Capitulo 6
Estaba empezando a cansarse. La tubería hacia cuesta arriba, y el agua que fluía la empujaba en contra de su dirección. Plusle estaba fatigada, no por la caminada; anormalidades empezaban a surgir en sus pulmones. Le pedían que aspirara más aire, aunque sea el mismo que le creaba la necesidad.
Después de tanto esfuerzo por no verse arrastrada de vuelta al cuerpo del muerto, se encontró con unas escaleras que bajaban hacia una zona llena de una substancia viscosa parecida al barro. Eran los despojos de las aguas residuales, combinado con unos cuántos químicos más. Parecía un lugar adecuado para la cría de grimers.
A Gionna le daba algo de grima caminar entre aquel moco marrón liliáceo, mas parecía el único camino que se le presentaba. Tenía sus peligros; a parte del riesgo a quedarse atrapada entre aquel mar de porquería y de caer enferma por vía cutánea, podría descender en los agujeros que había. Entonces tendría una intoxicación y una fractura. Con miedo y temblores, bajó lentamente por la escalerilla. En cuanto sus bambas entraron en contacto con el suelo lodoso, pudo notar lo resbaloso que era. Por poco se reprimió la tentación de apartar el pie de ahí. Luego lentamente puso el otro. El último paso sería desprenderse de la barandilla. Algo que le costó bastante. Una vez cogido el equilibrio, empezó a patinar con torpeza. Gritaba como una posesa, presa del pánico. Iba directa a uno de esos huecos, pero por una vez, aquel poco control motriz mal dirigido jugaba a su favor...
hasta que, cerca de las otras escaleras, se estampó contra la pared. Al menos la máscara amortiguó el golpe en la cara. Pero sus piernas quedaron en el suelo.
Drowzee y el toxicroac fueron mejores patinadores y subieron antes que ella. Viendo que Gionna no lograba ponerse en pie, Google fue a su ayuda, subiéndola. Al estar los cuatro reunidos, Drowzee separó el lodo de su cuerpo, para asegurar su salud. Este tenía una idea de donde estaban aquellos maleantes. Se puso a la delantera e indicó por donde tenían que ir. Siguieron al baku, y más koffing rociaban sus desechos al agua. A parte, personas con mascaras antigás de ropas ochentonas contemplaban sonrientes a sus esclavos. No tardó en reconocer a aquellos bellacos. No. No solo eran bellacos. Era un grupo de crimen organizado. Ahora lo veía con sus propios ojos, aunque con la imagen emborronada. Sombras del pasado le acecharon, reviviendo experiencias pasadas negativas. Combinado con la agonizante muerte que acababa de presenciar, hacía que su ego y su rechazo al sufrimiento emocional se interpusiera a su altruismo, diciéndole a ella que se echara atrás y se tome ya sus dichosas vacaciones. Pero la valentía y el sentimiento de responsabilidad se interpusieron en su decisión de retirada. Ella había presenciado demasiado sufrimiento. Se juró detenerlo. Google miraba a su jefa, esperando a que ella siga adelante.
Aunque con inseguridad, dio un paso adelante y se dispuso a seguir con su trabajo. No obstante, fue interrumpida por uno de aquellos peleles. Ya se lo esperaba. No estaba sorprendida.
-¡Eh, tú! ¿No serás por casualidad aquella que nos estás quitando a los koffing?
-¿Cómo que vuestros, si ni siquiera lo metisteis en una pokéball?- Aplicaba la lógica del entrenador, pues no veía por ninguna parte su pequeña residencia.
-Yo no entreno, ¡pero estás acabada! ¡A por ella, mis koffing!
