Capitulo 5
Un plano de la ciudad se extendía por lo ancho de la mesa de cristal. Julio estaba mirando junto a su mejor ayudante por dónde podría esconder algún escondrijo. Habían varias posibilidades, algunas poco viables. Una era bastante potencial, pero aparentaba vacío. Revisaron las cuentas locales de electricidad, y el nombre del local no figuraba en la lista. Sin embargo ninguno de sus rangers pudieron aventurarse en aquel lugar. Las puertas estaban cerradas y los muros de hormigón eran infranqueables. Tampoco era una posibilidad que pudiera ser descartada a la ligera.
La recapitulación de los pocos hallazgos encontrados fue interrumpido por la entrada de Gionna. Venía agobiada por la reciente amenaza, pero agradecida. Una queja de ella bastó para que Julio se fijara en la ausencia del uniforme.
-¿Qué haces sin uniforme?- Preguntó.
-Em... ¿Se tiene que llevar uniforme?- Interrogó también con una sonrisa asimétrica y forzada. Sabía que no tenía que llevar otra ropa era, pero prefería hacerse la despistada.
-¿A caso tú no fuiste a la escuela?- También participaba en la conversación su ayudante. Obviamente, no había ido a una escuela de formación para aquella profesión, e ignoraba muchas cosas sobre ellos.
-Um... hasta medio sexto de primaria. Eso cuenta... ¿no?- Se pudo oír a aquella rubia insultarla en voz baja. No logró captar cuál era el adjetivo que le había atribuído.
-Anda... sube el ascensor y cámbiate en el ropero. No puedes estar así.
-Pffft, ¿y por qué?
-Solo sube, o de lo contrario llamaré a Alejandro y le diré que queme tu equipaje.
Se resignó. Al fin subió. ¿Para qué rebelarse? ¿Para que sus cosas se conviertan en hollín?
No tardó mucho en cambiarse y bajar abajo con la ropa reglamentaria. La bolsa, junto con las nuevas mudas, la tuvo que dejar arriba en el almacén. Después de realizar su mandato, se encontró a su umbreon hablando con Julio. No pudo entender muy bien del tema del que conversaban, tampoco notó el ápice de culpa que mostraba el hombre de traje púrpura. Nada más dar una señal de su presencia, Julio la miró arrepentido del trato que la dio anteriormente.
-Podrías... habérmelo dicho antes...
-¿El qué?- Preguntaba sin saber aún a que se refería.
-Lo que te hizo Alejandro. No me esperaba que hiciera eso...- Julio dio un suspiro. Ahora ella sabía de lo que estaban charlando; Kyumbreon le había contado las desventuras anteriores al incidente de la cueva. -Iba a mandarte a hacer una misión, pero dudo de que quieras hacerla... aunque me harías un favor si fueras para allá. Últimamente no tengo mucho personal... Y la única que tengo disponible... bueno. La necesito para otra misión.
Ahora le dio pena. Lo que antes era un enorme monstruo mandón había sido reducido a un gato abandonado a su suerte. No podía resistirse a quedarse un rato más. Si total, ¿para qué irse a otro lugar si no sabía lo que haría después?
-Bueno... veamos qué es primero y luego decidiré si ayudarte.
Pero la oposición no tardó en responder a aquella decisión.
-Mi señora... no.
-Mi señora sí, Kyu. No tenemos nada más que hacer salvo irse por ahí. Y ya sabes que ando algo cansada de caminar sin razón.
-¡Pero ayudando se agotará más!
-Mejor que te tomes tú un descanso. -Sacó su pokéball del bolsillo y le obligó a entrar. Al ver que había aceptado a prestar su ayuda una vez más, Julio señaló el periódico que estaba en la silla que estaba a su izquierda. Gionna lo cogió y leyó atentamente lo que ponía en silencio. Lo que redactaba aquel papel grisáceo no era precisamente los escándalos de alguna celebridad, como pensaba en un principio. Doscientos treinta-y-nueve casos de envenenamiento en casas domésticas. Veintidós víctimas mortales. Sospechas confirmadas de contaminación del agua por los mismos currantes del lugar. Ella se quedó pasmada. El hecho de que hubieran fallecidos le abrumaba.
-Oh, mi Dios...- Dijo algo aterrorizada.
-Sí... Es horrible. Esto ya pasaba desde ayer, pero hoy me han reportado que los koffing del depósito de residuos de la red de aguas tienen un comportamiento extraño. Me comunicaron que han salido de su territorio y han empezado a expulsar líquidos en el agua desde el martes. No sospecharon de que fuera nocivo hasta que hicieron las pruebas de calidad del agua.
