intentando posponer la partida hasta que Thorin anunció que ya habían descansado lo suficiente. Con un profundo pesar en sus rostros se despidieron de Beorn prometiéndole que volverían a visitarle cuando todo hubiera terminado y le recompensarían con creces por su amabilidad.

Iriel salió primero para llamar a los talbuks gracias a la conexión del anillo. Lëviah apareció poco después, su manada había estado descansando cerca de la casa de Beorn pues conocía al oso negro desde hacía muchos años y se habían ayudado mutuamente en múltiples ocasiones. La pequeña cría que Iriel había rescatado apareció tímidamente entre las patas de su padre, Iriel se acercó a acariciar su pelaje. Las heridas provocadas por las zarzas casi habían desaparecido por completo y la criatura correteaba por allí alegremente. Los enanos cargaron con todas las provisiones que habían ido preparando a lo largo del día. Aquellas elegantes y orgullosas monturas no permitían que se les colocaran sillas de montar, riendas ni ningún otro elemento que sirvieran para controlarlas, no iban a permitir ser sometidas al yugo de nadie, así que los enanos tuvieron que cargar ellos mismos con las mochilas y montar a las criaturas directamente sobre su piel.

Gandalf se montó sobre uno de los talbuks más altos. Se trataba de Yutha, el hermano menor de Lëviah. Iriel subió sobre el líder de la manada y el resto de los enanos les imitaron. Iriel dio un par de instrucciones a dos jóvenes hembras que se encontraban a su lado y una sonrisa se dibujó en su rostro. Cuando Kíli y Fíli tenían un pie sobre ellas para subirse a su lomo, ambas monturas comenzaron a cabalgar haciendo que los dos hermanos cayeran al suelo tras unos metros de inestable carrera, manchándose los pantalones y los guantes de barro. El resto de los enanos se rieron de ellos e Iriel vio culminaba su pequeña venganza. Kíli y Fíli se miraron entre ellos, sin atreverse a montar de nuevo sobre ellas, sin embargo los animales parecían haberse tranquilizado y les permitieron montar sin incidentes, aunque ambos hermanos se encontraban tensos sobre su lomo, por si se les ocurría volver a gastarles una broma parecida a lo largo del camino.

Gandalf e Iriel presidieron la marcha, el mago porque quería dirigirles hacia aquella fortaleza en ruinas, e Iriel porque iba montada sobre el líder de los animales. Thorin prefirió mantenerse alejado de ellos y cabalgó en la retaguardia junto a Dwalin y sus sobrinos. Bilbo caminaba detrás del mago con un renovado buen humor, ya que el pelaje de estos animales no le producía tanta alergia como el de los ponis.

Caminaron sin descanso adentrándose en las lindes del Bosque Negro, aunque no se adentraron en los peligrosos terrenos que Beorn les había advertido, ya que la fortaleza de Dol Guldur se encontraba al sur, en uno de los extremos más externos del Bosque. Gandalf confiaba en que los enanos no se dieran cuenta de que los estaba conduciendo en sentido contrario.

Llevaban provisiones suficientes para un par de semanas, Beorn les había advertido que el Bosque Negro era un lugar terrorífico y embrujado. No debían cazar ninguno de los animales que allí encontraran ni probar ni un bocado de las setas ni las bayas que allí crecían, y por supuesto no debían caer en el error de beber de las aguas del siniestro río que lo atravesaba.