Todos los globos de la zona la rodearon. Eran cinco que en contra de su voluntad querían herirla, por dentro o por fuera; no importaba cómo. Drowzee se adelantó a la orden, tumbando a las bombas vivientes con sus poderes psíquicos. Sin pensarlo dos veces, Gionna intentó hacer vueltas a su alrededor con la peonza, pero los cuerpos estaban tan juntos entre sí que no lograba hacer bien la captura, pues la línea tocaba constantemente con el cuerpo de al lado, o con el de su objetivo mismo. Al final el tapir amarillo no pudo contenerlos más, y su ataque cedió. Los koffing volvieron a alzarse al aire, y se dirigieron a por el baku amarillo con sus cuerpos. Los placajes le dañaron, no lo suficiente para debilitarle, pero sí para dejarle cerca de aquel límite. Tres se pusieron al margen para dirigir una niebla purpúrea al pokémon psíquico, sin los resultados deseados gracias al velo sagrado. Gionna vio una oportunidad para librarse de estos. Aún le sería difícil capturarlos, pero al menos no era imposible. Lamentablemente, uno de ellos se percató de los fugaces movimientos del juguete y redirigió sus gases al disco capturador, dañándolo. La mayor avidez que presentaba le desesperaba. Se coordinaban bien entre ellos, incluso se ayudaban mutuamente, como si de su trance no quisieran salir. Además, estaban manteniendo ocupado a su drowzee. Por fortuna tenía aún dos opciones; mandar a su toxicroac para que los disperse o pedir a Plusle que los paralice con onda trueno. Ambas opciones le parecían válidas, pero con trabas; por un lado, separar a uno de los koffing con un solo pokémon haría que otro acudiera a su ayuda, provocando el fracaso de la maniobra. Y por otra, la formación que quedaría tras detener su baile de vals sería entre dispersa y unida; demasiado cerca para que se pueda hacer tranquilamente unos movimientos fugaces, demasiado lejos para poder atraparlos a la vez. Al menos a su rana podía doblarse, o triplicarse si quisiera...
Ya está. Ya lo tenía.
Ordenó a Google que los acorralara, con tan solo engañarles la vista. Con esto dejó claro que no quería emplear la violencia, y entonces esta vez accedió a cooperar.
La rana luchadora fue corriendo hacia ellos, quintuplicándose y dirigiendo a los koffing cuales ovejas. Una vez acorralados era el turno de Plusle. Esta pidió que usara el movimiento; mas no entendió. Luego fue más específica. Pese a que sus fuerzas estaban mermadas por la intoxicación, fue por debajo de ellos y usó su técnica. Las chispas de Plusle imposibilitaron la movilización de los cuerpos ligeros y su gestión de gases. Ahora era su oportunidad para salvar a esas almas inocentes con su instrumento divino. Uno menos. El recluta se retiró al quedarse sin siervos.
Pudo adentrarse más, llegando pacientemente al fondo del asunto. Ningún koffing enloquecido, ni los múltiples actos que hacía la muerte en los pokémon que se encontraba, ni tubería, ni pelele, le impidió llegar al centro del mal. Plusle cada vez se encontraba peor. Su disnea era cada vez mayor, y su corazón empezaba a ahorrar sus latidos para tiempos mejores. Mientras, los pies de Gionna no daban abasto y le empezaban a demandar un descanso. Se sentó, apoyando la espalda sobre la pared de hormigón enmudecida. Miraba su reloj, solo para controlar el tiempo de reposo. Cinco minutos le era un tiempo justo, pero suficiente para menguar el dolor de las plantas.
Observaba lo que tenía alrededor, y pudo notar que había una zona que la ocupaba una muchedumbre cubierta por los filtros de las máscaras. ¿Tan necesario era que hubiera tanta gente para contaminar el agua?
El tiempo de descanso se terminó. Ya era hora de levantarse para acabar con el constante envenenamiento. Entre la multitud, habían algunos acobardados con los que se enfrentó antes. Múltiples de insultos vulgares fueron escuchados en boca de estos.
-Oh, por favor, chicos, la única razón por la que os persigo es porque vosotros habéis esparcido agonía y desesperación por la ciudad. ¿Sabéis cuantas personas matasteis con vuestra travesura ya? Veintidós. Y la que os debería insultar sería yo, vaya. Yo no hice nada para llevarme el título de "perra" o "malparida"... Solo hice justicia.- Decía con tono arrogante, en respuesta a aquellas malas palabras. Se sintió ligeramente ofendida por los adjetivos que la etiquetaron.