-Ya veo. Y supongo que querrás que vaya allí a tratar con esos koffings...
-Exactamente.
-Pero... esas bolas sacan gases... gases tóxicos. Y encima pestilentes.
-Bueno, no hay problema; tenemos máscaras de gas para estos casos. No podrás preocuparte por tu salud.
Ya había aceptado. Iba a solucionar este grave asunto. El abastecimiento de agua, un recurso necesario, convertido en un arma de aniquilación masiva. Fue a hablar a la pecosa operadora para que le diera la máscara. Era una protección segura; sin embargo, tenía una desventaja. No podría ver de lejos. Las gafas, puestas con la máscara, eran dolorosamente incómodas. Ya que estaba, le pidió a la chica que le arreglara el capturador. Debería de experimentar un poco más antes de partir definitivamente. Además, no iría a devolverlo con esas pésimas condiciones.
Después de una pequeña caminata, algo deliberada, llegaron a la alcantarilla. Lol notó de enseguida el olor que esparcían las substancias nocivas. Estaba suplicando que la guardara en la mochila. Le parecía bien; su lombre y el plusle que le acompañaba eran vulnerables al tóxico. Si no tenían algún tipo de cubierta respiratoria, podrían padecer los molestos síntomas que conllevaba; conjuntivitis, disnea, debilidad muscular... todo dependía del tiempo que estarían. Dos horas aspirando el veneno y morirían de asfixia. A ella la podría salvar de tal destino; Plusle, en cambio...
¿Qué haría? Ella era un pokémon que se encontró en la calle mientras saciaba su torturado estómago. En el único sitio por dónde podía meterla era la mochila, mas era demasiado pequeña e incómoda para el roedor. Lo único que podía hacer era mandarla de regreso hacia la base sola. No tenía nada de qué preocuparse; ella le condujo a aquel lugar. Pero no quería. Insistía en quedarse. Tanto que recurrió a sus encantos para que la dejara seguir, pese al riesgo. Cosa que funcionó bastante bien.
Bajaron por las escaleras que bajaban bajo tierra. Un riachuelo de agua pasaba entre el suelo cementado, y al lado, cuerpos lilas que flotaban en el aire escupían en el agua una substancia del mismo color que ellos, casi transparente. A vista de Gionna, eran tan solo un par de manchas difuminadas que hacían una invisible cascada. Aún así, pudo identificar las manchas como koffings que son. La entrenadora se acercó a uno de estos globos. Este ni siquiera se percató de que un ser humano se acercó a él. Ella lo tocaba, sin resultado. Parecía que estaba en trance, que solo podía soltar tósigo para contaminar el agua.
-Oh, venga... Hazme caso...- Le pegaba hasta golpes de puño con su blanquecina mano, de nuevo sin ninguna reacción de parte del koffing. Al final, recurrió a una solución desesperada. Entre todas sus criaturas, había una que era inmune al veneno. De hecho, ya tenía preparada la canica que liberaría a otra de sus bestias para lanzada. En cuanto la bola se abrió al aire, una rana antropomórfica, azulada, con una bolsa grande en el cuello, salió relajada de aquel artilugio del demonio. Saludó a su toxicroac. Google era su apodo. Ordenó que atacara a la bola de gas. Esta vez, fue su mismo pokémon que hiciera que sus planes fallara. Su actitud pacífica no le permitía golpear a ninguna criatura salvaje. Justo como temía que pasaría. Pero al menos tendría un resguardo físico por si acaso. Solo tenía un último recurso, uno que no era muy ortodoxo...
Tenía que usar el capturardor.
Sacó el aparato de la mochila, lo encendió y soltó el disco. Manejó la peonza para que corriera entre agua y cemento una y otra vez alrededor del koffing. Este paró de babear y se hinchó, tanto que hizo que el cinturón que dibujaba en el aire se rompiera en pequeñas chispas. En cuanto el globo morado volvió a su lugar, el koffing se desinfló, soltando gases que polucionaban el interior. Probó otra vez con un radio mayor. Al principio iba a conseguirlo; sin embargo, no fue suficiente para evitar los gases. Estos detuvieron al disco. Al no poder moverse, la energía tuvo que regresar a su procedencia.
