Capitulo 4

Los tres pokémon y entrenadora entraron en Otonia. ¿Quién iría a decir que desde el primer día en su estancia tuviera que volver a la ciudad para luego no regresar? Era otro lugar más donde reinaba una guerra fría entre bandas. ¿Por qué no la informaron de esto? ¿Por qué solo se tuvo que conformar con el nombre del paraíso? Tuvo que desconfiar, demandar detalles. Ahora tenía la urgencia de marcharse, antes de que se encontrara un accidente similar. Pero antes tenía que quitarse esa vestimenta cubierta de polvo. Ahora que tenía su monedero y su mochila, podía ir a adquirir ropa normal.

Pero se sentía débil. Junto con el shock, que aún le afectaba en su estado de ánimo y la falta de alimento hacía que sus piernas le pesaran como yunques. Tenía que pasar por la cafetería de antes para tomar el desayuno que no tomó, todo y que estaban a punto de ser horas de comer.

Sentada en la mesa, y después de ocultar el capturador en su mochila, con cuatro bolas y una cuarta que lucía diferente de las demás, Kyumbreon notó que algo se salía de lo normal. No le metió en su pokéball, y eso que no se la dejó.

-¿No me metes en mi pokéball?- Le recordaba que estaba fuera, claro que ella ya era consciente de estaba tomando aire fresco.

-No... Necesito a alguien con quien planear nuestro próximo destino.- Argumentó por qué no le metía, todo y que podría haberle comentado las anteriores desventuras pasadas en vez de hablar sobre su futuro incierto. Pero sabía que era asuntos que no incumbían en esos momentos.

-Entiendo...- Subió a una de las sillas de la mesa, para ponerse a su frente. -No puede planear sola el próximo viaje por lo sucedido, ¿verdad que sí?
-Tan perspicaz como siempre...- Apoyaba parte de su cara en la palma de su mano zurda.

-Pues apresúsere y saque el mapa del continente.

Eso era lo que tenía que hacer. Dejarse de tanta historia y expandir el folio plastificado por toda la mesa. Prácticamente no se veía la mesa; ahora era un gran trozo de tierra de colores acompañado de varias islas bañado en las aguas del Océano Pacífico, cercano a América y Ásia. Mientras miraba el mapa sentada, Plusle se puso encima de las piernas de Gionna para reposar mientras ella pensaba. Entre letras pequeñas, unas más grandes daban nombre al continente.

Glimáthikos.

Los dos miraban el mapa dubitativos. Pensaban por dónde podrían ir. Pero ella suspiró nada más pensar que tendría que volver a coger un crucero.

-Puf... no me puedo creer que tengamos que movernos de aquí tan pronto.
-Esto le pasa por incauta. Habéis cedido que fueran generosos con vos a un precio que no era visible. Ya supe el destino que le aguardaban para vos cuando le traían estas ropas. Ahora deberá de pagar por su ingenuidad.- Dijo con severidad.

-Venga ya, Kyu... no seas tan duro conmigo. ¡No es mi problema que me crea a cualquiera!

-¿Tengo que volver a repetirle? ¡Nadie, ni en las tierras sin domadores, es de fiar! Todos somos renegados que están condenados a la desdicha del aislamiento. ¡No podemos confiar!
-No hables por todos y hazme el favor de ayudarme a decidir dónde podríamos ir, anda.- Le ordenó en seco.
El camarero vino a tomar notas mientras discutían las posibles paradas. Cuando Gionna pidió su ensaimada y su tila, además de una fruta para su Lombre, el negro chacal también se animó a pedir, solo para infundir el miedo.
-A mí me da un croisant de chocolate y un café largo, ¡y espero que el croaisant tenga el chocolate desecho! ¡Y lo quiero presto!- Exigía con una voz potente.
-¡Kyu!- Reñía a su Umbreon por su travesura. -No se deje asustar, solo es un granujilla... tú, Plusle, ¿quieres algo?- Esta negaba con su cabeza. -Vale, eso es todo.

El camarero se retiró intentando conservar la calma. Mientras se hacía la infusión, seguían con la discusión. Tras descartar varias opciones, decidieron al fin que partirían hacia el oeste, a deambular otra vez sin causa concreta ni cobijo. Una vez acordado, la entrenadora volvió a doblar el papel y lo guardó en la mochila. Luego dio un suspiro, esperando a que llegara ya su calmante natural. La espera siempre era densa y tediosa, tanto que obligaba a aislarse del mundo que la envolvía con su propia imaginación...

