Capítulo III
Afuera hacía silencio, de seguro que ya todos se habían marchado. Atisbé por la ventana y no vi ni un alma por esos alrededores iluminados por la luna.
Las palabras de Bofur seguían dando vueltas en mi mente y no entendía por qué Gandalf y los Enanos daban por sentado que Thráin estaba muerto… ¿Qué tan horrible podía ser ese Nigromante? Me estremecí ¡Lo último que quería en la vida era ver algún monstruo de Melkor! Pero Thorin tenía razón, tal vez su padre seguía vivo y todavía prisionero de ese monstruo.
Gandalf decía que el Enano ya no tenía remedio, que había perdido la razón por completo y que ya nada había que hacer por él, pero dejarlo a su suerte y abandonado sin saber nunca si murió o no era algo que un hijo no debía hacer: Abrí la puerta y salí de mi habitación con rapidez, y buscaría a Thorin y le diría que yo creía que su padre estaba vivo y de que tal vez deberíamos salir a buscarlo.
¿Deberíamos? Me detuve en seco ante aquel pensamiento ¿Yo meter mis narices en asunto tan demoníaco? No conocía esta faceta mía.
No conocía mucho de mí en realidad, y no me había dado cuenta de eso hasta que Nori durante la cena me preguntó: "¿Y qué hay de su familia, maese Bolsón?" .Mi abuelo me contó que mis padres habían muerto cuando intentaron navegar por el Delagua… Nada más eso y no me había dado cuenta de lo vaga que era esa historia hasta que tuve que contársela a Nori. Estaba igual que Thorin, a quien le dijeron "Tu madre murió cuando eras muy pequeño", "Tu padre se perdió para siempre" y hace 100 años que no sabe de él. Así no más.
Cuando llegué a la sala encontré todo vacío, en la casa ya no había nadie, todos se fueron sin dejar rastros, excepto una nota de Gandalf: "Estimada señorita Bolsón. Muchas gracias por vuestra sincera hospitalidad. Thorin y compañía estarán hasta las 11 en la posada del Dragón Verde, junto al Delagua, donde haremos los preparativos del viaje. La esperamos con mucha puntualidad"
Solté la nota, miré todo a mi alrededor con el corazón acelerado y refleccioné sobre lo que yo realmente deseaba. De repente me moví apresuradamente, fui al cuarto y me puse mi capa de viaje, tomé un bolso y lo llené de comida y cosas y salí al frío de la noche cerrando la puerta de mi agujero-hobbit tras de mí. La noche oscura y tenebrosa me esperaba y yo me interné en sus fauces, que tragaron mi figura para siempre.
Corrí tropezándome con cualquier cosa que hubiera en el camino pues no veía bien, la luna alta y gélida apenas iluminaba mis pasos. Bajé por las colinas y dejé atrás La Comarca y no podía imaginar que era la última vez que la veía. No muy lejos divisé el sendero más allá y en un claro del bosque pude distinguir unas figuras que caminaban a lo lejos portando unas antorchas.
-¡Maese Gandalf!- exclamó Balin- ¡La hobbit!- dijo y señaló atrás al sendero que se internaba en la negrura de una colina. Los Enanos detuvieron el paso y miraron hacia donde Balin señalaba.
-Sí, así es. Nuestra hobbit viene allá atrás- rió Gandalf al ver la pequeña silueta saltarina que se acercaba.
Corrí a su encuentro y los alcancé.
-Creo que debemos hablar- les dije.
-Maese Bolsón, viene con nosotros entonces- intervino Dori –Está usted dispuesta a enfrentarse al dragón-
-¿El dragón?, oh sí, eso- la sangre se me heló, en realidad se me había olvidado ese pequeñísimo detalle en mi decisión- Ohh, sí, claro- balbuceé –Pero debemos hablar, tengo algo que decirle al señor Thorin…-
Antes de que perdiera la inspiración me dirigí a la cabeza de la caravana donde iba Thorin con Gandalf, pero mi nerviosismo me puso tremendamente torpe y una jugarreta del destino quiso interponer en mi camino una piedra que no vi por la oscuridad y con la cual tropecé aparatosamente… y caí, como era de esperarse, al piso horrendamente.
Como una completa tonta quedé ante todos con aquel teatro. Los Enanos se apresuraron a ayudarme a parar excepto Thorin que se quedó al frente impertérrito.
-Estoy bien, gracias, gracias, no necesito ayuda- dije con cortesía abrumada por tantas atenciones, pues estos Enanos eran muy corteses. En realidad me sorprendía encontrar en ellos a hombres tan decentes y respetuosos, nunca antes me habían tratado así.
