Capitulo 1

Un barco navegaba por las serenas aguas de Zafrán. Era un crucero de viaje, un hotel errante. Hace horas que pasó la media noche, y la gente que transportaba dormía plácidamente. No todos.

Una adolescente también andante de dieciséis años se levantaba de la cama por culpa de su equilibrio alterado por el movimiento del mar. Los jugos gástricos estaban revolucionados y querían salir del estómago. Salió corriendo de la habitación, del interior, a cielo abierto. El kappa con un nenúfar de sombrero, que dormía humildemente en el suelo, despertó y la vio abrir la puerta. Miró el negro mar que aún se unía con la esfera y esparció su ácido bilis en la ondulante agua.

-Aaaj, jopé... es la tercera vez que vomito en esta noche.- Refunfuñaba aprovechando la ausencia de gente en el barco. El lombre que le hacía compañía la miró preocupada. Ella giró la cabeza un momento, para contestar a esa cara de preocupación que tenía.

-No... no te preocupes, Lol, es solo que no puedo estar dentro...- Suspiró. -Maldito líquido del oído que controla el equilibrio...

Se quedó entre brazos en la barra que separaba el barco del mar, mirando el frente, esperando indicios de sueño, mientras sentía la brisa marina. Como entretenimiento, hablaba con su pokémon de su destino, no sin antes quejarse de los constantes mareos que tuvo en todo el viaje.
-Espero que este viajecito en barco merezca la pena... Que no haya ningún entrenador que farde de ser el más fuerte y reta a todo dios. ¡Y cómo no sea así...! Oye, ni puñetera idea de lo que haré, tú.
Lol insinuaba herirles con sus pequeñas zarpas. Se las miraba, con una mirada maliciosa.
-¿Aunque para qué me irían a mentir? No tiene ningún sentido hacerme pasar un mal trago. ¿Qué beneficio tendrían?- Se encogió de hombros. -¡Bueno, el caso, que quiero descansar de tanto combatir y tanto entrenar! Y supongo que tú también.
Lol asentió con ganas de tener unas pequeñas vacaciones en respuesta.
-Buf... Es la última vez que cojo un barco- Decía constantemente. -Definitivamente, la próxima vez tomo la vía aérea.
Aunque en eso Lol no estaba de acuerdo. Le daba pánico las alturas, y como buen pokémon acuático, le encantaba ver el agua, sea dulce o salada. La chica, con el nombre de Gionna Fernández, seguía contemplando el aparentemente quieto paisaje; más bien a la luna. No vio gran cosa, obviamente, salvo una figura alargada que tenía cabeza que no dejaban ver aquellos puntos brillantes del cielo llamados estrellas.

-¿Hum? ¿Qué es eso?- Miraba aquella silueta. Parecía y era un pokémon, no muy común. Pasó un breve rato en la duda, hasta llegar la conclusión de qué era.
-Un lapras...- Bosteza. -Ningún pokémon marino tiene un cuello tan largo como este. Aunque por lo general su actividad no es nocturna... En la noche descansan en playas, en el día se dedican a cazar peces, pero en la noche duermen. Que raro que un lapras navegue a estas horas... -La palabra "horas" le hizo recordar el transcurso del tiempo. Arremangó la manga de su polar verde para que deje mostrar su reloj digital. Un botón y una luz azulada indicó unos números que hacían una idea de lo tarde que era.

-Buf... Las cinco de la madrugada. - Volvió a colocar la manga por donde le pertenece. A estas horas ella estaría durmiendo, si no fuera la fiesta que se está dando en sus tripas.

Estaba deseosa por llegar a Otonia. En el barco no podía dormir ni comer. Comer podía, pero extraer los nutrientes de lo que ingería no.
Intentaba no dormirse con los brazos colgando en la barra de seguridad. Estaba que no podía. Quería llegar a ver el sol salir, tiñendo el oscuro paisaje de naranja. Pasaba el tiempo, y al final se quedó rendida, dejando que sus brazos bailoteen en el aire, el cuerpo inclinado hacia delante y la boca soltando aguas. Su Lombre por el contrario había dormido medianamente bien y ya estaba desvelada. Iba amaneciendo. El barco estaba llegando a su destino. En cuanto la luz ya se llevó las estrellas por delante, Lol intentaba despertarla agitándola. No respondía.