Detrás de esa barrera de lobos cazadores, un alfa estaba ejercitando su sentido rítmico con su bombo. Tras oír los tomates de desprecio que tiraban a Gionna por sus anteriores andanzas, paró de tocar, al igual que el grandullón flotante que manipulaba dejó de funcionar.
-Así... que la entrometida ranger llegó hasta aquí...- Sonaba su voz detrás de sus guardianes. Era un año menor que ella. Su peinado casi blanco de tono azulado era un par de cuernos de pelo cuya punta se caía, mantenido por medio bote de gomina. Estaba vestido con una gabardina de cuero azul más vivo, y un pantalón del mismo color. Llevaba una camiseta púrpura que exhibía entre la apertura de la chaqueta, y en cuanto a adornos, se podía ver un cinturón en el cuello. Su fisonomía era robusta; musculoso no es que fuera, pero su torso era ancho. Él también llevaba una máscara que le mantenía sano.
-Oye, tú, so ñoña, deja que el ritmo de nuestra fiesta continúe.- Hablaba metafóricamente, refiriéndose como fiesta el jueguecito que tenían con los pokémon de la zona, venenosos sobre todo. No obstante, ella no tenía entendimiento para dobles sentidos.
-¿Qué fiesta?
-Además de problemática, lerda. Chicos, haced el favor de transmitirle la rabia, ¿queréis?- Se refería esta vez al medio de transmisión, todo y que a los que mandaron no la padecían. Quince rattatas canijos por culpa de las porquerías del aire iban como podían a por ella. Tenían convulsiones por la fiebre, y eso les quitaba mucha movilidad. Parecía complicado poder capturarles debido a su número, pero no le hizo falta ni siquiera aturdirlos. Eran solo un par de vueltas, y ya los abandonaban a su suerte. La masa se quedó sin armas para atacarla, y empezaban ya a temerla, aunque solo fuera porque le pusieron la victoria en bandeja.
-Erm... ¿Jefe? Ha podido con nuestrsos rattata...-Informaba uno.
-Porque habían respirado mucho aire en este lugar. Los gases de los koffing son muy nocivos.- Argumentaba la causa de que fuera tan fácil capturarlos. Después de comentar eso, pensó en Plusle. Echó un vistazo rápido. Ella adquirió una imagen enfermiza, insana. Estaba sucumbiendo al veneno. Tenía que zanjar este asunto rápido si quería tratar su salud.
-¡Pero que aguafiestas que eres! ¿Es que los rangers solo sabéis arruinar nuestros planes o qué?
-Oye, tú. Deja de esconderte de tus secuaces y sal que te vea la cara.
Empezaba ya a ponerle nerviosa esa irritante voz sin saber cómo es el cuerpo que la procedía. El adolescente dio a los reclutas la orden de apartarse, y en vez de echarse a un lado, fueron detrás de Gionna a bloquearle la salida, por si intentaba escapar. Al fin, el pokémon que estaba manejando, contemplativo ante el agua que él había profanado y el energúmeno que manejaba la operación se mostraron.
-Así que tú eres el jefazo de estos malandrines...
-Sí, sí lo soy, capulla. Mi nombre es Emilio, por si te se ocurre llamarme "tío raro".- Recordaba a uno de la misma profesión que le había llamado así. -Me han dicho que has podido capturar a nuestros koffing... ¡Pero seguro que con su evolución no vas a poder!- La bola mutante de gas dejó de contemplar su creación y se giró, esperando su rítmica orden.
-¿Quién dice que no pueda contra un weezing? Oh, por cierto, tu tampoco me llames ranger. Tengo nombre, ¿vale?
-¡Yo te llamo cómo me de la gana, ranger!- No quería memorizarse nombres. Apenas se vieron y ya le caía fatal.
La unión de dos koffing se acercó intimidante hasta quedarse frente a ella. Soltó gran cantidad de gas. Aquella expulsión creó una corriente de aire caliente que ondeaba su uniforme y levantaba parte del cabello que quedó suelto. Retrocedió unos cuantos pasos para poder proceder con la captura una vez más. De nuevo, con un toque de botón, la peonza fue volando hacia el cuerpo del pokémon dominado por el ritmo que dictaba el bombo. Al primer círculo, el abominable globo doble cargó y golpeó la línea. Pudo retirar el disco pronto, evitando más daños.
