A partir de ahora no hay nada de influencias de las películas porque solamente se ha estrenado la primera. Las películas se inventaron la traición de Thranduil por lo tanto eso no existe aquí. Me he basado solamente en el libro, aunque no lo voy a recrear todo en mi aventura para no alargar la historia. En realidad para establecer una relación entre el rey Enano y la hobbit se necesita más tiempo, pero en fin, yo me voy a saltar eso
Capítulo VI
Sola y perdida en el siniestro bosque rompí a llorar de desesperación y de miedo, pero recordé la mirada de Thorin la noche que pasamos en Bolsón Cerrado, cuando me decía con sus ojos sin pronunciar palabra "Ayúdeme, señorita Bolsón", y recordé la sonrisa de Bofur cuando decía antes de bañarse en el río "Muchachos, hay una mujer entre nosotros, sean respetuosos" y todos moderaban sus bromas y se bañaban con escasa ropa. Donde fuera que estuvieran esos Enanos yo debía encontrarlos, no los dejaría, así que me sequé las lágrimas y dejé a un lado el miedo y escuché: mis agudos oídos ya no oían nada, ya no había cantos ni olor a comida, ni luces ni nada.
Regresé a donde habíamos acampado y no me fue difícil encontrar el lugar, conocía esos árboles, y ahí estaba el claro de donde venían las luces, y ya no había nada sino una espesa oscuridad y un ensordecedor silencio. Recogí las pocas cosas necesarias que nos quedaban y con una antorcha emprendí el camino en busca de mis amigos perdidos en las entrañas de un lugar maldito.
"Valor Belladonna, valor, Gandalf confió en ti" me repetía mentalmente "Todos confiaron en mí, de hecho, y por eso me trajeron en su compañía. No los defraudaría, no defraudaría la confianza que había ganado con Thorin" y así seguía un camino sin rumbo. Entonces percibí un olor, mi agudo sentido del olfato me hacía ser una excelente rastreadora que cuando era niña me decían los otros hobbits que era un perrito, Sí, era un perrito y un ratón por cómo me movía. Así decían todos en medio de chanzas, en total silencio, inadvertida me escapaba de todo, un ratón; y así que en eso me volví, y seguí el rastro del olor de los Enanos que bastante bien conocía.
Y así fue como esta hobbit llegó al lugar más aterrador que hubiera visto en su vida… el cubil de un grupo de monstruosas arañas que vivían allí en el Bosque Negro.
Me quedé paralizada observando con el resplandor de la antorcha unos pegajosos hilos que se entretejían por todos los alrededores. En silencio deposité los bultos en el piso y con la antorcha y mi espada seguí avanzando porque estaba segura que allí era donde estaban los Enanos y no me faltó mucho para confirmarlo:
-Tenemos doce Enanos, pequeños y de piel muy dura, pero es carne- decía una horrible voz y apagué la antorcha asustada. De todas maneras ya amanecía por lo tanto un poco más de luz aclaraba las cosas, dentro de lo posible en aquel bosque.
-Los mataremos y nos los comeremos- le contestaba otra voz –¡Hay uno bien gordo! Pero, un momento…-
Mi corazón se paralizó porque allí delante de mí algo gigantesco se movió entre las ramas y vi quienes eran las que estaba hablando ¡Eran las arañas! ¡Enormes, gordas y peludas como yo nunca vi antes! Ahogué un grito pues no tenía nada de voz.
-Parece que tenemos un treceavo Enano, amigas- dijo la monstruosa araña -¡Miren!-
Eran dos, no, tres, ¡Cuatro gigantes que me habían descubierto! Salté de horror cuando se lanzaron contra mí y tropecé con unos bultos que estaban colgando de los árboles ¡Eran ellos, y estaban allí envueltos en telas de araña!
Me vi entre la vida y la muerte, tan pequeñita como yo era y tan débil, no tendría oportunidad de salvarme. Tomé mi espada que también era pequeña y no me quedó de otra que enfrentar a los monstruos con ella, alentada por el miedo a ser devorada por unas bestias despiadadas. Las arañas eran gigantes, y ante una muerte inminente no les tuve más miedo, no quería morir, así que reaccioné con violencia y las combatí como loca gritándoles. Y saltando sobre ellas con velocidad y rapidez les clavaba la aguda espada, pero por otro lado con sus asquerosas patas me golpeaban y me hacían caer al piso herida. Pero me volvía a parar y gritando les saltaba encima y las apuñalaba llenándome de un asqueroso líquido pegajoso.
El bosque se llenó de gritos porque las arañas enloquecieron por el ataque de una minúscula criatura desesperada que apenas podían ver.
Doce Enanos estaban allí a punto de ser devorados y no sabía si vivos o ya muertos ¿Y dónde estaba Thorin?
Las estancias del Rey Elfo eran en realidad una gran cueva, inmersa en medio del Bosque Negro, por donde corría un río que venía de las montañas y cruzaba los arcos de piedra que eran la entrada a dicho reino. Muchos pasadizos se internaban en la tierra, dentro de aquella gran cueva, y todo estaba finamente decorado pues los elfos eran Elfos del Bosque, amantes de la belleza y de la sabiduría, y estos Elfos en particular disfrutaban de los crepúsculos, del sol, la luna y la estrellas… pero no querían a los Naugrim debido a una antigua historia de robos y venganzas entre ellos, por lo tanto desconfiaban mucho de aquellos Enanos que se habían inmiscuido furtivamente dentro de sus tierras. Capturaron a Thorin Escudo de Roble cuando éste se les había aparecido en medio de su fiesta en el bosque y lo arrastraron sin gentileza alguna a la cueva que era también una mazmorra.