No tenía opción. Lanzó un chorro de agua a presión para que reaccionara. Lo consiguió, hizo que al menos abriera los ojos. Miró de nuevo el reloj.
-Mira que bien, he descansado un buen rato. Una mísera hora.- Se quejaba de nuevo. Se percató de que se iba acercando a tierra. -Oh, mira que bien, ya llegamos.- Le costaba horrores separarse de la barra metálica, pero lo logró. Fue a buscar las maletas en su cuarto, y de enseguida regresó de nuevo con las náuseas.
-Anda, Lol, ve a por las maletas tú... Ay...- Ordenaba afectuosamente mientras hacía cascadas de vómito.

Nada más llegar al puerto, ella misma llevó parte del equipamiento. Cargaba con una bandolera grande por uno de sus hombros, y una maleta igual de verde que su polar, cuyas ruedas la hacían caminar. Su Lombre cargaba con una mochila no muy grande y poco pesada, estampado de margaritas.
Tenía un hambre atroz y un cansancio muy acentuado. Lo más importante era comer, por lo que tenía que adentrarse en la ciudad y encontrar una cafetería por donde servían pastas.

Mientras ella estaba buscando un buen sitio para saciar ese pozo vacío, el lapras avistado por la noche se paraba lateralmente en un rincón del puerto. Su único pasajero, la fugitiva Plusle, bajó de su caparazón con el capturador de su compañera en la boca para tocar tierra de nuevo. Se despidió de Lapras y caminó rumbo a Villavera. Pero para su infortunio, un pokémon vil aguardaba el momento propicio para tomar su vendetta. Estaba rebuscando en la basura a ver si encontraba algún pescado, y ver a ese Plusle de nuevo le crispó. Puede que fuera una pequeña broma lo que le hizo meses atrás, pero los Houndoom tienen la mala costumbre de ser rencorosos. Fue en su persecución, y esta se dio cuenta de enseguida. Corría desesperadamente para no ser herida.

Pasó por la fuente que decoraba la plaza de la ciudad, donde un par de ludicolos siempre daban un alegre bailoteo, las calles por donde pichus, snubulls y makuhitas caminaban y jugaban entre ellos, y también por donde las gentes hacían sus compras matutinas. Entre las tiendas, están las cafeterías, un perfecto lugar para dar un pequeño respiro fuera de casa.

Corrían rápido. Lo suficiente como para captar la atención de los ciudadanos que estaban sentados disfrutando del aroma del café. Gionna, que había pedido un croaisant y un vaso de agua para hidratarse después de tanto extraer líquidos, giró la cabeza hacia el cazador y la presa cuando estaba a punto de pegar bocado a su pasta.

Houndoom acorraló a Plusle en una calle cerrada. El colérico carnero infernal sonrió, mostrando sus afilados dientes. Plusle abrazaba el capturador inútilmente, solo para reprimir su temor.
En cuanto la hambrienta miró aquella escena, pensó intervenir... Después de comer su desayuno. Houndoom respiró hondo y le empezaban a salir ascuas de sus fauces. Esto ya era el colmo. Cogió el croaisant y se lo llevó en la mano. Lol, que comía tranquilamente una manzana, vio que su amiga se levantaba y se dirigía hacia ellos. Dando un bocado detrás de Houndoom y con la boca llena llamó la atención con la voz. Este se giró.

-Deja a ese pequeño conejo en paz- Decía mientras masticaba. -O al menos no lo chamusques, podrías quemar alguna casa.

Plusle ponía cara de incomprensión. Houndoom tomó a aquella figura humana zampante como una molestia. Preparaba de nuevo su fuego. Ella lo notó de enseguida y se metió toda la pasta en la boca. Por poco aquel chorro le quemaba.