Ni modo. No podía atraparlos. Al no ser que fuera más rápida en hacer los círculos, no podía hacer nada. Iba a intentarlo de nuevo, mas el calambre le hizo reconsiderar esa opción. Prefería mirar más a fondo el lugar. Continuó en el único camino que veía que se podía ir, y uno de los empleados, también con una máscara, le cortó el paso. "No pasa nada, todo está controlado", decía, pero ella no se lo creía. Para la poca reacción que hacían aquellas pelotas vivientes... Lo ignoró, y siguió adelante. Ahí, al menos algo de vida que no sea venenoso circulaba también por el aire, sin verse afectado por la polución. Siendo completamente de metal y magnetismo, no tenía circulación a la que contaminar. Decidió practicar un poco su técnica con aquel Magnemite. Este solo podía cubrirse un poco de su electricidad y girar rápidamente, pues no sabía como deshacerse de esa molesta línea que brillaba cada vez más y más. Al final fue capturado, y alegremente, el pokémon imán le otorgó su lealtad.
Siguió explorando la construcción subterránea. Intentaba no mirar al suelo para evitar ver a las ratas púrpuras que habían sucumbido a la toxicidad del agua, a aquellos cadáveres que aún tenían fresca la hemorragia nasal que causaba el veneno.
Mientras caminaba tan campante por la mal iluminada zona, tres koffings se dirigían hacia ella, lentos y sin mostrar ninguna emoción, agresivos. El magnemite, que estaba detrás suyo, se puso en frente e intentó avisar al objetivo principal de las bombas flotantes de humo; pero la entrenadora no entendía qué quería decir. Este solo movía frenéticamente sus imanes y emitía ruidos metálicos incomprensibles para el oído humano. Finalmente, la bola de acero mantuvo quieto una de sus magnetitas para señalar al frente. Lo cual desgraciadamente se interpretó como una acusación sin fundamento.
-Magnemite, ¿pero por qué me señalas, qué te hice, qué-?
Tres golpes secos fue sentidos en su espalda. Entre la sorpresa y el impacto, perdió el equilibrio y se estampó contra el suelo. Google los había visto venir, pero se quedó parado al no saber qué hacer; podría ser que estuvieran invadiendo su territorio. No. Los koffing no se comportaban así normalmente, aunque fueran salvajes. Ella miró atrás, por fin. Ya vio a sus agresores. Aún tratando de levantarse, estos preparaban otro placaje para ella. No le dieron tiempo a darle; el magnemite los electrocutó levemente cuando cargaban. Plusle también se puso a la delantera para proteger a Gionna.
Los koffing dirigieron su ira hacia magnemite. Lo iban golpeando con su ligero cuerpo, propulsados por sus propios gases. Los placajes apenas le hacían algo, pero este no estaba acostumbrado a recibir daño de ningún tipo. Y mientras, Plusle inhalaba sin querer aquella polución. Tosía fuertemente en consecuencia.
Mientras estaban entretenidos con el Magnemite, Gionna aprovechó para practicar el manejo de la máquina una vez más. La nula visibilidad le impedía hacer buenos círculos, además de que eran muchos y el capturador no llegaba a hacer círculos tan grandes, y no sabía qué pasaba exactamente. Además, se Finalmente, el magnemite, al verse sin posibilidad de atacar con su duro cuerpo, tuvo que recurrir a la electricidad. Las chispas que se formaban en sus imanes fueron hacia las bombas lilas, que los aturdió por un momento. Al menos el magnemite le otorgó una oportunidad de oro para que Gionna se acercara lo suficiente para poder ver por dónde estaban los cuerpos y así, capturarlos a los tres de una vez. En cuanto estos fueron oprimidos por el halo de luz, recobraron su sentido común y regresaron a su lugar. Era raro. El magnemite se veía fatigado, así que la entrenadora le mandó a descansar. Ahora tenía que continuar ella y sus acompañantes.
Un panorama moribundo se le presentaba ante sus ojos. Crustáceos, cocodrilos y tortugas estaban en el suelo tumbados, o tambaleando, esforzándose por no caerse como sus vecinos. También se veían koffing alrededor. Mientras los pokémon acuáticos estaban débiles, ahí un grupo de pokémon se abstenían de beber el agua.
Eran pokémon con gran avidez mental, ejecutores de grandes ayunos y levitaciones de objetos. Amarillos o azules, con una trompa como nariz o pequeños yoguis, se anticiparon al envenenamiento de las aguas y se salvaron del mismo destino que sufrían ahora los corphish, totodiles, croconaws, squirtles y rattatas. Los gases tampoco les afectaban; ergo, un pequeño velo rosado formado por energías psíquicas mantenían a salvo de cualquier alteración en su anatomía. Ella era consciente de ello, y no sabía si estos pokémon, protegidos por el velo sagrado, serían igual vulnerables al efecto de la captura. Tenía que comprobarlo, así que repitió el proceso. Al menos el halo que desprendía un drowzee le ayudaba a distinguir su posición. Al principio le costó, pero a medida que la captura se prolongaba, esquivaba más hábilmente los psicorrayos de drowzee. Cuando consideró que ya le pilló el tranquillo, procedió con la captura definitiva. El velo sagrado no fue ningún impedimento para que también se uniera a ella.
