Capítulo IV
Nuestra aventura marchó sin altercados hasta tierras bastante lejanas. Nunca en mi vida había visto el mundo, tan inmenso y majestuoso, y más ante mí que era tan pequeñita.
Y a pesar de mi edad, era la niña que estaba recién abriendo los ojos. Me sentía cohibida en medio de los Enanos, no me decidía a tratar el asunto de Thráin que tanto había pensado, ni de nada más, por temor a equivocarme y hacer que se molestaran en cambiar de planes, y arruinar la misión; porque yo en realidad no sabía nada de la vida, no podía saber más que Gandalf.
Pero pronto lo iba a hacer, de alguna u otra forma debía, lo que pasa es que los altercados se presentaron mucho más temprano de lo que esperábamos.
Durante aquellos primeros días todas las conversaciones en el grupo giraban en torno a cada cosa que veíamos y los Enanos eran en realidad muy sabios con respecto a la historia de la Tierra Media, aunque no más que Gandalf. Pero Gandalf era un misterio, a pesar de todas mis preguntas aún no me aclaraba cómo me conocía de antes, si yo de él acaso me acordaba de su nombre, si es que alguna vez lo oí. Nadie sabía quién era, aunque se supiera que era un mago, un "Istari" como decía él, no se sabía lo que había detrás de eso.
Fili y Kili me enseñaban la lucha con espada, Dwalin también se unía a mis entrenamientos de vez en cuando, Balin me contaba por las noches infinidad de historias de su raza. Bofur bromeaba todo el tiempo y Bombur no paraba de comer… lo que era un problema porque no teníamos comida de sobra, la teníamos racionada. Bifur no hablaba mucho, pero hacía montones de señas, Oin y Glóin también me educaban con ese asunto de las armas, Ori, Dori y Nori andaban más perdidos que yo, y Thorin vigilaba todo hablando muy poco.
Él era muy distante pero con el tiempo empezó a acercarse, y cuando aprendía el uso de la espada se paraba a mi lado y me guiaba en algunos movimientos. En realidad no era tan arrogante como parecía, parecía que se estaba divirtiendo conmigo en esos momentos.
La espada era en verdad pesada para mí, y me agotaba con mucha facilidad, pero yo estaba dispuesta a aprender.
-La espada debe ser pesada, toma ésta- me enseñaba Thorin cambiándome la espada que usaba por otra más pesada. Resoplé, pero debía seguir entrenando –Porque si aprendes con esta espada podrás dominar mucho mejor el combate con otra más liviana-
La cosa no era nada fácil para mí, tal vez podía moverme bien, pero no tenía la suficiente fuerza, pero para ellos era un paseo.
-¡Vamos! ¡Golpea!- Thorin me estaba presionando, para él cada esfuerzo que yo hacía le era un chiste. De hecho hasta se reía de vez en cuando. Atacaba con suavidad y yo trataba de combatir con aquella pesada cosa -¡Muy débil! ¿Qué harás ante un orco?–
Avergonzada me le enfrenté otra vez, sin dejarme desfallecer, entonces Thorin atacó esta vez con todas sus fuerzas… En un segundo estaba yo en el piso derribada y la espada había ido a parar a donde estaba Bombur durmiendo la siesta.
-Y tú dices que eres nuestra igual- dijo Thorin bajando la guardia- Que puedes luchar… y ahí estás, en un segundo se te puede matar, niña ¿Entiendes ahora lo que te digo?-
Cansadamente se retiró del claro del bosque donde entrenaba, ante la mirada sumisa e impotente de Fili y Kili.
Gandalf había visto todo eso y meneaba la cabeza molesto:
-¡Thorin Escudo de Roble! ¡Eres un tonto!- le dijo.
-¿Por qué? ¿Porque le estoy mostrando la realidad y tratando de salvarle la vida a esa señorita? – replicó el Enano tomando una manzana de un saco y sentándose a comerla alegremente. Thorin era el único que seguía llamando a Belladonna "señorita", los otros ya la llamaban "maese", como parte del grupo.
-Usas tu fuerza para hacerte el importante, o sentirte superior. Pero sabes que la fuerza no es solamente física, Enano cabeza dura. Tienes muchas cosas que aprender- le espetó el mago.