No podía decir nada. Tenía la comida almacenada en toda la boca, que intentaba triturar. Lol miró como distraía a aquel perro. Decidió en acudir en su ayuda cuando vio que la atacaba. Dejó los restos de la manzana y se abalanzó contra Houndoom con sus zarpas, haciendo finas líneas que enrojecían en la piel del sabueso. Este devolvió los arañazos con un mordisco en la mano. Le dolía, pero estaba acostumbrada a que le golpearan; después de todo, ha tenido que pelearse con otros pokémon.

La guardaespaldas de Gionna seguía protegiendo a su señora, con todas las armas que tenía disponibles; chorros de agua, semillas drenadoras, uñas hirientes... Y también su oponente intentaba tumbarla, ya sea a bocados, con grandes chorros de fuego y con juegos sucios de engaño. Uno salía empapado, enfriado, con pocas energías, con múltiples arañazos... La otra solía quemarse con las llamaradas que escupía, llena de mordiscos y caía alguna que otra vez por aquellas fintas que hacía. Aunque en teoría Lol tenía mayor ventaja, estaba igual que su agresor.

Gionna pensaba en como hacer que Houndoom parase de atacar, sin herirlo demasiado. Mas parecía que no quería dejarlas en paz hasta que una de ellas muriese.

Plusle, cuya conciencia le dominaba el miedo, recobró claridad en su pensamiento. Aprovechando el altruismo de la entrenadora, siguió su rumbo hacia Villavera, aunque llegar ya no le hizo falta.

Se encontró con el jefe de la zona oeste de Floresta, que lucía un pelo verde oscuro, cuyo pelo estaba sujeto desde abajo con una cinta blanca. Tenía la camiseta y los pantalones de color negro, una torera roja y bambas también rojas, aunque no del todo; tenía partes blancas y amarillas.

-Vaya, Plusle, no me esperaba encontrarte pronto.-Cogió el capturador cubierto de barro seco mientras le daba unas caricias en la cabeza del plusle. No prestó atención a lo que pasaba hasta que oyó el aullido de dolor que soltó Houndoom al recibir otro de los múltiples arañazos de Lol. Esta vez fue un golpe directo.
Estaba débil. Sus patas le dolían. Cayó al suelo sin remedio.

-Buf... Me hubiera gustado no recurrir a la violencia para que no quemara nada, pero... No tenía remedio.- Suspiraba. -Venga, Lol, vayamos a pagar.

En cuanto se iban dentro, el carnero, sediento de sangre, se levantó costosamente y soltó un rugido. Se giró por el bramido y le miró incrédula. ¿Cómo un pokémon, después de ser azotado varias veces, puede seguir queriendo luchar? Como siempre, su lombre estaba dispuesta a protegerla, pero esta la detuvo.

-No, Lol, has hecho suficiente. Descansa. Bueno, primero tráeme la pokéball de Akirosoku, y deprisa. No tardará en volver a atacar.

Antes de que Lol obedeciera, Alejandro interrumpió. La actitud le pareció demente. Tenía que impedir que hiciera más daño a ese carnero canino.

-No vas a sacar a ningún otro pokémon. Déjame esto a mí.
-¿Tú?- No lo entendía. Él no tenía ningún pokémon a su lado, y no parecía que el fuera muy fuerte. ¿Aunque quién era ella para juzgar la fuerza que tenía? Quizá sabía artes marciales... ¡Qué importaba! Quería saber lo que tenía entre las mangas.

Alejandro iba a sacar el capturador del bolsillo que lo transportaba. Pero antes tenía que saber una cosa. Tenía que saber si el capturador que Plusle llevaba aún funcionaba. A parte, escuchó las palabras de Gionna tras que su Lombre debilitara a Houndoom. Quizá ella no era tan frívola como creyó. Quizá era una simple ignorante que solo conocía la violencia como único recurso para calmar a los pokémon.