Los talbuks sorteaban con cuidado las gruesas raíces de los árboles que sobresalían por el camino y conectaban unos árboles con otros. A medida que se adentraban en el bosque el lugar parecía volverse cada vez más siniestro. Los árboles, con sus cortezas desgastadas cubiertas por negros musgos parecían ser la razón que había dado nombre al lugar. Las ramas repletas de hojas eran tan densas que apenas dejaban atravesar la luz, por ello caminando bajo aquel lugar era difícil distinguir la hora del día en la que se encontraban. Extraños sonidos se escuchaban en la lejanía, el crujir de las ramas, el aleteo de los pájaros, el rugido de alguna criatura que preferían no llegar a conocer en su camino. El olor de la humedad y la densa vegetación también impregnaba el ambiente, haciendo que los enanos se sintieran incómodos bajo su presencia. Caminaron durante muchas horas, no supieron adivinar cuántas. Gandalf dirigía la marcha sin pronunciar palabra, aproximándose al sur sin que los enanos se dieran cuenta, se encontraban demasiado preocupados por el oscuro paisaje que estaban recorriendo, así que dejaron al mago que les guiara a voluntad sin advertir que les estaba engañando para sus propósitos. De vez en cuando Lëviah anunciaba a Iriel que había llegado la hora de descansar y gracias a esto pudieron detener la marcha y parar entre aquellos árboles que no les inspiraban ninguna confianza. Thorin hubiera querido avanzar más, pero no podía hacer nada para obligar a las monturas a seguir, así que tuvo que resignarse a los mensajes que Iriel les trasmitía de parte del señor de las bestias.

Así pasaron al menos tres días, cabalgando bajo aquella pesada atmósfera en dirección contraria a su verdadero objetivo. Pronto comenzaron a aproximarse al lugar indicado y el rostro de Gandalf se tensó bajo las arrugas que lo recorrían. Espesas e inquietantes telarañas cubrían los árboles cercanos a aquel lugar, los talbuks comenzaron a quejarse inquietos, algunos retrocedieron un par de pasos, pero su líder les obligó a continuar con un autoritario bufido.

Los enanos también parecían inquietos, aquellas telarañas no eran presagio de nada bueno, las arañas eran unas criaturas traicioneras en todos los rincones de la Tierra Media.

Pronto sus temores se vieron cumplidos y empezaron a escuchar sus delgadas y escurridizas patas deslizándose entre los árboles. La atmósfera se oscureció, como si una niebla maligna hubiera advertido su presencia. Las monturas se detuvieron y los enanos agarraron sus armas. En ese momento un par de arañas negras enormes se presentaron ante ellos mirándoles amenazadoramente con sus múltiples ojos. Le pareció que otros muchos ojos les escrutaban entre la niebla, rodeándoles.

Lëviah se puso al frente, mirándolas desafiantemente, golpeando el suelo con sus cascos y erizando los pinchos de su cuello hacia ellas. Iriel miró al mago y al anillo.

—No lo entiendo. No puedo comunicarme con ellas.

—No te esfuerces, los anillos élficos sólo pueden comunicarse con criaturas nobles y puras. Su alcance no llega hasta criaturas tan oscuras como éstas.

En ese momento una de las arañas escupió mostrando sus fétidos colmillos y se lanzó hacia ellos. Gandalf hizo brillar su bastón cegando a aquellas monstruosas criaturas que se detuvieron en seco e intentaron proteger sus oscuros ojos con sus peludas patas lanzando gemidos estridentes. Los enanos aprovecharon para bajar de los animales y dirigirse hacia ellas. Cortaron sus patas, clavaron sus filos en aquellos apestosos ojos y mutilaron todo lo que encontraron a su paso. Las arañas se desangraron tiñendo el suelo de un líquido espeso y amarillento. El resto de las criaturas que les estaban rodeando retrocedieron y se arrastraron hacia los restos de la fortaleza al cobijo de una fuerza más oscura y poderosa.

—¿Hay muchas más criaturas de éstas por aquí? —preguntó Bilbo asustado mirando con asco los cadáveres que se descomponían en el suelo a una velocidad alarmante.

—Parece que estos indeseables seres pueblan ahora el Bosque Negro, Radagast me habló de unas criaturas que descienden de Ungoliant. Debemos tener cuidado, sirven a una magia oscura y poderosa.

Se dirigió hacia su montura y el talbuk empezó a correr a toda velocidad en la dirección en la que habían desaparecido las arañas. Gandalf conocía multitud de idiomas de la Tierra Media, tanto de las diferentes razas como de los animales, por ello podía comunicarse con ellos sin necesidad de ningún anillo. Los enanos volvieron a sus monturas y le siguieron.

Cuando atravesaron el resto de los espesos árboles una fortaleza en ruinas cubierta de telarañas, escombros y un aura maligna apareció ante ellos.