Capítulo VII

Olía a araña muerta y estaba empapada de líquido pegajoso, temblaba incontrolablemente y mi espada colgaba de lado mientras veía los enormes y abultados cuerpos yaciendo inertes entre espesas telarañas.

Corrí sin razonar mucho todavía a abrir los sacos que colgaban de los árboles y uno a uno iban saliendo los cuerpos de Glóin, Oin, Bifur, Dori, Dwalin, Balin… y se movían, luchaban contra su prisión, lo que me devolvió el alma al cuerpo pues estaban vivos…Más arriba abría otros capullos y Kili cayó al piso estrepitosamente, Fili colgaba cabeza abajo y Nori me ayudó a liberarlo.

Temíamos que volvieran más arañas.

-¡¿Estás bien, Bella?!- Bofur se había quitado todas las telarañas de encima y corrió hacia mí para asegurarse de que estaba bien pues las heridas me sangraban -¡Gracias a Mahal!- el Enano notó que no tenía heridas graves y me abrazó agradecido. Luego fueron Balin y Dwalin los que fueron a verme, Oin y Glóin, todos me felicitaron por estar vivos y a salvo, asombrados de la hazaña. Un poco heridos estaban claro, sobre todo Fili, quien perdió casi toda su barba, y el pesado Bombur que cayó desde lo alto del árbol y se dio un golpe de madre.

-Pero ¿Y Thorin? tenemos que encontrar a Thorin- temblaba yo y no estaba nada tranquila, Thorin seguía perdido -posiblemente muerto por las arañas- y mi corazón no tendría paz hasta dar con él.

Afortunadamente ya amanecía y la luz traía esperanzas, pero no imaginaba que ahora tendríamos que huir de un grupo de Elfos del Bosque.


Durante todo el tiempo que estuvo Thorin Escudo de Roble encerrado en aquel agujero élfico, él sólo pensó en una cosa: Belladona Bolsón, su hobbit.

Recordó todo lo que ella había hecho durante el viaje y que él nunca reconoció. Ella estaría allí curando sus heridas como había hecho con Dwalin cuando se cortó con la espada, o como cuando Bifur se cayó del árbol y ella le puso compresas calientes en la pierna y el brazo. Ella ponía orden en las discusiones, tranquilizaba los ánimos, daba apoyo cuando se sentían mal, oía cuando necesitaban ser oídos, daba un poco de alegría y ternura a la rudeza del ambiente; aconsejaba con sabiduría, percibía cosas que ellos no percibían ¡Y los había hecho bañar! Belladonna hacía que los Enanos se asearan antes de cada comida, gran cosa, porque antes apestaban más, y se bañaban en el río apenas podían (Ella se iba a otro lugar a hacerlo, y ninguno de ellos espiaba. A las mujeres las respetaban y de eso se enorgullecían). Tantas cosas que Thorin recordaba en ese momento. Y nunca le dijo que ella era mejor en el combate con espada que Bifur, Bombur y Ori…

Tal como le había dicho Gandalf, la hobbit era diferente a todo lo que había conocido y eso le había gustado desde el comienzo, su cabello rojizo estaba siempre alborotado y sus pies peludos eran enormes, pero todo ese descuido era hermoso en la hobbit de dulce mirada y piel blanca como la luna; era descuidada la chica sí pero a la vez poseía la delicadeza y el cuidado que su femineidad aportaba al grupo y que él muy testarudo no podía ver porque sólo valoraba la fuerza del combate.

Gandalf tenía toda la razón, estaba aprendiendo cosas que no había visto antes.

Todos los Enanos la querían. Era como con los hijos y las hijas, que todos preferían a los varones al principio, eran los herederos, los valiosos, los compadres en el grupo y tal, pero luego eran las hembras las que les robaban el corazón. Como su hermana Dís, no era heredera al trono ni nada pero su padre, él y su hermano la querían más que nada. De eso Thorin se estaba dando cuenta ahora.

Extrañó a su hermana Dís profundamente, e imaginó a Belladonna allá en Ered Luin viviendo con ellos y vestida con sus ropas hermosas y peinada con trenzas al estilo Enano que seguramente Dís le haría. Deseaba verla vestida como una princesa Khazâd, entonces su corazón latió fuerte y su adolorido cuerpo empezó a tener reacciones extrañas, que no desconocía del todo, pero que Thorin se sorprendía mucho de que fueran causadas por una mujer, y no una Enana sino una hobbit ¡Eso no podía ser! Él siempre esperó a la Enana que le hiciera reaccionar, que lo enamorara, pero eso nunca llegó…Las Enanas no se interesaban en las cosas de los varones, no eran aventureras y él pensaba que estaban llenas de tontos remilgos… Entonces llegaba ahora esa hobbit desgreñada y lo enfrentaba, en aquel viaje:: Y era una hobbit la que empezaba a moverle todo por dentro y ahora deseaba tenerla allí porque era la persona que necesitaba ahora que estaba débil, para desahogar todas su penas porque ella lo oiría y lo comprendería.

Sin embargo las palabras de Thranduil destruyeron su amor, "él era un Enano feo y apestoso" y ¿Qué vería una hobbit delicada como Belladonna en él tan tosco y rudo? Nada. Esas manos de él eran ásperas y desagradables del trabajo que habían llevado y las de ella eran suaves como un pétalo de flor. Cuando Belladonna viera a los Elfos se enamoraría de alguno de ellos, nunca de un Enano.

Pero no viviría para verla otra vez para redimirse y eso encolerizó a Thorin. Ese Rey Elfo le truncó sus sueños. Toda su vida le negaron la posibilidad de ser feliz, le quitaron a su madre, a su hermano Frerin, a su padre, su tesoro, su reino ¡Todo! Y ahora a su hobbit. Porque Belladonna era su hobbit ¡Suya y de nadie más! Le habían quitado su espada y sus ropas, y se atrevían a dudar de que su reino y su tesoro fueran suyos, y lo habían arrojado allí para morirse. Y ahora el celo de su raza se adueñaba de él por completo y lo cegaba, celaba a la hobbit incluso de los otros Enanos.

"¡Maldito Smaug! ¡Maldito Smaug!" Gritaba Thorin en su celda como un poseso. Maldito sea mil veces el dragón causa de sus desgracias.

Mil veces gritaba maldiciones contra Smaug y todos sus enemigos, hasta que una voz detuvo su locura:

-Thorin ¿Eres tú?-

El rey Enano creyó que se había vuelto loco al fin pues oía esa mágica voz salida de la nada diciendo eso allí afuera y eso era imposible, él estaba sepultado vivo dentro de un agujero en la tierra ¿Quién iba a encontrarlo? Pues una hobbit, una hobbit que se escurría por los rincones y rastreaba como un sabueso. La hobbit había entrado al reino de Thranduil inadvertida y había olido la esencia de Thorin que tanto conocía, y lo había encontrado en la última de las celdas. Tal como había encontrado a los otros Enanos atrapados por las arañas.

Asombrosa criatura sin duda, Gandalf tenía razón en todo para incluirla en la misión. Thorin sonrió como nunca y una nueva vida pobló su alma, todo gracias a ella.