Algo captó su atención. Los weezing acostumbran a flotar y moverse al ralentí; sin embargo este no era el caso. El cuerpo lila era endemoniadamente veloz. Al menos esta vez estaba tratando con un solo pokémon, así que no debería de haber ninguna dificultad si le paraba un poco. Pese al agotamiento de su acompañante, mandó a que usara confusión una vez más, solo por si a caso.
-Je, je, je, no te creas que será tan fácil.- Dicho esto, a otro compás le indicó el nuevo objetivo. Inmediatamente, el weezing obedeció a la música y regurgitó un escupitajo hecho de lodo púrpura y toxinas, impregnando de él al drowzee antes de que pueda pararlo con su mente. El peso del bomba lodo era demasiado para el baku, y pronto cayó derrotado. Gionna se percató del cambio de ritmo. Había pasado de allergo a vivace antes de que la abominación vomitara sus ácidos, y después a la inversa. Era como una rata actuando según la melodía del flautista de Hamelín.
-Un momento... ¿está manipulando a ese weezing con el bombo?- Preguntó para sí misma en voz alta. Luego se tapó la boca por encima de la máscara. Acababa de hablar sola.
-Vaya, no eres tan lela como pareces...- Confirmaba él -Pues sí, con mi bombo lo atrapé y con mi bombo lo controlo. ¿Hay algún problema con ello?
-¿A parte de que me estás impidiendo devolver la salud al agua? Ninguno.- La frase final lo entonó con ironía; mientras, tenía que planear como detener a ese weezing. Miró a Google por un momento. Tenía que volver a probar el mismo truco de antes.
Emilio y Weezing estaban confundidos. El toxicroac se había camuflado entre iguales. No obstante, había algo que no tuvo en cuenta. Emilio tocó presto, mientras Weezing se hinchaba, haciendo que se lo pensara dos veces antes de empezar la captura.
Finalmente, soltó un gas helado gris que nubló la vista de todos los presentes. El tiempo en el que estuvo presente la niebla fue poca. Al dispersarse, las diez ranas volvieron a ser una. Google buscó a sus gemelos ficticios, mas desprevenidamente fue golpeado con un placaje, haciendo que volara por los aires y se estampara contra el suelo. Se levantó, furioso por el daño. Emilio se reía como un poseso de su ingenuidad.
-AAJAJAJAJAJJAJAAJAJAJAJ, ¿¡de verdad pensabas que iría a caer en la misma trampa que mis reclutas?! ¡TONTA!- Gionna empezaba a impacientarse. El choque fue muy fuerte como para ser un placaje normal y corriente. Ahora iba a lanzarse con todo lo que tenía. Aunque su voz no fue necesaria. Google preparó las reservas de veneno para dirigirlas a sus garfios para después dar un salto e inyectarle las substancias con ellas. La mutación era inmune al nocivo; mas aquel puñetazo fue contundente. Después de que se recuperara de la sorpresa, ambas criaturas ponzoñosas lucharon enrabiados. Emilio intentaba dominarlo con el sonido del bombo, pero estaba demasiado ocupado como para prestar atención a las órdenes rítmicas. La batalla continuaría hasta que uno de los dos decayera, y eso no ocurriría hasta un largo tiempo. Eso le dio tiempo a Gionna para pensar. Ambas fuerzas estaban igualadas, así que tuvo que pensar en algún elemento del entorno que lo aventajara. Sabía que lo tuvo enfrente todo el tiempo, pero se le escapaba. Entonces recordó. Tenía agua cerca, y con él se podía recuperar. Eso ralentizaría un poco su victoria, pero al menos la tendría asegurada, al no ser que este se pudiera recuperar solo. Aunque no parecía que le quería dejar tranquilo ni un segundo. Eso podría dificultarle las cosas... o quizá facilitarlas. Ya estaba. Ya sabía como pararle los pies.