No. No podía. Con lo que había ocurrido antes, era imposible. Solo podía recordar lo pasado, y algunos detalles. Este Julio, ese Alejandro... ellos no parecían tratar a los pokémon como herramientas, como tantos que ha visto. O al menos se demostró que empatizaban con ellos. Quizá demasiado. ¿Pero quién era ella para juzgar? A las criaturas que no era cercana no llegaban a importarle mucho, al no ser que sean lo suficientemente débiles o rechazados para que ella los pueda ayudar.

Pero con los encuentros recientes pudo ver pokémon sometidos involuntariamente al yugo de la humanidad, incluso a su propia lombre. Además, no ha necesitado emplear primeros auxilios para salvar a aquellos geodudes. Solo tuvo que jugar con un juguete para que sus heridas cicatrizaran al instante. ¿Y si fuera aquel oficio el que buscaba? ¿Sería ese el cometido que buscaba durante todo aquel exilio que le ocupaba cuatro años de su vida?

No. Odiaba trabajar para alguien. Estar en colectivos era un calvario. Y si un compañero tendría que tener, se quedaría como la quién no puede mover ni un dedo por la duda. Era impensable. Prefería actuar por su propia cuenta antes que por el mandato de un superior, pese a que hubieran cosas que tenía en común con la entidad y ella. Era incuestionable que aquel no era su lugar.

Mientras estaba inmersa en su reflexión, el camarero trajo lo pedido. Todo menos...
-¿Dónde está mi croaisant?- Preguntó Kyumbreon.
-Oh... Vaya, ¿no lo hacías para asustarme?
-Estúpido humano... cuando digo que quiero un croaisant...- Preparaba su pulso umbrío, solo para que adquiriera un aspecto más intimidante. El pelo que le colgaba se alzaba como si hubiera un conducto de aire, y en cuanto sus ojos, brillaron del color de la sangre.-¡ES QUE QUIERO UN CROAISANT! ¡Date prisa si no quieres que provoque caos y destrucción por la ciudad!
Con el rabo entre las piernas, el camarero corrió con temor de su supuesto poder destructivo.
-¡Y NO TE OLVIDES DE MI CAFÉ!- Gritaba con tal potencia que también asustaba a su alrededor. Luego se rió. Que fácil era hacer para él crear miedo.
-Pobre hombre, no le hagas esto...- Decía Gionna mientras tomaba un sorbo de su tila.

Cada uno tomó lo que le correspondía. Dos contrastes surgieron tras pagar el almuerzo. Quien tomó tila salió más calmada, relajada, somnolienta, mientras que el que bebió café estaba como una moto, hiperactivo. Buscaron alguna tienda de ropa, tal como se planeó desde un principio. No tardaron en hallar una.
El establecimiento tenía mármol gris como suelo, con perchas sujetándose a las barras que a la vez colgaba ropa esperando a ser comprada. Buscó algo que le resultara cómodo. Encontró un pantalón de chandal azul oscuro que le llegaba hasta los pies y una alegre sudadera gris con la imagen de un Persian jugando con un Pachirisu bordada. Fue a caja a preguntar si podía llevársela puesta. La dependienta le preguntó si estaba de servicio, pensaba que iba a comprar ropa para luego, para cuando se retire del trabajo. Le contestó que estaba de vacaciones. Una falsedad, pero en parte cierta.

Mas, cuando ya estaba lista para partir, se dio la casualidad de que a su lado, una chica de ojos verdes de pelo lila rosado que lucía un vestido púrpura corto que no le cubría ni las rodillas, calzaba con unas botas blancas y rosas con un tacón no muy largo también estaba comprando ahí. Era corta, de piel pálida igual que ella, casi de su misma estatura si no fuera por el calzado. Al ver a la entrenadora, reaccionó instantáneamente. Que alguien con un noventa-sesenta-noventa saliera con aquel conjunto era una blasfemia.

-¡Oh, venga ya! ¡¿Solo te vas a llevar eso?! ¡Que crimen!- Exclamó aquella fresca desconocida. Gionna asentía indiferente, sin decir palabra. La violinista le agarró el brazo, arrastrándola delante de las perchas. Sacaba toda la ropa que le parecía digna de ser sacada de aquella tienda, y se la tiraba a Gionna rápido "¡Este estampado está de moda!" "Mira que mona es esta falda" "Vas a quedar faishon con este vestido" y frases parecidas decía mientras el entrecejo de Gionna se arrugaba. Lol contenía su risa con esta escena mientras que Kyumbreon, como siempre, injuriaba al comportamiento humano. Plusle, en cambio, recordaba a ese sujeto perfectamente. Saltaban chispas amenazantes de sus mejillas. Aunque notaban que el aire se electrizaba, ignoraron la reacción del pequeño conejo.