-¿Quién eres?- el rey Thranduil enfrentó a Thorin con dureza pues los Elfos consideraban a los Enanos peligrosos y traicioneros- Y ¿Qué hacías atacándonos en nuestra fiesta?-
-No los estaba atacando, sólo tenemos hambre- respondió Thorin muy molesto por estar atado y sujeto por las manos de aquellos seres que eran la guardia del rey.
-¿Tienen? Entonces son varios de ustedes- se alarmó el Rey Elfo.
No había nada de simpatía entre ellos, los Enanos y los Elfos se odiaban y se habían matado unos a otros en el pasado. Thorin era un enemigo para esos Elfos del Bosque.
Thranduil ordenó que registraran al Enano y le quitaron su espada, dejando a Thorin indefenso y sintiéndose muy humillado y pequeño en medio de gente tan alta y hermosa. Los Enanos eran en realidad pequeños y los Elfos en cambio muy esbeltos y perfectos, y lo miraban a él como a un bichito puesto que se creía que Aulë había creado a los Naugrim como un error, que esta raza era un error de la naturaleza.
-¿Qué es esto?- exclamó Thranduil al ver la espada que llevaba Thorin -¿De dónde robaste esto, Enano?-
-Yo no robé nada- forcejeó el Enano indignado- Esas espadas nos las encontramos en una cueva de trol hace días, durante nuestro viaje- explicó el episodio en que él y la compañía encontraron una cueva de trol con espadas y cosas y ellos habían tomado unas, por cierto, dándole a Belladonna una de estas espadas, y que era de hecho la que ella estaba usando –Esa espada es mía, yo me la encontré así que me pertenece-
-¡Es una espada élfica!- Thranduil la estudió con detenimiento y fascinación -¡Es Orcrist, forjada en Gondolin!- se asombró al descubrir lo que era. Miró con desprecio a Thorin y se guardó la espada.
-¿Qué hacías en el bosque? ¿Quién eres? ¿Qué buscas aquí?-
Thorin no quería decirle nada, no debía…pero estaba demasiado ofendido por la desconfianza de aquellos Elfos que creían que ellos estaban allá para robarlos.
-¿No me reconoces, Elfo?- se alzó orgulloso forcejeando contra sus captores- Tú debiste conocer a mi abuelo, tú le rendías tributo…. Soy Thorin hijo de Thráin, hijo de Thrór, el Rey Bajo la Montaña-
Los Elfos todos soltaron exclamaciones pero Thranduil permanecía inmutable ante aquella revelación, como si no significara nada.
-Por lo tanto esa espada me pertenece, soy un rey- Thorin orgulloso reclamaba lo suyo. Los Enanos eran extremadamente celosos y protectores con lo que era suyo.
-Manos sucias no son dignas de portar una espada élfica, Enano- replicó Thranduil ignorando por completo el hecho de que Thorin era también de la nobleza. Y lo despojó de sus ropas reales, que era lo que le quedaba a Thorin de su linaje, porque estas ropas ya estaban desgastadas y sucias del viaje.
Los Elfos humillaron a Thorin con aquel acto, tanto que el Enano, apenas con el pantalón, decayó sumiso y totalmente vencido.
-La Orcrist pertenece a los Elfos, no a criaturas como ustedes- el Rey Elfo ordenó a sus guardias que se llevaran las ropas de Thorin y la Orcrist.
-No ignores, Elfo, que sabes lo que soy, y cuál es mi reino- murmuró Thorin enrojecido, reclamando un poco de dignidad- Para allá voy, a por mi tesoro, porque el rey ha regresado-
-¿Tú reino? ¿Tu tesoro?- alzó una ceja Thranduil con una mueca –Señor, aquí no se ve ningún rey, sino un apestoso y feo Enano-
Aquellas palabras de duda descarada desataron la ira de Thorin que se zafó con violencia de sus ataduras, pero los Elfos lo dominaron a golpes pues los Enanos eran muy fuertes, peligrosos y agresivos y había que dominarlos así, como si fueran unas bestias.
Tirado en el piso sangrando quedó el rey Enano y humillado por Thranduil que no veía nada más en él que un enemigo peligroso y traicionero. No debió decirle quien era, Thorin temía que la gente supiera que iban a reclamar su reino y su tesoro porque eso atraería la codicia de gente ajena.
Y no se equivocó. Si una cosa adoraba el Rey Elfo era el oro, y mucho había codiciado ese oro de Erebor, pero el dragón lo había mantenido alejado. Sin embargo pensó que si esos tontos Enanos del bosque escapaban y mataban al dragón y morían en aquella empresa, el podría adueñarse del oro entonces.
Los guardias del palacio arrastraron a Thorin hacia una celda, profunda y oscura y allí lo tiraron y lo encerraron sin nada.
Solo, casi desnudo, hambriento y herido, Thorin quedó tendido en el suelo de un agujero frío y oscuro en medio de un charco de sangre, y no sabía si saldría vivo de allí. Creyó que su empresa había llegado a su fin.
Thranduil ordenó la persecución y captura del resto de los Enanos que andaban por el bosque. Pero no contaban con el hecho de que aquellos Enanos no andaban solos sino que una hobbit iba con ellos, y esa hobbit era una criatura que no subestimarían.
Porque Belladonna Bolsón sola había matado a tres arañas gigantes y la cuarta escapó aterrada del Bosque Negro, sin poder creer lo que había pasado. Así que si los había salvado a todos de las arañas, también los salvaría de los Elfos.