-¡Google, métete en el agua, rápido!- Ordenó. Sin rechistar, el toxicroack se lanzó al agua para aliviar sus contusiones. Emilio no sospechó de lo que estaba planeando hacer, hasta que este se lanzó sin razón.
-¡No, tontolaba, NO LO HAGAS!
Demasiado tarde. Weezing entró en el agua en balde, pues su contrincante lo pudo evadir sumergiéndose. El trío unido intentaba alzarse de nuevo, pero no podía; de enseguida, su cuerpo lleno de gas se rellenó de agua. Pronto, imperó a su rana vivaz que lo hiciera emerger. Este, con su puño cerrado, dio un fuerte puñetazo acompañado de un gran salto, haciendo que el agua se abriera y moviera para dejar salir a los dos pokémon venenosos.
No demoró más. Antes de que el agua se escapara por sus orificios y cayera de nuevo al agua, hizo la captura con nerviosismo. Cuando el círculo ya decía que estaba listo para liberar a Weezing de sus penurias, hizo un brusco alzamiento hacia el techo del recinto para que lo abrazara y lo liberara. Presenciada la derrota de su señor, los peones de Emilio huyeron despavoridos. No tenían nada que hacer contra ella.
Weezing ya era lo suficientemente ligero como para que Google pudiera impedir que se ahogara. Cuando ya se acabó el agua, este volvió a levantarse al aire para reunirse con sus iguales. Gionna esbozó una sonrisa orgullosa, mientras veía como este recuperó su libertad. Emilio también quería irse, rápido, mas los ojos rapaces de ella se movieron hacia la mancha azulada que era, y pidió a Google que lo detuviera. El anfibio fue corriendo hacia él y lo tumbó antes de que Emilio pudiera galopar. Antes de acercarse al vivo tumbado y asustado, la entrenadora guardó el capturador y agarró a Plusle en brazos. Ya no podía mantenerse de pie. Tenía que saber. ¿Por qué tanto daño?
-Tú no te irás hasta que me digas la causa de todo este embrollo.
-Pffffft, ¿te crees que te lo voy a decir a ti, niñata? ¡Ni en sueños!
-Dilo o el veneno de este enorme sapo recorrerá por tus venas. Y no creo que te apetezca sentir como cambia tu cuerpo... porque, sinceramente, es una tortura. ¿Ves a este Plusle? Tómala como ejemplo.
Google levantaba el brazo con el puñal incorporado preparado, para dejar claro que lo iba a hacer.
-¿Y bien? ¿Vas a decirme o no?
-Vale, vale... muy bien...- Se reía nerviosamente.- ¡Os he quitado tiempo, rangers! ¡Hemos envenenado el agua para que vayáis ahí y nosotros podamos encontrar al pokémon legendario! ¡Y NO TE DIRÉ POR DÓNDE ESTAMOS BUSCANDO, NUNCA!
-¿Qué...?- No comprendía. No sabía nada de que una leyenda se ocultaba en alguna parte, de la que se buscaba como un santo grial, y esa organización que estaba ayudando sin intención alguna era un obstáculo para ellos, o eso extrajo de sus palabras. Pero tenía sentido. Sabía de primera mano que un desastre provocado puede despistar al poblado para que no se prevenga de una catástrofe aún mayor. -Nosotros podemos capturar hasta el pokémon más duro de pelar. En cuanto consigamos muchos legendarios, vosotros llorareis como nenazas. ¡Y nosotros seremos los mismos salvadores del caos que crearemos! Claro que pediremos algo a cambio... ¡PASTA!- Se reía como un loco en un manicomio. La furia brotó en la entrenadora, y recorrió las venas de las manos, haciendo que sus dedos se adjuntaran. Quería decirle todo lo que pensaba al respecto, de lo viles que eran... mas se calló. Sería un desperdicio de saliva, y también de un tiempo crucial. Se giró hacia atrás para así volver a sentir el aire fresco, sin decir palabra. Google lo dejó en paz y se fue con ella, dejando a Emilio solo con sus sudores y sus temblores.