Cuando ya estaba otra vez de pie Thorin me iluminó con su antorcha y lo que vio allí fue a una hobbit llena de polvo y con el cabello despeinado.
-¿Se encuentra bien?- dijo con algo de preocupación como si yo estuviera hecha de cristal a punto de romperme. Yo avergonzada sólo asentí –Porque en este viaje se encontrará con cosas muchísimo peores que tropezarse con una piedra, señorita- agregó cambiando de tono de repente y con cierto reproche, y me dejó fría. Estaba claro que no me aprobaba y que era una molestia porque alguien como yo no sobreviviría ni al primer altercado, y ahora me juzgaba una tonta inepta sólo porque me tropecé. Qué injusto, sentí mucha rabia pero no le dije nada, y tampoco le diría lo que había estado pensando cuando estuve sola en mi habitación, lo que me motivó a llegar hasta ellos.
Me pregunto si Thorin notó mi rabia, creo que sí, porque me observó con curiosidad, pero no se podía averiguar qué pensaba.
A la final dio la media vuelta y continuó liderando la marcha, con Gandalf atrás que me guiñó el ojo y me animó a seguir. El sabio mago sabía lo que yo sentía, pero me incitaba a no dejarme intimidar pues una solamente debía tener mucha confianza en sí misma y ser como una era sin oír ni preocuparse por lo que los demás pensaran, porque tal vez los demás eran los tontos.
Pero en serio… ¿Para qué me estaba yo enlistando en una cuestión que ni me incumbía y que pondría mi vida en peligro?. Tenía la sensación de que el líder de aquella repentina misión donde me habían involucrado no me consideraba su igual, por ser yo lo que era, una delicada señorita hobbit, o porque cometía errores que cualquier otro podía cometer, y eso no me gustaba. Pero tampoco estaba segura si juzgaba a Thorin con justicia.
Tal vez debía averiguarlo.
-Chicos, yo no estoy hecha de cristal, no necesito que me ayuden, yo soy igual que ustedes- les dije a todos –Y me uno a su aventura porque soy capaz de ayudarlos, pero soy igual que ustedes y así les pido que me vean- recalqué y no sé de dónde me salió tanta firmeza. Tal vez fue el hecho de que Thorin dudara de mí lo que me hizo tomar una decisión tan rápido y sin miedo, pues quería demostrarle a la gente lo mucho que se equivocaban –¿Qué creen que soy? Soy diferente a ustedes sí, pero cada quien tiene sus habilidades, ni unas son más valiosas, ni otras son más insignificantes, y está en nosotros usarlas para contribuir bien en algo, así que yo puedo-
Los Enanos se habían detenido para escuchar a la sorprendente criatura que desafiaba las creencias que tenían hasta ese momento, y si estaban algo atónitos Thorin lo estaba aún más pues se quedó parado con ojos de sorpresa y una ligera expresión de satisfacción que no quería reconocer. Los viejos Oin y Glóin que estaban a su lado murmuraron:
-Ni su hermana Dís lo había enfrentado así nunca ¿Eh?- se rió Oin.
-Cierto, cierto, Oin. La hobbit nos ha sorprendido, pero más a él ja,ja,ja- comentó Glóin con una sonrisa.
-Amigos, más que para matar a un dragón, este viaje lo planeé para salvar a dos personas- les dijo Gandalf sin que Thorin lo escuchara y los dos Enanos no entendieron exactamente a qué se refería el mago.
Finalmente Thorin reacciona y dice escuetamente:
-¡Prosigamos! Estamos perdiendo todo el tiempo, tenemos que llegar a la posada para comprar los ponys y empezar el viaje-
Otra vez dio la media vuelta ignorando todo lo demás y pensando sólo en su camino.
-Nosotros tampoco tenemos mucha experiencia- Fili se me había acercado una vez emprendida la marcha por el oscuro sendero -¿Sabes manejar la espada?-
-Ehhhh, pues no soy una experta. Como sabrán a las chicas no nos enseñan esas cosas y tampoco nos gustan, mucho menos si eres hobbit. Pero eso no significa que no seamos capaces ni nos hace menos-
-¡Nosotros te enseñaremos!- dijo alegremente Kili que se adelantó para alcanzarme e ir al paso con nosotros, algo alejados de los otros Enanos.
Entonces supongo que ya no hay posible vuelta atrás en verdad. Mi aventura continuaría, yo que me había pasado toda la vida sin arriesgarme en nada y odiando salir de mi Comarca.
Y así en un dos por tres se cerraba mi destino.