Decidido estaba. Una lección se le tenía que dar.

-Aunque... será mejor que manejes esto.- Le tendió la mano, que tenía sujeto el sucio aparato. Gionna aceptó cogerlo, pero solo para echarle un vistazo. Era extraño que un completo desconocido le diera un desconocido aparato. Vio que el aparato tenía una solapa, cuya apertura dejaba mostrar varios botones. Reconoció de enseguida de que esta pieza tenía alguna función. Ahora tenía que descubrir cual era. Apretó botones al azar para encenderlo, no prestó atención a Alejandro. Logró encenderlo.

En la pantalla se mostraban varias indicaciones. Botón tal para esto, botón cual para lo otro...
-¿Se ha encendido? Bien, ahora pulsa el botón azul.
-¿Y eso para qué?
-¡Tú hazlo!

Encogió de hombros. Quería que le contestara, pero a la vez quería ver lo que pasaría si lo pulsa, así que le hizo caso. Una antena se alzó hasta unos veinticinco centímetros de largo. ¿Era solo eso? ¿Solo levantaba una antena y ya está?

En la pantalla apareció una instrucción que iba a dar Alejandro. Se adelantó a la orden y apretó el botón verde. Una peonza salió del aparato que dejaba un rastro de energía. La antena tomó el mismo color que la luz que dejaba el disco. Movió la mano que sujetaba ahora mismo el capturador, solo para ver si parecía una espada láser. Notó que la peonza también se movía.
Houndoom se estremeció. Sabía lo que era. Con eso lo capturaron una vez, y no quería ser capturado de nuevo.

-¡Perfecto! Ahora conduce el disco capturador hacia ese Houndoom y rodéalo.
Busca cómo moverlo hacia delante, que es lo que le interesaba, y pronto le pilló el truco. Ya estaba, ahora hacía círculos al herido Houndoom, acorralándolo. Afortunadamente para él sabía como salir de ahí. Lanzó una pequeña llamarada mientas la peonza bailaba en círculos. Al romper el hilo de luz, un rayo regresó al aparato, dando un pequeño calambre a la mano de Gionna.
-Me olvidé mencionarte que tengas cuidado con los ataques de los pokémon. Si cortan la línea, la energía empleada por el capturador regresa dañándolo. Aunque si el pokémon solo llega a tocar la línea, esta solo se rompe, pero no daña.
-Entendido...- Dijo vacilante y dolorida. Sacó de nuevo el disco, intentando de nuevo rodear al feroz pokémon. En cuanto notó que iba a lanzar de nuevo una bola de fuego, esta paró de hacer círculos y ordenó con la agitación que hacía con su palma que lo esquivara. Por poco le da directo al disco.

Después de que atacara, el disco siguió danzando alrededor de Houndoom. Finalmente, la luz que dejaba se hizo más intensa.
-¡Ahora sube la antena!

El círculo trazado se quedó en el aire, haciéndose más pequeño hasta comprimir a Houndoom. El hecho que le extrañó a Gionna es que el círculo, cuando tocó a Houndoom, este ya no se oponía; es más, ya no tenía ganas de atacar. Corrió hacia Gionna, aunque ella lo interpretó como amenaza, el miedo le paralizó. La tumbó y la acariciaba la cara con la lengua. Cada vez entendía menos. ¿Cómo puede un halo de luz convertir a un fiero lobo en un cariñoso galgo?

-Bueno, bueno, ¡ya vale!- Imploró la entrenadora. A Alejandro la escena le dio gracia. Este tipo de sucesos suelen ser entrañables, pero en este caso adquiría tono cómico. Lol miró a Houndoom extrañada. "¿A qué venía ese cambio de actitud?", se preguntaba.
-Después de hacerte tanto daño, vas y me chupas la cara como un polo... ¿Se puede saber qué te ha picado?- No sabía nada de lo que acababa de hacer. Los rangers, mientras se captura al pokémon, consideran que transmiten sus sentimientos al objetivo. Cuando se completa la captura, entonces estos se convierten en fieles amigos. Pero algo extrañaba a Alejandro. La reacción que tuvo Houndoom tras la captura era señal de que los sentimientos transmitidos eran muy fuertes positivamente, pero ella mostraba cierta apatía en sus palabras.