La ropa que seleccionaba la misteriosa joven se amontonaba en los brazos de Gionna. El monte de piezas de algodón tintado le tapaban la vista. Vio que ya era demasiado y paró de darle ropa. Propuso probárselo, a ver si había acertado con su talla.

-Si yo solo necesito un par de piezas de ropa... No un MONTONAZO de ropa.
-Tonterías, en cuanto más ropa tengas mejor. ¡Ala, pruébate la ropa, VENGA!- La empujó, haciendo que pierda el equilibrio y retrocediera hasta la cortina del vestidor. Cuando entró, cayó directa al interior del probador. Todo el montón que llevaba en los brazos ahora yacía en el suelo, excepto algunas que quedaron encima suyo. Como un cuerpo inerte reviviendo, despegó la espalda del suelo, con cierta dificultad. Miró todo el textil que tenía y empezaba a buscarle pegas para no llevársela consigo. La gran mayoría fueron descartadas por ser demasiado escotadas, o demasiado feas, o ajustadas, e incluso, porque se llevaban.
De todo el montón, solo tres conjuntos fueron aceptadas, contando también con lo que llevaba puesto. Cogió aquellas dignas piezas y las puso entre brazos, dejando que el uniforme coronara la montaña. Salió del probador, dejando atrás toda la ropa que no se puso.

La compradora compulsiva se fijó en aquel rojo carmesí y ese negro que distinguía a los rangers de Villavera. ¿Qué hacía una ranger en su santuario? ¡Si es que no se cambiaban nunca! Era extraño. Aún no estaba segura. ¿Y si era otra pieza que había comprado del mismo lugar? Tenía que sonsacarle información.

Le propuso tomar algo. Evidentemente, Gionna no aceptó la invitación debido a que ya fue a la cafetería antes. Pero tal fue su insistencia que tuvo que rendirse ante su "hospitalidad". Para que tuviera más confianza en ella, le pagó lo que le hizo comprar.

Plusle seguía mostrando hostilidad, y Kyumbreon también le empezaba a caer mal. Se notaba hipocresía en el aire. A Lol todo lo contrario; se alegraba de que al fin alguien se acercara a ella. Gionna aún no sabía como considerarla; ¿era una mera imbécil que se metía con la gente o era una extraña alma solitaria que hacía amistades en las tiendas? De todas formas, la joven desconocida cogió su abrigo magenta, con sus mangas ajustadas de color negro y decoración amarilla para salir a la calle.

Llegaron a la cafetería. La tercera vez que Gionna se sienta en el mismo puesto, y la segunda vez que le atiende el mismo camarero. El muchacho miraba con temor al felino, que se asentaba al lado de su dueña. La que ahora estaba enfrente de Gionna se pidió una magdalena. En la mesa, fueron intercambiando información. Ambas se dijeron sus nombres; el suyo era Aina. Y luego, empezaron a hablar de sus gustos; mejor dicho, Aina habló sobre sus propios gustos. Se le antojaba hablar de moda, como si ya fuera su amiga del alma; sin embargo, aquellas chácharas le resultaban aburridas para Gionna. Qué le importaba que lo más que se llevara en aquellos momentos, los cantantes del momento... y sin embargo, ¿qué hacía aguantando toda aquella sarta de tonterías? ¿No tenía que irse a coger el ferry para Nebeshory?

Plusle ya le empezaban a escapar rayos azules de sus mejillas. Estaba intentando que ella cogiera confianza en ella solo para que no actuase en su contra, o al menos, lo pensaba. El pokémon ánimo sabía realmente qué era: una arpía que encantaba a los pokémon con su violín. Kyumbreon miraba al roedor con su apática cara. Notaba la creciente presión sobre él.

De repente, un tono alegre sonó. Venía de la mochila de la entrenadora. No tenía nada de su posesión que sonara así, al no ser que fuera el aparato que le dieron. Que inoportuno. Estaba en frente de una completa pija desconocida, ¡y va y suena el teléfono-juguete de las narices! Tenía que desconectarlo.

-¡Uy, tienes móvil! ¿Puedes enseñármelo, porfaaaaa?- Pedía con entusiasmo, acercando su cara contra la suya. Gionna retrocedía como podía sin moverse de la silla. Ella ponía una cara de susto y desespero; quería que enseñara su "móvil" para responder la duda suya de si era un Iphone o una Blackberry de esas que se anunciaban tanto en las paradas del autobús. Temía a que le pidiera otro favor si lo sacaba y lo veía. ¿Pero qué más podía hacer si no sacarlo a la luz para que la dejara en paz? Abrió su mochila y un olor a circuito quemado le llegó a su nariz, irritando un poco su garganta. Sacó al exterior el aparato y miró la pantalla. Anunciaba que tenía una llamada perdida de Alejandro. Y tenía un mensaje de texto con el nombre del energúmeno de verde. Lo dejó para luego y volvió a dejar que perfumara la mochila de su asfixiante olor.