Thorin bufó, en realidad él no era así, nunca en su vida había sentido que le divertía molestar a alguien más o hacer gala de sus habilidades como hombre y guerrero, pero por alguna razón aquella hobbit le hacía ser así. No lo hizo para sentirse importante ni tampoco para enseñarle ninguna lección a ella como tanto pregonaba; Thorin se sintió muy confundido pues hizo aquello porque quería que Belladonna viera que era un gran guerrero, sí, así fue, y eso era bastante tonto. Lo que hizo fue quedar mal. Él era un rey no un niño como para comportarse así, y jamás fue un niño de hecho, porque desde muy pequeño Thorin fue educado para ser un guerrero sin darle cabida a tener una infancia feliz. Al fin se avergonzó de sí mismo por primera vez en su vida.
Gandalf se alejó refunfuñando "Estos Enanos me calientan la cabeza" y Thorin, descansando solo allí bajo la sombra de un árbol, suspira profundamente. Observó que Belladonna Bolsón estaba allá de lo más despreocupada con Bofur, como si nada hubiera pasado, y ojalá él pudiera ser de otra manera, como Bofur que era su amigo, todo lo contrario a él. Era admirable, sí, la hobbit era admirable, que estuviera allí en ese viaje con unos Enanos desterrados y sufridos en una misión casi suicida, sin tener ella nada que ver con eso. Eso era algo que Thorin nunca haría. No, no había sido muy justo con la hobbit, en lo absoluto, pero ¿Ser amigable? Eso no podía. Thorin nunca tuvo amigos sino compañeros de batalla, jamás le interesó una mujer o algo más que no fuera su trabajo y la intensa vida de guerra que tuvo, y ahora estaba a cargo de todo un pueblo que iba en vías de extinción. No podía ser de otra manera, él no podía controlar su naturaleza, su dolor, el peso en su alma era muy pesado y nadie podía comprender eso.
Luego de una tarde de marcha, olvidado ya el asunto, hicimos una parada ya en los lindes del Bosque Negro, uno de los destinos más temidos en nuestro viaje. Para colmo de males Gandalf nos dejó solos porque se le presentó "un asunto urgente" que atender. Nadie sabía qué asuntos movían al misterioso peregrino, pero no nos quedaba de otra.
Para mí Gandalf era necesario ¿Qué haría la compañía sin su guía? Me dejó desolada que tuviera que irse, pues sentía que mi bienestar y seguridad dependían mucho de él: "Está negándote a ti misma que aquí con estos Enanos está mejor que en La Comarca, querida. Tú debes seguir tu camino, Belladonna. No tengas miedo ni dudes de ti, yo te puse en este lugar porque sé que aquí debes estar. Además, tienes 12 amigos y te sientes mal porque uno te rechaza ¿Por qué ese uno es tan especial para ti?… Tienes mucho que aprender Belladonna" me guiñó el ojo y con calidez puso su mano sobre mi hombro añadiendo: "Volveré" me dijo cuando me aferré a él para que no se marchara. El mago nos dejó solos y todos lamentamos aquello.
Ahora tenía que valérmelas por mí misma y ganarme mi lugar en la compañía si continuaba con eso, y para empeorar la situación ese bosque que teníamos que cruzar era peligroso y aterrador.
Esa noche no pude dormir de lo mal que me sentía. Me dije mil veces que ya no tenía marcha atrás pero después de que fui vencida tan fácilmente por Thorin esa tarde, después de la ida de Gandalf, ratificando que era una pequeña criatura indefensa y débil aventurándose en un mundo cruel y duro, que no tenía oportunidad ante los orcos, dudé de mi decisión y tal vez antes del amanecer me escurriría lejos de allí para regresar a mi añorado agujero-hobbit.
Todos se habían dormido, la oscuridad era total y yo estaba bastante alejada del grupo. Me marcharía, sí, así que me levanté y agarré mi capa de viaje, mi bolso y cuando di la vuelta… ahí estaba una figura se recortaba contra el cielo frente a mí, parado observándome ¡Era Thorin!