Plusle, en cambio, pensó que había encontrado un bis de Selena. El mismo perro mostró las mismas muestras de afecto que en ese momento estaba dando. Lo único que a Selena la raptaron una banda de rock de los años setenta. Y además, la desconocida entrenadora no se asemejaba en actitud ni en aspecto. Selena tenía una espera coleta que se alzaba arriba; sus ojos eran rojos como el uniforme de los rangers de Villavera y de la unión en general, y era alta un poco más alta. Gionna, en cambio, no tenía una estatura envidiable; incluso, conjunto a su desmadrada media melena castaña oscura, sus grandes ojos marrones escondidas tras unas gafas de cristal medio rectangulares y su vestimenta informal constituida por un polar verde manzana y tejanos azulados de campana, le quitaba un par de años de apariencia. Aunque su chaqueta roja para la nieve le daba algún recuerdo de ella, todo y que no era una torera.

No obstante, Alejandro estaba convencido de que podría ser una buena ranger. Podría instruirla para que no dañe a ningún pokémon de la región y luego, cuando haya aprendido lo suficiente, mandaría a ella a rescatar a Selena. Sin embargo, pensó que rechazaría la propuesta para ser ranger, por lo cual, aquella posibilidad se le iría de las manos. Pero quería a Selena de vuelta. Tenía que pensar en un plan. Y para empezar a idearlo, se fijó en el equipamiento que dejó en la mesa de la terraza.

Las conclusiones que había sacado era que no venía de aquí, si no de otra región, y probablemente tendría que pagar un hotel. Si decía que tenía una habitación para ella y que no le afectaría al bolsillo, entonces seguro que accedería. Empezó a proponerle.

-Esto... tú eres de fuera, ¿no?

-Em... sí, soy de fuera... ¿Por qué lo dices?

-Por el equipaje. Supongo que buscarás alojamiento.

-No andas equivocado... ¿A caso eres amo de llaves o así?

-Algo así. Tengo un... albergue en un pueblo cercano llamado Villavera. Las habitaciones son un poco pequeñas y hay muy pocas, pero al menos son muy cómodas. Y precisamente tengo una libre. Si te interesa...

Lo que decía le tentaba poco. Y si de verdad eran pocas, entonces el precio sería elevado, o eso pensó.

-¿Y... cuánto costaría esta habitación...?- Preguntó para asegurarse. Entonces empezó a pensar. ¿Qué diría si en ese albergue se tenía que hacer más que tareas domésticas? ¿Tendría que decirle que costaba hacer unas misiones o que era completamente gratis? Pues los viajeros vienen a reposar en esa región, no a trabajar. Aunque parecía más una turista con ese equipaje.

Además, ya había mentido desde un principio. ¿Desde cuándo una base ranger es un albergue?

-¡No te costará nada! Con tan solo mantener la habitación ordenada cuando te marches bastará.

-¿Ah? Bueno... ¡si me lo ofreces así...! ¡Creo que podré aguantar un poco de trabajo físico si no tengo que pagar por los servicios! ¡Bien, lléveme a ese albergue, buen hombre!

Tal y como pensó. La economía venció a la comodidad. Después de que ella pagara al señor que manejaba el negocio de la cafetería, Alejandro llamó a su acompañante Fearow con un silbido. Una gran cigüeña emplumada de color marrón con cresta de gallo vino rauda y agarrando a los dos desde sus chaquetas con las zarpas de sus patas los llevó a Villavera. Plusle, como tiempo atrás, se sujetó a la pierna de la inconsciente principiante, que agitaba los brazos con nerviosismo mientras se balanceaba por el aire que le venía de enfrente.

Y así, volando, llegaron al pueblo de la verde llanura.