Ya está. Las dudas de Aina se resolvieron. Realmente, era una de esos moscardones que defendían a los pokémon como a su prójimo. Pero había un misterio que resolver. Se quitó el uniforme y se cambió con ropa nueva, por alguna razón. Y además, esa persona tenía el capturador de su reclusa más reciente. La cruz que tenía como llavero era inconfundible.
-Vaya, vaya, vaya... Así que eres ranger...- Decía con un tono siniestro.
-Erm... ¡Que tenga una réplica de ese... ese... aparato de cuyo nombre no me quiero acordar, no significa que sea ranger!- Mentía que era una pieza de coleccionista. Una mentira notablemente improvisada, puesto que un juguete de coleccionista no sonaría como un móvil sin apretar nada. Y además no sabía como se llamaba.
Que desastre.
-No me mientas, sé que eso es un capturador.- Seguía con aquella entonación cargada de malicia.
-Vale, lo admito, soy ranger.- Suspiró por tercera vez. -Bueno, me han metido como ranger por narices, sin preguntarme ni nada, pero no me considero ranger... Y todo eso por una habitación gratis... ¡ARGH!

Ya está. Ya lo soltó todo. Al fin. Se hizo un pensaba con cuidado. Era una principiante, al parecer obligada, y no parecía estar contenta con ese deber que le pusieron en medio. Preguntó por qué no se escaqueaba de su trabajo. Su respuesta fue que no podía negarse a ayudar a nadie. Todo y que le metieron en un puesto involuntario, tenía algunas cosas en común con ellos. Después de que le dijera por qué no huyó antes, empezó a comerse su magdalena. Kyumbreon aprovechó el breve bocado para captar la atención de su entrenadora.

-Mi señora... será mejor que se aleje de aquella humana infame.

-¿Por qué?
-No te has percatado del comportamiento del Plusle, ¿verdad?
-¿Plusle...?- Dirigía su mirada hacia ella. Se le estaba escapando la electricidad al lado de su silla. Aina observaba que estaba mirando al suelo, hablando. Ella también se agachó. En su cara no pudo asimilar la sorpresa que se llevó.

¡Ese Plusle...! La miraba fijamente, la reconocía. La misma que se escapó de los electrike.

Estaba a punto de preguntarle por dónde se encontró al conejo, mas sonó de nuevo el móvil-cacharro. Esta era un mensaje de texto, de la misma persona. No tuvo otra que ver su contenido.

"Hazme el favor... Ve a la base ranger de Otonia... O haré una hoguera con tu equipaje.

Alejandro."

-Se-será atrevido el jaimito peloverde...- Maldecía.
-¿Qué pasó? ¿¡Se te ha declarado el novio!? ¡Oigh, que bonito!- Decía otra vez con su tono burlesco. Otra vez Gionna la miró con malos ojos. Si ni siquiera lo decía alegre.
-¿Y bien?- Preguntaba por el mensaje Kyumbreon a la vez.
-Que me amenaza con incinerar las maletas, el tío este.- Contestaba su pregunta.
-Déjale... Así se intoxica con los químicos empleados en la fabricación. ¡Que se liquide el solo!- Se reía con su humor negro. Eso a ella no le hacía gracia alguna. A parte de los útiles que albergaba en la mochila tenía su principal entretenimiento y las creaciones de su aburrimiento, a parte de ropa que tenía que llevar a lavandería. Pero era una buena excusa para irse. Esta vez, su mandato fue de lo más oportuna.

-Hija... siento tener que dejarte, perooooo... me llaman.

-¡Oh, no, quédate! ¡No tienes por qué ayudarlos!

-Me han chantajeado...

-Ah... ah, bueno... en tal caso... ¡Ya nos veremos!

-Sí... eso... nos vemos...- Quiso añadir un "hasta que los tepigs vuelen", pero no tenía el suficiente valor para decirlo.

Irremediablemente, con el temor de perder esas cosas, se fue al lugar indicado. Se despidió de Aina dejándola con su magdalena. Antes de alejarse demasiado, Lol despidió simpáticamente a Aina con el brazo, como si tuviera la corazonada de que se volverían a ver. Ella también decía adiós moviendo la mano, fingiendo simpatía. En cuanto estaban lejos, volvió a dibujar una sonrisa maquiavélica en su rostro.

-Sí sí, tú ve... que a lo mejor te mandan a la muerte.