Era el señuelo perfecto. Un pokémon tipo psíquico, cuyos ataques podían levantar e inmovilizar a objetos pesados. Aunque eso dependía del potencial que disponían. De todas formas, sería suficiente para capturar a los que habían en la zona. Fue por ellos, uno por uno. Ahora que tenía al tapir de su lado, era imparable. Su falta de coordinación se compensaba con la asistencia. Peinó las zonas por donde había estado. Al fin, pensó que lograría facilitar la limpieza de las aguas. Una vez que acabó, se dispuso a ir más al fondo. Algo captó su atención. Y esta vez no era un pokémon tendido en el suelo. Gionna se acercó más para ver qué era aquella alargada figura turquesa.
No pudo evitar que el pulso le temblara. Pudo distinguir un matojo de pelo castaño. No parecía que se pudiera levantar. Aún respiraba, pero con muchas dificultades. Una pequeña tos le indicó que aún estaba vivo. Tenía que mantener la cabeza fría. Aunque estuviera nerviosa, no podía permitir acobardarse y dejar tirado al joven.
-Dime, ¿qué ha pasado? ¿Cuánto tiempo lleva aquí? ¿Ha tomado algo del agua?- Preguntaba con tono neutro, asimilando su terror. Él intentaba responderle; mas su garganta estaba demasiado irritada. Aquellos ahogados torbellinos le dificultaban el habla. Él miró a aquella ranger por encima de sus propias gafas. No podía dar detalles. Tenía que decirle lo más brevemente y claramente posible quién había causado todo este desastre.
-Go... go... Los koffing... El equipo... COOOF COF COF COF.
-¡NOOOO! ¡He dicho si está bien! Puf, para qué pregunto. -Sentía la obligación de ayudar a aquel empleado, y rápido. Intentaba llevárselo consigo; sin embargo, ella no podía cargar con su pesado cuerpo. -¡Google, ayúdame a cargarlo, maldita sea!
Tenía los minutos contados. Él no podía permitirse que un ranger solo se ocupara de él. No tenía más remedio que seguir con su mensaje.
-El...Equipo... Go... Rock... los Koffing...
-No, no, no siga malgastando aliento, por favor... tenemos que llevarte a un hospital.
-Pero... todos... capturados... un we... arriba... en la tubería...
Su tos se hacía más fuerte cada vez. Su mente se le nublaba, y la frase se deformaba, perdiendo coherencia. Tenía que volver a empezar.
-Shhhh... ya... sé que lo está pasando mal, pero-
-Los koffing... Fueron todos... Capturados... Por el Go... Go... Rock.
Al fin logró captar sus oídos. ¡Aquella panda de nuevo! ¡De modo que ellos estaban tras esto! Eso explicaba muchas cosas. Y quizá la causa por la que él no pudiera salir también fuera ellos. ¡Malditos! ¡Ahora tenía que correr más para ir a detenerlos lo antes posible y salvarle! Mas, Google lo soltó tras que el "rock" fuera pronunciado.
-¿¡Google, pero qué haces!? ¡Tenemos que llevarlo al hospital!
Este no hizo nada. Un silencio sepulcral se escuchó. Solo el agua que corría era oído. Ni una respiración dificultada por venenos gaseosos se hacía audible. Tampoco el débil pulso se sentía en la muñeca del chico.
No podía ser. Al final yació sin fuerzas. Ella también lo soltó sin cuidado alguno. Se sentía impotente. Justo cuando pensó que podía hacer algo había tardado demasiado. En cuanto a las criaturas, no hizo nada por las que quedaban vivas. ¿Por qué? Se sentía inútil. Tanto querer ayudar, y lo que lograba era dejar pasar la desgracia, permitir a la muerte que dominara aquellas instalaciones. Tuvo que hacer caso a Kyumbreon. Esta situación acababa con su autoestima.
Pero luego pensó. Al operario le quedaba poco tiempo. Después de que muriera, ella pudo notar el tono liliáceo de su tez y el pequeño río rojo de las fosas nasales. Y los otros... ¿qué podía hacer con ellos? No se confiarían. Se habrían alejado de ella antes. Tenía que seguir para que esto dejara de suceder. Y aquel difunto le había indicado por dónde tenía que seguir.
